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Historia, Patrimonio, Arte, Bibliografía, Hemeroteca, ... sobre nuestro pueblo: BURGUILLOS

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lunes, 10 de noviembre de 2025

Arte: El azulejo conmemorativo de la I visita de la Virgen del Rosario al Cementerio Municipal Nuestra Señora del Rosario Coronada

     Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña e imágenes del azulejo conmemorativo de la I visita  de la Virgen del Rosario al Cementerio Municipal Nuestra Señora del Rosario Coronada de nuestro pueblo, aprovechando que hoy, 10 de noviembre, es el aniversario de la bendición (10 de noviembre de 2010) cuando se descubrió un retablo cerámico que recordaba la visita de la Virgen en 2008.


     Para la reseña pertinente, replico el artículo publicado en el Boletín "Patrona de Burguillos", La Virgen en los Retablos Cerámicos: Fachada del Cementerio Municipal "Ntra. Sra. del Rosario Coronada", nº 29, de este mismo año 2025:
     "Tras la visita que efectuó la Virgen al Cementerio Municipal en 2008 era deseo de la Junta de Gobierno, presidida por entonces por N.H.D. Félix Pérez Godoy, de dejar constancia del acontecimiento por lo que en Cabildo de Oficiales se decide solicitar del Ayuntamiento los pertinentes permisos para colocar en la fachada del Cementerio dicho retablo conmemorativo. Tras obtener el permiso, se encarga la realización de de dicha obra al prestigioso taller de cerámica artística Joaquín Soriano, de Benacazón, que ha había trabajado para la corporación, con magnífico resultado.



     El retablo cerámico se compone de 24 piezas cuadradas, rematadas por unas piezas que hace las veces de marco. Estéticamente es una obra bellísima en el que la Santísima Virgen aparece en una de las instantáneas de aquel histórico 2 de noviembre de 2008, ornamentándose el retablo por una decoración vegetal barroca a modo de cenefa en tonos azules y añiles. De la Virgen del Rosario, solo podemos decir que está bellísima, pues la interpretación que Joaquín Soriano ha sabido plasmar de esa fotografía nos lleva a todos a recordar aquel día tan entrañable para aquellos que tuvimos la suerte de poder vivirlo. La Virgen se encuentra en unas andas que se hicieron para la ocasión, adaptando las de la Cruz de Mayo, con unos faldones realizados ex profeso y añadiendo elementos del paso procesional, y en el que destacaba el mando morado de brocado dorado (el color apropiado para las Vírgenes de Gloria en el mes de los Difuntos).
     Muy importante es el texto, puesto que el retablo cerámico se hizo para conmemorar un acontecimiento histórico, así que en la zona derecha podemos leer lo siguiente:

"EL DOMINGO 2 DE NOVIEMBRE DE 2008,
DENTRO DE LOS ACTOS CONMEMORATIVO DE
LA CORONACIÓN CANÓNICA, LA SANTÍSIMA VIRGEN
DEL ROSARIO VISITÓ POR PRIMERA VEZ ESTE
CEMENTERIO PARA PRESIDIR UNA SOLEMNE
EUCARISTÍA DEDICADA A TODOS LOS DIFUNTOS
QUE AQUÍ DESCANSAN. LA IMPRESIONANTE
IMAGEN DE NUESTRA PATRONA Y ALCALDESA
AVANZANDO POR LAS CALLES DEL CAMPOSANTO
ENTRE UN SILENCIO TENSO Y EMOCIONADO,
SÓLO ROTO POR LOS CONTÍNUOS LLANTOS DE
LOS PRESENTES, QUEDA YA GRABADA EN LA
HISTORIA DE NUESTRO PUEBLO DE BURGUILLOS.
PARA QUE QUEDE PERPETUA MEMORIA DE
ESTE SINGULAR ACONTECIMIENTO, LA JUNTA DE
GOBIERNO DE LA HERMANDAD DE NTRA. SRA.
DEL ROSARIO CORONADA, ACORDÓ COLOCAR
ESTE AZULEJO."
BURGUILLOS, 10 DE NOVIEMBRE DE 2010.
     La obra se encuentra firmada en el ángulo inferior derecho, en el que podemos leer "J. SORIANO - BENACAZÓN".


lunes, 17 de abril de 2023

Bibliografía: El yacimiento arqueológico nº 119 (Mudapelos), de Burguillos en el libro "Implantation rurale antique sur le Bas-Guadalquivir", de Michel Ponsich, editado por el CSIC, en Madrid, en 1974.

     Mostramos en Historia de Burguillos los datos del yacimiento arqueológico nº 119 (Mudapelos) de Burguillos, que aparece en la principal monografía dedicada al estudio de la arqueología romana del término municipal de nuestro pueblo. Se trata de "Implantation rurale antique sur le Bas-Guadalquivir" [Antiguo asentamiento rural en el Bajo Guadalquivir], obra de Michel Ponsich, editado por el Laboratorio de Arqueología de la Casa de Velázquez (CSIC), en Madrid, en 1974.
     Es una obra imprescindible para conocer la historia de nuestro pueblo en época romana, y por supuesto de toda nuestra comarca, y en definitiva el Bajo Guadalquivir. Fundamental para nuestro pueblo porque en él se detallan, nada más y nada menos, que 25 yacimientos arqueológicos enclavados en el término municipal de Burguillos, siendo el aquí descrito el nº 119 (Mudapelos), que aparece en la página 94, y que pasamos a transcribir literalmente:

119 - MUDAPELOS
                    ‎Coordenadas: 402,4 / 334,4.‎
                    Término :    Burguillos.
     Margen derecha del Mudapelos, ladrillos de termas, ladrillos y azulejos romanos, cerámica sigillata hispana (Drag. 15/17 y 27) (fig. 23/9,10), clara sigillata A (formas 9 y 10 A). Granja. ‎
‎Ocupación romana desde finales del siglo I hasta el siglo IV d.C.‎



lunes, 6 de abril de 2020

Arte: El retablo cerámico del Descendimiento de Cristo en el exterior de la Iglesia de Burguillos

   Mostramos en Historia de Burguillos el retablo cerámico del Descendimiento de Cristo, que encontramos en el exterior de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que hoy, 6 de abril, es Lunes Santo, estamos inmersos en la Semana Santa en la que celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Y que mejor día que hoy, para analizar dicho retablo cerámico dedicado al Descendimiento de Cristo.
Retablo cerámico del Descendimiento de Cristo, de Antonio Romero Pelayo para la fábrica de Viuda de Gómez, 1903.
    El retablo cerámico del Descendimiento de Cristo fue pintado por Antonio Romero Pelayo (Ceramista sevillano de finales del siglo XIX y principios del XX. Trabajó en Mensaque y para la fábrica de la Viuda de Gómez (cuando la regentaba Manuel Corbato). Le atribuimos los retablos cerámicos de la Divina Pastora de Santa Marina de 1903 y el Sagrado Corazón de Jesús del Hotel de calle Daoíz, en Sevilla. Podemos afirmar con bastante seguridad que su firma son las siglas AR. Tuvo como díscípulo a otro pintor ceramista, Alfonso Romero Mesa , antes de que éste último marchara a Madrid hacia la segunda década del siglo XX.) para la fábrica de Viuda de Gómez (Fundada en Sevilla en 1870 por Antonio Gómez, industrial del barro que tenía un taller en la calle Cava, 35, tras arrendar unos antiguos alfares que García Montalván tenía en la calle San Jorge (actual número 31). Se construye el inmueble que actualmente permanece; la reja de la vivienda lleva la fecha de 1879. A su muerte es cuando la industria cobra más impulso, al contar con Manuel Arellano Campos como ceramista, a quien lo trajo Manuel Corbato García, industrial que regentaba la firma desde finales del siglo XIX y daría su nombre progresivamente a partir de la primera década del siglo XX, cambiando su denominación por Fábrica de Manuel Corbato, coincidiendo aproximadamente con su nombramiento como concejal del Ayuntamiento de Sevilla en 1906, el mismo año en que fallece otro gran artista de la firma, Manuel Arellano y Campos. Existen obras firmadas en 1903 por el ceramista Antonio Romero Pelayo aún como fábrica de la Viuda de Gómez. Hacia 1920 la fábrica pasa a ser de su cuñado, don Manuel Montero Asquith y por último a partir de 1939 Cerámica Santa Ana, regentada por los hermanos Rodríguez Díaz. Estamos pues ante uno de los enclaves más antiguos y con más solera entre los alfares de Triana, a pesar de los sucesivos cambios de propietarios) de Sevilla, mediante la técnica de azulejo plano pintado, en 1903, con unas medidas de 1,20 x 1,80 m. (aprox.) en su formato actual.
Situación del retablo cerámico "Descendimiento de Cristo" en el muro del Evangelio de la Iglesia parroquial.
   Al parecer la obra se encontraba originariamente en un cortijo de las cercanías de Burguillos. Sin que se sepa el porqué, las piezas de las dos columnas laterales no se pusieron en la nueva ubicación, en cambio, algunas de ellas fueron colocadas, sin orden ni concierto, como última fila por abajo del panel.
   Aunque la lógica podría hacer pensar que las demás piezas se perdieron por daños en el desmontaje, no parece que esta sea una hipótesis muy plausible, ya que el resto de las piezas (salvo dos, -47 y 48-) resultaron intactas.
   Afortunadamente entre las piezas conservadas estaba aquella en la que el artista dejó constancia de su firma, la del taller y la fecha de ejecución de la obra (Alfonso García Mayo, para www.retabloceramico.net).
Vista del muro del Evangelio de la iglesia parroquial, donde se encuentra el retablo cerámico "Descendimiento de Cristo".
   La pintura reproduce el cuadro de Pedro de Campaña "El Descendimiento de la Cruz" de 1547, que se conserva en la Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla. Para entender mejor este retablo cerámico, comentaremos la pintura original.
   Ingresa en la Catedral el 19 de enero de 1814, situándose en la Sacristía Mayor. Colocado en el ámbito central del brazo sur de ese recinto, el que se exhiba, casi perdido, en uno de los espacios más diáfanos del renacimiento español no contribuye a valorar la creatividad de Campaña. Esta sólo se podrá entender si se tiene en cuenta que se pintó durante 1547 y 1548 para presidir la pequeña y obscura capilla, edificada en 1483, de la desaparecida parroquia sevillana de Santa Cruz de la que era patrono Don Fernando de Jaén, cuya planta y ubicación se conocen gracias al plano publicado por Carmen Heredia y Purificación Romero. Partiendo del hecho de que ésta tenía de ancho 2,50 mts. y que sólo la tabla mide de ancho 1,91 mts., resulta claro que el Descendimiento, con su correspondiente enmarque arquitectónico, ocupaba todo el testero de la capilla. Conociendo su estrechez, se comprende porqué Don Fernando de Jaén le encargó a Campaña que lo representase, de rodillas, y a tamaño natural, en una tabla aparte, que seguramente se situaría en el muro derecho de la capilla. Desde esta tabla, por desgracia desaparecida, estaría esperando Don Fernando de Jaén hasta 1814, fecha en que se derribó la parroquia, que acabaran de descender el cuerpo de Cristo. Difícilmente, sin embargo, podría haberse visto el final de esa ceremonia, ya que las líneas compositivas del cuadro están trazadas de tal modo que el cuerpo de Cristo parece más bien que lo están elevando que descendiendo; equilibrio de fuerzas que contribuye a subrayar la intemporalidad de la escena.
   Esta se articula en base a un vocabulario eminentemente clásico, cuyos elementos formales están tomados tanto de Rafael como de Miguel Ángel. Del primero arranca el esquema general de la composición, tomado, como señaló Angulo, del Descendimiento grabado de Marco Antonio Raimondi, derivando del segundo la forzada disposición y el tipo de rostros de algunas de las Marías. Estos elementos formales los conjuga Campaña mediante una síntesis bien distinta a la postulada por los maestros de los que parte. En su caso dominan los valores expresivos, singularizándose y distanciándose este Descendimiento de los otros que asimismo parten de Rafael por los fuertes acentos dramáticos que dominan toda la escena, especialmente significativos en las figuras femeninas. Siendo Campaña flamenco, no debía sorprender, en principio, que en este cuadro se interpretasen los elementos formales del renacimiento clasicista italiano con una sensibilidad de tipo nórdico. No obstante, si se tiene en cuenta que, según Pacheco en su Arte de la Pintura, Campaña llegó a Italia con 14 años, permaneciendo en ese país durante 20, lo normal sería que al aparecer en Sevilla con 34 años su pintura fuera más o menos similar a la de los discípulos de Rafael y Miguel Ángel, con los que Pacheco dice que se formó. Pero no es así. De entre ésos, al que más se aproxima su pintura es, como advierte Nicole Dacos, a la de Polidoro da Caravaggio. Pero como asimismo señala esta autora, a la de Polidoro da Caravaggio en su última etapa, transcurrida en el sur de Italia, en la que el pintor deja de lado la "maniera" postrafaelesca de sus años romanos para practicar unas formas eminentemente expresivas, casi anticlásicas.
"Descendimiento de Cristo", óleo sobre tabla, de Pedro de Campaña, h. 1547-1548. Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla.
   No dudo de las relaciones Campaña-Polidoro da Caravaggio, que me parecen evidentes. Lo que si cuestiono es el testimonio de Pacheco, ya que si en su Arte de la Pintura asegura que Campaña estuvo en Italia 20 años, en su Libro de los retratos (en el que los datos que transmite sobre Campaña nada tiene que ver con los que registra en su otra obra) dice que llegó a Italia con 40 años, permaneciendo allí solo 10, lo que implica que cuando aparece en Sevilla contaba ya 47 años. Tanto si estuvo 10 como 20 años en Italia, lo que me parece evidente es que Campaña no fue capaz de superar sus vivencias y enseñanzas juveniles, transcurridas en su país natal, ya que la pintura que ejecutó en su primera etapa sevillana, comprendida entre 1537 y 1546, poco tiene que ver con la de los maestros italianos que llevan a la práctica las experiencias de Miguel Ángel y Rafael. A la vista de sus primera obras sevillanas, me parece que habría que acortar los años italianos de Campaña y pensar que llegó a Sevilla más joven, lo que explicaría mejor la evolución que sufre su pintura en esta ciudad. Hipótesis a demostrar, lo que si parece claro es que los valores dramáticos y expresivos de este Descendimiento no se deben sólo al origen flamenco de su autor y al conocimiento por parte de éste de la obra de Polidoro da Caravaggio. A ello hay que sumar las especiales características del ambiente pictórico sevillano, en muchos puntos similar al del sur de Italia en el que trabaja Polidoro da Caravaggio. Para la clientela sevillana de la cuarta década del siglo XVI, el conjugar unos esquemas novedosos, por demás italianos, como los del grabado de Marco Antonio Raimondi, con una sensibilidad de tipo flamenco, la imperante en la ciudad, debió de ser una fórmula feliz. De ahí que Campaña, a instancia de Don Fernando de Jaén se comprometiera a ejecutar esta pintura "tal e tan buena e antes mejor que la del retablo que yo hize para la capilla donde se enterró el Jurado Luis Fernández". Pintura ésta que representaba asimismo un Descendimiento -el conservado en el Museo de Montpellier- cuya composición y expresividad quiso Don Fernando de Jaén que Campaña repitiera en la tabla que centraba el retablo de su capilla.
   Iluminada ésa por la luz que penetraba por la ventana situada en el muro izquierdo, Campaña dispuso de acuerdo a la localización de este foco lumínico el juego de luces y sombras de la escena, cuyos valores escultóricos -tan queridos por la clientela sevillana- se veían así subrayados. Verismo éste de tipo escultórico especialmente señalado en la figura de Cristo, a la que la nefasta restauración llevada a cabo en 1882 privó de su colorido original, alabado por Pacheco, quien comentaba que nadie mejor que Campaña sabía imitar en sus pinturas el color de un cadáver. ¡Lástima que tengamos que ver este cuadro así!. Fuera del sitio para el que se pintó y con su colorido, y, en parte, dibujo desvirtuados. En caso contrario, seguro que haríamos nuestras las palabras de Pacheco, quien, refiriéndose seguramente a este cuadro, decía que Campaña reproducía tan bien el color de un cadáver "que da pavor y miedo, como me ha sucedido a mi tal vez, con pinturas de Maese Pedro, temiendo estar solo en una capilla oscura viendo un Descendimiento de la Cruz de este famoso hombre". (Juan Miguel Serrera Contreras, Pinturas y pintores del siglo XVI en la Catedral de Sevilla, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
      Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del tema del Descendimiento de la Cruz; 
  El Descendimiento de la cruz apareció en el arte cristiano en el siglo IX. La demora se explica porque se trata de un episodio puramente narrativo, sin importancia desde el punto de vista litúrgico, por eso fue postergado en beneficio de la Crucifixión, y de la Resurrección.
   Esta escena está brevemente relatada en los cuatro Evangelios. Se dice en ellos que José de Arimatea, que había solicitado a Pilato permiso para retirar el cuerpo de Jesús, descendió el cadáver de la cruz con la ayuda de Nicodemo.
   Los Evangelios apócrifos no agregan nada a los canónicos. Puesto que la Virgen y san Juan asistieron a la Crucifixión, se supone que permanecieron en el Calvario hasta el Descendimiento de la cruz.
Los orígenes bizantinos
   El iconógrafo de Baden, Karl Künstle intentó probar que este tema había sido creado a finales del siglo X por los miniaturistas alemanes del scriptorium de Reichenau, a orillas del lago de Constanza. Esta tesis que no tuvo eco, no es más que una manifestación patriótica pueblerina. El motivo del Descendimiento de la Cruz, con todas sus variantes, es en realidad de origen bizantino.
   Un manuscrito griego de Florencia, iluminado en el siglo X, ya presenta la composición en su forma perfecta: "José de Arimatea sostiene el cuerpo de Cristo mientras Nicodemo arranca el clavo de la mano izquierda. El brazo derecho ya está desclavado y pendería inerte si la Virgen, en un movimiento donde se unen la ternura y el respeto, no lo cogiese con las manos veladas y lo acercara a su boca. San Juan, inmóvil, expresa su dolor a la manera antigua, llevándose la mano a la cara".         Una composición tan «evolucionada» no puede ser un punto de partida y es necesario remontarse hasta un prototipo sirio donde los personajes, de acuerdo con el Evangelio, están reducidos a tres: Jesús, José de Arimatea y Nicodemo.
Reconstrucción con las piezas de azulejos bien colocadas del retablo cerámico "Descendimiento de Cristo".
   El Descendimiento de la cruz del manuscrito bizantino de Florencia representa entonces una segunda o tercera «fase». Se comenzó por asociar a la Virgen y a San Juan como los dos «descendedores», pero sin hacerles desempeñar una función activa.
   La primera innovación, inspirada por los sermonarios místicos del siglo X, como el de Jorge de Nicomedia, consistió en devolver a las manos de la Virgen el brazo desclavado de Cristo. En un fresco de Toqale, en Capadocia, la Virgen recibe y estrecha entre sus manos los dos brazos del cadáver de su Hijo.
   Todos esos rasgos vuelven a encontrarse en las obras francesas del siglo XII. Un capitel de la Daurade (Museo de Toulouse), los frescos de Vic (Indre) y de Liget (Indre et Loire) muestran a la Virgen sosteniendo un brazo de Jesús; en una vidriera de Chartres, sostiene los dos brazos. La única diferencia con los modelos bizantinos es que en el arte de Occidente las manos de la Virgen no están veladas.
   En este punto de la evolución, san Juan era el único personaje que seguía pasivo: se limitaba a llorar, apoyando la cabeza inclinada sobre la palma de la mano. En tanto los dos brazos de Cristo estaban desclavados, se tuvo la idea de confiarle uno de ellos para que formara pareja con la Virgen. Estos dos personajes, que al principio eran espectadores, se convirtieron en actores y se integraron en la composición que de esa manera adquirió mayor unidad.
   En el bajorrelieve del claustro de Silos, en Castilla (1130), al igual que en el tímpano de Sainte Marie d' Oloron, san Juan, situado junto a Nicodemo, tiene un martillo en la mano.
El enriquecimiento del tema
   A finales de la Edad Media, por la influencia de las Meditaciones del Pseudo Buenaventura y la puesta en escena de los autos sacramentales -salvo que los místicos y los directores escénicos de los Misterios se hayan inspirado en las obras de arte anteriores- el tema se enriqueció con rasgos nuevos.
   Se le reservó un lugar a la Magdalena, que abraza con fervor los pies de Cristo tal como besara en casa de Simón los del Redentor vivo.
   El papel de los dos «descendedores», José de Arimatea y Nicodemo, fue establecido muy pronto, de acuerdo con las indicaciones de los evangelistas Marcos y Lucas, que califican a José, no sólo de hombre rico, sino de «ilustre consejero del sanedrín». Por ello, es siempre José de Arimatea quien tiene el privilegio de recibir el cuerpo de Cristo en sus brazos, al tiempo que su compañero, más humilde desclava la mano izquierda o los pies del Redentor. Este orden de prelación muy bien marcado en el teatro de la Pasión. En un auto sacramental del siglo XIII, Nicodemo se desdibuja con modestia ante aquél a quien considera su superior "Señor José -dice- usted es el primogénito, vaya a la cabeza, yo voy a los pies." ¿Habrá que admitir, como se lo ha conjeturado, que el arte haya recibido este ordenamiento de la escena? Es muy dudoso, porque en el fresco románico de Vic en Berry, que data del siglo XII, esta jerarquía ya se traduce muy claramente hasta en las ropas: José está majestuosamente cubierto por una larga toga senatorial, mientras que Nicodemo lleva la ropa corta de la gente del pueblo.
   La semejanza del arte con el teatro se explica entonces, en este como en otros casos, por una fuente común.
   Puede resumirse que en la mayoría de las obras figurativas de la Edad Media, la escena del Descendimiento de la cruz, que el simbolismo prefigurativo vinculó con el Descolgamiento del rey de Aín decidido por Josué, se ordena de la siguiente manera:
   José de Arimatea  y Nicodemo  apoyan dos escaleras sobre el travesaño de la cruz, y ascienden a ellas para extraer los clavos de las manos. Luego, mientras José sostiene el torso de Cristo, Nicodemo desciende y desclava los pies.
   Por lo tanto, pueden diferenciarse dos operaciones: el Desclavamiento y el Descendimiento de la cruz propiamente dicho.
   La Virgen besa la mano derecha inerte de su Hijo, salvo que se desmaye, como en el momento de la Crucifixión. Poco a poco, fue despojando a José de su envidiable privilegio: es ella quien recibe el cuerpo en sus brazos y acerca los labios al divino rostro.
   Juan llora, inmóvil, al tiempo que la Magdalena besa apasionadamente los pies, atormentados que lavara con sus lágrimas.
La iconografía de la Contrarreforma
   Pero este esquema clásico evolucionó en el transcurso de los siglos y son las variantes lo que interesa precisar, estudiando en primer lugar, los personajes; y en segundo, la maniobra de las escaleras.
1. Los personajes
   En las realizaciones más antiguas, el número de personajes se reduce a tres: Cristo muerto, José de de Arimatea y Nicodemo. José coge el torso inerte por el centro, Nicodemo arranca el clavo de los pies con una tenaza. José siempre está a la derecha de Cristo, y Nicodemo a la izquierda.
   Luego los personajes se multiplicaron. Se introdujo en la composición a la Virgen -que se eleva para recibir el cuerpo de Cristo entre sus brazos-, san Juan y la Magdalena. Se aumentó el número de los «descendedores», suministrando ayudantes a José y a Nicodemo.
2. La cruz y las escaleras
   Este aumento del «personal» empleado en desclavar y descender el cadáver se explica por la mayor elevación de la cruz y el número de escaleras.
   En las representaciones más antiguas de esta escena, la cruz es tan baja que una escalera resulta inútil (Codex Egberti, siglo X). Pero la cruz se vuelve cada vez más alta y sobre los brazos, simétricamente, a derecha e izquierda, se apoyan dos escaleras, de manera que que la composición se inscribe en un triángulo.
   Después del concilio de Trento, el arte de la Contrarreforma adoptó un nuevo ordenamiento cuyo creador es Daniel de Volterra (1541). El esquema triangular fue reemplazado por una composición con mayor movimiento en diagonal. Al mismo tiempo, la puesta en escena se complicó. En adelante se necesitarán cuatro escaleras para desclavar a Cristo: José y Nicodemo se hacen asistir por ayudantes, dos de los cuales se inclinan por encima de los brazos de la cruz. El «miguelangelismo» de Daniel de Volterra se traduce en la acentuación del contraste entre el cadáver inerte y los esfuerzos musculares de quienes lo descienden, que se arquean .
   El tema, largamente madurado, alcanzó su apogeo fuera de Italia, en la pintura barroca del siglo XVII, en los Países Bajos.
   En su célebre tríptico de la catedral de Amberes (1614), Rubens supo conseguir un efecto prodigioso con el deslizamiento del cuerpo del Redentor que desciende sobre un sudario en los brazos de la Virgen, de la Magdalena y de san Juan, listos para recibirlo. Ese lienzo blanco ilumina la tela como una corriente de luz sobre­natural.
   Con menor amplitud, pero con una emoción más penetrante, Rembrandt  repitió el tema a su vez, en una pintura de 1633, que se encuentra en la Pinacoteca de Munich, y más aún en una admirable aguafuerte donde lo envuelve en el misterio del anochecer iluminado por el fulgor de las antorchas. Esta transposición está de acuerdo con la liturgia, por otra parte, que sitúa el Descendimiento de la cruz en la hora de vísperas.
   Cabe preguntarse si este constante perfeccionamiento de la puesta en escena señala, desde el punto de vista religioso, un verdadero progreso. El Descendimiento de la cruz de Fra Angelico es, en su simplicidad, más conmovedor que el de Rubens. Sin duda puede reprocharse a los artistas primitivos la falta de destreza, y hasta la inverosimilitud de sus composiciones, que no tienen en cuenta las leyes del equilibrio y de la gravedad. Desclavar un cuerpo humano no es cosa fácil, y los dos voluntarios, benévolos e inexpertos, que lo hacen con una sola escalera, correrían el riesgo de recibir el cuerpo sobre la cabeza o derrumbarse bajo su peso que es visiblemente superior a sus fuerzas. Los pintores más sabios de los siglos XVI y XVII comprenden mejor, evidentemente, los aspectos mecánicos del problema. La técnica adecuada para descolgar el cuerpo no tiene secretos para ellos; las cargas son mejor repartidas, y el equilibrio mejor asegurado; los porteadores, más numerosos, ya no corren peligro de caer. En vez de ser desclavado por partes, el cuerpo se desliza sobre un paño para descender hasta el suelo sin golpearse.
   Todo es más satisfactorio para la razón ¿pero la emoción aumenta? Arrastrados y como embriagados por su virtuosismo, los pintores modernos parecen interesarse más en los músculos tensos de los porteadores -los mozos de cuerda,  podría decirse- que en el cadáver inerte de Cristo. El Descendimiento de la cruz para muchos de ellos ya no es más que un espectáculo bien reglamentado que les permite hacer valer sus conocimientos anatómicos y su ciencia de los escorzos.
   ¿Debemos concluir entonces que el arte no progresó sino a expensas del sentimiento religioso? (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 11 de febrero de 2019

Geografía: Burguillos en un mosaico sobre el río Guadalquivir en el muelle de Nueva York de Sevilla.

   Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del mosaico con referencias a nuestro pueblo que podemos contemplar en el Muelle de Nueva York de Sevilla, bello paseo situado en el margen sevillano del cauce histórico del río Guadalquivir, que fue construido en el año 1905, y denominado así porque desde él salían los barcos que partían hacia Estados Unidos. Señalar que la información aquí recogida procede de las webs "Visita Sevilla" y "Diario de Sevilla".
Fotografía aérea del tramo central del Muelle de Nueva York, con el emplazamiento del mosaico del Guadalquivir en el que aparece nuestro pueblo.
Mapa del tramo central del Muelle de Nueva York, con el emplazamiento del mosaico del Guadalquivir en el que aparece nuestro pueblo.
   En este Paseo que discurre colindante a lo largo de más de 700 metros al Paseo de las Delicias, todavía podemos ver parte de las vías originales que eran usadas para colocar los carros que transportaban el material que se descargaba de los barcos que llegaban de América. Como dato histórico y cuando vivía en el Palacio de San Telmo el Duque de Montpensier, en este paseo existía un túnel que unía el Palacio de San Telmo con el embarcadero para que el Duque pudiera embarcar más comodamente hacia Sanlúcar de Barrameda, donde también poseía otro palacio.
El río Guadalquivir, con el Palacio de San Telmo a la izqda, y el Muelle de Nueva York, ambos en la orilla "sevillana".
Zona del Muelle de Nueva York, donde se ubica el mosaico del río Guadalquivir.
   El Muelle de Nueva York, tras varias décadas de desuso y abandono, se ha recuperado para el disfrute de la ciudad y sus visitantes convirtiéndolo en un espacio ajardinado y de paseo en el que podemos encontrar bares y terrazas, todo ello acompañado de arriates, pérgolas y dos pantalanes desde donde podemos asomarnos al río.
   El Muelle de Nueva York además de ser un espacio ajardinado y de paseo, pretende convertirse en un nuevo lugar cultural y social para la ciudad.
   Para ello, en su extremo más cercano al puente de los Remedios, se encuentra un espacio versátil al aire libre donde podemos celebrar actos que requieran la asistencia de un gran número de personas como pueden ser presentaciones de productos o servicios, exposiciones o cócteles. Y todo ello en un espacio extraordinario y singular como es este remodelado paseo fluvial hispalense.
   El aforo máximo del espacio es hasta 500 personas y cuenta con diferentes aparcamientos públicos en las cercanías. Su acceso está adaptado para personas con discapacidad a la zona central.
El mosario del Río Guadalquivir, con el propio río al fondo, en el Muelle de Nueva York.
   Pues bien, en su zona central encontramos el gran mosaico del Río Guadalquivir que representa su cuenta desde su nacimiento en la Sierra de Cazorla, hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda. El mosaico del Guadalquivir, ejecutado por Miguel Ruiz Jiménez en diciembre de 2013, mide 20,20 metros por 6,40 metros, y realizado en gres cerámico esmaltado de elaboración artesanal. Las piezas miden 10 x 10 centímetros.
El mosaico de la cuenca del río Guadalquivir, en el Muelle de Nueva York.
   La pieza, que se encuentra situada justo en el tramo situado más cerca del Palacio de San Telmo, bajo la zona de parada de los autobuses metropolitanos, incluye información de la cuenca hidrográfica, que abarca territorios de Jaén, Córdoba, Almería, Granada, Málaga, Sevilla, Huelva y Cádiz, así como de Murcia, Albacete, Ciudad Real y Badajoz. Los vivos colores identifican las diferentes zonas que se muestran, con los nombre de las poblaciones, las zonas de bosques, matorrales, pastizales, regadío, regadío-arroz, o zonas de secano. También se muestran las diferentes altitudes de los territorios que abarca la cuenca, así como las zonas húmedas, que incluye los ríos, riberas y arroyos, los canales, la masa costera o la marisma.
Burguillos, en el mosaico de la cuenca del Río Guadalquivir, del Muelle de Nueva York.
   Y en este contexto aparece nuestro pueblo, Burguillos, en dicho mosaico, lo cual debe ser orgullo para los burguilleros.

lunes, 14 de enero de 2019

Geografía: Burguillos en varios mapas de la plaza de España de Sevilla.

   Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña de los mapas con referencias a nuestro pueblo que podemos contemplar en la plaza de España de Sevilla, monumento universal de nuestra capital provincial y autonómica. Señalar que la información aquí recogida procede de la web "Retablo Cerámico".
Fotografía aérea de la plaza de España, con el emplazamiento de los mapas en los que aparece nuestro pueblo.
Mapa de la plaza de España, con el emplazamiento de los mapas en los que aparece nuestro pueblo.
   La Plaza de España es un conjunto arquitectónico monumental único en su género, encuadrado en el Parque de María Luisa, representando uno de los espacios más espectaculares de la llamada arquiterctura regionalista, un estilo decorativo aplicado a la construcción que tuvo su epicentro en la ciudad hispalense en el primer tercio del siglo XX.
   Constituyó el proyecto más emblemático de la Exposición Iberoamericana del año 1929. La historia de este certamen tuvo su precedente en 1905, con motivo de una Exposición local promovida por el empresario Luis Rodríguez Caso, denominada "España en Sevilla", para conmemorar en 1908 el centenario de la Guerra de la Independencia. El éxito obtenido motivó una nueva propuesta de Luis Rodríguez Caso para celebrar otra de mayor envergadura, de carácter internacional, que permitiese un mayor contacto con los países de Hispanoamérica. La autorización oficial del evento tuvo lugar en 1910, y su celebración prevista para 1914, aunque finalmente la organización y preparativos se fueron demorando y finalmente tuvo lugar casi dos décadas más tarde, en 1929.
La torre Norte y la Puerta de Aragón, con indicación de la ubicación de uno de los mapas donde aparece Burguillos.
   El conjunto monumental de la Plaza de España fue proyectado por el arquitecto sevillano Aníbal González Álvarez-Ossorio (1876-1929), que también fue el arquitecto director del evento expositivo, siendo ayudado por un buen conjunto de colaboradores, entre los que cabe destacar a su sobrino Cayetano González Gómez y al arquitecto Aurelio Gómez Millán. Las obras de construcción comenzaron en el año 1914, resultando el proyecto más ambicioso y costoso de la Exposición, llegando a trabajar en su construcción mil hombres al mismo tiempo, siendo finalmente concluidas en 1928, para ser inauguradas coincidiendo con la Exposición Iberoamericana de 1929.
   La plaza tiene 200 metros de diámetro, con forma semielíptica, que simboliza el abrazo de España a sus antiguas colonias y mira hacia el río Guadalquivir como camino a seguir hacia América. Su superficie total es de 50.000 metros cuadrados, de los que 19.000 están edificados y los 31.000 restantes son espacio libre; está bordeada por un canal que recorre 515 metros y es atravesado por cuatro puentes. Los edificios que envuelven la plaza se estructuran en un edificio central y dos alas con edificaciones intermedias que compensan una excesiva longitud, terminando en sendas torres en los extremos, llamadas norte y sur. Las torres miden 74 metros de altura y en su tiempo crearon cierta controversia entre los académicos por rivalizar en altura con la Giralda.
   La construcción está realizada con ladrillo visto y amplia decoración de cerámica, artesonados, hierro forjado y repujado y mármol labrado, que dan al conjunto un ambiente de inspiración renacentista con ciertos aires de estilo neomudéjar.
   En 1926 se produjo la dimisión de Aníbal González de su cargo de Arquitecto Director de la Exposición, asumiendo la finalización del proyecto el arquitecto Vicente Traver, que terminó los cerramientos del recinto y añadió la fuente del centro de la Plaza. La adición de la fuente también fue cuestionada en su tiempo porque se dijo que rompía la rotundidad de vacío de la plaza. El canal que la circunda por su parte interior es cruzado por cuatro puentes que representan los cuatro antiguos Reinos de España (Castilla, León, Aragón y Navarra). En las paredes de la plaza se encuentran una serie de bancos ejecutados totalmente en cerámica que delimitan el espacio de las cuarenta y ocho provincias españolas colocadas en orden alfabético, en los que se representan para cada una de ellas, su escudo, el mapa y algunos hechos históricos y monumentos destacados relativos a la misma. La provincia de Sevilla no dispone de banco propio, sino que está representada en distintos murales colocados al principio y final de cada tramo de arcos provinciales, recogiendo escenas de las fiestas y costumbres de la ciudad del Guadalquivir, a cuyo pie quedan representados diversos mapas temáticos (Sevilla Romana, Sevilla Monumental, Sevilla Agrícola, etc).
   Lógicamente un conjunto monumental de tal envergadura, expuesto a la intemperie y a la mano del visitante -no siempre respetuoso con el patrimonio histórico artístico- ha requerido de un cuidado constante. En sus más de ochenta años de existencia han sido muchas las reposiciones de materiales efectuadas, especialmente de azulejos, las pérdidas de elementos decorativos, las intervenciones desafortunadas y un largo etcétera, aunque afortunadamente lo que hoy contemplamos es bastante fiel al monumento original.
   Hay datos de restauraciones, reposiciones y sustituciones de elementos cerámicos casi desde la misma inauguración del monumento. Las últimas que conocemos datan de 1983, otra posterior en 1992, con motivo de la Exposición Universal, que fue realizada con esmalte en frío, por un equipo dirigido por Francisco Toscano, con objeto de subsanar y disimular los numerosos desconchones que presentaban muchos de los azulejos. La última restauración de los elementos cerámicos de la Plaza de España data oficialmente de 2010, siendo inaugurada el 17 de octubre.
   La plaza consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
La Puerta de Castilla, actual Capitanía General Militar, de la Plaza de España 
   La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas.
   La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
   Pues bien, partiendo de la torre Norte, justo antes de encontrarnos con la Puerta de Aragón, nos encontramos, tras el banco dedicado a la provincia de Canarias, con la zona en la que aparece el mapa de Sevilla Agrícola, en la que aparece nuestro pueblo, Burguillos:
Parte de la Puerta de Aragón, en la Plaza de España, en la que aparece el mapa cerámico de Sevilla Agrícola.
Zona adyacente a la Puerta de Aragón, en la Plaza de España, con el mapa de Sevilla Agrícola, en la zona inferior.
Mapa de la Sevilla Agrícola junto a la Puerta de Aragón, en la Plaza de España. con la ubicación de Burguillos.
   En el frente de esta zona aparece como escena principal el Baile de Los Seises en la Catedral de Sevilla. Reproducción del óleo de Gonzalo de Bilbao. En los laterales se representan las iglesias de Santa Catalina y San Marcos. 
Autoría: Original de Enrique Orce Mármol. Fábrica de la Vda. de Tova Villalval. 1926. Restaurado in situ en 2004 por la Escuela Taller de la Plaza de España.
   En la parte superior figura el escudo de Sevilla, y en suelo en azulejos un mapa de Sevilla Agrícola (en el que aparece nuestro pueblo, aunque por cierto, aparece sin la "s" final), realizado originalmente en la fábrica de Pedro Navia. Sustituido en 2003 por uno nuevo de la Escuela Taller Plaza de España.

   Al otro lado de la Puerta de Aragón nos encontramos con otro mapa, en este caso sobre la Sevilla Romana, en el que no aparece nuestro pueblo, pero lo mostramos por analogía con el anterior de Sevilla Agrícola:
Mapa de la Sevilla Romana, junto a la Puerta de Aragón, en la Plaza de España.
   En el frente de esta zona aparece un panel dedicado a la Semana Santa: El Santísimo Cristo de la Expiración (El Cachorro) cruzando el puente de Triana la tarde del Viernes Santo. A la izquierda figuran la muralla romana y los Caños de Carmona a la derecha. Arriba el medallón con el escudo de Sevilla, que se repite en el friso inferior del panel.
Autoría: Original de la fábrica Vda. de Tova Villalva. 1926. En 2006 es sustituido por uno de nueva factura realizado en la Escuela Taller Plaza de España. El motivo retirado fue restaurado por dicha Escuela y depositado en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España.
   En el suelo se encuentra el mapa de Sevilla Romana. El anterior fue realizado en la fábrica de Pedro Navia, por el pintor M. García. En 2006 es sustituido por uno nuevo hecho en la Escuela Taller Plaza de España.

   Tras el banco dedicado a la provincia de Pontevedra, justo antes de encontrarnos con la Puerta de Navarra, nos encontramos la zona dedicada a la Sevilla Ganadera, en la que nuevamente aparece nuestro pueblo:
Zona adyacente a la Puerta de Navarra, en la Plaza de España, con el mapa de Sevilla Ganadera, en la zona inferior.
Mapa de la Sevilla Ganadera, junto a la Puerta de Navarra, en la Plaza de España, con la ubicación de Burguillos.
   En el frente de esta zona aparece como escena principal una vista de la Feria de ganado de Sevilla en el Prado de San Sebastián (completa de una pieza), con la Catedral y la Giralda al fondo. En los óvalos laterales aparecen una calle del barrio de Santa Cruz y el Arco de la Macarena.
Autoría: Firma Enrique Orce Mármol. Fábrica Vda. de Tova Villalva, 1926. Restaurado in situ por la Escuela Taller de la Plaza de España, en la última fase de los trabajos finalizados en 2010. En el suelo, delante del panel, figura un mapa de Sevilla Ganadera (fábrica de Pedro Navia), y en la que también aparece nuestro pueblo, aunque lamentablemente, vuelve a estar mal escrito, puerto que le falta la "s" final.

Y, finalmente tras pasar la Puerta de Navarra nos encontramos con otro mapa, en este caso nuevamente sobre la Sevilla Agrícola, que repite (sólo el mapa) el ya comentado que se encuentra junto a la Puerta de Aragón:
La Puerta de Navarra, en la Plaza de España, con la ubicación de los mapas en los que aparece Burguillos.

Zona adyacente a la Puerta de Navarra, en la Plaza de España, con el mapa de Sevilla Agrícola, en la zona inferior.
Mapa de la Sevilla Agrícola junto a la Puerta de Navarra, en la Plaza de España, con la ubicación de Burguillos.
   En el frente de esta zona aparece como escena central en cerámica basada en el óleo de Gonzalo de Bilbao "Las Cigarreras en el interior de la Fábrica de Tabacos de Sevilla", de Enrique Orce en la fábrica Vda. de Tova Villalva. Mediados de la década 1920. Flanquean la escena central sendas vistas de la Alameda de Hércules y la Catedral y Giralda de Sevilla. En el suelo se representa el mapa de Sevilla Agrícola (anterior fábrica de Pedro Navia, repuesto por la Escuela Taller Plaza de España hacia 2006), en el que aparece nuestro pueblo, y esta vez si, escrito correctamente.