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Historia, Patrimonio, Arte, Bibliografía, Hemeroteca, ... sobre nuestro pueblo: BURGUILLOS

lunes, 19 de julio de 2021

Geografía: El paraje "Cerro de las Ermitas", en Burguillos

Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del paraje "Cerro de las Ermitas".
      El paraje "Cerro de las Ermitas", lugar que toma su nombre, de la propia etimología de su nombre, ya que son dos pequeñas elevaciones del terreno, y en la que pudieron existir unos pequeños eremitorios, u otra teoría, que el camino que pasa junto a él, une las Ermita de Nuestra Señora de Aguas Santas en Villaverde del Río, con las Ermitas de San Benito, y de Nuestra Señora de Escardiel, en Castilblanco de los Arroyos. La cima del Cerro se encuentra en el término municipal de Villaverde del Río, pero bordeando nuestro término municipal y el de Castilblanco de los Arroyos, y toda la vertiente oeste del "Cerro de las Ermitas", se encuentra en nuestro término municipal, de ahí que lo encuadremos en una zona eminentemente burguillera.






         Al paraje "Cerro de las Ermitas" se llega tras salir del casco urbano de Burguillos, por la Vereda de los Rodeos, si bien lo más rápido es por el camino de Villaverde del Río a Castilblanco, que se inicia en la ctra. de Villaverde, ya muy cercano a Villaverde del Río. El "Cerro de las Ermitas", se encuentra delimitado al Norte, por el límite del término municipal de Villaverde del Río, con el de Castilblanco de los Arroyos; al Este, por el Cerro del Buitre; al Sur, por el paraje "Mesa Redonda", y "Casa de San Juan"; y, al Oeste, por el límite del término municipal de Villaverde del Río, con el de Burguillos; encontrándose a unos 7 km. de nuestro pueblo y a una altura de 267 y 2634 m. de altitud. Señalar que todas las imágenes provienen del Instituto Geográfico Nacional.

lunes, 12 de julio de 2021

Callejero de Burguillos: La glorieta del Cuerpo Nacional de Policía.

Mostramos imágenes de la glorieta del Cuerpo Nacional de Policía, en Burguillos.

   La glorieta responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las glorietas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o glorieta no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la glorieta, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario está dedicada al Cuerpo Nacional de Policía.

   El primer antecesor de la Policía Nacional surge en 1824, con la creación, bajo el reinado de Fernando VII, de la Policía General del Reino mediante la Real Cédula de 13 de enero.
   Anteriormente, durante el llamado Trienio Constitucional (1820-1823), también se había elaborado un proyecto de cuerpo policial “destinado a la seguridad de las personas y bienes y la conservación del orden público”, pero se frustró debido a la intervención militar francesa de los “Cien Mil Hijos de San Luis” y la restauración de la monarquía absolutista.

   El 13 de enero de 1824 se considera la fecha fundacional de la Policía Española, en clave de modernidad. La Real Cédula hace una doble clasificación del personal policial. Por un lado estaban los profesionales, integrados por el mismo Superintendente General, el Secretario, el Tesorero, los Comisarios de Cuartel, y los Celadores de Barrio y de Puertas. Y por otro, los semiprofesionales formados por los llamados Alcaldes de Barrio.

 Al año siguiente, Fernando VII ordena la organización de un regimiento de caballería, como fuerza auxiliar de la anterior. Recibe la denominación de "Celadores Reales", otro claro antecedente de los colectivos policiales uniformados. Esta unidad está a las órdenes de los Comisarios, y se pretende ampliar su presencia a todas las provincias, pero solo dura dos años.
     Al inicio del reinado de Isabel II, en 1833, se organiza un nuevo cuerpo uniformado, los "Salvaguardas Reales", que asume misión de conservar el orden ciudadano en Madrid y sus alrededores. Su existencia va a ser breve.

   Continúan las fundaciones y disoluciones de cuerpos e instituciones, que ni siquiera pueden llegar a acreditar su eficacia. Así llegamos a 1844. Aquel año, el Real Decreto de 26 de enero crea el Ramo de Protección y Seguridad, que restablece los desaparecidos cargos de Comisario y Celador. 
   A título de curiosidad, cabe señalar que, en el domicilio del último citado, sobre su puerta, se colocaba un farol durante la noche que alumbraba un cartel con el anuncio de la "Celaduría de Protección y Seguridad". 

   Los miembros de las nuevas unidades uniformadas son conocidos como "Agentes" hasta 1848, año en que cambian su nombre por el de "Salvaguardias de Madrid". El mismo año se establece el Gobierno Superior de Policía. Puede considerarse este órgano la primera Jefatura Superior de Policía tal y como la entendemos hoy día. De él también depende el Cuerpo de la Guardia Civil, creado en 1844.
   Tras la revolución de octubre de 1868, conocida como "La Gloriosa", que motivó el destronamiento y exilio de Isabel II, se instituye el Cuerpo de Orden Público de Madrid. Inicialmente su ámbito territorial fue la capital del Reino, pero más tarde, el 1 de junio de 1870, el gobierno provisional extiende su jurisdicción a toda España.

   En principio, el Cuerpo de Orden Público tiene carácter militar, aunque, al ser evidente que no cubre las necesidades de una policía judicial, se desmilitariza a un centenar de sus miembros para destinarlos a investigación y prevención de delitos.
   La misma estructura policial se mantiene durante el breve reinado de Amadeo I de Saboya. En 1873, proclamada la República, vuelve a reorganizarse la Policía Gubernativa y Judicial. El objetivo es crear un cuerpo al margen de las permanentes contiendas políticas. Este apoliticismo influirá en las reformas posteriores, tanto durante la República como en el Reinado de Alfonso XIII. 
   Así se evidencia en el Real Decreto de 6 de noviembre de 1877, que fija la existencia de dos servicios policiales, "Vigilancia" y "Seguridad", desempeñados por dos cuerpos distintos. Según esta norma, había que huir “siempre de lo que vulgarmente se llama política, no siendo jamás arma de partido, sirviendo sólo a los verdaderos intereses sociales”, para convertirse en “la más firme garantía de la seguridad personal y el auxiliar más poderoso de la justicia". 

   Este Real Decreto también establece que “el servicio de Vigilancia será prestado por un Cuerpo de empleados civiles" (Artº. 5) y el de Seguridad, "por un Cuerpo organizado a imitación de los Cuerpos militares" (Artº. 6).
   Según la misma disposición, la seguridad en las afueras de la capital es competencia de la Guardia Civil. En el resto del territorio nacional, continúa funcionando la anterior fórmula del Cuerpo de Orden Público, hasta las reformas de 1886.
   Ese año de 1886, muerto el rey Alfonso XII, entra en vigor un Real Decreto que trae consigo dos hechos relevantes: establece la primera Dirección General de Seguridad y extiende al resto de España la organización de los Cuerpos de Vigilancia y Seguridad de Madrid.
   A partir de ese momento, la Policía Gubernativa tiene ya carácter nacional. Salvo excepciones, como la creación por Real Orden del Ministerio de Gracia y Justicia, de 19 de septiembre de 1896, de un Cuerpo especial de Policía Judicial para Barcelona y Madrid únicamente. Su misión es la persecución de los delitos cometidos con explosivos, en cumplimiento de la "Ley de Represión del Anarquismo", promulgada ese mismo año.

   Pero la reforma fundamental de la institución policial se produce a principios del siglo XX, reinando Alfonso XIII, que firma la "Ley Orgánica de la Policía Gubernativa", el 27 de febrero de 1908. 
   Esta importante Ley es fruto de la iniciativa y trabajo personal del entonces Ministro de la Gobernación, Juan de la Cierva y Peñafiel. De la Cierva consigue para los policías dignidad, profesionalidad y estabilidad en el cargo. Se pone fin a situaciones anteriores en las que los agentes no eran sino instrumento de los poderosos para sus propios fines.
   En virtud de esta Ley, los Cuerpos consolidados de Vigilancia y Seguridad velarán por toda la ciudadanía, a las órdenes del Gobernador Civil de cada provincia. El de Vigilancia lo forman los comisarios, inspectores-jefes, inspectores de primera, segunda y tercera clase, agentes y vigilantes. Y el de Seguridad lo integran jefes y oficiales (procedentes del Ejército), clases y guardias.
   El Real Decreto de 27 de noviembre de 1912, restaura la Dirección General de Seguridad, dando con ello continuidad a este organismo hasta nuestros días. El primer titular de este nuevo centro directivo es Don Ramón Méndez Alanís, Auditor de División del Cuerpo Jurídico Militar y relevante jurista.
   Méndez Alanís, que fue el primer Jefe Superior de Policía de Madrid en 1909, hace una labor digna de elogio. Crea los registros de la Dirección General de Seguridad, establece los laboratorios de fotografía y de revelado por huellas dactilares, y organiza el servicio policial por "brigadas". Con esta organización busca la "especialización de aptitudes", por lo que dicta normas concretas para los servicios de "Barrios", "Rondas" y "Ciclistas".

   Transcurrido el tiempo, la Ley de Presupuestos de 1932, promulgada por la II República Española, cambia el nombre al "Cuerpo de Vigilancia" por el de "Investigación y Vigilancia". En cuanto al de Seguridad, ve incrementada su organización por las llamadas "Secciones de Asalto". Fueron éstas de tal notoriedad, que terminaron añadiendo su propio nombre al del Cuerpo, conocido entonces como "de Seguridad y Asalto".
   Durante la guerra civil (1936-1939), ambos bandos conservan la denominación de los cuerpos policiales (Investigación y Vigilancia, y Seguridad y Asalto). Sin embargo, en la zona republicana se unificaron en el denominado de Cuerpo de Seguridad. En éste, que se pide en dos grupos (“Uniformado” y “Civil”), también se funden las llamadas Milicias de Vigilancia de Retaguardia, nacidas en aquella situación bélica, y la propia Guardia Civil, que, por Decreto 30 de agosto de 1936, había cambiado su nombre por el de Guardia Nacional Republicana.
   Finalizada la contienda, el Estado español que nace de ella configura las organizaciones policiales bajo los principios de su régimen político. 
   "Huyendo de la vieja organización liberal y democrática", según declara la Ley de 8 de marzo de 1941, nacen dos nuevos colectivos policiales. Uno es de carácter civil: el Cuerpo General de Policía, cuya misión es "la información, investigación y vigilancia". Y el otro, uniformado, de índole militar, es el encargado de "la vigilancia total y permanente, así como de represión cuando fuere necesario": la Policía Armada y de Tráfico. 

   Este último estaba formado por los antiguos integrantes del "Cuerpo de Seguridad y Asalto" y los del "Cuerpo de Vigilantes de Caminos", creado en 1933 para el control del tráfico en las carreteras y, hasta entonces, dependiente del Ministerio de Obras Públicas. En 1959 pierde sus competencias en materia de circulación interurbana, viendo reducido su nombre al de Cuerpo de Policía Armada.
   Una vez conseguido en España el régimen de libertades ciudadanas, la Ley de 4 de diciembre de 1978, "De la Policía", establece la existencia de dos corporaciones profesionales a las que califica como de "Seguridad del Estado": el Cuerpo Superior de Policía y el Cuerpo de Policía Nacional. 
   Estas nuevas denominaciones de los antiguos Cuerpo General de Policía y Cuerpo de Policía Armada van a estar vigentes hasta 1986. El Cuerpo de Policía Nacional, uniformado, tiene la misión, establecida por la citada ley, de "defender el ordenamiento constitucional, proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana".
   Ese año de 1978 se produce un importante hito en el devenir de la Policía española, con la convocatoria, por primera vez, de plazas para el acceso de mujeres al Cuerpo Superior de Policía. Un año después se incorporan las primeras 42 inspectoras de Policía, 42 pioneras que hicieron historia al abrir el camino a muchas más mujeres que vendrán después. El mismo fenómeno sucedió en 1984, cuando 53 mujeres accedieron, por primera vez, al Cuerpo de Policía Nacional.

   En 1986 entra en vigor una importante ley que da lugar a la Policía Nacional española en su configuración actual y define el modelo el modelo policial español vigente hasta la fecha.  
   La Ley Orgánica de 13 de marzo de 1986, "de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad", establece la existencia de dos Cuerpos de carácter estatal: el Nacional de Policía, resultado de la unificación de los antiguos Cuerpos Superior de Policía y Policía Nacional, y la Guardia Civil. 
   Además, asigna a estas instituciones, bajo la dependencia del Gobierno de la Nación, "la misión de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana". Este servicio permanente a la sociedad, cuyo ordenamiento democrático defiende, sigue además las líneas de actuación consagradas por el Consejo de Europa y la Asamblea General de las Naciones Unidas.
   Desde 1986 hasta nuestros días, la Policía Nacional ha experimentado un profundo proceso de transformación que la ha convertido, por un lado, en un referente de la seguridad pública tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, y en una de las instituciones mejor valoradas por la sociedad. 
   El compromiso de la Policía Nacional con la seguridad ciudadana se compagina con una respuesta eficaz a las grandes amenazas de naturaleza global al modelo de convivencia democrática. Por ello, figura entre sus objetivos estratégicos la lucha contra el crimen organizado, el terrorismo, el abuso de los más vulnerables, la ciberdelincuencia y la trata de seres humanos.
   En la actualidad, la actividad policial se apoya en una serie de pilares: la formación de sus miembros, la especialización de sus unidades, la cooperación en todos los órdenes y niveles, la igualdad de oportunidades entre los y las policías, y la modernización del servicio público que presta a través de la transformación digital.
   La glorieta del Cuerpo Nacional de Policía está situada en el eje vertebrador de Burguillos, puesto que se encuentra en el cruce de la carretera A-8013 (Alcalá del Río - Castilblanco de los Arroyos), con la carretera A-460 (Guillena a Villaverde del Río).
   La glorieta del Cuerpo Nacional de Policía fue inaugurada el 28 de marzo de 2015 tras la decisión adoptada por el pleno municipal, y a la que asistieron el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Burguillos, el jefe superior de la policía de Andalucía Occidental don Francisco Perea, la subdelegada del gobierno de España doña Felisa Panadero, además de representaciones de entidades locales y un gran número de burguilleros que no quisieron perderse este acontecimiento en el que se descubrió el rótulo realizado en un monolito en el centro de dicha rotonda y la posterior exhibición de todos los grupos que integran el Cuerpo Nacional de la Policía.

lunes, 5 de julio de 2021

Arte: El Retablo Mayor, o de San Cristóbal, de Juan Cano Zamorano, en la Iglesia de Burguillos

Mostramos en Historia de Burguillos una reseña del Retablo Mayor, o de San Cristóbal, de Juan Cano Zamorano, en la Iglesia de Burguillos, aprovechando que ayer, 4 de julio (primer domingo del mes de julio), se celebró la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico, promovida por la Conferencia Episcopal Española, conmemorando a San Cristóbal, celebrado hasta febrero de 1969 como patrón de los conductores, cuando fue retirado del Martirologio Romano por Pablo VI.

   El Retablo Mayor, o de San Cristóbal, es la obra de mayor enver­gadura existente en la Parroquia y con el que me sentiría satisfecho de esta reseña si la restauración a la que fue sometida lo hubiera devuelto a su estado primigenio, despojándole por una parte de los añadidos (esculturas de Santa Lucía ¿?, San Sebastián, los dos angelitos, y la mesa acoplada al banco), y por otra, devolviéndole sus imágenes (San José y San Antonio de Padua), para así poder contemplarlo en todo su esplendor, como se observa en las fotografías realizadas por José María González-Nandín y Paúl el 6 de noviembre de 1938, las más antiguas conocidas de la Parroquia, y en la que ya vemos a San Sebastián en el Retablo Mayor y al Niño Jesús del Altar de la Virgen en la hornacina del ático, producto de los caprichos de los Párrocos de turno que colocaban l as imágenes en los altares a su antojo sin lógica alguna.

   Ya conocemos al autor del Retablo, Juan Cano, activo en el tercer cuarto del siglo XVIII y formado junto a su hermano Joaquín (colaborador en las tareas de policromía, dorado y pinturas de las obras de Juan), con su padre José Cano Zamorano, afamado retablista, y con el que colaboró en la construcción del destruido Retablo Mayor (1747), de la Capilla de San Gregorio, de Alcalá del Río. Ya independizado, su primera realización es precisamente el Retablo que nos ocupa, es decir, el Mayor de la Iglesia de San Cristóbal (1754-56), "obra correcta, pero en la que no aportó novedad alguna", según la opi­nión del prof. Recio Mir, ya que sigue los cánones del Retablo de Estípites, cuando ya la moda imperante es el Rococó, caracteriza do por la utilización de la rocalla (elemento decorativo en forma de riñón). Para el desaparecido Convento de San Francisco hizo la tribuna y el cancel de la Capilla de San Antonio de los Portugueses (1754), no conservándose nada. En 1761 finalizó el Mayor del Convento de las Dominicas de Almonte, también desaparecido. Su primera obra conservada que denota el incipiente modelo rococó es el Retablo Mayor (1760-62), de la Iglesia de la Merced de El Viso del Alcor, de estructura similar al de Burguillos, con una gran arcada, condicionado en su estructura porque era una obra que él no inició, de ahí que sea una obra de transición. En 1762 comienza el Mayor de la Iglesia de San Gil, de Sevilla, destruido en los años 30 del pasado siglo. En 1764 hace un proyecto para el Mayor de la Iglesia de San Pedro de Carmona, que finalmente no realizó, y en 1767 inicia el Mayor de la Iglesia de Santiago de Hinojos (Huelva). En tomo a 1770 inicia su más importante realización ya que ejecuta el conjunto de retablos (un total de cuatro) de la Parroquia de San Felipe, de Carmona, de los que se conservan en su emplazamiento el Mayor y el de San José, mientras que el de la Encamación se trasladó en 1959 a la parroquia sevillana de San Juan de la Palma, donde cobija en la Capilla Mayor a María Santísima de la Amargura Coronada, y que curiosamente, se encuentra decorado con relieves alusivos a la Letanía del Rosario de Ntra. Sra. En 1774 realizó reformas para el Camarín de la Virgen del Reposo en Valverde del Camino (Huelva), y finalmente, en 1779 se encontraba en Cazalla de la Sierra realizando el pequeño retablo de Santa Ana, lamentablemente perdido. Por último el prof. Recio Mir, le atribuye la autoría del de la Inmaculada de la Parroquia de San Bartolomé de Carmona, así como el de San José de la Iglesia de Santa María de las Nieves (h . 1765), de Fuentes de Andalucía.

   En cuanto al análisis del Retablo, seguiré al prof. Herrera García, quien señala que es una "típica estructura de retablo frecuente en la primera mitad del XVIII, compuesto por banco, cuerpo compartimentado en tres calles mediante cuatro estípites y sencillo remate (en forma de gran arcada que cobija una pequeña hornacina que haría las veces de manifestador para las grandes solemnidades puesto que tiene pintada de forma burda, de ahí que mantenga serias dudas sobre su función real, una custodia). Las calles laterales alternan esculturas y sobre ellas pinturas de la época del retablo. Su talla, fundamentalmente hoja de cardo y roleos, no es de gran calidad. Es una obra de serie típica de los talleres sevillanos de mediados del XVIII."

   Como la casi totalidad de retablos de esta parroquia, su concepción original no ha sido respetada, y así salvo la efigie del titular del templo, San Cristóbal, y las pinturas sobre tabla (ejecutadas casi con seguridad por Joaquín Cano, hermano y colaborador en los retablos realizados por Juan Cano), correspondientes a Santa Bárbara, San Juan Bautista, Santa Lucía y San Francisco de Asís, todas las demás imágenes son añadidos posteriores que desvirtúan el programa iconográfico del Retablo, y así la escultura de "Santa Lucía" (Imagen que no tiene ninguno de los atributos de la Santa, por lo que dificulta e induce a error a quien la contempla) proviene (venerada como Santa Rita) de los altares desaparecidos en los años 60 de la Nave de la Epístola de la propia Parroquia, mientras que la imagen de San Sebastián (la obra de mayor importancia histórico-artística de la Parroquia) proviene de la desaparecida Ermita de San Sebastián, que existía en la actual Avda.Cruz de la Ermita, de la que toma su nombre. Asímismo los Ángeles que apenas se ven en el cuerpo superior, provienen del Retablo de Nuestra Señora del Rosario, en el que coronaban los estípites que enmarcan a su Titular, y para el cual estaban concebidos, como queda demostrado por las antiguas fotografías y al ser idénticos en su hechura a la cabeza de ángel que remata el arco de la hornacina que acoge a quien es la Reina de Burguillos. Por último la mesa de altar oculta todo el banco del Retablo tapando los postigos que observamos en los extremos.

   Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de San Cristóbal, titular del Retablo Mayor y de la Iglesia Parroquial de Burguillos
LEYENDA
   Santo fabuloso cuya leyenda no se remonta más allá del siglo XI y es sólo el desarrollo de su nombre Cristóforo, que en griego significa «Porta Cristo". Originalmente, esa expresión se comprendía de manera espiritual: aquel que lleva a Cristo en su corazón. Luego se lo tomó en sentido material.
   Su nombre verdadero habría sido Auferus (bandolero), o Reprobus (maldito, réprobo). Fue en ocasión de su conversión que habría sido bautizado Cristóforo.
   Los Hechos gnósticos de San Bartolomé, compuestos en el siglo VI, hablan de un cierto Christianus cynocephalus et anthropophagus que habría sido convertido por el apóstol. Por ello, a veces le ponen una cabeza de perro.

   Según la tradición popularizada en el siglo XIII por la Leyenda Dorada, el hombre que había llevado a Cristo sobre los hombros sólo podía ser un gigante. Orgulloso de su fuerza, sólo accedió a servir al rey más poderoso del universo. Se puso al servicio de un monarca, pero al advertir que éste tenía miedo al diablo, lo abandonó para servir a Satán. Decepcionado una vez más, puesto que la vista de una cruz en un cruce de caminos bastó para derrotar al diablo; y aconsejado por un ermitaño, se comprometió a servir a Cristo, y para complacer a éste, se dedicó a ayudar a viajeros y peregrinos en el paso de un río peligroso.
   Una tarde se oyó llamar por un niño, quien le pidió que lo cargase sobre lo hombros; pero su carga se volvía cada vez más pesada, tanto, que el gigante debió apoyarse sobre el tronco de un árbol que estuvo a punto de romperse. Llegó con dificultad a la orilla opuesta, donde un ermitaño lo guió con una linterna. Entonces el niño misterioso se dio a conocer como Cristo, soberano del cielo y de la tierra. Para probárselo, le dijo a Cristóbal que plantara su cayado en la tierra, que enseguida se convirtió en una palmera datilera cargada de frutos.
   En el Niño Jesús el gigante reconoció a su amo.

   La leyenda del vado no bastó a los hagiógrafos quienes, además, copiaron del repertorio de anécdotas usuales: el gigante fue encerrado con dos bellas cortesanas, Nicea y Aquilina, encargadas de hacerlo volver al culto de los ídolos. Pero ocurrió lo contrario, las seductoras se dejaron seducir y derribaron la estatua de Júpiter, y ambas fueron conducidas al martirio. Después de haber encajado un casco calentado al rojo, Cristóbal fue atado a un árbol ante cuatrocientos arqueros cuyas flechas se debilitaron al llegar al blanco (sine ictu), o invirtieron milagrosamente su trayectoria, contra los verdugos que las dispararan. Una de ellas dio en el ojo del emperador que presidía el suplicio.
   En estas pueriles invenciones se reconoce fácilmente una copia del martirio de San Sebastián y de los santos médicos Cosme y Damián.
CULTO
   Probado desde 450 por una inscripción griega de Asia Menor, en el siglo V el culto de San Cristóbal se difundió en Constantinopla y en Sicilia.

   La popularidad de este Hércules cristiano tiene los mismos fundamentos que el [de] santa Bárbara: se lo creía protector contra una de las desgracias más temidas de la Edad Media, la muerte súbita sin confesión, que se llamaba mala muerte. Según la creencia popular, bastaba con mirar la imagen de San Cristóbal para estar durante todo el día a salvo de ese peligro.
   Esta superstición está probada por muchos refranes en latín y en francés:
          Christophorum videas 
          Postea tutus eas.
   Y, además:
          Christophori sancti speciem quicumque tuetur 
          Ista nempe die non morte mala morietur.
          Cristofori faciem die quacumque tueris.
          Ila nempe die morte mala non morieris. 
          Vigilate quia nescitis diem neque horam.
   Y para aquellos que no comprendían el latín: Regarde Saint Christophe, puis va-t-en rassuré. (Observa  a San Cristóbal, luego vete seguro.)
   Esta recomendación tenía forma de dístico mnemotécnico:
          Quand du grand Saint Christophe on a vu le portrait, 
          De la mort, ce jour là, on ne craint plus le trait.
          (Si del gran San Cristobal hemos visto el retrato 
          Ese día  la muerte no ha de darnos mal rato.)
   O bien:
          Glorieux Saint Christohpe, au matin te voyant, 
          Sans crainte d 'aucun mal, on se couche en riant. 
          (Glorioso San Cristóbal viéndote a la mañana
          Sin mal, riendo, a la noche nos vamos a la cama.)
   Ello explica el prodigioso número de imágenes gigantescas de San Cristóbal, pintadas o esculpidas, puestas en las fachadas y entradas de las iglesias, o, como en Berna, sobre las puertas de las ciudades. Era necesario que estuviesen a la vista tanto como fuese posible, y que en consecuencia, fueran de grandes dimensiones para que los fieles no perdieran tiempo buscándola en una capilla oscura. Esas imágenes preventivas o apotropaicas, resultarían innumerables si no hubiesen sido sistemáticamente destruidas después de la Reforma y del concilio de Trento.

   En Saint Junien, Limousin, hay un fresco románico que representa al santo en el brazo norte del transepto, a la entrada de la escalera que conduce a la Linterna de los muertos.
   Como San Cristóbal protegía de la muerte súbita, se lo invocaba también contra la peste. Se contaba entre los santos antipestosos, junto a San Sebastián, San Antonio y San Roque.
   Por eso en Alemania cuenta en la cohorte de los Catorce Intercesores.
   Se recurría a él contra el mal de ojo, porque una de las flechas disparadas en su contra se volvió contra el ojo del rey que lo condenara a muerte.
   También curaba las enfermedades más benignas: dolor de muelas y el panadizo.
   Hacía encontrar tesoros ocultos a quienes lo invocaban.

   Numerosas corporaciones o profesiones vindicaban su patronazgo por diversos motivos.
   1. Todos los oficios que exponían a quienes los practicaban al riesgo de la muerte súbita: en la Edad Media, los arcabuceros, en la actualidad los montañeros, automovilistas y aviadores.
   2. A causa de su gigantesca talla y de su fuerza hercúlea, Cristóbal es el patrón de los atletas, de los mozos de cuerda (facchini), de los cargadores de mercado, de los cargadores de trigo.
   3. Y por su oficio, es patrón de los pasadores, y también de los viajeros y de los peregrinos que en la Edad Media, a falta de puentes, solían vadear los ríos.
   4. En conmemoración del tronco de árbol vivo sobre el que se apoyó, es patrón de los jardineros y de los encargados de viveros y se lo invoca para la protección de los árboles frutales.
   Pese a tan numerosos patronazgos. hay pocas iglesias puestas bajo su advocación.
   Su popularidad decayó rápidamente a partir del siglo XV. Erasmo tomó partido en su contra en Enchiridon militis christiani y en su Encomium Moriae (Erasmo se burla de la ingenuidad de los tontos que se creen a cubierto de todo accidente durante la jornada, cuando se han persignado devotamente ante una imagen pintada o tallada de ese Polifemo cristiano. Para los humanistas, la devoción a San Cristóbal pertenece a la categoría de superstitiosus imaginum cultus). Ha sido víctima de la Reforma y de la Contrarreforma al mismo tiempo. El gran San Cristóbal de la puerta de Berna fue disfrazado de Goliat por los protestantes. El clero católico de los siglos XVII y XVIII, que encontraba al buen gigante comprometedor y un poco ridículo, lo hizo desaparecer de las iglesias. El muy reciente patronazgo de los automovilistas, de quienes se ha convertido en la mascota, le ha procurado un renuevo de popularidad. Uno de los principales centros de su culto es Saint Christophe le Jajolais (Sarthe). En el barrio parisino de Javel, donde se encuentra la fábrica de automóviles Citroën, hay una iglesia puesta bajo su advocación .
ICONOGRAFÍA
   A pesar de todo, la iconografía de San Cristóbal sigue siendo muy rica. Es mucho más tardía que su culto, y comienza en el siglo X.
   Su tipo iconográfico no es fijo y uniforme como el de la mayoría de los santos, y comporta tres variantes:
1. El tipo barbudo
   Igual que Cristo, Cristóbal está representado ya barbudo, ya imberbe. El tipo barbudo es el más frecuente.
2. El tipo imberbe
   No obstante a veces el santo está rejuvenecido y aparece con los rasgos de un joven imberbe. Pueden citarse ejemplos tanto en el arte italiano (Cesare da Sesto, Bueno da Ferrara) como en el germánico (retablo de Käfermakt).
3. El tipo cinocéfalo
   Un tipo más infrecuente en Occidente es San Cristóbal con cabeza de perro, cuya nariz se alarga en hocico, y tiene orejas puntiagudas y lengua colgante. Se han propuesto numerosas explicaciones para esta singularidad. Los comparatistas sostuvieron que esa cabeza de perro se había copiado de las representaciones del dios egipcio Anubis. San Cristóbal sería Anubis cristianizado.
   Según otra hipótesis, el origen de ese tema debe buscarse en las leyendas asiáticas popularizadas por el Fisiólogo y los Bestiarios, acerca de una raza fabulosa de cinocéfalos que se situaba en los confines del mundo habitado. En las Pentecostés armenias, un personaje con cabeza de perro simboliza a los pueblos que acuden desde los confines del mundo para oír la palabra del Evangelio. En el tímpano de Vézelay se encuentra un eco de esta tradición. La tercera explicación es que en los martirologios antiguos, san Cristóbal se consideraba salido de una familia cananea (genere cananeo), que los copistas transformaron por el cambio de «a» en «i», en canineo (genere canineo). No hacía falta más para difundir la creencia en un gigante con cabeza de perro. No obstante, esta hipótesis sostenida por Künstle choca contra una objeción que al menos debió discutir, y es que casi todas las representaciones de San Cristóbal cinocéfalo pertenecen al arte cristiano de Oriente, es decir, al mundo griego, y que la confusión entre cananeo y canineo sólo pudo producirse en Occidente, donde la lengua litúrgica era el latín. 
   Debe observarse que la cananea que ruega a Cristo la curación de su hija, también tiene un perro como atributo o armas parlantes.
   Por último, los evangelistas, quienes suelen ser representados en los manuscritos con las cabezas de los animales que son sus símbolos -águila, león, buey- han podido servir de modelos.
   En el arte oriental, el cinocéfalo suele estar representado con coraza y lanza empuñada. En Occidente, lo que ante todo lo caracteriza, además de su estatura de gigante, es la actitud de Cristóforo: lleva al Niño Jesús sentado o a horcajadas de sus hombros robustos. Aquí se ha sospechado la adaptación cristiana de un tema pagano: Atlas sosteniendo el mundo, o más posiblemente, Heracles llevando al niño Eros. Para los antiguos, la famosa estatua de Lisipo, popularizada por las gemas talladas y camafeos, evocaba la idea de la sumisión al Amor de los hombres más fuertes: Omnia vincit Amor. Los cristianos se habrían apropiado el tema limitándose a cambiar su significado, reemplazando al niño Eros por el Niño Jesús, y la maza de Hércules por un árbol que verdece.
   Ese bastón foliado es el atributo usual de san Cristóbal.
4. Evolución del tipo
   El tipo de San Cristóbal no ha permanecido inmutable.
   En las realizaciones más antiguas, el Porta Cristo está representado inmóvil, en posición frontal. El Cristo a quien sirve de soporte no es un niño sino un adulto, barbudo, en Majestad.
   A partir del siglo XIV, por el contrario, el hieratismo primitivo cedió cada vez más al gusto por lo pictórico. El santo está representado en marcha, avanzando penosamente en el agua del río que le llega a la mitad de las piernas, y curvado bajo la carga. Está vestido como un simple pasador, con las piernas desnudas y un turbante o cinta en la cabeza. En cuanto a Cristo, ya no es más un hombre, sino un niño pequeño vestido con una camiseta o completamente desnudo, ya sentado sobre el hombro del gigante, ya a horcajadas sobre su nuca.
   El bastón donde se apoya  el gigantesco mozo de cuerda se convierte en el tronco de un árbol sin ramas, la mayoría de las veces, una palmera, tal vez en alusión a la palma del martirio.
   El lecho del torrente está poblado de peces o sirenas, aunque esas encantadoras, antes marítimas que fluviales, no suelan remontar los cursos de los ríos en compañía de los salmones, sábalos y lampreas.

Escenas
Los tres vasallajes de San Cristóbal
San Cristóbal con el Niño Jesús en los hombros
   A diferencia de otros santos pasadores, por ejemplo San Julián, Cristóbal lleva los viajeros de una orilla a otra, sin emplear barcaza ni barca .
   El tema del Christusträger, creado a mediados del siglo XII, comporta numerosas variantes.
   En la xilografía en camafeo de Lucas Cranach (1506), el gigante cruza el río, reducido al ancho de un hilo de agua, de un paso. Esta imagen ingenua es frecuente en el arte popular.
   Una xilografía de Albrecht Altdorfer (1521), representa a san Cristóbal sentado al pie de un árbol, a orillas del río, interpelado por un niño que le pide que lo haga pasar y se dispone a trepar a su espalda.
   Pero casi siempre el gigante se yergue de pie en medio del río, con el Niño Jesús pesándole sobre los hombros. Pero se mantiene erguido a pesar de la carga sobrehumana.
   Más tarde, los artistas se esforzaron para volver visible el peso sobrenatural del Niño Jesús, representando a Cristóbal agobiado, con la espalda inclinada, como el Atlas antiguo, apoyándose con todas sus fuerzas sobre el tronco de un árbol que se dobla o quiebra. Tiene las venas hinchadas por el esfuerzo que lo agota. A veces se apoya con las dos manos sobre el árbol vivo que le sirve de bastón.
   En un dibujo de Altdorfer, el gigante llega a perder el equilibrio y cae de espaldas al río antes de alcanzar la orilla.
   Observemos, a título de curiosidades, una xilografía (Schrotblatt) señalada en el Manual de Schreiber, donde San Cristóbal pasa el vado a caballo, y una vidriera inglesa del siglo XV donde el Niño Jesús bautiza a su portador echando agua sobre su cabeza con un cántaro.
   En un fresco románico de la catedral de Bonn, Jesús, a quien San Cristóbal lleva sobre los hombros, tiene la estatura de un niño pero el rostro de un adulto barbudo.
   El tronco del árbol que sirve de apoyo al gigante está ya podado, ya con ramas y hojas. En el lecho del río nadan peces, cisnes, y hasta delfines y náyades. Sobre la orilla opuesta, junto a una capilla, siempre se ve a un ermitaño que tiene una antorcha o una linterna encendida para iluminar al pasador. Es el medio habitual que emplean los artistas primitivos para indicar que la escena ocurre durante la noche.
El martirio de San Cristóbal
   Esta serie de escenas triviales fueron tratadas con mucha menos frecuencia que el Paso del vado. El tema de las flechas que invierten su vuelo y revientan el ojo del juez o del verdugo, está copiada de las leyendas de los santos Cosme y Damián; la del cadáver arrastrado por las calles de la ciudad, de las leyendas de San Jorge y de san Marcos.
El cadáver de San Cristóbal arrastrado por las calles (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 28 de junio de 2021

Hemeroteca: El reconocimiento de una deuda de las Alcábalas de Burguillos, en una Real Orden, en la Gaceta de Madrid del 26 de enero de 1888.

   Mostramos en "Historia de Burguillos" la noticia recogida en "La Gaceta de Madrid", editado en la capital del reino, sobre la Real Orden del Ministerio de Hacienda sobre el reconocimiento de una deuda de las Alcábalas de Burguillos, y publicado el 26 de enero de 1888, y que se conserva en el archivo de la Biblioteca Nacional de España.
   "La Gaceta de Madrid"; fue una publicación periódica oficial editada en Madrid desde 1697 hasta 1936 en la que fue sustituida en la práctica por el denominado Boletín Oficial del Estado. La Gaceta, en el momento de su nacimiento, estaba dirigida y administrada desde la iniciativa privada. Esta circunstancia varía por completo durante el reinado de Carlos III, quien, en 1762, decide otorgar a la Corona el privilegio de imprimir La Gaceta. De esta forma, la publicación pasa a convertirse en un medio de información oficial que refleja los criterios y decisiones del Gobierno.
   Posteriormente, por la Real Orden circular del Gobierno dirigida á todas las autoridades del reino de 22 de septiembre de 1836, se establece que los decretos, órdenes e instrucciones que dicte el Gobierno se considerarán de obligación desde el momento en que sean publicados en La Gaceta. De este modo, La Gaceta pasaba a convertirse en un órgano de expresión legislativa y reglamentaria, característica que conservará hasta la actualidad.
   En cuanto a la estructura de La Gaceta, es en 1886 cuando se establece que la publicación sólo contendrá documentos de interés general (leyes, decretos, sentencias de tribunales, contratos de la Administración Pública, anuncios oficiales, entre otros); asimismo se establece un orden de preferencia en la publicación de las disposiciones que atiende a criterios de urgencia y un orden de prioridad de la inserción de documentos: Leyes, Reales Decretos, Reales Órdenes. Por último, se prescribe que, dentro de cada sección, el orden de publicación ha de ser el de antigüedad de los Ministerios, siempre tras la Presidencia del Consejo de Ministros. Toda esta estructura será perfilada por una Real Orden de 6 de junio de 1909.
   Por lo que se refiere a la denominación, previamente había recibido nombres como Gazeta nueva de los sucesos políticos y militares (1661-1662), Gaceta ordinaria de Madrid (1667-1680) o Nuevas ordinarias de los sucesos del Norte (1683-1697). En 1697 empezó a publicarse como Gaceta de Madrid, nombre que mantendría, con transitorios cambios de denominación, hasta entrado el siglo XX. Es importante resaltar que en determinados momentos históricos convivieron, al mismo tiempo, varios diarios oficiales con denominaciones distintas.
   En 1936, tras el estallido de la guerra civil, adoptó el título Gaceta de la República: Diario Oficial en noviembre de dicho año. Esta publicación sería sustituida tras el fin del conflicto por el Boletín Oficial del Estado, que se había empezado a publicar el 2 de octubre en la zona sublevada tras una etapa previa bajo el título Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional.   
      Pues bien, en la página 213 de la edición del 26 de enero de 1888 (número 26), a tres columnas, en la que se publican diversos Reales Decretos y Reales Órdenes emanados desde los Ministerios de la Guerra, y de Hacienda, aunque el que nos interesa fundamentalmente a los burguilleros, es el que aparece al final de la segunda columna, e inicio de la tercera, sobre el reconocimiento de una deuda de la alcábala de Burguillos, y que pasamos a transcribir íntegramente:


   Excmo. Sr.: Visto el expediente instruido para el reconocimiento de una carga de justicia de 161 pesetas 49 céntimos de renta anual que, por el equivalente de las alcabalas de Burguillos (Sevilla), corresponde al Marqués de Monreal:
   Resultando que el partícipe no ha presentado los documentos exigidos por la legislación vigente para que pueda reconocerse una carga de justicia que procede de alcabalas:
   Vista la ley de 22 de Julio de 1880; y
   Considerando que ha transcurrido ya con mucho exceso el último plazo concedido para que se hiciese la presentación de aquellos documentos;
   EL REY (Q. D. G.), y en su nombre la REINA Regente del Reino, conformándose con lo informado por las Secciones de Hacienda y de Estado y Gracia y Justicia del Consejo de Estado, se ha servido declarar caduca­da la carga de justicia de que se trata.
   De Real orden lo digo á V. E. para su conocimiento y, efectos oportunos, con devolución del expediente original. Dios guarde á V. S. muchos años. Madrid 29 de Diciembre de 1887.
LÓPEZ PUIGCERVER
Sr. Director general de [de] la Deuda pública.

   ¿Qué son las Alcabalas? Entre las múltiples formas de tributación, que la fiscalidad del estado ponía en práctica, para allegar ingresos, estaba la famosa alcabala. Era el derecho de pago de un impuesto con destino al rey, que generaba todo lo que se compraba o vendía. Era asimismo, obligatorio el pago en los casos de permutas.
   En la Villa de Burguillos, la fórmula que se empleaba para poner en práctica su aplicación, consistía en adoptar el procedimiento del arriendo. La concesión partía del titular del señorío, que al ser jurisdiccional, tenía a su cargo la total administración de los intereses del estado, o del rey, que tanto vale decir lo uno como lo otro. Solía conceder al Cabildo la facultad de sacar a subasta el cobro, y a veces en unión, en régimen de monopolio, del llamado ramo de Panilla.
   Sin duda, datos interesantes para la historia de nuestro pueblo.

lunes, 21 de junio de 2021

Bibliografía: El yacimiento arqueológico nº 96 (Burguillos Sur), de Burguillos en el libro "Implantation rurale antique sur le Bas-Guadalquivir", de Michel Ponsich, editado por el CSIC, en Madrid, en 1974.

   Mostramos en Historia de Burguillos los datos del yacimiento arqueológico nº 96 (Burguillos Sur) de Burguillos, que aparece en la principal monografía dedicada al estudio de la arqueología romana del término municipal de nuestro pueblo. Se trata de "Implantation rurale antique sur le Bas-Guadalquivir" [Antiguo asentamiento rural en el Bajo Guadalquivir], obra de Michel Ponsich, editado por el Laboratorio de Arqueología de la Casa de Velázquez (CSIC), en Madrid, en 1974.
   Es una obra imprescindible para conocer la historia de nuestro pueblo en época romana, y por supuesto de toda nuestra comarca, y en definitiva el Bajo Guadalquivir. Fundamental para nuestro pueblo porque en él se detallan, nada más y nada menos, que 25 yacimientos arqueológicos enclavados en el término municipal de Burguillos, siendo el aquí descrito el nº 96 (Burguillos Sur), que aparece en la página 90, y que pasamos a transcribir literalmente:

96 - BURGUILLOS (Sur)
                    ‎Coordenadas: 398,4 / 333,5.‎
   ‎En un montículo con vistas a la carretera a la salida de Burguillos, fragmentos dispersos de azulejos, ladrillos, ladrillos de baños romanos.‎
 


lunes, 14 de junio de 2021

Geografía: El paraje "Cerro de Cardona", en Burguillos

Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del paraje "Cerro de Cardona".

      El paraje "Cerro de Cardona", lugar que toma su nombre, de la propia etimología de su nombre, ya que es una pequeña elevación del terreno, perteneciente al paraje de Los Cardonas. La cima del Cerro se encuentra en el término municipal de Castilblanco de los Arroyos, pero bordeando nuestro término municipal, y toda la vertiente sur del "Cerro de Cardona", se encuentra en nuestro término municipal, lo que unido a que toda la zona recibe el nombre de "Los Cardonas", lo encuadremos en una zona eminentemente burguillera.
   Según mi teoría, este nombre debe de provenir del propietario primigenio de esas fincas, que ostentaría el apellido Cardona, originario de la población barcelonesa del mismo nombre, y que le ha dado nombre al paraje.

   El linaje "Cardona" es originario de Francia. Noble y antiquísimo linaje, que procede de la Familia Real de Francia en los tiempos del Emperador Carlomagno. Su verdadero y primitivo apellido era el de Folch, que más tarde unieron al de Cardona, al recibir, por merced real, el Señorío de la villa de este nombre en Cataluña. Desde entonces se denominaron Folch de Cardona.
   Ramón o Raimundo-Folc, primero de ese nombre (hijo según unos de Folc, conde de Anjou, y de su mujer doña Argencia, hermana del emperador Carlomagno), pasó a Cataluña para tomar parte en la lucha contra los moros, y tanto se distinguió que el citado emperador le concedió el título de vizconde de Cardona. Posteriormente les concedieron los títulos de Condes y Duques de Cardona.

   La baronía de Bellpuig, que andando los tiempos vino a recaer en la casa de Cardona, tiene un origen tan remoto en la historia de Cataluña, que ostenta en la Guía Oficial la fecha de 1139 y ya existía con bastante anterioridad. El primer barón de Bellpuig créese que fue Gombaldo de Anglesola, que obtuvo de los condes de Barcelona todo el territorio comprendido desde el mar hasta el río Corp y el que media entre Tárrega y Mollerusa, villas del partido judicial de Cervera (Lérida).
   Señores, y después Marqueses de Guadalest, Almirantes de Aragón: Esta rama tuvo su principal asiento en Valencia, procede de Hugo de Cardona, tercero del nombre y undécimo barón de Bellpuig, que de su esposa doña Francisca de Pinós, tuvo, además del hijo primogénito Ramón de Cardona, doudécimo barón de Bellpuig, otro, que se llamó Juan de Cardona, que fue Señor de Guadalest, villa de la provincia de Alicante, casó con doña María Fajardo.

   La heráldica del apellido "Cardona" es la siguiente: en campo de gules, tres cardos de oro, puestos en triángulo mayor.
   Así las ostentaron los Vizcondes, Condes y Duques de Cardona, y los Barones de Casa Cardona.
   Estas armas están esculpidas en el cenotafio del Cardenal Jaime de Cardona y de Gandía en la Iglesia del Castillo de Cardona, donde está sepultado, y en los cenotafios de las Catedrales de Barcelona y de Tarragona. Igualmente están grabadas en los sellos del citado Cardenal, de 1447 y 1462.

   También constan en el sello de Pedro de Cardona, del Arzobispo de Cardona, de 1515; en el de Bernardo de Cardona, Prior de Sant Miquel de Munt, de 1473; en los del Obispo de Barcelona Juan de Cardona, de 1534 y 1544, y en el del Cardenal Enrique Folch de Cardona y Enríquez, de 1506, y en la labra heráldica de la sepultura del citado Cardenal en la Colegiata de Santa Ana de Barcelona, en el altar mayor, de 1530.

      Al paraje "Cerro de Cardona" se llega tras salir del casco urbano de Burguillos, bien por la ctra. A-8002 (antigua C-433) en dirección a Castilblanco de los Arroyos, y en el km. 27'5, se encuentra un camino que lleva directamente al propio "Cerro de Cardona", delimitado al Norte, por el paraje de "El Coscojal"; al Este, por el Cerro del Moro; al Sur, por el paraje "Las Cardonas"; y, al Oeste, por la carretera A-8002 (antigua C-433), encontrándose a unos 5 km. de nuestro pueblo y a una altura de 254 m. de altitud. Señalar que todas las imágenes provienen del Instituto Geográfico Nacional.

lunes, 7 de junio de 2021

Callejero de Burguillos: El Polígono Industrial Cuarto de la Huerta

   Mostramos imágenes (realizadas por Google Maps en septiembre de 2008) del Polígono Industrial Cuarto de la Huerta, en Burguillos.

   Un parque industrial, también llamado polígono industrial (en España), cinturón industrial, polo industrial o zona industrial, es un espacio territorial en el cual se agrupan una serie de actividades industriales, que pueden o no estar relacionadas entre sí que se encuentra en una zona favorable, que generalmente presenta las siguientes características: fuentes de energía, transporte y mano de obra, ubicación y magnitud de los mercados o áreas de servicio, impuestos y aranceles, y la disponibilidad de los servicios públicos y otros de apoyo que son esenciales para la operación exitosa de una planta.
   Los parques industriales tienen la particularidad de contar con una serie de servicios, como pueden ser: abastecimiento de energía eléctrica, abastecimiento de agua con diversos tipos de tratamiento, en función del uso que se le quiera dar, como, por ejemplo, para uso potable, para calderas, o para enfriamiento, etc.
   Los parques industriales suelen tener también otros servicios comunes, como servicio de vigilancia, portería, tratamiento de aguas servidas, entre otros.

   En el caso que nos ocupa, este Polígono Industrial se denomina Cuarto de la Huerta, por el lugar en el que se encuentra ubicado.
   El Polígono Industrial Cuarto de la Huerta está situado en el Este de nuestro pueblo, delimitado al norte por la carretera A-460 (en dirección a Villaverde del Río), al sur por la calle Polonia, al Este por el canal del Víar, y al Oeste, por la carretera de circunvalación (aún inconclusa), formando un pentágono casi perfecto, con calles en damero desde el punto de vista urbanístico y que tienen en común el hecho de que todas tengan por denominación el nombre de un país europeo.

   El Polígono Industrial Cuarto de la Huerta, tiene una denominación relacionable con la zona en la que se encuentra pues muy cercano, hacia el Este del mismo, discurre el arroyo de la Huerta de Abajo, al que alude parte de su nombre, ya que la otra parte de se denominación se relaciona con una antigua medida de superficie, ya en desuso.
   Señalar que dicho polígono se construyó a finales del siglo XX, y a fecha de hoy aún le quedan bastantes servicios para su finalización, con bastantes solares por construir.