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lunes, 1 de junio de 2026

Efemérides: Aniversario del Rosario Público y colocación de la primera piedra de la Casa de Hermandad de la Virgen del Rosario, el 1 de junio de 2003, con motivo del Año del Rosario

     Hoy, 1 de junio, es el aniversario de otro de los grandes acontecimientos de la historia moderna de nuestro pueblo, el Rosario Público y la colocación de la primera piedra de la Casa de Hermandad de la Virgen del Rosario, el 1 de junio de 2003, con motivo del Año del Rosario, así que bueno es rememorarlo en "Historia de Burguillos", a través de la crónica emitida por la propia corporación en sus canales oficiales, en este caso el Boletín "Patrona de Burguillos" del año 2003, en sus páginas 36 y 37, y que pasamos a transcribir íntegramente:



     "Actualidad. Crónica del Año del Rosario.
     El pasado 16 de octubre de 2002, Su Santidad El Papa, Juan Pablo II, promulgaba la Carta Apostólica "ROSARIUM VIRGINIS MARIAE", en la que desarrolla una profunda y bellísima reflexión sobre el rezo del Santo Rosario, para exhortar a la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre. Estamos ante un documento extenso y, sin duda, muy provechoso, pues el Sumo Pontífice se expresa con la sinceridad y sencillez propias de su arraigada devoción a la Virgen. Como puntos de inflexión de la Carta cabe destacar dos:
        a) La incorporación al Rosario de cinco nuevos misterios, denominados luminosos, que se refieren a la vida pública de Cristo desde el Bautismo a la Pasión, ampliamente comentados en otro trabajo de este Boletín.
        b) La proclamación del ejercicio que va de octubre de 2002 a octubre de 2003 como Año del Rosario, dejando esta indicación pastoral a la libre iniciativa de cada comunidad eclesial.
     Desde que conocimos esta recomendación pastoral, emanada de la más alta instancia eclesial, nos pusimos a la tarea de confeccionar un programa de actividades que aunara lo cultural con lo cultual y nuestra tradición con la actualidad de la Iglesia. Antes de resumir brevemente lo acontecido, quisiera destacar los dos dípticos informativos que se han publicado como anuncios de los distintos actos. Ambos, editados en cartulina brillo y a todo color, han gozado de una enorme aceptación, pues las fotografías elegidas para las portadas (en las que aparecía la Virgen sobre su nuevo Paso tras la Procesión de la mañana del pasado año) eran realmente espectaculares y bellas.
     En cuanto a las conmemoraciones en si estaban estructuradas en torno a tres ejes: actos culturales (conferencias y encuentro de Grupos Jóvenes), conciertos y cultos extraordinarios.
     Por lo que respecta a los primeros, entre el 15 de marzo y el 7 de junio de 2003, se han celebrado un total de 8 charlas coloquios sobre los siguientes temas: "Vestir a las Imágenes: Una forma de devoción"; "La Historia del Rosario"; "Distintas formas de vivir la devoción a la Virgen del Rosario en la Diócesis de Sevilla"; "La Parroquia de San Cristóbal Mártir"; "La Carta Apostólica: El Rosario de la Virgen María";" Las Bandas de Música en Burguillos"; "Los Hermanos Costaleros"; y," El ejemplo de la Santa Sor Ángela de la Cruz". En todas ellas se alcanzó un nivel de asistencia muy satisfactorio, ya que se rondó la cifra media de setenta participantes, resultando su desarrollo muy interesante, ameno y didáctico. Capítulo aparte merece la Conferencia dictada por el Padre Javierre sobre la Santa Ángela de la Cruz, en la que se llenó totalmente la nave del Sagrario, cosa normal si tenemos en cuenta el prestigio del ponente. Motivo de alegría para esta Hermandad es que, pesar de contarse en la organización de estos actos con muchas personalidades foráneas, todos acudieron a Burguillos fieles a su compromiso con nosotros. Todavía en este apartado, reseñar que el pasado 17 de mayo tuvo lugar el Primer Encuentro de Grupos Jóvenes de Hermandades del Rosario de la Diócesis de Sevilla, en el que contamos con la intervención de D. José Miguel Núñez Moreno, delegado de Pastoral Juvenil S.D.B. Lamentablemente, esta iniciativa no contó con el apoyo esperado y sólo asistieron nuestro Grupo Joven y el de Carrión de los Céspedes. A pesar de ello, todo transcurrió felizmente y la jornada de convivencia en la Madroña resultó inolvidable, comprometiéndose la juventud carrionera a organizar el Encuentro del próximo año.
     Por lo que respecta a los conciertos, tuvieron lugar dos: uno de marchas procesionales por la Banda de Música Ntra. Sra. de las Nieves de Olivares y otro de piano, a cargo del joven interprete local D. Antonio Caballero Fernández. Destacar que la Banda de Olivares estuvo dirigida por D. Manuel Granados Rodríguez, conocido por todos ya que, desde pequeño acudió a Burguillos, pues de aquí era su madre.
     Centrándonos en el apartado de los Cultos Extraordinarios, aparte de la Peregrinación a San Benito (analizada en otro artículo de este Boletín), se situaron todos en la última semana de Mayo, mes de María. Así, desde el 29 al 31 tuvo lugar el Solemne Triduo, predicado por D. Francisco Alegría Mellado, Vicario Inspectorial Salesiano y N.H.D. Juan Carlos Pérez Godoy, Inspector Salesiano. En el último día de Triduo celebramos el Besamanos a la Virgen, que aparecía dispuesta en el mismo Altar de la Novena. Siguiendo con el relato cronológico de tan inolvidables acontecimientos, el 1 de junio de 2003, a las 8 de la tarde comenzaba el Rosario Público presidido por Ntra. Sra. del Rosario, engalanada para la ocasión con su ajuar de salida y entronizada en unas andas, especialmente construidas para la ocasión, en las que se aprovechaban elementos ornamentales del Paso. Muy comentado y elogiado fue el realce que proporcionaba a la Imagen la nube que actualmente sirve de pedestal en el Altar del Sagrario y que ahora se situaba sobre la peana dorada. Los misterios del Rosario se rezaron en los siguientes lugares: Calle Real esquina con Calle Portugal, Calle Antonio Machado esquina con Calle Los Palmeros, Avenida Cruz de la Ermita esquina con Calle Cádiz, Calle Virgen del Rosario esquina con Calle Gustavo Adolfo Bécquer y Puerta de la Iglesia, contando en todo momento con el acompañamiento musical de la Banda Ntra. Sra. del Valle de Burguillos. Al llegar la comitiva a la Calle Virgen de la Fuentecilla, se procedió a la ceremonia de colocación de la primera piedra de nuestra futura Casa de Hermandad en el solar que ha cedido el Excmo. Ayuntamiento de Burguillos. En este acto, presidido por la Stma. Virgen, contamos con la presencia de D. José Juan López, Alcalde de Burguillos, D. Juan Manuel Pérez Sánchez, D. Manuel Pérez Cabrera, D. Pablo Pérez Giráldez y D. Miguel Pernía Sánchez, en su calidad de Hermanos Mayores que han sido de esta Corporación, y de D. Francisco Reina Chía, Cura Párroco de Burguillos. Tras introducir el cofre con objetos alusivos al emotivo momento en la arqueta dispuesta al efecto, tomó la palabra el Alcalde de la localidad que en sentida alocución confesó dejarse guiar por los sentimientos al tener justo al lado a la Madre de los burguilleros. Cerró el acto quien esto firma para destacar que lo verdaderamente importante era el valor simbólico de un hecho incontestable: tras tres siglos largos de historia los hijos de Burguillos seguían reuniéndose y concitando proyectos en torno a su Patrona, la Stma. Virgen del Rosario. Cerca de la una y media de la madrugada, tras una tarde noche pletórica de fervor mariano y en la que la Procesión estuvo siempre rodeada de un gran cantidad de fieles, entraba la Virgen en la Iglesia, habiendo cumplido por enésima vez su tarea evangelizadora en el pueblo que tanto la quiere y venera.
     Siendo el presente artículo un apretado resumen de lo sucedido en este Año del Rosario, también va a ser al final un anuncio gozoso de lo que ha de venir como colofón espléndido a este ejercicio, pues el próximo domingo 28 de septiembre tendrá lugar en la Iglesia un Solemne Acto en el que se le impondrá a la Virgen el Bastón de Mando representativo de su recién adquirida condición de Alcaldesa Perpetua de la Villa de Burguillos, ceremonia en la que contaremos con la participación de la Banda de música de la Cruz Roja Española de Sevilla y en la que, de nuevo, intentaremos seguir el dictado de nuestras Reglas que ordenan proporcionar la mayor gloria en esta Tierra a Nuestra Soberana Titular, la Stma. Virgen del Rosario.
MIGUEL VELÁZQUEZ PRIETO"


lunes, 9 de marzo de 2026

Bibliografía - Arte: Burguillos en el libro "Pintura Barroca Sevillana", de Enrique Valdivieso, editado por Ediciones Guadalquivir, en 2003

     Mostramos en Historia de Burguillos la reseña que se hace de nuestro pueblo en el libro "Pintura Barroca Sevillana", de Enrique Valdivieso, editado por Ediciones Guadalquivir,  en 2003, uno de cuyos ejemplares podemos leer en la Biblioteca Pública Provincial "Infanta Elena", de Sevilla.


     Dicho libro es un recorrido por la Historia de la pintura de Sevilla, mostrando un importante conjunto de imágenes y reseñas de todos y cada uno de los pintores y pinturas sevillanos.


   Así, la reseña a nuestro pueblo, Burguillos, la encontramos en las páginas 388 a 390, al hacer referencia al pintor Marcos Fernández Correa, paisano nuestro y que pasamos a transcribir literalmente:





Marcos Fernández Correa
     Es éste otro de los artistas sevillanos activo en el último tercio del siglo XVII del que poseemos escasas noticias documentales que nos permitan conocer su actividad profesional. Sabemos que nació en Burguillos y que contrajo matrimonio en Sevilla en 1676, desarrollando su actividad profesional en esta ciudad hasta los inicios del siglo XVIII. Perteneció a la Academia de Pintura sevillana fundada por Murillo en 1660.
     De su producción pictórica es muy poco lo que actualmente se conoce, siendo las obras principales la pareja de trampantojos o engañifas, firmados por este artista, que se conservan en la Hispanic Society de Nueva York. Ambas pinturas nos muestran fingida la superficie de un fondo de tablas en la que aparecen clavados distintos grabados y cuelgan cintas sujetas a escarpias con tinteros, papeles enrollados, legajos, un bastón, la calavera de un conejo y la paleta de un pintor. Están realizados con un dibujo habilidoso y correcto, utilizando también el pintor con eficacia contrastados y suaves efectos de luz y de sombra para crear sensaciones de relieve y, por lo tanto, transmitir fugaces ilusiones de veracidad (Lám. 365).
     Otro trampantojo, éste no firmado pero totalmente similar en sus características técnicas a los dos mencionados anteriormente en Nueva York, se conserva en una colección particular de Ayamonte265 (Lám. 366).
     Las características que emplea Marcos Correa para la realización de estos trampantojos parece estar evidentemente conectadas con las que estaban de moda especialmente en los Países Bajos y Francia, países en los que numerosos artistas practicaron esta modalidad pictórica. Los nombres más relevantes en ella son los holandeses Franciscus y Norbertus Gysbrechts y el francés François de La Motte.
     No sólo Marcos Correa practicó la pintura de trampantojo en Sevilla en el último tercio del siglo XVII, pues de esta época han llegado hasta nosotros distintas obras desgraciadamente sin firma, que no permiten mencionar el nombre de ningún artista concreto, pero ciertamente hay que señalar que esta modalidad pictórica arraigó intensamente en el gusto de la clientela local, por lo que hubo una demanda muy intensa de obra de este tipo que se prolongó después a lo largo de la primera mitad del siglo XVIII.

     Este libro es una obra capital para la Historia de nuestro pueblo, puesto que es la aparición de un pintor, Marcos Fernández Correa, para la Historia de la pintura sevillana, y que bien merecería algún tipo de homenaje en nuestro pueblo, totalmente desconocido para todos...

lunes, 8 de noviembre de 2021

Arte: "Burguillos en la pintura de la artista Carmen Laffón", de Magdalena Illán, en el boletín "Patrona de Burguillos", nº 9, de 2003.

     En el día de ayer, domingo 7 de noviembre de 2021, fallecía Dª Carmen Laffón la artista (pintora y escultora) con más proyección universal con relación directa con nuestro pueblo, Burguillos, y que da nombre al Centro Cultural y a una avenida de Burguillos. 

     Como homenaje de Historia de Burguillos hacia ella, recordamos el artículo firmado por Magdalena Illán Martín (profesora de Historia del Arte en la Universidad de Sevilla), "Burguillos en la pintura de Carmen Laffón", publicado en el Boletín "Patrona de Burguillos" de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, en la edición del año 2003, nº 9 (páginas 57,59 y 61), y que transcribimos íntegramente:



     En la segunda mitad de los años sesenta y comienzos de los setenta, la artista sevillana Carmen Laffón (1934) compaginó su residencia en Madrid y Sevilla con amplias estancias en la finca de Mudapelos, situada en el término municipal de Burguillos, convirtiendo a los residentes en dicha finca -especialmente a los niños- en protagonistas de sus pinturas. Hoy, casi medio siglo más tarde y cuando la artista goza de un reconocimiento unánime por parte de crítica y público en el ámbito artístico contemporáneo - miembro de la Academia de San Fernando, Premio Nacional de Artes Plásticas 1983, nominada al Premio Príncipe de Asturias 1998, Medalla al Mérito en las Bellas Artes 1999 y contando en su curriculum con exposiciones individuales organizadas por los museos más relevantes del país-, el estudio y análisis de su obra ha de pasar por centrar su atención en las gentes, el paisaje y la forma de vida de Burguillos en la segunda mitad de la década de 1960.
     En 1960 Carmen Laffón contrae matrimonio con el aún estudiante de perito agrónomo Ignacio Vázquez Parladé y es a mediados de dicha década cuando la pareja se traslada a la finca de Mudapelos, donde se llevan a cabo las investigaciones agrónomas realizadas por su marido. Esta residencia en Burguillos se convierte en un activo centro artístico y cultural donde tienen lugar reuniones a las que asisten los artistas más relevantes del ámbito sevillano -José Soto, Teresa Duclós, Gustavo Torner,...-, destacando especialmente la figura de Fernando Zóbel quien -como anécdota- llevará a cabo las etiquetas de los melocotones cultivados en Mudapelos. Pero, sobre todo, destaca el hecho de que Mudapelos se convierte en protagonista exclusivo de las obras que Carmen Laffón realiza en esta segunda mitad de los años sesenta. La artista había desarrollado su obra anterior en Madrid, en contacto con las tendencias expresionistas postuladas por el grupo El Paso y con las que establece relación a partir de su trabajo en la Galería Biosca; por lo tanto, se trataba de una obra inmersa en un intenso pesimismo existencial puesto de manifiesto a través de una estética desgarrada de tonalidades sombrías y enrarecidas, dibujo fragmentado y una profunda oscuridad. El contacto con la luz estival de Mudapelos marcará el inicio de una evolución estilística que desembocará en su obra de madurez, abandonando el sentido trágico de la vida para acercarse a una visión de la realidad intensamente melancólica representada a través del mundo objetual, de los interiores y de los rostros infantiles de los niños. Estéticamente, la gama cromática adquiere una luminosidad inédita hasta el momento, rica en matices pasteles, mientras la pasta pictórica adelgaza su grosor y es aplicada a partir de tenues veladuras; técnicamente, presenta la novedad del uso del carbón y lápiz de grafito sobre papel como técnicas más utilizadas, minoritarias hasta el momento en su producción.
     Hay dos temáticas abordadas por Carmen Laffón durante este período de Mudapelos que puede acotarse entre los años 1965 y 1973 -año éste en el que la artista traslada, nuevamente, su residencia a Madrid-: por un lado, la figura humana a través de los rostros infantiles y, por otro lado, el mundo de los objetos que constituyen la vida cotidiana de los residentes en la finca.
     Respecto a la primera temática, Carmen Laffón toma como modelos a los niños residentes en Mudapelos, de los que aparecen sus nombres como títulos de las obras, aunque la falta del apellido ha imposibilitado la identificación de los mismos -aspecto que resultaría muy interesante y que, quizás, a raíz de este artículo pueda llevarse a cabo; así, se conservan obras tituladas: Rosario (1967), Cabeza rosa (1967), Niña con traje negro (1968), Esperanza (1969), María (1969), Lola (1971), Antonio Díaz (1971), Reyes (recostada en la butaca) (1971), Reyes (1972), Reyes. A Manolo Millares (1972), María (1970-1973)1. Aunque se rata de retratos, no obstante hay un elemento común en todos los rostros que les arrebata su identificación individual y los fusiona para dar lugar a la creación de un arquetipo emocional. Es así que los semblantes infantiles están inmersos en una profunda melancolía y tristeza interior, atisbándose en sus miradas sentimientos latentes de ilusiones frustradas, decepciones, desesperanza, resignación y espera. Existe una fatal discordancia entre la fisonomía infantil de sus rostros y la gran carga emocional que sostiene su mirada en la que se percibe la conciencia del final de la ingenuidad que supone la niñez y, con él, la llegada del futuro que les aguarda: un futuro ligado al duro trabajo y a las constantes privaciones. En la mayoría de estos retratos la artista utiliza la técnica del carbón sobre papel, cuya parca gama cromática a partir de blancos, negros y grises acentúa la tragedia que envuelve a las figuras y la atención se centra en el rostro de los modelos, ejecutados a través de un intenso claroscuro que se va diluyendo paulatinamente hacia la periferia, donde predomina la gama de grises blancuzcos. Un dibujo depurado construye la estructura compositiva y el perfil de las figuras, pasando a un segundo plano tras la recreación de las sombras y luces que cobran todo el protagonismo técnico, sobre todo en los años setenta, cuando los fondos se oscurecen, las líneas se vuelven más sutiles y la representación de la atmósfera adquiere matices inéditos.
     En esta serie de dibujos destacan dos obras especialmente complejas por su factura técnica y estructura compositiva: se trata de Antonio Díaz (1971) y de María (1970-1973). Ambas obras se configuran a partir de la técnica de papier collée, es decir, diversos pliegos de papel pegados que dan lugar a la composición global y desarrollan una temática similar como es la imagen de los dos niños recostados sobre una cama en actitud convaleciente. La imagen de Antonio Díaz es más directa y terrible al contemplarse la figura infantil -anatomía débil, rostro ausente- tumbado sobre un lecho del que sólo se aprecian unas sábanas, situado en el interior de una lúgubre habitación sin más adorno que el escorzo de una mesilla de noche colocada a la izquierda de la composición.
     Aunque el procedimiento del carbón sobre papel predomina en esta serie de retratos, sin embargo también el óleo contribuye a la ejecución de los rostros infantiles en obras como Rosario, Cara sonrosada y Niña con traje negro; en las que, a pesar  de la introducción de color en gamas pasteles, no obstante, está presente el mismo sentimiento trágico de la existencia y la profunda mirada de hastío y cansancio vital, especialmente en Niña con traje negro en el que se muestra a una figura infantil ataviada con el vestido negro, que indica luto por la muerte de un familiar, y que contrasta con la imagen nacarada de su semblante.
     La segunda temática abordada por Carmen Laffón durante su estancia en Mudapelos se refiere a la representación del mundo de los objetos; se trata de objetos sencillos, cotidianos, que formaban parte del mobiliario doméstico de las casas y que le sirven a la artista para experimentar en cuanto a aspectos compositivos, técnicos y lumínicos, marcando una drástica ruptura en su evolución estilística y constituyéndose como algunas de las obras más importantes de su trayectoria profesional. Pinturas como La radio (1966) -aquella radio de la casera de Mudapelos- y las dos versiones realizadas en torno a la máquina de coser, Máquina de coser al uso (1967)2 y Máquina de coser tapada (1967)3 consolidan la tendencia hacia una depuración formal basada en el uso de elementos geométricos y de una evidente austeridad cromática. Las máquinas de coser son resueltas en composiciones que han ganado en solidez estructural e introducen una concepción abstracta de la representación objetual marcada por la rígida volumetría de las telas -de claras reminiscencias zurbaranescas- y la rigurosa linealidad de los elementos. Igualmente, la artista plantea un tratamiento del espacio vacío denso y activo, que envuelve pesadamente a los motivos representados, dando lugar a una atmósfera intensamente vivida; este aspecto, lógicamente, actúa en la influencia lumínica que incide sobre 1os objetos y que convierte la representación en una escena procedente del mundo de los recuerdos o de los sueños.
     Otros objetos representados -en esta ocasión, utilizando el carbón sobre papel- son la mesilla de noche (que aparece en la zona izquierda de la obra María) y los motivos de bodegón que se sitúan en la zona superior de la misma: una jarra de agua, un vaso de cristal, un cuenco de cerámica y algunos platos. Son varios los dibujos que insisten en la representación de los referidos elementos y en su relación con el espacio circundante, titulados genéricamente Mesilla de noche4 y realizados en 1970-1971. En estos dibujos Carmen Laffón mantiene el interés por acercarse a los objetos humildes, cotidianos que transitan diariamente junto a nosotros, y que pasan desapercibidos en medio de la rutina; la artista ofrece un nuevo itinerario material, una dimensión existencial alternativa a la realidad diaria: es el mundo secreto que encierran los objetos y donde éstos dejan de significar sólo en función de la mirada que los percibe y adquieren importancia por sí mismos, por el lugar que ocupan en el espacio y en el tiempo, de forma independiente a la dimensión rutinaria que les concedemos.
     Como reflexión última, conviene insistir en cómo la luz estival del cielo de Burguillos, el perfil de su paisaje, la intensidad de sus gentes o el transcurrir diario de su existencia constituyeron en un momento preciso una fuente inagotable de emociones e inspiración para una de las artistas más relevantes del arte español contemporáneo. Hoy podemos disfrutar de ello de manera directa o a través de su pintura, donde permanecerá de manera indeleble.
Magdalena Illán Martín.

NOTAS:
1.- Esta serie de dibujos protagonizada por los niños de Mudapelos fue expuesta por primera vez en la muestra Dibujos de Carmen Laffón, organizada por la galería Egam de Madrid en 1971, logrando uno de los éxitos más unánimes de Carmen Laffón, prueba de ello son las declaraciones emitidas por el crítico Antonio Bonet Correa: Últimamente, en la Galería Egam, de Madrid, ha tenido lugar una exposición de dibujos de Carmen Laffón. Dada la significación de esta pintora sevillana y la decantada calidad de las obras expuestas, esta muestra representa, dentro del actual panorama artístico español, un acontecimiento que podría calificarse de un tanto aparte y, sin duda, excepcional (...). en "Carmen Laffón", El Correo de Andalucía, 6/05/1971, p. 10.
2.- Esta pintura fue expuesta por primera vez en la Galería El Bosco de Madrid, en una muestra dedicada a las mujeres artistas del ámbito nacional; Adolfo Castaño -autor de los textos del catálogo- escribe: Si algo mira Carmen Laffón es la naturaleza y los seres que la rodean y los mira con mirada tan honda, tan abismada en llos para sorprender su lírica  o dramática  esencialidad  que  los intemporaliza. Cfr. FORMICA, Mercedes, "Veinticinco pintoras exponen en Madrid", ABC, Madrid, 28/01/1968, p. 87.
3.- De esta pintura realizaría Carmen Laffón una nueva versión titulada Máquina de coser cubierta y fechada entre los años 1978 y 1992.
4.- Esta serie de dibujos sobre la mesilla de noche fue expuesta, junto a los retratos infantiles, en la muestra organizada por la Galería Egam de Madrid, 1971.

lunes, 3 de mayo de 2021

Arte: La Cruz Parroquial, de José Alexandre y Ezquerra, en la Iglesia de Burguillos

   Mostramos en Historia de Burguillos una reseña sobre la Cruz Parroquial de nuestra Iglesia de San Cristóbal, mártir.      

   Hoy, 3 de mayo, la Iglesia conmemora la "Invención de la Santa Cruz", es decir el hallazgo de la por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Al tratarse de una fiesta relacionada con la pasión de Cristo, su Cruz, la fiesta en rito romano será de color rojo. "Invención" (del latín invenio, "descubrir") es el nombre litúrgico y oficial. En cambio Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces es la denominación popular. Se festeja el 3 de mayo, y la Iglesia católica, según el rito romano, ha situado el hallazgo de la santa Cruz. Es una festividad muy extendida en España e Hispanoamérica. Pero tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII, en 1960 con el motu proprio Rubricarum instructum, perdió importancia en el calendario romano.

   La iglesia parroquial de la villa de Burguillos conserva entre sus bienes muebles un importante conjunto de piezas de plata, entre las que destaca la cruz parroquial, una verdadera obra maestra de la platería sevillana del siglo XVIII. Esta obra ha ido recogida en los diferentes catálogos, guías e inventarios artísticas realizados en la provincia sevillana, aunque aún está carente de un estudio más profundo que intentaremos plasmar en estas líneas.

  Las cruces parroquiales en España surgen durante la Edad Media, momento en el que se convierten en símbolos representativos de una iglesia parroquial y de su feligresía en todos los actos públicos externos e internos que se realizaban. Por ello, desde el principio, estas obras se tendieron a realizar en materiales preciosos que aludiesen a la importancia y riqueza del templo, siendo sobre todo la plata el material predilecto para las mismas. En Andalucía se comienzan a elaborar estas piezas sobre todo a partir del partir del siglo XV, momento en el que los talleres de platería de las grandes ciudades son más numerosos e importantes. Entre las ciudades andaluzas destacará Sevilla, que a partir de este momento, y tras el descubrimiento de América, vivirá momentos de esplendor en todos los sentidos, que se reflejará en las artes y tendrá un exponente importante en la platería, gracias a la afluencia constante de ingentes cantidades de plata americana. De hecho, las cruces parroquiales sevillanas, llamadas procesionales por ser llevadas en estos rituales externos, se realizaran durante el siglo XV, aunque será entre los siglos XVI y XVIII, cuando los plateros sevillanos ideen prototipos y formas representativas del buen hacer de la platería sevillana, y que influirán, sobre todo durante el Renacimiento, en otros muchos centros plateros de la geografía nacional.

   Como hemos mencionado con anterioridad, la parroquia de Burguillos conserva un ejemplar dieciochesco de cierta relevancia por su representatividad dentro de un tipo muy concreto. Realmente, se trata de un modelo que deriva del tipo renacentista iniciado con Francisco Merino en la cruz metropolitana de la Catedral de Sevilla, aunque transformado por la estética rococó a la que pertenece la pieza. Será a partir de este ejemplar catedralicio, cuando las cruces parroquiales sevillanas, y en general en todas las tierras hispánicas, adquieran el formato de cruz latina de brazos rectos terminados en ensanchamientos y el nudo, es decir, la parte inferior donde se asienta la cruz, adquiera un perfil torneado. Durante el Barroco, la cruz sevillana se reviste de la ornamentación que se reproducía en las artes mayores, sobre todo de flores y tallos de apariencia carnosa, que provocarán la propia modificación de los brazos hacia una mayor flexibilidad y movimiento, aunque siempre guardando cierta armonía. Pero durante la segunda mitad del siglo XVIII, la cruz parroquial sevillana vivirá otra transformación plástica, cuyo ejemplo lo encontramos en la propia cruz de Burguillos.

   Como se puede apreciar en nuestra cruz, el periodo Rococó se caracterizará por la aparición de un nuevo elemento decorativo de carácter arriñonado y rodeado de "ces" vegetales, la rocalla. Este adorno va a cubrir todas las partes de la superficie de los brazos de la cruz, modificando igualmente los perfiles de estos, haciéndolos asimétricos y ondulados, y finalizando los pequeños en remates vegetales. Todo ello, acompañado por la figura de Cristo Expirante, en su diseño clásico de este periodo, que aparece colgado en el anverso de la cruz, y cuya cabeza es rodeada por el tondo circular del crucero que le sirve de aureola y que en la parte trasera se cubre también por rocalla. El mismo efecto se produce en el nudo o manzana, compuesto por cuerpo cilíndrico cubierto por casquete semicircular y base ancha y panzuda, en la que sus formas se hacen más blandas y delicadas, y donde aún perviven unas arcaizantes asitas que también se amoldan al movimiento sinuoso de la rocalla. Finalmente, la pieza se completa con un cilindro o enchufe que encaja en el varal que la sustenta y que se recubre por una cadeneta o guirnalda de "ces" aveneradas. Este nuevo modelo, que realmente posee un recuerdo bastante lejano del modelo primigenio del Renacimiento, será el que se ponga en boga durante este periodo cronológico en todo el Antiguo Reino de Sevilla, conservándose ejemplares similares en muchas parroquias sevillanas, como por ejemplo en la iglesia mayor de San Miguel de Morón de la Frontera, en la parroquia de San Bartolomé de Carmona, o en la parroquial del cercano pueblo de Gerena.

   Desafortunadamente, la documentación parroquial no recoge el momento en el que fue encargada la obra, ni tampoco los costes que supuso su realización. Sin embargo, la aparición en el nudo de las marcas de platería, nos despeja el camino para poder conocer el autor de la obra y su cronología. Las marcas de plateros son las señales que debían presentar todas las piezas de platería realizadas en una ciudad y que daban fe de la legalidad de la propia obra. Esta legalidad quedaba constatada con el punzón del marcador, platero que se encargaba de este menester, y que estampaba en todas las piezas el símbolo de la ciudad y su propio sello. En el caso de Sevilla, el elemento simbólico ciudadano desde el siglo XV fue la Giralda que aparece en esta cruz con su forma más estilizada y realista. Junto a la torre, el sello del marcador CARDEN, que fue el utilizado por Nicolás de Cárdenas durante el periodo en el que ocupó este cargo, entre 1756 y 1780, y que siempre se acompañó de un pequeño cochinillo del que desconocemos su significado. Al lado de estas tres marcas, aparecía el sello del autor, que en este caso se puede leer ALEXANDRE, alusivo al platero de origen zaragozano José Alexandre, uno de los plateros más importantes de este periodo. Finalmente, junto a este conjunto de punzones, en esta ocasión y como caso excepcional, aparece también un sello cronológico en el que se puede leer la cifra 79, claramente alusiva a la fecha de terminación de la obra, que sería 1779.

   Finalmente tan sólo nos queda hacer mención al buen estado de conservación que presenta la obra, aunque hemos podido constatar a través de fotografías antiguas, que faltan los típicos rayos del crucero, algo que no resta belleza a este buen ejemplo de cruz sevillana dieciochesca (Antonio Joaquín Santos Márquez, en Patrona de Burguillos, 2003).

   Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz
   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.

La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.

   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)

   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz
   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
   La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio

   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.
3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la Inventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes. 
 Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.

Iconografía
   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.

   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.) 
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
   Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 14 de noviembre de 2016

Geografía: El término municipal de Burguillos

   Burguillos es una población de la provincia de Sevilla, situada en la Comarca de "La Vega Media", en las primeras estribaciones de Sierra Morena, cuyas coordenadas geográficas son 37º 35' 09'' Norte y 5º 58' 02'' Oeste, de 43,14 km2 de extensión que linda al norte con Alcalá del Río y Castilblanco de los Arroyos, al Oeste con Villaverde del Río, al Sur con Alcalá del Río, y al Este también con Alcalá del Río.
   
   Estos datos se obtienen del Mapa Topográfico Nacional escala 1:50.000 en su hoja 962 (12-39), Alcalá del Río, editado por el Instituto Geográfico Nacional en el año 2003.