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lunes, 12 de enero de 2026

Arte: La Capilla Bautismal de la Iglesia de Burguillos

     Mostramos en Historia de Burguillos la Capilla Bautismal de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que ayer, 11 de enero (domingo posterior a la solemnidad de la Epifanía del Señor), fue la Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, en el que maravillosamente es proclamado como Hijo amado de Dios, las aguas son santificadas, el hombre es purificado y se alegra toda la tierra [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].


   Y que mejor día que hoy, para analizar dicha Capilla Bautismal.
   La Capilla Bautismal de la Iglesia parroquial San Cristóbal mártir la podemos contemplar a los pies del muro del Evangelio, entre el acceso a la espadaña y el Retablo del Santísimo Cristo del Voto y Nuestra Señora de los Dolores. Es una estancia cuadrangular que ha sufrido muchas modificaciones a lo largo de la historia, sobre todo tras el Concilio Vaticano II en la que la Pila Bautismal pasó a situarse junto al Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio (primero la Pila portátil, para posteriormente la pétrea en los años '90 del siglo XX, que anteriormente se colocó de manera arbitraria a los pies de la nave de la Epístola, cuando se "desmontó" la Capilla Bautismal. Afortunadamente y en fecha actual, hace unos meses la Pila Bautismal volvió a su lugar de origen, restableciéndose la Capilla Bautismal, que incluso se tapió, colocándose una pequeña puerta de madera, y posteriormente se abrió en sus dimensiones originales con una cancela de hierro. 
     En la Capilla Bautismal se ubica la Custodia de Asiento, de reciente creación, aunque aún incompleta.    
     Una reseña de la Pila Bautismal, la podemos encontrar en: La Pila Bautismal


Conozcamos mejor los Relatos de los Evangelistas, el Culto y la Iconografía de la Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo para entender la Pila Bautismal de nuestra parroquia:
Los relatos de los evangelistas

   Los acontecimientos del ciclo de la Infancia en general aparecen mencionados en uno solo de los Evangelios, y ello en el mejor de los casos, porque casi siempre estamos limitados a las ficciones novelescas de los Evangelios apócrifos.
   Aquí, por primera vez, nos encontramos en presencia de un abanico de testimonios concordantes. El apóstol Juan se limita, es verdad, a aludir a él (1: 29 - 32) cuando se refiere al encuentro del Bautista y Jesús y al descenso del Espíritu Santo. Pero contamos con el testimonio de los tres sinópticos: Mateo (3: 13 - 17), Marcos (l. 9 - 13) y Lucas (3: 21 - 22).
   Esos relatos pueden resumirse de esta manera:
   Jesús va hacia el Jordán desde Nazaret, para hacerse bautizar por Juan. El Precursor se niega un honor del cual se juzga indigno, como más tarde lo hará san Pedro en la escena del Lavatorio de los pies. Pero Jesús insiste. En el momento en que sale del agua ve abrirse el cielo y descender sobre él el Espíritu de Dios, como una paloma. Y en el cielo resuena una voz que dice: "TÚ eres mi Hijo amado, en ti me complazco".
   La escena está compuesta entonces por dos elementos bien diferenciados: la purificación en el agua del río y la teofanía o Descenso del Espíritu Santo.
   Cabe preguntarse por qué Jesús se sometió espontáneamente a un rito de purificación que no necesitaba más que la Virgen después de su maternidad sin mancha. Los teólogos responden que eso no era para él sino para los hombres de la Nueva Alianza, con el objeto de instituir el sacramento del Bautismo en lugar de la Circuncisión judaica.
   En cuanto a la teofanía, ha sido imaginada para agrandar la figura de Jesús que sin el la habría aparecido como un simple discípulo de san Juan; y para afirmar así su carácter mesiánico. Su voluntaria humildad está desdibujada por esta apoteosis.
   En el simbolismo cristiano inspirado en san Pablo, la inmersión del neófito en la piscina significaba su muerte, y la salida del agua simbolizaba la resurrección por la virtud del bautismo.


Culto
   La fiesta de la Epifanía, que se celebra el 6 de enero, en la actualidad evoca la Adoración de los Reyes Magos, es la Fiesta de Reyes; pero originalmente conmemoraba el Bautismo de Cristo en el Jordán, considerado la primera Epifanía o Teofanía de Cristo, es decir, su primera manifestación divina. Las Constituciones apostólicas redactadas hacia el año 400 le otorgan ese significado. «Es necesario descansar ese día -enseñan-porque es aquél en que la divinidad de Cristo ha sido revelada, cuando el Padre le ha rendido testimonio y el Espíritu Santo apareció sobre su ca­beza en forma de paloma.»
   Entre los orientales, el Bautismo siguió siendo el principal objeto de la fiesta, y en los calendarios coptos la Epifanía está designada con el nombre de Dies Baptismio Inmersio Domini.


Iconografía
Los datos esenciales del tema

   Antes de analizar la evolución iconográfica del tema bajo la influencia de la liturgia bautismal, conviene aislar los rasgos esenciales de la composición.
   En principio, asombra la semejanza del Bautismo con la Anunciación. En una y otra escena tenemos dos personajes principales: Cristo y san Juan Bautista, la Virgen y el ángel, uno de naturaleza divina (Cristo, el ángel), el otro pertenecien­te a la especie humana (san Juan Bautista, la Virgen). De ello resulta, natural­mente, una composición de tipo polarizado y más o menos asimétrica, aunque a di­ferencia de la Anunciación, la escena ocurre al aire libre, en un espacio homogéneo.
   Los dos temas se juntan gracias a la presencia de un tercer factor: Dios Padre o la paloma del Espíritu Santo que aparece encima de la cabeza de Cristo.
   Al convertirse en el centro o eje de la composición, la paloma celestial reduce la importancia del papel de san Juan Bautista que sólo es, igual que el ángel mensajero, un simple ejecutante y que acaba por arrodillarse ante Cristo.
   Lo que distingue al Bautismo de la Anunciación -este es un punto acerca del cual nunca se insistirá demasiado- es que aquél no es sólo un acontecimiento de la vida de Cristo, sino un sacramento y que, en consecuencia, su iconografía se basa no sólo en los relatos evangélicos sino también, y sobre todo, en la liturgia bautis­mal cuyas variaciones refleja.
   «Se han combinado dos cosas: lo que ocurrió en el bautismo de Jesús y lo que ocurría en el bautismo de los fieles y se hizo porque se consideraba el bautismo de Jesús como el prototipo del bautismo cristiano.»
La evolución del tema
   Es necesario estudiar aparte la purificación sacramental y la teofanía.
a) El rito de la purificación
   A falta de una descripción bastante precisa en los Evangelios, la escena del Bautismo de Cristo ha sido representada por el arte cristiano de acuerdo con la liturgia del sacramento bautismal. Ella está modelada según los ritos de ese sacramento que ha sido administrado sucesivamente en dos formas: por inmersión en un río o una piscina de baptisterio o por simple infusión en la capilla de las pilas bautismales.
A) El bautismo por inmersión (per immersionem)
   En los dos casos, los personajes principales son siempre Cristo, san Juan Bautista y los ángeles. Pero hay diferencias muy evidentes en sus actitudes, ropas y acce­sorios.
Los personajes: Jesús, Juan, los ángeles
   Entre los siglos VI y XII en el arte bizantino o bizantinizante se representó a Jesús completamente desnudo, inmerso en las aguas del Jordán. El agua asciende hasta su cintura y a veces hasta sus axilas u hombros, dibujando alrededor de su cuerpo una cúpula ovoidal que se asemeja a una campana líquida que no puede represen­tar la pila bautismal puesto que en vez de ser cóncava es convexa. El curso del río está representado según las reglas de una perspectiva infantil en la cual las líneas se elevan en vez de alejarse. La fluidez del agua está indicada en las ondulaciones paralelas que estrían la campana acuática, como las olas y peces que nadan en el elemento líquido. Pero el agua no es transparente, puesto que sirve para tapar el sexo.
   A pesar de la cronología de Lucas que expresamente atribuye al Mesías la edad de treinta años al tiempo de su Bautismo, en el arte paleocristiano Jesús tiene la estatura de un niño (pintura mural del cementerio de Calixto, sarcófago de santa Quiteria en Mas d'Aire). Esta anomalía se debe a que en la liturgia los catecúmenos eran llamados pueri, infantes. Es a finales del siglo VI, en el Evangelio sirio de Rabbulos, donde aparece en el Bautismo un Cristo adulto y barbudo. A partir de entonces se lo representará con la estatura de un hombre.
   A veces, en lugar del lecho del Jordán es bautizado en una cuba. Otra prueba de la influencia de la liturgia. El bautismo, para ser eficaz, primitivamente debía administrarse en aguas corrientes y vivas, es decir, en un río. Por razones de comodidad más tarde debieron contentarse con aguas muertas, detenidas en un recipiente con forma de cáliz.
   San Juan Bautista vestido con una zamarra de piel de oveja está de pie sobre la ribera e impone la mano sobre la cabeza de Jesús. Antes de finales del siglo XII no se lo ve nunca verter el agua lustral. El mosaico restaurado del baptisterio de Rávena puede presentarse como una excepción a esta regla.
   Sobre la orilla opuesta del río están los ángeles descendidos del cielo para oficiar como diáconos. Su presencia no se menciona en los Evangelios canónicos ni en los apócrifos. También dicha presencia se explica por la liturgia en la cual un diácono asistía al obispo sosteniendo el capillo y vistiendo a los catecúmenos con una túnica blanca después de la inmersión. El número de diáconos oscila entre uno y tres, en este último caso, simbolizan las tres jerarquías angélicas.
   De acuerdo con la costumbre oriental, llevan las manos veladas (manus velatae) en señal de respeto. Los artistas de Occidente, poco familiarizados con el ceremo­nial bizantino,  no comprendieron el significado de esos velos e imaginaron ingenuamente que los ángeles presentaban una bata de baño para secar al catecúmeno, o que cumplían la función de percheros vivos esperando que Cristo saliera del agua.


Los accesorios: el Jordán personificado, el dragón y la cruz acuáticos, el hacha hundida en el tronco de un árbol
   El Bautismo por inmersión comporta además figuras alegóricas como el dios del Jordán, el dragón vencido y un monumento conmemorativo: la cruz acuática.
   El Jordán está personificado por un dios fluvial que tiene un ramo de cañas y una urna inclinada, de acuerdo con una tradición que el arte de los primeros tiem­pos del cristianismo tomó del arte alejandrino.
   Como se consideraba, según san Jerónimo, constituido por Jor y por Dan, a veces aparece duplicado en dos medias figuras. Por eso el río Dordoña, formado por Dora y por Doña, en el arriate de agua de Versalles está representado por dos urnas. En el Protaton del monte Athos, el Jordán es un viejo calvo que conduce un tiro de dos delfines. Con frecuencia tiene sobre la frente pinzas de cangrejo, como los centauros marinos de la mitología (bap­tisterio de los Arrianos, en Rávena).
   Un detalle enigmático a primera vista, que se explica por la usual comparación con el Paso del mar Rojo, prefiguración del Bautismo, y por una alusión a los Salmos que era el Libro más popular del Antiguo Testamento. El Jordán personificado casi siem­pre está representado de espaldas y parece darse a la fuga, como el mar Rojo que se retira (Púlpito de Maximiano). El arte se ha limitado a la traducción del Salmo 114: 3, donde se dice el Jordán se echó para atrás (Jordanus conversus est retror­sum).
   En numerosos Salterios bizantinos, elSalterio Jludov, por ejemplo, se ve derrumbado sobre la orilla del río un enorme dragón acuático cortado en dos y sangrante. Para comprender el sentido es necesario referirse al Salmo 74: 13 - 14 donde se invoca a Dios con estas palabras: «Con tu poder dividiste el mar / y rompiste en las aguas las cabezas de los monstruos. / Tú aplastaste la cabeza del Leviatán (...)». En lenguaje teológico ello significa que de la misma manera que el faraón pereció persiguiendo a los hebreos en el mar Rojo que se abrió para dejar pasar a Moisés, el poder del demonio ha sido partido por el bautismo.
   Esta tradición se perpetuó durante largo tiempo en el arte bizantino. En el convento de Xenofontou, en el monte Athos, Cristo apoya el pie sobre una piedra de la que asoman cuatro cabezas de serpiente.
   Otro detalle no menos curioso es una cruz en el lecho del río. Según Strzygowski, se trataría de un presagio de la Crucifixión. En realidad se trata de un recuerdo de peregrinación. Para señalar a los peregrinos el sitio donde había tenido lugar el Bautismo de Cristo, se había levantado en el Jordán una cruz en lo alto de una columna plantada sobre un basamento de tres escalones. Esta columna en torno a la cual nadan los peces, aparece reproducida con mucha frecuencia en las representaciones antiguas del Bautismo.
   Detrás de san Juan Bautista a veces se ve el hacha hundida en el tronco de un árbol de la cual habla el Precursor cuando se dirige a los fariseos (Mosaico del baptisterio de San Marcos de Venecia). Es la ilustración de un pasaje de Mateo (3: 10): «Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.»
   Estos detalles de origen helénico o sirio, que sirven para localizar la escena, desaparecieron a partir del siglo XII.
B) El bautismo por infusión (per infusionem)
   Es en esa época (siglo XII), cuando la infusión o aspersión (Begiessung), que debió introducirse mucho antes para administrar el bautismo a los enfermos y a los niños, comenzó a reemplazar en la liturgia al triple baño purificador. La representación del Bautismo de Cristo resultó, en consecuencia, radicalmente transforma­da.
   El ejemplo más antiguo del Bautismo por infusión es el retablo esmaltado de Nicola de Verdun (1181), pero allí todavía aparece combinado con la inmersión. Fue en el siglo XIV, con Taddeo Gaddi y Andrea Pisano cuando la nueva fórmula triun­fó definitivamente.
   En vez de estar inmerso en el Jordán hasta los hombros, Jesús se sumerge en el agua sólo hasta las rodillas e incluso hasta los tobillos. Desde entonces ya no puede ser representado completamente desnudo. Como en la Crucifixión, por decencia, lleva un ceñidor, un trozo de tela ajustado alrededor de la cintura. El ce­ñidor que reemplaza la campana acuática, sirve, como ésta, para ocultar el sexo. De pie en medio del río casi seco, une las manos mientras san Juan vierte el agua lustral sobre su frente. En ciertos casos muy infrecuentes (capitel del claustro de Eschau, en Alsacia), es la paloma del Espíritu Santo la que deja caer sobre el Mesías el contenido de una ampolla que lleva en el pico.
   Como lo ha señalado Strzygowski, generalmente la infusión se realiza con una copa o una concha en el arte italiano, con un cántaro en el arte alemán, mientras que en la escuela de los Países Bajos (Van der Weyden, Memling, G. David) san Juan Bautista deja caer algunas gotas de agua desde la concavidad de su mano sobre la cabeza de Cristo.


C) La iconografía bautismal del Renacimiento y de la Contrarreforma
   No es conveniente detenerse en la concepción que tenían los italianos del Renacimiento acerca del Bautismo de Cristo, porque nada tiene que ver con el arte religioso.
   De la misma manera que las Bodas de Caná para Veronés son apenas un pretexto para desplegar el lujo de un banquete, el Bautismo es sólo una escena de baño, o más bien de los preparativos de un baño con bellos cuerpos desnudos de efebos que retozan y se lavan al aire libre. Alrededor de Cristo los catecúmenos se desnudan, visten, descalzan o ponen la camisa. El sacramento deja lugar a un baño en el Tiber o el Arnot.
   Después del concilio de Trento se retornó a una concepción menos pagana del Bautismo, aunque sin retomar la fórmula medieval. En vez de estar de pie en el Jordán, Cristo se inclina o hasta se arrodilla con respeto ante san Juan Bautista. Incluso a veces Cristo y san Juan, rivalizando en humildad, se arrodillan uno frente al otro.
   Este nuevo orden se limita a traducir fielmente la doctrina de los teólogos místicos que profesan que Cristo, por humildad, quería rebajarse frente al Precursor, como si tuviera necesidad de ser purificado. Émile Mâle cita paralelamente los textos en que pudieron inspirarse los artistas del siglo XVII. «¡Oh Verbo encarnado -es­cribió la santa florentina María Magdalena de Pazzi- tú has querido inclinarte y humillarte frente a san Juan, como si tuvieras necesidad de ser purificado.» El español Álvarez de Paz le hace coro en sus Meditaciones: «Tu Bautismo fue la obra de tu admirable humildad. Ibas al Bautismo, oh maestro de la Pureza, como si tuvieses pecados que expiar.» A decir verdad, existe un precedente, se encuentra un ejemplo -aislado, ciertamente- del siglo XIV, en una composición del pintor de inspiración giottesca, Taddeo Gaddi (Academia de Florencia), que representa a Cristo arrodi­llado en el lecho del Jordán.
   No obstante no debe creerse que esta innovación haya sido acogida con general conformidad. En el arte religioso de los siglos XVII y XVIII con frecuencia vemos al Cristo Rey servido por ángeles que lo visten. Poussin en un cuadro de la Galería Czernin de Viena y Jean Restout (1745) en el Museo Dijon muestran a san Juan Bautista que se arrodilla frente a Cristo y a Dios Padre que aparece en una nube por encima de éste.
   Así, la iconografía posttridentina del Bautismo a veces subraya la humildad, y en ocasiones la majestad del Salvador.
   En suma, en la evolución que hemos esbozado, pueden distinguirse a grandes rasgos, tres tipos principales.
1. Cristo desnudo está inmerso en el Jordán que forma alrededor de su cuerpo una campana acuática. San Juan Bautista le impone la mano sobre la cabeza.
2. Cristo con ceñidor está de pie en el lecho del río cuya agua apenas le llega a los tobillos. San Juan le vierte el agua lustral sobre la cabeza.
3. Cristo vestido con una túnica se arrodilla en la ribera frente a san Juan Bautista, o éste se arrodilla frente a aquél.
b) La teofanía
   El rito lustral no es todo. Según el relato de los Evangelios, por encima del divino catecúmeno, el Espíritu Santo desciende desde lo alto del cielo al tiempo que resuena la voz de Dios Padre proclamando por primera vez el carácter mesiánico de Cristo.
   Marcos, que nos ofrece la versión primitiva de los Evangelios, dice simplemente que el Espíritu descendió «como una paloma», lo que significa, sin duda, que su vuelo se asemejaba al de una paloma. Lucas infirió de ello que el Espíritu Santo des­cendió «en forma corporal, como una paloma», lo cual es muy diferente. No es necesario decir que esta segunda versión, que materializaba de una manera concreta y plástica la aparición del Espíritu Santo, ha sido adoptada de inmediato por todos los artistas, encantados de poder representar de ese modo un Ser divino tan incorpóreo como los ángeles. El arte contribuyó a la fortuna de una concepción que en su origen reposa en un despropósito.
   A veces la paloma lleva una rama de olivo en el pico, a consecuencia de la asimilación de Cristo bautizado en el Jordan al patriarca Noé en el arca.
   Así, el Bautismo está concebido no sólo como una purificación, sino también como una iluminación (photismos). De acuerdo con una muy antigua tradición que se encuentra en el siglo II en Justino, y en el siglo IV en Efrén el Sirio, en el momento del Bautismo de Cristo del agua del Jordán brotó una luz. El poeta latino Prudencia agrega que el dios del Jordán resultó deslumbrado y retrocedió de espanto. Otro poeta cristiano, Juvencus, dice que una luz penetrando el agua transparente del río reveló la presencia de Dios.
    Podemos encontrar las huellas de esta leyenda en un fresco de Capadocia del siglo IX, donde la luz que brota del agua está ingenuamente representada por una antorcha que emerge del río cerca de Jesús.
   Al mismo tiempo otra luz, todavía más deslumbrante, aparece en el cielo para iluminar a dos personas divinas: Dios Padre y la paloma del Espíritu Santo.
   La intervención de Dios Padre es evocada ya por la Mano de Dios, ya por su figura en busto que hace un gesto de bendición. Dios aparece de esa manera a partir del siglo XII, en las pilas bautismales de Lieja (1118).
   En el arte barroco del siglo XVII, san Juan Bautista eleva un rostro extasiado hacia el cielo donde resuena la voz del Padre Eterno.
Catálogo
   Cuando se elabora un catálogo se comprueba que gran número de Bautismos han sido encargados o ejecutados por donantes o artistas que llevaban el nombre del Precursor: por ejemplo, Jean Baptiste Colbert, Jean Baptiste Tuby, Jean Baptiste Lemoyne, Jean Baptiste Corot.
   Así como la Santa Cena decora los refectorios de los conventos, el Bautismo de Cristo es el tema que se reserva para la decoración de los baptisterios, de las capillas de las pilas bautismales y hasta de las propias pilas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 9 de enero de 2023

Arte: La Pila Bautismal, de Francisco Gómez, en la Iglesia de Burguillos

     Mostramos en Historia de Burguillos la Pila Bautismal que encontramos junto al muro del Evangelio en la zona inmediata al presbiterio de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que ayer, 8 de enero (domingo posterior a la solemnidad de la Epifanía del Señor), fue la Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, en el que maravillosamente es proclamado como Hijo amado de Dios, las aguas son santificadas, el hombre es purificado y se alegra toda la tierra [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].


   Y que mejor día que hoy, para analizar dicha Pila Bautismal.
   La Pila Bautismal de la Iglesia parroquial San Cristóbal mártir (nº 14 en el plano), es una obra de cantería realizada en 1693 por el sevillano Francisco Gómez con mármol de jaspe rosado de las canteras de Morón de la Frontera, y con unas medidas de 1'11 x 1'08 m.
Medidas: altura 1,11 m., diámetro 1,08 m.
     Gracias al Archivo Parroquial se sabe con bastante exactitud la historia de esta pila. Así el mandato nº 15 que dejó el Arzobispo de Sevilla D. Jaime de Palafox y Córdova, en la visita que hizo a la Parroquia de Burguillos el 26 de marzo de 1.693, en el que ordena la construcción de la Pila Bautismal, es el siguiente: "...Que dentro de dos meses se haga nueva Pila Bautismal de piedra escogida con las circunstancias que se expresan en los mandatos que dejó Su Ilustrísima en su visita pasada de esta Iglesia, y pasado dicho tiempo y no habiéndose hecho la misma Pila se quiebre y entierre la que hoy sirve de barro; y el Cura no bautice en ella (bajo) pena de privación de oficio, y con apercibimiento que se procederá contra él a lo demás que hubiere lugar en derecho. Y da Su Ilustrísima licencia a los Vecinos de esta Villa, para que lleven a bautizar los niños al lugar más cercano, que sea de esta Diócesis y tenga Pila de Piedra..." Así con este mandato se construyó la pila en 1.693 por Francisco G6mez, cantero de Sevilla, costando 1.000 reales de vellón, que se pagaron según reci­bo de 23 de diciembre de 1.693. También se originaron otros gastos como fueron el porte de la Pila de Sevilla a Burguillos (55 reales), el salario del maestro que vino a ponerla y la cabalgadura que lo trajo (42 reales), el aceite, yeso y peón (15 reales), la tapa y cerradura de la Pila (100 reales) y el transporte de  la tapa desde Sevilla (16 reales).


     Como datos curiosos deben reseñarse que por aquel entonces era Cura de Burguillos D. Sebastián Hurtado, y que el primer bautizo celebrado en  la pila fue seguramente el de Juana Gutiérrez, nacida el 26 de enero de 1.694, bautizada el 3 de febrero de 1.694. Por otro lado, indicaré que la Pila Bautismal ha pasado a lo largo de la historia por varios lugares.  Así  su primera  ubicación  estuvo en lo que he llamado en en el plano como "Dependencia Parroquial", ya que hasta 1.973 fue la Capilla Bautismal de la Parroquia. De ahí pasó a los pies de la nave de la Epístola donde no daba servicio, sustituyéndose por otra móvil (hoy en la Ermita de Nuestra Señora del Rosario, en el paraje de La Madroña), hasta que fue colocada en su posición actual en 1.989.
Conozcamos mejor los Relatos de los Evangelistas, el Culto y la Iconografía de la Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo para entender la Pila Bautismal de nuestra parroquia:
Los relatos de los evangelistas
   Los acontecimientos del ciclo de la Infancia en general aparecen mencionados en uno solo de los Evangelios, y ello en el mejor de los casos, porque casi siempre estamos limitados a las ficciones novelescas de los Evangelios apócrifos.
   Aquí, por primera vez, nos encontramos en presencia de un abanico de testimonios concordantes. El apóstol Juan se limita, es verdad, a aludir a él (1: 29 - 32) cuando se refiere al encuentro del Bautista y Jesús y al descenso del Espíritu Santo. Pero contamos con el testimonio de los tres sinópticos: Mateo (3: 13 - 17), Marcos (l. 9 - 13) y Lucas (3: 21 - 22).
   Esos relatos pueden resumirse de esta manera:
   Jesús va hacia el Jordán desde Nazaret, para hacerse bautizar por Juan. El Precursor se niega un honor del cual se juzga indigno, como más tarde lo hará san Pedro en la escena del Lavatorio de los pies. Pero Jesús insiste. En el momento en que sale del agua ve abrirse el cielo y descender sobre él el Espíritu de Dios, como una paloma. Y en el cielo resuena una voz que dice: "TÚ eres mi Hijo amado, en ti me complazco".


   La escena está compuesta entonces por dos elementos bien diferenciados: la purificación en el agua del río y la teofanía o Descenso del Espíritu Santo.
   Cabe preguntarse por qué Jesús se sometió espontáneamente a un rito de purificación que no necesitaba más que la Virgen después de su maternidad sin mancha. Los teólogos responden que eso no era para él sino para los hombres de la Nueva Alianza, con el objeto de instituir el sacramento del Bautismo en lugar de la Circuncisión judaica.
   En cuanto a la teofanía, ha sido imaginada para agrandar la figura de Jesús que sin el la habría aparecido como un simple discípulo de san Juan; y para afirmar así su carácter mesiánico. Su voluntaria humildad está desdibujada por esta apoteosis.
   En el simbolismo cristiano inspirado en san Pablo, la inmersión del neófito en la piscina significaba su muerte, y la salida del agua simbolizaba la resurrección por la virtud del bautismo.
Culto
   La fiesta de la Epifanía, que se celebra el 6 de enero, en la actualidad evoca la Adoración de los Reyes Magos, es la Fiesta de Reyes; pero originalmente conmemoraba el Bautismo de Cristo en el Jordán, considerado la primera Epifanía o Teofanía de Cristo, es decir, su primera manifestación divina. Las Constituciones apostólicas redactadas hacia el año 400 le otorgan ese significado. «Es necesario descansar ese día -enseñan-porque es aquél en que la divinidad de Cristo ha sido revelada, cuando el Padre le ha rendido testimonio y el Espíritu Santo apareció sobre su ca­beza en forma de paloma.»
   Entre los orientales, el Bautismo siguió siendo el principal objeto de la fiesta, y en los calendarios coptos la Epifanía está designada con el nombre de Dies Baptismio Inmersio Domini.
Iconografía
Los datos esenciales del tema
   Antes de analizar la evolución iconográfica del tema bajo la influencia de la liturgia bautismal, conviene aislar los rasgos esenciales de la composición.


   En principio, asombra la semejanza del Bautismo con la Anunciación. En una y otra escena tenemos dos personajes principales: Cristo y san Juan Bautista, la Virgen y el ángel, uno de naturaleza divina (Cristo, el ángel), el otro pertenecien­te a la especie humana (san Juan Bautista, la Virgen). De ello resulta, natural­mente, una composición de tipo polarizado y más o menos asimétrica, aunque a di­ferencia de la Anunciación, la escena ocurre al aire libre, en un espacio homogéneo.
   Los dos temas se juntan gracias a la presencia de un tercer factor: Dios Padre o la paloma del Espíritu Santo que aparece encima de la cabeza de Cristo.
   Al convertirse en el centro o eje de la composición, la paloma celestial reduce la importancia del papel de san Juan Bautista que sólo es, igual que el ángel mensajero, un simple ejecutante y que acaba por arrodillarse ante Cristo.
   Lo que distingue al Bautismo de la Anunciación -este es un punto acerca del cual nunca se insistirá demasiado- es que aquél no es sólo un acontecimiento de la vida de Cristo, sino un sacramento y que, en consecuencia, su iconografía se basa no sólo en los relatos evangélicos sino también, y sobre todo, en la liturgia bautis­mal cuyas variaciones refleja.
   «Se han combinado dos cosas: lo que ocurrió en el bautismo de Jesús y lo que ocurría en el bautismo de los fieles y se hizo porque se consideraba el bautismo de Jesús como el prototipo del bautismo cristiano.»
La evolución del tema
   Es necesario estudiar aparte la purificación sacramental y la teofanía.
a) El rito de la purificación
   A falta de una descripción bastante precisa en los Evangelios, la escena del Bautismo de Cristo ha sido representada por el arte cristiano de acuerdo con la liturgia del sacramento bautismal. Ella está modelada según los ritos de ese sacramento que ha sido administrado sucesivamente en dos formas: por inmersión en un río o una piscina de baptisterio o por simple infusión en la capilla de las pilas bau­tismales.


A) El bautismo por inmersión (per immersionem)
   En los dos casos, los personajes principales son siempre Cristo, san Juan Bautista y los ángeles. Pero hay diferencias muy evidentes en sus actitudes, ropas y acce­sorios.
Los personajes: Jesús, Juan, los ángeles
   Entre los siglos VI y XII en el arte bizantino o bizantinizante se representó a Jesús completamente desnudo, inmerso en las aguas del Jordán. El agua asciende hasta su cintura y a veces hasta sus axilas u hombros, dibujando alrededor de su cuerpo una cúpula ovoidal que se asemeja a una campana líquida que no puede represen­tar la pila bautismal puesto que en vez de ser cóncava es convexa. El curso del río está representado según las reglas de una perspectiva infantil en la cual las líneas se elevan en vez de alejarse. La fluidez del agua está indicada en las ondulaciones paralelas que estrían la campana acuática, como las olas y peces que nadan en el elemento líquido. Pero el agua no es transparente, puesto que sirve para tapar el sexo.
   A pesar de la cronología de Lucas que expresamente atribuye al Mesías la edad de treinta años al tiempo de su Bautismo, en el arte paleocristiano Jesús tiene la estatura de un niño (pintura mural del cementerio de Calixto, sarcófago de santa Quiteria en Mas d'Aire). Esta anomalía se debe a que en la liturgia los catecúmenos eran llamados pueri, infantes. Es a finales del siglo VI, en el Evangelio sirio de Rabbulos, donde aparece en el Bautismo un Cristo adulto y barbudo. A partir de entonces se lo representará con la estatura de un hombre.
   A veces, en lugar del lecho del Jordán es bautizado en una cuba. Otra prueba de la influencia de la liturgia. El bautismo, para ser eficaz, primitivamente debía administrarse en aguas corrientes y vivas, es decir, en un río. Por razones de comodidad más tarde debieron contentarse con aguas muertas, detenidas en un recipiente con forma de cáliz.
   San Juan Bautista vestido con una zamarra de piel de oveja está de pie sobre la ribera e impone la mano sobre la cabeza de Jesús. Antes de finales del siglo XII no se lo ve nunca verter el agua lustral. El mosaico restaurado del baptisterio de Rávena puede presentarse como una excepción a esta regla.


   Sobre la orilla opuesta del río están los ángeles descendidos del cielo para oficiar como diáconos. Su presencia no se menciona en los Evangelios canónicos ni en los apócrifos. También dicha presencia se explica por la liturgia en la cual un diácono asistía al obispo sosteniendo el capillo y vistiendo a los catecúmenos con una túnica blanca después de la inmersión. El número de diáconos oscila entre uno y tres, en este último caso, simbolizan las tres jerarquías angélicas.
   De acuerdo con la costumbre oriental, llevan las manos veladas (manus velatae) en señal de respeto. Los artistas de Occidente, poco familiarizados con el ceremo­nial bizantino,  no comprendieron el significado de esos velos e imaginaron ingenuamente que los ángeles presentaban una bata de baño para secar al catecúmeno, o que cumplían la función de percheros vivos esperando que Cristo saliera del agua.
Los accesorios: el Jordán personificado, el dragón y la cruz acuáticos, el hacha hundida en el tronco de un árbol
   El Bautismo por inmersión comporta además figuras alegóricas como el dios del Jordán, el dragón vencido y un monumento conmemorativo: la cruz acuática.
   El Jordán está personificado por un dios fluvial que tiene un ramo de cañas y una urna inclinada, de acuerdo con una tradición que el arte de los primeros tiem­pos del cristianismo tomó del arte alejandrino.
   Como se consideraba, según san Jerónimo, constituido por Jor y por Dan, a veces aparece duplicado en dos medias figuras. Por eso el río Dordoña, formado por Dora y por Doña, en el arriate de agua de Versalles está representado por dos urnas. En el Protaton del monte Athos, el Jordán es un viejo calvo que conduce un tiro de dos delfines. Con frecuencia tiene sobre la frente pinzas de cangrejo, como los centauros marinos de la mitología (bap­tisterio de los Arrianos, en Rávena).
   Un detalle enigmático a primera vista, que se explica por la usual comparación con el Paso del mar Rojo, prefiguración del Bautismo, y por una alusión a los Salmos que era el Libro más popular del Antiguo Testamento. El Jordán personificado casi siem­pre está representado de espaldas y parece darse a la fuga, como el mar Rojo que se retira (Púlpito de Maximiano). El arte se ha limitado a la traducción del Salmo 114: 3, donde se dice el Jordán se echó para atrás (Jordanus conversus est retror­sum).


   En numerosos Salterios bizantinos, elSalterio Jludov, por ejemplo, se ve derrumbado sobre la orilla del río un enorme dragón acuático cortado en dos y sangrante. Para comprender el sentido es necesario referirse al Salmo 74: 13 - 14 donde se invoca a Dios con estas palabras: «Con tu poder dividiste el mar / y rompiste en las aguas las cabezas de los monstruos. / Tú aplastaste la cabeza del Leviatán (...)». En lenguaje teológico ello significa que de la misma manera que el faraón pereció persiguiendo a los hebreos en el mar Rojo que se abrió para dejar pasar a Moisés, el poder del demonio ha sido partido por el bautismo.
   Esta tradición se perpetuó durante largo tiempo en el arte bizantino. En el convento de Xenofontou, en el monte Athos, Cristo apoya el pie sobre una piedra de la que asoman cuatro cabezas de serpiente.
   Otro detalle no menos curioso es una cruz en el lecho del río. Según Strzygowski, se trataría de un presagio de la Crucifixión. En realidad se trata de un recuerdo de peregrinación. Para señalar a los peregrinos el sitio donde había tenido lugar el Bautismo de Cristo, se había levantado en el Jordán una cruz en lo alto de una columna plantada sobre un basamento de tres escalones. Esta columna en torno a la cual nadan los peces, aparece reproducida con mucha frecuencia en las representaciones antiguas del Bautismo.
   Detrás de san Juan Bautista a veces se ve el hacha hundida en el tronco de un árbol de la cual habla el Precursor cuando se dirige a los fariseos (Mosaico del baptisterio de San Marcos de Venecia). Es la ilustración de un pasaje de Mateo (3: 10): «Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.»
   Estos detalles de origen helénico o sirio, que sirven para localizar la escena, desaparecieron a partir del siglo XII.
B) El bautismo por infusión (per infusionem)
   Es en esa época (siglo XII), cuando la infusión o aspersión (Begiessung), que debió introducirse mucho antes para administrar el bautismo a los enfermos y a los niños, comenzó a reemplazar en la liturgia al triple baño purificador. La representación del Bautismo de Cristo resultó, en consecuencia, radicalmente transforma­da.
   El ejemplo más antiguo del Bautismo por infusión es el retablo esmaltado de Nicola de Verdun (1181), pero allí todavía aparece combinado con la inmersión. Fue en el siglo XIV, con Taddeo Gaddi y Andrea Pisano cuando la nueva fórmula triun­fó definitivamente.


   En vez de estar inmerso en el Jordán hasta los hombros, Jesús se sumerge en el agua sólo hasta las rodillas e incluso hasta los tobillos. Desde entonces ya no puede ser representado completamente desnudo. Como en la Crucifixión, por decencia, lleva un ceñidor, un trozo de tela ajustado alrededor de la cintura. El ce­ñidor que reemplaza la campana acuática, sirve, como ésta, para ocultar el sexo. De pie en medio del río casi seco, une las manos mientras san Juan vierte el agua lustral sobre su frente. En ciertos casos muy infrecuentes (capitel del claustro de Eschau, en Alsacia), es la paloma del Espíritu Santo la que deja caer sobre el Mesías el contenido de una ampolla que lleva en el pico.
   Como lo ha señalado Strzygowski, generalmente la infusión se realiza con una copa o una concha en el arte italiano, con un cántaro en el arte alemán, mientras que en la escuela de los Países Bajos (Van der Weyden, Memling, G. David) san Juan Bautista deja caer algunas gotas de agua desde la concavidad de su mano sobre la cabeza de Cristo.
C) La iconografía bautismal del Renacimiento y de la Contrarreforma
   No es conveniente detenerse en la concepción que tenían los italianos del Renacimiento acerca del Bautismo de Cristo, porque nada tiene que ver con el arte religioso.
   De la misma manera que las Bodas de Caná para Veronés son apenas un pretexto para desplegar el lujo de un banquete, el Bautismo es sólo una escena de baño, o más bien de los preparativos de un baño con bellos cuerpos desnudos de efebos que retozan y se lavan al aire libre. Alrededor de Cristo los catecúmenos se desnudan, visten, descalzan o ponen la camisa. El sacramento deja lugar a un baño en el Tiber o el Arnot.
   Después del concilio de Trento se retornó a una concepción menos pagana del Bautismo, aunque sin retomar la fórmula medieval. En vez de estar de pie en el Jordán, Cristo se inclina o hasta se arrodilla con respeto ante san Juan Bautista. Incluso a veces Cristo y san Juan, rivalizando en humildad, se arrodillan uno frente al otro.
   Este nuevo orden se limita a traducir fielmente la doctrina de los teólogos místicos que profesan que Cristo, por humildad, quería rebajarse frente al Precursor, como si tuviera necesidad de ser purificado. Émile Mâle cita paralelamente los textos en que pudieron inspirarse los artistas del siglo XVII. «¡Oh Verbo encarnado -es­cribió la santa florentina María Magdalena de Pazzi- tú has querido inclinarte y humillarte frente a san Juan, como si tuvieras necesidad de ser purificado.» El español Álvarez de Paz le hace coro en sus Meditaciones: «Tu Bautismo fue la obra de tu admirable humildad. Ibas al Bautismo, oh maestro de la Pureza, como si tuvieses pecados que expiar.» A decir verdad, existe un precedente, se encuentra un ejemplo -aislado, ciertamente- del siglo XIV, en una composición del pintor de inspiración giottesca, Taddeo Gaddi (Academia de Florencia), que representa a Cristo arrodi­llado en el lecho del Jordán.


   No obstante no debe creerse que esta innovación haya sido acogida con general conformidad. En el arte religioso de los siglos XVII y XVIII con frecuencia vemos al Cristo Rey servido por ángeles que lo visten. Poussin en un cuadro de la Galería Czernin de Viena y Jean Restout (1745) en el Museo Dijon muestran a san Juan Bautista que se arrodilla frente a Cristo y a Dios Padre que aparece en una nube por encima de éste.
   Así, la iconografía posttridentina del Bautismo a veces subraya la humildad, y en ocasiones la majestad del Salvador.
   En suma, en la evolución que hemos esbozado, pueden distinguirse a grandes rasgos, tres tipos principales.
1. Cristo desnudo está inmerso en el Jordán que forma alrededor de su cuerpo una campana acuática. San Juan Bautista le impone la mano sobre la cabeza.
2. Cristo con ceñidor está de pie en el lecho del río cuya agua apenas le llega a los tobillos. San Juan le vierte el agua lustral sobre la cabeza.
3. Cristo vestido con una túnica se arrodilla en la ribera frente a san Juan Bautista, o éste se arrodilla frente a aquél.
b) La teofanía
   El rito lustral no es todo. Según el relato de los Evangelios, por encima del divino catecúmeno, el Espíritu Santo desciende desde lo alto del cielo al tiempo que resuena la voz de Dios Padre proclamando por primera vez el carácter mesiánico de Cristo.
   Marcos, que nos ofrece la versión primitiva de los Evangelios, dice simplemente que el Espíritu descendió «como una paloma», lo que significa, sin duda, que su vuelo se asemejaba al de una paloma. Lucas infirió de ello que el Espíritu Santo des­cendió «en forma corporal, como una paloma», lo cual es muy diferente. No es necesario decir que esta segunda versión, que materializaba de una manera concreta y plástica la aparición del Espíritu Santo, ha sido adoptada de inmediato por todos los artistas, encantados de poder representar de ese modo un Ser divino tan incorpóreo como los ángeles. El arte contribuyó a la fortuna de una concepción que en su origen reposa en un despropósito.
   A veces la paloma lleva una rama de olivo en el pico, a consecuencia de la asimilación de Cristo bautizado en el Jordan al patriarca Noé en el arca.
   Así, el Bautismo está concebido no sólo como una purificación, sino también como una iluminación (photismos). De acuerdo con una muy antigua tradición que se encuentra en el siglo II en Justino, y en el siglo IV en Efrén el Sirio, en el momento del Bautismo de Cristo del agua del Jordán brotó una luz. El poeta latino Prudencia agrega que el dios del Jordán resultó deslumbrado y retrocedió de espanto. Otro poeta cristiano, Juvencus, dice que una luz penetrando el agua transparente del río reveló la presencia de Dios.
    Podemos encontrar las huellas de esta leyenda en un fresco de Capadocia del siglo IX, donde la luz que brota del agua está ingenuamente representada por una antorcha que emerge del río cerca de Jesús.
   Al mismo tiempo otra luz, todavía más deslumbrante, aparece en el cielo para iluminar a dos personas divinas: Dios Padre y la paloma del Espíritu Santo.
   La intervención de Dios Padre es evocada ya por la Mano de Dios, ya por su figura en busto que hace un gesto de bendición. Dios aparece de esa manera a partir del siglo XII, en las pilas bautismales de Lieja (1118).
   En el arte barroco del siglo XVII, san Juan Bautista eleva un rostro extasiado hacia el cielo donde resuena la voz del Padre Eterno.
Catálogo
   Cuando se elabora un catálogo se comprueba que gran número de Bautismos han sido encargados o ejecutados por donantes o artistas que llevaban el nombre del Precursor: por ejemplo, Jean Baptiste Colbert, Jean Baptiste Tuby, Jean Baptiste Lemoyne, Jean Baptiste Corot.
   Así como la Santa Cena decora los refectorios de los conventos, el Bautismo de Cristo es el tema que se reserva para la decoración de los baptisterios, de las capillas de las pilas bautismales y hasta de las propias pilas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 1 de octubre de 2018

Bibliografía: Capítulo XXI "Una visita pastoral" del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia" de Francisco Rodríguez Hernández, en 1999.

   Mostramos en Historia de Burguillos el capítulo XXI del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia", de Francisco Rodríguez Hernández, editado por el Ayuntamiento de Burguillos y la colaboración de la Diputación de Sevilla en 1999, y que trata sobre Una visita pastoral, ocupando las páginas 89 a 97 de dicha monografía y que pasamos a transcribir íntegramente:
Página 89 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
Una visita pastoral
   Don Jaime de Palafox y Cardona, había nacido en Ariza (Zaragoza), en 1642. Era hijo de Juan Francisco de Palafox, marqués de Ariza y de María Felipa de Cardona y Ligny. Estudió en Salamanca, donde fue rector de su Universidad. Tuvo otros cargos eclesiásticos importantes en Zaragoza, y en enero de 1678, pasó a ser arzobispo de Palermo, donde permaneció hasta su traslado a Sevilla, para cuyo arzobispado fue promovido el 13 de noviembre de 1684, tomando posesión el 15 de febrero de 1685, y haciendo su entrada en la ciudad, el 14 de abril siguiente, sábado y víspera del domingo de Ramos, de acuerdo con la información que nos facilita el profesor José Sánchez Herrero en Historia de la Iglesia de Sevilla, 4ª parte, Sevilla Barroca, Ed. Rodríguez Castillejo, 1992.
   Este prelado ocupó la diócesis hispalense, desde 1684 a 1701, y tuvo una personalidad plural y rica en matices. Le llamaban el de los cien pleitos, pues parece que sentía una gran inclinación hacia ellos, y de su carácter se cuenta, que con frecuencia era poco amable en su trato con los demás. Domínguez Ortíz, lo califica de "agrio e indigesto y de hombre que parecía complacerse en crear conflictos bajo las apariencias de un gran celo por la fe". También se le acusa de haber querido prohibir las danzas del Corpus Christi.
   Tuvo problemas con la Inquisición, por su posición favorable a la difusión de las doctrinas del Molinismo [Molinosismo], y por ello sufrió un proceso que le ocasionó una gran amargura.
   Pero no voy a seguir amontonando los aspectos negativos de su compleja personalidad, entre otras razones, porque en contraposición a ello, se puede asegurar de una manera documental, que no hubo una persona más sensible que él, a la necesidad ajena. Es conocida su disposición a la caridad. Se sabe, sin lugar a dudas, que su distribución mensual en limosnas, ascendía a 10 ó 12.000 ducados, que era entonces una elevada cantidad.
   Fundó el convento de Capuchinas, bajo la advocación de Santa Rosalía, al que su hermana vino de abadesa. Y añade el profesor Sánchez Herrero: "Jaime de Palafox, murió el 2 de diciembre de 1701. Mandó que su corazón fuera enterrado en el convento de Santa Rosalía, mientras que su cuerpo descansa en el panteón de los arzobispos de Sevilla, en la iglesia del Sagrario".
   Esto es, a grandes rasgos, lo que se me ocurre decir como presentación del hombre que el día 26 de marzo  de  1693, hizo  su  entrada  e n Burguillos, en  visita  pastoral, en su condición de prelado de la
Página 90 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
Página 91 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
diócesis hispalense. En realidad era la segunda visita que hacía, y me inclino por comentar esta, porque en la primera dejó instrucciones que no fueron obedecidas, y las consecuencias de ello las vamos a ver reflejadas en el acta que se instruyó, en esta que comentamos, y de la qu en su parte esencial, nos vamos a ocupar seguidamente.
   Digamos primero, que con una visita pastoral, que era muy importante, el prelado cumplía con una de las tres ocupaciones primordiales que eran de su competencia; las otras dos son, la predicación del evangelio y conferir órdenes sagradas. El prelado en determinadas circunstancias, delegaba la gestión en alguno de los visitadores de que disponía para ello, los cuales se atenían en su visita e inspección, a las instrucciones contenidas e las Sinodales de 1604 que posteriormente incorporó la Instrucción de 1705, dada por el arzobispo don Manuel Arias y Porres (1702-1717). La citada acta consta de 27 puntos, algunos de los cuales solo tienen un interés histórico relativo, pues se recuerda -por ejemplo- que se guarde, cumpla y ejecute, lo dispuesto en las Constituciones Sinodales, concesión de indulgencias, reparación del Sagrario, lienzos benditos en los altares, nuevo vaso del Santo Oleo Infirmorum, por ser antiguo el que hay; ordena asimismo, que se haga un confesionario de madera, da instrucciones sobre los Cálices, y otras recomendaciones que solo afectan al estado y gobierno de la iglesia. Hay que añadir que algunos de los puntos se rematan con la frase: "como se mandó en Visita pasada que hizo su Ilustrísima en esta Iglesia".
   Como la mayoría de las instrucciones de la primera visita, no fueron obedecidas, -como ya se ha dicho- ya nos podemos imaginar las ideas que invadirían el pensamiento del arzobispo Palafox al comprobarlo. Por otra parte, hay que considerar que tal vez, el pobre cura párroco no disponía del dinero necesario para dar cumplimiento a tantas cosas que se le ordenó. O bien no se percató del riesgo en que se ponía, adoptando una actitud de desatención. Sea lo que fuere, del examen que vamos a hacer a continuación de algunos de los puntos del acta, deduciremos la naturaleza de la situación creada.

   - En el punto 2, se dice:
          Item. Que el cura examine de Doctrina Cristiana, a los que se hubieren de casar antes de amonestarlos, y si no la supieren, no los amoneste hasta que la hayan aprendido.
   Esta fórmula no nos causa sorpresa porque en nuestros días, más de una pareja ha pasado por esta situación.

   - En el punto 4, se dice:
          Item. Que cuando se lleva el Santísimo Sacramento de secreto a los enfermos, no se toque campanilla alguna, por evitar la indecencia de quien conoce, que va allí su Majestad y no le acompaña.
   De acuerdo en todo y nada que objetar.
Página 92 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
   - En el punto 6, se dice:
           Item. Por cuanto será de gran devoción, que luego que amanezca, se acuerden los fieles del sacrosanto misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, mandó su Ilustrísima, que al tiempo de la aurora de cada mañana, se toque con la campana grande a la oración, de la misma suerte que se hace al anochecer; con un breve repique; y todas las personas que oídas las dichas campanas, oren las oraciones del Ángelus Domini, que se rezan cuando tocan las Ave Marías, concede su Ilustrísima 40 días de indulgencias cada vez.

   No cabe duda, de que la sociedad de aquel tiempo, estaba estrechamente ligada a la fe católica.

   - En el punto 7, se dice:
          Item. Por cuanto en el artículo de la muerte, padecen las almas mayor guerra porque se le acaba el término a nuestro enemigo perseguirlas, y es razón ayudarlas en tan tremendo lance, manda su Ilustrísima, que en esta Iglesia, cuando se diere noticia a su sacristán y campanero, que alguno de los fieles está en el artículo de la muerte, dé doce campanadas muy despacio, para que los que oyeren, rueguen a nuestro Señor, por el moribundo, y para que más sean a ejecutar esta Santa devoción, concede su Ilustrísima a los que rezaren un Padre nuestro y Ave María, por los que estuvieren en dicho estado, cuarenta días de indulgencias, y la misma, a los que tocaren las doce campanadas o avisaren para que se toquen.

   Creo que la mayoría hemos participado alguna vez, en demostraciones de esta naturaleza.

   - En el punto 8, se dice:
          Item. Que el cura cele con vigilancia, y prohiba la comunicación entre los capitulados para casarse, y al que contraviniere la escriba causa, y la remita para que se proceda a su castigo.

   En esto si podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que cualquier semejanza de lo que se dice en este punto, con la realidad actual, es pura coincidencia. Decididamente los tiempos han cambiado considerablemente, y no sabemos si para bien o para mal.
   Antes de ocuparme del siguiente punto a tratar, debo señalar que su Ilustrísima padecía una manía obsesiva con las pilas bautismales, no aceptaba que fueran de barro; exigía que fueran de piedra, según pude comprobar en la lectura de actas de visita pastoral de este prelado a varios pueblos, que obran en el archivo arzobispal. Pero en el caso de Burguillos, la cuestión adquiere tintes más graves, porque llueve sobre mojado. Resulta que en la primera visita ya dejó ordenada de forma rotunda e inapelable esta exigencia, que por las causas que sean, no fue atendida por el cura párroco, y las consecuencias las vamos a ver seguidamente.

Página 93 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
   - En el punto 15, se dice:
          Item. Que dentro de dos meses, se haga nueva Pila Bautismal de piedra, escogida con las circunstancias que se expresan en los mandatos que dejó su Ilustrísima, en su visita pasada en esta Iglesia, y pasado dicho tiempo y no habiéndose hecho la nueva Pila, se quiebre y entierre la que hoy sirve de barro, y el cura no bautice en ella, pena de privación de oficio, y con apercibimiento, que se procederá contra él a lo demás que hubiere lugar de derecho. Y da su Ilustrísima licencia a los vecinos de esta Villa, para que lleven a bautizar los niños al lugar más cercano, que sea de esta Diócesis y tenga Pila de Piedra.
   Es innegable que es esta, una medida de gran dureza, tomada sin duda en un momento de cólera, de quien la dicta. Nos imaginamos la situación de hundimiento moral en que quedaría el pobre cura párroco, que aguantaría el chaparrón que se le vino encima, en actitud humilde y en silencio.
   - Y termina el acta:
          Los cuales dichos mandatos, ordenó su Ilustrísima, que se guarden, cumplan y ejecuten, y que se publiquen en el primer día de fiesta al tiempo del ofertorio de la misa mayor, y que el cura, de cuatro en cuatro meses envíe un tanto de ellos a la Secretaría de Cámara, anotando al margen los que están cumplidos, y los que no, y la razón por qué no lo están.
          - Ante mi. - Jerónimo Zaldívar. - Secretario.

   Después de los expuesto, no puede decirse que la situación del cura era envidiable. Oprimía su ánimo una regañina, una amenaza de suspensión de oficio, la pila de barro destruida, interrupción de bautizos, y orden terminante de dar cuenta periódica, del cumplimiento de los mandatos. Y a todo esto, sin dinero, como vamos a ver.
   Inmediatamente después de la visita, el cura puso en marcha su diligencia, y esta vez con el mayor interés, pues era mucho lo que se jugaba.
   Lo primero que hizo, fue poner en práctica la única opción de que disponía, que era la de recurrir al pueblo en demanda de ayuda; y ese pueblo sencillo y lleno de necesidades, que nunca falla, aportó lo que pudo: unos con dineros y otros con trigo, haciendo posible con ello, el remate feliz de este empeño.
   El cura, de inmediato, se puso al habla con el maestro cantero Francisco Gómez, con quien llegó a un acuerdo para construcción de una Pila Bautismal. Esta se terminó antes de que se acabara el año 1693, pues se hizo entrega de la misma, el día 23 de diciembre de dicho año, y de acuerdo con lo ajustado, se pagó por ella 1.000 reales de vellón, que era entonces una importante cantidad, con la que muy bien podía comprarse una casa, pues todavía, en 1853, mi tatarabuelo paterno, José Rodríguez Domínguez, adquirió en esa cifra, una casa en la calle Real, según consta en una escritura pública que encontré en el archivo de protocolos de Sevilla, y que copio en otro capítulo de este libro.
Página 94 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
   Como estimo que podría ser de interés para el lector, voy a brindar a su curiosidad la relación de gastos que originó la adquisición de la Pila y quienes intervinieron en la misma. 
   El cura párroco, satisfecho y, sin duda, ya tranquilizado, al hacer el asiento en el libro de cuentas, lo empieza así:

          En virtud del mandato del Arzobispo mi señor, se hizo una Pila de Bautismo de jaspe, con su pileta en medio y baza [...].

Relación que se cita:
          Limosnas del pueblo.                                                                            676 R/v.
          Fábrica de la Iglesia Parroquial                                                          324 R/v.
          ______________________________________________________________
                                                                                                                      1.000 R/v.

   Pero no se piense que con estos gastos quedó todo concluido, pues los mil reales anotados es solo el importe de la factura del maestro cantero que la labró. Vean a continuación la siguiente relación de gastos, relacionadas con la Pila.
           Porte desde el taller a Burguillos                                                           55 R/v.
           Maestro que fue al pueblo a instalarla, 
           y cabalgadura que empleó.                                                                     42 R/v.
           Aceite, yeso y un hombre que le ayudó a asentarla.                               15 R/v.
           Tablas hechura y herraje para la tapa
           y cerco de ella, cerradura y llave.                                                         100 R/v.
           Porte de la tapa a Burguillos.                                                                 16 R/v.
           _______________________________________________________________
                                                                                                                          228 R/v.

   Los pagos los efectuó, el mayordomo de la fábrica de la Iglesia Parroquial de San Cristóbal mártir de la Villa de Burguillos, y están perfectamente relacionados en sus libros de cuentas.
   Hemos de puntualizar, en relación con la partida de los mil reales, importe de la Pila, que en el primer sumando de 676 reales, van incluidos 150 con que se contribuyó el señor Arzobispo, considerando sin duda, las dificultades económicas de la parroquia.
   Y en el segundo sumando de 324 reales, se incluyen asimismo, 150 reales, que como donación hizo para dicha compra, el licenciado don Gregorio Isidro Hurtado.
   Debo aclarar en relación con este señor, que se trata de un sacerdote, con residencia en Alcalá del Río. Su vínculo con Burguillos, estaba determinado por su condición de titular de la Capellanía que fundó la señora doña Inés Alonso, en una fecha anterior al año 1615, en que encontré por primera vez su mención, en un documento del arhivo arzobispal, en que consta un nombramiento de capellán, y  
Página 95 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".


Página 96 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
Página 97 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
que recojo en el capítulo de este libro, bajo el título de Dos fundadores.
   Doña Inés Alonso, dejó a cargo de la fábrica de la iglesia de Burguillos, -según consta en la documentación de que dispongo-, la administración, tanto de sus bienes, como de todo lo concerniente a la citada capellanía; y en la fecha que historiamos, había en el libro de cuentas, unas cantidades devengadas y no cobradas, a favor del dicho don Gregorio Isidro Hurtado, quién autorizó al mayordomo, para que de las mismas se dedujeran los 150 reales con que se contribuyó a la adquisición de la Pila.
   Pero con el paso de los años, la Pila en cuestión -que tantos quebraderos de cabeza costó- fue finalmente abandonada, y no sabemos en qué razones apoyaron su decisión, los que tomaron el acuerdo de proscribir su uso. Lo cierto es que quedó apartada y casi oculta entre cachivaches arrinconados. Casi adivinamos, cómo hubiera afectado al señor Arzobispo don Jaime de Palafox, una medida tan contraria a sus criterios.
   Afortunadamente, don Francisco Navarro Ruiz, durante su estancia en Burguillos, en funciones de cura párroco, tomó el loable acuerdo de restituir la Pila al lugar que le correspondía, considerando sin duda, su calidad de piedra jaspeada, su antigüedad de más de tres siglos y el valor histórico que todo ello representa.
   No quiero terminar sin incluir el nombre del protagonista principal, esto es, el cura de esta interesante historia, a quién los hechos que quedan referidos, le depararían, sin duda, una amarga experiencia. Se trata del Licenciado don Sebastián Hurtado, a cuyo recuerdo ofrecemos el testimonio de nuestra simpatía.