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lunes, 14 de septiembre de 2026

Callejero de Burguillos: La avenida Cruz de la Ermita

     Mostramos en Historia de Burguillos, una pequeña reseña e imágenes de la avenida Cruz de la Ermita, de Burguillos, aprovechando que hoy, 14 de septiembre, es la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que al día siguiente de la dedicación de la basílica de la Resurrección, erigida sobre el Sepulcro de Cristo, es ensalzada y venerada como trofeo pascual de su victoria y signo que aparecerá en el cielo, anunciando a todos la segunda Venida [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para analizar la avenida Cruz de la Ermita, de Burguillos, dando un paseo por ella.



     La avenida, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, no posee una adscripción precisa. En términos generales, corresponden a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la villa; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. Sin embargo, en algunos casos las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad. La avenida posee sobre todo un valor simbólico, y prueba de ello es que en Burguillos la avenida por excelencia es la hoy denominada de Andalucía, y así es es reconocida sólo como la avenida. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al Ayuntamiento. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer, como ocurre en este caso.  
   La avenida Cruz de la Ermita, es una vía que se encuentra en el Barrio de la Ermita. Va desde la glorieta del Cuerpo Nacional de Policía, a la glorieta de los Jornaleros, estando situada en el eje vertebrador de la población, puesto que comparte su ubicación con la carretera A-8013 (Alcalá del Río - Castilblanco de los Arroyos). Reseñar que en la acera de la derecha tiene como "vía de servicio" el paseo de San Sebastián (vía peatonal), aparte de otra, al final sin denominación, y en la acera de la izquierda, tiene también como "vía de servicio" la avenida Alcalde José Cuesta Godoy, en su primera parte, continuada al final por otra vía de servicio, sin denominación específica. De ella parten consecutivamente por la derecha, las calles Lepanto, Cádiz, La Calera, Huelva, Almería, Sevilla, Manuel de Marcos, Francisco Rivera "Paquirri", y Juan Pablo II, mientras que por la izquierda, lo hacen las calles Lavanda, e Hinojo.
     La avenida Cruz de la Ermita, tiene una historia dilatadísima en el tiempo, pues no se entiende Burguillos sin ella ya que forma parte indisoluble de la carretera A-8013 y que cruza la población de Sur a Norte (proveniente de Alcalá del Río y con destino a Castilblanco de los Arroyos), y aunque históricamente apenas tocaba al núcleo urbano con algunas viviendas alrededor de la carretera, hoy es la vía que vertebra a Burguillos, por lo que también la podemos considerar parte integrante del Casco histórico de Burguillos. Su nombre deriva de que en la zona adyacente de las calles Huelva, Almería y Cádiz, se encontraba la desaparecida Ermita de San Sebastián, con un crucero en sus inmediaciones, que pervivió algo más de tiempo que la propia Ermita, ya en ruinas en el siglo XIX, de ahí que cuando se urbaniza a mediados del siglo XX, toma el nombre de la Cruz de la Ermita por el recuerdo que aún perduraba en la población.
     Es una vía residencial de viviendas de una y dos plantas de autoconstrucción, surgidas en el entorno de la carretera A-8013, y que ha ido creciendo paulatinamente a finales del siglo XX y comienzos del XXI, con alguna implantación de locales comerciales de todo tipo, además de buenas zonas ajardinadas y parques infantiles al inicio y final de la vía reseñada.




Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz
   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.
La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.
   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)
   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz
   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
   La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio
   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.




3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la lnventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes.
   Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.
Iconografía
   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.
   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.)
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
   Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).





lunes, 20 de enero de 2025

Callejero de Burguillos: El Paseo San Sebastián

    Mostramos en Historia de Burguillos una reseña e imágenes del paseo San Sebastián, aprovechando que hoy, 20 de enero, es la Memoria de San Sebastián, mártir, oriundo de Milán, que, como narra San Ambrosio, se dirigió a Roma en tiempo de crueles persecuciones, y sufrió allí el martirio. En la ciudad a la que había llegado como huésped obtuvo el definitivo domicilio de la eterna inmortalidad, y fue enterrado en este día en las catacumbas de Roma (s. IV inc.)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].


     Y qué mejor día que hoy, para analizar el paseo San Sebastián, de Burguillos, dando un paseo por él.
     El Paseo es un espacio público con predominio de la linealidad que invita a la confusión, al menos actualmente, cuando muchos de ellos han perdido la funcionalidad que les dio nombre. El origen de esta denominación genérica se encuentra en su función como espacio de relación y esparcimiento. Tal sería el caso del Paseo San Sebastián. 
     La vía, en este caso, un paseo, está dedicada a San Sebastián, titular de la Ermita existente en las proximidades (hoy desaparecida), y que hoy se halla depositado en la Iglesia parroquial, y del que existe una entrada en este blog, cuyo enlace es el siguiente: Imagen de San Sebastián.


   El Paseo San Sebastián está situado en el barrio de La Ermita. Va de la calle carretera de Guillena a la calle Cádiz, siendo punto de partida de la calle Lepanto, y tiene una longitud de 250 metros aproximadamente, siendo peatonal desde el punto de vista del tráfico rodado, enlosada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por zonas ajardinadas a ambos lados de la vía, con bancos en todo su recorrido, siendo la vía de conexión peatonal entre el Barrio de la Ermita y el resto de la población.
   El paseo San Sebastián es, históricamente, una vía antigua, puesto que formaba parte del camino que surgía de la propia población y que se dirigía a la Ermita de San Sebastián (hoy lamentablemente desaparecida y de la que nos queda la interesantísima imagen escultórica del titular del templo, depositada en la iglesia parroquial de San Cristóbal) que se situaba en las inmediaciones, aunque no es hasta recientemente, cuando se la rotula con su actual denominación, y se coloca una Cruz pétrea que nos recuerda la Ermita que hubo en el lugar y la Cruz que le da nombre a la vía principal (avenida Cruz de la Ermita) del barrio.







Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de San Sebastián;
LEYENDA
   Nacido en las Galias, en la localidad de Narbona, y según san Ambrosio, criado en Milán, era centurión de la primera cohorte en los tiempos del emperador Diocleciano.
   Denunciado porque exhortó a sus jóvenes amigos Marcos y Marcelino a permanecer firmes en su fe, por orden de Diocleciano fue atado a un pos­te en el centro del Campo de Marte, y sirvió de diana viva a los arqueros que lo asaetearon «hasta el punto de parecerse a un erizo (ut quasi  heridus videretur)». «El cuerpo del bendito mártir estaba lleno de saetas, como un erizo.»
   Pero al contrario de lo que asegura un error muy difundido no murió por ello, se salvó, igual que san Juan del baño en el aceite hirviente.
   La viuda Irene, que quería levantar su cuerpo para darle sepultura, advirtió que aún respiraba, vendó sus heridas y le salvó la vida.
   Después de su curación reapareció ante Diocleciano para reprocharle su crueldad contra los cristianos. Entonces fue flagelado, se le dio muerte a palos en el circo y su cadáver fue arrojado a la cloaca Máxima.
   Por lo tanto hay que diferenciar dos martirios de san Sebastián: el primero, el más popular, del cual escapa, y el último, menos noble y pictórico, que los artistas han preferido ignorar.
   San Sebastián se aparece a santa Lucila mientras ésta duerme, para revelarle el sitio donde se encuentran sus restos, y le pide que le dé sepultura en las catacumbas, junto a los restos de los apóstoles (vestigia Apostolorum).
CULTO
   San Sebastián estaba considerado, después de san Pedro y san Pablo, como el tercer patrón de Roma. Su cabeza, o más bien un fragmento de su cráneo, se conservaba desde el siglo IX en la iglesia de los Cuatro Santos Coronados sobre el Caelius, en un copón de plata cincelada que heredó el museo cris­tiano de la Biblioteca Vaticana.
   Sus reliquias fueron transportadas a la basílica de San Sebastián extramuros. En Francia se pretendía que sus reliquias estaban en posesión de la abadía de Saint Medard de Soissons, cuyo abad era gran maestre de la noble arquería y de los caballeros de san Sebastián. En el siglo XVI, durante las Guerras de Religión, fue víctima de la hagiofobia de los hugonotes.
   Las flechas, que habían sido el instrumento del suplicio y se convirtieron en su atributo, le valieron el patronazgo de numerosas corporaciones: arqueros y ballesteros; el de los tapiceros, porque las flechas que lo erizaban parecían gruesas agujas de tapicería; de los vendedores de hierro, porque las puntas de flecha eran de hierro.
   Pero su inmensa popularidad en la Edad Media deriva, esencialmente, del poder antipestoso que se le atribuía, en una época en que las epidemias de peste diezmaban a la humanidad. San Sebastián era el primero de los santos antipestosos (Pestheiligen), el «depulsor pestilitatis», y fue a ese título que se lo introdujo en Alemania en el grupo de los Catorce Intercesores.
   Tal como ocurriera con san Francisco de Asís, sus devotos llegaron a asimilarlo a Jesucristo. El árbol al que lo ataran se comparaba con la cruz de Jesús, y sus cinco heridas con las llagas de Cristo.
   ¿Por qué fue elegido como patrón contra la peste? Se han intentado dos explicaciones. La primera es que, según una antigua creencia, el pueblo se representaba la peste como una lluvia de flechas lanzadas por un dios irri­tado. En La Ilíada, es el arquero divino Apolo quien dispara las saetas de la plaga. Los judíos también estaban persuadidos de ello. En el Salmo 7: 13- 14, puede leerse que Yavé «tiende su arco y apunta. / Apareja los instrumentos de muerte, / hace encendidas sus saetas». Job, cubierto de úlceras, cree que «las flechas del Todopoderoso» lo han atravesado.
   A decir verdad, san Sebastián no lanza flechas, al contrario, sirve de blanco a éstas. No cabe duda, pero según la leyenda, habría sido atravesado por multitud de flechas sin morir por ello. Sus devotos llegaron a la conclusión de que él podría inmunizarlos también a ellos contra las saetas de la peste. Otra objeción, más difícil de rebatir y que se presenta inmediatamente al es­píritu, es que los otros santos antipestosos: san Antonio, san Adrián y san Roque, nunca tuvieron flechas como atributo.
   Además, esta explicación, demasiado sutil, fue cuestionada por el Padre Delehaye. El erudito bolandista atribuye el patronazgo de san Sebastián al éxito de su intervención, mencionada por Pablo diácono, durante la peste que devastó Roma en el año 680. En cualquier caso, fue a partir de entonces que san Sebastián fue considerado patrón de los apestados. Las Actas Sanct Sebastíaní (Hechos de san Sebastián) no dicen nada acerca de su «patrocinium contra pestem». En 590 fue al arcángel san Miguel a quien invocó el papa Gregorio Magno para que cesara una epidemia de peste en Roma. Por lo tanto parece probado que la función antipestosa de san Sebastián proce­de de finales del siglo VII.
   Desde entonces toda la cristiandad, siguiendo el ejemplo de Roma, lo invoca confiadamente contra «las flechas de Dios».
   Las flechas de san Sebastián servían como amuletos, y con ellas se tocaban los alimentos. Su nombre se consideraba protector contra la peste.
   El culto de san Sebastián perdió vigor a medida que las epidemias de peste fueron desapareciendo. Passato il perico / o, dimenticato il santo. Además, sufrió la competencia de otros santos especializados en el mismo servicio: san Roque de Montpellier y luego, en el siglo XVII, el milanés san Carlos Borromeo, patrocinado por los jesuitas. Ambos tenían sobre san Sebastián la ventaja de haber curado apestados de verdad, e incluso, en el caso de san Roque, haber enfermado de peste mientras asistían a los enfermos.
   De ahí que después de haber sido extremadamente popular, san Sebastián, víctima de los progresos de la higiene y de la competencia de patrones más calificados, en la actualidad haya pasado de moda.
   Sólo le queda el patronazgo, comprometedor e inconfesable de los sodomitas u homosexuales, seducidos por su desnudez de efebo apolíneo, glorifi­cada por Sodoma.
ICONOGRAFÍA
   Su Iconografía es extremadamente rica por tres razones. Durante toda la Edad Media, el miedo a la peste y la devoción de las cofradías de arqueros multiplica­ron sus imágenes. El Renacimiento lo adoptó porque su martirio era un có­modo pretexto para glorificar la belleza del cuerpo desnudo.
   Según que predominara uno u otro designio, se lo ha representado de muy diferente manera: ya viejo y barbudo, ya con los rasgos de un efebo imber­be, a veces vestido, y otras desnudo.
   El tipo anciano y barbudo prevaleció hasta el siglo XV, y está justificado por la leyenda que hizo de san Sebastián un capitán de la guardia del em­perador.
   Con ese aspecto se lo representó en el mosaico de la iglesia de San Pietro in Vincoli, que sin duda se encargó como exvoto después de la peste de 680, al igual que en los frescos romanos de la iglesia de San Saba (hacia 700) y de la iglesia de Santa Maria Pallara, sobre el Palatino (siglo XI).
   Ese tipo vuelve a encontrarse en el siglo XIII, en el ábside de la iglesia de San Giorgio in Velabro, en el siglo XV en un retablo de Marçal de Sà, en la Puebla de Vallbona, cerca de Valencia, y sobrevivió todavía en el siglo XVI (P. Veronés) e incluso en el siglo XVII (Pacheco).
   No obstante, a partir de finales del siglo XV, se impuso el tipo juvenil. La misma evolución se observa, paralelamente, en la indumentaria.
   En sus orígenes, san Sebastián siempre aparecía vestido a la manera antigua, según la moda de su época.
   Ese tipo se implantó en la escuela española que casi siempre representa a san Sebastián vestido, por escrúpulo de decencia. Pero en vez de atribuirle un traje militar o un aarmadura -lo cual, tratándose de un centurión romano, sería lo más lógico- los pintores españoles lo disfrazaron de doncel equipado para la caza, con un arco y flechas en la mano.
   El Renacimiento italiano rompe con esta tradición y difunde el tipo pagano del Apolo desnudo (Sodoma). El arte de los países del Norte se adhirió tímidamente a esa línea. El san Sebastián de Memling es sólo un semidesnu­do, hasta la cintura, que todavía conserva las calzas. Pero el paganismo italiano acabó por triunfar, incluso contra el pudor español, al menos en Cataluña y en Valencia, en donde pueden citarse numerosos ejemplos de san Sebastián desnudo (Marçal de Sà, Juan Reixach, Pedro Orrente).
   El santo está casi siempre de pie, atado a un árbol, a un poste o a una columna, a causa de una contaminación con Cristo atado a la columna, o La flagelación de Cristo. No obstante, en un cuadro de Honthorst, que se conserva en la National Gallery de Londres, está sentado. En la basílica de San Sebastián, en Roma, el escultor Antonio Giorgini, inspirándose en un modelo de Bernini, lo convierte en un yacente.
   A partir del siglo XV, el atributo casi constante de san Sebastián es una gavilla de flechas. Se citan sólo uno o dos ejemplos de omisión de tal emblema: una estatua de Rossellino, en Empoli, y un cuadro de la escuela de Guido Reni, en la iglesia de Meudon. Pero lo que debe subrayarse es que, a dife­rencia de los otros santos, casi nunca tiene los instrumentos de su martirio en la mano, al menos cuando está desnudo. Por una excepción infrecuen­te en la iconografía cristiana, que se explica por su carácter de intercesor con­tra la peste, que pretendía traducirse visualmente de una manera impresionante, está representado en el momento del suplicio, atado y atravesado por las flechas.
   Las flechas que lo traspasan suelen ser tres, pero a veces está erizado como un acerico, con los dardos ya repartidos en todo el cuerpo, ya agrupados en el pecho. Excepcionalmente, sostiene un arco.
   La escuela de escultura champañesa del siglo XVI le hace llevar el gran collar de la orden de san Miguel, insignia de la cofradía de los arqueros. Recordemos que el arcángel san Miguel también era invocado contra la peste.
   A causa de una contaminación con el tema de la Virgen de Misericordia y de santa Úrsula, en un fresco de Benozzo Gozzoli que se conserva en San Gimignano, se lo ve proteger con su manto a los fieles de las flechas de la peste.
   Con frecuencia aparece asociado en los exvotos con otros santos antipestosos: san Antonio, en el retablo de los Antonitas de Issenheim (Museo de Colmar), con san Roque, en un cuadro de Correggio (1525, Galería Dresde) y en el retablo de Hans Schaufelein, que se encuentra en la iglesia de Ober Sankt Veit (Viena).
   Suele formar pareja con el papa san Fabián, cuya fiesta se celebraba el mismo día (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 10 de agosto de 2020

Bibliografía: Las conexiones con Burguillos del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.

   Mostramos en "Historia de Burguillos" las conexiones con Burguillos del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.
Portada interior del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.
   Dicho libro hace referencia a los tristes acontecimientos que tuvieron lugar en los años '30 del pasado siglo XX en España y sus desastrosas consecuencias para el patrimonio histórico artístico, centrándose en la provincia sevillana.
   Y aunque en nuestro pueblo, Burguillos, no tuvo incidencia directa, es muy interesante su estudio, puesto que dos imágenes devocionales que se encuentran en la Iglesia parroquial San Cristóbal mártir, si tienen relación con el libro objeto de esta entrada.
   Así, en la página 75, se hace un estudio de las lamentables consecuencias que tuvo para la Iglesia y Convento de la Inmaculada Concepción, de Carmona, los hechos acaecidos en 1936, y que pasamos a transcribir literalmente:
Página 75 del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.
   CARMONA
IGLESIA    Y    CONVENTO    DE   LA    INMACULADA    CONCEPCIÓN
   Edificio de tipo mudejárico conventual hispalense, constitui­do por una gran nave, con diferenciación de presbiterio. Este se cubre por bóveda de crucería y por interesante alfarje el cuerpo de la iglesia. Tanto por su estilo como por los datos que sobre su fábrica conocemos, cabe fijar su cronología en la décima-sexta centuria.
   En el saqueo padecido durante el movimiento revolucionario fueron destruidos sus retablos e imágenes, pertenecientes al siglo XVIII. Con gran actividad se ha procedido a reunir los elementos dispersos y a recomponer varios de los citados retablos.
   De.la imagen titular consiguió rescatarse el rostro y las manos. La comunidad de Franciscanas Concepcionistas que ocupa el convento, ha sustituido varias de las esculturas perdidas y destrozadas por otras procedentes del arruinado convento de San Francisco, de la misma localidad.
   La parte de clausura del convento fue, también totalmente saqueada.
   La Junta  visitó el pueblo el 28 de agosto de 1936.
Lámina XLVI con las figuras 63 y 64 del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.

Figura 63 de la Lámina XLVI del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.
   ¿Cuál es la relación de Burguillos con la Iglesia y Convento de la Inmaculada Concepción, de Carmona? La respuesta es la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, ya que ésta procede de esta iglesia conventual de la que fue salvada in-extremis por una mujer carmonense con vínculos familiares en Burguillos, donándola posteriormente a la Iglesia de nuestro pueblo, y que fue puesta al culto en 1953. La historia de la Virgen de los Dolores ya la desarrollaremos ampliamente en la entrada oportuna.


   Y de las páginas 80 a 91, se hace el estudio correspondiente a las desastrosas consecuencias que tuvo para la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Consolación, de Cazalla de la Sierra, los hechos acaecidos en 1936, y que pasamos a transcribir literalmente (las páginas 80 a 82 -parte introductoria-, y 88 que es la que nos interesa particularmente):
Página 80 del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.
CAZALLA DE LA SIERRA
IGLESIA PARROQUIAL DE NUESTRA SEÑORA DE CONSOLACIÓN   
   De notorio interés arquitectónico es el edificio que nos ocupa por el ensamble de elementos de diversas épocas y estilos que concurren en la construcción.
   El núcleo arquitectónico primitivo lo constituyó una iglesia mudejárica, probablemente de tres naves, ábside poligonal y torre-fachada a los pies, con bella puerta. El mudejarismo de esta torre es tan intenso, hay en sus ventanales una proporción tan fielmente conservada entre los arcos polilobulados y su correspondiente alfiz, que sería interesante investigar la razón histórica que lo origine. Es más, el lienzo de muralla que corre en sesgo frente a la portada, podría quizás ofrecer elementos para la resolución de este asunto, ya que presenta notorias muestras de la construcción anterior a la etapa de la reconquista de la ciudad.
   De esa iglesia mudejárica se conservan unas arcadas en los tramos de los pies inmediatos a la torre y el ábside; que fue aprovechado para la construcción del Renacimiento. Del examen de la planta puede deducirse las enormes proporciones de la iglesia primitiva. El citado ábside que ha quedado al descubierto al destruirse el retablo mayor, estaba compuesto por tres ventanales con ojivas de ladrillo. Quizás en época no lejana a la construcción, hubo de ser restaurado, ya que el ventanal del centro se macizó para  quedar convertido en una tronera, cuyo

Página 81 del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.
aparejo de ladrillo no presenta diferencias notorias con el del resto del vano. El examen de los caracteres de la iglesia que estudiamos y, sobre todo, el de los restos de yeserías aparecidas en uno de los paños del ochavo, nos inducen a clasificar a este edificio como obra de la primera mitad del siglo XIV. Las pinturas descubiertas en el referido ábside no nos han ofrecido hasta ahora elementos de juicio, por no haberlas podido examinar debidamente.
   Manteniendo el mismo ábside y conservando también los tramos finales de la iglesia mudejárica, se construyeron en el siglo XVI tres naves de un bellísimo templo que adopta en planta forma rectangular. La época en que las obras tuvieron comienzo nos la indica una lápida colocada en un de los muros exteriores, que dice así: En el año de Nuestro / Salvador Jesu / Christo de M D y X / XX VIII años se comenzo esta / lglesia nueva.
   Está formada por seis tramos de bóvedas baidas, casetonadas en forma romboidal y cuadrangular, que apean sobre grandes pilares, compuestos por basamento, fuste, con bellas columnas acanaladas y entorchadas, empotradas en los frentes del pilar, y correspondientes entablamentos. Siguiendo la forma poligonal del ábside se desarrolla una bóveda casetonada de la misma época y estilo. Fuertes muros de cantería con grandes machones de contrarresto, rematados  según  el gusto  renacentista, limitan el perímetro de esta parte del templo.
   Interesa destacar los arcos en forma conopial que han aparecido en el muro del Evangelio, que estaban cubiertos por los retablos de la iglesia, cuya valoración arquitectónica y cronológica no se puede precisar aún. También es muy bella la portadita conopial que da acceso a la escalera, situada en el muro colateral del Evangelio.
   Seria de un interés extraordinario poder determinar quien fuera el autor de los planos de esta iglesia, cuyas soluciones son

Página 82 del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.
tan semejantes a las de las catedrales de Guadix, Málaga, Jaén y Granada, ya que con ellas la Archidiócesis hispalense penetra en las más puras esencias del Renacimiento arquitectónico.
   En el siglo XVIII una desdichada reconstrucción desfiguró notoriamente los tramos finales de la antigua iglesia mudéjar, que el Renacimiento había respetado, cubriendo los tramos por bóvedas de cañón con lunetos. Se ha destruido una capilla de este tramo.
   Resta, por último, citar la bella portadita de gusto clásico que se abre en esta parte, del siglo XVIII.
   El edificio sufrió saqueo total, no habiendo padecido fundamentalmente su conjunto arquitectónico.
   Como consecuencia de los sucesos revolucionarios se han perdido o destrozado las obras que singularmente serán estudiadas:
Página 88 del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.
Nave de la Epístola.
   En el testero colateral hallábase un retablo que, por los restos conservados, podría fecharse hacia el comedio del siglo XVIII, que estuvo dedicado al Príncipe de los Apóstoles y luego tenía por titular al Sagrado Corazón de Jesús. A sus lados hallábanse las imágenes de San Pedro y San Expedito.
   Seguía otro retablo dedicado al Patriarca San José, con una bellísima imagen de San Sebastián, de hacia 1500, en una repisa, que procedía de la Cartuja de Cazalla.
   Otro retablo del siglo XVIII, conteniendo un lienzo con la historia de las Ánimas del Purgatorio.
   El siguiente retablo, de la misma época, contenía las imágenes de Santa Ana, la Virgen y el Niño, en bellísima composición que podía fecharse en el último cuarto del siglo XVI. También se veneraba en este retablo una imagen de la Virgen de la Correa.

   La Junta  visitó el pueblo el 17 de octubre de 1936.

Lámina LVII con la figura 81 del libro "Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla", estudio por José Hernández Díaz y Antonio Sancho Corbacho, editado por la Junta de Cultura Histórica y Tesoro Artístico en 1937.
   ¿Cuál es la relación de Burguillos con la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Consolación, de Carmona? La respuesta es la imagen de San Sebastián, ya que ambas eran prácticamente gemelas lo que indican que estaban realizadas por el mismo escultor. Lamentablemente la de Cazalla de la Sierra se perdió en aquellos desgraciados sucesos, aunque afortunadamente se conservan fotografías de la época y podemos compararla con la existente en Burguillos, aunque la lamentabilísima "restauración" que sufrió la imagen burguillera no hace muchos años (2009), ha perdido la impronta y la categoría que esta bella imagen tenía. La historia de San Sebastián ya la hemos desarrollado ampliamente en la entrada oportuna.

lunes, 20 de enero de 2020

Arte: La imagen de San Sebastián, mártir, en la Iglesia de Burguillos

   Mostramos en Historia de Burguillos la imagen de San Sebastián, mártir, que encontramos en el retablo mayor de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que hoy, 20 de enero, Memoria de San Sebastián, mártir, oriundo de Milán, que, como narra San Ambrosio, se dirigió a Roma en tiempo de crueles persecuciones, y sufrió allí el martirio. En la ciudad a la que había llegado como huésped obtuvo el definitivo domicilio de la eterna inmortalidad, y fue enterrado en este día en las catacumbas de Roma (s. IV inc.)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
San Sebastián, mártir. Anónimo. h. 1500, tras la restauración de 2009. Retablo mayor iglesia parroquial de San Cristóbal, mártir.
   Y que mejor día que hoy, para analizar dicha imagen dedicada a San Sebastián, mártir.
   Es una imagen que, sin lugar a dudas, debemos considerarla como la obra artística más importante de Burguillos, realizado por un taller anónimo a comienzos del siglo XVI, y procedente de la Ermita de San Sebastián que existía a la salida de Burguillos en el alto en el que comienza la avenida Cruz de la Ermita, pasando a la parroquia en el primer tercio del siglo XIX tras la ruina de aquella edificación.
   Para comprender la importancia de esta escultura bastaría con compararla con la desaparecida en Cazalla de la Sierra en los sucesos de 1936, de lo que se deduce que son ambas del mismo taller escultórico.
   Pese a un hieratismo propio del gótico, ya encontramos muchos rasgos naturalistas y algún que otro detalle, propios del renacimiento, como es la lagartija que recorre el tronco sobre el que se encuentra atado el santo.
Retablo mayor de la iglesia parroquial de San Cristóbal, mártir, de Burguillos, donde se ubica la imagen de San Sebastián, mártir.
   Lamentablemente en su proceso restaurador acaecido en 2009, se le despojó del sudario realizado con telas encoladas y se le añadió uno, que desdice a la obra, además de "rematar la faena" con unas flechas que parecen más bien de juguete. Por otra parte si comparamos con las fotografías antiguas ha perdido la orla metálica ... un despropósito.
   Por otra parte hemos de decir que es el santo más repetido en la comarca, puesto que además de en Burguillos, encontramos imágenes escultóricas de San Sebastián en Castilblanco de los Arroyos (aparte de una ermita en su honor desaparecida), Guillena (con otra ermita en su honor que actualmente acoge la capilla del cementerio), Villaverde del Río, Cantillana, Brenes (con Ermita en su honor), y Alcalá del Río; siendo patrón actualmente de las poblaciones de de Villaverde del Río, Cantillana y Brenes.
San Sebastián, mártir. Anónimo. h. 1500, antes de la restauración de 2009. Retablo mayor iglesia parroquial de San Cristóbal, mártir.
      Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de San Sebastián;
LEYENDA
   Nacido en las Galias, en la localidad de Narbona, y según san Ambrosio, criado en Milán, era centurión de la primera cohorte en los tiempos del emperador Diocleciano.
   Denunciado porque exhortó a sus jóvenes amigos Marcos y Marcelino a permanecer firmes en su fe, por orden de Diocleciano fue atado a un pos­te en el centro del Campo de Marte, y sirvió de diana viva a los arqueros que lo asaetearon «hasta el punto de parecerse a un erizo (ut quasi  heridus videretur)». «El cuerpo del bendito mártir estaba lleno de saetas, como un erizo.»
   Pero al contrario de lo que asegura un error muy difundido no murió por ello, se salvó, igual que san Juan del baño en el aceite hirviente.
   La viuda Irene, que quería levantar su cuerpo para darle sepultura, advirtió que aún respiraba, vendó sus heridas y le salvó la vida.
   Después de su curación reapareció ante Diocleciano para reprocharle su crueldad contra los cristianos. Entonces fue flagelado, se le dio muerte a palos en el circo y su cadáver fue arrojado a la cloaca Máxima.
   Por lo tanto hay que diferenciar dos martirios de san Sebastián: el primero, el más popular, del cual escapa, y el último, menos noble y pictórico, que los artistas han preferido ignorar.
   San Sebastián se aparece a santa Lucila mientras ésta duerme, para revelarle el sitio donde se encuentran sus restos, y le pide que le dé sepultura en las catacumbas, junto a los restos de los apóstoles (vestigia Apostolorum).
Fotografía de San Sebastián, mártir, de la iglesia parroquial San Cristóbal, mártir, de Burguillos, realizada en 1929.
CULTO
   San Sebastián estaba considerado, después de san Pedro y san Pablo, como el tercer patrón de Roma. Su cabeza, o más bien un fragmento de su cráneo, se conservaba desde el siglo IX en la iglesia de los Cuatro Santos Coronados sobre el Caelius, en un copón de plata cincelada que heredó el museo cris­tiano de la Biblioteca Vaticana.
   Sus reliquias fueron transportadas a la basílica de San Sebastián extramuros. En Francia se pretendía que sus reliquias estaban en posesión de la abadía de Saint Medard de Soissons, cuyo abad era gran maestre de la noble arquería y de los caballeros de san Sebastián. En el siglo XVI, durante las Guerras de Religión, fue víctima de la hagiofobia de los hugonotes.
   Las flechas, que habían sido el instrumento del suplicio y se convirtieron en su atributo, le valieron el patronazgo de numerosas corporaciones: arqueros y ballesteros; el de los tapiceros, porque las flechas que lo erizaban parecían gruesas agujas de tapicería; de los vendedores de hierro, porque las puntas de flecha eran de hierro.
   Pero su inmensa popularidad en la Edad Media deriva, esencialmente, del poder antipestoso que se le atribuía, en una época en que las epidemias de peste diezmaban a la humanidad. San Sebastián era el primero de los santos antipestosos (Pestheiligen), el «depulsor pestilitatis», y fue a ese título que se lo introdujo en Alemania en el grupo de los Catorce Intercesores.
   Tal como ocurriera con san Francisco de Asís, sus devotos llegaron a asimilarlo a Jesucristo. El árbol al que lo ataran se comparaba con la cruz de Jesús, y sus cinco heridas con las llagas de Cristo.
   ¿Por qué fue elegido como patrón contra la peste? Se han intentado dos explicaciones. La primera es que, según una antigua creencia, el pueblo se representaba la peste como una lluvia de flechas lanzadas por un dios irri­tado. En La Ilíada, es el arquero divino Apolo quien dispara las saetas de la plaga. Los judíos también estaban persuadidos de ello. En el Salmo 7: 13- 14, puede leerse que Yavé «tiende su arco y apunta. / Apareja los instrumentos de muerte, / hace encendidas sus saetas». Job, cubierto de úlceras, cree que «las flechas del Todopoderoso» lo han atravesado.
   A decir verdad, san Sebastián no lanza flechas, al contrario, sirve de blanco a éstas. No cabe duda, pero según la leyenda, habría sido atravesado por multitud de flechas sin morir por ello. Sus devotos llegaron a la conclusión de que él podría inmunizarlos también a ellos contra las saetas de la peste. Otra objeción, más difícil de rebatir y que se presenta inmediatamente al es­píritu, es que los otros santos antipestosos: san Antonio, san Adrián y san Roque, nunca tuvieron flechas como atributo.
   Además, esta explicación, demasiado sutil, fue cuestionada por el Padre Delehaye. El erudito bolandista atribuye el patronazgo de san Sebastián al éxito de su intervención, mencionada por Pablo diácono, durante la peste que devastó Roma en el año 680. En cualquier caso, fue a partir de entonces que san Sebastián fue considerado patrón de los apestados. Las Actas Sanct Sebastíaní (Hechos de san Sebastián) no dicen nada acerca de su «patrocinium contra pestem». En 590 fue al arcángel san Miguel a quien invocó el papa Gregorio Magno para que cesara una epidemia de peste en Roma. Por lo tanto parece probado que la función antipestosa de san Sebastián proce­de de finales del siglo VII.
   Desde entonces toda la cristiandad, siguiendo el ejemplo de Roma, lo invoca confiadamente contra «las flechas de Dios».
   Las flechas de san Sebastián servían como amuletos, y con ellas se tocaban los alimentos. Su nombre se consideraba protector contra la peste.
   El culto de san Sebastián perdió vigor a medida que las epidemias de peste fueron desapareciendo. Passato il perico / o, dimenticato il santo. Además, sufrió la competencia de otros santos especializados en el mismo servicio: san Roque de Montpellier y luego, en el siglo XVII, el milanés san Carlos Borromeo, patrocinado por los jesuitas. Ambos tenían sobre san Sebastián la ventaja de haber curado apestados de verdad, e incluso, en el caso de san Roque, haber enfermado de peste mientras asistían a los enfermos.
   De ahí que después de haber sido extremadamente popular, san Sebastián, víctima de los progresos de la higiene y de la competencia de patrones más calificados, en la actualidad haya pasado de moda.
   Sólo le queda el patronazgo, comprometedor e inconfesable de los sodomitas u homosexuales, seducidos por su desnudez de efebo apolíneo, glorifi­cada por Sodoma.
Fotografía de San Sebastián, mártir, (desaparecido en 1936) de la iglesia parroquial Sta. Mª de Consolación, de Cazalla de la Sierra, realizada en 1929.
ICONOGRAFÍA
   Su Iconografía es extremadamente rica por tres razones. Durante toda la Edad Media, el miedo a la peste y la devoción de las cofradías de arqueros multiplica­ron sus imágenes. El Renacimiento lo adoptó porque su martirio era un có­modo pretexto para glorificar la belleza del cuerpo desnudo.
   Según que predominara uno u otro designio, se lo ha representado de muy diferente manera: ya viejo y barbudo, ya con los rasgos de un efebo imber­be, a veces vestido, y otras desnudo.
   El tipo anciano y barbudo prevaleció hasta el siglo XV, y está justificado por la leyenda que hizo de san Sebastián un capitán de la guardia del em­perador.
   Con ese aspecto se lo representó en el mosaico de la iglesia de San Pietro in Vincoli, que sin duda se encargó como exvoto después de la peste de 680, al igual que en los frescos romanos de la iglesia de San Saba (hacia 700) y de la iglesia de Santa Maria Pallara, sobre el Palatino (siglo XI).
   Ese tipo vuelve a encontrarse en el siglo XIII, en el ábside de la iglesia de San Giorgio in Velabro, en el siglo XV en un retablo de Marçal de Sà, en la Puebla de Vallbona, cerca de Valencia, y sobrevivió todavía en el siglo XVI (P. Veronés) e incluso en el siglo XVII (Pacheco).
   No obstante, a partir de finales del siglo XV, se impuso el tipo juvenil. La misma evolución se observa, paralelamente, en la indumentaria.
   En sus orígenes, san Sebastián siempre aparecía vestido a la manera antigua, según la moda de su época.
   Ese tipo se implantó en la escuela española que casi siempre representa a san Sebastián vestido, por escrúpulo de decencia. Pero en vez de atribuirle un traje militar o un aarmadura -lo cual, tratándose de un centurión romano, sería lo más lógico- los pintores españoles lo disfrazaron de doncel equipado para la caza, con un arco y flechas en la mano.
   El Renacimiento italiano rompe con esta tradición y difunde el tipo pagano del Apolo desnudo (Sodoma). El arte de los países del Norte se adhirió tímidamente a esa línea. El san Sebastián de Memling es sólo un semidesnu­do, hasta la cintura, que todavía conserva las calzas. Pero el paganismo italiano acabó por triunfar, incluso contra el pudor español, al menos en Cataluña y en Valencia, en donde pueden citarse numerosos ejemplos de san Sebastián desnudo (Marçal de Sà, Juan Reixach, Pedro Orrente).
   El santo está casi siempre de pie, atado a un árbol, a un poste o a una columna, a causa de una contaminación con Cristo atado a la columna, o La flagelación de Cristo. No obstante, en un cuadro de Honthorst, que se conserva en la National Gallery de Londres, está sentado. En la basílica de San Sebastián, en Roma, el escultor Antonio Giorgini, inspirándose en un modelo de Bernini, lo convierte en un yacente.
   A partir del siglo XV, el atributo casi constante de san Sebastián es una gavilla de flechas. Se citan sólo uno o dos ejemplos de omisión de tal emblema: una estatua de Rossellino, en Empoli, y un cuadro de la escuela de Guido Reni, en la iglesia de Meudon. Pero lo que debe subrayarse es que, a dife­rencia de los otros santos, casi nunca tiene los instrumentos de su martirio en la mano, al menos cuando está desnudo. Por una excepción infrecuen­te en la iconografía cristiana, que se explica por su carácter de intercesor con­tra la peste, que pretendía traducirse visualmente de una manera impresionante, está representado en el momento del suplicio, atado y atravesado por las flechas.
   Las flechas que lo traspasan suelen ser tres, pero a veces está erizado como un acerico, con los dardos ya repartidos en todo el cuerpo, ya agrupados en el pecho. Excepcionalmente, sostiene un arco.
   La escuela de escultura champañesa del siglo XVI le hace llevar el gran collar de la orden de san Miguel, insignia de la cofradía de los arqueros. Recordemos que el arcángel san Miguel también era invocado contra la peste.
   A causa de una contaminación con el tema de la Virgen de Misericordia y de santa Úrsula, en un fresco de Benozzo Gozzoli que se conserva en San Gimignano, se lo ve proteger con su manto a los fieles de las flechas de la peste.
   Con frecuencia aparece asociado en los exvotos con otros santos antipestosos: san Antonio, en el retablo de los Antonitas de Issenheim (Museo de Colmar), con san Roque, en un cuadro de Correggio (1525, Galería Dresde) y en el retablo de Hans Schaufelein, que se encuentra en la iglesia de Ober Sankt Veit(Viena).
   Suele formar pareja con el papa san Fabián, cuya fiesta se celebraba el mismo día (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).