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lunes, 10 de agosto de 2026

Actualidad - Hemeroteca - Documentación: El artículo "La Iglesia en Burguillos a fines del siglo XVII, a través de la Visita Pastoral de 1681", de Salvador Hernández González en "Patrona de Burguillos", Boletín de la Hermandad de la Virgen del Rosario de Burguillos nº 13, de 2007, pág. 74, 75, y 77

     Mostramos en Historia de Burguillos, el artículo publicado por Salvador Hernández González en el Boletín "Patrona de Burguillos", del año 2007 que hace el nº 13, desde que surgió en el año 1995, (aprovechando que con las recién iniciadas obras de nueva pavimentación de la Iglesia de Burguillos, y ante la aparición de restos óseos de Burguilleros, muchos de ellos hermanos de la Hermandad de la Virgen del Rosario y devotos de la Virgen, enterrados en la Iglesia, y en concreto en esa posible cripta que mencionaba el párroco y que al parecer, se halla bajo el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, ubicación que ocupó la Hermandad de la Virgen desde sus orígenes, allá por 1547 -de momento- y hasta 1783 en que pasó a presidir la Capilla Sacramental) dentro de la sección "Historia", se titula "La Iglesia en Burguillos a fines del siglo XVII, a través de la Visita Pastoral de 1681" (páginas 74, 75 y 77), que seguro es de utilidad para conocer mucho mejor nuestra Parroquia, y que paso a transcribir íntegramente:




     La vida religiosa en Burguillos a lo largo de la Edad Moderna, esto es, durante los siglos XVI al XVIII, gravitó en tomo al templo parroquial de San Cristóbal Mártir, el convento de Terceros Franciscanos de Sancti Spíritus del Monte y la ermita de San Sebastián. Tales edificios, de los que sólo nos ha llegado como sabemos la Parroquia, aglutinaron entre sus muros las devociones locales y concentraron un patrimonio artístico que ha sufrido a lo largo de su historia diferentes vicisitudes. Por ello en esta ocasión queremos hacer un recorrido por los edificios religiosos de nuestro pueblo a fines del siglo XVII, tomando como base el informe de la Visita Pastoral efectuada en Burguillos el 23 de noviembre de 1681 por el Visitador Don Pedro de Castaños Galindo (1).
     Con el objetivo del mejor control de la vida eclesiástica y la administración de los bienes temporales de la Iglesia, el Concilio de Trento hizo obligatoria la práctica de la Visita Pastoral, consistente en la inspección del territorio diocesano por medio de unos funcionarios eclesiásticos, designados al efecto, los Visitadores. Al llegar a la parroquia, el Visitador no sólo inspeccionaba la fábrica material del templo -estado de conservación y limpieza de altares, ornamentos sagrados, etc.-, sino que también tomaba las cuentas a las hermandades y cofradías allí establecidas, al tiempo que pedía informes sobre las prácticas piadosas, costumbres y nivel de moralidad de los fieles, e incluso dejaba por escrito algunas consideraciones demográficas y socioeconómicas sobre la vida local. Para el Arzobispado de Sevilla, estos informes se escalonan entre los siglos XVII y XIX, constituyendo una valiosa fuente no sólo para el conocimiento de la vida religiosa en épocas pasadas, sino para el estudio de la historia local por la variedad de aspectos complementarios que se recogen en estos informes.
     En el caso del Burguillos, el informe más antiguo es éste de la Visita de 1681 efectuada por el citado Don Pedro de Castaños Galindo, quien llegó a la localidad el 22 de noviem­bre. Al día siguiente se dirigió a la Parroquia, donde siguiendo el ritual propio de la Visita Pastoral, comenzó la inspección por el sagrario del altar mayor, donde el Santísimo Sacramento se veneraba en un relicario de plata. De aquí se pasó a la pila bautismal, "que es [de] piedra y está en un cuarto que tiene puerta a la iglesia". En esta capilla bautismal se guardaban también los Santos Oleos y el crisma en tres ampolletas de plata. Y en el Archivo Parroquial fueron reconocidos los libros sacramentales -de bautismos y desposorios-, que se hallaban en regla.
     Muy interesante es la descripción que el Visitador nos hace del templo parroquial, no sólo por reflejar el aspecto que el edificio mostraba antes de las grandes reformas barrocas del siglo XVIII que le dieron su impronta actual, sino también por describimos el primitivo patrimonio de retablos, esculturas y pinturas, reemplazadas por otras en el Setecientos.
     En este momento el templo se describe compuesto por una sola nave, con dos puertas y campanario "con tres campanas grandes y pequeñas". El presbiterio o capilla mayor "es de bóveda" y el resto de enmaderado. La iglesia debía mostrar todavía visible su primitiva estructura mudéjar en su única nave cubierta con techumbre de madera, separada - a través del arco toral, que primitivamente fue apuntado y hoy lo es de medio punto- del presbiterio, cubierto éste tal vez con bóveda de crucería gótica o bien con bóveda de paños sobre trompas, modalidades de cubiertas ampliamente extendidas en la arquitectura medieval del valle del Guadalquivir. El imafronte o fachada principal de la iglesia estaba coronado por una espadaña -antecesora de la actual barroca- en la que se albergaban tres campanas, entre grandes y pequeñas.
     El templo debió erigirse al compás del nacimiento de la propia villa en la Baja Edad Media, como lo prueba el que la localidad ya aparezca citada en el denominado Libro Blanco del Archivo de la Catedral de Sevilla, redactado en torno a 1411 y en el que se recoge la red de parroquias de la Archidiócesis hispalense.
     La vetustez de la iglesia y la modestia de sus materiales constructivos determinaron bien pronto la necesidad de reparaciones. Así ya en julio de 1643 el Cabildo de la Catedral de Sevilla había concedido al Concejo de Burguillos 50 ducados "para labrar la iglesia que está caída" (2). Y ahora este informe de 1681 señala que "necesita de aderezarse la capilla mayor porque amenaza ruina", habiéndose estimado las reparaciones por un maestro de obras en 1.700 reales. Aunque no sabemos si se acudió pronto al remedio de estos daños, lo cierto es que la situación del templo fue requiriendo de nuevas intervenciones, que se intensificarán a lo largo del siglo XVIII. A comienzos de la nueva centuria, el cabildo de la Catedral de Sevilla -que tenía entre sus competencias el control de los presupuestos de obras de los templos de la Diócesis a través del cobro y distribución del importe del impuesto del diezmo- encomendó en febrero de 1703 a José Tirado, maestro mayor de obras del Arzobispado, la visita de la parroquia de San Cristóbal de Burguillos, entregando memoria de obras por 5.000 reales, para cuyo pago se aplicó el producto de los diezmos de los años 1701 y 1702 (3). Andando el siglo se acometerán nuevas obras, como las presupuestadas en 1730 por Diego Antonio Díaz en la cantidad de 10.000 reales de vellón, centradas en las cubiertas de la nave y capilla mayor y otros reparos menores; y los trabajos de ampliación del templo desarrollados entre 1774 y 1779, con la participación de los maestros mayores Ambrosio de Figueroa, José Álvarez y Pedro de Silva, y que consistieron en la reforma de la capilla mayor y el añadido de la nave derecha o de la Epístola, actual del Sagrario (ya que la contraria o del Evangelio se hallaba como en nuestros días dedicada a dependencias de servicio de la iglesia), además de la remodelación de los exteriores para darle la impronta clasicista con la que la Parroquia ha llegado a nuestros días (4).
     El informe de 1681 también nos describe los altares que ornamentaban el interior del templo, anteriores todos a los que podemos contemplar hoy, pues como quedó dicho las reformas del siglo XVIII supusieron la renovación del ajuar del templo. Así el templo contaba en 1681 con cinco altares. El mayor, al que se accedía subiendo unas gradas, tenía "un retablo dorado antiguo con pinturas y el sagrario". Tal retablo pictórico de estilo tardogótico o bien renacentista, cuya iconografía silencia el documento, aunque lógicamente debió dedicarse a San Cristóbal, titular del templo, acabaría siendo sustituido por el actual barroco, realizado entre 1754 y 1756 por Juan Cano Zamorano (5).
     En el muro izquierdo de la única nave que como vemos componía el templo se disponían dos altares. El primero, colateral al altar mayor, estaba dedicado a Nuestra Señora del Rosario, imagen descrita como "de media talla", es decir, de candelero para vestir, al mostrar como se sabe sólo talladas las manos y el rostro. La cita contribuye, en definitiva, a afianzar la antigüedad de la imagen de la Patrona de Burguillos, cuya presencia en el templo ya se documentó a través de escrituras notariales del siglo XVII, como inventarios y mandas testamentarias (6). El segundo altar contenía un cuadro que representaba a Santa Ana y la Virgen, que no ha llegado a nuestros días.
     Los restantes dos altares se ubicaban en el muro derecho o de la Epístola. El colateral de esta parte del templo albergaba la imagen de un Crucificado, ejecutado en pasta, que debe identificarse con el titular de la extinguida cofradía de la Vera Cruz, activa entre al menos 1660 y 1864, fechas extremas del libro de esta hermandad conservado en el Archivo Parroquial (7). Este Cristo de la Vera Cruz, que no hay que confundir con el del Voto (existente éste como es sabido en el templo y que procede del desaparecido convento de Sancti Spíritus), se conservó en la parroquia hasta comienzos del siglo XX, según se recoge en algún inventario del templo, pereciendo por la escasa calidad del material en que estaba ejecutado. El siguiente altar estaba integrado por las pinturas de "Nuestra Señora, un Santo Cristo, San Pedro y San Pablo", obras igualmente desaparecidas.
     En la parroquia se hallaban establecidas cuatro hermandades (8): Santísimo Sacramento, Nuestra Señora del Rosario, Santa Vera Cruz y San Cristóbal, de las cuales el Visitador Don Pedro de Castaños Galindo reconoció los libros de cuentas tomadas a sus respectivos mayordomos, revisándolas y aprobándolas.
     El templo estaba atendido por Don Francisco López Tala­vera, de 36 años de edad, natural de Jerez de la Frontera, quien se había ordenado de sacerdote en 1675. El Visitador señala que "aunque celoso del cumplimiento de su obligación, es poco prudente. Los feligreses están mal con él y han dado de su modo de portarse algunas quejas". La autoridad eclesiástica había nombrado como sacristán a Pablo Sánchez, aunque al ser éste forastero y no haber dado fianzas sobre el desempeño de su cargo, ejercía como tal Juan Femández Alguero, ''persona conocida y de satisfacción y que cumple con la obligación de su oficio". Las rentas de fábrica de la Parroquia ascendían al año a 58.595 maravedís, a los que se agregan como producto del pago del diezmo la cantidad de 20 a 25 fanegas de pan y la cifra de 6.000 a 8.000 maravedís en metálico.
     Tras la descripción de la Parroquia, el Visitador anotó algu­nas consideraciones de interés sobre el pueblo. En este sentido señala que Burguillos dista 3 leguas de Sevilla y se sitúa "a la falda de Sierra Morena, camino de Extremadura". Sus vecinos, considerados por el Visitador como "mal inclinados" se dedicaban a la labor agrícola y algo de ganadería, "de todo poco". El total de la población era estimado por Don Pedro de Castaños Galindo en 56 vecinos, entendidos éstos como cabezas de familia, por lo que la población total en palabras del mismo informante ascendía a 265 personas de confesión o comunión, "sin otras que por falta de edad no son capaces de estos sa­cramentos". A tan corta población debía corresponder un casco urbano ciertamente exiguo, integrado por las actuales calles Real, Portugal y de la Fuente, cuyos inmuebles son los que figuran en las escrituras notariales otorgadas en Burguillos durante los siglos de la Edad Moderna.
     La jurisdicción civil de la villa pertenecía en este momento a Doña Francisca de Torralba, predecesora de la familia Bernardo de Quirós, señores jurisdiccionales de Burguillos en el siglo XVIII. Tengamos en cuenta que nuestro pueblo, nacido en las repoblaciones de la Baja Edad Media (9), perteneció a la jurisdicción realenga durante los siglos XV y XVI, como lugar de la denominada "Tierra de Sevilla" y sujeto por tanto al control del Ayuntamiento sevillano, hasta que en el siglo XVII su jurisdicción fue vendida junto con la de otras poblaciones por el Concejo hispalense a particulares, convir­tiéndose desde entonces en lugar de señorío secular.
     El titular del señorío debió contar con residencia de cierta categoría, similar al tipo de las haciendas señoriales propias de la comarca del Aljarafe, conformando un complejo constructivo en el que se engarzaban la zona noble o residencial del señor y dependencias de servicio como almacenes, graneros, molinos, etc. Por ello, siempre hemos sospechado que la man­zana de casas de la calle Real frontera al actual Ayuntamiento formó parte de este núcleo señorial, del que pueden todavía identificarse algunos elementos aislados, como la torre contra­ peso del molino y algún almacén.
     Esta residencia de los señores de la villa contó incluso con oratorio o capilla privada, siguiendo así la costumbre de las clases privilegiadas -nobleza y clero- de gozar en sus domicilios de este lugar de oración, prerrogativa que obtenían tras las pertinentes gestiones ante la autoridad eclesiástica. Así en el caso de Doña Francisca de Torralba, señora de la villa de Burguillos en 1681, el Visitador apunta que su oratorio estaba autorizado por Breve Pontificio y licencia del Provisor del Ar­zobispado de Sevilla del 11 de mayo de 1619, renovada el 30 de enero de 1673, hallándose "con todo aseo para poderse en él celebrar". Esta capilla quizás pueda identificarse con una construcción todavía en pie junto al solar del desaparecido cuartel de la Guardia Civil, cubierta con tejado a dos aguas, en la que se abren unas altas y estrechas ventanas y cuyos muros muestran una articulación a base de pilastras similares a las de la Iglesia Parroquial.
     Cerca del pueblo, en el camino de Alcalá del Río y en la zona denominada en su recuerdo como "la Cruz de la Ermi­ta", se levantaba la desaparecida ermita de San Sebastián, que en 1681 estaba a cargo de la cofradía del Santísimo Sacramento. El edificio era de una nave y contaba con un solo altar donde se veneraba la escultura del Santo, interesante obra del gótico tardío fechable a fines del siglo XV o comienzos del XVI, emplazada hoy en una de las hornacinas laterales del retablo mayor de la Parroquia. La ermita "no tiene ermitaño y de presente necesita de algunos reparos".
     Por último hay que referirse dentro de este recorrido por las instituciones eclesiásticas de la localidad al convento de Sancti Spíritus, perteneciente a la Orden Tercera de San Francisco, por lo que sus miembros eran conocidos bajo la denominación de terceros o terciarios franciscanos. Tenemos escasas noticias de este convento de la orden seráfica, que parece se fundó en la Baja Edad Media dentro del contexto de la oleada de franciscanismo que invadió la comarca de la Vega sevillana y dio origen a la fundación de cenobios en poblaciones como Peñaflor, Lora del Río, Cantillana, Villaverde del Río y La Algaba. A mediados del siglo XVI, concretamente en 1567, este convento contaba con una comunidad integrada por 13 religiosos. El edificio tenía en dicha fecha "una iglesia nueva y dormitorio de trece celdas, y un razonable refectorio y cocina, con algunas oficinas y dos claustrillos comenzados a hacer" (10). El informe de la Visita Pastoral de 1681 señala que esta casa franciscana se halla "media legua distante del lugar, dentro de Sierra Morena", lo que en efecto coincide con el emplazamiento de sus ruinas al pie de las primeras estribaciones de la Sierra Norte sevillana. La comunidad, integrada por 21 religiosos, era presidida por Fray Alonso de Castañeda, aunque la vida conventual no transcurría precisamente en un ambiente beatífico. La situación conflictiva en que vivían estos franciscanos queda gráficamente reflejada por el Visitador Don Pedro de Castaños Galindo cuando afirma que "están muy inquietos porque los superiores les han reformado el modo de vivir y quitado las salidas fuera. Y han tenido algunos pleitos entre sí y llegado a las manos. Y durante la visita hubo uno [pleito] y salieron fugitivos dos religiosos".
     Afloraba, en definitiva, la lucha entre el rigor de la observancia de la regla, especialmente acentuado en conventos emplazados en lugares yermos y deshabitados como este de Sancti Spíritus, y la relajación de costumbres de algunos religiosos incapaces de asumir los preceptos a los que les obligaba su estado. Ante esta situación de degradación nada podía hacer el Visitador del Arzobispado, ya que la autonomía de que gozaban las órdenes religiosas con respecto a la jurisdicción eclesiástica ordinaria reducía a mero testimonio informativo las noticias recogidas en el desarrollo de la Visita Pastoral. La misma denuncia de inmoralidad se formula en este informe a propósito del mercedario fray Eugenio de Herrera, quien tras predicar en cierto año durante la Cuaresma se quedó como párroco de Burguillos, donde causó escándalo por sus relaciones con una mujer.
     En definitiva, a través de este interesante informe de 1681 se dibuja la situación de la vida religiosa en el Burguillos de fines del siglo XVII, lo que nos ha permitido rescatar aspectos tan interesantes como la distribución de la Parroquia antes de las grandes reformas barrocas, la desaparecida ermita de San Sebastián, las hermandades, el convento de San Francisco y la situación jurisdiccional y socio- económica de la villa en plena época del Barroco.

SALVADOR HERNÁNDEZ GONZÁLEZ

(Bibliografía)
(1). ARCHIVO GENERALDELARZOBISPADO DE SEVI­LLA, Fondo Arzobispado, sección II (Gobierno), serie Visitas, legajo 05156, ramo 2: Visita de Burguillos (1681).
(2). CRUZ ISIDORO, Fernando: Arquitectura sevillana del siglo XVII. Maestros mayores de la Catedral y del Concejo hispalense. Universidad de Sevilla, 1997. Pág. 92.
(3). Ibídem, pág. 148.
(4). VELAZQUEZ GALLEGO, Joaquín: "La Iglesia de Burguillos. Su arquitectura e historia", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos, n ° 7 (septiembre - octubre de 2001), págs. 15 - 17.
(5). HALCON, Fátima - HERRERA, Francisco Javier - RECIO MIR, Álvaro: El retablo barroco sevillano. Sevilla, 2000. Pág. 507.
(6). HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: "En torno a los orígenes de la devoción a Nuestra Señora del Rosario en Burgui­llos: noticias del siglo XVII", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos n º 9 (septiembre - octubre de 2003), pág. 77; y "Las mandas pías testamentarias", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos n º 10 (octubre de 2004), págs. 77 - 81.
(7). ROMERO GALLARDO, Rafael: "Burguillos'', en Catálogo de los Archivos Parroquiales de la provincia de Sevilla. Banco Español de Crédito, 1992. Vol. I, pág. 134.
(8). HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: "Aproximación a una estadística de hermandades y cofradías en Burguillos durante los siglos XVI al XVIII", en Boletín de la Antigua, Devota y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Burguillos n º 12 (octubre de 2006), págs. 28 - 29.
(9). GORDON BERNABE, María Dolores: Toponimia sevilla­na. Ribera, Sierra y Aljarafe. Diputación Provincial de Sevilla, 1995. Págs. 74 - 75.
(10). CASTRO, Manuel de: "Desamortización de terciarios re­gulares franciscanos en el reinado de Felipe II'', en Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo CLXXX (1983), pág. 79.

lunes, 20 de enero de 2025

Callejero de Burguillos: El Paseo San Sebastián

    Mostramos en Historia de Burguillos una reseña e imágenes del paseo San Sebastián, aprovechando que hoy, 20 de enero, es la Memoria de San Sebastián, mártir, oriundo de Milán, que, como narra San Ambrosio, se dirigió a Roma en tiempo de crueles persecuciones, y sufrió allí el martirio. En la ciudad a la que había llegado como huésped obtuvo el definitivo domicilio de la eterna inmortalidad, y fue enterrado en este día en las catacumbas de Roma (s. IV inc.)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].


     Y qué mejor día que hoy, para analizar el paseo San Sebastián, de Burguillos, dando un paseo por él.
     El Paseo es un espacio público con predominio de la linealidad que invita a la confusión, al menos actualmente, cuando muchos de ellos han perdido la funcionalidad que les dio nombre. El origen de esta denominación genérica se encuentra en su función como espacio de relación y esparcimiento. Tal sería el caso del Paseo San Sebastián. 
     La vía, en este caso, un paseo, está dedicada a San Sebastián, titular de la Ermita existente en las proximidades (hoy desaparecida), y que hoy se halla depositado en la Iglesia parroquial, y del que existe una entrada en este blog, cuyo enlace es el siguiente: Imagen de San Sebastián.


   El Paseo San Sebastián está situado en el barrio de La Ermita. Va de la calle carretera de Guillena a la calle Cádiz, siendo punto de partida de la calle Lepanto, y tiene una longitud de 250 metros aproximadamente, siendo peatonal desde el punto de vista del tráfico rodado, enlosada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por zonas ajardinadas a ambos lados de la vía, con bancos en todo su recorrido, siendo la vía de conexión peatonal entre el Barrio de la Ermita y el resto de la población.
   El paseo San Sebastián es, históricamente, una vía antigua, puesto que formaba parte del camino que surgía de la propia población y que se dirigía a la Ermita de San Sebastián (hoy lamentablemente desaparecida y de la que nos queda la interesantísima imagen escultórica del titular del templo, depositada en la iglesia parroquial de San Cristóbal) que se situaba en las inmediaciones, aunque no es hasta recientemente, cuando se la rotula con su actual denominación, y se coloca una Cruz pétrea que nos recuerda la Ermita que hubo en el lugar y la Cruz que le da nombre a la vía principal (avenida Cruz de la Ermita) del barrio.







Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de San Sebastián;
LEYENDA
   Nacido en las Galias, en la localidad de Narbona, y según san Ambrosio, criado en Milán, era centurión de la primera cohorte en los tiempos del emperador Diocleciano.
   Denunciado porque exhortó a sus jóvenes amigos Marcos y Marcelino a permanecer firmes en su fe, por orden de Diocleciano fue atado a un pos­te en el centro del Campo de Marte, y sirvió de diana viva a los arqueros que lo asaetearon «hasta el punto de parecerse a un erizo (ut quasi  heridus videretur)». «El cuerpo del bendito mártir estaba lleno de saetas, como un erizo.»
   Pero al contrario de lo que asegura un error muy difundido no murió por ello, se salvó, igual que san Juan del baño en el aceite hirviente.
   La viuda Irene, que quería levantar su cuerpo para darle sepultura, advirtió que aún respiraba, vendó sus heridas y le salvó la vida.
   Después de su curación reapareció ante Diocleciano para reprocharle su crueldad contra los cristianos. Entonces fue flagelado, se le dio muerte a palos en el circo y su cadáver fue arrojado a la cloaca Máxima.
   Por lo tanto hay que diferenciar dos martirios de san Sebastián: el primero, el más popular, del cual escapa, y el último, menos noble y pictórico, que los artistas han preferido ignorar.
   San Sebastián se aparece a santa Lucila mientras ésta duerme, para revelarle el sitio donde se encuentran sus restos, y le pide que le dé sepultura en las catacumbas, junto a los restos de los apóstoles (vestigia Apostolorum).
CULTO
   San Sebastián estaba considerado, después de san Pedro y san Pablo, como el tercer patrón de Roma. Su cabeza, o más bien un fragmento de su cráneo, se conservaba desde el siglo IX en la iglesia de los Cuatro Santos Coronados sobre el Caelius, en un copón de plata cincelada que heredó el museo cris­tiano de la Biblioteca Vaticana.
   Sus reliquias fueron transportadas a la basílica de San Sebastián extramuros. En Francia se pretendía que sus reliquias estaban en posesión de la abadía de Saint Medard de Soissons, cuyo abad era gran maestre de la noble arquería y de los caballeros de san Sebastián. En el siglo XVI, durante las Guerras de Religión, fue víctima de la hagiofobia de los hugonotes.
   Las flechas, que habían sido el instrumento del suplicio y se convirtieron en su atributo, le valieron el patronazgo de numerosas corporaciones: arqueros y ballesteros; el de los tapiceros, porque las flechas que lo erizaban parecían gruesas agujas de tapicería; de los vendedores de hierro, porque las puntas de flecha eran de hierro.
   Pero su inmensa popularidad en la Edad Media deriva, esencialmente, del poder antipestoso que se le atribuía, en una época en que las epidemias de peste diezmaban a la humanidad. San Sebastián era el primero de los santos antipestosos (Pestheiligen), el «depulsor pestilitatis», y fue a ese título que se lo introdujo en Alemania en el grupo de los Catorce Intercesores.
   Tal como ocurriera con san Francisco de Asís, sus devotos llegaron a asimilarlo a Jesucristo. El árbol al que lo ataran se comparaba con la cruz de Jesús, y sus cinco heridas con las llagas de Cristo.
   ¿Por qué fue elegido como patrón contra la peste? Se han intentado dos explicaciones. La primera es que, según una antigua creencia, el pueblo se representaba la peste como una lluvia de flechas lanzadas por un dios irri­tado. En La Ilíada, es el arquero divino Apolo quien dispara las saetas de la plaga. Los judíos también estaban persuadidos de ello. En el Salmo 7: 13- 14, puede leerse que Yavé «tiende su arco y apunta. / Apareja los instrumentos de muerte, / hace encendidas sus saetas». Job, cubierto de úlceras, cree que «las flechas del Todopoderoso» lo han atravesado.
   A decir verdad, san Sebastián no lanza flechas, al contrario, sirve de blanco a éstas. No cabe duda, pero según la leyenda, habría sido atravesado por multitud de flechas sin morir por ello. Sus devotos llegaron a la conclusión de que él podría inmunizarlos también a ellos contra las saetas de la peste. Otra objeción, más difícil de rebatir y que se presenta inmediatamente al es­píritu, es que los otros santos antipestosos: san Antonio, san Adrián y san Roque, nunca tuvieron flechas como atributo.
   Además, esta explicación, demasiado sutil, fue cuestionada por el Padre Delehaye. El erudito bolandista atribuye el patronazgo de san Sebastián al éxito de su intervención, mencionada por Pablo diácono, durante la peste que devastó Roma en el año 680. En cualquier caso, fue a partir de entonces que san Sebastián fue considerado patrón de los apestados. Las Actas Sanct Sebastíaní (Hechos de san Sebastián) no dicen nada acerca de su «patrocinium contra pestem». En 590 fue al arcángel san Miguel a quien invocó el papa Gregorio Magno para que cesara una epidemia de peste en Roma. Por lo tanto parece probado que la función antipestosa de san Sebastián proce­de de finales del siglo VII.
   Desde entonces toda la cristiandad, siguiendo el ejemplo de Roma, lo invoca confiadamente contra «las flechas de Dios».
   Las flechas de san Sebastián servían como amuletos, y con ellas se tocaban los alimentos. Su nombre se consideraba protector contra la peste.
   El culto de san Sebastián perdió vigor a medida que las epidemias de peste fueron desapareciendo. Passato il perico / o, dimenticato il santo. Además, sufrió la competencia de otros santos especializados en el mismo servicio: san Roque de Montpellier y luego, en el siglo XVII, el milanés san Carlos Borromeo, patrocinado por los jesuitas. Ambos tenían sobre san Sebastián la ventaja de haber curado apestados de verdad, e incluso, en el caso de san Roque, haber enfermado de peste mientras asistían a los enfermos.
   De ahí que después de haber sido extremadamente popular, san Sebastián, víctima de los progresos de la higiene y de la competencia de patrones más calificados, en la actualidad haya pasado de moda.
   Sólo le queda el patronazgo, comprometedor e inconfesable de los sodomitas u homosexuales, seducidos por su desnudez de efebo apolíneo, glorifi­cada por Sodoma.
ICONOGRAFÍA
   Su Iconografía es extremadamente rica por tres razones. Durante toda la Edad Media, el miedo a la peste y la devoción de las cofradías de arqueros multiplica­ron sus imágenes. El Renacimiento lo adoptó porque su martirio era un có­modo pretexto para glorificar la belleza del cuerpo desnudo.
   Según que predominara uno u otro designio, se lo ha representado de muy diferente manera: ya viejo y barbudo, ya con los rasgos de un efebo imber­be, a veces vestido, y otras desnudo.
   El tipo anciano y barbudo prevaleció hasta el siglo XV, y está justificado por la leyenda que hizo de san Sebastián un capitán de la guardia del em­perador.
   Con ese aspecto se lo representó en el mosaico de la iglesia de San Pietro in Vincoli, que sin duda se encargó como exvoto después de la peste de 680, al igual que en los frescos romanos de la iglesia de San Saba (hacia 700) y de la iglesia de Santa Maria Pallara, sobre el Palatino (siglo XI).
   Ese tipo vuelve a encontrarse en el siglo XIII, en el ábside de la iglesia de San Giorgio in Velabro, en el siglo XV en un retablo de Marçal de Sà, en la Puebla de Vallbona, cerca de Valencia, y sobrevivió todavía en el siglo XVI (P. Veronés) e incluso en el siglo XVII (Pacheco).
   No obstante, a partir de finales del siglo XV, se impuso el tipo juvenil. La misma evolución se observa, paralelamente, en la indumentaria.
   En sus orígenes, san Sebastián siempre aparecía vestido a la manera antigua, según la moda de su época.
   Ese tipo se implantó en la escuela española que casi siempre representa a san Sebastián vestido, por escrúpulo de decencia. Pero en vez de atribuirle un traje militar o un aarmadura -lo cual, tratándose de un centurión romano, sería lo más lógico- los pintores españoles lo disfrazaron de doncel equipado para la caza, con un arco y flechas en la mano.
   El Renacimiento italiano rompe con esta tradición y difunde el tipo pagano del Apolo desnudo (Sodoma). El arte de los países del Norte se adhirió tímidamente a esa línea. El san Sebastián de Memling es sólo un semidesnu­do, hasta la cintura, que todavía conserva las calzas. Pero el paganismo italiano acabó por triunfar, incluso contra el pudor español, al menos en Cataluña y en Valencia, en donde pueden citarse numerosos ejemplos de san Sebastián desnudo (Marçal de Sà, Juan Reixach, Pedro Orrente).
   El santo está casi siempre de pie, atado a un árbol, a un poste o a una columna, a causa de una contaminación con Cristo atado a la columna, o La flagelación de Cristo. No obstante, en un cuadro de Honthorst, que se conserva en la National Gallery de Londres, está sentado. En la basílica de San Sebastián, en Roma, el escultor Antonio Giorgini, inspirándose en un modelo de Bernini, lo convierte en un yacente.
   A partir del siglo XV, el atributo casi constante de san Sebastián es una gavilla de flechas. Se citan sólo uno o dos ejemplos de omisión de tal emblema: una estatua de Rossellino, en Empoli, y un cuadro de la escuela de Guido Reni, en la iglesia de Meudon. Pero lo que debe subrayarse es que, a dife­rencia de los otros santos, casi nunca tiene los instrumentos de su martirio en la mano, al menos cuando está desnudo. Por una excepción infrecuen­te en la iconografía cristiana, que se explica por su carácter de intercesor con­tra la peste, que pretendía traducirse visualmente de una manera impresionante, está representado en el momento del suplicio, atado y atravesado por las flechas.
   Las flechas que lo traspasan suelen ser tres, pero a veces está erizado como un acerico, con los dardos ya repartidos en todo el cuerpo, ya agrupados en el pecho. Excepcionalmente, sostiene un arco.
   La escuela de escultura champañesa del siglo XVI le hace llevar el gran collar de la orden de san Miguel, insignia de la cofradía de los arqueros. Recordemos que el arcángel san Miguel también era invocado contra la peste.
   A causa de una contaminación con el tema de la Virgen de Misericordia y de santa Úrsula, en un fresco de Benozzo Gozzoli que se conserva en San Gimignano, se lo ve proteger con su manto a los fieles de las flechas de la peste.
   Con frecuencia aparece asociado en los exvotos con otros santos antipestosos: san Antonio, en el retablo de los Antonitas de Issenheim (Museo de Colmar), con san Roque, en un cuadro de Correggio (1525, Galería Dresde) y en el retablo de Hans Schaufelein, que se encuentra en la iglesia de Ober Sankt Veit (Viena).
   Suele formar pareja con el papa san Fabián, cuya fiesta se celebraba el mismo día (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 20 de enero de 2020

Arte: La imagen de San Sebastián, mártir, en la Iglesia de Burguillos

   Mostramos en Historia de Burguillos la imagen de San Sebastián, mártir, que encontramos en el retablo mayor de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que hoy, 20 de enero, Memoria de San Sebastián, mártir, oriundo de Milán, que, como narra San Ambrosio, se dirigió a Roma en tiempo de crueles persecuciones, y sufrió allí el martirio. En la ciudad a la que había llegado como huésped obtuvo el definitivo domicilio de la eterna inmortalidad, y fue enterrado en este día en las catacumbas de Roma (s. IV inc.)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
San Sebastián, mártir. Anónimo. h. 1500, tras la restauración de 2009. Retablo mayor iglesia parroquial de San Cristóbal, mártir.
   Y que mejor día que hoy, para analizar dicha imagen dedicada a San Sebastián, mártir.
   Es una imagen que, sin lugar a dudas, debemos considerarla como la obra artística más importante de Burguillos, realizado por un taller anónimo a comienzos del siglo XVI, y procedente de la Ermita de San Sebastián que existía a la salida de Burguillos en el alto en el que comienza la avenida Cruz de la Ermita, pasando a la parroquia en el primer tercio del siglo XIX tras la ruina de aquella edificación.
   Para comprender la importancia de esta escultura bastaría con compararla con la desaparecida en Cazalla de la Sierra en los sucesos de 1936, de lo que se deduce que son ambas del mismo taller escultórico.
   Pese a un hieratismo propio del gótico, ya encontramos muchos rasgos naturalistas y algún que otro detalle, propios del renacimiento, como es la lagartija que recorre el tronco sobre el que se encuentra atado el santo.
Retablo mayor de la iglesia parroquial de San Cristóbal, mártir, de Burguillos, donde se ubica la imagen de San Sebastián, mártir.
   Lamentablemente en su proceso restaurador acaecido en 2009, se le despojó del sudario realizado con telas encoladas y se le añadió uno, que desdice a la obra, además de "rematar la faena" con unas flechas que parecen más bien de juguete. Por otra parte si comparamos con las fotografías antiguas ha perdido la orla metálica ... un despropósito.
   Por otra parte hemos de decir que es el santo más repetido en la comarca, puesto que además de en Burguillos, encontramos imágenes escultóricas de San Sebastián en Castilblanco de los Arroyos (aparte de una ermita en su honor desaparecida), Guillena (con otra ermita en su honor que actualmente acoge la capilla del cementerio), Villaverde del Río, Cantillana, Brenes (con Ermita en su honor), y Alcalá del Río; siendo patrón actualmente de las poblaciones de de Villaverde del Río, Cantillana y Brenes.
San Sebastián, mártir. Anónimo. h. 1500, antes de la restauración de 2009. Retablo mayor iglesia parroquial de San Cristóbal, mártir.
      Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de San Sebastián;
LEYENDA
   Nacido en las Galias, en la localidad de Narbona, y según san Ambrosio, criado en Milán, era centurión de la primera cohorte en los tiempos del emperador Diocleciano.
   Denunciado porque exhortó a sus jóvenes amigos Marcos y Marcelino a permanecer firmes en su fe, por orden de Diocleciano fue atado a un pos­te en el centro del Campo de Marte, y sirvió de diana viva a los arqueros que lo asaetearon «hasta el punto de parecerse a un erizo (ut quasi  heridus videretur)». «El cuerpo del bendito mártir estaba lleno de saetas, como un erizo.»
   Pero al contrario de lo que asegura un error muy difundido no murió por ello, se salvó, igual que san Juan del baño en el aceite hirviente.
   La viuda Irene, que quería levantar su cuerpo para darle sepultura, advirtió que aún respiraba, vendó sus heridas y le salvó la vida.
   Después de su curación reapareció ante Diocleciano para reprocharle su crueldad contra los cristianos. Entonces fue flagelado, se le dio muerte a palos en el circo y su cadáver fue arrojado a la cloaca Máxima.
   Por lo tanto hay que diferenciar dos martirios de san Sebastián: el primero, el más popular, del cual escapa, y el último, menos noble y pictórico, que los artistas han preferido ignorar.
   San Sebastián se aparece a santa Lucila mientras ésta duerme, para revelarle el sitio donde se encuentran sus restos, y le pide que le dé sepultura en las catacumbas, junto a los restos de los apóstoles (vestigia Apostolorum).
Fotografía de San Sebastián, mártir, de la iglesia parroquial San Cristóbal, mártir, de Burguillos, realizada en 1929.
CULTO
   San Sebastián estaba considerado, después de san Pedro y san Pablo, como el tercer patrón de Roma. Su cabeza, o más bien un fragmento de su cráneo, se conservaba desde el siglo IX en la iglesia de los Cuatro Santos Coronados sobre el Caelius, en un copón de plata cincelada que heredó el museo cris­tiano de la Biblioteca Vaticana.
   Sus reliquias fueron transportadas a la basílica de San Sebastián extramuros. En Francia se pretendía que sus reliquias estaban en posesión de la abadía de Saint Medard de Soissons, cuyo abad era gran maestre de la noble arquería y de los caballeros de san Sebastián. En el siglo XVI, durante las Guerras de Religión, fue víctima de la hagiofobia de los hugonotes.
   Las flechas, que habían sido el instrumento del suplicio y se convirtieron en su atributo, le valieron el patronazgo de numerosas corporaciones: arqueros y ballesteros; el de los tapiceros, porque las flechas que lo erizaban parecían gruesas agujas de tapicería; de los vendedores de hierro, porque las puntas de flecha eran de hierro.
   Pero su inmensa popularidad en la Edad Media deriva, esencialmente, del poder antipestoso que se le atribuía, en una época en que las epidemias de peste diezmaban a la humanidad. San Sebastián era el primero de los santos antipestosos (Pestheiligen), el «depulsor pestilitatis», y fue a ese título que se lo introdujo en Alemania en el grupo de los Catorce Intercesores.
   Tal como ocurriera con san Francisco de Asís, sus devotos llegaron a asimilarlo a Jesucristo. El árbol al que lo ataran se comparaba con la cruz de Jesús, y sus cinco heridas con las llagas de Cristo.
   ¿Por qué fue elegido como patrón contra la peste? Se han intentado dos explicaciones. La primera es que, según una antigua creencia, el pueblo se representaba la peste como una lluvia de flechas lanzadas por un dios irri­tado. En La Ilíada, es el arquero divino Apolo quien dispara las saetas de la plaga. Los judíos también estaban persuadidos de ello. En el Salmo 7: 13- 14, puede leerse que Yavé «tiende su arco y apunta. / Apareja los instrumentos de muerte, / hace encendidas sus saetas». Job, cubierto de úlceras, cree que «las flechas del Todopoderoso» lo han atravesado.
   A decir verdad, san Sebastián no lanza flechas, al contrario, sirve de blanco a éstas. No cabe duda, pero según la leyenda, habría sido atravesado por multitud de flechas sin morir por ello. Sus devotos llegaron a la conclusión de que él podría inmunizarlos también a ellos contra las saetas de la peste. Otra objeción, más difícil de rebatir y que se presenta inmediatamente al es­píritu, es que los otros santos antipestosos: san Antonio, san Adrián y san Roque, nunca tuvieron flechas como atributo.
   Además, esta explicación, demasiado sutil, fue cuestionada por el Padre Delehaye. El erudito bolandista atribuye el patronazgo de san Sebastián al éxito de su intervención, mencionada por Pablo diácono, durante la peste que devastó Roma en el año 680. En cualquier caso, fue a partir de entonces que san Sebastián fue considerado patrón de los apestados. Las Actas Sanct Sebastíaní (Hechos de san Sebastián) no dicen nada acerca de su «patrocinium contra pestem». En 590 fue al arcángel san Miguel a quien invocó el papa Gregorio Magno para que cesara una epidemia de peste en Roma. Por lo tanto parece probado que la función antipestosa de san Sebastián proce­de de finales del siglo VII.
   Desde entonces toda la cristiandad, siguiendo el ejemplo de Roma, lo invoca confiadamente contra «las flechas de Dios».
   Las flechas de san Sebastián servían como amuletos, y con ellas se tocaban los alimentos. Su nombre se consideraba protector contra la peste.
   El culto de san Sebastián perdió vigor a medida que las epidemias de peste fueron desapareciendo. Passato il perico / o, dimenticato il santo. Además, sufrió la competencia de otros santos especializados en el mismo servicio: san Roque de Montpellier y luego, en el siglo XVII, el milanés san Carlos Borromeo, patrocinado por los jesuitas. Ambos tenían sobre san Sebastián la ventaja de haber curado apestados de verdad, e incluso, en el caso de san Roque, haber enfermado de peste mientras asistían a los enfermos.
   De ahí que después de haber sido extremadamente popular, san Sebastián, víctima de los progresos de la higiene y de la competencia de patrones más calificados, en la actualidad haya pasado de moda.
   Sólo le queda el patronazgo, comprometedor e inconfesable de los sodomitas u homosexuales, seducidos por su desnudez de efebo apolíneo, glorifi­cada por Sodoma.
Fotografía de San Sebastián, mártir, (desaparecido en 1936) de la iglesia parroquial Sta. Mª de Consolación, de Cazalla de la Sierra, realizada en 1929.
ICONOGRAFÍA
   Su Iconografía es extremadamente rica por tres razones. Durante toda la Edad Media, el miedo a la peste y la devoción de las cofradías de arqueros multiplica­ron sus imágenes. El Renacimiento lo adoptó porque su martirio era un có­modo pretexto para glorificar la belleza del cuerpo desnudo.
   Según que predominara uno u otro designio, se lo ha representado de muy diferente manera: ya viejo y barbudo, ya con los rasgos de un efebo imber­be, a veces vestido, y otras desnudo.
   El tipo anciano y barbudo prevaleció hasta el siglo XV, y está justificado por la leyenda que hizo de san Sebastián un capitán de la guardia del em­perador.
   Con ese aspecto se lo representó en el mosaico de la iglesia de San Pietro in Vincoli, que sin duda se encargó como exvoto después de la peste de 680, al igual que en los frescos romanos de la iglesia de San Saba (hacia 700) y de la iglesia de Santa Maria Pallara, sobre el Palatino (siglo XI).
   Ese tipo vuelve a encontrarse en el siglo XIII, en el ábside de la iglesia de San Giorgio in Velabro, en el siglo XV en un retablo de Marçal de Sà, en la Puebla de Vallbona, cerca de Valencia, y sobrevivió todavía en el siglo XVI (P. Veronés) e incluso en el siglo XVII (Pacheco).
   No obstante, a partir de finales del siglo XV, se impuso el tipo juvenil. La misma evolución se observa, paralelamente, en la indumentaria.
   En sus orígenes, san Sebastián siempre aparecía vestido a la manera antigua, según la moda de su época.
   Ese tipo se implantó en la escuela española que casi siempre representa a san Sebastián vestido, por escrúpulo de decencia. Pero en vez de atribuirle un traje militar o un aarmadura -lo cual, tratándose de un centurión romano, sería lo más lógico- los pintores españoles lo disfrazaron de doncel equipado para la caza, con un arco y flechas en la mano.
   El Renacimiento italiano rompe con esta tradición y difunde el tipo pagano del Apolo desnudo (Sodoma). El arte de los países del Norte se adhirió tímidamente a esa línea. El san Sebastián de Memling es sólo un semidesnu­do, hasta la cintura, que todavía conserva las calzas. Pero el paganismo italiano acabó por triunfar, incluso contra el pudor español, al menos en Cataluña y en Valencia, en donde pueden citarse numerosos ejemplos de san Sebastián desnudo (Marçal de Sà, Juan Reixach, Pedro Orrente).
   El santo está casi siempre de pie, atado a un árbol, a un poste o a una columna, a causa de una contaminación con Cristo atado a la columna, o La flagelación de Cristo. No obstante, en un cuadro de Honthorst, que se conserva en la National Gallery de Londres, está sentado. En la basílica de San Sebastián, en Roma, el escultor Antonio Giorgini, inspirándose en un modelo de Bernini, lo convierte en un yacente.
   A partir del siglo XV, el atributo casi constante de san Sebastián es una gavilla de flechas. Se citan sólo uno o dos ejemplos de omisión de tal emblema: una estatua de Rossellino, en Empoli, y un cuadro de la escuela de Guido Reni, en la iglesia de Meudon. Pero lo que debe subrayarse es que, a dife­rencia de los otros santos, casi nunca tiene los instrumentos de su martirio en la mano, al menos cuando está desnudo. Por una excepción infrecuen­te en la iconografía cristiana, que se explica por su carácter de intercesor con­tra la peste, que pretendía traducirse visualmente de una manera impresionante, está representado en el momento del suplicio, atado y atravesado por las flechas.
   Las flechas que lo traspasan suelen ser tres, pero a veces está erizado como un acerico, con los dardos ya repartidos en todo el cuerpo, ya agrupados en el pecho. Excepcionalmente, sostiene un arco.
   La escuela de escultura champañesa del siglo XVI le hace llevar el gran collar de la orden de san Miguel, insignia de la cofradía de los arqueros. Recordemos que el arcángel san Miguel también era invocado contra la peste.
   A causa de una contaminación con el tema de la Virgen de Misericordia y de santa Úrsula, en un fresco de Benozzo Gozzoli que se conserva en San Gimignano, se lo ve proteger con su manto a los fieles de las flechas de la peste.
   Con frecuencia aparece asociado en los exvotos con otros santos antipestosos: san Antonio, en el retablo de los Antonitas de Issenheim (Museo de Colmar), con san Roque, en un cuadro de Correggio (1525, Galería Dresde) y en el retablo de Hans Schaufelein, que se encuentra en la iglesia de Ober Sankt Veit(Viena).
   Suele formar pareja con el papa san Fabián, cuya fiesta se celebraba el mismo día (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 2 de julio de 2018

Callejero de Burguillos: La avenida Alcalde José Cuesta Godoy

Mostramos imágenes (realizadas por Google Maps en septiembre de 2008 y agosto de 2016) de la avenida Alcalde José Cuesta Godoy, en Burguillos.
Rótulo de la avenida Alcalde José Cuesta Godoy.
   La avenida (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, no posee una adscripción precisa. En términos generales, corresponden a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la villa; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. Sin embargo, en algunos casos las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad. La avenida posee sobre todo un valor simbólico, y prueba de ello es que en Burguillos la avenida por excelencia es la hoy denominada Arroyo Paso de la Villa, muy transitada, y así es reconocida sólo como la avenida) está dedicada al alcalde José Cuesta Godoy, primer edil que fue de nuestro pueblo de 1988 a 1995.
Callejero oficial del Ayto. de Burguillos con situación de la avenida Alcalde José Cuesta Godoy.
Mapa de Burguillos con situación de la avenida Alcalde José Cuesta Godoy.
Fotografía aérea de la avenida Alcalde José Cuesta Godoy.
   "José Cuesta Godoy nació en Burguillos el 22 de septiembre de 1930. Casado y con cuatro hijos, fue comerciante y celador en el Hospital Universitadrio de la Macarena. Se inicia en política en 1960 como concejal del Ayuntamiento. En las elecciones de 1979 es tercero en la candidatura del PSOE y sale elegido concejal. Conflictos con el Partido Socialista le lleva a encabezar en 1983 la candidatura del PA y revalida su acta de concejal. En las elecciones de 1987 figura en segundo lugar de la candidatura andalucista y accede a la alcaldía en agosto de 1988 al dimitir el anterior alcalde, también del PA. En 1991 un pacto con IU-CA lo mantiene en la alcaldía, que pierde en 1995. 
José Cuesta Godoy recibiendo un obsequio en su etapa de alcalde (del libro HURTADO SÁNCHEZ, José. Alcaldes y Alcaldesas de la Provincia de Sevilla. Historias de Vida. 1979-2011. Tomo I, Diputación de Sevilla, Sevilla, 2011.)
   En las elecciones de 1999 es candidato andalucista pero no sale elegido concejal. Fundador y presidente del AMPA del CP Manuel Medina y de la Peña flamenca "La Era", perteneció a la Asociación de la Tercera Edad y a la AAVV "Tierra Nueva". Actualmente se encuentra internado en una residencia al tener mermada sus facultades." (Texto recogido de: HURTADO SÁNCHEZ, José. Alcaldes y Alcaldesas de la Provincia de Sevilla. Historias de Vida. 1979-2011. Tomo I, pág. 503-504, Diputación de Sevilla, Sevilla, 2011).
Inicio de la avda. Alcalde José Cuesta Godoy.
Cruce de la avda. Alcalde José Cuesta Godoy con la c/ Melisa.
Cruce de la avda. Alcalde José Cuesta Godoy con inicio de la c/ Albahaca.
Final de la avda. Alcalde José Cuesta Godoy con la c/ Lavanda.
Vista del Final de la avda. Alcalde José Cuesta Godoy desde la c/ Lavanda.
   La avenida Alcalde José Cuesta Godoy está situada en el barrio de La Ermita. Va de la calle carretera de Villaverde a la calle Lavanda, siendo punto de partida de las calles Melisa, Albahaca y la propia Lavanda, y tiene una longitud de 300 metros aproximadamente, siendo bidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado en su tramos inicial (desde el inicio hasta el cruce con la calle Melisa) y final (desde el cruce con la calle Albahaca hasta el final de la avenida), y unidireccional en sentido ascendente (desde el cruce con la calle Melisa hasta el cruce con la calle Albahaca), asfaltada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por pocas viviendas unifamiliares de autoconstrucción de una y dos plantas en altura, formando parte de una zona residencial, aunque también comercial con varios establecimientos de hostelería así como de otros servicios terciarios, y varios solares aún por construir. También destaca porque su flanco derecho está conformado en su primera parte (hasta el cruce con la calle Albahaca) por un solar que se habilita como zona de aparcamiento del cercano recinto ferial, mientras que su segunda parte está íntegramente formada por una zona ajardinada, que la separan de la carretera proveniente de Alcalá del Río.
   La avenida Alcalde José Cuesta Godoy es, históricamente, una vía antigua, puesto que formaba parte del camino que surgía de la propia población y que se dirigía a la Ermita de San Sebastián (hoy lamentablemente desaparecida y de la que nos queda la interesantísima imagen escultórica del titular del templo, depositada en la iglesia parroquial de San Cristóbal) que se situaba en el entorno de lo que hoy es el Restaurante Casa Luis, asfaltado a finales del siglo XX y denominada como Avenida Cruz de la Ermita hasta el 6 de diciembre de 2011 en la que como homenaje a quien fuera alcalde de Burguillos se rotula con su actual denominación.

lunes, 2 de enero de 2017

Bibliografía: Descripción de Burguillos en "Diccionario Geográfico - Estadístico - Histórico de España y sus posesiones de Ultramar", por Pascual Madoz 1845-1850, reeditado en 1986.

   Mostramos en "Historia de Burguillos" la descripción que de nuestro pueblo se hace en el "Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar", publicado por Pascual Madoz entre 1845 y 1850, y reeditado en 1986 por la editorial Ámbito en el caso del tomo dedicado a la provincia de Sevilla.
Portada de la reedición del Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, por Pascual Madoz.
   Pues bien, en su página 50, encontramos el artículo dedicado a nuestro pueblo que pasamos a transcribir literalmente, completando entre paréntesis la explicación de las abreviaturas:
Pág. 50 del tomo de Sevilla del Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, por Pascual Madoz.
   "BURGUILLOS: v. (villa) con ayunt. (ayuntamiento) en la prov. (provincia), part.. jud. (partido judicial) (juzgado 3º), aud. (audiencia) terr. (territorio, territorial), dióc. (diócesis) y c. g. (capitanía general) de Sevilla (3 leg. (legua)); SIT. (situación, situado a) en una pequeña colina á la falda de Sierra Morena, combatida por los vientos E. (Este) y NE. (Nordeste), mas propensa á calenturas intermitentes que á otras enfermedades, con 88 CASAS, inclusa la consistorial, con los cuartuchos que sirven de cárcel, escuela de niños y de niñas, dotada la primera, á la que asisten unos 12 alumnos, con 2,200 rs. (reales) y la segunda con 1,100; igl. (iglesia) parr. (parroquia, parroquial) (San Cristóbal) de entrada, servida por un cura de nombramiento ordinario, un sochantre y un sacristan; y arruinadas, la ermita de San Sebastian y la igl. (iglesia) del suprimido conv. (convento) de franciscos terceros, denominado Sancti Spiritus del Monte, la primera al salir del pueblo para Sevilla y el conv. (convento) en la deh. (dehesa) de las Arenas á la falda de Sierra - Morena. El TÉRM. (término) confina al N. (Norte) con Castilblanco y Villaverde; E. (Este) Villaverde, y S. (Sur) y O. (Oeste) con Alcalá del Rio, á la dist. (dista, distante, distancia) desde 1/4 á 3/4 de leg. (legua): en él se hallan 2 fuentes, de cuyas aguas se surte el vecindario, varios manantiales y el cortijo Muda-pelo: el TERRENO es de inferior calidad con los montes de El Coto, las Cardonas, Peralejo, Dehesa de las Arenas y los Valdios, los 2 primeros de encina y monte bajo, y los demas sin arbolado. Los CAMINOS son malos, para Castilblanco, Villaverde, Alcalá del Rio y Guillena: la CORRESPONDENCIA se recibe de Sevilla en dias indeterminados, por un vec. (vecino) que vá á buscarla. PROD. (productos) granos y un poco de aceite, y cria algun ganado vacuno, lanar, pocos cerdos, muy abundante caza menor y bastante mayor. IND. (industria, industrial): un molino de aceite y otro malo de harina; se estraen granos y lana. POBL. (población): 82 vec. (vecinos), 343 alm. (almas). CAP. (capital) PROD. (productos) para contr. (contribución) directas 2.034,966 rs. (reales) 22 mrs. (maravedís): producto 61,049: cap. (capital) prod. (productos) para contr. (contribución) indirectas 711,433 rs. (reales) 11 mrs. (maravedís). CONTR. (contribución) de cuota fija: 17,398 rs. (reales) 25 mrs. (maravedís)".
   De su detenida lectura podemos comprobar el cambio tan importante que ha experimentado nuestro pueblo en todos los órdenes, pero sobre todo destaca la pérdida patrimonial de dos edificios religiosos como fueron la Ermita de San Sebastián (que se encontraba en el actual barrio de La Ermita) y el Convento de Franciscanos Terceros Sancti Spiritus del Monte (que se encontraba cercano al Coto), así como la pérdida de parte de su ecosistema ya que se menciona que por aquel entonces existía en nuestro término la posibilidad de la caza mayor, hoy limitada a la menor, ya que las especies de la caza mayor, han desaparecido de nuestro pueblo.