Cada lunes una nueva entrada con una noticia sobre Historia, Arte, Geografía, Bibliografía, Patrimonio, Fotografía, Hemeroteca, ... de nuestro pueblo: BURGUILLOS

Historia, Patrimonio, Arte, Bibliografía, Hemeroteca, ... sobre nuestro pueblo: BURGUILLOS

Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XVII. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XVII. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de agosto de 2026

Actualidad - Hemeroteca - Documentación: El artículo "La Iglesia en Burguillos a fines del siglo XVII, a través de la Visita Pastoral de 1681", de Salvador Hernández González en "Patrona de Burguillos", Boletín de la Hermandad de la Virgen del Rosario de Burguillos nº 13, de 2007, pág. 74, 75, y 77

     Mostramos en Historia de Burguillos, el artículo publicado por Salvador Hernández González en el Boletín "Patrona de Burguillos", del año 2007 que hace el nº 13, desde que surgió en el año 1995, (aprovechando que con las recién iniciadas obras de nueva pavimentación de la Iglesia de Burguillos, y ante la aparición de restos óseos de Burguilleros, muchos de ellos hermanos de la Hermandad de la Virgen del Rosario y devotos de la Virgen, enterrados en la Iglesia, y en concreto en esa posible cripta que mencionaba el párroco y que al parecer, se halla bajo el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, ubicación que ocupó la Hermandad de la Virgen desde sus orígenes, allá por 1547 -de momento- y hasta 1783 en que pasó a presidir la Capilla Sacramental) dentro de la sección "Historia", se titula "La Iglesia en Burguillos a fines del siglo XVII, a través de la Visita Pastoral de 1681" (páginas 74, 75 y 77), que seguro es de utilidad para conocer mucho mejor nuestra Parroquia, y que paso a transcribir íntegramente:




     La vida religiosa en Burguillos a lo largo de la Edad Moderna, esto es, durante los siglos XVI al XVIII, gravitó en tomo al templo parroquial de San Cristóbal Mártir, el convento de Terceros Franciscanos de Sancti Spíritus del Monte y la ermita de San Sebastián. Tales edificios, de los que sólo nos ha llegado como sabemos la Parroquia, aglutinaron entre sus muros las devociones locales y concentraron un patrimonio artístico que ha sufrido a lo largo de su historia diferentes vicisitudes. Por ello en esta ocasión queremos hacer un recorrido por los edificios religiosos de nuestro pueblo a fines del siglo XVII, tomando como base el informe de la Visita Pastoral efectuada en Burguillos el 23 de noviembre de 1681 por el Visitador Don Pedro de Castaños Galindo (1).
     Con el objetivo del mejor control de la vida eclesiástica y la administración de los bienes temporales de la Iglesia, el Concilio de Trento hizo obligatoria la práctica de la Visita Pastoral, consistente en la inspección del territorio diocesano por medio de unos funcionarios eclesiásticos, designados al efecto, los Visitadores. Al llegar a la parroquia, el Visitador no sólo inspeccionaba la fábrica material del templo -estado de conservación y limpieza de altares, ornamentos sagrados, etc.-, sino que también tomaba las cuentas a las hermandades y cofradías allí establecidas, al tiempo que pedía informes sobre las prácticas piadosas, costumbres y nivel de moralidad de los fieles, e incluso dejaba por escrito algunas consideraciones demográficas y socioeconómicas sobre la vida local. Para el Arzobispado de Sevilla, estos informes se escalonan entre los siglos XVII y XIX, constituyendo una valiosa fuente no sólo para el conocimiento de la vida religiosa en épocas pasadas, sino para el estudio de la historia local por la variedad de aspectos complementarios que se recogen en estos informes.
     En el caso del Burguillos, el informe más antiguo es éste de la Visita de 1681 efectuada por el citado Don Pedro de Castaños Galindo, quien llegó a la localidad el 22 de noviem­bre. Al día siguiente se dirigió a la Parroquia, donde siguiendo el ritual propio de la Visita Pastoral, comenzó la inspección por el sagrario del altar mayor, donde el Santísimo Sacramento se veneraba en un relicario de plata. De aquí se pasó a la pila bautismal, "que es [de] piedra y está en un cuarto que tiene puerta a la iglesia". En esta capilla bautismal se guardaban también los Santos Oleos y el crisma en tres ampolletas de plata. Y en el Archivo Parroquial fueron reconocidos los libros sacramentales -de bautismos y desposorios-, que se hallaban en regla.
     Muy interesante es la descripción que el Visitador nos hace del templo parroquial, no sólo por reflejar el aspecto que el edificio mostraba antes de las grandes reformas barrocas del siglo XVIII que le dieron su impronta actual, sino también por describimos el primitivo patrimonio de retablos, esculturas y pinturas, reemplazadas por otras en el Setecientos.
     En este momento el templo se describe compuesto por una sola nave, con dos puertas y campanario "con tres campanas grandes y pequeñas". El presbiterio o capilla mayor "es de bóveda" y el resto de enmaderado. La iglesia debía mostrar todavía visible su primitiva estructura mudéjar en su única nave cubierta con techumbre de madera, separada - a través del arco toral, que primitivamente fue apuntado y hoy lo es de medio punto- del presbiterio, cubierto éste tal vez con bóveda de crucería gótica o bien con bóveda de paños sobre trompas, modalidades de cubiertas ampliamente extendidas en la arquitectura medieval del valle del Guadalquivir. El imafronte o fachada principal de la iglesia estaba coronado por una espadaña -antecesora de la actual barroca- en la que se albergaban tres campanas, entre grandes y pequeñas.
     El templo debió erigirse al compás del nacimiento de la propia villa en la Baja Edad Media, como lo prueba el que la localidad ya aparezca citada en el denominado Libro Blanco del Archivo de la Catedral de Sevilla, redactado en torno a 1411 y en el que se recoge la red de parroquias de la Archidiócesis hispalense.
     La vetustez de la iglesia y la modestia de sus materiales constructivos determinaron bien pronto la necesidad de reparaciones. Así ya en julio de 1643 el Cabildo de la Catedral de Sevilla había concedido al Concejo de Burguillos 50 ducados "para labrar la iglesia que está caída" (2). Y ahora este informe de 1681 señala que "necesita de aderezarse la capilla mayor porque amenaza ruina", habiéndose estimado las reparaciones por un maestro de obras en 1.700 reales. Aunque no sabemos si se acudió pronto al remedio de estos daños, lo cierto es que la situación del templo fue requiriendo de nuevas intervenciones, que se intensificarán a lo largo del siglo XVIII. A comienzos de la nueva centuria, el cabildo de la Catedral de Sevilla -que tenía entre sus competencias el control de los presupuestos de obras de los templos de la Diócesis a través del cobro y distribución del importe del impuesto del diezmo- encomendó en febrero de 1703 a José Tirado, maestro mayor de obras del Arzobispado, la visita de la parroquia de San Cristóbal de Burguillos, entregando memoria de obras por 5.000 reales, para cuyo pago se aplicó el producto de los diezmos de los años 1701 y 1702 (3). Andando el siglo se acometerán nuevas obras, como las presupuestadas en 1730 por Diego Antonio Díaz en la cantidad de 10.000 reales de vellón, centradas en las cubiertas de la nave y capilla mayor y otros reparos menores; y los trabajos de ampliación del templo desarrollados entre 1774 y 1779, con la participación de los maestros mayores Ambrosio de Figueroa, José Álvarez y Pedro de Silva, y que consistieron en la reforma de la capilla mayor y el añadido de la nave derecha o de la Epístola, actual del Sagrario (ya que la contraria o del Evangelio se hallaba como en nuestros días dedicada a dependencias de servicio de la iglesia), además de la remodelación de los exteriores para darle la impronta clasicista con la que la Parroquia ha llegado a nuestros días (4).
     El informe de 1681 también nos describe los altares que ornamentaban el interior del templo, anteriores todos a los que podemos contemplar hoy, pues como quedó dicho las reformas del siglo XVIII supusieron la renovación del ajuar del templo. Así el templo contaba en 1681 con cinco altares. El mayor, al que se accedía subiendo unas gradas, tenía "un retablo dorado antiguo con pinturas y el sagrario". Tal retablo pictórico de estilo tardogótico o bien renacentista, cuya iconografía silencia el documento, aunque lógicamente debió dedicarse a San Cristóbal, titular del templo, acabaría siendo sustituido por el actual barroco, realizado entre 1754 y 1756 por Juan Cano Zamorano (5).
     En el muro izquierdo de la única nave que como vemos componía el templo se disponían dos altares. El primero, colateral al altar mayor, estaba dedicado a Nuestra Señora del Rosario, imagen descrita como "de media talla", es decir, de candelero para vestir, al mostrar como se sabe sólo talladas las manos y el rostro. La cita contribuye, en definitiva, a afianzar la antigüedad de la imagen de la Patrona de Burguillos, cuya presencia en el templo ya se documentó a través de escrituras notariales del siglo XVII, como inventarios y mandas testamentarias (6). El segundo altar contenía un cuadro que representaba a Santa Ana y la Virgen, que no ha llegado a nuestros días.
     Los restantes dos altares se ubicaban en el muro derecho o de la Epístola. El colateral de esta parte del templo albergaba la imagen de un Crucificado, ejecutado en pasta, que debe identificarse con el titular de la extinguida cofradía de la Vera Cruz, activa entre al menos 1660 y 1864, fechas extremas del libro de esta hermandad conservado en el Archivo Parroquial (7). Este Cristo de la Vera Cruz, que no hay que confundir con el del Voto (existente éste como es sabido en el templo y que procede del desaparecido convento de Sancti Spíritus), se conservó en la parroquia hasta comienzos del siglo XX, según se recoge en algún inventario del templo, pereciendo por la escasa calidad del material en que estaba ejecutado. El siguiente altar estaba integrado por las pinturas de "Nuestra Señora, un Santo Cristo, San Pedro y San Pablo", obras igualmente desaparecidas.
     En la parroquia se hallaban establecidas cuatro hermandades (8): Santísimo Sacramento, Nuestra Señora del Rosario, Santa Vera Cruz y San Cristóbal, de las cuales el Visitador Don Pedro de Castaños Galindo reconoció los libros de cuentas tomadas a sus respectivos mayordomos, revisándolas y aprobándolas.
     El templo estaba atendido por Don Francisco López Tala­vera, de 36 años de edad, natural de Jerez de la Frontera, quien se había ordenado de sacerdote en 1675. El Visitador señala que "aunque celoso del cumplimiento de su obligación, es poco prudente. Los feligreses están mal con él y han dado de su modo de portarse algunas quejas". La autoridad eclesiástica había nombrado como sacristán a Pablo Sánchez, aunque al ser éste forastero y no haber dado fianzas sobre el desempeño de su cargo, ejercía como tal Juan Femández Alguero, ''persona conocida y de satisfacción y que cumple con la obligación de su oficio". Las rentas de fábrica de la Parroquia ascendían al año a 58.595 maravedís, a los que se agregan como producto del pago del diezmo la cantidad de 20 a 25 fanegas de pan y la cifra de 6.000 a 8.000 maravedís en metálico.
     Tras la descripción de la Parroquia, el Visitador anotó algu­nas consideraciones de interés sobre el pueblo. En este sentido señala que Burguillos dista 3 leguas de Sevilla y se sitúa "a la falda de Sierra Morena, camino de Extremadura". Sus vecinos, considerados por el Visitador como "mal inclinados" se dedicaban a la labor agrícola y algo de ganadería, "de todo poco". El total de la población era estimado por Don Pedro de Castaños Galindo en 56 vecinos, entendidos éstos como cabezas de familia, por lo que la población total en palabras del mismo informante ascendía a 265 personas de confesión o comunión, "sin otras que por falta de edad no son capaces de estos sa­cramentos". A tan corta población debía corresponder un casco urbano ciertamente exiguo, integrado por las actuales calles Real, Portugal y de la Fuente, cuyos inmuebles son los que figuran en las escrituras notariales otorgadas en Burguillos durante los siglos de la Edad Moderna.
     La jurisdicción civil de la villa pertenecía en este momento a Doña Francisca de Torralba, predecesora de la familia Bernardo de Quirós, señores jurisdiccionales de Burguillos en el siglo XVIII. Tengamos en cuenta que nuestro pueblo, nacido en las repoblaciones de la Baja Edad Media (9), perteneció a la jurisdicción realenga durante los siglos XV y XVI, como lugar de la denominada "Tierra de Sevilla" y sujeto por tanto al control del Ayuntamiento sevillano, hasta que en el siglo XVII su jurisdicción fue vendida junto con la de otras poblaciones por el Concejo hispalense a particulares, convir­tiéndose desde entonces en lugar de señorío secular.
     El titular del señorío debió contar con residencia de cierta categoría, similar al tipo de las haciendas señoriales propias de la comarca del Aljarafe, conformando un complejo constructivo en el que se engarzaban la zona noble o residencial del señor y dependencias de servicio como almacenes, graneros, molinos, etc. Por ello, siempre hemos sospechado que la man­zana de casas de la calle Real frontera al actual Ayuntamiento formó parte de este núcleo señorial, del que pueden todavía identificarse algunos elementos aislados, como la torre contra­ peso del molino y algún almacén.
     Esta residencia de los señores de la villa contó incluso con oratorio o capilla privada, siguiendo así la costumbre de las clases privilegiadas -nobleza y clero- de gozar en sus domicilios de este lugar de oración, prerrogativa que obtenían tras las pertinentes gestiones ante la autoridad eclesiástica. Así en el caso de Doña Francisca de Torralba, señora de la villa de Burguillos en 1681, el Visitador apunta que su oratorio estaba autorizado por Breve Pontificio y licencia del Provisor del Ar­zobispado de Sevilla del 11 de mayo de 1619, renovada el 30 de enero de 1673, hallándose "con todo aseo para poderse en él celebrar". Esta capilla quizás pueda identificarse con una construcción todavía en pie junto al solar del desaparecido cuartel de la Guardia Civil, cubierta con tejado a dos aguas, en la que se abren unas altas y estrechas ventanas y cuyos muros muestran una articulación a base de pilastras similares a las de la Iglesia Parroquial.
     Cerca del pueblo, en el camino de Alcalá del Río y en la zona denominada en su recuerdo como "la Cruz de la Ermi­ta", se levantaba la desaparecida ermita de San Sebastián, que en 1681 estaba a cargo de la cofradía del Santísimo Sacramento. El edificio era de una nave y contaba con un solo altar donde se veneraba la escultura del Santo, interesante obra del gótico tardío fechable a fines del siglo XV o comienzos del XVI, emplazada hoy en una de las hornacinas laterales del retablo mayor de la Parroquia. La ermita "no tiene ermitaño y de presente necesita de algunos reparos".
     Por último hay que referirse dentro de este recorrido por las instituciones eclesiásticas de la localidad al convento de Sancti Spíritus, perteneciente a la Orden Tercera de San Francisco, por lo que sus miembros eran conocidos bajo la denominación de terceros o terciarios franciscanos. Tenemos escasas noticias de este convento de la orden seráfica, que parece se fundó en la Baja Edad Media dentro del contexto de la oleada de franciscanismo que invadió la comarca de la Vega sevillana y dio origen a la fundación de cenobios en poblaciones como Peñaflor, Lora del Río, Cantillana, Villaverde del Río y La Algaba. A mediados del siglo XVI, concretamente en 1567, este convento contaba con una comunidad integrada por 13 religiosos. El edificio tenía en dicha fecha "una iglesia nueva y dormitorio de trece celdas, y un razonable refectorio y cocina, con algunas oficinas y dos claustrillos comenzados a hacer" (10). El informe de la Visita Pastoral de 1681 señala que esta casa franciscana se halla "media legua distante del lugar, dentro de Sierra Morena", lo que en efecto coincide con el emplazamiento de sus ruinas al pie de las primeras estribaciones de la Sierra Norte sevillana. La comunidad, integrada por 21 religiosos, era presidida por Fray Alonso de Castañeda, aunque la vida conventual no transcurría precisamente en un ambiente beatífico. La situación conflictiva en que vivían estos franciscanos queda gráficamente reflejada por el Visitador Don Pedro de Castaños Galindo cuando afirma que "están muy inquietos porque los superiores les han reformado el modo de vivir y quitado las salidas fuera. Y han tenido algunos pleitos entre sí y llegado a las manos. Y durante la visita hubo uno [pleito] y salieron fugitivos dos religiosos".
     Afloraba, en definitiva, la lucha entre el rigor de la observancia de la regla, especialmente acentuado en conventos emplazados en lugares yermos y deshabitados como este de Sancti Spíritus, y la relajación de costumbres de algunos religiosos incapaces de asumir los preceptos a los que les obligaba su estado. Ante esta situación de degradación nada podía hacer el Visitador del Arzobispado, ya que la autonomía de que gozaban las órdenes religiosas con respecto a la jurisdicción eclesiástica ordinaria reducía a mero testimonio informativo las noticias recogidas en el desarrollo de la Visita Pastoral. La misma denuncia de inmoralidad se formula en este informe a propósito del mercedario fray Eugenio de Herrera, quien tras predicar en cierto año durante la Cuaresma se quedó como párroco de Burguillos, donde causó escándalo por sus relaciones con una mujer.
     En definitiva, a través de este interesante informe de 1681 se dibuja la situación de la vida religiosa en el Burguillos de fines del siglo XVII, lo que nos ha permitido rescatar aspectos tan interesantes como la distribución de la Parroquia antes de las grandes reformas barrocas, la desaparecida ermita de San Sebastián, las hermandades, el convento de San Francisco y la situación jurisdiccional y socio- económica de la villa en plena época del Barroco.

SALVADOR HERNÁNDEZ GONZÁLEZ

(Bibliografía)
(1). ARCHIVO GENERALDELARZOBISPADO DE SEVI­LLA, Fondo Arzobispado, sección II (Gobierno), serie Visitas, legajo 05156, ramo 2: Visita de Burguillos (1681).
(2). CRUZ ISIDORO, Fernando: Arquitectura sevillana del siglo XVII. Maestros mayores de la Catedral y del Concejo hispalense. Universidad de Sevilla, 1997. Pág. 92.
(3). Ibídem, pág. 148.
(4). VELAZQUEZ GALLEGO, Joaquín: "La Iglesia de Burguillos. Su arquitectura e historia", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos, n ° 7 (septiembre - octubre de 2001), págs. 15 - 17.
(5). HALCON, Fátima - HERRERA, Francisco Javier - RECIO MIR, Álvaro: El retablo barroco sevillano. Sevilla, 2000. Pág. 507.
(6). HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: "En torno a los orígenes de la devoción a Nuestra Señora del Rosario en Burgui­llos: noticias del siglo XVII", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos n º 9 (septiembre - octubre de 2003), pág. 77; y "Las mandas pías testamentarias", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos n º 10 (octubre de 2004), págs. 77 - 81.
(7). ROMERO GALLARDO, Rafael: "Burguillos'', en Catálogo de los Archivos Parroquiales de la provincia de Sevilla. Banco Español de Crédito, 1992. Vol. I, pág. 134.
(8). HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: "Aproximación a una estadística de hermandades y cofradías en Burguillos durante los siglos XVI al XVIII", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos n º 12 (octubre de 2006), págs. 28 - 29.
(9). GORDON BERNABE, María Dolores: Toponimia sevilla­na. Ribera, Sierra y Aljarafe. Diputación Provincial de Sevilla, 1995. Págs. 74 - 75.
(10). CASTRO, Manuel de: "Desamortización de terciarios re­gulares franciscanos en el reinado de Felipe II'', en Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo CLXXX (1983), pág. 79.

lunes, 20 de julio de 2026

Actualidad - Hemeroteca - Documentación: El artículo "Las mandas pías testamentarias", de Salvador Hernández González en "Patrona de Burguillos", Boletín de la Hermandad de la Virgen del Rosario de Burguillos nº 10, de 2004, pág. 77, 79 y 81

     Mostramos en Historia de Burguillos, el artículo publicado por Salvador Hernández González en el Boletín "Patrona de Burguillos", del año 2004, que hace el nº 10, desde que surgió en el año 1995, (aprovechando que con las recién iniciadas obras de nueva pavimentación de la Iglesia de Burguillos, es más que probable surjan restos óseos de Burguilleros, hermanos de la Hermandad de la Virgen del Rosario enterrados en la Iglesia, y en concreto en esa posible cripta que mencionaba el párroco y que al parecer, se halla bajo el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, ubicación que ocupó la Hermandad de la Virgen desde sus orígenes, allá por 1547 -de momento- y hasta 1783 en que pasó a presidir la Capilla Sacramental) dentro de la sección "Historia", se titula "Las mandas pías testamentarias" (páginas 77, 79 y 81), y que paso a transcribir íntegramente:




     Como fuente histórica de reconocida importancia, la documentación de los protocolos notariales brinda al investigador una riquísima información que abarca una amplia gama de aspectos de la historia local, que van desde las actividades económicas a la organización social y administrativa, sin olvidar por supuesto la vida religiosa, reflejada en las menciones tanto a su infraestructura material para el culto - templos, capillas, ermitas, etc. - como en los aspectos institucionales, en los que las cofradías, como corporaciones religiosas, cobran destacado protagonismo.
     Al ser la escrituras notarial un instrumento de la fe pública, la gama de actos jurídicos recogidos, en esta documentación es amplísima: compraventas, poderes judiciales, arrendamientos, traspasos, inventarios de bienes, testamentos, etc., en los que asoman todos los estamentos encargando un determinado número de misas -que variará según sus posibilidades económicas- con las que alcanzar la salvación eterna, cuya seguridad suele afianzarse estipulando la entrega de una serie de limosnas y mandas para los templos, imágenes y cofradías de su devoción. Al mismo tiempo el testador dispone los preparativos de su entierro, señalando el templo en el que desea ser enterrado, el hábito religioso con el que desea ser amortajado -preferentemente el franciscano, dada la popularidad de la Orden de San Francisco-, y el acompañamiento de su cadáver por un cortejo fúnebre en el que junto a la clerecía local podían figurar miembros de la cofradía a la que había pertenecido portando el estandarte de la corporación.
     La sola mención en estas cláusulas testamentarias de nuestros templos, imágenes y cofradías adquiere un interesante valor no sólo como documento histórico al arrojarnos fechas y datos sobre tal o cual advocación, sino también como un índice con el que poder seguir la evolución de la religiosidad popular a través del tiempo, con sus altibajos y vicisitudes: los primeros pasos de nuestras cofradías, su consolidación en la vida local, la construcción de nuestros templos, donativos a nuestras imágenes, etc., arrojándonos de este modo luz sobre la historia de nuestro patrimonio, tanto el existente como el desaparecido, del que en este último caso las citas en la documentación son su único recuerdo.
     En el caso de Burguillos, la devoción a Nuestra Señora del Rosario se encuentra plenamente consolidada en el siglo XVII, como lo demuestra las frecuentes mandas pías y legados contenidas en los testamentos de los vecinos de nuestro pueblo (1).
     Aunque la documentación adolece de algunas lagunas para algunos años de dicha centuria como las décadas comprendidas entre 1660 y 1680, las escrituras que se han conservado demuestran que nuestros antepasados a la hora de la muerte no olvidaban a nuestra Patrona, teniéndola como segura valedora en el tránsito a la Eternidad. Tales dádivas podían adoptar varias fórmulas, como el encargo de misas ante el altar de la Virgen, el enterramiento cerca del mismo altar o la limosna para la Hermandad.
     La primera fórmula, las misas ante el altar de la Virgen del Rosario en sufragio por el alma del testador, muestra especial interés al documentar la presencia en el templo de la imagen de la Patrona de Burguillos. Así, Gregorio Domínguez, estipula en su testamento del 3 de febrero de 1646 "un novenario de misas rezadas en el altar de Nuestra Señora del Rosario con su doble responso como es costumbre". Y el 12 de septiembre del mismo año Inés Rodríguez ordena en su declaración de última voluntad la celebración de dos misas rezadas "en el altar de la Virgen del Rosario de la dicha iglesia por mi ánima". Cuatro misas manda Alonso Martínez el 3 de agosto de 1649. Una misa solicitan Juana Pérez el 14 de octubre de 1652 y Francisco Martín Oliveros el 27 de enero de 1654. Más generosa, Laureana de la Cruz fija el 8 de octubre de 1654 la celebración de diez misas rezadas. Al año siguiente de 1655, Esteban Hernández pide cuatro misas en su testamento del 26 de abril. Y al final del siglo, el 9 de abril de 1699, Cristóbal de Aguilar demanda tres misas.
     La segunda fórmula consiste en estipular el enterramiento del finado cerca del altar de la Virgen. Este es el caso de Francisco Hernández Santa María, quien el 10 de marzo de 1652 expresa que "mi cuerpo sea sepultado en la iglesia de San Cristóbal de esta villa en una sepultura que tengo por bajo del escaño que está junto al altar de la Virgen del Rosario". 
     En cuanto a la tercera modalidad, la de las limosnas para la Hermandad, es igualmente frecuente y cuenta con el interés de que en ocasiones el donante revela su condición de hermano de la cofradía, con lo que podemos aproximarnos al conocimiento de la misma en esta época no sólo a través de la nómina de los hermanos que la componían -como es el caso de Alonso Martínez, que así lo declaraba el 3 de enero de 1655- sino también contemplando los medios económicos para su mantenimiento. Esto último se advierte especialmente cuando el testador lega bienes, tanto en metálico como en especie, o bien se halla implicado en relaciones de arrendamiento o compraventa de productos agrícolas propiedad de la Hermandad, lo que no tiene nada de extraño en un medio rural como el nuestro, donde tanto la Iglesia como las instituciones a ella vinculadas se mantenían de un patrimonio tanto urbano -especialmente casas sobre las que gravaban rentas y tributos- como rústico, de cuya producción se mantenían. Para nuestro caso, tenemos noticia de como Antonio Martín Mancha, en su testamento fechado el 27 de diciembre de 1655, declaraba que tenía en su poder "nueve fanegas de trigo de la cofradía de la Madre de Dios del Rosario, porque. aunque se cogiere once fanegas, las dos de ella se sembraron, y de las nueve dichas se pagó una de renta a Alonso Gutiérrez, con que tengo en mi poder ocho fanegas de trigo". En otra de las cláusulas añade que otro vecino de Burguillos, Damián Ramírez, "mandó a la dicha cofradía de la Virgen del Rosario mucha fanega de trigo, el cual no ha dado", por lo que pedía que se le cobrare dicha deuda. Seguidamente continúa declarando que las dos fanegas que él habían sembrado estaban junto a otras cuarenta de su propiedad, estipulando que cuando se recogiese la cosecha se le diese "a la dicha cofradía libres lo que tocare, sin costarle cosa alguna, porque así es mi voluntad". En cuanto al trigo propiedad de la Hermandad, declara que lo vendió al precio de catorce reales la fanega, "porque es menester para comprar cera para la dicha cofradía". Finalmente, manda siete reales y medio a la Hermandad en concepto de limosna para una misa a la hora de su muerte.
     Otros fieles aportan limosnas en metálico, como Esteban Hernández el 26 de abril de 1655, que legaba seis reales "a las cofradías de esta dicha villa que se sirvan en la iglesia parroquial de ella, que son cuatro", a saber, la Hermandad Sacramental, la de Ánimas, Nuestra Señora del Rosario y Vera-Cruz. Ya en la recta final del siglo, el 27 de noviembre de 1696 Francisca Domínguez de Fuentes envía cuatro reales a la Hermandad del Rosario, cantidad que desciende a uno en el caso de Francisco de Ortega el 8 de marzo de 1697 y a dos en el de Cristóbal de Aguilar el 9 de abril de 1699.
     En definitiva, a través de este cúmulo de citas documentales hemos podido comprobar como en el siglo XVII la devoción y el culto a Nuestra Señora del Rosario cuentan ya con sólidas raíces, primer episodio de una largo caminar que nos depara -como en su día veremos- muchas noticias interesantes y que nos ha legado todo un tesoro histórico, artístico y espiritual que bajo el común denominador de la devoción a la Reina del Santo Rosario hoy nos enorgullece.
SALVADOR HERNÁNDEZ GONZÁLEZ

NOTAS:
1. GARCÍA FERNÁNDEZ, M.: Los Castellanos y la muerte: religiosidad y comportamientos colectivos en el Antiguo Régimen. Valladolid, 1996.
GÓMEZ NAVARRO, S.: El sentido de la muerte y la religiosidad en el siglo XIX a través de la documentación de protocolos, en Ifigea I (1984).
RIVAS ÁLVAREZ, J.A.: Miedo y piedad: testamentos sevillanos del siglo XVIII. Sevilla, 1986.
2. ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE SEVILLA, sección Protocolos Notariales, legajos 3250 PB y 3255 PB.

lunes, 30 de octubre de 2023

Bibliografía - Arte: Burguillos en el libro "Historia de la Pintura Sevillana. Siglos XIII al XX", de Enrique Valdivieso, editado por Ediciones Guadalquivir, en 1992

     Mostramos en Historia de Burguillos la reseña que se hace de nuestro pueblo en el libro "Historia de la Pintura Sevillana. Siglos XIII al XX", de Enrique Valdivieso, editado por Ediciones Guadalquivir,  en 1992, uno de cuyos ejemplares podemos leer en la Biblioteca Pública Provincial "Infanta Elena", de Sevilla.


     Dicho libro es un recorrido por la Historia de la pintura de Sevilla, mostrando un importante conjunto de imágenes y reseñas de todos y cada uno de los pintores y pinturas sevillanos.
   Así, la reseña a nuestro pueblo, Burguillos, la encontramos en las páginas 238 a 240, al hacer referencia al pintor Marcos Fernández Correa, paisano nuestro y que pasamos a transcribir literalmente:



Marcos Fernández Correa
     Escasas noticias profesionales y sólo algunas de carácter familiar se poseen de este pintor. Sabemos que nació en Burguillos y que contrajo matrimonio en 1676, desarrollando su actividad en Sevilla en el último tercio del siglo XVII. Fue miembro de la  Academia de Pintura sevillana, siendo dos solamente las pinturas que de él se conocen. Son representaciones de trampantojo o engañifa, y se conservan en la Hispanic Society de Nueva York. En ambas obras se finge la superficie de un fondo de tablas, en las que están clavados grabados o cuelgan cintas sujetas a escarpias, tinteros, papeles enrollados, legajos, frascos con tinta, un bastón, la calavera de un conejo y una paleta de pintor (Lám. 193). Están realizadas con hábil dibujo, creando los efectos de luz y sombra para crear sensaciones de relieve y por lo tanto de fugaz ilusión de veracidad.
     En la realización de estas pinturas Correa muestra estar al corriente de la moda pictórica europea de su momento, donde en los Países Bajos y en Francia fueron numerosos los practicantes de esta modalidad pictórica, entre los que destacamos los hermanos Francisco y Norberto Gysbrechts y a François de la Motte.
     Aparte de Correa debieron ser varios los pintores dedicados en Sevilla a este tipo de representaciones, puesto que se conocen varias obras anónimas de diferente estilo que no han podido ser puestas en relación con ningún artista concreto. Lo cierto es que este género pictórico arraigó en la clientela local prodigándose después su ejecución a lo largo del siglo XVIII.

     Este libro es una obra capital para la Historia de nuestro pueblo, puesto que es la aparición de un pintor, Marcos Fernández Correa, para la Historia de la pintura sevillana, y que bien merecería algún tipo de homenaje en nuestro pueblo, totalmente desconocido para todos...

lunes, 9 de enero de 2023

Arte: La Pila Bautismal, de Francisco Gómez, en la Iglesia de Burguillos

     Mostramos en Historia de Burguillos la Pila Bautismal que encontramos junto al muro del Evangelio en la zona inmediata al presbiterio de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que ayer, 8 de enero (domingo posterior a la solemnidad de la Epifanía del Señor), fue la Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, en el que maravillosamente es proclamado como Hijo amado de Dios, las aguas son santificadas, el hombre es purificado y se alegra toda la tierra [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].


   Y que mejor día que hoy, para analizar dicha Pila Bautismal.
   La Pila Bautismal de la Iglesia parroquial San Cristóbal mártir (nº 14 en el plano), es una obra de cantería realizada en 1693 por el sevillano Francisco Gómez con mármol de jaspe rosado de las canteras de Morón de la Frontera, y con unas medidas de 1'11 x 1'08 m.
Medidas: altura 1,11 m., diámetro 1,08 m.
     Gracias al Archivo Parroquial se sabe con bastante exactitud la historia de esta pila. Así el mandato nº 15 que dejó el Arzobispo de Sevilla D. Jaime de Palafox y Córdova, en la visita que hizo a la Parroquia de Burguillos el 26 de marzo de 1.693, en el que ordena la construcción de la Pila Bautismal, es el siguiente: "...Que dentro de dos meses se haga nueva Pila Bautismal de piedra escogida con las circunstancias que se expresan en los mandatos que dejó Su Ilustrísima en su visita pasada de esta Iglesia, y pasado dicho tiempo y no habiéndose hecho la misma Pila se quiebre y entierre la que hoy sirve de barro; y el Cura no bautice en ella (bajo) pena de privación de oficio, y con apercibimiento que se procederá contra él a lo demás que hubiere lugar en derecho. Y da Su Ilustrísima licencia a los Vecinos de esta Villa, para que lleven a bautizar los niños al lugar más cercano, que sea de esta Diócesis y tenga Pila de Piedra..." Así con este mandato se construyó la pila en 1.693 por Francisco G6mez, cantero de Sevilla, costando 1.000 reales de vellón, que se pagaron según reci­bo de 23 de diciembre de 1.693. También se originaron otros gastos como fueron el porte de la Pila de Sevilla a Burguillos (55 reales), el salario del maestro que vino a ponerla y la cabalgadura que lo trajo (42 reales), el aceite, yeso y peón (15 reales), la tapa y cerradura de la Pila (100 reales) y el transporte de  la tapa desde Sevilla (16 reales).


     Como datos curiosos deben reseñarse que por aquel entonces era Cura de Burguillos D. Sebastián Hurtado, y que el primer bautizo celebrado en  la pila fue seguramente el de Juana Gutiérrez, nacida el 26 de enero de 1.694, bautizada el 3 de febrero de 1.694. Por otro lado, indicaré que la Pila Bautismal ha pasado a lo largo de la historia por varios lugares.  Así  su primera  ubicación  estuvo en lo que he llamado en en el plano como "Dependencia Parroquial", ya que hasta 1.973 fue la Capilla Bautismal de la Parroquia. De ahí pasó a los pies de la nave de la Epístola donde no daba servicio, sustituyéndose por otra móvil (hoy en la Ermita de Nuestra Señora del Rosario, en el paraje de La Madroña), hasta que fue colocada en su posición actual en 1.989.
Conozcamos mejor los Relatos de los Evangelistas, el Culto y la Iconografía de la Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo para entender la Pila Bautismal de nuestra parroquia:
Los relatos de los evangelistas
   Los acontecimientos del ciclo de la Infancia en general aparecen mencionados en uno solo de los Evangelios, y ello en el mejor de los casos, porque casi siempre estamos limitados a las ficciones novelescas de los Evangelios apócrifos.
   Aquí, por primera vez, nos encontramos en presencia de un abanico de testimonios concordantes. El apóstol Juan se limita, es verdad, a aludir a él (1: 29 - 32) cuando se refiere al encuentro del Bautista y Jesús y al descenso del Espíritu Santo. Pero contamos con el testimonio de los tres sinópticos: Mateo (3: 13 - 17), Marcos (l. 9 - 13) y Lucas (3: 21 - 22).
   Esos relatos pueden resumirse de esta manera:
   Jesús va hacia el Jordán desde Nazaret, para hacerse bautizar por Juan. El Precursor se niega un honor del cual se juzga indigno, como más tarde lo hará san Pedro en la escena del Lavatorio de los pies. Pero Jesús insiste. En el momento en que sale del agua ve abrirse el cielo y descender sobre él el Espíritu de Dios, como una paloma. Y en el cielo resuena una voz que dice: "TÚ eres mi Hijo amado, en ti me complazco".


   La escena está compuesta entonces por dos elementos bien diferenciados: la purificación en el agua del río y la teofanía o Descenso del Espíritu Santo.
   Cabe preguntarse por qué Jesús se sometió espontáneamente a un rito de purificación que no necesitaba más que la Virgen después de su maternidad sin mancha. Los teólogos responden que eso no era para él sino para los hombres de la Nueva Alianza, con el objeto de instituir el sacramento del Bautismo en lugar de la Circuncisión judaica.
   En cuanto a la teofanía, ha sido imaginada para agrandar la figura de Jesús que sin el la habría aparecido como un simple discípulo de san Juan; y para afirmar así su carácter mesiánico. Su voluntaria humildad está desdibujada por esta apoteosis.
   En el simbolismo cristiano inspirado en san Pablo, la inmersión del neófito en la piscina significaba su muerte, y la salida del agua simbolizaba la resurrección por la virtud del bautismo.
Culto
   La fiesta de la Epifanía, que se celebra el 6 de enero, en la actualidad evoca la Adoración de los Reyes Magos, es la Fiesta de Reyes; pero originalmente conmemoraba el Bautismo de Cristo en el Jordán, considerado la primera Epifanía o Teofanía de Cristo, es decir, su primera manifestación divina. Las Constituciones apostólicas redactadas hacia el año 400 le otorgan ese significado. «Es necesario descansar ese día -enseñan-porque es aquél en que la divinidad de Cristo ha sido revelada, cuando el Padre le ha rendido testimonio y el Espíritu Santo apareció sobre su ca­beza en forma de paloma.»
   Entre los orientales, el Bautismo siguió siendo el principal objeto de la fiesta, y en los calendarios coptos la Epifanía está designada con el nombre de Dies Baptismio Inmersio Domini.
Iconografía
Los datos esenciales del tema
   Antes de analizar la evolución iconográfica del tema bajo la influencia de la liturgia bautismal, conviene aislar los rasgos esenciales de la composición.


   En principio, asombra la semejanza del Bautismo con la Anunciación. En una y otra escena tenemos dos personajes principales: Cristo y san Juan Bautista, la Virgen y el ángel, uno de naturaleza divina (Cristo, el ángel), el otro pertenecien­te a la especie humana (san Juan Bautista, la Virgen). De ello resulta, natural­mente, una composición de tipo polarizado y más o menos asimétrica, aunque a di­ferencia de la Anunciación, la escena ocurre al aire libre, en un espacio homogéneo.
   Los dos temas se juntan gracias a la presencia de un tercer factor: Dios Padre o la paloma del Espíritu Santo que aparece encima de la cabeza de Cristo.
   Al convertirse en el centro o eje de la composición, la paloma celestial reduce la importancia del papel de san Juan Bautista que sólo es, igual que el ángel mensajero, un simple ejecutante y que acaba por arrodillarse ante Cristo.
   Lo que distingue al Bautismo de la Anunciación -este es un punto acerca del cual nunca se insistirá demasiado- es que aquél no es sólo un acontecimiento de la vida de Cristo, sino un sacramento y que, en consecuencia, su iconografía se basa no sólo en los relatos evangélicos sino también, y sobre todo, en la liturgia bautis­mal cuyas variaciones refleja.
   «Se han combinado dos cosas: lo que ocurrió en el bautismo de Jesús y lo que ocurría en el bautismo de los fieles y se hizo porque se consideraba el bautismo de Jesús como el prototipo del bautismo cristiano.»
La evolución del tema
   Es necesario estudiar aparte la purificación sacramental y la teofanía.
a) El rito de la purificación
   A falta de una descripción bastante precisa en los Evangelios, la escena del Bautismo de Cristo ha sido representada por el arte cristiano de acuerdo con la liturgia del sacramento bautismal. Ella está modelada según los ritos de ese sacramento que ha sido administrado sucesivamente en dos formas: por inmersión en un río o una piscina de baptisterio o por simple infusión en la capilla de las pilas bau­tismales.


A) El bautismo por inmersión (per immersionem)
   En los dos casos, los personajes principales son siempre Cristo, san Juan Bautista y los ángeles. Pero hay diferencias muy evidentes en sus actitudes, ropas y acce­sorios.
Los personajes: Jesús, Juan, los ángeles
   Entre los siglos VI y XII en el arte bizantino o bizantinizante se representó a Jesús completamente desnudo, inmerso en las aguas del Jordán. El agua asciende hasta su cintura y a veces hasta sus axilas u hombros, dibujando alrededor de su cuerpo una cúpula ovoidal que se asemeja a una campana líquida que no puede represen­tar la pila bautismal puesto que en vez de ser cóncava es convexa. El curso del río está representado según las reglas de una perspectiva infantil en la cual las líneas se elevan en vez de alejarse. La fluidez del agua está indicada en las ondulaciones paralelas que estrían la campana acuática, como las olas y peces que nadan en el elemento líquido. Pero el agua no es transparente, puesto que sirve para tapar el sexo.
   A pesar de la cronología de Lucas que expresamente atribuye al Mesías la edad de treinta años al tiempo de su Bautismo, en el arte paleocristiano Jesús tiene la estatura de un niño (pintura mural del cementerio de Calixto, sarcófago de santa Quiteria en Mas d'Aire). Esta anomalía se debe a que en la liturgia los catecúmenos eran llamados pueri, infantes. Es a finales del siglo VI, en el Evangelio sirio de Rabbulos, donde aparece en el Bautismo un Cristo adulto y barbudo. A partir de entonces se lo representará con la estatura de un hombre.
   A veces, en lugar del lecho del Jordán es bautizado en una cuba. Otra prueba de la influencia de la liturgia. El bautismo, para ser eficaz, primitivamente debía administrarse en aguas corrientes y vivas, es decir, en un río. Por razones de comodidad más tarde debieron contentarse con aguas muertas, detenidas en un recipiente con forma de cáliz.
   San Juan Bautista vestido con una zamarra de piel de oveja está de pie sobre la ribera e impone la mano sobre la cabeza de Jesús. Antes de finales del siglo XII no se lo ve nunca verter el agua lustral. El mosaico restaurado del baptisterio de Rávena puede presentarse como una excepción a esta regla.


   Sobre la orilla opuesta del río están los ángeles descendidos del cielo para oficiar como diáconos. Su presencia no se menciona en los Evangelios canónicos ni en los apócrifos. También dicha presencia se explica por la liturgia en la cual un diácono asistía al obispo sosteniendo el capillo y vistiendo a los catecúmenos con una túnica blanca después de la inmersión. El número de diáconos oscila entre uno y tres, en este último caso, simbolizan las tres jerarquías angélicas.
   De acuerdo con la costumbre oriental, llevan las manos veladas (manus velatae) en señal de respeto. Los artistas de Occidente, poco familiarizados con el ceremo­nial bizantino,  no comprendieron el significado de esos velos e imaginaron ingenuamente que los ángeles presentaban una bata de baño para secar al catecúmeno, o que cumplían la función de percheros vivos esperando que Cristo saliera del agua.
Los accesorios: el Jordán personificado, el dragón y la cruz acuáticos, el hacha hundida en el tronco de un árbol
   El Bautismo por inmersión comporta además figuras alegóricas como el dios del Jordán, el dragón vencido y un monumento conmemorativo: la cruz acuática.
   El Jordán está personificado por un dios fluvial que tiene un ramo de cañas y una urna inclinada, de acuerdo con una tradición que el arte de los primeros tiem­pos del cristianismo tomó del arte alejandrino.
   Como se consideraba, según san Jerónimo, constituido por Jor y por Dan, a veces aparece duplicado en dos medias figuras. Por eso el río Dordoña, formado por Dora y por Doña, en el arriate de agua de Versalles está representado por dos urnas. En el Protaton del monte Athos, el Jordán es un viejo calvo que conduce un tiro de dos delfines. Con frecuencia tiene sobre la frente pinzas de cangrejo, como los centauros marinos de la mitología (bap­tisterio de los Arrianos, en Rávena).
   Un detalle enigmático a primera vista, que se explica por la usual comparación con el Paso del mar Rojo, prefiguración del Bautismo, y por una alusión a los Salmos que era el Libro más popular del Antiguo Testamento. El Jordán personificado casi siem­pre está representado de espaldas y parece darse a la fuga, como el mar Rojo que se retira (Púlpito de Maximiano). El arte se ha limitado a la traducción del Salmo 114: 3, donde se dice el Jordán se echó para atrás (Jordanus conversus est retror­sum).


   En numerosos Salterios bizantinos, elSalterio Jludov, por ejemplo, se ve derrumbado sobre la orilla del río un enorme dragón acuático cortado en dos y sangrante. Para comprender el sentido es necesario referirse al Salmo 74: 13 - 14 donde se invoca a Dios con estas palabras: «Con tu poder dividiste el mar / y rompiste en las aguas las cabezas de los monstruos. / Tú aplastaste la cabeza del Leviatán (...)». En lenguaje teológico ello significa que de la misma manera que el faraón pereció persiguiendo a los hebreos en el mar Rojo que se abrió para dejar pasar a Moisés, el poder del demonio ha sido partido por el bautismo.
   Esta tradición se perpetuó durante largo tiempo en el arte bizantino. En el convento de Xenofontou, en el monte Athos, Cristo apoya el pie sobre una piedra de la que asoman cuatro cabezas de serpiente.
   Otro detalle no menos curioso es una cruz en el lecho del río. Según Strzygowski, se trataría de un presagio de la Crucifixión. En realidad se trata de un recuerdo de peregrinación. Para señalar a los peregrinos el sitio donde había tenido lugar el Bautismo de Cristo, se había levantado en el Jordán una cruz en lo alto de una columna plantada sobre un basamento de tres escalones. Esta columna en torno a la cual nadan los peces, aparece reproducida con mucha frecuencia en las representaciones antiguas del Bautismo.
   Detrás de san Juan Bautista a veces se ve el hacha hundida en el tronco de un árbol de la cual habla el Precursor cuando se dirige a los fariseos (Mosaico del baptisterio de San Marcos de Venecia). Es la ilustración de un pasaje de Mateo (3: 10): «Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.»
   Estos detalles de origen helénico o sirio, que sirven para localizar la escena, desaparecieron a partir del siglo XII.
B) El bautismo por infusión (per infusionem)
   Es en esa época (siglo XII), cuando la infusión o aspersión (Begiessung), que debió introducirse mucho antes para administrar el bautismo a los enfermos y a los niños, comenzó a reemplazar en la liturgia al triple baño purificador. La representación del Bautismo de Cristo resultó, en consecuencia, radicalmente transforma­da.
   El ejemplo más antiguo del Bautismo por infusión es el retablo esmaltado de Nicola de Verdun (1181), pero allí todavía aparece combinado con la inmersión. Fue en el siglo XIV, con Taddeo Gaddi y Andrea Pisano cuando la nueva fórmula triun­fó definitivamente.


   En vez de estar inmerso en el Jordán hasta los hombros, Jesús se sumerge en el agua sólo hasta las rodillas e incluso hasta los tobillos. Desde entonces ya no puede ser representado completamente desnudo. Como en la Crucifixión, por decencia, lleva un ceñidor, un trozo de tela ajustado alrededor de la cintura. El ce­ñidor que reemplaza la campana acuática, sirve, como ésta, para ocultar el sexo. De pie en medio del río casi seco, une las manos mientras san Juan vierte el agua lustral sobre su frente. En ciertos casos muy infrecuentes (capitel del claustro de Eschau, en Alsacia), es la paloma del Espíritu Santo la que deja caer sobre el Mesías el contenido de una ampolla que lleva en el pico.
   Como lo ha señalado Strzygowski, generalmente la infusión se realiza con una copa o una concha en el arte italiano, con un cántaro en el arte alemán, mientras que en la escuela de los Países Bajos (Van der Weyden, Memling, G. David) san Juan Bautista deja caer algunas gotas de agua desde la concavidad de su mano sobre la cabeza de Cristo.
C) La iconografía bautismal del Renacimiento y de la Contrarreforma
   No es conveniente detenerse en la concepción que tenían los italianos del Renacimiento acerca del Bautismo de Cristo, porque nada tiene que ver con el arte religioso.
   De la misma manera que las Bodas de Caná para Veronés son apenas un pretexto para desplegar el lujo de un banquete, el Bautismo es sólo una escena de baño, o más bien de los preparativos de un baño con bellos cuerpos desnudos de efebos que retozan y se lavan al aire libre. Alrededor de Cristo los catecúmenos se desnudan, visten, descalzan o ponen la camisa. El sacramento deja lugar a un baño en el Tiber o el Arnot.
   Después del concilio de Trento se retornó a una concepción menos pagana del Bautismo, aunque sin retomar la fórmula medieval. En vez de estar de pie en el Jordán, Cristo se inclina o hasta se arrodilla con respeto ante san Juan Bautista. Incluso a veces Cristo y san Juan, rivalizando en humildad, se arrodillan uno frente al otro.
   Este nuevo orden se limita a traducir fielmente la doctrina de los teólogos místicos que profesan que Cristo, por humildad, quería rebajarse frente al Precursor, como si tuviera necesidad de ser purificado. Émile Mâle cita paralelamente los textos en que pudieron inspirarse los artistas del siglo XVII. «¡Oh Verbo encarnado -es­cribió la santa florentina María Magdalena de Pazzi- tú has querido inclinarte y humillarte frente a san Juan, como si tuvieras necesidad de ser purificado.» El español Álvarez de Paz le hace coro en sus Meditaciones: «Tu Bautismo fue la obra de tu admirable humildad. Ibas al Bautismo, oh maestro de la Pureza, como si tuvieses pecados que expiar.» A decir verdad, existe un precedente, se encuentra un ejemplo -aislado, ciertamente- del siglo XIV, en una composición del pintor de inspiración giottesca, Taddeo Gaddi (Academia de Florencia), que representa a Cristo arrodi­llado en el lecho del Jordán.


   No obstante no debe creerse que esta innovación haya sido acogida con general conformidad. En el arte religioso de los siglos XVII y XVIII con frecuencia vemos al Cristo Rey servido por ángeles que lo visten. Poussin en un cuadro de la Galería Czernin de Viena y Jean Restout (1745) en el Museo Dijon muestran a san Juan Bautista que se arrodilla frente a Cristo y a Dios Padre que aparece en una nube por encima de éste.
   Así, la iconografía posttridentina del Bautismo a veces subraya la humildad, y en ocasiones la majestad del Salvador.
   En suma, en la evolución que hemos esbozado, pueden distinguirse a grandes rasgos, tres tipos principales.
1. Cristo desnudo está inmerso en el Jordán que forma alrededor de su cuerpo una campana acuática. San Juan Bautista le impone la mano sobre la cabeza.
2. Cristo con ceñidor está de pie en el lecho del río cuya agua apenas le llega a los tobillos. San Juan le vierte el agua lustral sobre la cabeza.
3. Cristo vestido con una túnica se arrodilla en la ribera frente a san Juan Bautista, o éste se arrodilla frente a aquél.
b) La teofanía
   El rito lustral no es todo. Según el relato de los Evangelios, por encima del divino catecúmeno, el Espíritu Santo desciende desde lo alto del cielo al tiempo que resuena la voz de Dios Padre proclamando por primera vez el carácter mesiánico de Cristo.
   Marcos, que nos ofrece la versión primitiva de los Evangelios, dice simplemente que el Espíritu descendió «como una paloma», lo que significa, sin duda, que su vuelo se asemejaba al de una paloma. Lucas infirió de ello que el Espíritu Santo des­cendió «en forma corporal, como una paloma», lo cual es muy diferente. No es necesario decir que esta segunda versión, que materializaba de una manera concreta y plástica la aparición del Espíritu Santo, ha sido adoptada de inmediato por todos los artistas, encantados de poder representar de ese modo un Ser divino tan incorpóreo como los ángeles. El arte contribuyó a la fortuna de una concepción que en su origen reposa en un despropósito.
   A veces la paloma lleva una rama de olivo en el pico, a consecuencia de la asimilación de Cristo bautizado en el Jordan al patriarca Noé en el arca.
   Así, el Bautismo está concebido no sólo como una purificación, sino también como una iluminación (photismos). De acuerdo con una muy antigua tradición que se encuentra en el siglo II en Justino, y en el siglo IV en Efrén el Sirio, en el momento del Bautismo de Cristo del agua del Jordán brotó una luz. El poeta latino Prudencia agrega que el dios del Jordán resultó deslumbrado y retrocedió de espanto. Otro poeta cristiano, Juvencus, dice que una luz penetrando el agua transparente del río reveló la presencia de Dios.
    Podemos encontrar las huellas de esta leyenda en un fresco de Capadocia del siglo IX, donde la luz que brota del agua está ingenuamente representada por una antorcha que emerge del río cerca de Jesús.
   Al mismo tiempo otra luz, todavía más deslumbrante, aparece en el cielo para iluminar a dos personas divinas: Dios Padre y la paloma del Espíritu Santo.
   La intervención de Dios Padre es evocada ya por la Mano de Dios, ya por su figura en busto que hace un gesto de bendición. Dios aparece de esa manera a partir del siglo XII, en las pilas bautismales de Lieja (1118).
   En el arte barroco del siglo XVII, san Juan Bautista eleva un rostro extasiado hacia el cielo donde resuena la voz del Padre Eterno.
Catálogo
   Cuando se elabora un catálogo se comprueba que gran número de Bautismos han sido encargados o ejecutados por donantes o artistas que llevaban el nombre del Precursor: por ejemplo, Jean Baptiste Colbert, Jean Baptiste Tuby, Jean Baptiste Lemoyne, Jean Baptiste Corot.
   Así como la Santa Cena decora los refectorios de los conventos, el Bautismo de Cristo es el tema que se reserva para la decoración de los baptisterios, de las capillas de las pilas bautismales y hasta de las propias pilas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 13 de abril de 2020

Bibliografía: Capítulo XLI "Menudencias históricas" del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia" de Francisco Rodríguez Hernández, de 1999.

   Mostramos en Historia de Burguillos el capítulo XLI, y último, del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia", de Francisco Rodríguez Hernández, editado por el Ayuntamiento de Burguillos y la colaboración de la Diputación de Sevilla en 1999, y que trata sobre Menudencias históricas, ocupando las páginas 193 a 202 de dicha monografía y que pasamos a transcribir íntegramente:
Pág. 193 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
Menudencias históricas
   Nada refleja mejor la idiosincracia de un pueblo, como el contenido de los escritos en que queda atrapado de forma casi imperceptible, el largo e imparable discurrir del curso de su historia.
   Una atenta lectura de estos documentos, nos pone en conocimiento del bullir cotidiano y del afán constante, que rige inexorable, el tic tac perseverante de la vida colectiva y personal de la comunidad.
   La curiosidad me ha llevado a escudriñar en los entresijos de aquello, que en mayor o en menor grado, constituye el armazón que soporta el peso de toda la fuerza vital, que da vida a las generaciones presentes en cada época.
   Para informar a mis amables lectores, voy a espigar en el meollo de algunas escrituras, y divulgar con ello, algunos datos de curioso contenido.
   Lo que va a continuación son historias abreviadas, que han sido extraídas como con pinzas, de olvidadas y apolilladas escrituras, que duermen sueños de siglos, en los archivos en que se hallan sepultadas; y ya empiezo:

          Arrendamiento por espacio de dos vidas, de Juan Martín Calero y Leonor Gómez, su mujer, a la fábrica de la iglesia, de unas tierras que lindan, por la una parte, con tierras del mayorazgo de don Juan de Esquivel, y por la otra, con tierras de doña Juana de Córdoba y Cárcamo [...] Burguillos 15 de agosto de 1633.- Archivo de Protocolos.

   Dos cosas es de señalar; primero considerar lo antigua que es la presencia de la familia Esquivel en Burguillos, y segundo comprobar que en dicha fecha, ya tenía instituido mayorazgo.
   Donación a la iglesia:

          Sepan cuantos esta carta de reconocimiento vieren, como yo, el capitán Francisco Velázquez de la Parra, mayordomo de la fábrica de la iglesia de esta Villa, vecino de ella, otorgo y conozco por esta presente carta, y digo que por cuanto Gregorio Martín, el sordo, difunto, vecino que fue de esta dicha Villa, dejó a la dicha fábrica, unas casas suyas propias, que son en esta Villa, en la calle Real de ella, que lindan con casas de los padres de la compañía de Jesús, de la ciudad de Sevilla, y con un solar de casas y puerta del mayorazgo de don Íñigo de Córdoba, las cuales dejó a la dicha fábrica, con cargo y obligación de decir ciertas misas, y pagar un tributo perpetuo, al citado mayorazgo.- Fecha 7 de agosto de 1634.- Ibídem.

   Extraña comprobar la existencia de patrimonio a nombre de los padres jesuitas, pues sus estatutos y reglamentos  los  prohibe. Para  ello se valían de colegios y residencias, a cuyo nombre estaba todo lo
Pág. 194 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
que poseían; a no ser que el redactor del escrito no se detuvo en detalles, mencionando los que sabía que eran dueños, sin considerar a nombre de quién estaba. Sin embargo sabemos que todas las propiedades que poseían en el término de la Villa de Burguillos, que eran muchas, estaban a nombre del Colegio de San Hermenegildo de Sevilla, que era naturalmente de la Compañía de Jesús.
   Por cierto, que el año de 1634 fue en Burguillos de gran carestía y necesidad, y para paliar en lo posible, los efectos de esta situación, el que era alcalde mayor Bartolomé Márquez, repartió entre los vecinos del pueblo, trigo del Pósito de la Villa, que tenían que haber pagado, el día de Santiago siguiente, pero al no poderlo hacer por falta de medios, el capitán don Alonso Pérez Romero, titular entonces del señorío de Burguillos, le notifica al alcalde por escritura pública ante escribano, en fecha 30 de septiembre de 1635 que: "le hace responsable de ello, y le ordena que él satisfaga y pague, y si no lo hace, los daños y menoscabos, que en razón de ello hubieren al dicho pósito, serán por su cuenta y riesgo, y serán cobrados de sus bienes y hacienda, como se hallare por derecho". Todo un ejemplo de caridad cristiana.
   Queda patente el interés y el celo mostrado por el señor de la Villa, por preservar inalterable la capacidad del Pósito, conminando con energía al alcalde, a que reponga de su bolsillo el trigo repartido entre los vecinos, en una época de carestía y hambre. Vamos a conocer a continuación, la información que sobre los Pósitos, nos facilita Alfonso Lazo Díaz, en su obra La desamortización eclesiástica en Sevilla, Diputación de Sevilla y Facultad de Filosofía y Letras. Sevilla 1970.

          Pósitos: Fueron fundados para facilitar a los labradores granos y dinero a un interés moderado, para sementeras y proporcionar trigo a los pueblos para el panadeo en los meses de escasez. Algunos prelados y hombres acomodados se ocuparon de la fundación de estos depósitos de trigo; incluso los mismos pueblos los erigieron en época de abundancia, a costa de censos y repartimientos, que tomaron sobre sí. En la provincia de Sevilla, existían en 1800, 193 Pósitos reales.
          El propio Estado acabó dándole la puntilla. En 1836, cuando solo quedaban en toda España 6.300 Pósitos, se les exigió un anticipo de seis millones de reales para gastos de guerra, que nunca les fueron reintegrados; dice un documentos oficial: entonces los Pósitos quedaron como muertos.

   Nada hay que comentar. La fuerza de los hechos, sobrepasa a la de las palabras.
   Vean las apretadas y duras condiciones, en que le fue arrendadas unas tierras a un portugués, llamado Domingo Hernández, con residencia a la sazón en Alcalá del Río:

          [...] arriendo y tomo, en renta y tributo, por tiempo de mi vida, de don Francisco Velázquez, un pedazo de tierra de pan sembrar que tiene en Burguillos, que le dicen el Villar de San Cristóbal, por precio de 34 reales de vellón en cada año [...].
Pág. 195 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
   Y más adelante:
          
          Item. Con condición, que por ningún caso, pensado o no pensado, del cielo o de la tierra, de fuego, hielo, langosta, arriénse los campos, ora siembre las dichas tierras, ora no coja frutos de ellas, o no sea considerable, u otro cualquier caso que suceda, acontecido o no acontecido, ordinario o extraordinario que sea, no por eso he de dejar de pagar el dicho tributo, en el día previsto de cada año, sin que pueda pedir descuento, ni baja de él; y si lo pidiere, que no sea oído en juicio, ni fuera de él [...]. Fecha 29 de mayo de 1634. Ibídem.

   El pobre quedaba sin escapatoria posible.
   Cuando los vecinos de Burguillos tenían necesidad de trasladarse a Sevilla, bien con motivo de una enfermedad, bien para evacuar una gestión, o bien para la compra de mercancía, era de todo punto imprescindible al llegar a Alcalá del Río, pasar de una orilla a otra orilla del río Guadalquivir, utilizando la barcaza que estaba en servicio para estos fines; pero había que pagar el servicio que se recibía. Pero por lo visto no se estaba muy de acuerdo con estos pagos, a juzgar por lo que se dice en el escrito que voy a dar a conocer a continuación:

          Las autoridades de la Villa de Burguillos, formulan una petición a la Real Audiencia, Jueces y Justicias cualquiera de Su Majestad, para que se reconozca el título que esta Villa tiene, para que sus vecinos puedan pasar por la barca de Alcalá del Río, libremente y sin que paguen cosa alguna, y en razón de ello, puedan pedir cualesquiera provisiones, mandamientos y otras cosas que convenga hacer, etc. [...] Fecha 29 de abril de 1635. Ibídem.

   Ignoramos el resultado de esta extraña aunque justa petición. Sin embargo, sabemos por un Libro de Propios del archivo municipal hispalense, que en 1703, la barca de Alcalá del Río, porporcionó al ayuntamiento de Sevilla, -del cual dependía- una renta de 114.750 maravedís, lo que nos hace pensar, que dado el negocio que esta actividad representaba, la petición de las autoridades burguilleras, hecha 68 años antes, desgraciadamente no sería atendida.
   En octubre de 1699, el arzobispo de Sevilla, don Jaime de Palafox y Cardona (1684-1701), le recuerda al cura párroco de Burguillos, que deberá mandar hacer, un confesionario de madera como estaba ordenado. También le saber que en la festividad del Corpus, en que sale Nuestro Señor Sacramentado en procesión, depositado en urna de cristal, le ordena que no salga en andas, sino en un viril, y que le lleve un sacerdote en las manos, revestido como previene el Ritual Romano. Ibidem.
   El 19 de abril de 1696, se dio cumplimiento mediante recibo, al pago de 89 reales de vellón, al maestro carpintero Bartolomé García Jaramillo, por reparación del monumento, con colocación de cuatro cerraduras con cerrojos y armillas, etc.
   El monumento era un túmulo o altar que se montaba en las iglesias el Jueves Santo, y se colocaba en  su  interior y dentro  de  una  arquita, la  segunda hostia que se consagraba en la misa de aquel día,
Pág. 196 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
para reservarla hasta los Oficios del Viernes Santo, en que se consumía. Actualmente se mantiene esta celebración.
   El ya citado don Jaime de Palafox y Cardona, arzobispo de Sevilla y miembro del Consejo de Su Majestad, en la visita pastoral realizada a Burguillos, en 1701, en el acta que se hizo de la misma, dejó anotada -entre otras- la siguiente providencia:

          Item. Mandó su md. Se haga en esta Iglesia, un archivo en el lugar más oportuno que pareciere al mayordomo y cura de la dicha Iglesia, y se le ponga cerradura con dos llaves, que han de tener cada uno de los susodichos, y en él se pongan todas las escrituras y papeles conducentes, a la conservación de las posesiones y tributos de esta fábrica, y juntamente todos los libros antiguos de sus cuentas, y los antiguos de bautismos y velaciones, lo cual se ejecutará dentro de dos meses, pena de diez ducados, en que desde ahora para caso de omisión en dicho término, condena su merced al mayordomo y cura por mitad.

   Suponemos que el mandato se cumpliría, y solo sabemos que hasta nuestros días, ha llegado un archivo solo medianamente organizado y necesitado de atención, dentro -en parte- de un viejo armario de madera.
   Don Francisco Navarro Ruiz, en el tiempo en que ejerció de cura párroco de Burguillos, hay que decir, que entre otras muchas cosas meritorias que realizó, tomó la decisión firme de organizar con todo rigor el citado archivo, facilitando para ello un excelente armario metálico, archivadores y todo cuanto fue necesario; y con la modesta colaboración del que esto escribe, se dio feliz remate al empeño, y cumplimiento por lo tanto, al mandato del enérgico arzobispo Palafox, aunque con una demora de casi tres siglos. Suponemos que no se nos impedirá, la sanción de diez ducados por haber sobrepasado el plazo de dos meses, dado tan perentoriamente en 1701.
   En 1705, la fábrica de la iglesia de Burguillos, arrienda a Antonio Peraza, de Alcalá del Río, una huerta de su propiedad llamada "la Sestilla, que contiene una fuente, una alberca cuyas aguas se mantienen y un olivo gordal".
   El Concejo de Justicia y Regimiento de Burguillos, recibió un escrito de fecha 19 de marzo de 1705. En él se incluye una orden de Su Majestad, a través del presidente de Castilla, en que se ordena la recluta de gente (leva) para incorporar al cuerpo de españoles que sirven en la frontera con Portugal. Se dispone que se escoja uno de cada cinco, por vía de sorteo, y se pide la presencia y asistencia del cura.
   Don José Bernardo de Quirós y Torices, señor de Burguillos, era dueño y poseedor titular de mayorazgo que fundó don Juan Bernardo de Quirós, y también del señorío que había sido, discernido bajo el reinado de Felipe IV, en la persona del capitán don Alonso Pérez Romero. Residía en Sevilla: en 1699, en la collación de San Martín; en 1701, en la de San Bartolomé; y en 1708, en la de San Nicolás. Era administrador dentro de su jurisdicción, de los bienes patrimoniales del estado, y también poseía bienes propios.
Pág. 197 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
Pág. 198 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
   El molino de pan que existió en Burguillos en siglos pasados, formaba parte de los bienes realengos y vamos a conocer seguidamente, parte del contenido de una curiosa escritura de arrendamiento, que se otorga ante el notario público y escribano del Cabildo, don Francisco de Urdapilleta y Elola; dice así:

          José Bernardo de Quirós, arrienda a Juan de Villalba, vecino de Burguillos, un molino de pan, sito en el Estanquillo, en el arroyo que pasa junto a la fuente vieja, que está corriente y moliente, por tiempo de cuatro años, desde primero de octubre de mil setecientos siete, a último de septiembre de mil setecientos once, en precio cada año de trescientos reales de vellón, seis gallinas, y asimismo, ha de moler todo el trigo necesario que se gaste en el cortijo que tengo en el término de esta Villa; con declaración de que desde el primero de octubre de cada año, hasta el veinticuatro de junio del siguiente, ha de hacer la dicha molienda.
          Pagará las seis gallinas el día de Pascua de Navidad de cada año. También pagará cien reales el treinta y uno de enero, cien el último de febrero y cien a final de marzo, de cada uno de los cuatro años.
          Asimismo, le arriendo una casa que tengo en la calle Real, a la entrada, viniendo de Alcalá, que linda con solar de la fábrica de la parroquia, y por otra con casas mías que tengo arrendadas. El arriendo es por cuatro años, en ciento diez reales de vellón, a pagar a fin de abril de cada año.
          Los gastos de piedras, herramientas y todos los reparos menores, que se ofrecieren en el molino, son de cuenta del arrendatario.

   Una vez más la utilización de gallinas como valores de pago.
   Vamos a seguir invocando otras escrituras, que nos brinden noticias curiosas de aquellas remotas centurias. Las tres siguientes tienen como personaje central al titular del señorío y vamos a deducir de las mismas, el lugar del pueblo en que tenía su residencia.

          José Bernardo de Quirós, vende a Domingo Rodríguez, vecino de Burguillos, una casa sita en la plaza, que había comprado a Benito Ortiz, vecino de Sevilla. Linda por arriba, con las casas principales del mayorazgo y señorío de la Villa, y por la de abajo, con solar de dicho mayorazgo, que al presente lo posee él mismo.- Las casas tienen corral, trascorral y pozo.- Fecha 12 de enero de 1707.- Notario Francisco de Urdapilleta y Elola.- Arch. de Protocolos.- Sevilla

          Sea notorio a todos, como yo, don José Bernardo de Quirós, dueño y señor de la Villa de Burguillos, vecino de la ciudad de Sevilla, en la collación de San Nicolás [...] Arriendo a Marcos Ortega, una huerta llamada de Arriba, que linda con tierras del contador Domingo Mendívil, y por otra con tierras del cortijo que llaman del Castaño, propiedad del mayorazgo del marqués de la Mina. Precio seiscientos reales de vellón, cada año, a razón de cincuenta reales cada mes.- Fecha 28 de septiembre de 1708.- Notario y archivo igual.

   En otra escritura que autoriza en Burguillos, el mismo notario, sin fecha legible por el estado del papel, aunque sin duda de la primera década del siglo XVIII, se habla de "unas casas que están en la plaza de la Villa, que lindan con las casas del palacio del señor de esta Villa, y por la otra parte, con solar de casas del mayorazgo de dicho señorío" [...].
Pág. 199 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
   Las escrituras que anteceden, nos permite conocer, las distintas residencias que el señor de la Villa, tuvo en Sevilla, así como también la posible ubicación de su casa palacio en Burguillos, que era sin duda, en la plaza del pueblo, y ha de ser, en toda la fachada que al presente ocupa el Ayuntamiento, donde además de su vivienda y las oficinas, también tendría instalado el Oratorio que le autorizó el Papa Clemente XI, y al que ya nos hemos referido. Este conjunto señorial, sería sin duda, unas viviendas amplias y distinguidas.
   En un libro de defunciones del archivo parroquial, se anota la siguiente partida:

          En la Villa de Burguillos, en catorce días del mes de enero de mil setecientos cincuenta y ocho, se enterró en la iglesia parroquial de ella, a un hombre al parecer de edad de más de sesenta años, que parece, dicen se llamaba Juan Sánchez, natural de Urique (sic), que estaba siendo ermitaño en la ermita de San Sebastián de esta Villa, tenía un pie sin dedos; solamente recibió la extremaunción, por haberle dado un accidente, y no estar capaz de otros Sacramentos, y para que así conste, puse esta partida y la firmé, fecha ut supra.- Cura Juan José Montesdeoca.- Pág. 29.

   Por cierto, que un año después, concretamente el 28 de octubre de 1759, se enterró este cura y beneficiado. Solo recibió la Extremaunción, por no permitir su estado otra cosa. Por expreso deseo suyo, recibió sepultura en el altar de Nuestra Señora de Belén. Testó y dejó heredera a su madre. Eran oriundos de Alcalá del Río. Fueron sus albaceas Pedro García y su hermano Luis. Su madre murió el 12 de enero de 1760.
Pág. 200 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
   En un libro de defunciones y con fecha 16 de julio de 1759, consta la partida de una mujer muerta en el cortijo de La Gallinera, con lo que demuestra la existencia de un cortijo con este nombre.
   Sabemos por una escritura del archivo de protocolos de Sevilla, de fecha 29 de mayo de 1751, que las hermanas doña María y doña Antonia Bernardo de Quirós, hijas y herederas de don Fernando, de este noble apellido y con vínculos familiares con el titular del señorío de la Villa, eran religiosas del convento de Santa María de las Dueñas de Sevilla, en cuya fecha venden una casa, sita en la calle Real de Burguillos, a don Manuel Borges y Toledo, vecino de Sevilla.
   También sabemos por una escritura del archivo catedral, que dicho convento, cobraba anualmente a don Francisco de Agüera, por un censo, sobre tierras del término de Burguillos, la cantidad de 450 reales de vellón, y que pagaba por ello, como gravamen, 33 reales.- Asimismo, poseían otros bienes no especificados.
   El Monasterio de San Isidoro del Campo, del término de Santiponce, en 1763, poseía en el término de Burguillos, unos colmenares.- Archivo Catedral.
   El 4 de junio de 1773, el cardenal arzobispo de Sevilla, don Francisco de Solís Folch de Cardona, (1755-1775) hace saber que anulaba en la mayor parte de las iglesias de su diócesis, la impunidad que ofrecían, a quiénes para evitar la acción de la justicia, se acogían a sagrado en su interior. En Sevilla, solo quedan con esa facultad, la iglesia catedral y la parroquia de San (ta) Ana, en Triana.
   Mala decisión para los amigos de lo ajeno, y en Sevilla, -como sabemos- estaban sobradamente representados los más variados miembros de su famosa picaresca, atiborrada de ternes y truhanes, tan bien descritos por nuestros escritores del siglo de oro.
   Con fecha 20 de agosto de 1777, el maestro de alarife, Antonio González, de Sevilla, informa a don Francisco Javier Curado Caro, cura párroco y mayordomo de fábrica de la iglesia de Burguillos, sobre el importe de obras de casas y fincas de dicha fábrica, en 2.050 reales de vellón. Son una casa en la calle de Fuente y cuatro en la calle Real.
   El 18 de abril de 1778, y coincidiendo con la construcción de la nave de la Epístola, el cura párroco citado anteriormente, informa al señor provisor del arzobispado, que a consecuencia de intensos temporales padecidos, han quedado completamente arruinadas, una de las casas propiedad de la fábrica de la iglesia, y también la sacristía, y solicita recursos económicos para llevar a cabo su reconstrucción.
   El 11 de noviembre de 1768, Juan M. Navarro, mayordomo de la hermandad de Nuestra Señora del Rosario, arrienda a Andrés Martín, de sobrenombre El Fresco, natural de Villaverde, 30 cabras de vientre, a 3 reales cada una y año.- Ante escribano público y testigos.
   El 26 de abril de 1778, fue colocada en la torre de la iglesia una veleta, en sustitución de otra que se había quebrado. La fabricó y colocó el maestro herrero Lorenzo Gutiérrez. También puso una cerradura en la puerta del Carnero.
Pág. 201 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
   Las autoridades tributarias eclesiásticas, en escrito de fecha 5 de noviembre de 1857, acusan al cura párroco de Burguillos, don Juan León Nogales, de estar incurso en el delito de defraudación, al excluir de la relación de fincas de su administración, un cercado anexo a la casa parroquial que tenía arrendado.
   El citado cura en su descargo, y en escrito de fecha 11 de noviembre de 1857, dirigido al señor provisor y vicario capitular del arzobispado, expone que arrendó dicho cercado, por la necesidad que tenía al tener que afrontar los gastos de obras, y pide que pueda conservar este derecho, para que sirva de ayuda a los párrocos, que "por lo miserable de este pueblo, no han podido permanecer en él por mucho tiempo".- Archivo arzobispal.
   Hay que reconocer en este cura, una buena dosis de valentía, para atreverse a decirle por escrito a sus superiores jerárquicos del arzobispado lo que queda consignado.
   No sabemos la providencia que se adoptaría. Pudo suceder que encontraran aceptable sus razones y la propuesta que hacía. De todas formas, sí puedo asegurar que no se procedió a su traslado inmediato, pues el día 8 de abril de 1866, me lo encuentro todavía en Burguillos, y bautizando a Vicenta Fernández Sarmiento, mi abuela paterna.
   Pero aún nos lo volvemos a encontrar el 27 de marzo de 1869, con motivo de un escrito que dirige al juez eclesiástico del arzobispado, denunciando un robo en la iglesia de Burguillos, con la desaparición de los siguientes objetos:

          - Un par de zarcillos de plata, y la corona, también de plata, de Nuestra Señora Santa Lucía.
          - La media luna de madera, forrada de plata, de Nuestra Señora del Rosario.
          - Una corona de plaqué, de la misma Señora.
          - Una corona de plata de su niño.
          - Unos zapatitos de plata del mismo.
          - Un copón de plata pequeño.
          - Una cajita pequeña de plata.
          - Un viril de plata, o sea, la redondela donde se coloca la forma.
          - Una crismera, que se ignora si es, o no de plata.

   No sabemos si el autor o autores de este robo, fue o fueron detenidos y los objetos rescatados.
   Me he referido alguna vez, a la precariedad de la vida en los tiempos de nuestros remotos antepasados. Las personas vivían menos años y se morían con pasmosa facilidad. Las causas estaban en que no existían remedios que detuvieran el desarrollo de ninguna enfermedad, por leve que fuera. Todo  estaba  supeditado al rechazo que hiciera  nuestras  propias  defensas. Si éstas fallaban, la caída
Pág. 202 del libro "El señorío de Burguillos (Sevilla); una aproximación a su historia".
era vertical. La cirugía, como la entendemos hoy, era inexistente. Ni técnica, ni anestésicos ni nada; y si a esto se le suma, las frecuentes epidemias de cólera y de peste, tendremos con ello, el cuadro completo de lo que representó la vida en aquellas lejanas sociedades.
   Esto justifica la frecuencia con que en los matrimonios jóvenes, moría uno de los cónyuges, y el que quedaba volvía a casarse en segundas, terceras etc., nupcias.
   Yo consideraba un buen récord, el de mi antepasada directa, en línea paterna, Antonio Guillena Millán, que se casó en Burguillos cinco veces, el primero de los cuales en 1726.
   Pero veamos lo que nos dice un testamento del archivo de protocolos de Sevilla:

          En el nombre de Dios todopoderoso, y de la Reina de los Ángeles María Santísima Nuestra, Señora concebida sin mancha de pecado original.
          Sépase por esta carta de testamento, cómo yo José Segura, vecino de la Villa de Burguillos, séptimo marido de María de la Trinidad, mi legítima mujer, a quien Dios Nuestro Señor, fue servido de llevar de esta presente vida a la eterna, el día 26 de octubre de 1744, y habiéndome dado su poder para testar, que paso ante el presente notario público don Benito Daza Farfán [...].

   Esta señora, con siete matrimonios, sin duda, -y por ahora- se lleva la palma en cuanto al número alcanzado; celebrados por los sucesivos fallecimientos de sus cónyuges. Esto hay que puntualizarlo, para diferenciarlo de casos actuales, en que estrellas de cine conocidas, han alcanzado un elevado número de matrimonios civiles, en que los maridos van perdiendo turno, y siguen vivos.