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lunes, 6 de abril de 2026

Callejero de Burguillos: La calle Rafael

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña e imágenes de la calle Rafael, en Burguillos, aprovechando que hoy, 6 de abril, es el aniversario del nacimiento (6 de abril de 1483), de Rafael Sanzio, uno de los grandes genios artísticos a nivel universal.


     La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos).
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al centro geográfico de la localidad, o del Ayuntamiento, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Está dedicada a Rafael, uno de los mejores artistas polifacéticos de todos los tiempos.


Conozcamos la Biografía de Rafael Sanzio, a quien está dedicada esta vía del callejero burguillero;
     Raffaello Sanzio (Urbino, 6 de abril de 1483-Roma, 6 de abril de 1520),​ también conocido como Rafael de Urbino o simplemente como Rafael,​ fue un pintor y arquitecto italiano del Renacimiento. Además de su labor pictórica, que sería admirada e imitada durante siglos, realizó importantes aportes en la arquitectura y, como inspector de antigüedades, se interesó en el estudio y conservación de los vestigios grecorromanos.​
     Hijo de un pintor de modesta relevancia, fue considerado un niño prodigio por su precoz habilidad y al quedar huérfano se formó en los talleres de varios artistas de prestigio. A los 25 años obtuvo su primer encargo oficial, la decoración de las Estancias Vaticanas, donde pintó algunos frescos como La escuela de Atenas, considerada una de sus obras cumbre.​ Es célebre por la perfección y gracia de sus artes visuales, destacando en trabajos de pintura y dibujo artístico.​ Junto con Miguel Ángel y Leonardo da Vinci forma el trío de los grandes maestros del período.
     Nació en Viernes Santo y falleció en esta misma festividad el día que cumplía 37 años.​ Fue un artista muy productivo, en parte gracias a que dirigió un taller conformado por numerosos colaboradores,​ y, a pesar de su muerte prematura, dejó una extensa obra que en gran parte aún se conserva. La mayor parte de su trabajo está alojado en los Museos Vaticanos, ya que decoró con frescos las habitaciones conocidas como las Estancias de Rafael, el principal encargo de su carrera, que quedó sin terminar a causa de su muerte y fue completado por ayudantes.
     Después de sus años de juventud en Roma, gran parte de su obra, a pesar de haber sido diseñada por él, fue ejecutada por su taller, con una considerable pérdida de calidad. Ejerció gran influencia en su época; aunque fuera de Roma su obra fue conocida sobre todo a través de la producción que hicieron los talleres de grabado que colaboraban con él. Después de su muerte, la influencia de su principal rival, Miguel Ángel, se intensificó hasta los siglos XVIII y XIX, cuando las cualidades más serenas y armoniosas de Rafael fueron consideradas de nuevo como un modelo superior.
      Su carrera se dividió de manera natural en tres fases y tres estilos, descritos así por Giorgio Vasari: sus primeros años en Umbría, el periodo posterior de cuatro años en Florencia (1504-1508), donde absorbió las tradiciones artísticas de la ciudad, y finalmente su último y triunfal período de doce años en Roma, trabajando para los papas y su corte.
     Nació en 1483, exactamente el 6 de abril, un Viernes Santo en Urbino una pequeña ciudad de la Italia central—, en la región de Marcas, localidad pequeña, pero importante desde el punto de vista artístico,​ donde su padre Giovanni Santi era pintor de la corte del duque. En la pequeña corte de Urbino, Giovanni fue integrado en el círculo íntimo de la familia en un grado superior al que era habitual en otras cortes italianas, bajo un gobierno con un importante centro de cultura literaria y artística.​
     Crecer en el seno de esta pequeña corte le dio a Rafael la oportunidad de aprender las maneras pulidas y las habilidades sociales tan alabadas en él por Vasari.​ La vida cortesana de Urbino en esta época sería poco después considerada por Baldassare Castiglione, (en su obra El Cortesano​ en 1528), como modelo de virtudes de una corte humanista italiana. Castiglione se instaló en Urbino en el año 1504, cuando Rafael ya no residía en ella; sin embargo, la visitaba muy a menudo, lo que dio como resultado una extensa amistad. Otros visitantes habituales de la corte también se convirtieron en sus amigos: Pietro Bibbiena y Pietro Bembo, nombrados ambos cardenales más tarde, eran conocidos entonces como buenos escritores y vivieron en Roma al mismo tiempo que Rafael.
     Se movió con comodidad en las altas esferas sociales durante toda su vida, lo que ha sido uno de los factores que han contribuido a dar una falsa impresión de una carrera artística fácil. Sin embargo, no recibió una completa educación humanística, por lo tanto no se sabe con claridad si leía fácilmente en latín.
     Su madre, Magia di Battista di Nicola Ciarla, murió en 1491, y el 1 de agosto de 1494, Giovanni Santi, su padre, volvió a casarse. Con tan solo 11 años, quedó huérfano y bajo la custodia legal de su tío Bartolomeo, sacerdote, que inició un litigio con la madrastra del chico. Sin embargo, Rafael continuó viviendo con ella cuando no acudía a su aprendizaje con un maestro. Aun así, ya había dado muestra de su talento, según Giorgio Vasari, quien cuenta que había sido "una gran ayuda para su padre".​ Un brillante autorretrato de su adolescencia muestra su precoz talento.​ El taller de su padre continuó y, probablemente en compañía de su madrastra, jugó un relevante papel en su gestión desde su juventud. En Urbino tuvo la oportunidad de conocer la obra de Paolo Uccello, el precedente pintor de la corte († 1475), y de Luca Signorelli, quien hasta el año 1498 residió y trabajó en la próxima Città di Castello.​
     Según Vasari, su padre lo colocó en el taller del maestro de Umbria Pietro Perugino como aprendiz, «a pesar de las lágrimas de su madre». La evidencia de un periodo de aprendizaje viene solo de Vasari y de otra fuente,​ y ha sido discutida, porque su madre murió cuando él tenía ocho años, lo que sería demasiado pronto para comenzar a formarse. Una teoría alternativa es que recibió algún adiestramiento de Timoteo Viti, un pintor de la corte de Urbino desde 1495.​ Pero los historiadores modernos están de acuerdo en que Rafael trabajó al menos como ayudante de Perugino desde alrededor de 1500; la influencia de Perugino en sus primeras obras es muy evidente: "probablemente ningún otro discípulo de talento había absorbido las enseñanzas de su maestro como lo hizo Rafael, aún comparándolo con Leonardo da Vinci y Miguel Ángel", según Wölfflin.​ Vasari escribe que, en cuanto a este período, era imposible distinguir las obras de ambos artistas, pero muchos historiadores del arte modernos afirman haber detectado las partes que Rafael pintó como ayudante en obras de Perugino o de su taller. Aparte de la similitud estilística, sus técnicas eran también muy similares, por ejemplo, en la densa aplicación de la pintura, con el uso de un medio a base de barniz, en las sombras y los adornos oscuros, pero con una aplicación más ligera en las partes de carne. Sin embargo, el exceso de resina en el barniz ha causado a menudo grietas en áreas de las pinturas de ambos maestros.​ El taller de Perugino estaba activo tanto en Perugia como en Florencia, quizá con dos sucursales permanentes.​ Se considera que en 1501 Rafael era un Maestro de Pleno Derecho, completamente formado.
     Su primera obra documentada fue el Retablo Baronci —aunque hay una controversia con La resurrección de Cristo que fue realizada entre los años 1499 y 1501— para la Iglesia de San Nicolás de Tolentino en Città di Castello, una ciudad a medio camino entre Perugia y Urbino. Evangelista di Pian di Meleto, quien había trabajado para su padre, compartió el encargo de la obra, que data de 1500 y fue terminada en 1501; hoy en día solo quedan algunas porciones y un boceto preparatorio. Durante los siguientes años pintó obras para otras iglesias, incluyendo la Crucifixión Mond —alrededor de 1503— y Los desposorios de la Virgen de la Pinacoteca di Brera, así como obras para Perugia, como el Retablo Oddi —La anunciación, La Adoración de los Magos y La coronación de la Virgen 1501-1503—. Probablemente visitó Florencia en esta época. Se trata de obras mayores, algunas de ellas como frescos, en las que Rafael limita la composición al estático estilo de Perugino. En estos años pintó muchas pequeñas y exquisitas pinturas de caballete, la mayor parte posiblemente para amantes de la pintura de la corte de Urbino, como Las Gracias, El sueño del caballero o San Miguel, y empezó a pintar Virgen con el Niño entronizados y santos.
     En el año de 1502 fue a Siena por invitación de otro discípulo de Perugino, Pinturicchio, "al ser amigo de Rafael y conocedor de su capacidad como artista de la más elevada calidad", porque le ayudó con las obras, y muy probablemente con los dibujos, para una serie de frescos en la Biblioteca Piccolomini de la Catedral de Siena.​ Es evidente que en esta etapa temprana de su carrera ya era un artista solicitado.
     Rafael llevó una vida de "nómada", trabajando en distintos lugares del norte de Italia, pero pasando una buena parte de su tiempo en Florencia, quizás desde el año 1504. Así, aunque se habla de su "período florentino" entre 1504 y 1508, cabe mencionar que nunca residió ahí de forma continua.​ En cualquier caso, tal vez de tanto en tanto, tenía que visitar la ciudad para proveerse de materiales. Existe una carta de recomendación, fechada en octubre de 1504, de la madre del siguiente duque de Urbino al confaloniero de Florencia: "El portador de ésta es Rafael, pintor de Urbino, quien ha sido dotado para esta profesión y que ha determinado pasar algún tiempo en Florencia para continuar con sus estudios. Su padre fue muy honesto y yo lo quería mucho, y el hijo es un joven sensible y pulido; tanto por una cosa como para la otra le tengo gran afecto...".​
     Como anteriormente con Perugino y otros, fue capaz de asimilar la influencia del arte florentino, respetando la evolución de su propio estilo. Los frescos que hizo en Perugia alrededor de 1505 muestran una nueva calidad monumental en las figuras, que podría evidenciar la influencia de Fra Bartolomeo, de quien Vasari dice fue amigo. Pero la influencia más asombrosa en este período fue la de Leonardo da Vinci, quien volvió a la ciudad entre 1500 y 1506. Las figuras de Rafael comenzaron a tomar posiciones más complejas y dinámicas, aunque todavía los temas eran mayoritariamente "reposados". Comenzó a hacer bocetos de hombres desnudos luchando, una de sus mayores obsesiones de este período florentino. Otro dibujo es el retrato de una mujer joven, utilizando la composición piramidal en tres cuartos de la reciente Mona Lisa, pero con una apariencia completamente rafaelesca. Otra de las invenciones compositivas de Leonardo, la piramidal Sagrada Familia, se repitió en una serie de obras que se consideran entre sus más famosas pinturas de caballete. En la Royal Collection hay un dibujo de Rafael de la obra perdida de Leonardo Leda y el cisne, de la que tomó la postura en contrapposto para su Santa Catalina de Alejandría. ​También perfeccionó su propia versión del sfumato de Leonardo, para dar más sutileza a la representación de la carne, y desarrollar el intercambio de miradas entre los grupos, aunque mucho menos enigmáticos que los conseguidos por Leonardo. Además, supo conservar en sus obras la suave y clara luz de Perugino.​
     Leonardo era poco menos de una treintena de años mayor que Rafael, pero Miguel Ángel, que en esa época residía en Roma, era solo ocho años mayor. Miguel Ángel detestaba a Leonardo, y en Roma empezó a detestar a Rafael incluso más aún, atribuyendo conspiraciones contra él.​ Rafael debió conocer sus obras en Florencia, pero sus trabajos más originales de esta época apuntan en una dirección muy diferente. En su Santo Entierro sitúa, al modo clásico de los sarcófagos, todas las figuras en el frente, en un arreglo complejo y no del todo exitoso. Wöllflin detecta la influencia de la Virgen de Miguel Ángel en el Tondo Doni en la figura arrodillada de la derecha, pero el resto de la composición se aleja mucho de su estilo, o del de Leonardo. Aunque fue obra muy considerada en su época, y mucho después retirada a la fuerza de Perugia por los Borghese, se trata de una obra aislada en su producción. Su clasicismo tomaría después una dirección menos "literal".​
     A finales de 1508 se trasladó a Roma, donde entró al servicio del papa Julio II, probablemente gracias a la recomendación de su arquitecto Donato Bramante, quien por entonces trabajaba en la basílica de San Pedro, era natural de Urbino y tenía alguna relación con Rafael.​ A diferencia de Miguel Ángel, que no realizó trabajo artístico alguno durante cierto tiempo en Roma antes de recibir los primeros encargos,​ el joven artista recibió rápidamente el encargo de decorar al fresco la que habría de ser la biblioteca privada del pontífice en el Vaticano.​ Era un proyecto mucho más importante y extenso que cualquiera en el que hubiera trabajado hasta ese momento, pues hasta la fecha no había pasado de hacer algún retablo en Florencia. En su equipo había otros artistas trabajando en diferentes estancias, muchos de ellos pintando sobre obras encargadas por el odiado predecesor de Julio II, el papa español Alejandro VI. El nuevo pontífice había decidido borrar cualquier vestigio del papa Borgia, hasta sus escudos de armas.​ Uno de ellos fue Miguel Ángel, que recibió el encargo de pintar la bóveda de la Capilla Sixtina.
     La primera de las célebres stanze que comenzó a pintar, es la conocida como Stanza della Segnatura —por el uso que tenía en tiempos de Giorgio Vasari—, produjo un impacto extraordinario en el arte romano. Hoy día continúa siendo considerada la obra maestra del pintor, pues contiene La Escuela de Atenas, El Parnaso y La disputa del Sacramento, que son algunas de las obras más conocidas del pintor. Como consecuencia de este gran éxito, le fueron encargadas nuevas estancias, desplazando a otros artistas previamente contratados, como Perugino o Luca Signorelli. Concluyó tres de ellas, todas con pinturas en sus muros y, a menudo, también en los techos. Sin embargo, la inmensidad del trabajo asumido le obligó a delegar la ejecución práctica de sus detallados diseños (que siempre realizó en persona) en los miembros del numeroso taller que había formado. Eran estos artistas de sobrada capacidad, que con posterioridad a la muerte del propio Rafael, se encargarían de la decoración de la cuarta estancia, basándose en los diseños que el maestro había dejado. La muerte de Julio II (1513) no interrumpió los trabajos, pues su sucesor, el papa León X, un Medici, estableció una relación cercana con el artista, que continuó recibiendo encargos.​ El amigo de Rafael, el cardenal Bibbiena, era uno de los antiguos tutores del nuevo papa, y su íntimo amigo y consejero.
     Es evidente que Rafael se dejó influir por los frescos del techo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Vasari dice que Bramante lo introdujo en dicha capilla secretamente. La bastida correspondiente a la primera sección en ser terminada fue retirada el año 1511. La reacción de los demás artistas ante la superior fuerza expresiva de Buonarroti fue la cuestión dominante en el arte italiano en las dos décadas posteriores. Rafael ya había demostrado su capacidad de asimilación de influencias externas a su propio estilo, y aceptó el reto tal vez con mayor intensidad que cualquier otro artista. Uno de los primeros y más claros ejemplos fue el retrato del mismo Miguel Ángel como Heráclito en La Escuela de Atenas, que parece sacado directamente de las Sibilas o los ignudi del techo de la Capilla Sixtina. Otras figuras de esta y otras obras posteriores en las estancias acusan la misma influencia, pero todavía más integradas en el estilo personal de Rafael.
     Buonarroti lo acusó de plagio y unos años antes de la muerte de Rafael se quejaba en una carta del siguiente tenor: «todo lo que sabe de arte lo ha aprendido de mí», aunque en otras ocasiones se mostró más generoso.​
     Estas enormes y complejísimas composiciones pueden ser consideradas entre las obras supremas del Renacimiento. Proporcionan una visión extremadamente idealizada de los sujetos representados, y las composiciones, aunque ya perfectamente concebidas en dibujo, parecen sufrir de sprezzatura, un término ideado por su amigo Baldassare Castiglione, que él definía como «una cierta indiferencia que impregna toda la obra y que nos hace pensar o decir que ha fluido sin ningún esfuerzo».[42]​ Según Michael Levey, «Rafael les da a sus figuras una gracia y claridad sobrehumanas en un universo de certezas Euclidianas». La pintura es de la máxima calidad en las dos primeras estancias, pero las composiciones posteriores, especialmente las que contienen acción de tinte dramático, no son completamente perfectas por lo que atañe a la concepción, como tampoco en la ejecución de sus ayudantes.
     Los proyectos en el Vaticano ocuparon la mayor parte de su tiempo, pero aun así pintó algunos retratos, incluyendo los de sus mecenas, los papas Julio II y León X, el primero de los cuales es considerado como uno de sus mejores retratos. Otros retratos fueron los de sus amigos, como Castiglione, o de personajes del círculo de los papas. Algunos gobernantes lo presionaron con hacer sus respectivos encargos, como a Francisco I de Francia que le fueron enviados dos pinturas como presente diplomático del papado. Para Agostino Chigi, el inmensamente rico tesorero del papa, Rafael pintó La Galatea, diseñó frescos decorativos para su Villa Farnesina y pintó dos capillas en las iglesias de Santa Maria della Pace y Santa Maria del Popolo.​ También diseñó parte de la decoración de la Villa Madama, sin embargo, la obra de ambas villas fue realizada por su taller.
     Uno de los encargos papales más importantes fue la serie de los Cartones de Rafael (actualmente en el Victoria and Albert Museum), una serie de 10 cartones para tapices, de los cuales han sobrevivido 7, y que representan escenas de las vidas de San Pablo y San Pedro, hechas para la Capilla Sixtina. Los cartones fueron enviados a Bruselas para ser tejidos en el taller de Pieter van Aelst el Viejo (padre del luego famoso pintor Pieter Coecke). Es posible que Rafael viera la serie completa terminada antes de su muerte. Probablemente fueron terminados en 1520. También diseñó y pintó las Logias vaticanas, una galería larga y estrecha entonces abierta a un patio a un lado y decorada en el estilo grotesco​ típico de Roma. Pintó también ciertos retablos importantes, como por ejemplo el Éxtasis de Santa Cecilia y la Madonna Sixtina. Su última obra, en la que estuvo trabajando hasta la muerte, fue La Transfiguración, que en compañía de El Pasmo de Sicilia muestra la dirección que había tomado su arte en las postrimerías de su vida: un estilo más proto-barroco que manierista.
     El cardenal Bernardo Dovizi di Bibbiena obtuvo del papa León X, a cambio del apoyo concedido para su elección, la autorización para reestructurar su apartamento en el interior de los palacios Vaticanos. Culto humanista y literato, de gustos refinados, el cardenal deseaba que su apartamento estuviese a la altura de la tradición romana y encargó el proyecto a Rafael. Corría el año 1516; Rafael, con sus ayudantes se ocupó del conjunto decorativo, inspirándose en la Villa de Adriano en Tívoli y en la Domus Aurea, alcanzando resultados de gran refinamiento y elegancia en el entrelazamiento de motivos clásicos y elementos ornamentales de gusto antiguo, que constituirán durante tiempo un imitado motivo decorativo. Igual decoración desarrolló en las Logias vaticanas (1519). La estructura del conjunto refleja la cultura y el gusto de Rafael; la ejecución es de sus alumnos: Giovanni da Udine, G. Romano y G. F. Penni.
     Retrato de Andrea Navagero y Agostino Beazzano o Retrato Doble, obra hecha por Rafael Sanzio durante su periodo romano. El retrato parece haber sido hecho en abril de 1516 estando los dos humanistas retratados en Roma, poco antes de que Andrea Navagero regresara a Venecia con motivo de su nombramiento como bibliotecario de la República Serenísima. La magna obra del italiano está hecha al óleo sobre lienzo. Mide 76 cm de alto y 107 de ancho y se conserva actualmente en la Galería Doria Pamphili de Roma.
     Vasari dice que Rafael llegó a tener un taller con cincuenta pupilos y ayudantes, muchos de los cuales llegarían a ser después importantes artistas por su propio derecho. Fue, posiblemente, el mayor taller reunido bajo el magisterio de un único gran maestro de la pintura, y mucho mayor de lo habitual. Incluía destacados pintores provenientes de otras regiones de Italia, que probablemente trabajaban con sus propios equipos como subcontratistas, así como aprendices y obreros. Hay poca información sobre el taller y sobre su organización interna, aparte de las mismas obras de arte, a menudo difíciles de atribuir a la intervención de un artista concreto.
     Tras la muerte de Rafael, la actividad del taller continuó, sin embargo, muchas de sus pinturas quedaron incompletas, así como algunas de sus posesiones. Los miembros más destacados fueron Giulio Romano, joven discípulo de origen romano —de 21 años—, y Gianfrancesco Penni, ya considerado un maestro, de origen florentino. Penni no alcanzó el mismo nivel de reputación personal que Giulio Romano, y después de la muerte de Rafael, ocupó el puesto de ayudante de Giulio Romano durante la mayor parte de su carrera. Perino del Vaga, ya un maestro, y Polidoro da Caravaggio, quien supuestamente ascendió a la posición de pintor luego de ocupar el humilde oficio de trasportar materiales para los obreros, también llegaron a ser importantes pintores. Maturino da Firenze, como en el caso de Penni, fue eclipsado por la fama de su compañero Polidoro. Giovanni da Udine gozaba de un estatus más independiente, y fue responsable de la decoración en estuco y los grotescos que decoraban los principales frescos.​ La mayor parte de los artistas se dispersaron, y algunos de ellos tuvieron una muerte violenta a raíz del saqueo de Roma de 1527.​ Esto contribuyó a la difusión del estilo de Rafael por toda Italia y a lugares más lejanos.
     Vasari da mucha importancia al hecho de que Rafael logró un armonioso y eficiente taller, y al igual su habilidad y paciencia en la resolución de los conflictos o disputas entre los clientes y sus ayudantes, algo de lo que carecía Miguel Ángel con ambos colectivos.​ Aun así, hoy en día, es casi imposible descifrar las partes que Rafael y sus ayudantes realizaron, ya que, tanto Romano como Penni, eran diestros, no hay duda de que muchas de las últimas obras murales de Rafael, y probablemente algunas de sus obras de caballete, destacan más por el dibujo que por la ejecución. Sin embargo, muchos de sus retratos, que se encuentran en buenas condiciones, muestran la brillante técnica de ejecución que alcanzó al final de su vida.
     Otros de sus destacados discípulos y ayudantes fueron Raffaellino del Colle, Andrea Sabbatini, Bartolomeo Ramenghi, Pellegrino Aretusi, Vincenzo Tamagni, Battista Dossi, Tommaso Vincidor, Timoteo Viti—pintor de Urbino—, así como el escultor y arquitecto Lorenzetto —cuñado de Giulio Romano—.​ Se ha dicho que el flamenco Bernard van Orley trabajó durante un tiempo para Rafael, y que Luca Penni, hermano de Gianfrancesco, tal vez fue miembro del taller.
     A lo largo de su vida realizó varios retratos donde mostró una gran medida de gracia y armonía, ejemplo de esto fue el de Baltasar de Castiglione. Las Madonne y los bambini llenos de belleza y elegancia fueron un tema recurrente tanto en sus retratos como en sus pinturas. En la "Última Cena" dio un gran protagonismo a la figura de los apóstoles. De igual manera realizó retratos de grandes personajes como: del Cardenal Bibbiena (c. 1516), el Retrato de Andrea Navagero y Agostino Beazzano (c. 1516), Retrato de Bindo Altoviti (c. 1514), Retrato de Tommaso Inghirami (1515-1516), Retrato de cardenal (1510-1511), Retrato de Julio II (1511-1512) y Retrato del cardenal Alessandro Farnese (1509-1511). Muchos de ellos se encuentran hoy dispersos en los museos y galerías de Europa.
     La relación de Rafael con Leonardo da Vinci en Florencia a principios del siglo XVI fue muy significativa. El modelo inspirador es la Gioconda, que por el efecto emocional de su mirada y sobre todo la integración entre la figura y el paisaje constituyó un modelo de reflexión para Rafael. Pero en los retratos de Rafael la línea establece netamente las formas, que gracias a su certeza se convierten en "módulo" espacial, en equilibrio entre lleno y vacío, en medida de la relación entre lo particular y lo universal, en síntesis perfecta de las verdades de la persona. También la trayectoria de Rafael se concreta en la superación de las formas poco convencionales de Perugino, en la adquisición de una pintura autónoma, libre, que sea expresión del perfecto equilibrio existente entre el hombre y la naturaleza. Los comitentes del artista son representantes de la alta burguesía de los banqueros y los mercaderes o de la aristocracia menor, mientras la sociedad más elevada se dirige a pintores de más fama, como Ghirlandaio.
     El encargo papal acrecienta enormemente la fama y el prestigio de Rafael, que entre 1509 y 1513 recibe numerosas peticiones de cardenales y nobles más o menos próximos a la curia romana. Realizaba dichos retratos al mismo tiempo que ejecutaba las estancias. En este ámbito es interesante la evolución del retrato. La novedad es que se advierte en ellos una mayor propensión a representar los rasgos como indicadores de la interioridad, más allá de la preocupación por la afirmación del estado social; además, resulta evidente la representación de la figura como presencia más cierta y consciente.
     Tras la muerte de Bramante, en 1514, fue nombrado arquitecto de la basílica de San Pedro. La mayor parte de sus obras arquitectónicas han sido derrumbadas o modificadas después de su muerte y a raíz de la aceptación de los diseños de Miguel Ángel, pero, sobreviven unos pocos diseños. Para el análisis de estos, se llevó a cabo el examen de un templo que se encontraba muy oscuro, con grandes pilares a lo largo, «como un callejón» según un análisis crítico y póstumo de Antonio da Sangallo el Joven. Existe también la hipótesis de que el templo tiene un parecido con el santuario de La expulsión de Heliodoro del templo.​ Rafael diseñó otros edificios, y durante un corto tiempo se le consideró el arquitecto más importante de Roma y el preferido del círculo social del papa. Julio había hecho cambios en la disposición urbanística de la ciudad, creando varias vías públicas, las cuales aparentaban esplendorosos palacios.
     Un importante edificio, el Palazzo Branconio dell'Aquila del chambelán de León X, fue completamente derrumbado para hacer lugar a la plaza diseñada por Bernini para San Pedro, obra que jamás se realizó, pero se han conservado dibujos de la fachada y del patio. La fachada gozaba de una abigarrada decoración, inusual para la época, incluyendo tanto paneles pintados en el piso superior (de tres) como profusión de esculturas en el piso intermedio.​ El diseño básico de la Villa Farnesina no fue de Rafael, pero él diseñó y pintó la Capilla Chigi para el propietario, Agostino Chigi, tesorero del papa. Otro edificio, para el doctor del papa León, el Palazzo di Jacobo da Brescia, el cual fue trasladado en la década de 1930, y actualmente se mantiene en pie; dicho edificio fue diseñado como complemento de un palacio de la misma calle, obra de Bramante, donde el mismo Rafael residió durante un tiempo.​ La Villa Madama, una espléndida residencia de recreo del cardenal Julio de Médicis, posteriormente del papa Clemente VII, nunca fue terminada, pero sus planos revelan su propósito. Se hizo un diseño a partir de los planos constructivos por Antonio da Sangallo el Joven y aunque incompleta, era la villa más sofisticada diseñada hasta el momento en Italia. De este modo, influyó de manera importante en los diseños posteriores de este tipo de edificio (este parece ser el único edificio moderno de Roma del cual Palladio hizo un dibujo medido).​ Solo quedan los planos de la planta baja de un gran palacio diseñado por él mismo a la nueva «Via Giulia», en el Borgo, para el cual estuvo acumulando el terreno en sus últimos años. Se encontraba en una manzana irregular cerca del río Tíber. Parece que las fachadas debían incluir una orden gigante de pilastras​ elevándose al menos dos plantas hasta la altura completa de la planta noble, «un estilo grandilocuente sin precedentes en un palacio de carácter privado». En 1515, le fueron otorgados poderes como "Prefecto" sobre todas las antigüedades que se desenterraran en la ciudad y hasta una milla alrededor de esta. Rafael escribió una carta al papa León sugiriendo medidas para impedir la destrucción de los monumentos antiguos, y propuso una inspección visual de la ciudad para registrar las antigüedades de manera organizada. La opinión del Papa era diferente, quería seguir reutilizando las antiguas fábricas para la construcción de San Pedro, pero quería que todas las inscripciones antiguas quedaran documentadas, así como también conservar las esculturas, antes de dar permiso para el uso de la piedra.
     Se le considera uno de los dibujantes más finos en la historia del arte occidental y uno de los que usó ampliamente el dibujo para planear sus composiciones. Según Armerina, experta en la vida del artista, cuenta, que cuando este empezaba a planear una composición, extendía en el suelo un gran número de dibujos que conservaba archivados, y comenzaba rápidamente a dibujar, utilizando figuras de «aquí y de allá».​ Han sobrevivido unos cuarenta bocetos de la Disputa de las Estancias y probablemente haya más entre las cuatrocientas hojas que se tienen actualmente de sus pre-diseños; bien solo constituyen una parte mínima de los que realizó el artista o hizo realizar por su taller bajo su supervisión.​ Hizo muchos dibujos para perfilar las posturas y las composiciones, aparentemente en cantidad superior a la de otros pintores, a juzgar por la gran cantidad de variantes que han sobrevivido: «... Es así como el mismo Rafael, que tenía tanta riqueza inventiva, solía trabajar, siempre partiendo de cuatro o seis maneras diferentes de exponer la escena, cada una de ellas diferente al resto, y todas ellas llenas de gracia y finura» escribió un autor tras la muerte de este.​ Para John Shearman, el arte de Rafael marca «un desplazamiento de los recursos desde la producción hacia la investigación y el desarrollo».​
     Su obra está acompañada de un inmenso corpus de dibujos, que constituyen un fundamental documento de apoyo de las obras pintadas, pero que deben ser entendidos e interpretados como un ámbito de investigación autónomo y original. Han sido catalogados por Fischer como una estancia romana.
     Ciertamente, desde el período umbro, el dibujo constituía una parte fundamental de su método de trabajo: se trata de esbozos o estudios principalmente al natural, útiles para enfocar un detalle de la composición, aunque debe reconocerse que los motivos del dibujo nunca son transferidos a la obra definitiva sin modificaciones ni variaciones.
     Cuando estaba satisfecho con una composición a menudo la trasladaba a cartón a escala real, que posteriormente perforaba con un punzón, dejando agujeros por donde dejaba pasar un poco de hollín, de modo que quedaban líneas en la superficie final como guía. También hizo un uso exhaustivo y poco habitual, tanto en papel como en yeso, de una «aguja ciega», marcando líneas que dejaban solo una hendidura, pero ninguna marca. Estas pueden ser vistas en el muro de La escuela de Atenas y en muchos otros dibujos. Los Cartones de Rafael, como diseños para tapices que eran, fueron completamente coloreados con pintura al temple, y fueron enviados a Bruselas para ser tejidos.
     En las últimas obras pintadas por el taller, los dibujos son a menudo mucho mejores que la pintura. La mayor parte de sus dibujos son bastante detallados, incluso los bocetos iniciales con figuras desnudas están cuidadosamente hechos, y los posteriores dibujos de preparación tienen un alto nivel de acabado, con sombreados y, a veces, zonas iluminadas en blanco. Carecían de la libertad y la energía de algunos de los bocetos de Leonardo o de Miguel Ángel, pero siempre muy satisfactorios desde el punto de vista estético. Fue uno de los últimos artistas en utilizar de manera habitual un dispositivo metálico, aunque también supo hacer un soberbio uso de la técnica más libre del carbón rojo o negro.​ En sus últimos años fue uno de los primeros artistas en usar modelos femeninos para dibujos preparatorios, aunque cabe mencionar que habitualmente se usaban hombres para estudio de ambos sexos. («Garzón»).
     Las técnicas son dispares: lápiz, sanguina, pluma, punta de plomo o de plata, bistre, albayalde, acuarela, trazos netos o esfumados, sobre papel blanco o coloreado.
     Rafael no hizo directamente los grabados, sino que buscó la colaboración de Marcantonio Raimondi para reproducirlos a partir de sus dibujos, colaboración que dio lugar a muchos de los grabados italianos más afamados del siglo y que marcó la evolución de este arte. Este interés por los grabados no es habitual entre los grandes maestros; de sus contemporáneos, solo Tiziano, quien trabajó con Raimondi, pero de una forma menos satisfactoria.​ Se hicieron alrededor de cincuenta planchas, algunas copiando pinturas conocidas de Rafael, pero otras aparentemente sobre diseños originales expresamente pensados por el maestro. Parte de estos dibujos preparatorios se ha perdido, y su existencia se conoce solamente porque Raimondi los trasladó al grabado.
     Los grabados originales más famosos surgidos de esta colaboración fueron Lucrecia, el Juicio de Paris y La masacre de los Inocentes (del que fueron grabadas dos versiones prácticamente idénticas). Entre los grabados basados en pinturas cabe destacar El Parnaso (con diferencias considerables respecto a la original)​ y Galatea. Fuera de Italia, los de Raimondi y otros fueron la principal vía de divulgación del arte de Rafael hasta el siglo XX. Baviero Carocci, llamado por Vasari «Il Baviera»,​ un ayudante a quien Rafael confiaba su dinero,​ se quedó en posesión de muchas de las planchas​ después de la muerte del artista, y tuvo éxito en la nueva ocupación de editor de grabados.
     Rafael vivía en Borgo, con bastante lujo y en un palacio diseñado por Bramante. Nunca se casó, pero en 1514 se comprometió con María Bibbiena, sobrina del cardenal Médici. Parece que su amigo, el cardenal, forzó el compromiso, y que la falta de entusiasmo del artista no hizo posible los esponsales antes de su muerte en 1520.​ Se ha dicho que tuvo varias relaciones amorosas, pero mientras vivió en Roma gozó de una relación permanente con Margherita Luti, «La Fornarina», llamada así por ser hija de un panadero (fornaio en italiano) de origen sienés llamado Francesco Luti, que vivía en la Via del Governo Vecchio.
     Fue nombrado mayordomo del Papa León X, lo que le daba un cierto estatus ante la corte y unos ingresos adicionales, así como también, caballero de la Orden Papal de la Espuela Dorada. Vasari afirma que estos nombramientos, y al igual que los muchos encargos hechos por estos, pudieron ser motivo y explicación del retraso de su casamiento.​ Según Vasari, su prematura muerte en un Viernes Santo (6 de abril de 1520, posiblemente el día de su aniversario treinta y siete) fue debido a una noche en la cual tuvo excesivas relaciones sexuales con «La Fornarina», tras lo cual enfermó con fiebre, y al no confesarle a los doctores la verdadera causa, no le fue administrado el cuidado correcto, lo que le causó la muerte.​ Fuese cual fuese la causa, en la agudización de su enfermedad, que duró quince días, pudo recibir la extremaunción y puso sus cosas en orden. Dictó su testamento, mediante el cual dejó suficiente dinero para manutención de su amante, confiado a su leal sirviente Baviera, y dejó la mayor parte del contenido de su taller a Giulio Romano, a Penni y a un desconocido sacerdote de Urbino que era pariente suyo. Cumpliendo su solicitud, fue enterrado en el Panteón de Roma en una tumba presidida por una escultura de la Madonna del Sasso.
     La biografía de Vasari dice que nació en Viernes Santo, y que en 1483, ese día fue el 28 de marzo. Esto significa que si Rafael efectivamente nació y murió en Viernes Santo, en realidad no murió el día de su cumpleaños, ya que el Viernes Santo de 1520 fue 6 de abril.​ Su funeral fue grandioso y acudió una gran multitud. La inscripción en su sarcófago de mármol, un pareado elegíaco escrito por Pietro Bembo, dice:
     ILLE HIC EST RAPHAEL TIMVIT QVO SOSPITE VINCI RERVM MAGNA PARENS ET MORIENTE MORI
     Puede traducirse como Aquí yace Rafael, por el que en vida temió ser vencida la naturaleza, y al morir él, temió morir ella.
     Y el conde Baldassare Castiglione escribió sobre su muerte de esta forma:
     "Por haber sanado con su arte médica el cuerpo herido de Hipólito y por haberlo sacado de las aguas estigias, el mismo Epidauro fue hundido en las aguas estigias. Así el precio de la vida supuso la muerte del artífice. Tú también, Rafael, mientras recomponías con admirable talento Roma mutilada en todo su cuerpo y el cadáver de la ciudad desgarrado por el hierro, el fuego y los años, y mientras devolvías a la vida su antigua dignidad, moviste la envidia de los de arriba y la Muerte se indignó de que pudieras devolver el alma a lo ya extinguido y de que tú despreciando su ley de nuevo reparases lo que el lento paso del tiempo había hecho desaparecer. Así, infeliz, rota tu primera juventud, ay, caíste recordándonos que todos nosotros y lo nuestro ha de morir."
     El retrato de Rafael que copia más directamente el modelo de la Gioconda es el de Maddalena Doni: el mismo corte con el busto entero, la misma articulación en el espacio, la misma evidencia de las manos en primer término. Ahora bien, la lectura comparada de las dos obras evidencia una profunda distancia en la concepción. Leonardo, al regresar a Florencia, llevaba consigo el fruto de los estudios milaneses sobre la realidad fenoménica y una actitud de tipo "científico", con base en la cual la indagación sobre la realidad estaba exenta de cualquier certeza a priori. Rafael llegaba a Florencia después de la experiencia de Urbino, que había desarrollado en él la concepción del arte como evidencia de la verdad representada en la perfección de la forma geométrica. El joven se mide con el más viejo Leonardo.
     Mientras Rafael trabajaba en la estancia de la Signatura, Miguel Ángel estaba dando vida, en la bóveda de la antigua capilla Sixtina, al otro monumento fundamental de la pintura renacentista. La comparación entre las dos obras es inevitable, aunque a decir verdad ya en los años florentinos Rafael había tenido ocasión de razonar sobre la interpretación miguelangeliana de la forma, extrayendo eficaces sugerencias. Pero en Roma, algunas figuras de la bóveda de la stanza della Segnatura, en particular las personificaciones de las Virtudes, están concebidas según una monumentalidad nueva, plasmadas en gigantescos altorrelieves, articuladas en posturas construidas por líneas quebradas, alejadas del flujo armónico del ritmo clásico propio de Rafael. La cuestión es cómo el artista pudo ver la bóveda de Miguel Ángel, que fue descubierta después de la conclusión de la stanza della Segnatura. Vasari cuenta que Rafael, con la complicidad de Bramante, habría aprovechado una breve ausencia de Miguel Ángel para subir a los andamios de la Sixtina; otras versiones cuentan que el Papa Julio II permitió el acceso a Rafael a la sala. Pero el relato no es creíble; es más probable que las Virtudes fueran realizadas después de un descubrimiento parcial de la Sixtina.
     La Roma de los papas, donde Rafael ocupa una posición de gran prestigio, es el escenario ideal para que la obra del pintor supere los límites de su propia actividad y llegue a otros ámbitos más lejanos. En ese sentido debe considerarse la relación con el gran pintor alemán Alberto Durero, testimoniada por una serie de documentados intercambios epistolares, fechados en 1515. Ese año Rafael envía a Durero un dibujo para la Batalla de Ostia, sobre el que el propio Durero anota en alemán:
     Rafael de Urbino, que ha sido tan estimado por el papa, ha hecho estas figuras desnudas y las ha enviado a Alberto Durero a Nuremberg, para mostrarle un trabajo de su mano.
     Entre los dos artistas se produce un intercambio de ensayos; de este modo, el pintor alemán envía un autorretrato a la grisalla y algunos grabados, que despiertan el interés de Rafael por esa técnica, en la que hizo especializarse a su alumno Marcantonio Raimondi. No se han documentado relaciones más precisas, pero el análisis de algunas obras de los dos artistas revela ese intercambio recíproco.
     Gozó de la admiración de sus contemporáneos, aunque su influencia en el desarrollo del arte en su siglo fue menor que la de Miguel Ángel. El manierismo, que comenzó más o menos en el tiempo de su muerte, y el barroco posterior, llevaron el arte en una «dirección completamente opuesta» a las cualidades rafaelinas; «con la muerte de Rafael, el arte clásico —el Alto Renacimiento—se hundió», según manifiesta Walter Friedlander.​ Sin embargo, pronto fue considerado como modelo ideal para aquellos que detestaban los excesos del manierismo:
     La opinión ... generalmente mantenida a mediados del siglo XVI era que Rafael representaba el pintor idealmente equilibrado, universal en su talento, completo en todos los sentidos, y respetuoso con todas las reglas que supuestamente debían gobernar las artes, mientras que Miguel Ángel era el genio excéntrico, más brillante que otros artistas en su campo particular, el dibujo del desnudo masculino, pero desequilibrado y carente de ciertas cualidades, como la gracia y la contención, esenciales para un gran artista. Quienes, como Dolce y Pietro Aretino, que sostenían este punto de vista fueron generalmente los supervivientes del Humanismo renacentista, incapaces de apoyar a Miguel Ángel por su deriva manierista.
     Las composiciones de Rafael han sido siempre admiradas y estudiadas, y se han convertido en «joya» del arte académico. El período de mayor influencia se extendió desde finales del siglo XVII hasta finales del siglo XIX, en que fueron muy admirados tanto su perfecto equilibrio como su decoro. Fue visto como el modelo perfecto de la historia de la pintura, y al mismo tiempo era considerado como el más elevado de la jerarquía de géneros. Sir Joshua Reynolds, en su obra Discursos, alabó su «simple, grave y majestuosa dignidad» y dijo que «se sitúa como el principal de los primeros [sobre los mejores] pintores», especialmente por sus frescos (entre los que incluía los Cartones), mientras que «Miguel Ángel reclama el siguiente lugar. No poseía tantas cualidades excelsas y descomunales como Rafael, pero las que poseyó eran del más alto nivel». Haciéndose eco de las opiniones del siglo XVI expresadas anteriormente, Reynolds concluye:
     La excelencia de este hombre extraordinario radica en el decoro, belleza y majestad de sus personajes, la juiciosa organización de su composición, la corrección del dibujo, la pureza de gusto y la talentosa adaptación de contribuciones ajenas a sus propios objetivos . Nadie le superó en este juicio, en saber unir la propia observación de la naturaleza, la energía de Miguel Ángel y la belleza y simplicidad del arte antiguo. Por tanto, a la pregunta de quién debería ostentar el primer puesto, Rafael o Miguel Ángel, debería contestarse, que si fuese a concederse a quien posee cualidades en el arte superiores a cualquier otro, no hay duda de que Rafael es el primero. Pero si, según Longinos, lo sublime, considerado como la mayor obra que el hombre puede conseguir, compensa abundantemente la ausencia de cualquier otra belleza y neutraliza cualquier otra deficiencia, entonces Miguel Ángel pediría la preeminencia.
     Reynolds mostraba menos entusiasmo por las pinturas de caballete de Rafael, pero la ligera sentimentalidad que desprenden las hizo muy populares durante el siglo XIX: «Nos hemos acostumbrado a ellas desde la infancia, a través de un enorme número de reproducciones, cosa jamás hecha por algún otro artista...» escribió Wölfflin, quien había nacido en 1862, sobre la obra Las Vírgenes del florentino. En Inglaterra, en el siglo XIX, la Hermandad Prerrafaelista reaccionó explícitamente en contra de su influencia (y también en contra de la de sus admiradores, como «Sir Sploshua»), en busca de un retorno hacia los estilos anteriores a su «nefasta» influencia. Según John Ruskin:
     La maldición de las artes en Europa vino de esta cámara [la Stanza della Segnatura], provocada en gran parte por las grandes cualidades del hombre que había marcado el inicio del declive. La perfección de la ejecución y la belleza formal características de su obra y de la de sus contemporáneos hicieron del acabado de la ejecución y la belleza de la forma del objeto clave de todos los artistas, y desde entonces la ejecución fue considerada más importante que la idea, y la belleza más importante que la verdad. Y como os decía, estas son las dos causas secundarias del declive del Arte, siendo la primera de ellas la pérdida del propósito moral. Hay que expresarse claramente. En el arte medieval, la idea es el elemento principal, la ejecución en segundo lugar, en el arte moderno la ejecución es el elemento más importante, y la idea el segundo. Y nuevamente, en el arte medieval la verdad es el elemento más importante, la belleza va en segundo lugar, en el arte moderno la belleza es el elemento principal, y la verdad el segundo. Los principios medievales hicieron ascender el arte hacia Rafael, y los principios modernos lo hicieron descender desde él.
     Todavía en el siglo XX fue considerado por críticos como Bernard Berenson como el «más famoso y más querido maestro del Alto Renacimiento», pero todo indica que en este siglo fue superado en aprecio por Miguel Ángel y Leonardo.



     La calle Rafael está situada en la barriada El Señorío de Burguillos. Va de la avenida Van Gogh, a la avenida Rodin y tiene una longitud de 250 metros aproximadamente, siendo unidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado, asfaltada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por viviendas unifamiliares de distintas promociones inmobiliarias de una y dos plantas en altura, formando parte de una zona residencial.
   La calle Rafael es, históricamente, una vía moderna el callejero burguillero, puesto que fue creada a comienzos del siglo XXI con el boom inmobiliario que se produjo en nuestro pueblo, de ahí su estilo impersonal, muy característico de todas las urbanizaciones contemporáneas no sólo de nuestro pueblo, sino de todo el urbanismo actual.

lunes, 30 de marzo de 2026

Geografía: El paraje "Piedras Gordas"

     Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del paraje "Piedras Gordas".


      El paraje "Piedras Gordas", lugar que toma su nombre, del propio enclave, ya que es un lugar en el que podíamos encontrar piedras de un tamaño considerable, a modo de pedregal, de ahí su denominación.





     Al paraje "Piedras Gordas" se llega tras salir del casco urbano de Burguillos por la calle Real, tomar el camino de Castilblanco de los Arroyos (el que lleva a, entre otros lugares, a La Madroña) y poco antes de llegar a la de una pronunciada curva a la derecha, nos sale un camino hacia la izquierda que nos lleva al paraje "Piedras Gordas", delimitado al norte por el paraje de "La Madroña"; al Este por el paraje "Las Escibanas"; al Sur, por el camino que lleva a la Casa de las Escribanas; y, al Oeste, por la Fuente de la Galvana, encontrándose a unos 3'5 km. de nuestro pueblo y a una media de 140 m. de altitud. Señalar que todas las imágenes provienen del Instituto Geográfico Nacional.


lunes, 23 de marzo de 2026

Callejero de Burguillos: La calle Juan Gris

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña e imágenes de la calle Juan Gris, en Burguillos, aprovechando que hoy, 23 de marzo, es el aniversario del nacimiento (23 de marzo de 1887), de Juan Gris, uno de los grandes genios artísticos, nacidos en España.


     La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos).
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al centro geográfico de la localidad, o del Ayuntamiento, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Está dedicada a Juan Gris, uno de los mejores pintores españoles de todos los tiempos.


Conozcamos la Biografía de Juan Gris, a quien está dedicada esta vía del callejero burguillero;
     José Victoriano González Pérez, "Juan Gris". (Madrid, 23 de marzo de 1887 – Boulougne-sur-Seine, París, Francia, 11 de mayo de 1927). Pintor.
     Nació en el n.º 4 de la calle del Carmen de Madrid, en el seno de una familia acomodada. La madre, Isabel Pérez Brasategui, procedía de Málaga. El padre, Gregorio González y Rodríguez, de Valladolid. Era el número trece de catorce hermanos, de los que sólo cuatro llegaron a la edad adulta. La familia, que vivía del comercio, se mudó de domicilio en varias ocasiones para adaptarse a una situación progresivamente menos acomodada. En 1902, José Victoriano ingresó en la Escuela de Artes e Industrias de Madrid (luego llamada Escuela Industrial). Allí estudió Matemáticas, Física, Ingeniería y Metodología Científica. Ese mismo año comenzó su colaboración gráfica con la prensa periódica, una actividad que supuso su principal fuente de ingresos durante muchos años. Sus primeros dibujos publicados aparecieron en las revistas Blanco y Negro y Madrid Cómico.
     En 1904 dejó la Escuela de Artes e Industrias y estudió Pintura en el taller de Moreno Carbonero, al tiempo que visitaba frecuentemente el Museo del Prado. Hizo entonces amistad con otros pintores jóvenes residentes en Madrid: Daniel Vázquez Díaz, Gorges Kars y Willy Geiger —colaborador de la revista modernista alemana Judgend—. También es posible que entablase amistad con Eulogio Varela, caricaturista modernista de la revista Blanco y Negro. En 1906 realizó las ilustraciones, de estilo modernista, del libro del poeta peruano José Santos Chocano titulado Alma América. Poemas Indoespañoles. Una de ellas aparece firmada por primera vez con el que fue su seudónimo a partir de entonces: J. Gris. La revista Blanco y Negro publicó La conquista del pan, apuntes para una comedia modernista, una novela de Francisco Flores, con tres ilustraciones de Juan Gris.
     A finales de septiembre llegó a París, donde le esperaba su amigo Daniel Vázquez Díaz en la Gare d’Orsay. Vázquez Díaz había animado a Gris a emigrar a la capital francesa. Después de pasar un tiempo en el hotel Calincourt, donde también vivía Vázquez Díaz, Gris se instaló en el n.º 13, rue Ravignan (edificio conocido en la historia del arte con el sobrenombre de “Bateau Lavoir”). En este edificio también vivió Picasso hasta el otoño de 1909. Allí conoció a poetas y críticos cercanos a este pintor, como Guillaume Apollinaire, André Salmon y Max Jacob. Algo más tarde, en 1907 conoció al crítico Maurice Raynal, a quien le unió, a partir de entonces, una gran amistad, y al pintor Georges Braque, que comenzaba a frecuentar el estudio de Picasso. Daniel Vázquez Díaz pintó entonces el Retrato de Juan Gris, hoy en paradero desconocido. En 1908 Gris conoció al marchante de origen alemán Daniel-Henri Kahnweiler, que acudía a visitar a Picasso y a contemplar en su estudio el lienzo Les Demoiselles d’Avignon y otras obras relacionadas. Se iniciaba así una relación que tendría gran trascendencia en la trayectoria artística y personal de Juan Gris.
     Durante estos primeros años en París, Juan Gris siguió publicando ilustraciones en revistas, como las catalanas Papitu, La Campana de Gràcia o L’Esquella de la Torratxa, a las que pronto siguieron otras francesas, como L’Assiette au Beurre, Le Charivari, Le Rire y Le Cri de París, así como el periódico Le Temoin.
     El 9 de abril de 1909 nació Georges González Gris, hijo de Juan Gris y de la joven francesa Lucie Belin, con quien Gris convivió unos años.
     En 1910, aunque continuó haciendo caricaturas para publicaciones francesas y catalanas, comenzó también a pintar. Realizó entonces su óleo más antiguo conservado, Sifón y botellas. Conoció a Pierre Reverdy, que dos años más tarde, en 1912, se instaló también en el Bateau Lavoir, justamente enfrente del estudio de Gris. Hacia 1911, el estilo de la obra de Gris se fue decantando hacia la geometrización cubista.
     Sus primeros retratos, de Maurice Raynal y de Juan Legua, así lo ponen de manifiesto.
     El año 1912 tuvo gran importancia en la trayectoria artística y vital de Juan Gris. En primer lugar, vendió algunos cuadros al galerista Clovis Sagot, quien organizó la primera exposición del pintor en enero de 1912. Este mismo año pintó el retrato titulado Hommage à Picasso, calificado por Apollinaire de “cubismo integral” (L’Intransigeant, 25 de marzo de 1912), e introdujo por primera vez el collage en sus obras. Asimismo, expuso en en Salon des Indépendents y en la Section d’Or de París, lo que significaba su plena incorporación pública a las vanguardias parisinas. Ya en calidad de vanguardista de incipiente prestigio, participó también en la exposición cubista de las Galerías Dalmau de Barcelona con cinco pinturas y tres dibujos. Esta muestra, que se celebró entre el 20 de abril y el 10 de mayo en el que era el espacio más abierto a la modernidad en la España de su tiempo, supuso para Gris la primera oportunidad de exponer en su país. Del mismo modo, el artículo publicado en La Publicitat de Barcelona, probablemente escrito por Junoy, fue la primera crítica dedicada enteramente a Gris. Quizá como consecuencia de todo esto, o quizá como culminación lógica de un proceso de acercamiento que había comenzado en 1907, Gris firmó un contrato con el marchante Daniel-Henri Kahnweiler, lo que le proporcionaba una primera estabilidad económica.
     Por último, Josette, que será la compañera estable de Gris hasta la muerte de éste, se estableció con él en la rue Ravignan.
     Entre agosto y noviembre de 1913, Gris y Josette residieron en Céret, un pequeño pueblo del Rosellón francés, donde también estaban el escultor catalán Manolo Hugué, Pablo Picasso y otros artistas. Este mismo año el poeta y crítico de arte Guillaume Apollinaire publicó Méditations Esthéthiques. Les peintres Cubistes, un libro llamado a convertirse en primera referencia sobre el movimiento artístico cubista. En él, dedicó un apartado a Juan Gris, en el que le calificaba como “el hombre que ha meditado sobre todo lo moderno, [...] el artista pintor que no quiere concebir más que estructuras nuevas, que no querría dibujar ni pintar otra cosa que formas materialmente puras”. El marchante Léonce Rosenberg y la escritora y coleccionista americana Gertrude Stein, que fue una de las grandes defensoras de la obra de Gris, adquirieron por primera vez cuadros suyos.
     En los primeros meses de 1914 Gris hizo casi exclusivamente collages. Para pasar el verano, Gris y Josette se trasladaron a Collioure, un pueblo costero cercano a la frontera con España. Allí se encontraron con los pintores Pierre Matisse y Albert Marquet, con quienes compartieron mucho tiempo de trabajo y conversaciones.
     El estallido de la Primera Guerra Mundial rompió el ambiente eufórico de las vanguardias parisinas, lo que afectó también a Juan Gris. Los cubistas se dispersaron, siendo muchos de ellos llamados a filas, mientras otros, como Picasso, por ser extranjeros, permanecieron en una situación incómoda en el interior de Francia. Por su parte, el marchante Kahnweiler, por su origen alemán, debió permanecer fuera de Francia, mientras sus propiedades eran confiscadas.
     Desde Berna, donde se había refugiado, Kahnweiler sólo pudo mantener durante unos meses el apoyo económico a Gris.
     A pesar de su situación precaria, en enero de 1915 rehusó la propuesta de compra de cuadros de Léonce Rosenberg, por fidelidad a su contrato con Kahnweiler.
     Sin embargo, unos meses más tarde y una vez asumida la nueva situación europea, este contrato quedó roto de común acuerdo. Por su parte, Gertrude Stein, enterada de los apuros económicos de Gris, le envió dinero regularmente durante unos meses. De regreso a París, Gris ilustró Poèmes en prose, de Pierre Reverdy, publicado por Paul Virault, y se reunió a menudo con el pintor cubista Jean Metzinger. Realizó su primer cuadro con el tema de “ventana abierta”: Naturaleza muerta y paisaje Place Ravignan, influido por la obra de Matisse. Este tema, que contraponía metafóricamente la visión interior y la visión exterior, fue abordado con frecuencia en toda su obra posterior. El pintor italiano Amadeo Modigliani, también residente en París, pintó su Retrato de Juan Gris.
     Léonce Rosenberg encargó en 1916 a Gris y Reverdy la realización de un libro. En verano del mismo año, Gris y Josette se instalaron en Beaulieu, cerca de Loches, en la región de Turena. Gris realizó entonces Mujer con mandolina (copia de Corot) y Retrato de Josette.
     En ellos mostraba tanto su interés por las fuentes históricas de la pintura moderna como su sentido estructural de la imagen.
     En noviembre regresaron a París. Allí colaboró en la organización de un homenaje al poeta Guillaume Apollinaire, que había sido herido en la trinchera. En enero de 1917, volvió a mostrar su solidaridad con los artistas franceses que habían sido movilizados por la guerra, acudiendo a un banquete celebrado en París para celebrar la recuperación del pintor Georges Braque de sus heridas. Gris reanudó su amistad con este artista, que comenzó entonces a pintar de nuevo, así como con el escultor lituano Jacques Lipschitz. Posiblemente esta relación con Lipschitz le animara a introducirse en el campo de la escultura, realizando entonces su primera pieza tridimensional: una escultura policromada titulada Arlequin. Después de una larga insistencia, el marchante Léonce Rosenberg firmó finalmente un contrato con Gris para tres años, comprando toda su obra de 1915 en adelante.
    Entre abril y noviembre de 1918, Gris y Josette se establecieron en Beaulieu, donde recibieron las visitas de los artistas Jean Metzinguer, Jacques Lipschitz, María Blanchard y del poeta chileno Vicente Huidobro.
     El 11 de noviembre se declaró el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Dos días antes había fallecido Guillaume Apollinaire. En diciembre, el n.º 3 de la revista Dada, publicada por el grupo del mismo nombre fundado en Zúrich por Tristan Tzara, reprodujo tres dibujos de Gris. El movimiento Dada era una propuesta muy radical, de rechazo de todas las formas de la cultura occidental, por lo que, de este modo, y a pesar de su proverbial moderación estética y vital, Gris quedaba alineado con lo más atrevido de la vanguardia de su tiempo. Paradójicamente, al año siguiente, en abril de 1919, la revista Valori Plastici, asociada tradicionalmente con el retorno al orden que sufrió el arte occidental coincidiendo con la crisis moral que supuso la guerra mundial, publicó también unas declaraciones de Gris en un volumen dedicado al cubismo. La obra de Gris era, pues, reivindicada también desde posiciones que proponían un retorno al clasicismo desde una relectura moderna del arte del pasado. Esta confluencia de posiciones opuestas en la obra y la figura de Gris se explica porque, siendo el más puro cubista, era también el más clásico.
     Recuperado el pulso de la vida cultural parisina tras la guerra, en abril de 1919 Gris realizó su primera exposición retrospectiva, con una cincuentena de obras posteriores a 1915, en la Galerie de l’Effort Moderne que había abierto Léonce Rosenberg. Con este motivo, se organizó una lectura de poemas de Jean Cocteau, con una introducción de Maurice Raynal y música de Jean Auric. Ilustró La Guitare endormie de Reverdy, y comenzó su serie de Arlequines. Daniel- Henri Kahnweiler reanudó sus relaciones con Gris desde Suiza.
     En 1920 expuso en la que constituiría la última sección cubista del Salon des Indépendents, y en la Section d’Or de París. Firmó un nuevo contrato con Kahnweiler, que abría ahora la Galerie Simon en la rue Astorg de París, y llegó a un acuerdo con Rosenberg, por el cual cada uno de los marchantes recibiría cuadros de determinadas medidas.
     Este mismo año comenzaron a aparecer los primeros síntomas de la enfermedad que ensombrecería sus últimos años de vida. Inicialmente fue diagnosticado de pleuresía, y comenzó así una etapa en la que los períodos de salud y de enfermedad se alternaban, lo que no le impedía desarrollar su actividad artística.
     Después de pasar el verano en Beaulieu, regresó en octubre a París, donde Kahnweiler le mostró su nueva galería.
     Su frágil estado de salud desaconsejaba el invierno en París, por lo que de nuevo Josette y Juan Gris viajaron en otoño, estableciéndose esta vez en Bandol-sur- Mer. Gris dedicó esos meses a trabajar en unas litografías de encargo, para ilustrar el libro Ne coupez pas, Mademoiselle, ou les erreurs de P.T.T., de Max Jacob, que se publicó un año más tarde. Maurice Raynal editó Juan Gris.
     Comenzó el año 1921 con un grave contratiempo: la noticia de que las obras que habían sido antiguamente propiedad de Kahnweiler, confiscadas durante la guerra, iban a ser subastadas.
     En febrero de 1921 apareció un texto de Raynal sobre Gris en la revista Esprit Nouveau, y en marzo se celebró una exposición de Gris en la galería de Rosenberg, Galerie de l’Effort Moderne. Mientras tanto, el poeta chileno Vicente Huidobro, que había colaborado en la creación de un ambiente vanguardista en el ámbito literario madrileño, le pidió una litografía —un retrato del autor— para el libro que preparaba: Tremblement du ciel. Otra muestra de su contacto y participación activa en el ambiente vanguardista parisino fue su intervención en una polémica sobre el concepto de “purismo”. Este concepto había sido expuesto por Ozenfant y Jeanneret en la revista L’Esprit Nouveau, y en contestación a aquel artículo, Gris escribió al primero sobre su método de trabajo, siempre de lo general a lo particular, de la geometría al objeto: “Al parecer, rechazas la idea que yo he expresado en alguna ocasión [...] recuerda que mientras que un griego tomaba una mujer ateniense concreta y extraía de ella un ideal, y en consecuencia un tipo genérico de feminidad, la Iglesia en cambio tomó la idea abstracta de Dios y la convirtió en un Jesús amable, con su barba, su bigote, su cruz y su corona de espinas.
     Sí, soy terriblemente cristiano a este respecto, porque éste es exactamente mi propio procedimiento” (Letters, CXXIV).
     En abril de 1921 Gris fue invitado por Diaghilev a colaborar con los prestigiosos Ballets Russes, para los que también trabajaron otros reputados artistas modernos europeos, incluyendo a pintores como Picasso o músicos como Satie, Stravinsky o Manuel de Falla.
     Diaghilev propuso a Gris concretamente la realización de la decoración para la suite Cuadro Flamenco, un conjunto de danzas y canciones andaluzas con música de Manuel de Falla. Gris dudó en aceptar el encargo por la negativa incidencia que pudiese tener en su trabajo regular, pero finalmente, aunque ligeramente fuera de plazo, accedió por consideraciones prácticas. Cuando llegó a Montecarlo para comunicar personalmente su decisión a Diaghilev y ultimar los detalles, el encargo había sido ya asignado a Picasso.
     A pesar de todo, Diaghilev consiguió que Gris permaneciera unos días en Montecarlo y retratase a las principales bailarinas del grupo. Conoció entonces al pintor ruso Mihlail Larionov, y visitó a Matisse, así como a Gertrude Stein y su compañera Alice Toklas.
     En junio se celebró la primera subasta de los fondos requisados durante la guerra a Kahnweiler en el hotel Druot de París. La cotización de las obras de Gris, comparativamente baja en relación con otros pintores relacionados con el cubismo, supuso un duro golpe moral para el pintor. A esta crisis se sumó otra de tipo personal: Gris y Josette se separaron temporalmente, pues el pintor planeaba contraer matrimonio con Marcelle, una rica muchacha de la que, al parecer, se había enamorado. En octubre, a pesar de todo, y de nuevo ante la advertencia médica de la inconveniencia del invierno en París, partió hacia Céret, acompañado de nuevo por Josette, instalándose en el hotel Garretta. Como en ocasiones anteriores, en Céret encontraban a menudo al escultor catalán Manolo Hugué, cuyo carácter expansivo congeniaba poco con el retraimiento de Gris. No encontró esta vez, sin embargo, el ambiente intelectual y artístico de estancias anteriores, por lo que se concentró aún más en su solitario trabajo de pintor.
     Ese mismo año, el coleccionista americano Joseph Brummer donó un cuadro pintado por Juan Gris en 1916, titulado Frutero y botella, al Smith College de Northampton. Éste fue el primer cuadro de Juan Gris que formaba parte de la colección de un museo americano.
     En la primavera de 1922, Gris y Josette regresaron a París. Decidieron entonces abandonar su antigua casa-estudio del n.º 13 de la rue Ravignan (Bateau Lavoir), para instalarse en Boulogne-sur-Seine, cerca de Kahnweiler. Dejaron entonces, por primera vez, el barrio de Montmartre, con sus bohemias condiciones de vida, para instalarse en las afueras de la capital. Este traslado tenía como objetivo una mayor comodidad, dado el estado físico de Gris. Pero significaba también un mayor aislamiento de los ambientes artísticos, aunque no de Kahnweiler, que vivía en la misma calle. A pesar de todo, en Boulogne-sur-Mer Gris y Josette recibían a menudo a Maurice Raynal, Masson, Salacrou, Antonin Artaud, Max Jacob, Michel Leiris, Robert Desnos, así como al músico Erik Satie o al fundador del movimiento Dada, Tristan Tzara.
     En octubre de 1922 fue hospitalizado para una operación, y en noviembre Diaghilev le encargó los trajes y decorados para Les Tentations de la bergère ou l’amour vanqueur (Las Tentaciones de la Pastora o el amor victorioso) una obra del siglo xviii con música de Monteclair. Man Ray fotografió a Juan Gris, por indicación de Gertrude Stein, que había enviado también a la periodista Kate Buss a entrevistarse con el pintor con el objetivo de que publicase algo sobre él en la prensa de Boston.
     Mientras tanto, Gris continuaba la serie de Pierrots y Arlequines.
     En marzo-abril de 1923, Gris realizó una exposición en la Galerie Simon de París. En junio, Diaghilev encargó a Gris la dirección escénica de la Fête Maravilleuse en el Salón de los Espejos de Versalles, y más tarde le encargó también los decorados para la ópera La Colombe, de Gounod. Para realizarlos debía pasar una temporada junto a la compañía de Diaghilev.
     Aunque pudo visitar en Niza a Matisse y a Stein, detestaba el ambiente de la Costa Azul, pues dificultaba su trabajo en el campo de la pintura. También para Diaghilev, propuso unos decorados para la obra L’Education Manquée que había sido inicialmente encargados a Picasso, y que éste había rechazado. La revista alemana Der Querschnitt, de Frankfurt am Main, dirigida por A. Fletcheim, publicó en su número de verano un artículo de Gris titulado “Notas sobre mi pintura”, en el que el artista explicaba de nuevo su “método deductivo”.
     En enero de 1924, Josette y Gris, cuya salud se ha resentido, regresaron a Boulogne-sur-Seine. Realizó ilustraciones para Le Casseur d’Assiettes, de Salacrou.
     El día 15 de mayo, Gris pronunció en la Universidad de La Sorbona la conferencia “Sobre las posibilidades de la pintura”, invitado por el doctor Allendy, director de la Sociedad de Estudios Filosóficos y Científicos.
     Esta conferencia, que condensaba las principales ideas de Juan Gris tanto sobre su obra, como sobre el cubismo y sobre el concepto mismo de pintura, tuvo una gran difusión posterior. En mayo realizó su última colaboración con Diaghilev: los decorados para la fiesta de la Cruz Roja en los grandes almacenes Le Printemps de París. Pasó unos días de agosto en Nemours, junto con Michel Leiris, Masson y Tual. En otoño The Little Review (otoño de 1924-invierno de 1925) publicó un texto de Stein sobre Gris, con reproducciones de sus obras.
     En enero de 1925 se publicó en el Bulletin de la Vie Artistique la “Réponse à une enquete ‘chez les cubistes’”.
     En abril se celebró una exposición de Gris en la Galería Flechtheim de Düsseldorf. Puesto que la salud de Gris empeoró, viajaron a Le Havre, donde pasaron unos días con los Salacrou. Este año tuvieron lugar las primeras adquisiciones de obras de Gris por los prestigiosos coleccionistas Alphonse Kahn y G. F. Rever. Estas ventas tuvieron una gran significación para Gris. También entonces, un cuadro de Gris —propiedad de Gertrude Stein— figuraba en el pabellón proyectado por Le Corbusier para la Exposition des Arts Décoratifs, de la que el movimiento art décò tomó su nombre. En diciembre, Gris y Josette fueron a descansar a Toulon. Allí recibieron las visitas del escritor Ford Madox Ford, la escritora americana Gertrude Stein, así como los Simon y los Raynal.
     Gris realizó entonces las ilustraciones para A book concluding with As a Wife as a Cow-A Love Story, de Gertrude Stein, que salió a la luz ese mismo año. Se publicó también el libro Mouchoir de nuages, de Tristan Tzara, cuyas ilustraciones eran ocho aguafuertes de Gris, uno de ellos en la portada.
     En 1926, Juan Gris proyectaba nacionalizarse francés.
     Trabajó en litografías para el libro Denise de Raymond Radiguet, y en abril regresó a Boulogne-sur- Seine. Su pintura, según él mismo decía, comenzaba tener un aire “pompeyano”. En julio, su hijo Georges, que vivía en Madrid con los hermanos de su padre desde hacía años, llegó a Boulogne-sur-Seine, y decidió quedarse. Mientras tanto, se agravaba el estado de salud de Gris. Sufría ataques de asma y se le diagnosticó una anemia. Durante el verano, sufrió las consecuencias de un pie lastimado, y la fiebre diaria le obligaba a permanecer en cama. Se hablaba de un posible tifus, de una dolencia pulmonar, y se le aconsejó pasar el invierno en la montaña. Sin embargo, en noviembre Georges, Josette y Gris se instalaron en Hyères.
     Los continuos ataques de asma impidieron a Gris trabajar.
     Los médicos que le visitaban decidieron tratarle de enfisema.
     En enero de 1927, y después de pasar unos días en Puget-Theniers, en los Alpes Marítimos, Josette, Georges y Juan Gris volvieron precipitadamente a Boulogne-sur-Seine. Pero la salud de Gris no mejoraba.
     Entre febrero y mayo Gris consiguió volver a trabajar temporalmente, pero varias crisis de uremia lo recluían intermitentemente en la cama. El día 11 de mayo, en Boulogne-sur-Seine, en las afueras de París, Juan Gris murió a los cuarenta años de edad (María Dolores Jiménez-Blanco, en Biografías de la Real Academia de la Historia).



     La calle Juan Gris está situada en la barriada El Señorío de Burguillos. Va de la calle Murillo, a la avenida Rodin y tiene una longitud de 100 metros aproximadamente, siendo bidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado, asfaltada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por viviendas unifamiliares de una distintas promociones inmobiliarias de una y dos plantas en altura, formando parte de una zona residencial.
   La calle Juan Gris es, históricamente, una vía moderna el callejero burguillero, puesto que fue creada a comienzos del siglo XXI con el boom inmobiliario que se produjo en nuestro pueblo, de ahí su estilo impersonal, muy característico de todas las urbanizaciones contemporáneas no sólo de nuestro pueblo, sino de todo el urbanismo actual.


lunes, 16 de marzo de 2026

Hemeroteca - Documentación: El artículo "La Corona de 1914", de Miguel Velázquez Prieto en "Patrona de Burguillos", Boletín de la Hermandad de la Virgen del Rosario de Burguillos nº 8, de 2002, pág. 16 y 17

     Mostramos en Historia de Burguillos, el artículo publicado por Miguel Velázquez Prieto en el Boletín "Patrona de Burguillos", del año 2002, que hace el nº 8, desde que surgió en el año 1995, aprovechando que hoy, 16 de marzo, es el aniversario del documento que se reseña en el artículo (16 de marzo de 1914), dentro de la sección "Historia", se titula "La Corona de 1914" (páginas 16 y 17), y que paso a transcribir íntegramente:



     Fundamental para la reconstrucción y estudio de la historia resultan los documentos del pasado que, gracias al afán conservacionista de algunos hermanos, han llegado hasta nosotros. De la observación detallada y metódica de estos testimonios escritos se extraen las jugosas conclusiones que nos permiten discernir quienes somos y de donde venimos. Además, la disciplina histórica también nos permite aprender de nuestros mayores para imitarlos en lo bueno e intentar no caer en los mismos errores de los que nos precedieron. Por todas estas razones hemos decidido incluir en la presente edición de nuestro Boletín un cartel del año 1914, publicado hace casi nueve décadas.
     Estamos ante un impreso curiosísimo y de alto impacto sentimental, porque en él aparecen los nombres y apellidos de la ma­yoría de nuestros antepasados. Para empezar el original de la comunicación pertenece a D. Miguel Velázquez Olmedo, lo que tiene expli­cación sencilla, pues la persona que se identifica como depositaria (encargada de la custodia del dinero recaudado) es su difunta tía carnal Dª Felisa Pérez Ruiz. Diremos ya que se trata de una campaña de captación de efectivo, iniciada el 16 de marzo de 1914 entre los devotos de la Virgen, para adquirir una Corona y una Media Luna. Con el favorable resultado conseguido se imprime esta especie de Bando en la Imprenta Sevillana, sita en la Calle San Eloy Número 45 de la capital, que se inicia con un sentido texto que no nos resistimos a transcribir íntegramente:
     "Suscripción voluntaria á metálico que los devotos de Nuestra Señora del Rosario patrona de esta Villa, y que se expresan á continuación, abren en el día arriba expresado al objeto de reunir suma bastante á costear una CORONA Y MEDIA LUNA con destino á dicha Nuestra Señora siendo depositaria D.ª Felisa Pérez Ruiz."
     Tras este sublime encabezamiento apa­rece la relación de los 126 donantes, la mayor parte de ellos identificados con nombre y un apellido, aunque también hay casos en los que figuran ambos apellidos. Y también se utilizó para nombrar a algunos la andaluza fórmula del apodo. Así se puede leer "El Mestizo" y "Dolores la Ditera". A la vista salta que el número de gene­rosos voluntarios es muy elevado, sobre todo si tenemos en cuenta que Burguillos contaba entonces con unas 200 casas, según los padrones Parroquiales de la época. Prácticamente, creemos que en todas los hogares del pueblo hubo algún devoto que realizó su oportuno donativo. Siguiendo con la enumeración del impreso, y según el testimonio de mi padre, parece que tan sólo subsiste una persona: D. José Luís Medina Pérez, que apenas había cumplido un año y, lógicamente, fue apuntado al igual que el resto de sus hermanos por sus padres. Para finalizar con este apartado destacar que hay un importe bastante superior a los demás: es el efectuado por Dª Ana María Torres de Vázquez, esposa del propietario del Cortijo de Mudapelos.
     Pero, otros detalles enjundiosos se extraen del documento. En su final se menciona la realización de tres rifas: de un estuche, de un delantal y de una blusa. Como se ve objetos que reflejan el nivel de vida de aquella época, infinitamente más bajo que el actual. Sin embargo, este dato contrasta con el montante total recau­dado que asciende a la cifra de doscientas doce pesetas con veinte céntimos, cantidad muy im­portante para la fecha si consideramos que con la misma se podría comprar entonces una casa. Por ello, parece claro que la Corona y la Media Luna que se adquieren deben ser de plata y hechas ex profeso para nuestra Virgen. Sobre la primera de las joyas no tengo dudas de que se trata de la que todavía luce la Señora en el camarín a lo largo del año, pues siempre nos ha sorprendido su belleza y elegancia de líneas. Por lo que respecta, a la Media Luna poco podemos decir, excepto que está perdida. Si existen datos escritos que avalan que en la Procesión de octubre se utilizaba ese atributo dispuesto a las plantas de la Virgen, en recuerdo del texto bíblico de la Apocalipsis 12;1: "Y apareció una gran señal en el cielo: una mujer vestida de sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza".
     Como conclusión final de todo lo expuesto diremos que nada hay nuevo bajo el sol. Hoy como ayer devotos enamorados de la Madre de Dios que se afanan y trabajan por conseguir ofrendar a la Señora algún regalo, por humilde que este sea. Y como siempre dos protagonis­tas que no varían, indisolublemente unidos a lo largo de la historia: la Stma. Virgen del Rosario y el pueblo de Burguillos.
MIGUEL VELÁZQUEZ PRIETO