Cada lunes una nueva entrada con una noticia sobre Historia, Arte, Geografía, Bibliografía, Patrimonio, Fotografía, Hemeroteca, ... de nuestro pueblo: BURGUILLOS

Historia, Patrimonio, Arte, Bibliografía, Hemeroteca, ... sobre nuestro pueblo: BURGUILLOS

lunes, 10 de agosto de 2026

Actualidad - Hemeroteca - Documentación: El artículo "La Iglesia en Burguillos a fines del siglo XVII, a través de la Visita Pastoral de 1681", de Salvador Hernández González en "Patrona de Burguillos", Boletín de la Hermandad de la Virgen del Rosario de Burguillos nº 13, de 2007, pág. 74, 75, y 77

     Mostramos en Historia de Burguillos, el artículo publicado por Salvador Hernández González en el Boletín "Patrona de Burguillos", del año 2007 que hace el nº 13, desde que surgió en el año 1995, (aprovechando que con las recién iniciadas obras de nueva pavimentación de la Iglesia de Burguillos, y ante la aparición de restos óseos de Burguilleros, muchos de ellos hermanos de la Hermandad de la Virgen del Rosario y devotos de la Virgen, enterrados en la Iglesia, y en concreto en esa posible cripta que mencionaba el párroco y que al parecer, se halla bajo el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, ubicación que ocupó la Hermandad de la Virgen desde sus orígenes, allá por 1547 -de momento- y hasta 1783 en que pasó a presidir la Capilla Sacramental) dentro de la sección "Historia", se titula "La Iglesia en Burguillos a fines del siglo XVII, a través de la Visita Pastoral de 1681" (páginas 74, 75 y 77), que seguro es de utilidad para conocer mucho mejor nuestra Parroquia, y que paso a transcribir íntegramente:




     La vida religiosa en Burguillos a lo largo de la Edad Moderna, esto es, durante los siglos XVI al XVIII, gravitó en tomo al templo parroquial de San Cristóbal Mártir, el convento de Terceros Franciscanos de Sancti Spíritus del Monte y la ermita de San Sebastián. Tales edificios, de los que sólo nos ha llegado como sabemos la Parroquia, aglutinaron entre sus muros las devociones locales y concentraron un patrimonio artístico que ha sufrido a lo largo de su historia diferentes vicisitudes. Por ello en esta ocasión queremos hacer un recorrido por los edificios religiosos de nuestro pueblo a fines del siglo XVII, tomando como base el informe de la Visita Pastoral efectuada en Burguillos el 23 de noviembre de 1681 por el Visitador Don Pedro de Castaños Galindo (1).
     Con el objetivo del mejor control de la vida eclesiástica y la administración de los bienes temporales de la Iglesia, el Concilio de Trento hizo obligatoria la práctica de la Visita Pastoral, consistente en la inspección del territorio diocesano por medio de unos funcionarios eclesiásticos, designados al efecto, los Visitadores. Al llegar a la parroquia, el Visitador no sólo inspeccionaba la fábrica material del templo -estado de conservación y limpieza de altares, ornamentos sagrados, etc.-, sino que también tomaba las cuentas a las hermandades y cofradías allí establecidas, al tiempo que pedía informes sobre las prácticas piadosas, costumbres y nivel de moralidad de los fieles, e incluso dejaba por escrito algunas consideraciones demográficas y socioeconómicas sobre la vida local. Para el Arzobispado de Sevilla, estos informes se escalonan entre los siglos XVII y XIX, constituyendo una valiosa fuente no sólo para el conocimiento de la vida religiosa en épocas pasadas, sino para el estudio de la historia local por la variedad de aspectos complementarios que se recogen en estos informes.
     En el caso del Burguillos, el informe más antiguo es éste de la Visita de 1681 efectuada por el citado Don Pedro de Castaños Galindo, quien llegó a la localidad el 22 de noviem­bre. Al día siguiente se dirigió a la Parroquia, donde siguiendo el ritual propio de la Visita Pastoral, comenzó la inspección por el sagrario del altar mayor, donde el Santísimo Sacramento se veneraba en un relicario de plata. De aquí se pasó a la pila bautismal, "que es [de] piedra y está en un cuarto que tiene puerta a la iglesia". En esta capilla bautismal se guardaban también los Santos Oleos y el crisma en tres ampolletas de plata. Y en el Archivo Parroquial fueron reconocidos los libros sacramentales -de bautismos y desposorios-, que se hallaban en regla.
     Muy interesante es la descripción que el Visitador nos hace del templo parroquial, no sólo por reflejar el aspecto que el edificio mostraba antes de las grandes reformas barrocas del siglo XVIII que le dieron su impronta actual, sino también por describimos el primitivo patrimonio de retablos, esculturas y pinturas, reemplazadas por otras en el Setecientos.
     En este momento el templo se describe compuesto por una sola nave, con dos puertas y campanario "con tres campanas grandes y pequeñas". El presbiterio o capilla mayor "es de bóveda" y el resto de enmaderado. La iglesia debía mostrar todavía visible su primitiva estructura mudéjar en su única nave cubierta con techumbre de madera, separada - a través del arco toral, que primitivamente fue apuntado y hoy lo es de medio punto- del presbiterio, cubierto éste tal vez con bóveda de crucería gótica o bien con bóveda de paños sobre trompas, modalidades de cubiertas ampliamente extendidas en la arquitectura medieval del valle del Guadalquivir. El imafronte o fachada principal de la iglesia estaba coronado por una espadaña -antecesora de la actual barroca- en la que se albergaban tres campanas, entre grandes y pequeñas.
     El templo debió erigirse al compás del nacimiento de la propia villa en la Baja Edad Media, como lo prueba el que la localidad ya aparezca citada en el denominado Libro Blanco del Archivo de la Catedral de Sevilla, redactado en torno a 1411 y en el que se recoge la red de parroquias de la Archidiócesis hispalense.
     La vetustez de la iglesia y la modestia de sus materiales constructivos determinaron bien pronto la necesidad de reparaciones. Así ya en julio de 1643 el Cabildo de la Catedral de Sevilla había concedido al Concejo de Burguillos 50 ducados "para labrar la iglesia que está caída" (2). Y ahora este informe de 1681 señala que "necesita de aderezarse la capilla mayor porque amenaza ruina", habiéndose estimado las reparaciones por un maestro de obras en 1.700 reales. Aunque no sabemos si se acudió pronto al remedio de estos daños, lo cierto es que la situación del templo fue requiriendo de nuevas intervenciones, que se intensificarán a lo largo del siglo XVIII. A comienzos de la nueva centuria, el cabildo de la Catedral de Sevilla -que tenía entre sus competencias el control de los presupuestos de obras de los templos de la Diócesis a través del cobro y distribución del importe del impuesto del diezmo- encomendó en febrero de 1703 a José Tirado, maestro mayor de obras del Arzobispado, la visita de la parroquia de San Cristóbal de Burguillos, entregando memoria de obras por 5.000 reales, para cuyo pago se aplicó el producto de los diezmos de los años 1701 y 1702 (3). Andando el siglo se acometerán nuevas obras, como las presupuestadas en 1730 por Diego Antonio Díaz en la cantidad de 10.000 reales de vellón, centradas en las cubiertas de la nave y capilla mayor y otros reparos menores; y los trabajos de ampliación del templo desarrollados entre 1774 y 1779, con la participación de los maestros mayores Ambrosio de Figueroa, José Álvarez y Pedro de Silva, y que consistieron en la reforma de la capilla mayor y el añadido de la nave derecha o de la Epístola, actual del Sagrario (ya que la contraria o del Evangelio se hallaba como en nuestros días dedicada a dependencias de servicio de la iglesia), además de la remodelación de los exteriores para darle la impronta clasicista con la que la Parroquia ha llegado a nuestros días (4).
     El informe de 1681 también nos describe los altares que ornamentaban el interior del templo, anteriores todos a los que podemos contemplar hoy, pues como quedó dicho las reformas del siglo XVIII supusieron la renovación del ajuar del templo. Así el templo contaba en 1681 con cinco altares. El mayor, al que se accedía subiendo unas gradas, tenía "un retablo dorado antiguo con pinturas y el sagrario". Tal retablo pictórico de estilo tardogótico o bien renacentista, cuya iconografía silencia el documento, aunque lógicamente debió dedicarse a San Cristóbal, titular del templo, acabaría siendo sustituido por el actual barroco, realizado entre 1754 y 1756 por Juan Cano Zamorano (5).
     En el muro izquierdo de la única nave que como vemos componía el templo se disponían dos altares. El primero, colateral al altar mayor, estaba dedicado a Nuestra Señora del Rosario, imagen descrita como "de media talla", es decir, de candelero para vestir, al mostrar como se sabe sólo talladas las manos y el rostro. La cita contribuye, en definitiva, a afianzar la antigüedad de la imagen de la Patrona de Burguillos, cuya presencia en el templo ya se documentó a través de escrituras notariales del siglo XVII, como inventarios y mandas testamentarias (6). El segundo altar contenía un cuadro que representaba a Santa Ana y la Virgen, que no ha llegado a nuestros días.
     Los restantes dos altares se ubicaban en el muro derecho o de la Epístola. El colateral de esta parte del templo albergaba la imagen de un Crucificado, ejecutado en pasta, que debe identificarse con el titular de la extinguida cofradía de la Vera Cruz, activa entre al menos 1660 y 1864, fechas extremas del libro de esta hermandad conservado en el Archivo Parroquial (7). Este Cristo de la Vera Cruz, que no hay que confundir con el del Voto (existente éste como es sabido en el templo y que procede del desaparecido convento de Sancti Spíritus), se conservó en la parroquia hasta comienzos del siglo XX, según se recoge en algún inventario del templo, pereciendo por la escasa calidad del material en que estaba ejecutado. El siguiente altar estaba integrado por las pinturas de "Nuestra Señora, un Santo Cristo, San Pedro y San Pablo", obras igualmente desaparecidas.
     En la parroquia se hallaban establecidas cuatro hermandades (8): Santísimo Sacramento, Nuestra Señora del Rosario, Santa Vera Cruz y San Cristóbal, de las cuales el Visitador Don Pedro de Castaños Galindo reconoció los libros de cuentas tomadas a sus respectivos mayordomos, revisándolas y aprobándolas.
     El templo estaba atendido por Don Francisco López Tala­vera, de 36 años de edad, natural de Jerez de la Frontera, quien se había ordenado de sacerdote en 1675. El Visitador señala que "aunque celoso del cumplimiento de su obligación, es poco prudente. Los feligreses están mal con él y han dado de su modo de portarse algunas quejas". La autoridad eclesiástica había nombrado como sacristán a Pablo Sánchez, aunque al ser éste forastero y no haber dado fianzas sobre el desempeño de su cargo, ejercía como tal Juan Femández Alguero, ''persona conocida y de satisfacción y que cumple con la obligación de su oficio". Las rentas de fábrica de la Parroquia ascendían al año a 58.595 maravedís, a los que se agregan como producto del pago del diezmo la cantidad de 20 a 25 fanegas de pan y la cifra de 6.000 a 8.000 maravedís en metálico.
     Tras la descripción de la Parroquia, el Visitador anotó algu­nas consideraciones de interés sobre el pueblo. En este sentido señala que Burguillos dista 3 leguas de Sevilla y se sitúa "a la falda de Sierra Morena, camino de Extremadura". Sus vecinos, considerados por el Visitador como "mal inclinados" se dedicaban a la labor agrícola y algo de ganadería, "de todo poco". El total de la población era estimado por Don Pedro de Castaños Galindo en 56 vecinos, entendidos éstos como cabezas de familia, por lo que la población total en palabras del mismo informante ascendía a 265 personas de confesión o comunión, "sin otras que por falta de edad no son capaces de estos sa­cramentos". A tan corta población debía corresponder un casco urbano ciertamente exiguo, integrado por las actuales calles Real, Portugal y de la Fuente, cuyos inmuebles son los que figuran en las escrituras notariales otorgadas en Burguillos durante los siglos de la Edad Moderna.
     La jurisdicción civil de la villa pertenecía en este momento a Doña Francisca de Torralba, predecesora de la familia Bernardo de Quirós, señores jurisdiccionales de Burguillos en el siglo XVIII. Tengamos en cuenta que nuestro pueblo, nacido en las repoblaciones de la Baja Edad Media (9), perteneció a la jurisdicción realenga durante los siglos XV y XVI, como lugar de la denominada "Tierra de Sevilla" y sujeto por tanto al control del Ayuntamiento sevillano, hasta que en el siglo XVII su jurisdicción fue vendida junto con la de otras poblaciones por el Concejo hispalense a particulares, convir­tiéndose desde entonces en lugar de señorío secular.
     El titular del señorío debió contar con residencia de cierta categoría, similar al tipo de las haciendas señoriales propias de la comarca del Aljarafe, conformando un complejo constructivo en el que se engarzaban la zona noble o residencial del señor y dependencias de servicio como almacenes, graneros, molinos, etc. Por ello, siempre hemos sospechado que la man­zana de casas de la calle Real frontera al actual Ayuntamiento formó parte de este núcleo señorial, del que pueden todavía identificarse algunos elementos aislados, como la torre contra­ peso del molino y algún almacén.
     Esta residencia de los señores de la villa contó incluso con oratorio o capilla privada, siguiendo así la costumbre de las clases privilegiadas -nobleza y clero- de gozar en sus domicilios de este lugar de oración, prerrogativa que obtenían tras las pertinentes gestiones ante la autoridad eclesiástica. Así en el caso de Doña Francisca de Torralba, señora de la villa de Burguillos en 1681, el Visitador apunta que su oratorio estaba autorizado por Breve Pontificio y licencia del Provisor del Ar­zobispado de Sevilla del 11 de mayo de 1619, renovada el 30 de enero de 1673, hallándose "con todo aseo para poderse en él celebrar". Esta capilla quizás pueda identificarse con una construcción todavía en pie junto al solar del desaparecido cuartel de la Guardia Civil, cubierta con tejado a dos aguas, en la que se abren unas altas y estrechas ventanas y cuyos muros muestran una articulación a base de pilastras similares a las de la Iglesia Parroquial.
     Cerca del pueblo, en el camino de Alcalá del Río y en la zona denominada en su recuerdo como "la Cruz de la Ermi­ta", se levantaba la desaparecida ermita de San Sebastián, que en 1681 estaba a cargo de la cofradía del Santísimo Sacramento. El edificio era de una nave y contaba con un solo altar donde se veneraba la escultura del Santo, interesante obra del gótico tardío fechable a fines del siglo XV o comienzos del XVI, emplazada hoy en una de las hornacinas laterales del retablo mayor de la Parroquia. La ermita "no tiene ermitaño y de presente necesita de algunos reparos".
     Por último hay que referirse dentro de este recorrido por las instituciones eclesiásticas de la localidad al convento de Sancti Spíritus, perteneciente a la Orden Tercera de San Francisco, por lo que sus miembros eran conocidos bajo la denominación de terceros o terciarios franciscanos. Tenemos escasas noticias de este convento de la orden seráfica, que parece se fundó en la Baja Edad Media dentro del contexto de la oleada de franciscanismo que invadió la comarca de la Vega sevillana y dio origen a la fundación de cenobios en poblaciones como Peñaflor, Lora del Río, Cantillana, Villaverde del Río y La Algaba. A mediados del siglo XVI, concretamente en 1567, este convento contaba con una comunidad integrada por 13 religiosos. El edificio tenía en dicha fecha "una iglesia nueva y dormitorio de trece celdas, y un razonable refectorio y cocina, con algunas oficinas y dos claustrillos comenzados a hacer" (10). El informe de la Visita Pastoral de 1681 señala que esta casa franciscana se halla "media legua distante del lugar, dentro de Sierra Morena", lo que en efecto coincide con el emplazamiento de sus ruinas al pie de las primeras estribaciones de la Sierra Norte sevillana. La comunidad, integrada por 21 religiosos, era presidida por Fray Alonso de Castañeda, aunque la vida conventual no transcurría precisamente en un ambiente beatífico. La situación conflictiva en que vivían estos franciscanos queda gráficamente reflejada por el Visitador Don Pedro de Castaños Galindo cuando afirma que "están muy inquietos porque los superiores les han reformado el modo de vivir y quitado las salidas fuera. Y han tenido algunos pleitos entre sí y llegado a las manos. Y durante la visita hubo uno [pleito] y salieron fugitivos dos religiosos".
     Afloraba, en definitiva, la lucha entre el rigor de la observancia de la regla, especialmente acentuado en conventos emplazados en lugares yermos y deshabitados como este de Sancti Spíritus, y la relajación de costumbres de algunos religiosos incapaces de asumir los preceptos a los que les obligaba su estado. Ante esta situación de degradación nada podía hacer el Visitador del Arzobispado, ya que la autonomía de que gozaban las órdenes religiosas con respecto a la jurisdicción eclesiástica ordinaria reducía a mero testimonio informativo las noticias recogidas en el desarrollo de la Visita Pastoral. La misma denuncia de inmoralidad se formula en este informe a propósito del mercedario fray Eugenio de Herrera, quien tras predicar en cierto año durante la Cuaresma se quedó como párroco de Burguillos, donde causó escándalo por sus relaciones con una mujer.
     En definitiva, a través de este interesante informe de 1681 se dibuja la situación de la vida religiosa en el Burguillos de fines del siglo XVII, lo que nos ha permitido rescatar aspectos tan interesantes como la distribución de la Parroquia antes de las grandes reformas barrocas, la desaparecida ermita de San Sebastián, las hermandades, el convento de San Francisco y la situación jurisdiccional y socio- económica de la villa en plena época del Barroco.

SALVADOR HERNÁNDEZ GONZÁLEZ

(Bibliografía)
(1). ARCHIVO GENERALDELARZOBISPADO DE SEVI­LLA, Fondo Arzobispado, sección II (Gobierno), serie Visitas, legajo 05156, ramo 2: Visita de Burguillos (1681).
(2). CRUZ ISIDORO, Fernando: Arquitectura sevillana del siglo XVII. Maestros mayores de la Catedral y del Concejo hispalense. Universidad de Sevilla, 1997. Pág. 92.
(3). Ibídem, pág. 148.
(4). VELAZQUEZ GALLEGO, Joaquín: "La Iglesia de Burguillos. Su arquitectura e historia", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos, n ° 7 (septiembre - octubre de 2001), págs. 15 - 17.
(5). HALCON, Fátima - HERRERA, Francisco Javier - RECIO MIR, Álvaro: El retablo barroco sevillano. Sevilla, 2000. Pág. 507.
(6). HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: "En torno a los orígenes de la devoción a Nuestra Señora del Rosario en Burgui­llos: noticias del siglo XVII", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos n º 9 (septiembre - octubre de 2003), pág. 77; y "Las mandas pías testamentarias", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos n º 10 (octubre de 2004), págs. 77 - 81.
(7). ROMERO GALLARDO, Rafael: "Burguillos'', en Catálogo de los Archivos Parroquiales de la provincia de Sevilla. Banco Español de Crédito, 1992. Vol. I, pág. 134.
(8). HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: "Aproximación a una estadística de hermandades y cofradías en Burguillos durante los siglos XVI al XVIII", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos n º 12 (octubre de 2006), págs. 28 - 29.
(9). GORDON BERNABE, María Dolores: Toponimia sevilla­na. Ribera, Sierra y Aljarafe. Diputación Provincial de Sevilla, 1995. Págs. 74 - 75.
(10). CASTRO, Manuel de: "Desamortización de terciarios re­gulares franciscanos en el reinado de Felipe II'', en Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo CLXXX (1983), pág. 79.

lunes, 3 de agosto de 2026

Actualidad: Lamentablemente, teníamos razón

      Lamentablemente, teníamos razón en lo que comentábamos en la entrada del pasado lunes 13 de julio de 2026, cuando haciéndonos eco del inicio de las obras para colocar una nueva solería para la Iglesia de nuestro pueblo, han aparecido restos humanos bajo el actual suelo, lo cual era más que previsible (tal y como mencionábamos en esa misma entrada con documentación precisa aportada del único libro editado sobre la historia de nuestro pueblo "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia", de 1999, o las aportaciones en sucesivas entradas de artículos publicados en el Boletín "Patrona de Burguillos" de los años 2004 y 2008, o los comentarios de todos aquellos que estuvieron presentes en las obras de inicios de los años '70, o el propio comentario del párroco tras la celebración de la eucaristía del domingo anterior, 12 de julio, sobre el hecho de que si aparecían restos humanos serían trasladados a la posible cripta que al parecer se encuentra bajo el altar del Retablo de las Ánimas Benditas), y que se han confirmado según el comunicado de la parroquia del pasado viernes 31 de julio, y no, como algunos piensan, no me alegro de ello.

     De todo lo acontecido se deduce la errónea elección de la fecha de ejecución de las obras, algo que ya parece irreversible. De todo ello solo cabe esperar que el equipo de arqueólogos realicen su trabajo y arrojen luz sobre aspectos históricos-artísticos de nuestro edificio más emblemático.
     No puedo dejar de lado la necesidad imperante de crear una Asociación como hay en otras localidades que vele por la defensa del Patrimonio Histórico Artístico de nuestro pueblo. En Burguillos estoy seguro hay muchas personas que se unirían a ella, pues se que somos varios los licenciados en Geografía e Historia, Prehistoria y Arqueología, Historia, Historia del Arte, y también estudiantes en esas materias, e incluso graduados en los nuevos planes de estudio de esas materias, y por supuesto aficionados en estos asuntos o que sólo quieren defender lo nuestro. Yo soy el primero en entonar el "mea culpa" por no haberlo intentando antes, pues seguro se habrían evitado algunas de las supuestas "restauraciones" practicadas contra nuestro patrimonio, que hubiesen evitado el lamentable resultado final. No dudo en la buena voluntad de algunos, pero es absolutamente necesario, rodearse y consultar a los entendidos en la materia. 



     Deberíamos tomar ejemplo de pueblos tan cercanos como por ejemplo Esquivel (pedanía de Alcalá del Río) que ha tomado conciencia de ser una población referente en su modelo urbanístico, pese a lo reciente de su creación (Asociación Cultural y Patrimonio de Esquivel), o ADEPA en Sevilla, o esas Hermandades que se apoyan en asesores artísticos para no seguir criterios personalistas, teniendo conocimiento histórico-artístico de la idiosincracia de una corporación para acometer nuevas adquisiciones o restauraciones del legado que atesoran.
     Y finalmente, no me queda más remedio que anunciar que pese a la petición de que se retiraran las mentiras e insultos hacia mi persona, éstos no han cesado... y ya está bien. Repetir una y otra vez la misma mentira, no la convierte en verdad: JAMÁS HE DENUNCIADO A NINGÚN CURA (Fue justamente lo contrario), NI JAMÁS HE PERDIDO JUICIO ALGUNO (porque fundamentalmente no se celebró juicio alguno), NI SE ME HAN PERDONADO 20.000 € (si no hay juicio, no hay pena),... No se puede decir alegremente falsedades y mentiras, pretendiendo que todo salga gratis. Si no elimina esos comentarios, nos vemos en los tribunales.



     Y también, responder a ese "señor" que se esconde bajo un perfil falso, pero que parece ser tiene gran conocimiento de la actualidad, historia y economía de la parroquia:
     Le comento que siempre he colaborado con la parroquia, siempre, y ahora no iba a ser menos, colaborando en alguna de esas huchas que se han repartido, y tirando de historia, por ejemplo, junto con cuatro hermanos del Grupo Joven, allá por el año 1996 nos fuimos a un programa de televisión consiguiendo 665.000 pts de entonces, donándolo íntegramente para restaurar el Retablo de la Capilla Sacramental; Cáritas parroquial ha hecho uso gratuito de un local (del cual soy copropietario); he sido catequista; y finalmente realicé el último Inventario Histórico-Artístico realizado en la parroquia de forma profesional, por supuesto de manera altruista (y del que me han pedido copia en alguna que otra ocasión en los cambios de párrocos),.... ahí tiene parte de mi colaboración con la Iglesia de mi pueblo...
     En definitiva, esperemos que los profesionales hagan su trabajo, y más pronto que tarde podamos conocer ese informe que debe ser público para que todos conozcamos más y mejor nuestra parroquia.


lunes, 27 de julio de 2026

Actualidad - Hemeroteca - Documentación: El artículo "La devoción a Nuestra Señora del Rosario en la primera mitad del siglo XVIII (1700-1750), a través de los legados testamentarios", de Salvador Hernández González en "Patrona de Burguillos", Boletín de la Hermandad de la Virgen del Rosario de Burguillos nº 14, de 2008, pág. 77

     Mostramos en Historia de Burguillos, el artículo publicado por Salvador Hernández González en el Boletín "Patrona de Burguillos", del año 2008 que hace el nº 14, desde que surgió en el año 1995, (aprovechando que con las recién iniciadas obras de nueva pavimentación de la Iglesia de Burguillos, es más que probable surjan restos óseos de Burguilleros, hermanos de la Hermandad de la Virgen del Rosario enterrados en la Iglesia, y en concreto en esa posible cripta que mencionaba el párroco y que al parecer, se halla bajo el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, ubicación que ocupó la Hermandad de la Virgen desde sus orígenes, allá por 1547 -de momento- y hasta 1783 en que pasó a presidir la Capilla Sacramental) dentro de la sección "Historia", se titula "La devoción a Nuestra Señora del Rosario en la primera mitad del siglo XVIII (1700-1750), a través de los legados testamentarios" (página 77), y que paso a transcribir íntegramente:


     En otra ocasión y desde esta misma publicación dimos a conocer el interés de la documentación de los protocolos notariales para el estudio de los orígenes y la evolución del culto a Nuestra Señora del Rosario en nuestra localidad (1). Allí subrayamos el interés de los testamentos como fuente para el estudio de la religiosidad local de la Edad Moderna, al reflejarse en las cláusulas de estas escrituras de última voluntad las mandas pías y legados a la Patrona de Burguillos, que los fieles hacían movidos por la intensa devoción que nuestra localidad siente por su Virgen desde hace siglos.
     Ahora nos vamos a centrar en la franja cronológica de la primera mitad del siglo XVIII, analizando por tanto las escrituras notariales otorgadas en Burguillos entre 1700 y 1750 (2), décadas que vienen marcadas por el auge de la religiosidad del Barroco pleno y época en que la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario se halla plenamente consolidada en su vida corporativa, como lo demuestra la documentación conservada.
     Las escrituras analizadas revelan, al igual que en el siglo XVII, que nuestros antepasados que vivieron en el Setecientos, no olvidaban a nuestra Patrona a la hora de la muerte, teniéndola como segura valedora en el tránsito a la Eternidad. Tales dádivas podían adoptar varias fórmulas, como el encargo de misas ante el altar de la Virgen, el enterramiento cerca del mismo o la limosna en especie.
     La primera fórmula, las misas ante el altar de la Virgen del Rosario en sufragio por el alma del testador, es la más abundante. La modestia económica de Burguillos en esta centuria hace que los testadores estipulen, por lo general, la celebración de una misa por su alma en el altar de nuestra Patrona. Este el caso de Juan Martín Valero (22 de junio de 1701), Juan Martín Maya (28 de junio de 1702), Ana de la Cruz (21 de abril de 1704), Francisca Romero (4 de junio de 1704), Gaspar de los Reyes (quien el 26 de noviembre de 1704 estipula la celebración de una misa cantada a honor de la Inmaculada Concepción, a celebrar en el altar del Rosario), Juana Ruiz (12 de diciembre de 1704), Isabel Mateos (7 de mayo de 1707), María Jiménez (29 de septiembre de 1718), María González Robledo (14 de noviembre de 1724), María de Jesús (27 de abril de 1731), Gregorio Martín (23 de marzo de 1733), Carlos García (sin fecha, pero en el mismo año 1733) y José Moreno (1 de abril de 1748). El doble de misas piden en su testamento Dominga de Valdemoro (26 de agosto de 1711), "por promesas que tengo a Nuestra Señora del Rosario", Lucas Falcón Díaz (2 de agosto de 1719), Juan Martín Frías (17 de diciembre de 1719) y Gregorio Martín (20 de julio de 1748). Y tres misas fija Doña Juana Gómez en su testamento del 12 de marzo de 1715.
     Algunos vecinos mucho más acaudalados pueden mostrarse especialmente pródigos en la demanda de misas ante el altar de Nuestra Señora del Rosario. Seis misas solicitan Juan Guillén (testamento de 10 de enero de 1705, renovado por otro de 21 de diciembre de 1707), Doña Juana Jiménez de Orillana (25 de enero de 1717) y Francisco Mateos (11 de enero de 1740), por ''promesa que tenía hecha". Nueve misas son las que fijan Juan Martín Maya el Menor (6 de junio de 1709) y Bartolomé Camacho (17 de marzo de 1713), quien señala una limosna de 12 reales por cada misa. Y en un alarde de generosidad, Diego Falcón (5 de marzo de 1727) e Ignacia de Cevallos (31 de mayo de 1745) costean la celebración de 15 misas. Por su parte, Lorenza de Ortiz ordena, en su testamento de 16 de diciembre de 1726, que se digan por su alma 25 misas rezadas, a repartir entre los altares de Nuestra Señora del Rosario, Santo Cristo de la Vera Cruz y Santa Ana, dando por cada misa una limosna de 2 reales y cuartillo. El mismo número de sufragios pide Francisca Rodríguez Ceballos el 17 de julio de 1729, a repartir entre los altares del Rosario, Vera Cruz y San Cristóbal, en la Parroquia de Burguillos; Nuestra Señora de la Soledad, en Cantillana; San Antonio, en el convento de San Francisco del Monte de Villaverde; Nuestra Señora de Aguas Santas, en la misma población vecina; y Nuestra Señora del Valle, en el convento de Sancti Spíritus, en nuestro término municipal.
     La segunda fórnula consiste en estipular el enterramiento del finado cerca del altar de la Virgen. Este es el caso de María Flores (27 de junio de 1710) y Francisca Romero (16 de junio de 1738), quienes expresan su deseo de ser enterradas en el altar más cercano a la bendita imagen de Nuestra Señora del Rosario.
     En cuanto a la tercera modalidad, la de las limosnas en especie, es menos abundante que las mandas para misas y enterramientos, aunque adopta expresiones curiosas por la naturaleza de la donación. Así en un medio agrícola y ganadero corno Burguillos no tiene de extrañar donaciones corno la de Bartolomé Camacho, quien a falta del becerrillo de un año que quería haber regalado, estipula en su testamento de 17 de marzo de 1713 que se le dé a la Virgen del Rosario una limosna de seis ducados, además del importe de la celebración de una "fiesta" o misa solemne con sermón. Y el 5 de marzo de 1727 Diego Falcón declaraba que "tengo [y] mando a Nuestra Señora del Rosario de esta iglesia un machito de cuatro que tengo, para padres el mejor, que es berrendo". Algunas donaciones se dirigen al ornato de la imagen, como es el caso del velo regalado, en nombre de su mujer, por Francisco Sánchez en su testamento de 2 de agosto de 1700. Y para la adquisición de otro velo destina 55 reales de vellón Doña Juana Jiménez de Orillana en su testamento de 25 de enero de 1717.
     En definitiva, a través de este cúmulo de citas documentales hemos podido comprobar como en el arranque del siglo XVIII la devoción y el culto a Nuestra Señora del Rosario mantiene la curva ascendente iniciada en la centuria anterior, legándonos todo un tesoro histórico, artístico y espiritual que bajo el común denominador de la devoción a la Reina del Santo Rosario hoy nos enorgullece.
SALVADOR HERNÁNDEZ GONZÁLEZ

NOTAS:
1. HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: "Las mandas pías testamentarias", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Ro­sario, Patrona de Burguillos nº 10 (octubre de 2004), págs. 77 - 81.
2. ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE SEVILLA, sección Protocolos Notariales, legajos 3255 PB (1691-1716), 3256 PB (1717-1720) y 3257 PB (1721-1751).

lunes, 20 de julio de 2026

Actualidad - Hemeroteca - Documentación: El artículo "Las mandas pías testamentarias", de Salvador Hernández González en "Patrona de Burguillos", Boletín de la Hermandad de la Virgen del Rosario de Burguillos nº 10, de 2004, pág. 77, 79 y 81

     Mostramos en Historia de Burguillos, el artículo publicado por Salvador Hernández González en el Boletín "Patrona de Burguillos", del año 2004, que hace el nº 10, desde que surgió en el año 1995, (aprovechando que con las recién iniciadas obras de nueva pavimentación de la Iglesia de Burguillos, es más que probable surjan restos óseos de Burguilleros, hermanos de la Hermandad de la Virgen del Rosario enterrados en la Iglesia, y en concreto en esa posible cripta que mencionaba el párroco y que al parecer, se halla bajo el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, ubicación que ocupó la Hermandad de la Virgen desde sus orígenes, allá por 1547 -de momento- y hasta 1783 en que pasó a presidir la Capilla Sacramental) dentro de la sección "Historia", se titula "Las mandas pías testamentarias" (páginas 77, 79 y 81), y que paso a transcribir íntegramente:




     Como fuente histórica de reconocida importancia, la documentación de los protocolos notariales brinda al investigador una riquísima información que abarca una amplia gama de aspectos de la historia local, que van desde las actividades económicas a la organización social y administrativa, sin olvidar por supuesto la vida religiosa, reflejada en las menciones tanto a su infraestructura material para el culto - templos, capillas, ermitas, etc. - como en los aspectos institucionales, en los que las cofradías, como corporaciones religiosas, cobran destacado protagonismo.
     Al ser la escrituras notarial un instrumento de la fe pública, la gama de actos jurídicos recogidos, en esta documentación es amplísima: compraventas, poderes judiciales, arrendamientos, traspasos, inventarios de bienes, testamentos, etc., en los que asoman todos los estamentos encargando un determinado número de misas -que variará según sus posibilidades económicas- con las que alcanzar la salvación eterna, cuya seguridad suele afianzarse estipulando la entrega de una serie de limosnas y mandas para los templos, imágenes y cofradías de su devoción. Al mismo tiempo el testador dispone los preparativos de su entierro, señalando el templo en el que desea ser enterrado, el hábito religioso con el que desea ser amortajado -preferentemente el franciscano, dada la popularidad de la Orden de San Francisco-, y el acompañamiento de su cadáver por un cortejo fúnebre en el que junto a la clerecía local podían figurar miembros de la cofradía a la que había pertenecido portando el estandarte de la corporación.
     La sola mención en estas cláusulas testamentarias de nuestros templos, imágenes y cofradías adquiere un interesante valor no sólo como documento histórico al arrojarnos fechas y datos sobre tal o cual advocación, sino también como un índice con el que poder seguir la evolución de la religiosidad popular a través del tiempo, con sus altibajos y vicisitudes: los primeros pasos de nuestras cofradías, su consolidación en la vida local, la construcción de nuestros templos, donativos a nuestras imágenes, etc., arrojándonos de este modo luz sobre la historia de nuestro patrimonio, tanto el existente como el desaparecido, del que en este último caso las citas en la documentación son su único recuerdo.
     En el caso de Burguillos, la devoción a Nuestra Señora del Rosario se encuentra plenamente consolidada en el siglo XVII, como lo demuestra las frecuentes mandas pías y legados contenidas en los testamentos de los vecinos de nuestro pueblo (1).
     Aunque la documentación adolece de algunas lagunas para algunos años de dicha centuria como las décadas comprendidas entre 1660 y 1680, las escrituras que se han conservado demuestran que nuestros antepasados a la hora de la muerte no olvidaban a nuestra Patrona, teniéndola como segura valedora en el tránsito a la Eternidad. Tales dádivas podían adoptar varias fórmulas, como el encargo de misas ante el altar de la Virgen, el enterramiento cerca del mismo altar o la limosna para la Hermandad.
     La primera fórmula, las misas ante el altar de la Virgen del Rosario en sufragio por el alma del testador, muestra especial interés al documentar la presencia en el templo de la imagen de la Patrona de Burguillos. Así, Gregorio Domínguez, estipula en su testamento del 3 de febrero de 1646 "un novenario de misas rezadas en el altar de Nuestra Señora del Rosario con su doble responso como es costumbre". Y el 12 de septiembre del mismo año Inés Rodríguez ordena en su declaración de última voluntad la celebración de dos misas rezadas "en el altar de la Virgen del Rosario de la dicha iglesia por mi ánima". Cuatro misas manda Alonso Martínez el 3 de agosto de 1649. Una misa solicitan Juana Pérez el 14 de octubre de 1652 y Francisco Martín Oliveros el 27 de enero de 1654. Más generosa, Laureana de la Cruz fija el 8 de octubre de 1654 la celebración de diez misas rezadas. Al año siguiente de 1655, Esteban Hernández pide cuatro misas en su testamento del 26 de abril. Y al final del siglo, el 9 de abril de 1699, Cristóbal de Aguilar demanda tres misas.
     La segunda fórmula consiste en estipular el enterramiento del finado cerca del altar de la Virgen. Este es el caso de Francisco Hernández Santa María, quien el 10 de marzo de 1652 expresa que "mi cuerpo sea sepultado en la iglesia de San Cristóbal de esta villa en una sepultura que tengo por bajo del escaño que está junto al altar de la Virgen del Rosario". 
     En cuanto a la tercera modalidad, la de las limosnas para la Hermandad, es igualmente frecuente y cuenta con el interés de que en ocasiones el donante revela su condición de hermano de la cofradía, con lo que podemos aproximarnos al conocimiento de la misma en esta época no sólo a través de la nómina de los hermanos que la componían -como es el caso de Alonso Martínez, que así lo declaraba el 3 de enero de 1655- sino también contemplando los medios económicos para su mantenimiento. Esto último se advierte especialmente cuando el testador lega bienes, tanto en metálico como en especie, o bien se halla implicado en relaciones de arrendamiento o compraventa de productos agrícolas propiedad de la Hermandad, lo que no tiene nada de extraño en un medio rural como el nuestro, donde tanto la Iglesia como las instituciones a ella vinculadas se mantenían de un patrimonio tanto urbano -especialmente casas sobre las que gravaban rentas y tributos- como rústico, de cuya producción se mantenían. Para nuestro caso, tenemos noticia de como Antonio Martín Mancha, en su testamento fechado el 27 de diciembre de 1655, declaraba que tenía en su poder "nueve fanegas de trigo de la cofradía de la Madre de Dios del Rosario, porque. aunque se cogiere once fanegas, las dos de ella se sembraron, y de las nueve dichas se pagó una de renta a Alonso Gutiérrez, con que tengo en mi poder ocho fanegas de trigo". En otra de las cláusulas añade que otro vecino de Burguillos, Damián Ramírez, "mandó a la dicha cofradía de la Virgen del Rosario mucha fanega de trigo, el cual no ha dado", por lo que pedía que se le cobrare dicha deuda. Seguidamente continúa declarando que las dos fanegas que él habían sembrado estaban junto a otras cuarenta de su propiedad, estipulando que cuando se recogiese la cosecha se le diese "a la dicha cofradía libres lo que tocare, sin costarle cosa alguna, porque así es mi voluntad". En cuanto al trigo propiedad de la Hermandad, declara que lo vendió al precio de catorce reales la fanega, "porque es menester para comprar cera para la dicha cofradía". Finalmente, manda siete reales y medio a la Hermandad en concepto de limosna para una misa a la hora de su muerte.
     Otros fieles aportan limosnas en metálico, como Esteban Hernández el 26 de abril de 1655, que legaba seis reales "a las cofradías de esta dicha villa que se sirvan en la iglesia parroquial de ella, que son cuatro", a saber, la Hermandad Sacramental, la de Ánimas, Nuestra Señora del Rosario y Vera-Cruz. Ya en la recta final del siglo, el 27 de noviembre de 1696 Francisca Domínguez de Fuentes envía cuatro reales a la Hermandad del Rosario, cantidad que desciende a uno en el caso de Francisco de Ortega el 8 de marzo de 1697 y a dos en el de Cristóbal de Aguilar el 9 de abril de 1699.
     En definitiva, a través de este cúmulo de citas documentales hemos podido comprobar como en el siglo XVII la devoción y el culto a Nuestra Señora del Rosario cuentan ya con sólidas raíces, primer episodio de una largo caminar que nos depara -como en su día veremos- muchas noticias interesantes y que nos ha legado todo un tesoro histórico, artístico y espiritual que bajo el común denominador de la devoción a la Reina del Santo Rosario hoy nos enorgullece.
SALVADOR HERNÁNDEZ GONZÁLEZ

NOTAS:
1. GARCÍA FERNÁNDEZ, M.: Los Castellanos y la muerte: religiosidad y comportamientos colectivos en el Antiguo Régimen. Valladolid, 1996.
GÓMEZ NAVARRO, S.: El sentido de la muerte y la religiosidad en el siglo XIX a través de la documentación de protocolos, en Ifigea I (1984).
RIVAS ÁLVAREZ, J.A.: Miedo y piedad: testamentos sevillanos del siglo XVIII. Sevilla, 1986.
2. ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE SEVILLA, sección Protocolos Notariales, legajos 3250 PB y 3255 PB.

lunes, 13 de julio de 2026

Actualidad: Las obras en la Iglesia, oportunidad única para seguir conociendo la Historia de la Iglesia de Burguillos

     La actualidad manda y desde "Historia de Burguillos" nos tenemos que hacer eco de lo que consideramos una oportunidad única para seguir conociendo la Historia de la Iglesia de Burguillos.



     Desde hoy, 13 de julio, se inician los trabajos para dotar de una nueva solería a la Iglesia de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo y al levantar el suelo existente, van a aparecer los restos de cientos de burguilleros que se han enterrado en el interior de la parroquia, como fue norma hasta 1801, y de cuya historia se da buena cuenta en la entrada de este mismo blog:


     Como en cualquier proceso en el que aparecen estos u otros tipos de restos tanto humanos como arqueológicos es preceptivo, por ley, el estudio pertinente de tipo arqueológico con profesionales del ramo, lo que sin duda redundará en un mayor y mejor conocimiento de la Historia de nuestra iglesia, y por tanto de nuestro pueblo.
     Las preguntas al hilo de todo esto son las siguientes: ¿Se hará ese estudio con luz y taquígrafos, es decir, con total transparencia, o se tapará todo? ¿Se han previsto las posibles incidencias que puedan surgir en forma de que se encuentren restos óseos o arqueológicos? Teniendo en cuenta que las obras se hacen en pleno verano y con la previsión de su finalización en el horizonte de las Fiestas Patronales de la Virgen del Rosario, ¿se han calculado correctamente todos estos plazos?
     En un par de meses saldremos de dudas...

lunes, 6 de julio de 2026

Efemérides: La Bendición de la Capilla Sacramental de la Iglesia de San Cristóbal, de Burguillos, el 6 de julio de 1954



     Hoy, 6 de julio, es el aniversario de la bendición de la Capilla Sacramental de la Iglesia de Burguillos, un 6 de julio de 1954, en la que se renovó su decoración, con yeserías neobarrocas, aprovechando que se había decretado ese año como Año Santo Mariano, así que bueno es rememorarlo en "Historia de Burguillos", a través de uno de los artículos publicados en el Boletín "Patrona de Burguillos" del año 2004, en su página 55, y que pasamos a transcribir íntegramente:



HISTORIA
"La Bendición de la Capilla del Sagrario hace 50 años"
     El día 6 de Julio de 1954 se bendecía solemnemente la Capilla del Sagrario tras una renovación total que le dio el espléndido aspecto que tiene actualmente. Fue bendecida por el entonces Cardenal de Sevilla D. Pedro Segura y Sáenz, hombre de fuerte personalidad y quien impulsó la construcción del monumento al Sagrado Corazón de Jesús en San Juan de Aznalfarache.
     Para llegar a esta bendición se dieron algunas circunstancias que creo necesario destacar; por aquellos años el Culto y Adoración al Santísimo era una práctica habitual: con exposición de la Custodia, Horas Santas, Meditaciones guiadas ante el Sagrario,... y tuvo mucho que ver con la labor que hacían la Asociación "María de los Sagrarios", un movimiento eclesial al que pertenecían un grupo de mujeres de nuestro pueblo y cuya misión principal era el Culto al Santísimo. Aquí en Burguillos era dirigido por Doña Ignacia, Marquesa de los Ríos, persona de una humanidad ejemplar. Venía de Sevilla con otras acompañantes y después de las meditaciones ante el Sagrario, compartían su desayuno con las de aquí. Recuerdo ver entre ellas a mis tías Felisa Pérez, María de los Ángeles Guerra, Pura, María Medina y a mi madre.
     Otra circunstancia favorable fue la llegada como párroco, en julio de 1952, de Dº Manuel Gandullo Ruiz, natural de Villanueva del Río, sacerdote muy piadoso, que enseguida aprovechó este movimiento e impulsó la devoción al Santísimo ante el Sagrario, y crea "Los Niños Reparadores", fomentando así esta devoción entre los niños.
     Todo esto dio lugar a que muy pronto se planteara la restauración integral de la Capilla de la Virgen, y así fue como se elige a Dº Joaquín Gómez Albenca y debido a la amistad que le unía con mi tío Manuel Medina, para realizar la espléndida bóveda. Se reviste de mármol rojo el suelo, zócalo y banco de altar. Se restaura y dora el retablo de Nuestra Señora del Rosario, así como el Niño Jesús del ático y otros elementos pertenecientes al altar, como son los dos angelitos que se encontraban muy deteriorados
y que hoy se ubican en el Altar Mayor. El Sagrario plateado ya se había bendecido el año anterior, en 1953, donación de la Sra. Marquesa de los Ríos, y otras de Sevilla. Se estrenan candeleros, flores contrahechas por Conchita Osuna, paños de altar, ó mi padre trae del Cortijo "El Caballero" la magnífica lámpara de bronce, que al resultar muy grande y después de estar algún tiempo en la Capilla, pasaría a la nave central y actualmente se encuentra en la Sacristía, aunque faltándole algunos elementos.
     Todo estaba preparado y llega el día esperado para la Solemne Bendición. Estaba previsto que el Sr. Cardenal llegase a las siete de la tarde. Se había invitado a las parroquias de los pueblos vecinos, y bien temprano, estando ya los monaguillos en la Iglesia, empezaron a llegar los de Cantillana con las "Marías de los Sagrarios", "Niños Reparadores" con sus banderitas, al igual que los de aquí que ya llenábamos las calles y el porche. Algunos monaguillos y yo, como era temprano, bajamos a la plaza con otros niños de Cantillana para ver la calle engalanada. Recuerdo que la familia de Micaela aún estaba terminando de poner cadenetas hasta el Cuartel de la Guardia Civil que estaba casi enfrente. Sería poco antes de las seis cuando vimos venir un coche negro que pasaba muy despacio. Y cual no sería nuestra sorpresa al ver que era el Sr. Cardenal el que allí venía. Los monaguillos y demás niños echamos a correr por la cuesta de Ignacia y llegamos a la Iglesia antes que el coche que siguió despacio por la otra cuesta. Desde la puerta gritábamos: "¡¡ Don Manuel, el Cardenal, que ya está ahí¡¡" Enseguida nos mandó a unos a repicar las campanas, a otros a revestirse, y a los que estaban en la Iglesia, sobre todo los de Cantillana, a que cogieran el Palio, y todos hacia el porche. De esta forma tan precipitada, con las personas que seguían llegando, se improvisó la entrada, pues se había adelantado una hora sobre el horario previsto (un hecho totalmente inusual hoy día, que se peca de lo contrario).
     Ya en el Presbiterio, se organiza todo y se pasa a la Capilla del Sagrario, donde se comienza con el Rito de la Bendición, se sigue con la Solemne Exposición del Santísimo en la Custodia y posterior bendición Eucarística.
     Recuerdo la Iglesia ya repleta de gente y la salida bajo Palio. Don Manuel mantiene una conversación con el Señor Cardenal en el mismo coche antes de partir, como queda reflejado en la fotografía que acompaña este artículo. Un día grande para Burguillos que yo tuve la suerte de vivir.
     Es necesario destacar el esfuerzo que se hizo, hace ahora cincuenta años, para dejar lo más digna posible esta Capilla del Sagrario, donde Jesús reside permanentemente en la Eucaristía y que preside su bendita Madre, Nuestra Señora del Rosario, nuestra Patrona. Sería bueno que se recuperara por cada uno de nosotros la presencia más frecuente ante el Sagrario, para mantener esa conversación, sencilla e íntima con Jesús en la Eucaristía, que tanto reconforta nuestro espíritu y nos hace afrontar con más ánimo y alegría cualquier situación o dificultad, siempre fortalecidos por su Gracia.
     Que todos nos alegremos por este aniversario al comprobar que lo que se hizo entonces, no solo lo hemos conservado sino que cada día se está intentando mejorar.
Manuel Guerra Pérez


     También de aquel día se conserva en poder de Dª Felisa Vargas Pérez, una estampa que conmemora el acontecimiento  y que pasamos también a transcribir literalmente:



"Domum tuam, Domine, 
decet sanctitudo in longitu-
dinem dierum".

(Tu casa, Señor, se ve bonita llena de santidad todos los días).

RECUERDO
DE LA
BENDICIÓN SOLEMNE
DE LA
Capilla del Sagrario
de la Parroquia
de San Cristóbal Mártir,
por nuestro Emmo. Prelado,
Cardenal Segura y Sáenz

Burguillos, 6 - Julio - 54.
Año Santo Mariano

Lib. P. Lázaro. Sevilla



Santas Justa y Rufina

lunes, 29 de junio de 2026

La representación de San Pedro en la pintura de las Ánimas Benditas del Purgatorio, en su Retablo de la Iglesia de Burguillos

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña y fotografías de la representación de San Pedro, en la pintura de las Ánimas Benditas del Purgatorio que encontramos en su Retablo de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que hoy es 29 de junio, en el que la Iglesia celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles. Simón, hijo de Jonás y hermano de Andrés, fue el primero entre los discípulos que confesó a Cristo como Hijo de Dios vivo, y por ello fue llamado Pedro. Pablo, apóstol de los gentiles, predicó a Cristo crucificado a judíos y griegos. Los dos, con la fuerza de la fe y el amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio en la ciudad de Roma, donde, en tiempo del emperador Nerón, ambos sufrieron el martirio: Pedro, como narra la tradición, crucificado cabeza abajo y sepultado en el Vaticano, cerca de la vía Triunfal, y Pablo, degollado y enterrado en la vía Ostiense. En este día, su triunfo es celebrado por todo el mundo con honor y veneración (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].



     En el muro del Evangelio de nuestra parroquia podemos contemplar, a continuación del presbiterio, el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, en el que se plasma la popular iconografía de la Virgen del Carmen sobre el Purgatorio como mediadora ante la Santísima Trinidad. Así encontramos a la imagen mariana en el centro de la obra, en este caso sin llevar en sus brazos la imagen del Niño Jesús, en un rompimiento de gloria, con el típico escapulario en su mano derecha y rodeada por ángeles portadores de escapularios que tratan de salvar a los Pecadores, algunos de los cuales empiezan a arder bajo las llamas del Infierno. En el plano superior observamos en el ángulo izquierdo, la representación de la Santísima Trinidad (Padre - con túnica blanca y manto azul-, Hijo -con manto púrpura-, y el Espíritu Santo -Paloma-), mientras que en el ángulo derecho nos encontramos con la representación de varios santos, y en el centro aparecen los Apóstoles, los Bienaventurados y los Veinticuatro Ancianos del Apocalipsis.
     Es una obra anónima, fechable a comienzos del siglo XVIII, y con unas medidas de 2,50 x 1,90 mts.
     San Pedro lo podemos contemplar en el grupo del centro, siendo el segundo, empezando por la izquierda, representado como la norma que impuso Francisco Pacheco en su "Arte de la Pintura":
     "...con no haberse de pintar calvo á San Pedro (como es lo más común aunque otros digan otra cosa) sino poblada la frente de cabello no largo con su coleta, si bien juntamente con la barba redonda, cana, crespa y espesa (esta efigie siguió Rafael en sus apóstoles). Otras señas añade el P. Rivadeneira hablando de San Pedro que fué alto de cuerpo, blanco, descolorido. los ojos negros y teñidos en sangre, las cejas no muy pobladas, la nariz algo remachada y no muy viejo, aunque de más edad que San Pablo y menos que San Andrés su hermano. Ha de tener la túnica azul ceñida y el manto naranjado ó de color de ocre, como lo muestra el retrato. Con sus dos llaves en las manos, y quizá no se ha observado hasta ahora por qué le pintan la una de oro y la otra de plata, como se ven en muchas iglesias de Italia y Roma. Por la llave de oro se entiende la potestad de la absolución, por la de plata la de excomunión, porque esta es inferior y aquella superior..."


Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Pedro, apóstol;
HISTORIA Y LEYENDA
   Pescador en Cafarnaúm, Galilea, en el lago de Genezaret, él y su hermano Andrés fueron los primeros apóstoles reclutados por Jesús.
   Su verdadero nombre era Simón. Recibió de Cristo el mote arameo Kefás (gr.: Petras), para significar que sería la piedra angular de la Iglesia. Su mote ha suplantado por completo a su nombre.
   Su vida se divide en tres períodos muy claros:
   1. Envida  de Jesús, lo acompañó, con los otros discípulos, desde el co­mienzo del ministerio galileo hasta su Prendimiento en el Huerto de los Olivos, luego, después de la Resurrección, hasta la Ascensión.
   2. Después de la desaparición de su maestro, residió en Jerusalén, donde fue encarcelado por el tetrarca Herodes Agripa.
   3. Luego habría viajado a Roma de la cual fue el primer obispo. Otra vez fue encarcelado y crucificado por orden de Nerón.
   Durante el primer período, la actividad de san Pedro estuvo estrechamente ligada a la de Jesucristo, siguió tras los pasos de éste, por decirlo así. De ahí que hayamos debido remitir a la iconografía del Nuevo Testamento todas las escenas de la Vida de Jesús donde san Pedro tiene algún papel: la Vocación y la Tradición de las llaves, el Lavatorio de los pies y la Santa Cena, el Prendimiento en el Monte de los Olivos, donde corta la oreja de Malco, la Negación, la Transfiguración  y las Apariciones de Galilea. Tampoco volveremos a tratar ciertas escenas posteriores a la Ascensión de Cristo, tales como la Pentecostés y el Tránsito de la Virgen, donde él está, por fuerza. El apostolado y los milagros de san Pedro en Jerusalén y en Roma son los únicos hechos de su leyenda que comportan hagiografía propiamente dicha. Abandonamos por  ello el terreno de los Evangelios para abordar los dominios de los Hechos de los Apóstoles y de la Leyenda Dorada.
   Antes de abordar el estudio del culto y de la iconografía de san Pedro, es menester discernir entre la leyenda y la historia, exponiendo objetivamente las doctrinas contradictorias de los católicos y de los racionalistas, ya protestantes, ya agnósticos.
   Oigamos las dos campanas, porque si debemos creer en un viejo proverbio «Quien oye sólo una campana no oye más que un sonido».
1. La tradición católica
   La actividad de Pedro en Palestina después de la Ascensión de Jesús se ha­bría prolongado hasta el año 44. Fue entonces cuando, después de haber consumado numerosos milagros (Resurrección de Tabita, Curación de los en­fermos con su sombra), habría sido encarcelado por Herodes y liberado por un ángel.
   Según una tradición, venerable por su antigüedad, habría pasado en Roma los veintitrés últimos años de su vida, desde 44 hasta 67. Triunfó contra los sortilegios de Simón el Mago, favorito del emperador Nerón. Preso en la cár­cel Mamertina, se fugó con la complicidad de sus carceleros a quienes había convertido. Dándose a la fuga por temor a las persecuciones, en la Vía Apia se encontró con Cristo con la cruz a cuestas, a quien preguntó: Qua vadis, Domine y éste le respondió: «Voy a Roma para ser crucificado allí otra vez». Pedro, avergonzado por su cobardía, regresó entonces a Roma donde padeció el martirio al mismo tiempo que san Pablo; pero mientras a éste, que era ciudadano romano, lo decapitaron, Pedro, que sólo era un ju­dío, fue crucificado.
   Los Padres de la Iglesia enseñaban que san Pedro, que no quería  morir de la misma manera que Jesucristo, por humildad había pedido que lo crucificasen cabeza abajo. Se contaba que su cruz había sido levantada inter duas metas, es decir, entre los dos hitos del circo de Nerón. A finales de la Edad Media se creyó que se trataba de los dos hitos antiguos de Rómulo, cerca del Vaticano  (Meta Romuli), y Cestio, en la puerta de San Pablo. Se buscó un sitio intermedio entre estos dos puntos de referencia, y fue así como el martirio se localizó sobre el Janículo, en el lugar donde se levanta la iglesia de San Pietro in Montorio. La disputa entre el Janículo y el Vaticano aún continúa abierta.
   A falta de testimonios que sirvan de prueba de la llegada de san Pedro a Roma, la fecha de ésta y la duración de su estadía, así como acerca del lugar en que se realizó su crufixión, los defensores de la tradición católica  recurrieron a dos argumentos indirectos: el silencio de las iglesias rivales de Oriente (Palestina o Siria) que nunca reivindicaron las reliquias del Príncipe de los apóstoles y la edificación de la Basílica Constantiniana a orillas del Tíber, sobre la colina del Vaticano.
   1. Si san Pedro estaba muerto y había sido sepultado en Jerusalén, las Iglesias orientales nunca habrían dejado de invocarlo para apoyar sus pretensiones al primado en la Iglesia cristiana. Ahora bien, nunca se produjo ninguna rei­vindicación de ese género.
   2. ¿Se habrían atrevido a construir la Basílica Constantiniana sobre el em­plazamiento de un cementerio, profanando una multitud de tumbas no sólo paganas sino también cristianas si no hubiesen  estado persuadidos de que allí se encontraba la tumba de san Pedro?Esta suposición parece también más inverosímil por cuanto la naturaleza del terreno arcilloso, sobre la ladera de una colina, impuso enormes trabajos de nivelación; se necesitaban poderosas razones para emprenderlos.
   Después de las excavaciones dirigidas por Enrico Josi bajo las grutas del Vaticano, estos argumentos fueron esgrimidos en numerosas oportunidades por G. Carcopino. Según sus propios términos, «las investigaciones de los arqueólogos han confirmado la tradición y puesto fin a las polémicas de los eruditos.  A partir de ahora queda probado que san Pedro fue inhumado  en el Vaticano. Las reliquias del Príncipe de los apóstoles habrían sido trasladadas hacia 258 ad Catacumbas, sobre la Via Apia, pero de vueltas por Constantino al Vaticano en 336».
2. La tesis protestante y racionalista
   La crítica racionalista cuestiona el valor de estos argumentos y la base en que se fundan estas tradiciones.
   Pretende que no se ha probado que san Pedro haya estado en Roma, y que en cualquier caso, la tradición acerca de su cuarto de siglo de episcopado ro­mano no reposa en fundamento histórico alguno.
   El silencio de las Iglesias de Oriente sin duda resulta impresionante, pero el argumentum e silentio del cual se ha abusado con frecuencia, a lo sumo no cons­tituye más que una presunción.
   La verdad es que ningún texto contemporáneo digno de fe menciona   el viaje de san Pedro a Roma. Los Hechos de los Apóstoles (12: 17) nos in­forman, simplemente, que después de haber dejado la prisión de Herodes, Pedro salió, yéndose a otro lugar, sin aclarar cual fuese. Aunque un proverbio
dice que «todos los caminos conducen a Roma» es de desear una información más precisa. Dicho silencio es tanto más sorprendente por cuanto el autor insiste con abundancia (capítulos 27 y 28) en las peripecias del viaje de Pablo a Roma.
   La creencia en que Pedro pasó a orillas del Tíber los últimos años de su vida sólo aparece en los escritos de Ireneo y Tertuliano.
   Y hasta los católicos admiten que las fábulas populares de origen romano no pueden considerarse como pruebas.
   El arqueólogo pontificio Enrico Josi no vacila en calificar él mismo de «leyendas», el encarcelamiento de san Pedro en la cárcel Mamertina, donde habría bautizado a sus carceleros, el duelo con Simón el Mago en presencia del emperador Nerón y el diálogo con Jesucristo con la cruz a cuestas en la Vía Apia (Quo vadis).
   Estos relatos dramáticos o poéticos apuntan a acreditar la apostolicidad de la fundación de la Santa Sede, que no lo está más que la de una multitud de sedes episcopales donde no se vaciló en antidatar la fundación, a veces en muchos siglos, con el objeto de aumentar su prestigio y justificar su primado.
Hasta el mismo hecho de la crucifixión del Príncipe de los apóstoles es dudoso. Se trataría de una falsa interpretación de las palabras: «Extenderás tus manos».
   En cuanto a su localización  en el Janículo, no fue imaginada antes del siglo XV, cuando los franciscanos de Roma quisieron justificar las pretensiones de su iglesia de San Pietro in Montorio, patrocinada por los reyes de España. El teólogo protestante Cullmann consiente en admitir la historicidad de una tardía residencia de san Pedro en Roma. Según dicho autor, el apóstol habría abandonado Jerusalén en 44, dejando al apóstol Santiago como suce­sor y jefe de la comunidad cristiana, para contentarse, como san Pablo, con el papel de misionero. Pero jamás habría ejercido funciones episcopales en la capital de los césares, de manera que los papas no pueden pretenderse sucesores suyos.
   De hecho, san Pedro nunca fue representado con el báculo, atributo episcopal por excelencia.
   Acerca de la duración de su estadía en Roma, reina la misma incertidumbre. En su Dictionnaire d'Archeologie chrétienne, el erudito benedictino Dom Henri Le clerq, admite que si la estadía de san Pedro en Roma es a sus ojos un hecho cierto «suduración no lo es».
   La fecha de su crucifixión sigue siendo problemática, o más bien, puede presumirse que se la hizo coincidir artificialmente con la decapitación de san Pablo, para asociar en la muerte a los dos Príncipes de los apóstoles. Las fechas propuestas son muy variables: 55, 58, 64, 67, tanto como decir que no se sabe nada. 
   Si en la Roma del siglo IV se creía que las reliquias de san Pedro habían sido devueltas al Vaticano, sólo se trata de una tradición.
   A falta de textos habría podido esperarse que la arqueología nos deparase la solución del enigma. Desgraciadamente, las excavaciones dirigidas en 1939 y 1949 por Enrico Josi, director del Museo de Letrán y realizadas en el cementerio cristiano sobre el que se edificó la basílica de San Pedro no arrojó los resultados que se esperaban.
   No pusieron a la luz la tumba primitiva del Príncipe de los apóstoles, que se supone destruida por los vándalos. El papa Gregorio Magno la habría reemplazado en el siglo VI por un trofeo cenotafio o memorial: simple monumento conmemorativo que no contiene reliquias.
   Los resultados de las excavaciones vaticanas fueron cuestionados por Charles Delvoye (Latomus, 1954), Amable Audin (Byzantion, 1954), quien concluye que el memorial de san Pedro habría abrigado su púlpito y no su tumba.
   Si el papa Pío XII hubiera estado convencido que los huesos del Príncipe de los apóstoles habían sido inhumados  efectivamente en las criptas de la basílica vaticana ¿no se habría apresurado a proclamar Urbi et Orbi esta feliz nue­va?¿Si no lo hizo no fue porque su conciencia escrupulosa se lo prohibió? Para no decepcionar la esperanza de los peregrinos debió contentarse con decretar al fin del Jubileo del Año Santo de 1950, el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen, en vez de promover la unión tan deseable de las iglesias cristianas, y aún a riesgo de profundizar las diferencias entre protestantes y católicos.
   En suma, ni las investigaciones arqueológicas ni los textos nos permiten hasta el presente poner fin a un debate que siempre permanece abierto, y agregar así a las afirmaciones de la fe las certezas de la ciencia.
CULTO
   Considerado muy pronto como «el Moisés de la Nueva Ley», san Pedro no es sólo un santo palestino, sino el santo universal por excelencia.
   Además, si en su condición de fundador del papado es el principal personaje de la Iglesia oficial, al mismo tiempo, a título de portero del Paraíso, es un santo eminentemente popular.
Fiestas
   Esta popularidad está probada por el número de sus fiestas que, excepcionalmente, son tres.
   l. Su natalicio, es decir, el aniversario de su muerte, que se celebra el 29 de junio.
   2. La fiesta de San Pedro ad Víncula (Petri Kettenfeier) ,que conmemora su liberación de la prisión,  y se celebra el 1 de agosto. 
 3. Finalmente, la fiesta de la Cátedra de san Pedro Apóstol (Cathedra Petri, Petri Stuhlfeier), que conmemora su primado, y que fue fijada el 22 de febrero.
Reliquias
   Roma posee las más preciosas reliquias del Príncipe de los apóstoles: sus llaves (claves), sus cadenas (vincula) y su púlpito (cathedra); pero se trata de reliquias indirectas y no corporales.
   El púlpito que Bernini introdujo en un relicario de suntuosa ejecución barroca se conserva en la basílica de San Pedro, reconstruida en el siglo XVI por Bramante y Miguel Ángel.
   Las cadenas, cuyos eslabones proceden de la cárcel de Jerusalén y de la cárcel Mamertina de Roma y que se habrían soldado milagrosamente, se veneran en la basílica de San Pietro in Vincoli. Una tercera iglesia, San Pietro in Montorio, sobre el Janículo, señalaría el lugar de su martirio.
   Su báculo milagroso, también embutido en una montura (Petrus stabhülle), se conserva en Alemania, en la catedral de Limburg del Lahn. En Venecia, en la iglesia del Redentor, se mostraba el cuchillo que usó el apóstol para cor­tar la oreja de Malco.
Lugares de culto
   En Pavía, Lombardía, debe mencionarse la iglesia romana de San Pietro in Ciel d'Oro, cuyó ábside, como el de la iglesia de la Daurade, en Toulouse, estaba cubierto de mosaicos de esmalte dorado.
   Además de protector de Roma y de Pavía, a san Pedro también se lo consideraba el de Milán, Lucca, Ancona, Orvieto, Nápoles, Calabria y Sicilia. En 1140 el rey Rogerio II de Sicilia, de origen normando, puso bajo su advo­cación la Capilla Palatina de Palermo.
    Francia tiene numerosas iglesias puestas bajo la advocación de san Pedro. Su culto fue difundido por la orden de Cluny, cuya casa matriz, y casi todos los prioratos, comenzando por el de Moissac, estaban consagrados al Príncipe de los apóstoles, primer representante del papado al cual la orden respondía  directamente, por derecho de exención. 
   Entre las catedrales góticas que llevan su nombre, basta recordar las de Beauvais, Troyes, Lisieux, Nantes, Poitiers, Angulema y Montpellier. Entre las iglesias abaciales o parroquiales, cabe citar, en París, la antigua capilla de Saint Pierre aux boeufs (Capella Sanct Petri de bobus), cuya  portada decoraba la fachada de la actual Saint Severin; en Sens, la de Saint Pierre le Vif (invko); en Estrasburgo, la de Saint Pierre le Vieux y Saint Pierre le Jeune; en l'ours, la de Saint Pierre le Puellier (Monasterium S.Petri  puellarum) y Saint Pierre des Corps; en Toulouse, la de Saint Pierre des Cuisines; en Normandía, Caen y Jumieges, en las regiones de Poitou, Saintonge, Airvault, Chauvigny y Aulnay. Además, numerosas localidades se bautizaron Dompierre o Dampierre. En España, mencionemos las de San Pedro de las Puellas, en Barcelona y San Pedro el Viejo en Huesca, Aragón.
   En Suiza, la catedral de Ginebra, convertida en el santuario principal  de la Roma protestante, estaba bajo la advocación de San Pierre es Liens (ad Vincula; cast.: encadenado, encarcelado).
   En los Países Bajos, san Pedro era particularmente venerado en Lovaina, Bélgica y Maastricht,  Holanda.
   Antes de la Reforma Inglaterra no era menos devota, a juzgar por la advocación de la abadía de Westminster, y las de las catedrales de Norwich, Exxeter y Peterborough.
   Para acabar con una nomenclatura, muy incompleta ciertamente, mencionemos la célebre abadía de San Pedro de Salzburgo, en Austria, y la Peterkirche de Munich, en Baviera.
Patronazgos de corporaciones
   La popularidad del pescador de Cafarnaúm, convertido en el primero de los papas de Roma, además está probada por el gran número de corporaciones y gremios que reivindican su patronazgo: los pescadores,  pescaderos. co­merciantes de pescado, fabricantes de redes -en conmemoración de la Pesca milagrosa- albañiles -a causa del nombre del primer papa, que es la piedra viviente sobre la cual Cristo ha edificado la Iglesia; los herreros y doradores de metales, a causa de las cadenas de las cuales fue liberado; los cosechadores y cesteros porque se sirven de ligaduras; los cerrajeros, al igual que los relojeros quienes formaban parte de la misma corporación, porque san Pedro posee la llave del Paraíso.
   No se lo apreciaba menos como santo curador. Se lo invocaba contra la fiebre, los ataques de locura, las picaduras de serpiente. Para curar la rabia, enfer­medad contra  la cual se lo consideraba idóneo porque pusiera en fuga a los perros que lanzara contra él Simón el Mago, se aplicaba, tanto a hombres como a animales, un hierro calentado que se llamaba «llave de san Pedro».
ICONOGRAFÍA
   La iconografía del Príncipe de los apóstoles (Iconografía petriana) es de tal riqueza  que desafía todo intento de enumeración.
l. Figuras
Tipo iconográfico, vestiduras y atributos
l. Tipo.
   San Pedro se caracteriza no sólo por sus atributos sino por su tipo físico que es fácilmente reconocible.
   El arte oriental le atribuyó una cabellera rizada. En Occidente, por el contrario, se lo representa calvo, con sólo un mechón de pelo sobre la frente. La tonsura recuerda que fue el primero de los sacerdotes cristianos.
   Se contaba que los judíos de Antioquía le habían tonsurado la cabeza para escarnecerlo. Tal sería el origen de la tonsura clerical, convertida en un signo de honor, porque según los simbolistas evoca la corona de espinas de Jesucristo. Esta clase de tonsura se denomina tonsura scotica porque fue pues­ta de moda entre los clérigos por los misioneros irlandeses.
   La barba rizada de san Pedro siempre es corta.
2.Vestiduras
   Su indumentaria es muy diferente, según que esté representado como após­tol o como papa.
   En el arte cristiano primitivo, como todos los apóstoles, lleva la toga anti­gua, la cabeza descubierta y los pies descalzos.
   En la Edad Media su indumentaria era la de los papas, sus sucesores. Viste el palio, y a partir del siglo X, está tocado con la tiara cónica o la triple corona (triregnum). Estos ornamentos pontificios se convirtieron en la regla en el siglo XV: «San Pedro estará vestido de papa», se lee en un contrato acordado con un pintor en 1452.



ATRIBUTOS
   Los atributos de san Pedro son excepcionalmente numerosos, y los lleva, ya él mismo, ya los ángeles que lo acompañan; unos le caracterizan como após­tol, otros como papa.
l. El más antiguo y difundido es la llave (clavis), que aparece por primera vez en un mosaico de mediados del siglo V, y que desde entonces se convirtió en su atributo constante. Pedro siempre es clavígero (Petrus claviger coeli).
   A veces la llave es única, pero generalmente hay dos ,una de oro y otra de plata, llaves del cielo y de la tierra que sim­bolizan el poder  de atar y desatar, de absolver y de excomulgar, que Cristo concediera al Príncipe de los apóstoles (Tibi daba claves regni coelorum). Dichas llaves están juntas porque el poder de abrir y el de cerrar es uno solo.
   A causa del pasaje del Evangelio de Mateo acerca de la «Tradición de las llaves», san Pedro, en la creencia popular, se convirtió en el portero del Paraíso (jnnitor Coeli).
   Cuando el número de llaves es tres, simbolizan el triple poder de san Pedro sobre el cielo, la tierra y el infierno.
2. La barca alude a su primer oficio, pescador, y la pequeña barca de remos, es símbolo de la Iglesia.
3. El pez tiene el mismo significado, salvo que caracteriza no sólo al pescador de peces, sino también al pescador de hombres (Menschertfischer).
4. El gallo posado sobre una columna es el emblema de la negación y de su arrepentimiento. Dicho atributo, muy tardío, se difundió con el arte barro­co del siglo XVIII.
5. Las cadenas recuerdan sus «cárceles», su triple encarcelamiento, en Antioquía, Jerusalén y Roma. La cadena partida simboliza su liberación por un ángel.
6. La cruz invertida evoca su crucifixión cabeza abajo.
7. La cruz de triple crucero, uno más que la de los arzobispos, es la insignia de la dignidad papal.
   A  estos numerosos atributos puede sumarse la imagen de Simón el Mago, padre de los simoníacos, quien le ofreciera dinero para adquirir el don del Espíritu Santo, ya quien el apóstol pisotea. A veces, aunque es muy infre­cuente, derriba al emperador Nerón (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).