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lunes, 16 de marzo de 2026

Hemeroteca - Documentación: El artículo "La Corona de 1914", de Miguel Velázquez Prieto en "Patrona de Burguillos", Boletín de la Hermandad de la Virgen del Rosario de Burguillos nº 8, de 2002, pág. 16 y 17

     Mostramos en Historia de Burguillos, el artículo publicado por Miguel Velázquez Prieto en el Boletín "Patrona de Burguillos", del año 2002, que hace el nº 8, desde que surgió en el año 1995, aprovechando que hoy, 16 de marzo, es el aniversario del documento que se reseña en el artículo (16 de marzo de 1914), dentro de la sección "Historia", se titula "La Corona de 1914" (páginas 16 y 17), y que paso a transcribir íntegramente:



     Fundamental para la reconstrucción y estudio de la historia resultan los documentos del pasado que, gracias al afán conservacionista de algunos hermanos, han llegado hasta nosotros. De la observación detallada y metódica de estos testimonios escritos se extraen las jugosas conclusiones que nos permiten discernir quienes somos y de donde venimos. Además, la disciplina histórica también nos permite aprender de nuestros mayores para imitarlos en lo bueno e intentar no caer en los mismos errores de los que nos precedieron. Por todas estas razones hemos decidido incluir en la presente edición de nuestro Boletín un cartel del año 1914, publicado hace casi nueve décadas.
     Estamos ante un impreso curiosísimo y de alto impacto sentimental, porque en él aparecen los nombres y apellidos de la ma­yoría de nuestros antepasados. Para empezar el original de la comunicación pertenece a D. Miguel Velázquez Olmedo, lo que tiene expli­cación sencilla, pues la persona que se identifica como depositaria (encargada de la custodia del dinero recaudado) es su difunta tía carnal Dª Felisa Pérez Ruiz. Diremos ya que se trata de una campaña de captación de efectivo, iniciada el 16 de marzo de 1914 entre los devotos de la Virgen, para adquirir una Corona y una Media Luna. Con el favorable resultado conseguido se imprime esta especie de Bando en la Imprenta Sevillana, sita en la Calle San Eloy Número 45 de la capital, que se inicia con un sentido texto que no nos resistimos a transcribir íntegramente:
     "Suscripción voluntaria á metálico que los devotos de Nuestra Señora del Rosario patrona de esta Villa, y que se expresan á continuación, abren en el día arriba expresado al objeto de reunir suma bastante á costear una CORONA Y MEDIA LUNA con destino á dicha Nuestra Señora siendo depositaria D.ª Felisa Pérez Ruiz."
     Tras este sublime encabezamiento apa­rece la relación de los 126 donantes, la mayor parte de ellos identificados con nombre y un apellido, aunque también hay casos en los que figuran ambos apellidos. Y también se utilizó para nombrar a algunos la andaluza fórmula del apodo. Así se puede leer "El Mestizo" y "Dolores la Ditera". A la vista salta que el número de gene­rosos voluntarios es muy elevado, sobre todo si tenemos en cuenta que Burguillos contaba entonces con unas 200 casas, según los padrones Parroquiales de la época. Prácticamente, creemos que en todas los hogares del pueblo hubo algún devoto que realizó su oportuno donativo. Siguiendo con la enumeración del impreso, y según el testimonio de mi padre, parece que tan sólo subsiste una persona: D. José Luís Medina Pérez, que apenas había cumplido un año y, lógicamente, fue apuntado al igual que el resto de sus hermanos por sus padres. Para finalizar con este apartado destacar que hay un importe bastante superior a los demás: es el efectuado por Dª Ana María Torres de Vázquez, esposa del propietario del Cortijo de Mudapelos.
     Pero, otros detalles enjundiosos se extraen del documento. En su final se menciona la realización de tres rifas: de un estuche, de un delantal y de una blusa. Como se ve objetos que reflejan el nivel de vida de aquella época, infinitamente más bajo que el actual. Sin embargo, este dato contrasta con el montante total recau­dado que asciende a la cifra de doscientas doce pesetas con veinte céntimos, cantidad muy im­portante para la fecha si consideramos que con la misma se podría comprar entonces una casa. Por ello, parece claro que la Corona y la Media Luna que se adquieren deben ser de plata y hechas ex profeso para nuestra Virgen. Sobre la primera de las joyas no tengo dudas de que se trata de la que todavía luce la Señora en el camarín a lo largo del año, pues siempre nos ha sorprendido su belleza y elegancia de líneas. Por lo que respecta, a la Media Luna poco podemos decir, excepto que está perdida. Si existen datos escritos que avalan que en la Procesión de octubre se utilizaba ese atributo dispuesto a las plantas de la Virgen, en recuerdo del texto bíblico de la Apocalipsis 12;1: "Y apareció una gran señal en el cielo: una mujer vestida de sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza".
     Como conclusión final de todo lo expuesto diremos que nada hay nuevo bajo el sol. Hoy como ayer devotos enamorados de la Madre de Dios que se afanan y trabajan por conseguir ofrendar a la Señora algún regalo, por humilde que este sea. Y como siempre dos protagonis­tas que no varían, indisolublemente unidos a lo largo de la historia: la Stma. Virgen del Rosario y el pueblo de Burguillos.
MIGUEL VELÁZQUEZ PRIETO

lunes, 15 de septiembre de 2025

Arte: El relieve de la Virgen de los Dolores, de Orfebrería Andaluza, en el paso procesional de San Cristóbal

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña y fotografías del relieve de la Virgen de los Dolores, que ornamenta el paso procesional de San Cristóbal, aprovechando que hoy 15 de septiembre, es la Memoria de Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto  la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].


     En el mes de julio de 2005, pudimos observar que el Paso de San Cristóbal estrenaba cartelas de metal plateado, en las que se exponían a las imágenes más representativas de la Parroquia, disponiéndose indistintamente imágenes cristíferas y marianas, santos y már­tires a lo largo de la canastilla y respiraderos, siendo una de ellas la dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, junto al Santísimo Cristo del Voto, en la esquina delantera derecha de la canastilla del Paso.
     El relieve se adapta a la cartela, de ahí que sea de forma elíptica (siendo su eje mayor vertical) y con­ vexa, lo que dificulta un tanto su visión al no ser plana (este hecho se acentúa aún más en la cartela dedicado al Sagrado Corazón de Jesús). Propiamente dicho es un Bajorrelieve, ya que el cincelado de la imagen resalta muy poco del plano, enmarcándose todo el conjunto por una cenefa decorada con el típico sogueado.
     La obra, como se indicaba en las revistas de fiestas de San Cristóbal, se ejecutó en 2005 en los talleres "Orfebrería Andaluza", regentada por el conocido orfebre Manuel de los Ríos, inspirándose para tal tra­bajo en originales fotográficos aportados para tal ocasión, en los que se mostraba a la la Virgen de los Dolores y al Santísimo Cristo del Voto, en su retablo del muro del Evangelio de la Parroquia, portando la Santísima Virgen la saya de la Virgen del Rosario de terciopelo azul, bordada a imitación de la Saya de salida de la misma, así como el Corazón con los siete puñales, también propiedad de la corporación de la Virgen del Rosario.
     En cuanto a la obra en sí, el orfebre, como decía anteriormente se ha inspirado en una fotografía, hay elementos que ha introdu­cido como es el caso de las nubes lo que hace que parezca un barroco rompimiento de gloria, del que emerge triunfante la imagen mariana. En cuanto al dibujo de la saya, el autor del relieve, lo ha simplificado de tal forma que da la sensación de ser otra distinta, así como la toca de sobremanto, estilizada de tal manera que es muy sencilla. En definitiva una obra correcta y sencilla, en la que es complicado personalificarla e individualizarla como la Virgen de los Dolores de Burguillos.


Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Nuestra Señora de los Dolores; 
LA VIRGEN DE LOS DOLORES
   El arte patético de finales de la Edad Media concedió un amplio espacio en su iconografía a la Virgen Dolorosa, representada ya con Cristo muerto sobre las rodillas después del Descendimiento de la cruz, ya sola después del Enterramiento de Cristo.
   Estos dos tipos iconográficos se designan con los nombres de Virgen de la Piedad y Virgen de los Siete Dolores. Aquí no hablamos de la Virgen de pie frente a la Cruz (Stabat Mater), o desvanecida  en los brazos de San Juan o de las Santas Mujeres, porque esos temas no han sido representados aisladamente y son inseparables de la Crucifixión.
1. La Virgen de la Piedad
   El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas.
   A veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones.
   Se ha querido ver en este grupo conmovedor un fragmento separado de la Lamentación, reducida a dos personajes esenciales por un procedimiento análogo que permitió extraer del grupo de la Cena el de Jesús con su discípulo preferido. Pero esa hipótesis no puede probarse, al menos en el arte alemán cuyos Vesperbilder son muy anteriores a los bajorrelieves de la Beweinung que se hizo popular en el siglo XVI. Según parece, la Virgen de la Piedad deriva más bien del tipo tradicional de la Virgen sentada, por simple sustitución del Niño Jesús por el Crucificado.
Fuentes místicas
   La Virgen de la Piedad, que en italiano se llama Pietà y en alemán Vesperbild, -porque la hora de vísperas, de cinco a siete de la tarde, corresponde en el Breviario al Descendimiento de la Cruz-, es la flor más delicada del misticismo de finales de la Edad Media, una flor de la Pasión, una pasionaria que hizo eclosión en los jardines de monjas.
   El tema ni siquiera está esbozado en los Evangelios ni procede tampoco del culto oficial: es una creación de la imaginación  mística que surgió a principios del siglo XIV, al mismo tiempo que los temas de la Virgen de Misericordia y del Varón de Dolores.
   Basta referirse a las Meditaciones franciscanas del Seudo Buenaventura, mejor aún a las Efusiones del beato Enrique de Berg y a las Revelaciones de Santa Brígida, para comprender en qué ambiente nació este tema realista y visionario a la vez. Las descripciones de Cristo muerto sobre las rodillas de su madre (in sinu matris) que se leen allí, donde parecía más cercano y accesible al corazón de los fieles que levantado sobre la madera de la cruz, concuerdan rasgo tras rasgo con las realizaciones plásticas de los artistas.
   El Minnebüchlein atribuido a Enrique de Berg, llamado Suso, también describe a Cristo muerto en una suerte de treno lírico: «Sus ojos, que brillaban como carbunclos, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos y su lengua pegada al paladar. Su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.»
   Santa Brígida de Suecia atribuye a la propia Virgen esta descripción emotiva de su Hijo descendido de la Cruz: «Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda.»
   La mayoría de los historiadores del arte no resistieron la tentación de establecer una relación no sólo de paralelismo sino de filiación entre dichos textos y las obras de arte que parecen derivar de ellos, sin preocuparse por la cronología. Pero las investigaciones recientes condujeron a una inversión del orden de los factores. En la actualidad se admite, en general, que las descripciones realistas de Enrique de Berg y de Santa Brígida, lejos de haber inspirado las obras de arte son sólo la transcripción poética de éstas. Esos textos son para  nosotros un muy precioso comentario de las Vírgenes de Piedad, y nos informan acerca del «clima» místico que les dio nacimiento; pero debe renunciarse a ver programas plásticos en ellos.
Orígenes en el arte alemán y francés del siglo XIV
   Lo que prueba esta teoría es que los primeros Vesperbilder alemanes se remontan a 1320, es decir, son muy anteriores a las Visiones del Seudo Buenaventura y de Santa Brígida.
   Nacido en los conventos de monjas místicas del valle del Rin, ese tema tan femenino y maternal de la Virgen de la Piedad, se difundió algo más tarde en Francia gracias a las numerosas cofradías de Nuestra Señora de la Piedad que encargaron grupos para la decoración de sus capillas, que en los libros de contabilidad se designa con los nombres La Compasión de la Virgen, Imagen de Nuestra Señora la cual sostiene abrazado a Nuestro Señor, Imagen de Nuestra Señora sosteniendo en su regazo otra Imagen de un Dios de Piedad, Dios estando en brazos de Nuestra Señora.
   En todo caso, aunque el nombre italiano de Pietà haya sustituido abusivamente a esas viejas expresiones francesas, es muy cierto que el tema es una creación del arte gótico germano francés y no del arte italiano. En las pinturas del Trecento que cita Mâle, la Virgen está sentada al lado del cadáver de Cristo: ella no lo sostiene sobre las rodillas, en su regazo. Ese tema penetró tardíamente en Italia, donde nunca gozó de la misma popularidad que en Alemania y en Francia. Es interesante recordar en tal sentido que la célebre Pietà de Miguel Ángel, esculpida en 1496 para una capilla de la antigua basílica de San Pedro de Roma, fue encargada por un cardenal francés.
Clasificación  y evolución de los tipos iconográficos
   La evolución de la iconografía de la Virgen de la Piedad prosiguió entre los siglos XIV y XVI.
   Tanto en Alemania como en Francia e Italia se encuentran dos tipos principales, el primero de los cuales comporta numerosas variantes: entre los siglos XIV y XV Cristo está acostado sobre las rodillas de su madre; en el siglo XVI, influenciado por el nuevo ideal del Renacimiento, más preocupado por la belleza formal, está extendido a sus pies, y sólo tiene apoyada la cabeza sobre las rodillas maternales.
A) Cristo sobre las rodillas de la Virgen
   En los monumentos más antiguos (Grupo de madera de Coburgo, hacia 1330; Vesperbild del convento de las ursulinas de Erfurt, hacia 1340), Cristo sentado sobre las rodillas de su madre tiene el torso echado hacia atrás y la cabeza inerte, caída.
   A veces está representado con la estatura de un niño, como la propia Virgen en los brazos de Santa Ana (Anna selbdritt). En ese caso, la Virgen que tiene la ilusión de acunar a su Hijo en brazos, como en los felices tiempos de la infancia, está representada más joven. Esta desproporción no se debe a la torpeza de los escultores, sino a una concepción de los místicos franciscanos. Según San Bernardino de Siena, la Virgen, extraviada por el dolor, sueña que tiene a su Hijo sobre las rodillas, y que lo acuna envuelto en la mortaja como antes en los pañales.
   En el siglo XV se volvió a la representación de Jesús adulto, en la edad en que murió en la cruz. El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. A veces el cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible; otras, por el contrario, se presenta oblicuamente, en diagonal, apoyando los pies magullados en el suelo.
   Es difícil determinar el lugar de origen de estas variantes. No obstante, parece que la escultura  alemana haya tomado el tipo de Cristo horizontal de la escuela de Bohemia y el Cristo en diagonal, del cual se ven numerosos ejemplos en Westfalia de la escuela de pintura de los Países Bajos, especialmente de Van der Weyden y de Dirk Bouts que habían, uno y otro, adoptado esta preceptiva. Es también el concepto que prima en la Pitié de Villeneuve de Aviñón (Louvre), la más monumental del arte de la Edad Media.
B) Cristo a los pies de la Virgen
   Este grupo de la madre y el hijo adulto que ella apenas puede sostener sobre sus rodillas, fue abandonada a partir del Renacimiento por un arte más preocupado por las proporciones y la lógica. A partir de ese momento casi siempre se ve el cuerpo de Cristo simplemente apoyado contra las rodillas de su madre. El grupo pierde así su profunda unidad, el acento de intimidad y ternura desgarradora, pero gana en verosimilitud y en armonía estructural.
   Esta preceptiva que reemplaza el esquema gótico no es -tal como lo creyera Mâle- una innovación introducida después del concilio de Trento por la iconografía revisada y corregida por la Contrarreforma. Pueden citarse ejemplos a partir del siglo XV, como el Vesperbild de la iglesia San Cristóbal, en Maguncia. Lo cierto es que esta fórmula ha sido adoptada por el arte barroco italiano (Correggio, Carracci) del cual pasó enseguida a España y a los Países Bajos.
   Aunque no pueda  servir como principio  de clasificación,  porque su actitud siempre la misma, el personaje de la Virgen no es menos importante que el de Cristo: la verdad de la expresión del dolor maternal la convierte en uno de los más bellos temas de estudio de la historia de la plástica.
   Es sobre todo el arte francés de los siglos XV y XVI el que ha sacado partido de este tema con una admirable delicadeza en la expresión de los sentimientos, que contrasta con las exageraciones germánicas.
   A veces María observa llorando el cuerpo inerte de su Hijo desfigurado, cuyos brazos rígidos no consigue cruzar; otras, lo abraza con todas sus fuerzas para impedir que los sepultureros se lo quiten.
   El arte español gótico y barroco introdujo en este tema vesperal un ardor más sombrío, y una suerte de voluptuosidad del dolor que está de acuerdo con el carácter de este pueblo.
   Muchas veces la Piedad suele combinarse con el motivo de la Dolorosa (Nuestra Señora de las Angustias) o Virgen de los cuchillos, que España tomó de los Países Bajos. Se encuentran ejemplos de esta amalgama en Sigüenza y en Calatayud (colegiata de Santa María).
   Subrayemos finalmente que en el arte de la Edad Media se encuentra una variante menos difundida de la Piedad de Nuestro Señor (Not Gottes): en vez de estar extendido sobre las rodillas de su Madre, Cristo muerto está sobre las rodillas de Dios Padre.
   A diferencia de numerosos temas religiosos de la Edad Media de los cuales se ha retirado la vida, éste, tan profundamente humano, ha conservado hasta nuestros días su conmovedora eficacia. Todavía se descubren bellos ejemplos en el arte francés de los tres últimos siglos.
2.  La Virgen de las siete Espadas
   Después del Enterramiento de Cristo, la Virgen queda sola con su dolor: por ello en España se la llama Virgen de la Soledad.
   Una iglesia de Roma está dedicada a S. Maria delle Sette Dolori.
   Se la representa con las manos juntas y gruesas lágrimas que corren por sus mejillas.
   Para volver más sensible el dolor de la Virgen se imaginó simbolizarla con una espada que le atraviesa el pecho. El origen de esta representación es la profecía del anciano Simeón (Luc 2: 35) que anuncia a la Virgen el día de la Presentación de Jesús en el Templo, que una espada de dolor le atravesará el alma: Tuam animam pertransibit doloris gladius.
   ¿Cómo se pasó de la Virgen con una espada a la Virgen de las siete espadas? Por la devoción a los Siete Dolores (Septem tristitiae) que se oponen simétricamente a los Siete Gozos de la Virgen (Septem Gaudia B.V. Mariae).
   A partir del siglo XIII se ve aparecer la devoción a los Siete Gozos de la Virgen, popularizada por la orden toscana de los servitas (Esclavos de la Virgen). La devoción a los Siete Dolores es más tardía: fue en 1423 cuando el sínodo de Colonia agregó a las fiestas de la Virgen «la fiesta de las angustias de Nuestra  Señora».
   Hasta el siglo XIV todavía se veneraban sólo Cinco Dolores de la Virgen. En el si­glo XV el número se llevó a siete, que se corresponde con las Siete Caídas de Cristo en el camino del Calvario. La lista no varía demasiado,  salvo en lo relativo al primer Dolor de Nuestra  Señora, que es tanto la Profecía de Simeón como la Circuncisión.
1. Profecía de Simeón (o la Circuncisión);
2. Huida a Egipto;
3. Pérdida del Niño Jesús que permanece en el Templo en medio de los doctores;
4. Cristo con la Cruz a Cuestas; 
5. La Crucifixión;
6. El Descendimiento de la Cruz;
7. El Entierro.
   Así, de los Siete Dolores de la Virgen, tres son relativos a la Infancia y cuatro a la Pasión de Cristo.
Iconografía
   H. Gaidoz hace derivar este tema de la Transfixión de la Virgen a un cilindro caldeo que representa a la diosa asiria Istar.
   Más recientemente, J. Baltrusaitis ha reconocido en el tema de la Virgen de los Siete Dolores la transposición o adaptación de un tema planetario del que se encuentran numerosos ejemplos en el arte de la alta Edad Media.
   Los círculos astrológicos de los siete Planetas habrían comenzado por engendrar el tema de los Siete Dones del Espíritu Santo irradiando alrededor del pecho de Cristo.
   De allí se habría pasado con toda naturalidad a la representación de los Siete Dolores de la Virgen. Para ello bastaba transformar los rayos de la Sabiduría Divina en haz de espadas, y reemplazar en el interior de los tondos las palomas del Espíritu Santo por  los Dolores  de Nuestra  Señora.
   Sea cual fuere el interés de estas remotas e hipotéticas filiaciones, lo más prudente es atenerse a los orígenes directos del tema que podemos situar en el tiempo y en el espacio con extrema precisión.
   La devoción y la iconografía de la Virgen de las siete espadas nacieron en Flandes a finales del siglo XV. Fue Juan de Coudenbergbe, cura de San Salvador de Brujas, quien organizó la primera cofradía de la Virgen de los siete Dolores; y fue Margarita de Austria, gobernante de los Países Bajos, quien fundó, también en Brujas, el primer convento consagrado a Nuestra Señora de los Siete Dolores, y quien ofreció a la iglesia de Brou-en-Bresse un cuadro votivo que la menciona. Finalmente, es en un grabado dedicado a Carlos V, publicado  en Amberes en 1509, donde se ven por primera vez las siete espadas dispuestas en abanico.
   Este tema correspondía demasiado bien a las tendencias generales del arte patético de finales de la Edad Media, como para volverse popular. De Flandes marítimo, que fue su cuna, pasó a Francia y a la Alemania renana. Pero no se mantuvo inmutable: experimentó una evolución en la que pueden detallarse las etapas sucesivas de esta manera:
   Los Siete Dolores de la Virgen en principio están representados simbólicamente por siete espadas. Luego, cada espada tuvo un pomo ornamentado con un tondo que representa uno de los Dolores. Pero al final las espadas desaparecieron y la Virgen apareció rodeada sólo por una aureola de siete tondos.
1. Las siete espadas
   La agrupación de las espadas comporta numerosas variantes. En la mayoría de los casos, las siete espadas reunidas en haz atraviesan el corazón de la Virgen. Están, ya dispuestas en círculo, ya agrupadas lateralmente con la punta hacia arriba, cuatro de un costado y tres del otro.
   En el siglo XVII Van Dyck imaginó renovar esta composición disponiendo las siete espadas alrededor de la cabeza de la Virgen, como los rayos de un nimbo. Pero esta innovación no tuvo éxito.
   A veces, Cristo en el lagar forma pareja con la Virgen de las siete espadas.
2. Los siete tondos
   Este ovillo de espadas erizando el corazón o la cabeza de la Virgen tenía el inconveniente de ser poco plástico y, además, insuficientemente explícito. Los fieles deseaban saber cuales eran los dolores que habían atormentado a Nuestra Señora durante su «Compasión». Para satisfacer este deseo no había otro medio que reemplazar el haz de espadas simbólicas por tondos explicativos. En principio, se intentó combinar las espadas y los tondos; luego, la segunda versión, favorecida por el ejemplo del Rosario, acabó por eliminar a la primera.
   La Virgen está sentada al pie de la cruz, con las manos juntas o cruzadas sobre el pecho. A veces es una Virgen de la Piedad que tiene a Cristo muerto sobre las rodillas. Alrededor de ella los tondos historiados, dispuestos como las grandes cuentas de un rosario, evocan sus angustias.
   Es el arte flamenco del siglo XVI el que ofrece los ejemplos más numerosos de este tema y de sus aspectos sucesivos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).


Conozcamos mejor la Solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores;
     Una segunda conmemoración de los Dolores de Nuestra Señora surge al calor de la Orden de los Siervos de María, pero en este caso considerando globalmente los sufrimientos de la Virgen a lo largo de toda su vida por su íntima asociación a la Obra de la Redención, y no sólo centrándose en el Calvario, aunque éste fuera el momento culminante. Esta Orden, los servitas, es la institución eclesial que más ha contribuido a expandir la devoción a los Dolores de María. Fundada en el Monte Senario, Florencia, en 1233 con un marcado tinte mariano, ésta arraigó en ella y se fue acrecentando, hasta el punto que  declararon como Patrona a Nuestra Señora de los Dolores el ocho de agosto de 1692. Constituida como instituto mendicante, está compuesta de tres Órdenes: Primera, la de los frailes; Segunda, la de las monjas de clausura, y Tercera, la de los laicos, que fue la gran difusora, junto con las cofradías servitas, agregadas a la Orden, de la devoción a Nuestra Señora de los Dolores y a su hábito, el negro de su viudez, propio del instituto, en forma de escapulario, pues éstas llegaron donde no alcanzaron ni la primera ni la segunda rama, además de que no fueron afectadas, por su carácter seglar, por las exclaustraciones de la Edad Contemporánea. Los servitas solían tener una reunión con los Hermanos de su Compañía del Hábito de los VII Dolores de la Virgen el tercer domingo de cada mes. A principios del siglo XVII comenzaron a solemnizarse estas reuniones, escogiéndose la de septiembre como la principal, hasta que llega a considerarse todo el mes de septiembre como consagrado a la devoción de los Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María; por ejemplo, el Papa León XIII Pecci concede indulgencia plenaria en la forma acostumbrada cualquier día de septiembre o del día uno al ocho de octubre. El nueve de junio de 1668, el Papa Clemente IX Rospigliosi concedió para ese día, tercer domingo de septiembre, a la Orden de los Siervos de María celebrar Fiesta de los Siete Dolores de la Virgen, con rito doble y octava, y un formulario similar al de 1482, que fue el introducido en lo esencial en el Misal de San Pío V Ghislieri para el Viernes de Dolores.  El dieciséis de septiembre de 1673 la otorgó a la Diócesis de Córdoba el Papa Clemente X Altieri. Fue confirmada por Inocencio XI Odescalchi en 1688, y poco a poco se va extendiendo por toda la Iglesia.  A todos los territorios españoles fue extendida por el Papa Clemente XII Corsini, a petición del Rey Felipe V, el veinte de septiembre de 1735, tras el parecer favorable de la Sagrada Congregación de Ritos, fechado tres días antes.  El Papa Pío VI Braschi, en 1777, concedió a la Diócesis de Méjico indulto perpetuo de rezar Oficio y Misa de los Siete Dolores de Nuestra Señora con rito doble de segunda clase. En 1785, autorizó Misa votiva de los Siete Dolores todos los sábados en la iglesia de los Mínimos de Mallorca. En 1786, concedió a la Diócesis de Santa Fe (Argentina) rezar el Oficio de los Siete Dolores propio de la Orden de Siervos de María. Pío VII Chiaramonti, muy influido por los servitas, la declaró en 1801 fiesta de precepto de segunda clase para la isla de Cerdeña, la concedió a la Archidiócesis de Sevilla en 1807, así como a la Toscana, como doble de segunda clase con octava, y finalmente la extendió a toda la Iglesia Latina el ocho de septiembre de 1814, en memoria de su liberación del cautiverio que le infringió Napoleón, adoptando la misa y oficio de los servitas.  En 1908 el Papa Pío X Sarto la incluyó entre las dobles de segunda clase. Los servitas la celebraban como de primera clase con octava y vigilia, como los Pasionistas, y en Florencia, donde había surgido la Orden de los Siervos de María, y Granada, cuya patrona es Nuestra Señora de las Angustias.
     En la reforma litúrgica de este mismo Pontífice de 1914, con el fin de despejar el ciclo dominical, se fijó el quince de septiembre, día en que ya se celebraba en el rito ambrosiano por no tener octava la fiesta de la Natividad de la Virgen, haciendo pareja con la del día anterior: la Exaltación de la Santa Cruz. Contemplamos desde la perspectiva de la glorificación los frutos de la Redención de la pareja salvadora, Cristo, Nuevo Adán, y María. Nueva Eva. Tras ser reducida a simple conmemoración optativa la fiesta del Viernes de Dolores en el Calendario Universal de 1960, fue suprimida en el actual de 1969 según los criterios de simplificación y eliminación de las duplicaciones, quedando sólo la de septiembre, para dejar lo más libre posible el último tramo cuaresmal, como memoria obligatoria, bajo el título de Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores. Su ubicación, en opinión de muchos autores, le perjudica al quedar desarticulada del ciclo pascual.  El antiguo título de Compasión es conservado por la Diócesis de Hildesheim con una fiesta el sábado posterior a la Octava del Corpus, y con la denominación de la Bienaventurada Virgen María de la Piedad, con un bonito Oficio de origen medieval, existe una conmemoración en Goa (India) y en Braga (Portugal) el tercer sábado de octubre (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016). 

lunes, 2 de octubre de 2023

Arte: Una Corona para la Virgen del Rosario

     Mostramos en Historia de Burguillos, el artículo que he escrito para el Boletín "Patrona de Burguillos", de este año 2023, que hace el nº 27, desde que surgió en el año 1995, aprovechando que hoy, 2 de octubre, es el aniversario de la Bendición e Imposición Solemnes de una Corona para la Virgen del Rosario, acontecimiento que tuvo lugar en 1955. Dicho artículo, dentro de la sección "Nuestro Patrimonio", se titula "La Corona de 1955", y que paso a transcribir íntegramente:



     Este artículo pensado para dar a conocer el tesoro patrimonial de nuestra her­mandad tenía en el presente año un claro objeto de estudio ya que venía dado tras el artículo sobre el Cetro de plata, estrenado en 1954, y que reseñamos en el boletín de 2013.
     El inicio de la década los años 50 del pasado siglo XX fue una época de enorme pujanza para nuestra corporación puesto que en el escaso intervalo de 3 años (los que van de 1953 a 1955) se estrenaron el Sagrario de plata, la remodelación de la Capilla Sacramental, el Cetro de plata, y, finalmente, la Corona que en este artículo reseñamos. La mayoría de estos acontecimientos los conocemos gracias a artículos de prensa (Crónica de las Fiestas, de 1954, aparecida en El Correo de Andalucía, y publicado en el Boletín de 2013), y sobre todo a estampas editadas para la ocasión por la Her­mandad y que conserva como oro en paño nuestra hermana doña Felisa Vargas Pérez, cedi­das para la confección de este artículo. 
     En este punto no puedo dejar pasar la ocasión para seguir pidiendo a todos los hermanos y devotos de la Santísima Virgen que sigan buscando entre esos "papeles viejos y antiguos", que conservan de sus mayores por­que seguro estoy que seguirán apareciendo documentos y fotografías que aclararán y engrandecerán el patrimonio histórico artístico de nuestra corporación.
    La estampa conmemorativa nos da bastantes datos. En primer lugar podemos contemplar el por entonces escudo de nuestra corporación formado por el anagrama de María, bajo una corona y un rosario enmarcándolo. Bajo él, aparece la leyenda 

"¡Reina del Santísimo Rosario, 
rogad por nosotros!".

     A  continuación aparece el texto propiamente dicho de la estampa conmemorativa: 
"RECUERDO
DE LA
Bendición e Imposición Solemnes
DE LA
Nueva Corona de
NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
por nuestro Párroco
el R.P.D. Manuel Gandullo Ruiz", 

seguido de un pequeño dibujo decorativo, y la fecha del acontecimiento: 

"Burguillos, 2 de Octubre 1955".

     Hay que recordar que por aquellas fechas, y hasta la reforma de mediados de los '70, el día grande de Burguillos era el primer Domingo de Octubre (y el lunes pos­terior tenía lugar la Romería). Finalmente aparece el nombre de la imprenta donde se editó la estampa, en este caso en la Librería Pascual Lázaro de Sevi­lla, establecida hasta su cierre en 1998, en las calles Francos, y Sierpes de la capital andaluza.
     Pasando a la obra en sí, es una pieza de metal plateado, sumamente sencilla, presentando un aro decorado con rombos y óvalos alternos. Del aro parte el canasto formado por hojas de palma, sobre el que surgen los imperiales, en número de diez, que se unen en la parte superior en una representación idealiza­da del cielo a base de nubes, centrada por el orbe, símbolo del Divino Salvador, y de la que parten los rayos biselados, coro­nados de manera alterna por estrellas, en número de doce (que aluden tanto a los doce apóstoles, como a las doce tribus de Israel), centradas por la Cruz que remata el conjunto. Es una pieza de serie, muy repetida en la orfebrería de la época, y de la que lamentablemente no conocemos sus autores materiales, así como su financiación. Eso sí, sólo se hizo la corona para la Virgen, sin realizarse la correspondiente para su Bendito Hijo. La realidad es que ha sido una corona que se utilizó en escasísimas ocasiones como Corona de salida procesional, usándose más de "diario", llegándose a estar en desuso durante mucho tiempo, estando abandonada y desmontada muchos años hasta su restauración en 2021. Desde entonces se usa en al­gunas ocasiones haciendo juego con la antigua corona del Niño, también restaurada para la ocasión, y que dejó de usarse, cuando se adquirieron las potencias, que hacen juego con la corona antigua de plata.

lunes, 3 de mayo de 2021

Arte: La Cruz Parroquial, de José Alexandre y Ezquerra, en la Iglesia de Burguillos

   Mostramos en Historia de Burguillos una reseña sobre la Cruz Parroquial de nuestra Iglesia de San Cristóbal, mártir.      

   Hoy, 3 de mayo, la Iglesia conmemora la "Invención de la Santa Cruz", es decir el hallazgo de la por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Al tratarse de una fiesta relacionada con la pasión de Cristo, su Cruz, la fiesta en rito romano será de color rojo. "Invención" (del latín invenio, "descubrir") es el nombre litúrgico y oficial. En cambio Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces es la denominación popular. Se festeja el 3 de mayo, y la Iglesia católica, según el rito romano, ha situado el hallazgo de la santa Cruz. Es una festividad muy extendida en España e Hispanoamérica. Pero tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII, en 1960 con el motu proprio Rubricarum instructum, perdió importancia en el calendario romano.

   La iglesia parroquial de la villa de Burguillos conserva entre sus bienes muebles un importante conjunto de piezas de plata, entre las que destaca la cruz parroquial, una verdadera obra maestra de la platería sevillana del siglo XVIII. Esta obra ha ido recogida en los diferentes catálogos, guías e inventarios artísticas realizados en la provincia sevillana, aunque aún está carente de un estudio más profundo que intentaremos plasmar en estas líneas.

  Las cruces parroquiales en España surgen durante la Edad Media, momento en el que se convierten en símbolos representativos de una iglesia parroquial y de su feligresía en todos los actos públicos externos e internos que se realizaban. Por ello, desde el principio, estas obras se tendieron a realizar en materiales preciosos que aludiesen a la importancia y riqueza del templo, siendo sobre todo la plata el material predilecto para las mismas. En Andalucía se comienzan a elaborar estas piezas sobre todo a partir del partir del siglo XV, momento en el que los talleres de platería de las grandes ciudades son más numerosos e importantes. Entre las ciudades andaluzas destacará Sevilla, que a partir de este momento, y tras el descubrimiento de América, vivirá momentos de esplendor en todos los sentidos, que se reflejará en las artes y tendrá un exponente importante en la platería, gracias a la afluencia constante de ingentes cantidades de plata americana. De hecho, las cruces parroquiales sevillanas, llamadas procesionales por ser llevadas en estos rituales externos, se realizaran durante el siglo XV, aunque será entre los siglos XVI y XVIII, cuando los plateros sevillanos ideen prototipos y formas representativas del buen hacer de la platería sevillana, y que influirán, sobre todo durante el Renacimiento, en otros muchos centros plateros de la geografía nacional.

   Como hemos mencionado con anterioridad, la parroquia de Burguillos conserva un ejemplar dieciochesco de cierta relevancia por su representatividad dentro de un tipo muy concreto. Realmente, se trata de un modelo que deriva del tipo renacentista iniciado con Francisco Merino en la cruz metropolitana de la Catedral de Sevilla, aunque transformado por la estética rococó a la que pertenece la pieza. Será a partir de este ejemplar catedralicio, cuando las cruces parroquiales sevillanas, y en general en todas las tierras hispánicas, adquieran el formato de cruz latina de brazos rectos terminados en ensanchamientos y el nudo, es decir, la parte inferior donde se asienta la cruz, adquiera un perfil torneado. Durante el Barroco, la cruz sevillana se reviste de la ornamentación que se reproducía en las artes mayores, sobre todo de flores y tallos de apariencia carnosa, que provocarán la propia modificación de los brazos hacia una mayor flexibilidad y movimiento, aunque siempre guardando cierta armonía. Pero durante la segunda mitad del siglo XVIII, la cruz parroquial sevillana vivirá otra transformación plástica, cuyo ejemplo lo encontramos en la propia cruz de Burguillos.

   Como se puede apreciar en nuestra cruz, el periodo Rococó se caracterizará por la aparición de un nuevo elemento decorativo de carácter arriñonado y rodeado de "ces" vegetales, la rocalla. Este adorno va a cubrir todas las partes de la superficie de los brazos de la cruz, modificando igualmente los perfiles de estos, haciéndolos asimétricos y ondulados, y finalizando los pequeños en remates vegetales. Todo ello, acompañado por la figura de Cristo Expirante, en su diseño clásico de este periodo, que aparece colgado en el anverso de la cruz, y cuya cabeza es rodeada por el tondo circular del crucero que le sirve de aureola y que en la parte trasera se cubre también por rocalla. El mismo efecto se produce en el nudo o manzana, compuesto por cuerpo cilíndrico cubierto por casquete semicircular y base ancha y panzuda, en la que sus formas se hacen más blandas y delicadas, y donde aún perviven unas arcaizantes asitas que también se amoldan al movimiento sinuoso de la rocalla. Finalmente, la pieza se completa con un cilindro o enchufe que encaja en el varal que la sustenta y que se recubre por una cadeneta o guirnalda de "ces" aveneradas. Este nuevo modelo, que realmente posee un recuerdo bastante lejano del modelo primigenio del Renacimiento, será el que se ponga en boga durante este periodo cronológico en todo el Antiguo Reino de Sevilla, conservándose ejemplares similares en muchas parroquias sevillanas, como por ejemplo en la iglesia mayor de San Miguel de Morón de la Frontera, en la parroquia de San Bartolomé de Carmona, o en la parroquial del cercano pueblo de Gerena.

   Desafortunadamente, la documentación parroquial no recoge el momento en el que fue encargada la obra, ni tampoco los costes que supuso su realización. Sin embargo, la aparición en el nudo de las marcas de platería, nos despeja el camino para poder conocer el autor de la obra y su cronología. Las marcas de plateros son las señales que debían presentar todas las piezas de platería realizadas en una ciudad y que daban fe de la legalidad de la propia obra. Esta legalidad quedaba constatada con el punzón del marcador, platero que se encargaba de este menester, y que estampaba en todas las piezas el símbolo de la ciudad y su propio sello. En el caso de Sevilla, el elemento simbólico ciudadano desde el siglo XV fue la Giralda que aparece en esta cruz con su forma más estilizada y realista. Junto a la torre, el sello del marcador CARDEN, que fue el utilizado por Nicolás de Cárdenas durante el periodo en el que ocupó este cargo, entre 1756 y 1780, y que siempre se acompañó de un pequeño cochinillo del que desconocemos su significado. Al lado de estas tres marcas, aparecía el sello del autor, que en este caso se puede leer ALEXANDRE, alusivo al platero de origen zaragozano José Alexandre, uno de los plateros más importantes de este periodo. Finalmente, junto a este conjunto de punzones, en esta ocasión y como caso excepcional, aparece también un sello cronológico en el que se puede leer la cifra 79, claramente alusiva a la fecha de terminación de la obra, que sería 1779.

   Finalmente tan sólo nos queda hacer mención al buen estado de conservación que presenta la obra, aunque hemos podido constatar a través de fotografías antiguas, que faltan los típicos rayos del crucero, algo que no resta belleza a este buen ejemplo de cruz sevillana dieciochesca (Antonio Joaquín Santos Márquez, en Patrona de Burguillos, 2003).

   Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz
   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.

La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.

   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)

   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz
   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
   La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio

   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.
3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la Inventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes. 
 Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.

Iconografía
   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.

   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.) 
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
   Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 15 de junio de 2020

Arte: El Ostensorio de la Iglesia de Burguillos.

   Mostramos en Historia de Burguillos el Ostensorio que encontramos en la sacristía de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que ayer, 14 de junio, fue la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, quien, con estos alimentos sagrados, ofrece el remedio de la inmortalidad y la prenda de la Resurrección [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Ostensorio de la Igl. de Burguillos. Antonio Méndez, 1812.
   Y que mejor día que hoy, para analizar dicho Ostensorio.
   El Ostensorio de plata en su color, de estilo neoclásico, punzonado "A. Méndez", que alude al platero Antonio Méndez, activo durante el último cuarto del siglo XVIII y primero del XIX,  con la inscripción "QVAE SUNT DEI DEO. 12". Una sencilla traducción podría ser "Los que son de Dios, para Dios" y la cifra "12", debe corresponder a la fecha de ejecución en 1812. Tiene unas medidas de 60 x 27 x 24 cms.
   Es una pieza muy sencilla con la peana a base de molduras sin decorar a excepción de la inscripción ya mencionada y el viril a base de rayos biselados, rematado en la parte superior por una cruz latina de la que surgen a su vez, cuatro haces de rayos, también biselados.
   Conozcamos mejor la Historia y Leyenda de la Solemnidad del Corpus Christi:
   Un milagro eucarístico del siglo XIII fue el origen de la Fiesta del Corpus Christi, que la Iglesia celebra el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad; aunque en algunos países las Iglesias locales deciden trasladarla para el domingo por una cuestión pastoral (en Sevilla se mantiene la festividad en el jueves). En esta solemnidad la Iglesia tributa a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, gratitud y amor, siendo la procesión del Corpus Christi una de las más importantes en toda la Iglesia Universal. A mediados del siglo XIII el P. Pedro de Praga dudaba sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía y realizó una peregrinación a Roma para rogar sobre la tumba de San Pedro una gracia de fe. Al retornar, mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la Cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró manchando el corporal.
  La noticia llegó rápidamente al Papa Urbano IV, que se encontraba muy cerca en Orvieto, y mandó que se le lleve el corporal. Más adelante el Pontífice publicó la bula “Transiturus”, con la que ordenó que se celebrara la Solemnidad del Corpus Christi en toda la Iglesia el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad. El Santo Padre encomendó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico para la fiesta y la composición de himnos, que se entonan hasta el día de hoy: Tantum Ergo, Lauda Sion. El Papa Clemente V en el Concilio general de Viena (1311) ordenó una vez más esta fiesta y publicó un nuevo decreto en el que incorporó el de Urbano IV. Posteriormente Juan XII instó su observancia.

lunes, 22 de octubre de 2018

Actualidad: Afortunadamente el Sagrario de la parroquia de Burguillos vuelve a su estado primigenio.

   Afortunadamente ha imperado la cordura y el Sagrario de plata de la iglesia parroquial San Cristóbal de nuestro pueblo vuelve a lucir desde el pasado verano en todo su esplendor tal y como se concibiera en los talleres de Orfebrería Villarreal.
   Ya con este hecho me siento enormemente satisfecho de la creación de este blog "Historia de Burguillos" que nació con ese fin que no es otro que dar a conocer la historia de todo lo que concierne a nuestro pueblo y como no podía ser de otra manera luchar para salvaguardar el patrimonio histórico-artístico existente, así que tras la entrada del 14 de agosto del pasado año (pinchar aquí), muchos amigos me comentaron la valentía aquí expuesta ... pero todo ha valido la pena.
Estado del Sagrario desde este pasado verano.
   Tras el desaguisado cometido por la parroquia, parece que la lógica y la razón han imperado y con motivo del traslado extraordinario de la Virgen del Rosario desde el presbiterio hasta su capilla tras su restauración, pude realizar varias fotografías que atestiguan la vuelta al estado en el que siempre estuvo sin esos añadidos ridículos y caprichosos que nada aportaban.
   Desde este humilde blog vamos a apostar siempre por salvaguardar el patrimonio de nuestro pueblo, y en esta ocasión se ha demostrado que la justicia, la razón y la lógica triunfan.
   Finalmente, desde "Historia de Burguillos", desear que no se cometan más atropellos contra el patrimonio de Burguillos, pues el legado que nos han transmitido nuestros antepasados es obligación de todos el cuidarlo para que todos los disfrutemos y lo leguemos al futuro.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Documentación: El robo de las Coronas, Media Luna y zapatitos, de plata de la Virgen del Rosario en 1869, según el libro "El señorío de Burguillos (Sevilla), una aproximación a su historia", de Francisco Rodríguez Hernández en 1999.

   Mostramos en Historia de Burguillos un extracto del capítulo XLI, y último, del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia", de Francisco Rodríguez Hernández, editado por el Ayuntamiento de Burguillos y la colaboración de la Diputación de Sevilla en 1999, y que trata sobre Menudencias históricas, ocupando las páginas 193 a 202 de dicha monografía, aunque la parte que nos interesa para esta entrada la encontramos en los párrafos 6º y 7º de la página 201, sobre el robo acaecido en la iglesia y que afectó directamente a la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, y que pasamos a transcribir íntegramente:
Pág. 201 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla), una aproximación a su historia".
¨... cura párroco de Burguillos, don Juan León Nogales ...

   Pero aún nos lo volvemos a encontrar el 27 de marzo de 1869, con motivo de un escrito que dirige al juez eclesiástico del arzobispado, denunciando un robo en la iglesia de Burguillos, con la desaparición de los siguientes objetos:

          - Un par de zarcillos de plata, y la corona, también de plata, de Nuestra Señora Santa Lucía.
          - La media luna de madera, forrada de plata, de Nuestra Señora del Rosario.
          - Una corona de plaqué, de la misma Señora.
          - Una corona de plata de su niño.
          - Unos zapatitos de plata del mismo.
          - Un copón de plata pequeño.
          - Una cajita pequeña de plata.
          - Un viril de plata, o sea, la redondela donde se coloca la forma.
          - Una crismera, que se ignora si es, o no de plata.

   No sabemos si el autor o autores de este robo, fue o fueron detenidos y los objetos rescatados. "

   Del extracto de este capítulo XLI, podemos deducir que la Virgen sufrió el robo de casi todo su ajuar de orfebrería que mantendría en su retablo, todo ello de plata salvo la corona de la Stma. Virgen que era de plaqué (que no es otra cosa que una chapa muy delgada de oro o plata que recubre la superficie de otro metal de valor inferior), es decir que esta corona sería chapada en plata de ley.
   Señalar que este robo se repuso, en parte, inmediatamente como recoge el compañero Francisco Amores Martínez en su artículo: Una corona decimonónica para la Virgen del Rosario, publicado en la página 41 del boletín "Patrona de Burguillos" del año 2015. Y la Media Luna se intentó "recuperar" en 1914, como recoge el compañero Miguel Velázquez Prieto en su artículo: La Corona de 1914, publicado en las páginas 16 y 17 del boletín "Patrona de Burguillos" del año 2002.
   Pero estos artículos ya los publicaremos en próximas entradas.
   Lo único que podemos aseverar es que desde este fatídico robo acaecido en 1869, la Santísima Virgen del Rosario ha perdido gran parte de su iconografía primigenia, basada en el Libro del Apocalipsis, 12, 1: "Y apareció una gran señal en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobres su cabeza una corona de doce estrellas".
   Quizás algún día la volvamos a ver con ráfaga y media luna que completen esa magnífica corona obra del taller de orfebrería de los Hermanos Delgado, realizada con ocasión de su coronación canónica en 2009.