Cada lunes una nueva entrada con una noticia sobre Historia, Arte, Geografía, Bibliografía, Patrimonio, Fotografía, Hemeroteca, ... de nuestro pueblo: BURGUILLOS

Historia, Patrimonio, Arte, Bibliografía, Hemeroteca, ... sobre nuestro pueblo: BURGUILLOS

lunes, 27 de abril de 2026

Callejero de Burguillos: La Calle Holanda

     Mostramos en Historia de Burguillos, una pequeña reseña e imágenes de la calle Holanda, en Burguillos, aprovechando que hoy, 27 de abril, es el Día del Rey, la Fiesta Nacional de Holanda (Países Bajos), en conmemoración de la fecha de nacimiento del rey Guillermo.


     La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos) está dedicada al Reino de los Países Bajos (Holanda), país centro-europeo perteneciente a la Unión Europea y cuya capital es la ciudad de Amsterdam, no obstante, la sede del gobierno, del parlamento, de la monarquía y de los órganos judiciales se encuentra en La Haya.     
     La gran mayoría de la superficie de los Países Bajos —como país constitutivo del Reino— está localizado en Europa, con la excepción del Caribe Neerlandés: tres municipios especiales (Bonaire, Saba y San Eustaquio) se sitúan en el Caribe. Aruba, Curazao y San Martín también se encuentran en el Caribe.
     La historia de los Países Bajos comienza como la de un pueblo marinero que prosperó en una llanura en el mar del Norte, en el noroeste de Europa. Cuando llegaron los romanos, y con ellos la historia escrita en el 59 a. C., la región estaba escasamente poblada por diversos grupos tribales en la periferia del imperio. Más de cuatro siglos de dominación romana dejaron efectos demográficos muy profundos, resultando finalmente en la creación de tres pueblos germánicos mayoritarios en el área: los frisones, los sajones neerlandeses, y los francos. Algunos misioneros hiberno-escoceses y anglosajones intentaron propagar el cristianismo en los Países Bajos en el siglo VIII. Los descendientes de los francos salios llegaron a dominar la zona con el paso del tiempo y, de este modo surgió el neerlandés.
     El dominio carolingio, el abandono del Sacro Imperio Romano y la depredación vikinga siguieron; por lo que los nobles locales dejaron a los ducados y condados altamente independientes. Durante varios siglos, las áreas de Brabante, Holanda, Zelanda, Friesland y Gelre lucharon intermitentemente entre ellas, pero al mismo tiempo, el comercio continuó y creció; las tierras fueron reclamadas y las ciudades prosperaron. Forzados por la naturaleza para trabajar juntos, con el paso de los siglos construyeron y mantuvieron una red de pólders y diques que mantuvieron lejos las inundaciones y el mar en el proceso de transformación de su paisaje.
     En 1433, el Duque de Borgoña había asumido el control sobre la mayoría de los territorios neerlandeses en lo que se conoce como Países Bajos Borgoñones. Bajo su reinado, comenzó la unificación de los Países Bajos y se experimentó un auge cultural sin precedentes. Sin embargo, bajo el control de Carlos V y Felipe II, el territorio se convirtió en una parte del Imperio de España. La reforma protestante hizo del calvinismo la religión dominante en el norte. El contraataque español fue dirigido por el Duque de Alba y por Alejandro Farnesio. En 1566, Guillermo de Orange, un calvinista, inició la guerra de los Ochenta Años para luchar contra la monarquía católica española. La revuelta neerlandesa fue un enfrentamiento épico contra los españoles; finalmente la venció el norte con la Paz de Westfalia en 1648, pero España mantuvo el control en el sur.
     Así nació la República Neerlandesa, una nación de hablantes neerlandeses con una mayoría protestante, muchos católicos, y miles de judíos y una por aquel tiempo extraña política de tolerancia. Los Países Bajos se beneficiaron del declive de Amberes y la llegada masiva de los refugiados protestantes.
     Durante la Revuelta el comercio floreció y las Provincias Unidas prosperaron. Ámsterdam se convirtió en el mayor centro de comercio del norte de Europa. En el Siglo de oro neerlandés, que tuvo su cenit alrededor de 1667, hubo un notable florecimiento en el comercio, la industria (especialmente la marinera) y las artes (especialmente la pintura y las ciencias). Usando su poder naval y su extensa flota comercial, la provincia de Holanda creó un Imperio neerlandés universal, una potencia marítima con un alcance comercial, imperial y colonial que se extendió hasta Asia, África, y América. El comercio de esclavos era especialmente rentable.
     A mediados del siglo XIX comenzó su declive debido a varios factores económicos. La población era pequeña –menos de dos millones de habitantes–. El sistema político del país era dominado por regentes ricos y (algunas veces) por estatúderes extraídos de la Casa de Orange. Finalmente, Ámsterdam perdió su liderazgo como ciudad más importante del norte de Europa frente a Londres. En 1784 una guerra contra Gran Bretaña terminó desastrosamente para la nación. Hubo un creciente descontento y un conflicto entre los orangistas y los patriotas inspirado en la Revolución francesa, y luego un conflicto contra la propia Francia. Una República de Batavia profrancesa se estableció, y con la consolidación del poder francés bajo el mandato de Napoleón, los Países Bajos se convirtieron gradualmente en un estado satélite de Francia, que culminó en el Reino de Holanda, para pasar a ser simplemente una provincia imperial.
     Tras la batalla de Leipzig y el posterior colapso del Imperio francés en 1813, los Países Bajos fueron restaurados como un "principado soberano", proporcionando la Casa de Orange un monarca. La Conferencia de Viena en 1815 confirmó esta autoridad mediante la creación del Reino Unido de los Países Bajos. El rey Guillermo I también obtuvo dominio sobre Bélgica. Pero el abismo cultural entre el norte y el sur del país era demasiado grande. Bélgica se rebeló en 1830, y las potencias europeas reconocieron su independencia. Después de un período conservador al principio, surgieron fuertes sentimientos liberales, convirtiendo al país en una democracia parlamentaria mediante la Constitución neerlandesa de 1848, con un monarca constitucional. La industrialización y la urbanización hicieron de los Países Bajos una nación próspera, con un gran imperio.
     Los Países Bajos fueron neutrales durante la Primera Guerra Mundial, y los años 1920 y los 1930 fueron años tranquilos. El 10 de mayo de 1940 la Alemania nazi invadió el país, y tras destruir Róterdam, la ocuparon. Alrededor de 100 000 judíos neerlandeses fueron asesinados en el Holocausto y otros grupos étnicos sufrieron también grandes pérdidas demográficas. El 5 de mayo de 1945, la guerra terminó tras la liberación, en su mayor parte, por las fuerzas canadienses. Los años de la posguerra fueron época de penurias debido a los desastres naturales y la emigración masiva, que fue seguida por una reconstrucción con programas de obras públicas a gran escala (especialmente el Plan Delta), la recuperación económica, la integración europea, y la introducción gradual de un estado de bienestar. También hubo un conflicto con Indonesia, que terminó con la retirada neerlandesa por completo de sus antiguas colonias en 1961. Además Surinam declaró su independencia en 1975. Mucha gente de Indonesia y Surinam, y más adelante de otras naciones, se trasladó a los Países Bajos, lo que dio lugar a la transformación del país en una sociedad multicultural.
     La segunda mitad del siglo XX fue marcada por una paz y prosperidad relativas. En el siglo XXI, los Países Bajos se han convertido en un país moderno y dinámico con una economía exitosa (la 16.º más grande en 2010) y orientada hacia el mercado internacional, y con una alta calidad de vida.


     La calle Holanda está situada en el polígono industrial "Cuarto de la Huerta". Va de la calle Francia, a la calle Suecia, siendo el inicio de la calle Austria, y Suecia, teniendo una longitud de 200 metros aproximadamente. Lamentablemente es una de las calles que apenas pasó del papel a la realidad, porque sólo hay indicios de lo que será su trazado, ya que se encuentra al inicio de su ejecución.
   La calle Holanda es, históricamente, una vía moderna, puesto que fue creada con el boom inmobiliario que se produjo en nuestro pueblo a comienzos del siglo XXI y junto al hecho de ser íntegramente industrial, hace que tenga tan sencillo comentario.
     Lamentablemente en la fecha de publicarse esta entrada, esta calle no está rotulada, de ahí que desde estas líneas pido que se subsane cuanto antes.

lunes, 20 de abril de 2026

Hemeroteca: La noticia del accidente automovilístico del Dr. Salas, sevillano, en Burguillos, el 6 de enero de 1912, según las noticias aparecidas en la prensa al día siguiente

     Mostramos en Historia de Burguillos las noticias aparecidas en varios periódicos, en concreto "El Imparcial", "La Correspondencia de España", y "La Época", editados en Madrid, sobre el accidente automovilístico sufrido por el Dr. Salas, sevillano, en nuestro pueblo, el 6 de enero de 1912, y publicado al día siguiente
      Comenzamos con "El Imparcial", considerado como el periódico más influyente en España en el último tercio del siglo XIX y primeros años del XX, es fundado por Eduardo Gasset y Artime (1832-1884), apareciendo su primer número el 16 de marzo de 1867, como diario vespertino (hasta abril de 1868 no será matutino) de carácter informativo alejado del doctrinarismo propio de los periódicos de partido y fuertemente ideologizados, que llegará a ser considerado como el principal periódico de los que iniciaron la gran transformación de la moderna prensa española.
     Desde una zona templada, nace afín a la Unión Liberal y como opositor al gobierno del general Ramón María Narváez, sufriendo suspensiones en su primer año de vida, como la que va del 11 al 22 de mayo. Desde sus columnas se gestará la coalición de liberales, progresistas, demócratas y antidinásticos que propiciarán la Septembrina, convirtiéndose en el órgano más influyente del Sexenio Democrático, como refleja el aumento de su tirada, desde el medio millar de ejemplares diarios iniciales a los 18.000, alcanzando al final de este periodo los 40.000, una de las cifras de circulación más altas en la prensa española de la época, convirtiéndose en el diario favorito de los lectores, a la vez que el más barato.
     Con el diario de Gasset, se va a acentuar el periodismo español de una forma considerable, en palabras de Asenjo y, según Seoane, se consolidará el periodismo noticioso y empresarial de calidad, mezcla de un cuidado aspecto informativo moderno y ambicioso, a medio camino entre la asepsia y los extremismos, y de una opinión democrática. Convertida su imprenta en centro de propaganda de la Septembrina, será el más firme apoyo de Amadeo I y reconocerá a la I República, al tiempo que inicia el desbancamiento de su rival, el ecléctico diario La correspondencia de España, que desde 1859 venía siendo el hegemónico.
     Clásico diario de cuatro páginas a varias columnas y tipografía menuda y sin alardes, en la primera incluía dos o tres artículos de fondo, así como la crónica diaria. Contaba también con una sección de Miscelánea política o Revista de prensa. Daba amplio espacio a los despachos telegráficos internacionales que servía la agencia Havas, a través de Fabra. Contaba con las secciones oficial, y de noticias del interior, exterior y ultramar, mercantil e industrial, bibliografía, espectáculos, amena y de variedades. Asimismo, publicaba el ya consolidado folletín en el tercio inferior de las primeras páginas, y dejaba la cuarta plana para los anuncios publicitarios, que al principio habían ocupado poco espacio.
     Entre sus redactores se encontraron Mariano Araús (mano derecha de Eduardo Gasset), Ángel Castro y Blanc, Isidoro Fernández Flórez (Fernanflor), Manuel Fernández Martín, Rafael García Santisteban y José Echegaray, entre otros.
     Al final del periodo democrático, el 27 de abril de 1874, comenzará a publicar Los lunes de El Imparcial, que alcanzará la cima de la fama de los suplementos semanales literarios de todos los tiempos, con artículos de divulgación científica, crítica literaria, teatral y de arte y de creación, en el que se darán cita las mejores plumas del país, al frente del cual se pondrá Fernández Flórez.
     Hostil al principio a la Restauración, termina integrándose en un "realismo político", manteniendo su independencia desde una posición liberal amplia, según palabras de Seoane, y situándose frente al otro gran diario, el dinástico y canovista La época. Sin embargo, su integración plena en el sistema forzará a sus dos principales periodistas, Araús y Fernández Flórez, liderar una primera escisión que originará la fundación, en 1879, de El liberal, que competirá desde una posición ideológica republicana y más a la izquierda.
     Como gran órgano de opinión y una de las más importantes empresas periodísticas de la Restauración, El imparcial seguirá siendo uno de los diarios de mayor prestigio y circulación, dando la nota más intelectual de la prensa nacional. Su gran editorialista político por antonomasia será Manuel Troyano. Incorpora nuevos redactores, como Andrés Mellado, Mariano de Cavia o Eugenio Rodríguez de Escalera (Montecristo), uno de los principales cronistas sociales de la época, y José Ortega y Munilla, futuro yerno del fundador, tomará la dirección de Los lunes ... La calidad de sus artículos políticos, económicos y literarios afianzará su influencia, de tal modo que se dirá que un artículo del diario puede llegar a derribar un gobierno, mientras que publicar en su suplemento literario se convierte en la mayor pretensión de los escritores españoles. En las páginas de Los lunes... se darán cita, entre otros, los principales escritores de la Restauración y los que más tarde integrarán la nómina de lo que se denominará generación del 98. Nos referimos a Juan Valera, Federico Balart, Manuel del Palacio, Ramón de Campoamor, Emilia Pardo Bazán, Jacinto Octavio Picón, Leopoldo Alas Clarín, Ramón María del Valle Inclán, Miguel de Unamuno, Jacinto Benavente, Pío Baroja, Ramón Pérez de Ayala, Ramiro de Maeztu, Azorín, ...
     Con la muerte del fundador, su hijo Rafael Gasset Chinchilla (1866-1927) había tomado la dirección de diario en 1884, quien en 1897 se incorporará al grupo regeneracionista de Camilo García Polavieja (que a su vez se suma al conservador Francisco Silvela) y seguidamente al de Raimundo Fernández Villaverde, a la vez que hará desde el diario una oposición al partido liberal de Práxedes Mateo Sagasta. Y cuando sea nombrado ministro en 1900, le sustituirá al frente del periódico su cuñado José Ortega Munilla (1856-1922), reconvirtiéndose el diario en defensor del nuevo jefe del Partido Liberal, Segismundo Moret, y tras un breve periodo de oposición pasará a defender al liberal progresista José Canalejas. Estos vaivenes harán perder el prestigio de independencia del diario, aunque mantiene el de su suplemento semanal y, de los 140.000 ejemplares diarios en torno a 1900, momento que alcanza el cénit de su popularidad y circulación, pasa a los 80.000 en 1906.
     En mayo de este año será incorporado, junto a El liberal, el Heraldo de Madrid y otros periódicos de provincias, a la Sociedad Editorial de España, ocupando El imparcial el ala derecha del trust empresarial de la prensa liberal española. Luis Bermúdez de Castro será su nuevo director durante 1906-1907 y Luis López Ballesteros, desde 1908 a 1913.
     Durante la primera guerra mundial comenzará siendo neutral, mostrando Benavente su germanofilia y Ciges Aparicio, como corresponsal en París, su aliadofilia, pasándose al final al lado alemán mediante la correspondiente subvención.
     En 1916 se separa de la Sociedad Editorial de España al mismo tiempo que se precipita su decadencia, pasando un año después a La Papelera Española, de Nicolás María de Urgoiti, siendo nombrado director Félix Lorenzo. La actitud del diario ante el fenómeno de las Juntas de Defensa y el artículo publicado por José Ortega y Gasset (nieto del fundador) en juno de 1917, en el que difunde severos juicios contra la dinastía y reclama cortes constituyentes, propiciarán a final de este año la fundación de El Sol, al que marchan sus más prestigiosos redactores y colaboradores, entre ellos Mariano de Cavia y Félix Lorenzo, que tomará la dirección del nuevo diario de Urgoiti.
     Durante la dictadura primorriverista el diario ya se encuentra en la más absoluta postración y agonía, el número de suscriptores son 9.000 y apenas 1.500 ejemplares tienen venta callejera. En abril de 1927, de nuevo Rafael Gasset y su familia se deshacen del diario, y un año después será constituida Editorial Española, S.A., para la edición del periódico, siendo su propietario el Banco de la Construcción, desapareciendo en 1933, tras su dilatada, próspera e influyente existencia.

     Pues bien, en su edición del 7 de enero de 1912, aparece en una de sus páginas (a cinco columnas) en la parte superior de la primera columna, bajo el título ANDALUCÍA, interesándonos la segunda noticia, bajo los titulares Accidente automovilístico.- Un suicidio.-, la cual transcribimos literalmente:


Sevilla 6 (11,5 noche)
     El conocido oculista sevillano D. Juan Sala, que desde Zafra se dirigía en automóvil á Burguillos para practicar una operación, ha sido víctima de un grave accidente.
     Al hacer un rápido viraje el vehículo volcó y sus ocupantes fueron despedidos á gran distancia. El Sr. Sala resultó fuertemente contusionado é ilesos dos amigos que le acompañaban.

     La misma noticia, aparece en el periódico "La Correspondencia de España", en su edición del 7 de enero de 1912.
     "La Correspondencia de España", es el primer periódico que inicia el periodismo de empresa en España y como diario vespertino de carácter nacional estrictamente informativo e independiente de los partidos políticos, alejado, por tanto, del doctrinarismo, y ser a la vez el primero en también alcanzar las mayores tiradas nunca conocidas antes en la prensa española. Es heredera de Carta autógrafa que, desde octubre de 1848, empezó a redactar el sevillano Manuel María de Santa Ana (1820-1894) en hojas manuscritas y después litografiadas, como un servicio confidencial de noticias que recababa directamente en los centros e instituciones oficiales y otras entidades para distribuirlas fundamentalmente a los propios periódicos y otros abonados. En 1851 había cambiado su título a La correspondencia autógrafa para ser ya impresa y diaria para, en octubre de 1859, adoptar su título definitivo, cuando Santa Ana lo tenía arrendado al futuro propietario de La época (1849-1936), Ignacio José Escobar (1823-1897), quien la había puesto al servicio de la Unión Liberal del general Leopoldo O’Donnell (1809-1867), regresando a manos de su fundador en abril del año siguiente. La colección de la Biblioteca Nacional de España comienza el dos enero de 1860, con las indicaciones Segunda época, año XII, número 487, pues continúa la secuencia de La correspondencia autógrafa.
     Aunque con la implantación del telégrafo y el ferrocarril el primer periódico informativo e independiente venía siendo Las novedades (1850-1872), el diario de Santa Ana, con un precio barato y un revolucionario sistema de venta callejera, en poco tiempo empieza a multiplicar su tirada, alcanzando en sólo un año veinte mil ejemplares diarios, un éxito fulminante y sin precedentes, superando en ventas, en 1864, a Las novedades y convirtiéndose en el diario más vendido de España con mucha diferencia sobre los demás. A ello contribuyó el interés por las guerras de África, de Italia o Crimea. Junto a los también madrileños y futuros directos competidores El imparcial (1867-1933) y El liberal (1879-1939), La correspondencia formará el trío de los grandes diarios informativos e independientes desde la segunda mitad del siglo diecinueve, desapareciendo en 1925.
     Desde su posición liberal moderada, sólo en otra ocasión tomará partido, cuando lo hace entre 1869-1870 a favor de la candidatura a la Corona española del duque de Montpensier, Antonio de Orleans (1824-1990), por amistad personal de su fundador, periodo en el que supera los 50.000 ejemplares, aumentando la distancia con sus competidores. En 1876, El imparcial -el diario que consolidará el periodismo informativo en España y que le superará en tirada en 1882- le motejará de ser “ministerial de todos los ministerios”, al que la aludida responderá de ser “amiga de todos” y de practicar una “bondadosa imparcialidad”, remoquetes que se repetirán cada vez que la polémica arrecie entre los grandes diarios de la Restauración. Según Seoane (1983), el prototipo de periódico informativo y preferido del público será aséptico y si no, neutral, al menos independiente en política.
     Con el subtítulo “diario universal de noticias”, adopta una confección original en un formato de cuatro páginas a varias columnas con noticias en bruto, clasificándolas según su orden de recepción, donde su primera página corresponderá a la “primera edición” y así sucesivamente, para más tarde clasificarlas en ediciones de tarde, de noche y de mañana. Además de su predominio absoluto de la información (no siempre aséptica), incluye también comentarios y gacetillas ligeras y breves secciones de culto y espectáculos, así como los clásicos folletines, que ocuparán los faldones de sus dos primeras páginas o de las últimas. En la cuarta plana insertará los anuncios comerciales, que llegarán a invadir también la tercera, y será también el introductor de las esquelas. También irá incluyendo textos de modas, ecos de sociedad, noticias de sucesos, deportes, etc.
     Entre 1874-1876 publica también una edición de la mañana bajo la cabecera La correspondencia de la mañana, que posteriormente se titula Diario de las familias de avisos y noticias de Madrid político, mercantil y literario. En algunas ocasiones llega a tirar hasta siete ediciones diarias, incluidas las de provincias, y publica también ediciones especiales, como la de Filipinas, y números extraordinarios bellamente ilustrados y con textos de autores consagrados. Incluirá ocasionalmente en su cuarta plana: Diario oficial de avisos de Madrid, así como El montepío universal y La crónica de la moda y de la música. En 1890 aparece incluso una edición de verano titulada La correspondencia de San Sebastián.
     Entre sus redactores estuvieron, entre otros, Francisco de P. Altolaguirre, Rafael María Baralt, José Bravo Destuet, José María del Campo, Joaquín Gálvez, Antonio Trueba, Blas Aguilar Alvarado, Eusebio Blasco, Felipe Ducazcal, Hilarión de Zuloaga (que aparece también como editor), Leandro Pérez Cossío, Fernando Cos-Gayón, José María Llamas de Aguilaniedo o Francisco Barber. Su fundador, que había recibido el título de marqués de Santa Ana en 1889, dejará la propiedad a su hijo Luis, que tras morir éste prematuramente en un accidente en los talleres del periódico, pasará a su hermano Eduardo. Suceden en su dirección Andrés Mellado Fernández (1891-1897) y Fernando Soldevilla Ruiz (1897-1903). En julio de este año el aragonés Leopoldo Romero (que utiliza el seudónimo de Juan de Aragón) será nombrado redactor-jefe y, en 1906, director, coincidiendo con el paso de la propiedad al yerno del fundador. Con este cambio, son incorporados a la redacción jóvenes valores del periodismo, como Manuel Delgado Bareto (redactor-jefe), Félix Lorenzo, Enrique Fajardo (Fabián Vidal), Rafael Cansinos-Asséns. Entre 1905-1909, Ramiro de Maeztu será su corresponsal en Londres. Cristóbal de Castro, corresponsal en Rusia durante la guerra con Japón. Ricardo Catarinéu (Caramanchel), crítico teatral, que además escribe una serie de crónicas viajeras apócrifas. Fernando Martín Redondo, su editorialista durante más de cuarenta años. Federico Mínguez (El Tío Capa), revistero taurino durante catorce años. Gutiérrez Pons, director artístico, y Corpus Barga será corresponsal en París durante la primera guerra mundial.
     “La corres” –como era voceada por los vendedores callejeros, como también se la motejó de “gorro de dormir”, pues se entendía que había que irse a la cama con este periódico ya leído tanto por liberales como por conservadores desde su inequívoca neutralidad monárquica- traspasa el nuevo siglo manteniendo la vieja competencia con El imparcial (1867-1933) y El Liberal (1879-1939), a la que se le había unido El Heraldo de Madrid (1890-1939), que integrarán el trust de la Sociedad Editorial Española, contra la que liderará la competencia, y vérselas también con la del nuevo diario monárquico conservador Abc (1903-). Aumentará cada número hasta las ocho páginas y sacará de nuevo ediciones matutinas.
     No será partidaria de la guerra de Marruecos (1909) y cuando estalle la primera guerra mundial  se mostrará aliadófila, siendo subvencionada por el Ministerio de Asuntos Exteriores francés, a la vez que su director también cobrará como corresponsal en Madrid del Daily Telegraph la suma de 40.000 pesetas anuales, cantidad tan desorbitada que equivalía a un 33 por ciento más que el sueldo de un consejero de la Corona española. Si los datos de 1906 le otorgan 50.000 ejemplares diarios, la estadística de 1913 asciende a 130.000, una tirada “extraordinariamente exagerada”, tal como señalan Seoane y Sáiz (1996), en una época en la que ya había entrado en un proceso de decadencia evidente.
     A la dura competencia del El Heraldo de Madrid (1890-1939) se le sumará la del también vespertino madrileño La voz (1920-1939), precipitándola hacia su declive final, que entrará en barrena cuando, tras fallecer su padre, Florentina Santa Ana, nieta del fundador, no se avenga a las propuestas de adquisición de la propiedad por parte del director –Leopoldo Romero-, que en 1917 había obtenido acta como diputado liberal y abandonará el periódico, junto a sus mejores periodistas y su administrador, Serafín Adame Martínez, para fundar el nuevo vespertino madrileño y también básicamente informativo: Informaciones, que aparecerá el 24 de enero de 1922. A partir de aquí se sucederán sus directores: Graciano Atienza, Víctor de la Serna, José Betancort Cabrera o Francisco Lucientes, hasta la edición de su último número, el 27 de junio de 1925, no sin antes haber modificado su cabecera a La correspondencia de España y del extranjero.
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     Incluye como suplementos La Correspondencia de la mañana (1874-1876) y el Diario de las familias de avisos y noticias de Madrid (1876). 

     En su edición del 7 de enero de 1912, aparece la misma noticia en la página 7 (a cinco columnas) en la parte inferior de la tercera columna, bajo el título ULTIMA HORA, interesándonos la primera noticia, bajo el titular Vuelco de un automóvil.-, la cual transcribimos literalmente:


SEVILLA. (Sábado, noche.) Del próximo pueblo de Burguillos se ha recibido la noticia de que, al virar en una curva del camino, volcó el automóvil del conocido doctor sevillano Sr. Sales.
     En el vuelco fueron despedidos el señor Sales, dos amigos y el chauffeur, qué guiaba el automóvil.
     Todos  resultaron ilesos, siendo, por fortuna, falsa la noticia de que el Sr. Sales había sufrido una grave contusión con conmoción cerebral.

     Y por último finalizamos con "La Época"; Diario vespertino fundado por Diego Coello y Quesada (182-1897) el uno de abril de 1849, a principios del siglo veinte será ya el decano de la prensa diaria política madrileña, extinguiéndose su vida a escasos días del golpe de Estado de julio de 1936. Será el diario por antonomasia de la monarquía, que se convertirá en prototipo de periódico aristocrático y conservador. Nace, desde una posición moderada, como reacción al semiabsolutismo del ministerio de Juan Bravo Murillo. Evoluciona a una oposición centrista y saluda alborozado el triunfo de 1854 del general Francisco Serrano, pero se mostrará contrario al bienio esparterista. Desde 1856 será el órgano de Unión Liberal, pero se separará de la misma a causa de los acontecimientos de la noche de San Gil, en abril de 1865, para apoyar a los gobiernos del general Ramón María Narváez y de Luis González Bravo, aunque después combatirá a este. Caracterizado por su fidelidad al trono isabelino, aceptará la Gloriosa en 1868 y tras algunas dudas y el fracaso de la candidatura de la nueva monarquía de Antonio María de Orleans, duque de Montpensier, Antonio Cánovas del Castillo lo ganará para la causa alfonsina, convirtiéndose en el estandarte periodístico de la Restauración durante el Sexenio Democrático.
     Ramón de Navarrete había sido el director de su primer número, pero a partir de entonces y hasta 1866 lo dirigirá el propio Coello. Fue entonces cuando su propiedad quedó al completo en manos de su inseparable amigo, Ignacio José Escobar y López Hermosa (1823-1887), que lo dirigirá hasta 1887, quedando definitivamente esta cabecera en manos de su familia. Navarrete, que utiliza los seudónimos Pedro Fernández y Asmodeo, fue quien incorporó en la prensa española a través de La época la “crónica de sociedad” como visitante de los más encopetados salones de la corte. Entre sus numerosos redactores y colaboradores estuvieron Fernando Cos-Gayón, Agustín Aguirre, Pedro Antonio de Alarcón, Ventura de la Vega, Francisco Martínez de la Rosa, Eusebio Blasco, José Bisso, Julio Nombela, Jacobo Rebollo, Manuel María de Santa Ana, Ildefonso Antonio Bermejo, Juan Pérez de Guzmán o Joaquín Madonado Macanaz, quien se encargará de la sección de política interior durante más de treinta años.
     Será un diario de cuatro páginas de gran formato, a tres, cuatro y hasta seis columnas, estabilizándose en las cinco columnas durante la mayor parte de su existencia, y compuesto con tipos diminutos, al estilo de los ya consagrados diarios políticos de noticias, estructuradas en secciones. Ofrecerá las nacionales y extranjeras, las parlamentarias, las oficiales y las del gobierno, revistas de prensa, un boletín comercial y agrícola, con las cotizaciones de bolsa y precios de los productos, editorial y artículos de fondo, notas de espectáculos, especialmente los teatrales, así como anuncios comerciales al final, que a veces ocuparán la última plana. También ofrecerá el ya clásico y cotidiano folletín.
     Su propietario y director conspirará, junto al propio Cánovas, en el golpe militar que el general Arsenio Martínez Campos da en Sagunto el 29 de diciembre de 1874, que abre la Restauración dinástica y, en 1879, el monarca agradecerá los méritos de Escobar distinguiéndole como marqués de Valdeiglesias. La época alcanzará su mayor esplendor y prestigio, precisamente, entre 1875 y 1885, al convertirse en el más cualificado órgano del turnante Partido Conservador y como portavoz de su jefe, Cánovas del Castillo. Aunque las tiradas de este diario nunca serán elevadas y los ejemplares difundidos por suscripción al doble de precio, llegarán a los innumerables casinos y sociedades en manos de los dirigentes locales del partido, destacando en sus páginas las noticias y las crónicas sociales de las clases altas, de sus fiestas y sus veraneos en Biarritz, Santander o San Sebastián, recibiendo el periódico el apelativo de “la vieja señora”.
     Tras el magnicidio de Cánovas, en 1897, y ya en manos del segundo marqués, Alfredo Escobar Ramírez, el diario continuará siempre al lado del jefe del sector mayoritario del Partido Conservador, apoyando a Francisco Silvela y, posteriormente, a Antonio Maura, y tras su crisis de 1913 y un breve titubeo, y durante la primera guerra mundial y siempre con la pretensión de mantener unido al partido, apoyará a Eduardo Dato. Tras el magnicidio de este, en 1921, será el portavoz de José Sánchez Guerra, el hombre de confianza de Maura. Como defensor de una monarquía constitucional y parlamentaria y desde su posición liberal-conservadora, será diario opositor a la dictadura primoriverista, llegando a ser multado y suspendido en abril de 1926.
     Seguirá ofreciendo noticias del partido, crónicas parlamentarias, revistas de prensa extranjera, en concreto de los periódicos franceses, y sus principales editoriales y artículos de fondo serán obra de uno de sus más destacados redactores, Salvador Canals. El segundo marqués, con el seudónimo Mascarilla, se dedicará a las crónicas de sociedad de un diario que sigue destinado a una minoría selecta de aristócratas, financieros, gentes de mundo, políticos y damas de la alta o “buena” sociedad. La crítica literaria y teatral será obra de Andrenio (Eduardo Gómez Baquero) hasta 1921. Durante la primera guerra mundial, Mariano Marfil, que actuará seguidamente, y hasta 1933, como jefe de su redacción y director en efectivo, será el autor de unas impresiones de campaña en un conflicto bélico en el que La época será uno de los periódicos españoles que recibirán subvenciones de las potencias aliadas (Francia e Inglaterra).
     Sucesivamente, sus jefes de redacción habían sido Manuel Tello (1866-1884), el ya citado Andrenio (1884-1893), Jerónimo Bécker (1893-1923) y Francisco Pérez Mateos, conocido como León Roch (1923-1927), y a su redacción pertenecerán una larga nómina de periodistas, como Francisco Fernández Villegas (Zeda), Luis Alfonso Casanova, Rodrigo Soriano, Melchor Fernández Almagro, como crítico teatral; así como Francisco de Ayala, que inicia en sus páginas su carrera periodística y literaria, lo mismo que César González Ruano, y publicará colaboraciones de Emilia Pardo Bazán, entre otras figuras literarias y periodísticas.
     Tras ser proclamada la II República, el diario sigue manteniendo el buen tono entre la “vieja sociedad”, con su severo diseño de páginas inmensas alejadas de estridencias y sensacionalismo, y romo en los alardes fotográficos que había adoptado su más directo competidor desde 1903, el diario ABC de los Luca de Tena.
     A pesar de su monarquismo llegará a librarse de la gran suspensión de periódicos antirrepublicanos con motivo de la sanjurjada de agosto de 1932. Marfil lo llevó a posiciones cercanas de Acción Española y, renegando de su pasado moderantismo y defensa del conservadurismo liberal, a partir de noviembre de 1933 el tercer marqués de Valdeiglesias y marqués de las Marismas del Guadalquivir, José Ignacio Escobar Kirkpatrick, toma las riendas del periódico familiar, asistido por Eugenio Vegas Letapie, hasta 1935, y a continuación por Jorge Vigón. A su redacción siguen perteneciendo entonces, entre otros, Gabriel Briones, Luis Ardila, Xavier de Echarri o Luis Araujo Costa, quien en 1946 publicará la biografía de La época.
     El vetusto diario se reconvierte al viejo tradicionalismo de la monarquía católica, siguiendo las ideas difundidas por el francés Charles Maurras, y como órgano de Renovación Española de José Calvo Sotelo, encuadrada en el Bloque Nacional, acusará como farsa el sufragio universal y de inútil y dañino el parlamentarismo, defenderá el autoritarismo y justificará la insurrección militar. Con motivo del asesinato de Calvo Sotelo, La época publica su último número el 11 de julio de 1936, dos días después quedará suspendida, y tras estallar la guerra civil será incautada. En sus talleres se imprimirá El sindicalista, el periódico del partido socialista de Ángel Pestaña.
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   En algunas épocas se publicó una edición matutina y una edición vespertina, con diferente numeración, por lo que se pueden encontrar algunos saltos en la colección de Hemeroteca Digital. En estos casos se han incluido ambos ejemplares en el mismo archivo.

   Pues bien, en su edición del 7 de enero de 1912, aparece en una de sus páginas (a cinco columnas) ocupando la parte superior de la segunda, tercera, cuarta y quinta columnas, bajo el título LAS PROVINCIAS, interesándonos la tercera columna, bajo el subtítulo "Accidente automovilista en Sevilla", transcribiéndolos literalmente:


     SEVILLA 6. Del pueblo de Burguillos comunican que, al virar en una curva, el automóvil del doctor Salas volcó violentamente, siendo despedidos el doctor Salas, dos amigos suyos y el chauffeur.
     Todos resultaros ilesos.

     Una noticia más para seguir confeccionando la historia de nuestro pueblo.

lunes, 13 de abril de 2026

Bibliografía - Arte: Burguillos en el libro "Historia de la Pintura Sevillana. Siglos XIII al XX", de Enrique Valdivieso, editado por Ediciones Guadalquivir, en 2002

     Mostramos en Historia de Burguillos la reseña que se hace de nuestro pueblo en el libro "Historia de la Pintura Sevillana. Siglos XIII al XX", de Enrique Valdivieso, editado por Ediciones Guadalquivir,  en 2002, uno de cuyos ejemplares podemos leer en la Biblioteca Pública Provincial "Infanta Elena", de Sevilla.



     Dicho libro es un recorrido por la Historia de la pintura de Sevilla, mostrando un importante conjunto de imágenes y reseñas de todos y cada uno de los pintores y pinturas sevillanos.
   Así, la reseña a nuestro pueblo, Burguillos, la encontramos en las páginas 247 a 248, al hacer referencia al pintor Marcos Fernández Correa, paisano nuestro y que pasamos a transcribir literalmente:



Marcos Fernández Correa
     Escasas noticias profesionales y sólo algunas de carácter familiar se poseen de este pintor. Sabemos que nació en Burguillos y que contrajo matrimonio en 1616, desarrollando su actividad en Sevilla en el último tercio del siglo XVII. Fue, miembro de la Academia de Pintura sevillana, siendo dos solamente las pinturas que de él se conocen. Son representaciones de trampantojo o engañifa, y se conservan en la Hispanic Society de Nueva York. En ambas obras se finge la superficie de un fondo de tablas, en las que están clavados grabados o cuelgan cintas sujetas a escarpias, tinteros, papeles enrollados, legajos, frascos con tinta, un bastón, la calavera de un conejo y una paleta de pintor (Lám. 193). Están realizadas con hábil dibujo, creando los efectos de luz y sombra para crear sensaciones de relieve y por lo tanto de fugaz ilusión de veracidad.
     En la realización de estas pinturas Correa muestra estar al corriente de la moda pictórica europea de su momento, donde en los Países Bajos y en Francia fue­ron numerosos los practicantes de esta modalidad pictórica, entre los que destacamos los hermanos Francisco y Norberto Gysbrechts y a François de la Motte.
     Aparte de Correa debieron ser varios los pintores dedicados en Sevilla a este tipo de representaciones, puesto que se conocen varias obras anónimas de diferente estilo que no han podido ser puestas en relación con ningún artista concreto. Lo cierto es que este género pictórico arraigó en la clientela local prodigándose después su ejecucución a lo largo del siglo XVIII.

     Este libro es una obra capital para la Historia de nuestro pueblo, puesto que es la aparición de un pintor, Marcos Fernández Correa, para la Historia de la pintura sevillana, y que bien merecería algún tipo de homenaje en nuestro pueblo, totalmente desconocido para todos...

lunes, 6 de abril de 2026

Callejero de Burguillos: La calle Rafael

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña e imágenes de la calle Rafael, en Burguillos, aprovechando que hoy, 6 de abril, es el aniversario del nacimiento (6 de abril de 1483), de Rafael Sanzio, uno de los grandes genios artísticos a nivel universal.


     La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos).
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al centro geográfico de la localidad, o del Ayuntamiento, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Está dedicada a Rafael, uno de los mejores artistas polifacéticos de todos los tiempos.


Conozcamos la Biografía de Rafael Sanzio, a quien está dedicada esta vía del callejero burguillero;
     Raffaello Sanzio (Urbino, 6 de abril de 1483-Roma, 6 de abril de 1520),​ también conocido como Rafael de Urbino o simplemente como Rafael,​ fue un pintor y arquitecto italiano del Renacimiento. Además de su labor pictórica, que sería admirada e imitada durante siglos, realizó importantes aportes en la arquitectura y, como inspector de antigüedades, se interesó en el estudio y conservación de los vestigios grecorromanos.​
     Hijo de un pintor de modesta relevancia, fue considerado un niño prodigio por su precoz habilidad y al quedar huérfano se formó en los talleres de varios artistas de prestigio. A los 25 años obtuvo su primer encargo oficial, la decoración de las Estancias Vaticanas, donde pintó algunos frescos como La escuela de Atenas, considerada una de sus obras cumbre.​ Es célebre por la perfección y gracia de sus artes visuales, destacando en trabajos de pintura y dibujo artístico.​ Junto con Miguel Ángel y Leonardo da Vinci forma el trío de los grandes maestros del período.
     Nació en Viernes Santo y falleció en esta misma festividad el día que cumplía 37 años.​ Fue un artista muy productivo, en parte gracias a que dirigió un taller conformado por numerosos colaboradores,​ y, a pesar de su muerte prematura, dejó una extensa obra que en gran parte aún se conserva. La mayor parte de su trabajo está alojado en los Museos Vaticanos, ya que decoró con frescos las habitaciones conocidas como las Estancias de Rafael, el principal encargo de su carrera, que quedó sin terminar a causa de su muerte y fue completado por ayudantes.
     Después de sus años de juventud en Roma, gran parte de su obra, a pesar de haber sido diseñada por él, fue ejecutada por su taller, con una considerable pérdida de calidad. Ejerció gran influencia en su época; aunque fuera de Roma su obra fue conocida sobre todo a través de la producción que hicieron los talleres de grabado que colaboraban con él. Después de su muerte, la influencia de su principal rival, Miguel Ángel, se intensificó hasta los siglos XVIII y XIX, cuando las cualidades más serenas y armoniosas de Rafael fueron consideradas de nuevo como un modelo superior.
      Su carrera se dividió de manera natural en tres fases y tres estilos, descritos así por Giorgio Vasari: sus primeros años en Umbría, el periodo posterior de cuatro años en Florencia (1504-1508), donde absorbió las tradiciones artísticas de la ciudad, y finalmente su último y triunfal período de doce años en Roma, trabajando para los papas y su corte.
     Nació en 1483, exactamente el 6 de abril, un Viernes Santo en Urbino una pequeña ciudad de la Italia central—, en la región de Marcas, localidad pequeña, pero importante desde el punto de vista artístico,​ donde su padre Giovanni Santi era pintor de la corte del duque. En la pequeña corte de Urbino, Giovanni fue integrado en el círculo íntimo de la familia en un grado superior al que era habitual en otras cortes italianas, bajo un gobierno con un importante centro de cultura literaria y artística.​
     Crecer en el seno de esta pequeña corte le dio a Rafael la oportunidad de aprender las maneras pulidas y las habilidades sociales tan alabadas en él por Vasari.​ La vida cortesana de Urbino en esta época sería poco después considerada por Baldassare Castiglione, (en su obra El Cortesano​ en 1528), como modelo de virtudes de una corte humanista italiana. Castiglione se instaló en Urbino en el año 1504, cuando Rafael ya no residía en ella; sin embargo, la visitaba muy a menudo, lo que dio como resultado una extensa amistad. Otros visitantes habituales de la corte también se convirtieron en sus amigos: Pietro Bibbiena y Pietro Bembo, nombrados ambos cardenales más tarde, eran conocidos entonces como buenos escritores y vivieron en Roma al mismo tiempo que Rafael.
     Se movió con comodidad en las altas esferas sociales durante toda su vida, lo que ha sido uno de los factores que han contribuido a dar una falsa impresión de una carrera artística fácil. Sin embargo, no recibió una completa educación humanística, por lo tanto no se sabe con claridad si leía fácilmente en latín.
     Su madre, Magia di Battista di Nicola Ciarla, murió en 1491, y el 1 de agosto de 1494, Giovanni Santi, su padre, volvió a casarse. Con tan solo 11 años, quedó huérfano y bajo la custodia legal de su tío Bartolomeo, sacerdote, que inició un litigio con la madrastra del chico. Sin embargo, Rafael continuó viviendo con ella cuando no acudía a su aprendizaje con un maestro. Aun así, ya había dado muestra de su talento, según Giorgio Vasari, quien cuenta que había sido "una gran ayuda para su padre".​ Un brillante autorretrato de su adolescencia muestra su precoz talento.​ El taller de su padre continuó y, probablemente en compañía de su madrastra, jugó un relevante papel en su gestión desde su juventud. En Urbino tuvo la oportunidad de conocer la obra de Paolo Uccello, el precedente pintor de la corte († 1475), y de Luca Signorelli, quien hasta el año 1498 residió y trabajó en la próxima Città di Castello.​
     Según Vasari, su padre lo colocó en el taller del maestro de Umbria Pietro Perugino como aprendiz, «a pesar de las lágrimas de su madre». La evidencia de un periodo de aprendizaje viene solo de Vasari y de otra fuente,​ y ha sido discutida, porque su madre murió cuando él tenía ocho años, lo que sería demasiado pronto para comenzar a formarse. Una teoría alternativa es que recibió algún adiestramiento de Timoteo Viti, un pintor de la corte de Urbino desde 1495.​ Pero los historiadores modernos están de acuerdo en que Rafael trabajó al menos como ayudante de Perugino desde alrededor de 1500; la influencia de Perugino en sus primeras obras es muy evidente: "probablemente ningún otro discípulo de talento había absorbido las enseñanzas de su maestro como lo hizo Rafael, aún comparándolo con Leonardo da Vinci y Miguel Ángel", según Wölfflin.​ Vasari escribe que, en cuanto a este período, era imposible distinguir las obras de ambos artistas, pero muchos historiadores del arte modernos afirman haber detectado las partes que Rafael pintó como ayudante en obras de Perugino o de su taller. Aparte de la similitud estilística, sus técnicas eran también muy similares, por ejemplo, en la densa aplicación de la pintura, con el uso de un medio a base de barniz, en las sombras y los adornos oscuros, pero con una aplicación más ligera en las partes de carne. Sin embargo, el exceso de resina en el barniz ha causado a menudo grietas en áreas de las pinturas de ambos maestros.​ El taller de Perugino estaba activo tanto en Perugia como en Florencia, quizá con dos sucursales permanentes.​ Se considera que en 1501 Rafael era un Maestro de Pleno Derecho, completamente formado.
     Su primera obra documentada fue el Retablo Baronci —aunque hay una controversia con La resurrección de Cristo que fue realizada entre los años 1499 y 1501— para la Iglesia de San Nicolás de Tolentino en Città di Castello, una ciudad a medio camino entre Perugia y Urbino. Evangelista di Pian di Meleto, quien había trabajado para su padre, compartió el encargo de la obra, que data de 1500 y fue terminada en 1501; hoy en día solo quedan algunas porciones y un boceto preparatorio. Durante los siguientes años pintó obras para otras iglesias, incluyendo la Crucifixión Mond —alrededor de 1503— y Los desposorios de la Virgen de la Pinacoteca di Brera, así como obras para Perugia, como el Retablo Oddi —La anunciación, La Adoración de los Magos y La coronación de la Virgen 1501-1503—. Probablemente visitó Florencia en esta época. Se trata de obras mayores, algunas de ellas como frescos, en las que Rafael limita la composición al estático estilo de Perugino. En estos años pintó muchas pequeñas y exquisitas pinturas de caballete, la mayor parte posiblemente para amantes de la pintura de la corte de Urbino, como Las Gracias, El sueño del caballero o San Miguel, y empezó a pintar Virgen con el Niño entronizados y santos.
     En el año de 1502 fue a Siena por invitación de otro discípulo de Perugino, Pinturicchio, "al ser amigo de Rafael y conocedor de su capacidad como artista de la más elevada calidad", porque le ayudó con las obras, y muy probablemente con los dibujos, para una serie de frescos en la Biblioteca Piccolomini de la Catedral de Siena.​ Es evidente que en esta etapa temprana de su carrera ya era un artista solicitado.
     Rafael llevó una vida de "nómada", trabajando en distintos lugares del norte de Italia, pero pasando una buena parte de su tiempo en Florencia, quizás desde el año 1504. Así, aunque se habla de su "período florentino" entre 1504 y 1508, cabe mencionar que nunca residió ahí de forma continua.​ En cualquier caso, tal vez de tanto en tanto, tenía que visitar la ciudad para proveerse de materiales. Existe una carta de recomendación, fechada en octubre de 1504, de la madre del siguiente duque de Urbino al confaloniero de Florencia: "El portador de ésta es Rafael, pintor de Urbino, quien ha sido dotado para esta profesión y que ha determinado pasar algún tiempo en Florencia para continuar con sus estudios. Su padre fue muy honesto y yo lo quería mucho, y el hijo es un joven sensible y pulido; tanto por una cosa como para la otra le tengo gran afecto...".​
     Como anteriormente con Perugino y otros, fue capaz de asimilar la influencia del arte florentino, respetando la evolución de su propio estilo. Los frescos que hizo en Perugia alrededor de 1505 muestran una nueva calidad monumental en las figuras, que podría evidenciar la influencia de Fra Bartolomeo, de quien Vasari dice fue amigo. Pero la influencia más asombrosa en este período fue la de Leonardo da Vinci, quien volvió a la ciudad entre 1500 y 1506. Las figuras de Rafael comenzaron a tomar posiciones más complejas y dinámicas, aunque todavía los temas eran mayoritariamente "reposados". Comenzó a hacer bocetos de hombres desnudos luchando, una de sus mayores obsesiones de este período florentino. Otro dibujo es el retrato de una mujer joven, utilizando la composición piramidal en tres cuartos de la reciente Mona Lisa, pero con una apariencia completamente rafaelesca. Otra de las invenciones compositivas de Leonardo, la piramidal Sagrada Familia, se repitió en una serie de obras que se consideran entre sus más famosas pinturas de caballete. En la Royal Collection hay un dibujo de Rafael de la obra perdida de Leonardo Leda y el cisne, de la que tomó la postura en contrapposto para su Santa Catalina de Alejandría. ​También perfeccionó su propia versión del sfumato de Leonardo, para dar más sutileza a la representación de la carne, y desarrollar el intercambio de miradas entre los grupos, aunque mucho menos enigmáticos que los conseguidos por Leonardo. Además, supo conservar en sus obras la suave y clara luz de Perugino.​
     Leonardo era poco menos de una treintena de años mayor que Rafael, pero Miguel Ángel, que en esa época residía en Roma, era solo ocho años mayor. Miguel Ángel detestaba a Leonardo, y en Roma empezó a detestar a Rafael incluso más aún, atribuyendo conspiraciones contra él.​ Rafael debió conocer sus obras en Florencia, pero sus trabajos más originales de esta época apuntan en una dirección muy diferente. En su Santo Entierro sitúa, al modo clásico de los sarcófagos, todas las figuras en el frente, en un arreglo complejo y no del todo exitoso. Wöllflin detecta la influencia de la Virgen de Miguel Ángel en el Tondo Doni en la figura arrodillada de la derecha, pero el resto de la composición se aleja mucho de su estilo, o del de Leonardo. Aunque fue obra muy considerada en su época, y mucho después retirada a la fuerza de Perugia por los Borghese, se trata de una obra aislada en su producción. Su clasicismo tomaría después una dirección menos "literal".​
     A finales de 1508 se trasladó a Roma, donde entró al servicio del papa Julio II, probablemente gracias a la recomendación de su arquitecto Donato Bramante, quien por entonces trabajaba en la basílica de San Pedro, era natural de Urbino y tenía alguna relación con Rafael.​ A diferencia de Miguel Ángel, que no realizó trabajo artístico alguno durante cierto tiempo en Roma antes de recibir los primeros encargos,​ el joven artista recibió rápidamente el encargo de decorar al fresco la que habría de ser la biblioteca privada del pontífice en el Vaticano.​ Era un proyecto mucho más importante y extenso que cualquiera en el que hubiera trabajado hasta ese momento, pues hasta la fecha no había pasado de hacer algún retablo en Florencia. En su equipo había otros artistas trabajando en diferentes estancias, muchos de ellos pintando sobre obras encargadas por el odiado predecesor de Julio II, el papa español Alejandro VI. El nuevo pontífice había decidido borrar cualquier vestigio del papa Borgia, hasta sus escudos de armas.​ Uno de ellos fue Miguel Ángel, que recibió el encargo de pintar la bóveda de la Capilla Sixtina.
     La primera de las célebres stanze que comenzó a pintar, es la conocida como Stanza della Segnatura —por el uso que tenía en tiempos de Giorgio Vasari—, produjo un impacto extraordinario en el arte romano. Hoy día continúa siendo considerada la obra maestra del pintor, pues contiene La Escuela de Atenas, El Parnaso y La disputa del Sacramento, que son algunas de las obras más conocidas del pintor. Como consecuencia de este gran éxito, le fueron encargadas nuevas estancias, desplazando a otros artistas previamente contratados, como Perugino o Luca Signorelli. Concluyó tres de ellas, todas con pinturas en sus muros y, a menudo, también en los techos. Sin embargo, la inmensidad del trabajo asumido le obligó a delegar la ejecución práctica de sus detallados diseños (que siempre realizó en persona) en los miembros del numeroso taller que había formado. Eran estos artistas de sobrada capacidad, que con posterioridad a la muerte del propio Rafael, se encargarían de la decoración de la cuarta estancia, basándose en los diseños que el maestro había dejado. La muerte de Julio II (1513) no interrumpió los trabajos, pues su sucesor, el papa León X, un Medici, estableció una relación cercana con el artista, que continuó recibiendo encargos.​ El amigo de Rafael, el cardenal Bibbiena, era uno de los antiguos tutores del nuevo papa, y su íntimo amigo y consejero.
     Es evidente que Rafael se dejó influir por los frescos del techo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Vasari dice que Bramante lo introdujo en dicha capilla secretamente. La bastida correspondiente a la primera sección en ser terminada fue retirada el año 1511. La reacción de los demás artistas ante la superior fuerza expresiva de Buonarroti fue la cuestión dominante en el arte italiano en las dos décadas posteriores. Rafael ya había demostrado su capacidad de asimilación de influencias externas a su propio estilo, y aceptó el reto tal vez con mayor intensidad que cualquier otro artista. Uno de los primeros y más claros ejemplos fue el retrato del mismo Miguel Ángel como Heráclito en La Escuela de Atenas, que parece sacado directamente de las Sibilas o los ignudi del techo de la Capilla Sixtina. Otras figuras de esta y otras obras posteriores en las estancias acusan la misma influencia, pero todavía más integradas en el estilo personal de Rafael.
     Buonarroti lo acusó de plagio y unos años antes de la muerte de Rafael se quejaba en una carta del siguiente tenor: «todo lo que sabe de arte lo ha aprendido de mí», aunque en otras ocasiones se mostró más generoso.​
     Estas enormes y complejísimas composiciones pueden ser consideradas entre las obras supremas del Renacimiento. Proporcionan una visión extremadamente idealizada de los sujetos representados, y las composiciones, aunque ya perfectamente concebidas en dibujo, parecen sufrir de sprezzatura, un término ideado por su amigo Baldassare Castiglione, que él definía como «una cierta indiferencia que impregna toda la obra y que nos hace pensar o decir que ha fluido sin ningún esfuerzo».[42]​ Según Michael Levey, «Rafael les da a sus figuras una gracia y claridad sobrehumanas en un universo de certezas Euclidianas». La pintura es de la máxima calidad en las dos primeras estancias, pero las composiciones posteriores, especialmente las que contienen acción de tinte dramático, no son completamente perfectas por lo que atañe a la concepción, como tampoco en la ejecución de sus ayudantes.
     Los proyectos en el Vaticano ocuparon la mayor parte de su tiempo, pero aun así pintó algunos retratos, incluyendo los de sus mecenas, los papas Julio II y León X, el primero de los cuales es considerado como uno de sus mejores retratos. Otros retratos fueron los de sus amigos, como Castiglione, o de personajes del círculo de los papas. Algunos gobernantes lo presionaron con hacer sus respectivos encargos, como a Francisco I de Francia que le fueron enviados dos pinturas como presente diplomático del papado. Para Agostino Chigi, el inmensamente rico tesorero del papa, Rafael pintó La Galatea, diseñó frescos decorativos para su Villa Farnesina y pintó dos capillas en las iglesias de Santa Maria della Pace y Santa Maria del Popolo.​ También diseñó parte de la decoración de la Villa Madama, sin embargo, la obra de ambas villas fue realizada por su taller.
     Uno de los encargos papales más importantes fue la serie de los Cartones de Rafael (actualmente en el Victoria and Albert Museum), una serie de 10 cartones para tapices, de los cuales han sobrevivido 7, y que representan escenas de las vidas de San Pablo y San Pedro, hechas para la Capilla Sixtina. Los cartones fueron enviados a Bruselas para ser tejidos en el taller de Pieter van Aelst el Viejo (padre del luego famoso pintor Pieter Coecke). Es posible que Rafael viera la serie completa terminada antes de su muerte. Probablemente fueron terminados en 1520. También diseñó y pintó las Logias vaticanas, una galería larga y estrecha entonces abierta a un patio a un lado y decorada en el estilo grotesco​ típico de Roma. Pintó también ciertos retablos importantes, como por ejemplo el Éxtasis de Santa Cecilia y la Madonna Sixtina. Su última obra, en la que estuvo trabajando hasta la muerte, fue La Transfiguración, que en compañía de El Pasmo de Sicilia muestra la dirección que había tomado su arte en las postrimerías de su vida: un estilo más proto-barroco que manierista.
     El cardenal Bernardo Dovizi di Bibbiena obtuvo del papa León X, a cambio del apoyo concedido para su elección, la autorización para reestructurar su apartamento en el interior de los palacios Vaticanos. Culto humanista y literato, de gustos refinados, el cardenal deseaba que su apartamento estuviese a la altura de la tradición romana y encargó el proyecto a Rafael. Corría el año 1516; Rafael, con sus ayudantes se ocupó del conjunto decorativo, inspirándose en la Villa de Adriano en Tívoli y en la Domus Aurea, alcanzando resultados de gran refinamiento y elegancia en el entrelazamiento de motivos clásicos y elementos ornamentales de gusto antiguo, que constituirán durante tiempo un imitado motivo decorativo. Igual decoración desarrolló en las Logias vaticanas (1519). La estructura del conjunto refleja la cultura y el gusto de Rafael; la ejecución es de sus alumnos: Giovanni da Udine, G. Romano y G. F. Penni.
     Retrato de Andrea Navagero y Agostino Beazzano o Retrato Doble, obra hecha por Rafael Sanzio durante su periodo romano. El retrato parece haber sido hecho en abril de 1516 estando los dos humanistas retratados en Roma, poco antes de que Andrea Navagero regresara a Venecia con motivo de su nombramiento como bibliotecario de la República Serenísima. La magna obra del italiano está hecha al óleo sobre lienzo. Mide 76 cm de alto y 107 de ancho y se conserva actualmente en la Galería Doria Pamphili de Roma.
     Vasari dice que Rafael llegó a tener un taller con cincuenta pupilos y ayudantes, muchos de los cuales llegarían a ser después importantes artistas por su propio derecho. Fue, posiblemente, el mayor taller reunido bajo el magisterio de un único gran maestro de la pintura, y mucho mayor de lo habitual. Incluía destacados pintores provenientes de otras regiones de Italia, que probablemente trabajaban con sus propios equipos como subcontratistas, así como aprendices y obreros. Hay poca información sobre el taller y sobre su organización interna, aparte de las mismas obras de arte, a menudo difíciles de atribuir a la intervención de un artista concreto.
     Tras la muerte de Rafael, la actividad del taller continuó, sin embargo, muchas de sus pinturas quedaron incompletas, así como algunas de sus posesiones. Los miembros más destacados fueron Giulio Romano, joven discípulo de origen romano —de 21 años—, y Gianfrancesco Penni, ya considerado un maestro, de origen florentino. Penni no alcanzó el mismo nivel de reputación personal que Giulio Romano, y después de la muerte de Rafael, ocupó el puesto de ayudante de Giulio Romano durante la mayor parte de su carrera. Perino del Vaga, ya un maestro, y Polidoro da Caravaggio, quien supuestamente ascendió a la posición de pintor luego de ocupar el humilde oficio de trasportar materiales para los obreros, también llegaron a ser importantes pintores. Maturino da Firenze, como en el caso de Penni, fue eclipsado por la fama de su compañero Polidoro. Giovanni da Udine gozaba de un estatus más independiente, y fue responsable de la decoración en estuco y los grotescos que decoraban los principales frescos.​ La mayor parte de los artistas se dispersaron, y algunos de ellos tuvieron una muerte violenta a raíz del saqueo de Roma de 1527.​ Esto contribuyó a la difusión del estilo de Rafael por toda Italia y a lugares más lejanos.
     Vasari da mucha importancia al hecho de que Rafael logró un armonioso y eficiente taller, y al igual su habilidad y paciencia en la resolución de los conflictos o disputas entre los clientes y sus ayudantes, algo de lo que carecía Miguel Ángel con ambos colectivos.​ Aun así, hoy en día, es casi imposible descifrar las partes que Rafael y sus ayudantes realizaron, ya que, tanto Romano como Penni, eran diestros, no hay duda de que muchas de las últimas obras murales de Rafael, y probablemente algunas de sus obras de caballete, destacan más por el dibujo que por la ejecución. Sin embargo, muchos de sus retratos, que se encuentran en buenas condiciones, muestran la brillante técnica de ejecución que alcanzó al final de su vida.
     Otros de sus destacados discípulos y ayudantes fueron Raffaellino del Colle, Andrea Sabbatini, Bartolomeo Ramenghi, Pellegrino Aretusi, Vincenzo Tamagni, Battista Dossi, Tommaso Vincidor, Timoteo Viti—pintor de Urbino—, así como el escultor y arquitecto Lorenzetto —cuñado de Giulio Romano—.​ Se ha dicho que el flamenco Bernard van Orley trabajó durante un tiempo para Rafael, y que Luca Penni, hermano de Gianfrancesco, tal vez fue miembro del taller.
     A lo largo de su vida realizó varios retratos donde mostró una gran medida de gracia y armonía, ejemplo de esto fue el de Baltasar de Castiglione. Las Madonne y los bambini llenos de belleza y elegancia fueron un tema recurrente tanto en sus retratos como en sus pinturas. En la "Última Cena" dio un gran protagonismo a la figura de los apóstoles. De igual manera realizó retratos de grandes personajes como: del Cardenal Bibbiena (c. 1516), el Retrato de Andrea Navagero y Agostino Beazzano (c. 1516), Retrato de Bindo Altoviti (c. 1514), Retrato de Tommaso Inghirami (1515-1516), Retrato de cardenal (1510-1511), Retrato de Julio II (1511-1512) y Retrato del cardenal Alessandro Farnese (1509-1511). Muchos de ellos se encuentran hoy dispersos en los museos y galerías de Europa.
     La relación de Rafael con Leonardo da Vinci en Florencia a principios del siglo XVI fue muy significativa. El modelo inspirador es la Gioconda, que por el efecto emocional de su mirada y sobre todo la integración entre la figura y el paisaje constituyó un modelo de reflexión para Rafael. Pero en los retratos de Rafael la línea establece netamente las formas, que gracias a su certeza se convierten en "módulo" espacial, en equilibrio entre lleno y vacío, en medida de la relación entre lo particular y lo universal, en síntesis perfecta de las verdades de la persona. También la trayectoria de Rafael se concreta en la superación de las formas poco convencionales de Perugino, en la adquisición de una pintura autónoma, libre, que sea expresión del perfecto equilibrio existente entre el hombre y la naturaleza. Los comitentes del artista son representantes de la alta burguesía de los banqueros y los mercaderes o de la aristocracia menor, mientras la sociedad más elevada se dirige a pintores de más fama, como Ghirlandaio.
     El encargo papal acrecienta enormemente la fama y el prestigio de Rafael, que entre 1509 y 1513 recibe numerosas peticiones de cardenales y nobles más o menos próximos a la curia romana. Realizaba dichos retratos al mismo tiempo que ejecutaba las estancias. En este ámbito es interesante la evolución del retrato. La novedad es que se advierte en ellos una mayor propensión a representar los rasgos como indicadores de la interioridad, más allá de la preocupación por la afirmación del estado social; además, resulta evidente la representación de la figura como presencia más cierta y consciente.
     Tras la muerte de Bramante, en 1514, fue nombrado arquitecto de la basílica de San Pedro. La mayor parte de sus obras arquitectónicas han sido derrumbadas o modificadas después de su muerte y a raíz de la aceptación de los diseños de Miguel Ángel, pero, sobreviven unos pocos diseños. Para el análisis de estos, se llevó a cabo el examen de un templo que se encontraba muy oscuro, con grandes pilares a lo largo, «como un callejón» según un análisis crítico y póstumo de Antonio da Sangallo el Joven. Existe también la hipótesis de que el templo tiene un parecido con el santuario de La expulsión de Heliodoro del templo.​ Rafael diseñó otros edificios, y durante un corto tiempo se le consideró el arquitecto más importante de Roma y el preferido del círculo social del papa. Julio había hecho cambios en la disposición urbanística de la ciudad, creando varias vías públicas, las cuales aparentaban esplendorosos palacios.
     Un importante edificio, el Palazzo Branconio dell'Aquila del chambelán de León X, fue completamente derrumbado para hacer lugar a la plaza diseñada por Bernini para San Pedro, obra que jamás se realizó, pero se han conservado dibujos de la fachada y del patio. La fachada gozaba de una abigarrada decoración, inusual para la época, incluyendo tanto paneles pintados en el piso superior (de tres) como profusión de esculturas en el piso intermedio.​ El diseño básico de la Villa Farnesina no fue de Rafael, pero él diseñó y pintó la Capilla Chigi para el propietario, Agostino Chigi, tesorero del papa. Otro edificio, para el doctor del papa León, el Palazzo di Jacobo da Brescia, el cual fue trasladado en la década de 1930, y actualmente se mantiene en pie; dicho edificio fue diseñado como complemento de un palacio de la misma calle, obra de Bramante, donde el mismo Rafael residió durante un tiempo.​ La Villa Madama, una espléndida residencia de recreo del cardenal Julio de Médicis, posteriormente del papa Clemente VII, nunca fue terminada, pero sus planos revelan su propósito. Se hizo un diseño a partir de los planos constructivos por Antonio da Sangallo el Joven y aunque incompleta, era la villa más sofisticada diseñada hasta el momento en Italia. De este modo, influyó de manera importante en los diseños posteriores de este tipo de edificio (este parece ser el único edificio moderno de Roma del cual Palladio hizo un dibujo medido).​ Solo quedan los planos de la planta baja de un gran palacio diseñado por él mismo a la nueva «Via Giulia», en el Borgo, para el cual estuvo acumulando el terreno en sus últimos años. Se encontraba en una manzana irregular cerca del río Tíber. Parece que las fachadas debían incluir una orden gigante de pilastras​ elevándose al menos dos plantas hasta la altura completa de la planta noble, «un estilo grandilocuente sin precedentes en un palacio de carácter privado». En 1515, le fueron otorgados poderes como "Prefecto" sobre todas las antigüedades que se desenterraran en la ciudad y hasta una milla alrededor de esta. Rafael escribió una carta al papa León sugiriendo medidas para impedir la destrucción de los monumentos antiguos, y propuso una inspección visual de la ciudad para registrar las antigüedades de manera organizada. La opinión del Papa era diferente, quería seguir reutilizando las antiguas fábricas para la construcción de San Pedro, pero quería que todas las inscripciones antiguas quedaran documentadas, así como también conservar las esculturas, antes de dar permiso para el uso de la piedra.
     Se le considera uno de los dibujantes más finos en la historia del arte occidental y uno de los que usó ampliamente el dibujo para planear sus composiciones. Según Armerina, experta en la vida del artista, cuenta, que cuando este empezaba a planear una composición, extendía en el suelo un gran número de dibujos que conservaba archivados, y comenzaba rápidamente a dibujar, utilizando figuras de «aquí y de allá».​ Han sobrevivido unos cuarenta bocetos de la Disputa de las Estancias y probablemente haya más entre las cuatrocientas hojas que se tienen actualmente de sus pre-diseños; bien solo constituyen una parte mínima de los que realizó el artista o hizo realizar por su taller bajo su supervisión.​ Hizo muchos dibujos para perfilar las posturas y las composiciones, aparentemente en cantidad superior a la de otros pintores, a juzgar por la gran cantidad de variantes que han sobrevivido: «... Es así como el mismo Rafael, que tenía tanta riqueza inventiva, solía trabajar, siempre partiendo de cuatro o seis maneras diferentes de exponer la escena, cada una de ellas diferente al resto, y todas ellas llenas de gracia y finura» escribió un autor tras la muerte de este.​ Para John Shearman, el arte de Rafael marca «un desplazamiento de los recursos desde la producción hacia la investigación y el desarrollo».​
     Su obra está acompañada de un inmenso corpus de dibujos, que constituyen un fundamental documento de apoyo de las obras pintadas, pero que deben ser entendidos e interpretados como un ámbito de investigación autónomo y original. Han sido catalogados por Fischer como una estancia romana.
     Ciertamente, desde el período umbro, el dibujo constituía una parte fundamental de su método de trabajo: se trata de esbozos o estudios principalmente al natural, útiles para enfocar un detalle de la composición, aunque debe reconocerse que los motivos del dibujo nunca son transferidos a la obra definitiva sin modificaciones ni variaciones.
     Cuando estaba satisfecho con una composición a menudo la trasladaba a cartón a escala real, que posteriormente perforaba con un punzón, dejando agujeros por donde dejaba pasar un poco de hollín, de modo que quedaban líneas en la superficie final como guía. También hizo un uso exhaustivo y poco habitual, tanto en papel como en yeso, de una «aguja ciega», marcando líneas que dejaban solo una hendidura, pero ninguna marca. Estas pueden ser vistas en el muro de La escuela de Atenas y en muchos otros dibujos. Los Cartones de Rafael, como diseños para tapices que eran, fueron completamente coloreados con pintura al temple, y fueron enviados a Bruselas para ser tejidos.
     En las últimas obras pintadas por el taller, los dibujos son a menudo mucho mejores que la pintura. La mayor parte de sus dibujos son bastante detallados, incluso los bocetos iniciales con figuras desnudas están cuidadosamente hechos, y los posteriores dibujos de preparación tienen un alto nivel de acabado, con sombreados y, a veces, zonas iluminadas en blanco. Carecían de la libertad y la energía de algunos de los bocetos de Leonardo o de Miguel Ángel, pero siempre muy satisfactorios desde el punto de vista estético. Fue uno de los últimos artistas en utilizar de manera habitual un dispositivo metálico, aunque también supo hacer un soberbio uso de la técnica más libre del carbón rojo o negro.​ En sus últimos años fue uno de los primeros artistas en usar modelos femeninos para dibujos preparatorios, aunque cabe mencionar que habitualmente se usaban hombres para estudio de ambos sexos. («Garzón»).
     Las técnicas son dispares: lápiz, sanguina, pluma, punta de plomo o de plata, bistre, albayalde, acuarela, trazos netos o esfumados, sobre papel blanco o coloreado.
     Rafael no hizo directamente los grabados, sino que buscó la colaboración de Marcantonio Raimondi para reproducirlos a partir de sus dibujos, colaboración que dio lugar a muchos de los grabados italianos más afamados del siglo y que marcó la evolución de este arte. Este interés por los grabados no es habitual entre los grandes maestros; de sus contemporáneos, solo Tiziano, quien trabajó con Raimondi, pero de una forma menos satisfactoria.​ Se hicieron alrededor de cincuenta planchas, algunas copiando pinturas conocidas de Rafael, pero otras aparentemente sobre diseños originales expresamente pensados por el maestro. Parte de estos dibujos preparatorios se ha perdido, y su existencia se conoce solamente porque Raimondi los trasladó al grabado.
     Los grabados originales más famosos surgidos de esta colaboración fueron Lucrecia, el Juicio de Paris y La masacre de los Inocentes (del que fueron grabadas dos versiones prácticamente idénticas). Entre los grabados basados en pinturas cabe destacar El Parnaso (con diferencias considerables respecto a la original)​ y Galatea. Fuera de Italia, los de Raimondi y otros fueron la principal vía de divulgación del arte de Rafael hasta el siglo XX. Baviero Carocci, llamado por Vasari «Il Baviera»,​ un ayudante a quien Rafael confiaba su dinero,​ se quedó en posesión de muchas de las planchas​ después de la muerte del artista, y tuvo éxito en la nueva ocupación de editor de grabados.
     Rafael vivía en Borgo, con bastante lujo y en un palacio diseñado por Bramante. Nunca se casó, pero en 1514 se comprometió con María Bibbiena, sobrina del cardenal Médici. Parece que su amigo, el cardenal, forzó el compromiso, y que la falta de entusiasmo del artista no hizo posible los esponsales antes de su muerte en 1520.​ Se ha dicho que tuvo varias relaciones amorosas, pero mientras vivió en Roma gozó de una relación permanente con Margherita Luti, «La Fornarina», llamada así por ser hija de un panadero (fornaio en italiano) de origen sienés llamado Francesco Luti, que vivía en la Via del Governo Vecchio.
     Fue nombrado mayordomo del Papa León X, lo que le daba un cierto estatus ante la corte y unos ingresos adicionales, así como también, caballero de la Orden Papal de la Espuela Dorada. Vasari afirma que estos nombramientos, y al igual que los muchos encargos hechos por estos, pudieron ser motivo y explicación del retraso de su casamiento.​ Según Vasari, su prematura muerte en un Viernes Santo (6 de abril de 1520, posiblemente el día de su aniversario treinta y siete) fue debido a una noche en la cual tuvo excesivas relaciones sexuales con «La Fornarina», tras lo cual enfermó con fiebre, y al no confesarle a los doctores la verdadera causa, no le fue administrado el cuidado correcto, lo que le causó la muerte.​ Fuese cual fuese la causa, en la agudización de su enfermedad, que duró quince días, pudo recibir la extremaunción y puso sus cosas en orden. Dictó su testamento, mediante el cual dejó suficiente dinero para manutención de su amante, confiado a su leal sirviente Baviera, y dejó la mayor parte del contenido de su taller a Giulio Romano, a Penni y a un desconocido sacerdote de Urbino que era pariente suyo. Cumpliendo su solicitud, fue enterrado en el Panteón de Roma en una tumba presidida por una escultura de la Madonna del Sasso.
     La biografía de Vasari dice que nació en Viernes Santo, y que en 1483, ese día fue el 28 de marzo. Esto significa que si Rafael efectivamente nació y murió en Viernes Santo, en realidad no murió el día de su cumpleaños, ya que el Viernes Santo de 1520 fue 6 de abril.​ Su funeral fue grandioso y acudió una gran multitud. La inscripción en su sarcófago de mármol, un pareado elegíaco escrito por Pietro Bembo, dice:
     ILLE HIC EST RAPHAEL TIMVIT QVO SOSPITE VINCI RERVM MAGNA PARENS ET MORIENTE MORI
     Puede traducirse como Aquí yace Rafael, por el que en vida temió ser vencida la naturaleza, y al morir él, temió morir ella.
     Y el conde Baldassare Castiglione escribió sobre su muerte de esta forma:
     "Por haber sanado con su arte médica el cuerpo herido de Hipólito y por haberlo sacado de las aguas estigias, el mismo Epidauro fue hundido en las aguas estigias. Así el precio de la vida supuso la muerte del artífice. Tú también, Rafael, mientras recomponías con admirable talento Roma mutilada en todo su cuerpo y el cadáver de la ciudad desgarrado por el hierro, el fuego y los años, y mientras devolvías a la vida su antigua dignidad, moviste la envidia de los de arriba y la Muerte se indignó de que pudieras devolver el alma a lo ya extinguido y de que tú despreciando su ley de nuevo reparases lo que el lento paso del tiempo había hecho desaparecer. Así, infeliz, rota tu primera juventud, ay, caíste recordándonos que todos nosotros y lo nuestro ha de morir."
     El retrato de Rafael que copia más directamente el modelo de la Gioconda es el de Maddalena Doni: el mismo corte con el busto entero, la misma articulación en el espacio, la misma evidencia de las manos en primer término. Ahora bien, la lectura comparada de las dos obras evidencia una profunda distancia en la concepción. Leonardo, al regresar a Florencia, llevaba consigo el fruto de los estudios milaneses sobre la realidad fenoménica y una actitud de tipo "científico", con base en la cual la indagación sobre la realidad estaba exenta de cualquier certeza a priori. Rafael llegaba a Florencia después de la experiencia de Urbino, que había desarrollado en él la concepción del arte como evidencia de la verdad representada en la perfección de la forma geométrica. El joven se mide con el más viejo Leonardo.
     Mientras Rafael trabajaba en la estancia de la Signatura, Miguel Ángel estaba dando vida, en la bóveda de la antigua capilla Sixtina, al otro monumento fundamental de la pintura renacentista. La comparación entre las dos obras es inevitable, aunque a decir verdad ya en los años florentinos Rafael había tenido ocasión de razonar sobre la interpretación miguelangeliana de la forma, extrayendo eficaces sugerencias. Pero en Roma, algunas figuras de la bóveda de la stanza della Segnatura, en particular las personificaciones de las Virtudes, están concebidas según una monumentalidad nueva, plasmadas en gigantescos altorrelieves, articuladas en posturas construidas por líneas quebradas, alejadas del flujo armónico del ritmo clásico propio de Rafael. La cuestión es cómo el artista pudo ver la bóveda de Miguel Ángel, que fue descubierta después de la conclusión de la stanza della Segnatura. Vasari cuenta que Rafael, con la complicidad de Bramante, habría aprovechado una breve ausencia de Miguel Ángel para subir a los andamios de la Sixtina; otras versiones cuentan que el Papa Julio II permitió el acceso a Rafael a la sala. Pero el relato no es creíble; es más probable que las Virtudes fueran realizadas después de un descubrimiento parcial de la Sixtina.
     La Roma de los papas, donde Rafael ocupa una posición de gran prestigio, es el escenario ideal para que la obra del pintor supere los límites de su propia actividad y llegue a otros ámbitos más lejanos. En ese sentido debe considerarse la relación con el gran pintor alemán Alberto Durero, testimoniada por una serie de documentados intercambios epistolares, fechados en 1515. Ese año Rafael envía a Durero un dibujo para la Batalla de Ostia, sobre el que el propio Durero anota en alemán:
     Rafael de Urbino, que ha sido tan estimado por el papa, ha hecho estas figuras desnudas y las ha enviado a Alberto Durero a Nuremberg, para mostrarle un trabajo de su mano.
     Entre los dos artistas se produce un intercambio de ensayos; de este modo, el pintor alemán envía un autorretrato a la grisalla y algunos grabados, que despiertan el interés de Rafael por esa técnica, en la que hizo especializarse a su alumno Marcantonio Raimondi. No se han documentado relaciones más precisas, pero el análisis de algunas obras de los dos artistas revela ese intercambio recíproco.
     Gozó de la admiración de sus contemporáneos, aunque su influencia en el desarrollo del arte en su siglo fue menor que la de Miguel Ángel. El manierismo, que comenzó más o menos en el tiempo de su muerte, y el barroco posterior, llevaron el arte en una «dirección completamente opuesta» a las cualidades rafaelinas; «con la muerte de Rafael, el arte clásico —el Alto Renacimiento—se hundió», según manifiesta Walter Friedlander.​ Sin embargo, pronto fue considerado como modelo ideal para aquellos que detestaban los excesos del manierismo:
     La opinión ... generalmente mantenida a mediados del siglo XVI era que Rafael representaba el pintor idealmente equilibrado, universal en su talento, completo en todos los sentidos, y respetuoso con todas las reglas que supuestamente debían gobernar las artes, mientras que Miguel Ángel era el genio excéntrico, más brillante que otros artistas en su campo particular, el dibujo del desnudo masculino, pero desequilibrado y carente de ciertas cualidades, como la gracia y la contención, esenciales para un gran artista. Quienes, como Dolce y Pietro Aretino, que sostenían este punto de vista fueron generalmente los supervivientes del Humanismo renacentista, incapaces de apoyar a Miguel Ángel por su deriva manierista.
     Las composiciones de Rafael han sido siempre admiradas y estudiadas, y se han convertido en «joya» del arte académico. El período de mayor influencia se extendió desde finales del siglo XVII hasta finales del siglo XIX, en que fueron muy admirados tanto su perfecto equilibrio como su decoro. Fue visto como el modelo perfecto de la historia de la pintura, y al mismo tiempo era considerado como el más elevado de la jerarquía de géneros. Sir Joshua Reynolds, en su obra Discursos, alabó su «simple, grave y majestuosa dignidad» y dijo que «se sitúa como el principal de los primeros [sobre los mejores] pintores», especialmente por sus frescos (entre los que incluía los Cartones), mientras que «Miguel Ángel reclama el siguiente lugar. No poseía tantas cualidades excelsas y descomunales como Rafael, pero las que poseyó eran del más alto nivel». Haciéndose eco de las opiniones del siglo XVI expresadas anteriormente, Reynolds concluye:
     La excelencia de este hombre extraordinario radica en el decoro, belleza y majestad de sus personajes, la juiciosa organización de su composición, la corrección del dibujo, la pureza de gusto y la talentosa adaptación de contribuciones ajenas a sus propios objetivos . Nadie le superó en este juicio, en saber unir la propia observación de la naturaleza, la energía de Miguel Ángel y la belleza y simplicidad del arte antiguo. Por tanto, a la pregunta de quién debería ostentar el primer puesto, Rafael o Miguel Ángel, debería contestarse, que si fuese a concederse a quien posee cualidades en el arte superiores a cualquier otro, no hay duda de que Rafael es el primero. Pero si, según Longinos, lo sublime, considerado como la mayor obra que el hombre puede conseguir, compensa abundantemente la ausencia de cualquier otra belleza y neutraliza cualquier otra deficiencia, entonces Miguel Ángel pediría la preeminencia.
     Reynolds mostraba menos entusiasmo por las pinturas de caballete de Rafael, pero la ligera sentimentalidad que desprenden las hizo muy populares durante el siglo XIX: «Nos hemos acostumbrado a ellas desde la infancia, a través de un enorme número de reproducciones, cosa jamás hecha por algún otro artista...» escribió Wölfflin, quien había nacido en 1862, sobre la obra Las Vírgenes del florentino. En Inglaterra, en el siglo XIX, la Hermandad Prerrafaelista reaccionó explícitamente en contra de su influencia (y también en contra de la de sus admiradores, como «Sir Sploshua»), en busca de un retorno hacia los estilos anteriores a su «nefasta» influencia. Según John Ruskin:
     La maldición de las artes en Europa vino de esta cámara [la Stanza della Segnatura], provocada en gran parte por las grandes cualidades del hombre que había marcado el inicio del declive. La perfección de la ejecución y la belleza formal características de su obra y de la de sus contemporáneos hicieron del acabado de la ejecución y la belleza de la forma del objeto clave de todos los artistas, y desde entonces la ejecución fue considerada más importante que la idea, y la belleza más importante que la verdad. Y como os decía, estas son las dos causas secundarias del declive del Arte, siendo la primera de ellas la pérdida del propósito moral. Hay que expresarse claramente. En el arte medieval, la idea es el elemento principal, la ejecución en segundo lugar, en el arte moderno la ejecución es el elemento más importante, y la idea el segundo. Y nuevamente, en el arte medieval la verdad es el elemento más importante, la belleza va en segundo lugar, en el arte moderno la belleza es el elemento principal, y la verdad el segundo. Los principios medievales hicieron ascender el arte hacia Rafael, y los principios modernos lo hicieron descender desde él.
     Todavía en el siglo XX fue considerado por críticos como Bernard Berenson como el «más famoso y más querido maestro del Alto Renacimiento», pero todo indica que en este siglo fue superado en aprecio por Miguel Ángel y Leonardo.



     La calle Rafael está situada en la barriada El Señorío de Burguillos. Va de la avenida Van Gogh, a la avenida Rodin y tiene una longitud de 250 metros aproximadamente, siendo unidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado, asfaltada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por viviendas unifamiliares de distintas promociones inmobiliarias de una y dos plantas en altura, formando parte de una zona residencial.
   La calle Rafael es, históricamente, una vía moderna el callejero burguillero, puesto que fue creada a comienzos del siglo XXI con el boom inmobiliario que se produjo en nuestro pueblo, de ahí su estilo impersonal, muy característico de todas las urbanizaciones contemporáneas no sólo de nuestro pueblo, sino de todo el urbanismo actual.