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lunes, 23 de marzo de 2026

Callejero de Burguillos: La calle Juan Gris

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña e imágenes de la calle Juan Gris, en Burguillos, aprovechando que hoy, 23 de marzo, es el aniversario del nacimiento (23 de marzo de 1887), de Juan Gris, uno de los grandes genios artísticos, nacidos en España.


     La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos).
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al centro geográfico de la localidad, o del Ayuntamiento, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Está dedicada a Juan Gris, uno de los mejores pintores españoles de todos los tiempos.


Conozcamos la Biografía de Juan Gris, a quien está dedicada esta vía del callejero burguillero;
     José Victoriano González Pérez, "Juan Gris". (Madrid, 23 de marzo de 1887 – Boulougne-sur-Seine, París, Francia, 11 de mayo de 1927). Pintor.
     Nació en el n.º 4 de la calle del Carmen de Madrid, en el seno de una familia acomodada. La madre, Isabel Pérez Brasategui, procedía de Málaga. El padre, Gregorio González y Rodríguez, de Valladolid. Era el número trece de catorce hermanos, de los que sólo cuatro llegaron a la edad adulta. La familia, que vivía del comercio, se mudó de domicilio en varias ocasiones para adaptarse a una situación progresivamente menos acomodada. En 1902, José Victoriano ingresó en la Escuela de Artes e Industrias de Madrid (luego llamada Escuela Industrial). Allí estudió Matemáticas, Física, Ingeniería y Metodología Científica. Ese mismo año comenzó su colaboración gráfica con la prensa periódica, una actividad que supuso su principal fuente de ingresos durante muchos años. Sus primeros dibujos publicados aparecieron en las revistas Blanco y Negro y Madrid Cómico.
     En 1904 dejó la Escuela de Artes e Industrias y estudió Pintura en el taller de Moreno Carbonero, al tiempo que visitaba frecuentemente el Museo del Prado. Hizo entonces amistad con otros pintores jóvenes residentes en Madrid: Daniel Vázquez Díaz, Gorges Kars y Willy Geiger —colaborador de la revista modernista alemana Judgend—. También es posible que entablase amistad con Eulogio Varela, caricaturista modernista de la revista Blanco y Negro. En 1906 realizó las ilustraciones, de estilo modernista, del libro del poeta peruano José Santos Chocano titulado Alma América. Poemas Indoespañoles. Una de ellas aparece firmada por primera vez con el que fue su seudónimo a partir de entonces: J. Gris. La revista Blanco y Negro publicó La conquista del pan, apuntes para una comedia modernista, una novela de Francisco Flores, con tres ilustraciones de Juan Gris.
     A finales de septiembre llegó a París, donde le esperaba su amigo Daniel Vázquez Díaz en la Gare d’Orsay. Vázquez Díaz había animado a Gris a emigrar a la capital francesa. Después de pasar un tiempo en el hotel Calincourt, donde también vivía Vázquez Díaz, Gris se instaló en el n.º 13, rue Ravignan (edificio conocido en la historia del arte con el sobrenombre de “Bateau Lavoir”). En este edificio también vivió Picasso hasta el otoño de 1909. Allí conoció a poetas y críticos cercanos a este pintor, como Guillaume Apollinaire, André Salmon y Max Jacob. Algo más tarde, en 1907 conoció al crítico Maurice Raynal, a quien le unió, a partir de entonces, una gran amistad, y al pintor Georges Braque, que comenzaba a frecuentar el estudio de Picasso. Daniel Vázquez Díaz pintó entonces el Retrato de Juan Gris, hoy en paradero desconocido. En 1908 Gris conoció al marchante de origen alemán Daniel-Henri Kahnweiler, que acudía a visitar a Picasso y a contemplar en su estudio el lienzo Les Demoiselles d’Avignon y otras obras relacionadas. Se iniciaba así una relación que tendría gran trascendencia en la trayectoria artística y personal de Juan Gris.
     Durante estos primeros años en París, Juan Gris siguió publicando ilustraciones en revistas, como las catalanas Papitu, La Campana de Gràcia o L’Esquella de la Torratxa, a las que pronto siguieron otras francesas, como L’Assiette au Beurre, Le Charivari, Le Rire y Le Cri de París, así como el periódico Le Temoin.
     El 9 de abril de 1909 nació Georges González Gris, hijo de Juan Gris y de la joven francesa Lucie Belin, con quien Gris convivió unos años.
     En 1910, aunque continuó haciendo caricaturas para publicaciones francesas y catalanas, comenzó también a pintar. Realizó entonces su óleo más antiguo conservado, Sifón y botellas. Conoció a Pierre Reverdy, que dos años más tarde, en 1912, se instaló también en el Bateau Lavoir, justamente enfrente del estudio de Gris. Hacia 1911, el estilo de la obra de Gris se fue decantando hacia la geometrización cubista.
     Sus primeros retratos, de Maurice Raynal y de Juan Legua, así lo ponen de manifiesto.
     El año 1912 tuvo gran importancia en la trayectoria artística y vital de Juan Gris. En primer lugar, vendió algunos cuadros al galerista Clovis Sagot, quien organizó la primera exposición del pintor en enero de 1912. Este mismo año pintó el retrato titulado Hommage à Picasso, calificado por Apollinaire de “cubismo integral” (L’Intransigeant, 25 de marzo de 1912), e introdujo por primera vez el collage en sus obras. Asimismo, expuso en en Salon des Indépendents y en la Section d’Or de París, lo que significaba su plena incorporación pública a las vanguardias parisinas. Ya en calidad de vanguardista de incipiente prestigio, participó también en la exposición cubista de las Galerías Dalmau de Barcelona con cinco pinturas y tres dibujos. Esta muestra, que se celebró entre el 20 de abril y el 10 de mayo en el que era el espacio más abierto a la modernidad en la España de su tiempo, supuso para Gris la primera oportunidad de exponer en su país. Del mismo modo, el artículo publicado en La Publicitat de Barcelona, probablemente escrito por Junoy, fue la primera crítica dedicada enteramente a Gris. Quizá como consecuencia de todo esto, o quizá como culminación lógica de un proceso de acercamiento que había comenzado en 1907, Gris firmó un contrato con el marchante Daniel-Henri Kahnweiler, lo que le proporcionaba una primera estabilidad económica.
     Por último, Josette, que será la compañera estable de Gris hasta la muerte de éste, se estableció con él en la rue Ravignan.
     Entre agosto y noviembre de 1913, Gris y Josette residieron en Céret, un pequeño pueblo del Rosellón francés, donde también estaban el escultor catalán Manolo Hugué, Pablo Picasso y otros artistas. Este mismo año el poeta y crítico de arte Guillaume Apollinaire publicó Méditations Esthéthiques. Les peintres Cubistes, un libro llamado a convertirse en primera referencia sobre el movimiento artístico cubista. En él, dedicó un apartado a Juan Gris, en el que le calificaba como “el hombre que ha meditado sobre todo lo moderno, [...] el artista pintor que no quiere concebir más que estructuras nuevas, que no querría dibujar ni pintar otra cosa que formas materialmente puras”. El marchante Léonce Rosenberg y la escritora y coleccionista americana Gertrude Stein, que fue una de las grandes defensoras de la obra de Gris, adquirieron por primera vez cuadros suyos.
     En los primeros meses de 1914 Gris hizo casi exclusivamente collages. Para pasar el verano, Gris y Josette se trasladaron a Collioure, un pueblo costero cercano a la frontera con España. Allí se encontraron con los pintores Pierre Matisse y Albert Marquet, con quienes compartieron mucho tiempo de trabajo y conversaciones.
     El estallido de la Primera Guerra Mundial rompió el ambiente eufórico de las vanguardias parisinas, lo que afectó también a Juan Gris. Los cubistas se dispersaron, siendo muchos de ellos llamados a filas, mientras otros, como Picasso, por ser extranjeros, permanecieron en una situación incómoda en el interior de Francia. Por su parte, el marchante Kahnweiler, por su origen alemán, debió permanecer fuera de Francia, mientras sus propiedades eran confiscadas.
     Desde Berna, donde se había refugiado, Kahnweiler sólo pudo mantener durante unos meses el apoyo económico a Gris.
     A pesar de su situación precaria, en enero de 1915 rehusó la propuesta de compra de cuadros de Léonce Rosenberg, por fidelidad a su contrato con Kahnweiler.
     Sin embargo, unos meses más tarde y una vez asumida la nueva situación europea, este contrato quedó roto de común acuerdo. Por su parte, Gertrude Stein, enterada de los apuros económicos de Gris, le envió dinero regularmente durante unos meses. De regreso a París, Gris ilustró Poèmes en prose, de Pierre Reverdy, publicado por Paul Virault, y se reunió a menudo con el pintor cubista Jean Metzinger. Realizó su primer cuadro con el tema de “ventana abierta”: Naturaleza muerta y paisaje Place Ravignan, influido por la obra de Matisse. Este tema, que contraponía metafóricamente la visión interior y la visión exterior, fue abordado con frecuencia en toda su obra posterior. El pintor italiano Amadeo Modigliani, también residente en París, pintó su Retrato de Juan Gris.
     Léonce Rosenberg encargó en 1916 a Gris y Reverdy la realización de un libro. En verano del mismo año, Gris y Josette se instalaron en Beaulieu, cerca de Loches, en la región de Turena. Gris realizó entonces Mujer con mandolina (copia de Corot) y Retrato de Josette.
     En ellos mostraba tanto su interés por las fuentes históricas de la pintura moderna como su sentido estructural de la imagen.
     En noviembre regresaron a París. Allí colaboró en la organización de un homenaje al poeta Guillaume Apollinaire, que había sido herido en la trinchera. En enero de 1917, volvió a mostrar su solidaridad con los artistas franceses que habían sido movilizados por la guerra, acudiendo a un banquete celebrado en París para celebrar la recuperación del pintor Georges Braque de sus heridas. Gris reanudó su amistad con este artista, que comenzó entonces a pintar de nuevo, así como con el escultor lituano Jacques Lipschitz. Posiblemente esta relación con Lipschitz le animara a introducirse en el campo de la escultura, realizando entonces su primera pieza tridimensional: una escultura policromada titulada Arlequin. Después de una larga insistencia, el marchante Léonce Rosenberg firmó finalmente un contrato con Gris para tres años, comprando toda su obra de 1915 en adelante.
    Entre abril y noviembre de 1918, Gris y Josette se establecieron en Beaulieu, donde recibieron las visitas de los artistas Jean Metzinguer, Jacques Lipschitz, María Blanchard y del poeta chileno Vicente Huidobro.
     El 11 de noviembre se declaró el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Dos días antes había fallecido Guillaume Apollinaire. En diciembre, el n.º 3 de la revista Dada, publicada por el grupo del mismo nombre fundado en Zúrich por Tristan Tzara, reprodujo tres dibujos de Gris. El movimiento Dada era una propuesta muy radical, de rechazo de todas las formas de la cultura occidental, por lo que, de este modo, y a pesar de su proverbial moderación estética y vital, Gris quedaba alineado con lo más atrevido de la vanguardia de su tiempo. Paradójicamente, al año siguiente, en abril de 1919, la revista Valori Plastici, asociada tradicionalmente con el retorno al orden que sufrió el arte occidental coincidiendo con la crisis moral que supuso la guerra mundial, publicó también unas declaraciones de Gris en un volumen dedicado al cubismo. La obra de Gris era, pues, reivindicada también desde posiciones que proponían un retorno al clasicismo desde una relectura moderna del arte del pasado. Esta confluencia de posiciones opuestas en la obra y la figura de Gris se explica porque, siendo el más puro cubista, era también el más clásico.
     Recuperado el pulso de la vida cultural parisina tras la guerra, en abril de 1919 Gris realizó su primera exposición retrospectiva, con una cincuentena de obras posteriores a 1915, en la Galerie de l’Effort Moderne que había abierto Léonce Rosenberg. Con este motivo, se organizó una lectura de poemas de Jean Cocteau, con una introducción de Maurice Raynal y música de Jean Auric. Ilustró La Guitare endormie de Reverdy, y comenzó su serie de Arlequines. Daniel- Henri Kahnweiler reanudó sus relaciones con Gris desde Suiza.
     En 1920 expuso en la que constituiría la última sección cubista del Salon des Indépendents, y en la Section d’Or de París. Firmó un nuevo contrato con Kahnweiler, que abría ahora la Galerie Simon en la rue Astorg de París, y llegó a un acuerdo con Rosenberg, por el cual cada uno de los marchantes recibiría cuadros de determinadas medidas.
     Este mismo año comenzaron a aparecer los primeros síntomas de la enfermedad que ensombrecería sus últimos años de vida. Inicialmente fue diagnosticado de pleuresía, y comenzó así una etapa en la que los períodos de salud y de enfermedad se alternaban, lo que no le impedía desarrollar su actividad artística.
     Después de pasar el verano en Beaulieu, regresó en octubre a París, donde Kahnweiler le mostró su nueva galería.
     Su frágil estado de salud desaconsejaba el invierno en París, por lo que de nuevo Josette y Juan Gris viajaron en otoño, estableciéndose esta vez en Bandol-sur- Mer. Gris dedicó esos meses a trabajar en unas litografías de encargo, para ilustrar el libro Ne coupez pas, Mademoiselle, ou les erreurs de P.T.T., de Max Jacob, que se publicó un año más tarde. Maurice Raynal editó Juan Gris.
     Comenzó el año 1921 con un grave contratiempo: la noticia de que las obras que habían sido antiguamente propiedad de Kahnweiler, confiscadas durante la guerra, iban a ser subastadas.
     En febrero de 1921 apareció un texto de Raynal sobre Gris en la revista Esprit Nouveau, y en marzo se celebró una exposición de Gris en la galería de Rosenberg, Galerie de l’Effort Moderne. Mientras tanto, el poeta chileno Vicente Huidobro, que había colaborado en la creación de un ambiente vanguardista en el ámbito literario madrileño, le pidió una litografía —un retrato del autor— para el libro que preparaba: Tremblement du ciel. Otra muestra de su contacto y participación activa en el ambiente vanguardista parisino fue su intervención en una polémica sobre el concepto de “purismo”. Este concepto había sido expuesto por Ozenfant y Jeanneret en la revista L’Esprit Nouveau, y en contestación a aquel artículo, Gris escribió al primero sobre su método de trabajo, siempre de lo general a lo particular, de la geometría al objeto: “Al parecer, rechazas la idea que yo he expresado en alguna ocasión [...] recuerda que mientras que un griego tomaba una mujer ateniense concreta y extraía de ella un ideal, y en consecuencia un tipo genérico de feminidad, la Iglesia en cambio tomó la idea abstracta de Dios y la convirtió en un Jesús amable, con su barba, su bigote, su cruz y su corona de espinas.
     Sí, soy terriblemente cristiano a este respecto, porque éste es exactamente mi propio procedimiento” (Letters, CXXIV).
     En abril de 1921 Gris fue invitado por Diaghilev a colaborar con los prestigiosos Ballets Russes, para los que también trabajaron otros reputados artistas modernos europeos, incluyendo a pintores como Picasso o músicos como Satie, Stravinsky o Manuel de Falla.
     Diaghilev propuso a Gris concretamente la realización de la decoración para la suite Cuadro Flamenco, un conjunto de danzas y canciones andaluzas con música de Manuel de Falla. Gris dudó en aceptar el encargo por la negativa incidencia que pudiese tener en su trabajo regular, pero finalmente, aunque ligeramente fuera de plazo, accedió por consideraciones prácticas. Cuando llegó a Montecarlo para comunicar personalmente su decisión a Diaghilev y ultimar los detalles, el encargo había sido ya asignado a Picasso.
     A pesar de todo, Diaghilev consiguió que Gris permaneciera unos días en Montecarlo y retratase a las principales bailarinas del grupo. Conoció entonces al pintor ruso Mihlail Larionov, y visitó a Matisse, así como a Gertrude Stein y su compañera Alice Toklas.
     En junio se celebró la primera subasta de los fondos requisados durante la guerra a Kahnweiler en el hotel Druot de París. La cotización de las obras de Gris, comparativamente baja en relación con otros pintores relacionados con el cubismo, supuso un duro golpe moral para el pintor. A esta crisis se sumó otra de tipo personal: Gris y Josette se separaron temporalmente, pues el pintor planeaba contraer matrimonio con Marcelle, una rica muchacha de la que, al parecer, se había enamorado. En octubre, a pesar de todo, y de nuevo ante la advertencia médica de la inconveniencia del invierno en París, partió hacia Céret, acompañado de nuevo por Josette, instalándose en el hotel Garretta. Como en ocasiones anteriores, en Céret encontraban a menudo al escultor catalán Manolo Hugué, cuyo carácter expansivo congeniaba poco con el retraimiento de Gris. No encontró esta vez, sin embargo, el ambiente intelectual y artístico de estancias anteriores, por lo que se concentró aún más en su solitario trabajo de pintor.
     Ese mismo año, el coleccionista americano Joseph Brummer donó un cuadro pintado por Juan Gris en 1916, titulado Frutero y botella, al Smith College de Northampton. Éste fue el primer cuadro de Juan Gris que formaba parte de la colección de un museo americano.
     En la primavera de 1922, Gris y Josette regresaron a París. Decidieron entonces abandonar su antigua casa-estudio del n.º 13 de la rue Ravignan (Bateau Lavoir), para instalarse en Boulogne-sur-Seine, cerca de Kahnweiler. Dejaron entonces, por primera vez, el barrio de Montmartre, con sus bohemias condiciones de vida, para instalarse en las afueras de la capital. Este traslado tenía como objetivo una mayor comodidad, dado el estado físico de Gris. Pero significaba también un mayor aislamiento de los ambientes artísticos, aunque no de Kahnweiler, que vivía en la misma calle. A pesar de todo, en Boulogne-sur-Mer Gris y Josette recibían a menudo a Maurice Raynal, Masson, Salacrou, Antonin Artaud, Max Jacob, Michel Leiris, Robert Desnos, así como al músico Erik Satie o al fundador del movimiento Dada, Tristan Tzara.
     En octubre de 1922 fue hospitalizado para una operación, y en noviembre Diaghilev le encargó los trajes y decorados para Les Tentations de la bergère ou l’amour vanqueur (Las Tentaciones de la Pastora o el amor victorioso) una obra del siglo xviii con música de Monteclair. Man Ray fotografió a Juan Gris, por indicación de Gertrude Stein, que había enviado también a la periodista Kate Buss a entrevistarse con el pintor con el objetivo de que publicase algo sobre él en la prensa de Boston.
     Mientras tanto, Gris continuaba la serie de Pierrots y Arlequines.
     En marzo-abril de 1923, Gris realizó una exposición en la Galerie Simon de París. En junio, Diaghilev encargó a Gris la dirección escénica de la Fête Maravilleuse en el Salón de los Espejos de Versalles, y más tarde le encargó también los decorados para la ópera La Colombe, de Gounod. Para realizarlos debía pasar una temporada junto a la compañía de Diaghilev.
     Aunque pudo visitar en Niza a Matisse y a Stein, detestaba el ambiente de la Costa Azul, pues dificultaba su trabajo en el campo de la pintura. También para Diaghilev, propuso unos decorados para la obra L’Education Manquée que había sido inicialmente encargados a Picasso, y que éste había rechazado. La revista alemana Der Querschnitt, de Frankfurt am Main, dirigida por A. Fletcheim, publicó en su número de verano un artículo de Gris titulado “Notas sobre mi pintura”, en el que el artista explicaba de nuevo su “método deductivo”.
     En enero de 1924, Josette y Gris, cuya salud se ha resentido, regresaron a Boulogne-sur-Seine. Realizó ilustraciones para Le Casseur d’Assiettes, de Salacrou.
     El día 15 de mayo, Gris pronunció en la Universidad de La Sorbona la conferencia “Sobre las posibilidades de la pintura”, invitado por el doctor Allendy, director de la Sociedad de Estudios Filosóficos y Científicos.
     Esta conferencia, que condensaba las principales ideas de Juan Gris tanto sobre su obra, como sobre el cubismo y sobre el concepto mismo de pintura, tuvo una gran difusión posterior. En mayo realizó su última colaboración con Diaghilev: los decorados para la fiesta de la Cruz Roja en los grandes almacenes Le Printemps de París. Pasó unos días de agosto en Nemours, junto con Michel Leiris, Masson y Tual. En otoño The Little Review (otoño de 1924-invierno de 1925) publicó un texto de Stein sobre Gris, con reproducciones de sus obras.
     En enero de 1925 se publicó en el Bulletin de la Vie Artistique la “Réponse à une enquete ‘chez les cubistes’”.
     En abril se celebró una exposición de Gris en la Galería Flechtheim de Düsseldorf. Puesto que la salud de Gris empeoró, viajaron a Le Havre, donde pasaron unos días con los Salacrou. Este año tuvieron lugar las primeras adquisiciones de obras de Gris por los prestigiosos coleccionistas Alphonse Kahn y G. F. Rever. Estas ventas tuvieron una gran significación para Gris. También entonces, un cuadro de Gris —propiedad de Gertrude Stein— figuraba en el pabellón proyectado por Le Corbusier para la Exposition des Arts Décoratifs, de la que el movimiento art décò tomó su nombre. En diciembre, Gris y Josette fueron a descansar a Toulon. Allí recibieron las visitas del escritor Ford Madox Ford, la escritora americana Gertrude Stein, así como los Simon y los Raynal.
     Gris realizó entonces las ilustraciones para A book concluding with As a Wife as a Cow-A Love Story, de Gertrude Stein, que salió a la luz ese mismo año. Se publicó también el libro Mouchoir de nuages, de Tristan Tzara, cuyas ilustraciones eran ocho aguafuertes de Gris, uno de ellos en la portada.
     En 1926, Juan Gris proyectaba nacionalizarse francés.
     Trabajó en litografías para el libro Denise de Raymond Radiguet, y en abril regresó a Boulogne-sur- Seine. Su pintura, según él mismo decía, comenzaba tener un aire “pompeyano”. En julio, su hijo Georges, que vivía en Madrid con los hermanos de su padre desde hacía años, llegó a Boulogne-sur-Seine, y decidió quedarse. Mientras tanto, se agravaba el estado de salud de Gris. Sufría ataques de asma y se le diagnosticó una anemia. Durante el verano, sufrió las consecuencias de un pie lastimado, y la fiebre diaria le obligaba a permanecer en cama. Se hablaba de un posible tifus, de una dolencia pulmonar, y se le aconsejó pasar el invierno en la montaña. Sin embargo, en noviembre Georges, Josette y Gris se instalaron en Hyères.
     Los continuos ataques de asma impidieron a Gris trabajar.
     Los médicos que le visitaban decidieron tratarle de enfisema.
     En enero de 1927, y después de pasar unos días en Puget-Theniers, en los Alpes Marítimos, Josette, Georges y Juan Gris volvieron precipitadamente a Boulogne-sur-Seine. Pero la salud de Gris no mejoraba.
     Entre febrero y mayo Gris consiguió volver a trabajar temporalmente, pero varias crisis de uremia lo recluían intermitentemente en la cama. El día 11 de mayo, en Boulogne-sur-Seine, en las afueras de París, Juan Gris murió a los cuarenta años de edad (María Dolores Jiménez-Blanco, en Biografías de la Real Academia de la Historia).



     La calle Juan Gris está situada en la barriada El Señorío de Burguillos. Va de la calle Murillo, a la avenida Rodin y tiene una longitud de 100 metros aproximadamente, siendo bidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado, asfaltada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por viviendas unifamiliares de una distintas promociones inmobiliarias de una y dos plantas en altura, formando parte de una zona residencial.
   La calle Juan Gris es, históricamente, una vía moderna el callejero burguillero, puesto que fue creada a comienzos del siglo XXI con el boom inmobiliario que se produjo en nuestro pueblo, de ahí su estilo impersonal, muy característico de todas las urbanizaciones contemporáneas no sólo de nuestro pueblo, sino de todo el urbanismo actual.


lunes, 16 de marzo de 2026

Hemeroteca - Documentación: El artículo "La Corona de 1914", de Miguel Velázquez Prieto en "Patrona de Burguillos", Boletín de la Hermandad de la Virgen del Rosario de Burguillos nº 8, de 2002, pág. 16 y 17

     Mostramos en Historia de Burguillos, el artículo publicado por Miguel Velázquez Prieto en el Boletín "Patrona de Burguillos", del año 2002, que hace el nº 8, desde que surgió en el año 1995, aprovechando que hoy, 16 de marzo, es el aniversario del documento que se reseña en el artículo (16 de marzo de 1914), dentro de la sección "Historia", se titula "La Corona de 1914" (páginas 16 y 17), y que paso a transcribir íntegramente:



     Fundamental para la reconstrucción y estudio de la historia resultan los documentos del pasado que, gracias al afán conservacionista de algunos hermanos, han llegado hasta nosotros. De la observación detallada y metódica de estos testimonios escritos se extraen las jugosas conclusiones que nos permiten discernir quienes somos y de donde venimos. Además, la disciplina histórica también nos permite aprender de nuestros mayores para imitarlos en lo bueno e intentar no caer en los mismos errores de los que nos precedieron. Por todas estas razones hemos decidido incluir en la presente edición de nuestro Boletín un cartel del año 1914, publicado hace casi nueve décadas.
     Estamos ante un impreso curiosísimo y de alto impacto sentimental, porque en él aparecen los nombres y apellidos de la ma­yoría de nuestros antepasados. Para empezar el original de la comunicación pertenece a D. Miguel Velázquez Olmedo, lo que tiene expli­cación sencilla, pues la persona que se identifica como depositaria (encargada de la custodia del dinero recaudado) es su difunta tía carnal Dª Felisa Pérez Ruiz. Diremos ya que se trata de una campaña de captación de efectivo, iniciada el 16 de marzo de 1914 entre los devotos de la Virgen, para adquirir una Corona y una Media Luna. Con el favorable resultado conseguido se imprime esta especie de Bando en la Imprenta Sevillana, sita en la Calle San Eloy Número 45 de la capital, que se inicia con un sentido texto que no nos resistimos a transcribir íntegramente:
     "Suscripción voluntaria á metálico que los devotos de Nuestra Señora del Rosario patrona de esta Villa, y que se expresan á continuación, abren en el día arriba expresado al objeto de reunir suma bastante á costear una CORONA Y MEDIA LUNA con destino á dicha Nuestra Señora siendo depositaria D.ª Felisa Pérez Ruiz."
     Tras este sublime encabezamiento apa­rece la relación de los 126 donantes, la mayor parte de ellos identificados con nombre y un apellido, aunque también hay casos en los que figuran ambos apellidos. Y también se utilizó para nombrar a algunos la andaluza fórmula del apodo. Así se puede leer "El Mestizo" y "Dolores la Ditera". A la vista salta que el número de gene­rosos voluntarios es muy elevado, sobre todo si tenemos en cuenta que Burguillos contaba entonces con unas 200 casas, según los padrones Parroquiales de la época. Prácticamente, creemos que en todas los hogares del pueblo hubo algún devoto que realizó su oportuno donativo. Siguiendo con la enumeración del impreso, y según el testimonio de mi padre, parece que tan sólo subsiste una persona: D. José Luís Medina Pérez, que apenas había cumplido un año y, lógicamente, fue apuntado al igual que el resto de sus hermanos por sus padres. Para finalizar con este apartado destacar que hay un importe bastante superior a los demás: es el efectuado por Dª Ana María Torres de Vázquez, esposa del propietario del Cortijo de Mudapelos.
     Pero, otros detalles enjundiosos se extraen del documento. En su final se menciona la realización de tres rifas: de un estuche, de un delantal y de una blusa. Como se ve objetos que reflejan el nivel de vida de aquella época, infinitamente más bajo que el actual. Sin embargo, este dato contrasta con el montante total recau­dado que asciende a la cifra de doscientas doce pesetas con veinte céntimos, cantidad muy im­portante para la fecha si consideramos que con la misma se podría comprar entonces una casa. Por ello, parece claro que la Corona y la Media Luna que se adquieren deben ser de plata y hechas ex profeso para nuestra Virgen. Sobre la primera de las joyas no tengo dudas de que se trata de la que todavía luce la Señora en el camarín a lo largo del año, pues siempre nos ha sorprendido su belleza y elegancia de líneas. Por lo que respecta, a la Media Luna poco podemos decir, excepto que está perdida. Si existen datos escritos que avalan que en la Procesión de octubre se utilizaba ese atributo dispuesto a las plantas de la Virgen, en recuerdo del texto bíblico de la Apocalipsis 12;1: "Y apareció una gran señal en el cielo: una mujer vestida de sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza".
     Como conclusión final de todo lo expuesto diremos que nada hay nuevo bajo el sol. Hoy como ayer devotos enamorados de la Madre de Dios que se afanan y trabajan por conseguir ofrendar a la Señora algún regalo, por humilde que este sea. Y como siempre dos protagonis­tas que no varían, indisolublemente unidos a lo largo de la historia: la Stma. Virgen del Rosario y el pueblo de Burguillos.
MIGUEL VELÁZQUEZ PRIETO

lunes, 9 de marzo de 2026

Bibliografía - Arte: Burguillos en el libro "Pintura Barroca Sevillana", de Enrique Valdivieso, editado por Ediciones Guadalquivir, en 2003

     Mostramos en Historia de Burguillos la reseña que se hace de nuestro pueblo en el libro "Pintura Barroca Sevillana", de Enrique Valdivieso, editado por Ediciones Guadalquivir,  en 2003, uno de cuyos ejemplares podemos leer en la Biblioteca Pública Provincial "Infanta Elena", de Sevilla.


     Dicho libro es un recorrido por la Historia de la pintura de Sevilla, mostrando un importante conjunto de imágenes y reseñas de todos y cada uno de los pintores y pinturas sevillanos.


   Así, la reseña a nuestro pueblo, Burguillos, la encontramos en las páginas 388 a 390, al hacer referencia al pintor Marcos Fernández Correa, paisano nuestro y que pasamos a transcribir literalmente:





Marcos Fernández Correa
     Es éste otro de los artistas sevillanos activo en el último tercio del siglo XVII del que poseemos escasas noticias documentales que nos permitan conocer su actividad profesional. Sabemos que nació en Burguillos y que contrajo matrimonio en Sevilla en 1676, desarrollando su actividad profesional en esta ciudad hasta los inicios del siglo XVIII. Perteneció a la Academia de Pintura sevillana fundada por Murillo en 1660.
     De su producción pictórica es muy poco lo que actualmente se conoce, siendo las obras principales la pareja de trampantojos o engañifas, firmados por este artista, que se conservan en la Hispanic Society de Nueva York. Ambas pinturas nos muestran fingida la superficie de un fondo de tablas en la que aparecen clavados distintos grabados y cuelgan cintas sujetas a escarpias con tinteros, papeles enrollados, legajos, un bastón, la calavera de un conejo y la paleta de un pintor. Están realizados con un dibujo habilidoso y correcto, utilizando también el pintor con eficacia contrastados y suaves efectos de luz y de sombra para crear sensaciones de relieve y, por lo tanto, transmitir fugaces ilusiones de veracidad (Lám. 365).
     Otro trampantojo, éste no firmado pero totalmente similar en sus características técnicas a los dos mencionados anteriormente en Nueva York, se conserva en una colección particular de Ayamonte265 (Lám. 366).
     Las características que emplea Marcos Correa para la realización de estos trampantojos parece estar evidentemente conectadas con las que estaban de moda especialmente en los Países Bajos y Francia, países en los que numerosos artistas practicaron esta modalidad pictórica. Los nombres más relevantes en ella son los holandeses Franciscus y Norbertus Gysbrechts y el francés François de La Motte.
     No sólo Marcos Correa practicó la pintura de trampantojo en Sevilla en el último tercio del siglo XVII, pues de esta época han llegado hasta nosotros distintas obras desgraciadamente sin firma, que no permiten mencionar el nombre de ningún artista concreto, pero ciertamente hay que señalar que esta modalidad pictórica arraigó intensamente en el gusto de la clientela local, por lo que hubo una demanda muy intensa de obra de este tipo que se prolongó después a lo largo de la primera mitad del siglo XVIII.

     Este libro es una obra capital para la Historia de nuestro pueblo, puesto que es la aparición de un pintor, Marcos Fernández Correa, para la Historia de la pintura sevillana, y que bien merecería algún tipo de homenaje en nuestro pueblo, totalmente desconocido para todos...

lunes, 2 de marzo de 2026

Arte: La lámina de Santa Ángela de la Cruz, copia de la pintura de Dubé de Luque

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña y fotografías de la lámina de Santa Ángela de la Cruz, copia de la pintura de Dubé de Luque, en el muro de la Epístola de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que hoy, 2 de marzo, es la Memoria de Santa Ángela de la Cruz Guerrero González, virgen, fundadora del Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz, que no se reservó derecho ninguno para sí, sino que lo dejó todo para los pobres, a quienes acostumbraba a llamar sus "señores", sirviéndoles de verdad (1932) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].


     En el muro de la Epístola de la Iglesia de Burguillos podemos contemplar una lámina de Santa Ángela de la Cruz, copia de la pintura realizada por Antonio Joaquín Dubé de Luque, con motivo de la beatificación de la Santa el 5 de noviembre de 1982, y cuyo original se conserva en la Capilla del Convento de Santa Ángela de la Cruz, de la calle Santa Ángela de la Cruz, de Sevilla, y en el que el autor representó a sus hijos y padres.
Conozcamos mejor la vida y obra de Santa Ángela de la Cruz;
   "Cuando pregunten quiénes son las Hermanas de la Cruz, se debe contestar, sin que se expongan a equivocarse: esta comunidad es una comunidad de muertas". Contundente frase para una comunidad muy viva, la que el día 2 de agosto de 1875, festividad de Nuestra Señora de los Ángeles, nacía de forma oficial en un cuarto con derecho a cocina de la casa número 13 de la calle San Luis: la Compañía de las Hermanas de la Cruz.
   Ángela Guerrero González, sor Ángela de la Cruz, nació el 30 de enero de 1846 en Sevilla en una familia sencilla. Sus padres, Francisco Guerrero y Josefa González, tuvieron catorce hijos, pero solo seis llegaron a mayores de edad, un ejemplo del alto índice de mortalidad infantil que afectó a la Sevilla del siglo XIX. A los tres días de su nacimiento, fue bautizada en la parroquia de Santa Lucía, iglesia gótica-mudéjar expropiada por la Revolución del 68 y que hoy subsiste como sede de la Agencia Andaluza del Flamenco. Sus padres trabajaban en el cercano monasterio de la Santísima Trinidad como cocinero del convento y la madre lavando y cosiendo las ropas de los frailes. Cuentan que de su madre, a la que llamarían las Hermanas de la Cruz la "Abuelita" por ser la madre de la fundadora, aprendió Angelita Guerrero su religiosidad y el amor exagerado a la limpieza, tan distintivos de la Compañía.   Desde muy pequeña, frecuentaba la parroquia de Santa Lucía y el lugar preferido de sus plegarias era el altar de la Virgen de la Salud, que hoy preside la capilla donde se venera su cuerpo incorrupto. Su formación inicial fue escasa, algo habitual entre las niñas de su tiempo. Sus primeros estudios los realiza en lo que entonces se conocía como una miguilla, pequeña escuela donde aprendería a leer, escribir, y algunas reglas básicas. Pronto empezaría a trabajar, con doce o trece años entró en el taller de calzado Maldonado, en la entonces llamada calle del Huevo, hoy Feijoo. En poco tiempo alcanzaría el nivel de oficiala de primera clase. Junto al aprendizaje en el taller, su infancia y juventud estuvieron marcadas por su intensa vida de oración y sus severas penitencias: desde su descanso en una tabla, a su cilicio como escapulario o sus frecuentes ayunos.
   De 1862 a 1865, Ángela reparte su jornada entre su casa, el taller, las iglesias donde reza y los hogares pobres que visita. En 1865 sufrió la epidemia de cólera que afectó a la ciudad, trabajando día y noche para ayudar a hombres, mujeres y niños castigados tan duramente por la miseria en la Sevilla de los corrales de vecinos. Ese mismo año puso en conocimiento de su confesor, el padre Torres, su voluntad de "meterse a monja" El padre Torres era conocido como el santero de Sevilla por su fama de santidad y por la altura espiritual de sus dirigidas, entre las que se encontraban sor Bárbara de Santo Domingo, dominica de Madre de Dios, y sor María Florencia Trinidad, Madre Sacramento, monja mercedaria de San José. El padre Torres fue consultor del Concilio Vaticano I y canónigo de la Catedral de Sevilla, siendo conocido por su vida austera y penitente. Ángela quiso entrar en el convento de las Teresas del barrio de Santa Cruz de Sevilla, aunque las carmelitas no la admitieron por temor a que su menuda constitución física no pudiera soportar la dureza de la vida en el convento.
   Después ingresaría  en las Hermanas de la Caridad. Llegó a vestir el hábito, pero hubo de salir del convento al enfermar. Sufrió vómitos continuos que le impedían retener los alimentos y fuertes dolores de estómago. Para su cura la enviaron a Cuenca y a Valencia, pero fue inútil. Volvió a Sevilla, a la Casa Cuna, pero tuvo que abandonar por el resentimiento de su salud.
   En 1871 redacta un escrito, a modo de votos, donde se compromete a vivir según el Evangelio. "Seré monja en el mundo", fue la idea que Ángela llevaría a cabo el resto de su vida. Cada año renueva sus votos y el día de la Inmaculada de 1873, con licencia del padre Torres, formuló sus votos perpetuos. En esas fechas recibe la autorización para usar un nuevo apellido que le acompañará para siempre: de la Cruz. Su idea de comunidad y de vida se plasma en "hacerse pobre con los pobres", recibiendo la indicación del padre Torres de recopilar sus pensamientos por escrito. Comienzan aquí sus primeros textos, cargados de misticismo, de esquemas organizativos para la futura compañía y hasta de faltas de ortografía. Imagina el ajuar, las comidas, horarios, visitas a los enfermos... con un rigor que llegará a suavizar el mismo padre Torres. 
 Tres serán sus primeras compañeras en el origen de la congregación. Josefa de la Peña, una terciaria franciscana con cierto nivel económico, que había decidido dar el paso de dedicar su vida a los pobres; Juana María Castro y Juana Magadán, dos jóvenes de origen más humilde. Con el dinero de Josefa Peña consiguen alquilar su primera casa: un cuartito en la casa número 13 de la calle San Luis, y desde allí organizan su servicio de asistencia a los necesitados a lo largo del día y de la noche. Pronto se corre la voz de que unas monjas de la calle San Luis socorren a la gente y se ven muy solicitadas, tanto que duplican las rondas de petición de limosnas para atender a todos los que llaman a sus puertas. Poco después se trasladan al número 8 de la calle Hombre de Piedra, en las cercanías de la Alameda de Hércules, y comienzan a adquirir fama en los ambientes religiosos de la ciudad. Estrenan hábito y, a pesar de su juventud, las compañeras comienzan a llamar "madre" a Ángela. Compaginan su atención a los pobres con duras penitencias y mortificaciones, y a finales de 1876 consiguen la admisión y bendición del cardenal Spínola. En diciembre el cardenal las autorizó a vestir los hábitos, que el padre Torres bendijo el día de Navidad. De esa fecha es la primera foto de sor Ángela. Tenía 29 años. Acuden las vocaciones a la casa de Hombre de Piedra y pronto son ya doce monjas las que forman la comunidad. Consiguen en esta época las hermanas sus tarimas para dormir. Hubo críticas a la exageración sus penitencias y sus caridades. Sería el padre Torres el que zanjaría la cuestión: "Quiten el rigor a las Hermanas de la Cruz y serán todo menos Hermanas de la Cruz". En el mismo año 1876 se declaró una epidemia de viruela en Sevilla, ello hizo que las Hermanas de la Cruz intensificaron sus esfuerzos de ayuda a pobres y enfermos, causando su labor gran admiración en todos los estamentos de la ciudad. 
 Su método de trabajo es siempre el mismo, acuden por parejas a casa de los enfermos que las necesitan, mientras una atiende al paciente sentada a su lado, la segunda realiza las actividades del hogar.
   En mayo de ese año las hermanas consiguieron tener el oratorio en su casa, una donación del marqués de Casa León en la calle Lerena. El día 1 de junio de 1876 ofició la primera misa en el nuevo oratorio el obispo de Ávila. Ese mismo día, el entonces obispo auxiliar de Sevilla, don Manuel González, celebró un pontifical en San Martín con homilía del padre Torres Padilla. Al finalizar el acto, en procesión bajo palio, la Custodia llegó al convento de las Hermanas de la Cruz. Esta fue la presentación oficial en Sevilla del Instituto, que aún no había cumplido un año de vida y ya realizaba una fecunda labor: piden limosnas, visitan enfermos, dan clase a cincuenta niñas y atienden una escuela nocturna para obreros.
   En 1877, estando en la calle Lerena, realizarán su primera fundación en el exterior, en la localidad de Utrera. Comenzaba también el internado de niñas huérfanas como nueva vía de atención a los necesitados.
   En una casas alquilada de la calle Hiniesta abrieron un colegio de niñas internas y externas. En 1878 murió el padre Torres Padilla y le sustituye al frente de la Compañía el padre José Álvarez. Ese mismo año fundaban en Ayamonte y en 1880 en Carmona. Para unificar internado, el convento y el colegio consiguieron comprar una casa del marqués de Villavelviestre en el número 12 de la calle Cervantes, con ayudas del arzobispo y de diversas aportaciones como las de los marqueses de Casa León, los Ortiz Urruela y el padre Álvarez, que vendió su propio patrimonio. Tras una dirección transitoria por el cardenal Spínola, su último director sería José Rodríguez Soto, capellán real de San Fernando y del Palacio de San Telmo.
   La compañía crecía sin límites, aconsejando la humedad de la casa de la calle Cervantes la búsqueda de una nueva sede. La ocasión se presentó con la venta de la casas del marqués de San Gil, que vendía su casa palaciega de la calle Alcázares. Era grande, espaciosa y de aspecto relativamente modesto, como defendía sor Ángela. El cardenal contribuyó económicamente y también numerosos bienhechores. Será la casa madre que llegue a nuestros días en la calle hoy titulada en honor a la santa. Una casa espaciosa, estructurada en torno a un patio central con columnas y que apenas da signos de suntuosidad, ni al exterior ni al interior. Una casa que, en la actualidad acoge la pequeña capilla con los restos de sor Ángela a los pies de la pequeña Virgen de la Salud, en un discreto retablo barroco con decoración de hojarascas doradas. Apenas unos cuadros  de advocación mariana (La Inmaculada o la Virgen con el Niño) y unas sencillas yeserías completan la decoración. Su visita en la actualidad, junto al tránsito incesante de devotos que suele tener, muestra la vinculación de la casa con las hermandades sevillanas que transitan por la puerta ya que la zona de acceso está poblada de retablos cerámicos como el dedicado  a la Macarena, la Amargura o la hermandad de los gitanos.
   Tras la compra de su casa, la Compañía de las Hermanas de la Cruz continuó su labor a favor de los más necesitados. En 1894 sor Ángela visitó Roma como peregrina acompañada por una religiosa, hermana Adelaida, que sanó por un milagro de fray Diego José de Cádiz. En Roma, sor Ángela se entrevistó con el papa León XIII, que concedió el decreto inicial para la aprobación de la compañía, que firmaría el papa Pío X el 25 de junio de 1904.
   Desde ese momento, la Congregación conocería un reguero de fundaciones que no parece tener límites: 1905, Fundación de la casa filial de Zalamea de la Serena (Badajoz); 1909, Sanlúcar de Barrameda (Cádiz); 1910, Huelva; 1911, Peñaflor (Sevilla); 1913, Escacena del Campo (Huelva); 1920, Fundación de la filial de Montellano (Sevilla); 1923, Torreperogil (Jaén); 1924, Écija (Sevilla); 1925, Ronda (Málaga); 1926, Estepa (Sevilla); 1928, Madrid. Éste último año, a pesar de ser reelegida superiora por la comunidad, sor Ángela debe ceder el puesto, con su habitual humildad a sor Gloria, tras las recomendaciones del propio cardenal por la avanzada edad de la madre. Sus último años, ya relevada de su cargo, los pasó sor Ángela mimada escribiendo cartas a las hermanas de otras fundaciones. El día 7 de junio de 1931 sufrió una embolia cerebral. El día 28 de ese mes perdió el habla definitivamente. Sus últimas palabras insistieron en sus ideas de abandono de las glorias y la vanidad terrena: "No ser, no querer ser, pisotear el yo, enterrarlo si fuera posible...". Falleció en olor de santidad el 2 de marzo de 1932 y a los dos días el Ayuntamiento republicano de la ciudad de Sevilla, presidido por el alcalde don José González Fernández de Labandera, decidió por unanimidad que constase en acta el sentimiento de la Corporación por la muerte de la religiosa. También decidió que se rotulase con su nombre la entonces llamada calla Alcázares, donde continúa el convento, pasando el nombre de la calle a una perpendicular que se une con la Plaza de la Encarnación. Una decisión llamativa de un ayuntamiento que gobernó en unos años marcadamente anticlericales, en los que fue frecuente la retirada de nombres y símbolos religiosos, cuando no el ataque directo a la Iglesia.
   Desde entonces las hermanas de la Cruz siguen siendo fieles al espíritu de sus Constituciones, aprobadas en 1908, donde se expresa que "El fin especial o distintivo de esta Congregación, es promover con la divina gracia la salvación de las almas entre los pobres, a quienes las Hermanas considerarán y amarán como a sus amos y señores. Por ganar sus almas aplicarán su vida apostólica a la visita diaria de enfermos necesitados a domicilio, asistiéndolos en sus necesidades espirituales y materiales. Y también, a la gratuita y cristiana educación de niñas pobres, en internados de huérfanas y en escuelas diurnas y nocturnas. Y con el lenguaje mudo del ejemplo llevando una vida voluntariamente pobre y austera, en la realización de sus apostolados de caridad".
   El 5 de noviembre de 1982, en una solemne misa pontifical que se celebró en el altar instalado en los terrenos del campo de la Feria, el papa Juan Pablo II beatificó a sor Ángela de la Cruz. El 20 de diciembre de 2002, la Iglesia reconoció oficialmente su santidad, al aprobar el milagro que le había sido atribuido, la curación, científicamente inexplicado, de un niño que sufría una obstrucción de la arteria central de la retina del ojo derecho y que recuperó repentinamente la visión. El día 4 de mayo de 2003 la fundadora de las hermanas de la Cruz sería canonizada por Juan Pablo II en Madrid, con el nombre de Santa Ángela de la Cruz.
   El 7 de mayo de 2003, el cuerpo incorrupto de la santa fue trasladado desde la Casa Madre hasta la Catedral de Sevilla, donde presidió los actos en su honor por la canonización. Una gran multitud se concentró a su paso, adornándose los templos y calles del recorrido para la ocasión, recordando estampas de la ciudad propias de siglos pasados.
   El 17 de enero del año 2009, la que fuera madre general de las hermanas de la Cruz desde 1977 a 1998, madre María de la Purísima (1926-1998), fue declarada venerable por el papa Benedicto XVI, siendo beatificada el 18 de septiembre del año 2010 en el Estadio Olímpico de Sevilla, acto presidido por la imagen de la Esperanza Macarena, por su gran vinculación a la congregación.
   Actualmente, la Compañía de la Cruz tiene más de cincuenta conventos, más de 700 hermanas y numerosas novicias que se forman en Sevilla. Los países donde se encuentra asentada la congregación son España, Italia y Argentina. En España en las comunidades autónomas de Andalucía, Extremadura, Canarias, Madrid, Comunidad Valenciana, Castilla y León, Castilla La Mancha y Galicia. Una presencia que se sigue expandiendo como uno de los fenómenos religiosos más importantes de la Sevilla de último siglo y que mantiene viva las palabras de la fundadora: "Nuestro país es la cruz, en la cruz voluntariamente nos hemos establecido y fuera de la cruz somos forasteras" (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).


Santa Ángela de la Cruz, en la Historia de la Iglesia de Sevilla
   Santa Ángela de la Cruz, virgen. Nació y murió en Sevilla (1846-1932). En 1875 fundó la Compañía de Hermanas de la Cruz, de tanto arraigo en Sevilla y Andalucía. El 5 de noviembre de 1982 fue beatificada en Sevilla por el papa Juan Pablo II, día en que la Iglesia de Sevilla celebra su fiesta.
     Bajo la dirección espiritual del P. Torres Padilla quedó fundada la Compañía de las Hermanas de la Cruz el 2 de agosto de 1875. En sus inicios la Compañía contaba con cuatro miembros, Ángeles Guerrero (Santa Ángela de la Cruz) y tres profesas más, ubicadas en una habitación de la calle San Luis. El objeto y fin de la Compañía quedaba consagrado en sus constituciones:
     «Una congregación de almas escogidas o llamadas por especial vocación de Dios a consagrarse como víctimas de la más perfecta caridad hacia Dios y hacia sus hermanos los pobres indigentes, enfermos desvalidos y las niñas ignorantes y abandonadas, llevando a los primeros a sus miserables domicilios los auxilios y socorros espirituales y corporales posibles y a las segundas dándoles instrucción moral y religiosa en las escuelas diarias que las Hermanas tendrán en las casas donde estarán congregadas en perfecta comunidad de vidas. Su fin es aspirar a la mayor perfección de vida cristiana posible, contando con los auxilios de la divina gracia por la práctica de todas las virtudes y especialmente la de un ardiente y constante amor a Dios y al prójimo: poniendo todos los medios conducentes por penosos y difíciles que sean para alcanzarlo en el más alto grado de perfección posible. El modelo y ejemplar que han de imitar y seguir constantemente es Jesucristo Crucificado, víctima de una infinita caridad con los hombres, por eso llevan el honroso y Santo nombre de Hermanas de la Cruz.»
     El nacimiento de esta comunidad hay que situarlo en la confluencia de dos personalidades de talla intelectual muy distinta (el P. Torres Padilla era ya una autoridad en el ámbi­to de la teología, mientras que Santa Ángela había sido una humilde zapatera), dispuestas a unir su religiosidad de sacrificio en defensa de los más necesitados. En 1862, con dieciséis años, Ángeles Guerrero, a la vez que se iniciaba como aprendiz en un taller de zapatería de la ciudad, se puso bajo la dirección espiritual del P. Torres Padilla. Durante tres años repartió su vida «entre su casa, el taller, las iglesias donde reza, los hogares pobres que visita». En 1865 decidió ingresar en un convento como hermana lega por carecer de instrucción, además de atraerle los oficios humildes. Aunque la recomendaron para las carmelitas descalzas de Sevilla no fue admitida por considerar las superioras que no soportaría el trabajo de las legas. Antes de la partida de su director espiritual a las sesiones conciliares, ingresó en las Hijas de la Caridad, donde llegó a tomar el hábito. Una enfermedad aconsejó obligarla a dejar el hábito y casa religiosa, no sin antes haber residido en las casas que esta congregación tenía en Cuenca y Valencia en busca de mejoría. Los años que transcurren desde 1870 a 1875, siempre bajo la dirección de su padre espiritual, le permitieron perfilar cual debía ser, a su juicio, la pauta de comportamiento de su vida: monjas al servicio de los pobres, siendo «pobres con los pobres», penitencia, oración, caridad... algo difícil de observar para sus futuras compañeras y continuadoras de su obra.
     José María Javierre ha detallado cómo durante el verano de 1875 el P. Torres aconse­jó a Ángeles Guerrero que dejase el taller en el que venía trabajando sin interrupción (salvo el breve espacio de tiempo en que estuvo en las Hijas de la Caridad) y preparase el sis­tema de vida, horario y vivienda primera de la nueva congregación. Por compañeras tendría a Josefa de la Peña (sor Josefa, terciaria franciscana, quien vende sus bienes y los pone al servicio de la comunidad); Juana María Castro (sor Sacramento) y Juana Magadán (sor Juana). Su primer convento, alquilado, consistió en un cuartito con derecho a cocina en el número 13 de la calle San Luis. El menaje se reducía a media docena de sillas, un arca como ropero, un crucifijo pequeño y una estampa de la Virgen de los Dolores en la pared; en el suelo, cuatro esterillas les servirían de cama. El día de Nuestra Señora de los Ángeles, 2 de agosto de 1875, inauguraron oficialmente el «convento».
     En 1876 las estrecheces de la vivienda les obligó a buscar una casa de mayores dimensiones; resuelto con donativos el tema económico, pudieron alquilar el número 8 de la calle Hombre de Piedra. Firmado el contrato, el P. Torres Padilla llevó a sor Angela a que presentase sus respetos al párroco, Marcelo Spínola. A la pequeña comunidad se le había unido un miembro más.
     El cardenal de la Lastra quiso que para finales de 1876 las hermanas vistiesen hábito, lo que significaba la confirmación externa de su consagración interior. La vestimenta ideada por Santa Ángela era a la vez sencilla, pobre y austera: túnica de bayeta parda del color natural de la lana, escapulario de la misma tela, cordón franciscano a la cintura, toca blanca, calzada de alpargatas y, como complemento, manto negro que las cubre por completo. La austeridad era la norma en el vestir, en el vivir y en el comer, cuestión esta última que hubo que retocar.
     La comunidad creció por momentos. En la primavera de 1876 se elevaron a doce el número de hermanas. Ese mismo año el cardenal admite y bendice la institución; el gobernador civil, a tenor de lo dispuesto en la ley de asociaciones, dio de alta a la comunidad. El mismo año la Santa Sede autorizaba la misa y sagrario en la capilla del convento de las Hermanas de la Cruz, y en todas las casas que se abrieran en el futuro. En mayo se trasladaron a la calle Lerena, esquina a la plaza de San Martín.
     En 1877 las circunstancias les obligaron a abrir un internado para las niñas que quedaran huérfanas de los enfermos asistidos por las Hermanas. Esta obra asistencial no esta­ba prevista en el proyecto, pero rápidamente se dispusieron a ejecutarla. Por esas fechas comenzaba su expansión. El 16 de julio de 1877, por iniciativa del marqués de Casa Ulloa, se abría la casa de Utrera (José Leonardo Ruiz Sánchez y Leandro Álvarez Rey, Sevilla Contemporánea, en Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992).
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Ángela de la Cruz, fundadora de la Orden de las Hermanas de la Cruz;
     Ángeles Guerrero González, Santa Ángela de la Cruz (Sevilla, 30 de enero de 1846 – 2 de marzo de 1932). Fundadora de la Compañía de la Cruz.
     Nació en los arrabales de la Trinidad de Sevilla, el 30 de enero de 1846, siendo el penúltimo miembro de una familia humilde de catorce hermanos. Su padre, Francisco Guerrero, era cardador de lana, y su madre, Josefa González, era costurera; para apuntalar la economía doméstica de esa amplia familia, prestaban algunos servicios en el cercano convento de los trinitarios.
     Poco tiempo pudo asistir a la escuela ya que con doce años fue admitida como aprendiz en el taller de calzado de Antonia Maldonado, llegando a ser destacada oficial de un negocio que contaba con una buena clientela proveniente de la alta burguesía terrateniente y de la nobleza que animaba la ciudad girando en torno a la pequeña corte de los Montpensier-Borbón instalados en el palacio de San Telmo.
     Durante doce años María de los Ángeles —Angelita, como siempre la llamaron los suyos— colaboró con su sueldo al sostenimiento de la familia, no pudiendo adquirir más formación pero desarrollando una gran sensibilidad para los pobres que veía a su alrededor en la periferia de la gran ciudad, encauzando esos sentimientos el padre Torres, canónigo de la catedral y hombre muy apreciado, el cual la ayudó decididamente en sus deseos de hacerse monja.
     Intentó ingresar en el Carmelo y en las Hijas de la Caridad, pero su cuerpo frágil y menudo no inspiró confianza en unas instituciones donde se miraba también la apariencia física como garantía de poder seguir la regla con normalidad. No desistió en su intento religioso al tiempo que maduraba la idea de fundar una congregación donde el objetivo fuera acoger, atender y entregarse a los pobres mediante el testimonio cotidiano que dieran unas mujeres que, por amor a Cristo, sirviesen a los necesitados, haciéndose pobres como ellos, porque sólo siendo como el otro y estando junto a él comprenderían su sufrimiento. Y esa tarea recomendará a las hermanas que la hagan siempre en silencio que es el mejor camino para que hable y actúe Dios. El 8 de agosto de 1875 nació oficialmente la congregación de la Compañía de la Cruz, que aprobó canónicamente Roma en 1908.
     Poco a poco, en Andalucía y Extremadura, empezaron a conocer a las hermanas de la Cruz, a respetarlas y admirarlas, porque en ellas veían el ideal de la caridad evangélica; también llegaron a Madrid y más lejos. Sor Ángela tuvo la dicha de ver crecer su obra y alentarla. Después de una larga agonía, que tuvo en vilo a la ciudad, murió el 2 de marzo de 1932; en sesión extraordinaria el Ayuntamiento republicano y anticlerical aprobó por unanimidad que la calle de Los Alcázares pasase a llamarse de Sor Ángela de la Cruz. Sevilla entera se conmovió como pocas veces demostrando cómo la querían como mujer y cómo la veneraban como santa. Fue beatificada en Sevilla por Juan Pablo II, el 5 de noviembre de 1982, y canonizada por el mismo Pontífice en Madrid, el 4 de mayo de 2003 (Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, OSA, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la Biografía de Antonio Dubé de Luque, autor de la pintura original reseñada;
      Antonio Dubé de Luque, (Sevilla, 23 de diciembre de 1943 – Sevilla, 7 de noviembre de 2019). Cofrade, escultor y pintor.
     Formó parte del grupo de cofrades que convirtió la corporación Servitas de San Marcos en cofradía de penitencia. Restauró y retalló su imagen de la Virgen de la Soledad en 1967; asimismo dirigió la mayor parte de sus enseres procesionales, especialmente el paso de palio, la orfebrería entre los años 1981 y 1983, y los bordados de 1984 a 1994.
     Igualmente labró la Virgen de Consolación, de Nervión en 1969, y la de la Aurora en 1978; restauró la Virgen de la Candelaria en 1969 y la de los Ángeles en 1984. Aportó los diseños del palio de la Virgen del Rocío en 1970-1976, el de Consolación en 1984-1985, y el de la Aurora en 1992. También trazó las andas del Cristo de la Sed en 1990 y las del Señor de la Redención en 2005. Los pergaminos que se entregan anualmente a los pregoneros de la Semana Santa muchos de ellos están pintados por él. El Consejo General de Hermanos y Cofrades le otorgó el Nazareno de Plata en 1988 (Juan Carrero Rodríguez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).

lunes, 23 de febrero de 2026

Geografía: El Pedregalejo

     Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del paraje El Pedregalejo.


     El paraje El Pedregalejo, lugar que toma su nombre, según mi teoría, de la propia etimología de su nombre (derivado de Pedregal), ya que es un sitio o terreno cubierto casi todo él de piedras sueltas. El nombre de este paraje debe de provenir de que en origen sería un pedregal alejado del casco urbano, poco propicio para la agricultura, de ahí que se dedique fundamentalmente para la ganadería extensiva.



      Al paraje El Pedregalejo se llega tras salir del casco urbano de Burguillos, bien por la calle Real, o bien por la calle Blas Infante, tomar el Camino de la Madroña (el antiguo camino a Castilblanco de los Arroyos), y antes de llegar al límite del término municipal (a la altura del Cerro Moro aproximadamente), tomamos un camino hacia el Oeste que nos conduce directamente al paraje El Pedregalejo, delimitado al Norte, por el paraje de "Casa del Serero"; al Este, por el antiguo camino a Castilblanco de los Arroyos; al Sur, por el paraje "Ladera Chica"; y, al Oeste, por el Cerro del Moro, encontrándose a unos 5 km. de nuestro pueblo y a una media de 250-260 m. de altitud. Señalar que todas las imágenes provienen del Instituto Geográfico Nacional, y de Google.




lunes, 16 de febrero de 2026

El Complejo polideportivo municipal Francisco Javier Charneca

     Mostramos en Historia de Burguillos, una reseña del Complejo Polideportivo Municipal Francisco Javier "Charneca", de Burguillos, aprovechando que hoy, 16 de febrero, es el aniversario del nacimiento (16 de febrero de 1955), de Francisco Javier Charneca López, que da nombre a dicho espacio público, por lo que hoy es el mejor día, para reseñar el Complejo Polideportivo Municipal Francisco Javier Charneca.



      Es un espacio compuesto por una zona de vestuarios y salas anexas, varias pistas de pádel, y pistas de fútbol-sala, y de baloncesto; situado en la calle El Estanquillo, del Barrio de la Ermita, e inaugurado el 4 de julio de 2003.
Conozcamos mejor la Biografía de Francisco Javier Charneca López;
     Francisco Javier Charneca López nació el 16 de febrero de 1955 en Medina Sidonia (Cádiz). Después de una dura y difícil infancia, a finales de los años sesenta, se trasladó a Burguillos con sus abuelos maternos, residiendo en el barrio de la Ermita, falleciendo el 2 de noviembre de 2019.
     Debido a sus especiales condiciones físicas y psíquicas, Francisco siempre estuvo al lado de sus abuelos, quienes cuidaban de él ante la ausencia de sus padres. Durante los primeros años de residencia en Burguillos, Francisco destacaba por ser una persona introvertida y reservada, con dificultad para relacionarse con otras personas.
     La vida de Francisco durante sus comienzos en Burguillos giraba en torno a sus abuelos. Era muy común verlo por los campos de Burguillos cuidando las cabras y ovejas que éstos tenían, así como recogiendo algodón para poder ganarse la vida.
     Pasaron los años y Francisco fue encontrando en el fútbol de nuestro pueblo un motivopara salir y empezar a conocer gente. Aquel niño reservado y tímido se hacía mayor y vio en el deporte la posibilidad de adaptarse a nuestro pueblo y a formar parte de la vida deportiva del mismo.
     Sus primeros pasos en el mundo del fútbol fueron de la mano de Jaime Miguel Mazón Pérez, técnico de deporte del Ayuntamiento de Burguillos. Era su ayudante en los diferentes equipos que éste entrenaba desde principios del siglo XXI, y así lo siguió haciendo hasta nuestros días. Con la llegada al Área de Deportes de Alfonso Vaquero Enríquez y Francisco Delgado González, Francisco comenzó a colaborar con todos los equipos de las distintas modalidades que se formaban, especialmente los de fútbol, convirtiéndose en uno más del Área de Deportes.




     A través del fútbol y del deporte, en general, supo ganarse el respeto, el cariño y la admiración de todos los burguilleros, especialmente de los niños que jugaban al fútbol en nuestro pueblo. Siempre pendiente de ellos para que nada les faltara, los acompañaba a todos los campos donde éstos jugaban, siendo uno más de ellos y, como muchos de ellos manifiestan, “era el abuelo de todos nosotros”. Era tal su dedicación al deporte que, como agradecimiento a su trabajo desinteresado, se rotuló con su nombre el Polideportivo Municipal que se encuentra en la Ermita.
     Se había convertido Francisco en todo una institución en nuestro pueblo. Era tanto el cariño que todos los burguilleros le tenían y tanto su amor por Burguillos que jamás dudaba en colaborar y participar en nuestras tradiciones. No obstante, encarnó la figura de los Reyes Melchor y Baltasar en la cabalgata de Reyes, salía como figurante en los diferentes concursos de chirigotas locales de la mano de su chirigota “Los Chiriparsa”, encarnando a personajes tan variopintos como la duquesa de Alba, era un miembro activo de la Peña Cultural Sevillista “Ahora y Siempre”, club del que era un gran apasionado. Asimismo, era muy común verlo en todas las procesiones que se celebran en nuestro pueblo con motivo de las fiestas patronales y en los viajes culturales que organizaba la Asociación de mayores.
     Su pasión por los niños estaba fuera de toda duda y lo demostraba diariamente. Durante algunos años hacía de monitor en los traslados de éstos desde el Colegio Manuel Medina hasta el comedor, ubicado en el Centro Multifuncional Carmen Laffón.
     Asimismo, a pesar de no contar con una buena situación económica, siempre hacía el sacrificio para tener un detalle con los niños del fútbol que recibían la Primera Comunión.
     Francisco ha sido muy querido y admirado por todos los burguilleros sin distinción. Siempre ha destacado por ser una persona humilde y bondadosa, convirtiéndose en un referente y un símbolo para todos los niños burguilleros que han pasado por las Escuelas Municipales Deportivas.
     Sin duda alguna, Francisco ha dado mucho a nuestro pueblo y ha sido merecedor de todos los reconocimientos públicos que se le han hecho. Por ello, se le nombró el 5 de noviembre de 2019, Hijo Adoptivo de Burguillos, a título póstumo.

lunes, 9 de febrero de 2026

Callejero de Burguillos: La calle Las Moreras

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña e imágenes de la calle Las Moreras, en Burguillos.


     La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos).
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al centro geográfico de la localidad, o del Ayuntamiento, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Está dedicada a las Moreras, árboles que se encuentran a lo largo de la misma. 


     La Morus alba, conocida comúnmente como morera blanca, es un árbol caducifolio de la familia Moraceae. Este árbol es originario de China, aunque se ha naturalizado en muchas partes del mundo debido a su cultivo extensivo. El nombre científico Morus alba deriva del latín "morus", que significa morera, y "alba", que significa blanco, en referencia al color de sus frutos.
     La morera blanca puede alcanzar una altura de hasta 20 metros, con un tronco robusto y una copa ancha y redondeada. Sus hojas son de forma variable, generalmente ovadas, con un margen dentado y un tono verde brillante. Las flores son pequeñas y discretas, agrupadas en espigas, y los frutos, conocidos como moras, son agregados de pequeñas drupas que varían en color desde el blanco hasta el morado oscuro, dependiendo de la variedad.
     Una característica interesante de la Morus alba es su relación con la sericultura. Las hojas de la morera blanca son el alimento exclusivo del gusano de seda, lo que ha llevado a su cultivo intensivo en China y otras regiones dedicadas a la producción de seda. Además, la madera de la morera es apreciada en la fabricación de muebles y utensilios debido a su dureza y durabilidad.
     En la literatura y el arte, la morera blanca ha sido menos destacada que otras especies, pero su presencia no es menos significativa. En la China antigua, la morera simbolizaba la longevidad y la prosperidad, y aparecía en muchos relatos y leyendas. En el ámbito occidental, aunque no tan prominente, se la menciona ocasionalmente en el contexto de la producción de seda y su importancia económica.
     El uso de la morera blanca se extiende también a la medicina tradicional. Sus hojas, corteza, frutos y raíces se utilizan en la medicina china para tratar diversas dolencias, incluyendo problemas digestivos, diabetes y resfriados. Los principios activos presentes en la morera incluyen flavonoides y alcaloides, que poseen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Sin embargo, es importante tener en cuenta que algunas partes de la planta, como las hojas y la corteza, pueden ser tóxicas si se consumen en grandes cantidades.
     En términos ornamentales, la Morus alba es valorada por su rápido crecimiento y su capacidad para proporcionar sombra. Es adecuada para una amplia variedad de suelos y tolera bien las condiciones de sequía, aunque prefiere suelos bien drenados y un riego moderado. Su resistencia a plagas y enfermedades la hace una opción popular en jardines y parques urbanos.
     La morera blanca también tiene un uso práctico en la agroforestería y la permacultura. Su capacidad para mejorar la calidad del suelo y proporcionar forraje para el ganado la convierte en una especie útil en sistemas agrícolas sostenibles (Universidad de Sevilla).





   La calle Las Moreras está situada en una encrucijada entre los barrios del Casco Histórico, el "Barrio", y el barrio de la Ermita. Es una calle que parte de la avenida de Andalucía, y finaliza en la confluencia de la calle Carretera de Guillena, calle El Estanquillo, y carretera A-460. Tiene una longitud de unos 200 metros aproximadamente, siendo, como ya se ha mencionado anteriormente, una carretera, y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por algunas viviendas de autoconstrucción en su acera derecha y un bloque de pisos, al final de la misma, y campo de labor. Está ornamentada con pinos en su inicio y con moreras en la casi totalidad de la misma. 
   La calle Las Moreras es, históricamente, una vía antiquísima, puesto que ha formado parte del cruce de caminos desde siempre, de salida hacia Guillena.