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lunes, 3 de mayo de 2021

Arte: La Cruz Parroquial, de José Alexandre y Ezquerra, en la Iglesia de Burguillos

   Mostramos en Historia de Burguillos una reseña sobre la Cruz Parroquial de nuestra Iglesia de San Cristóbal, mártir.      

   Hoy, 3 de mayo, la Iglesia conmemora la "Invención de la Santa Cruz", es decir el hallazgo de la por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Al tratarse de una fiesta relacionada con la pasión de Cristo, su Cruz, la fiesta en rito romano será de color rojo. "Invención" (del latín invenio, "descubrir") es el nombre litúrgico y oficial. En cambio Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces es la denominación popular. Se festeja el 3 de mayo, y la Iglesia católica, según el rito romano, ha situado el hallazgo de la santa Cruz. Es una festividad muy extendida en España e Hispanoamérica. Pero tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII, en 1960 con el motu proprio Rubricarum instructum, perdió importancia en el calendario romano.

   La iglesia parroquial de la villa de Burguillos conserva entre sus bienes muebles un importante conjunto de piezas de plata, entre las que destaca la cruz parroquial, una verdadera obra maestra de la platería sevillana del siglo XVIII. Esta obra ha ido recogida en los diferentes catálogos, guías e inventarios artísticas realizados en la provincia sevillana, aunque aún está carente de un estudio más profundo que intentaremos plasmar en estas líneas.

  Las cruces parroquiales en España surgen durante la Edad Media, momento en el que se convierten en símbolos representativos de una iglesia parroquial y de su feligresía en todos los actos públicos externos e internos que se realizaban. Por ello, desde el principio, estas obras se tendieron a realizar en materiales preciosos que aludiesen a la importancia y riqueza del templo, siendo sobre todo la plata el material predilecto para las mismas. En Andalucía se comienzan a elaborar estas piezas sobre todo a partir del partir del siglo XV, momento en el que los talleres de platería de las grandes ciudades son más numerosos e importantes. Entre las ciudades andaluzas destacará Sevilla, que a partir de este momento, y tras el descubrimiento de América, vivirá momentos de esplendor en todos los sentidos, que se reflejará en las artes y tendrá un exponente importante en la platería, gracias a la afluencia constante de ingentes cantidades de plata americana. De hecho, las cruces parroquiales sevillanas, llamadas procesionales por ser llevadas en estos rituales externos, se realizaran durante el siglo XV, aunque será entre los siglos XVI y XVIII, cuando los plateros sevillanos ideen prototipos y formas representativas del buen hacer de la platería sevillana, y que influirán, sobre todo durante el Renacimiento, en otros muchos centros plateros de la geografía nacional.

   Como hemos mencionado con anterioridad, la parroquia de Burguillos conserva un ejemplar dieciochesco de cierta relevancia por su representatividad dentro de un tipo muy concreto. Realmente, se trata de un modelo que deriva del tipo renacentista iniciado con Francisco Merino en la cruz metropolitana de la Catedral de Sevilla, aunque transformado por la estética rococó a la que pertenece la pieza. Será a partir de este ejemplar catedralicio, cuando las cruces parroquiales sevillanas, y en general en todas las tierras hispánicas, adquieran el formato de cruz latina de brazos rectos terminados en ensanchamientos y el nudo, es decir, la parte inferior donde se asienta la cruz, adquiera un perfil torneado. Durante el Barroco, la cruz sevillana se reviste de la ornamentación que se reproducía en las artes mayores, sobre todo de flores y tallos de apariencia carnosa, que provocarán la propia modificación de los brazos hacia una mayor flexibilidad y movimiento, aunque siempre guardando cierta armonía. Pero durante la segunda mitad del siglo XVIII, la cruz parroquial sevillana vivirá otra transformación plástica, cuyo ejemplo lo encontramos en la propia cruz de Burguillos.

   Como se puede apreciar en nuestra cruz, el periodo Rococó se caracterizará por la aparición de un nuevo elemento decorativo de carácter arriñonado y rodeado de "ces" vegetales, la rocalla. Este adorno va a cubrir todas las partes de la superficie de los brazos de la cruz, modificando igualmente los perfiles de estos, haciéndolos asimétricos y ondulados, y finalizando los pequeños en remates vegetales. Todo ello, acompañado por la figura de Cristo Expirante, en su diseño clásico de este periodo, que aparece colgado en el anverso de la cruz, y cuya cabeza es rodeada por el tondo circular del crucero que le sirve de aureola y que en la parte trasera se cubre también por rocalla. El mismo efecto se produce en el nudo o manzana, compuesto por cuerpo cilíndrico cubierto por casquete semicircular y base ancha y panzuda, en la que sus formas se hacen más blandas y delicadas, y donde aún perviven unas arcaizantes asitas que también se amoldan al movimiento sinuoso de la rocalla. Finalmente, la pieza se completa con un cilindro o enchufe que encaja en el varal que la sustenta y que se recubre por una cadeneta o guirnalda de "ces" aveneradas. Este nuevo modelo, que realmente posee un recuerdo bastante lejano del modelo primigenio del Renacimiento, será el que se ponga en boga durante este periodo cronológico en todo el Antiguo Reino de Sevilla, conservándose ejemplares similares en muchas parroquias sevillanas, como por ejemplo en la iglesia mayor de San Miguel de Morón de la Frontera, en la parroquia de San Bartolomé de Carmona, o en la parroquial del cercano pueblo de Gerena.

   Desafortunadamente, la documentación parroquial no recoge el momento en el que fue encargada la obra, ni tampoco los costes que supuso su realización. Sin embargo, la aparición en el nudo de las marcas de platería, nos despeja el camino para poder conocer el autor de la obra y su cronología. Las marcas de plateros son las señales que debían presentar todas las piezas de platería realizadas en una ciudad y que daban fe de la legalidad de la propia obra. Esta legalidad quedaba constatada con el punzón del marcador, platero que se encargaba de este menester, y que estampaba en todas las piezas el símbolo de la ciudad y su propio sello. En el caso de Sevilla, el elemento simbólico ciudadano desde el siglo XV fue la Giralda que aparece en esta cruz con su forma más estilizada y realista. Junto a la torre, el sello del marcador CARDEN, que fue el utilizado por Nicolás de Cárdenas durante el periodo en el que ocupó este cargo, entre 1756 y 1780, y que siempre se acompañó de un pequeño cochinillo del que desconocemos su significado. Al lado de estas tres marcas, aparecía el sello del autor, que en este caso se puede leer ALEXANDRE, alusivo al platero de origen zaragozano José Alexandre, uno de los plateros más importantes de este periodo. Finalmente, junto a este conjunto de punzones, en esta ocasión y como caso excepcional, aparece también un sello cronológico en el que se puede leer la cifra 79, claramente alusiva a la fecha de terminación de la obra, que sería 1779.

   Finalmente tan sólo nos queda hacer mención al buen estado de conservación que presenta la obra, aunque hemos podido constatar a través de fotografías antiguas, que faltan los típicos rayos del crucero, algo que no resta belleza a este buen ejemplo de cruz sevillana dieciochesca (Antonio Joaquín Santos Márquez, en Patrona de Burguillos, 2003).

   Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz
   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.

La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.

   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)

   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz
   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
   La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio

   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.
3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la Inventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes. 
 Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.

Iconografía
   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.

   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.) 
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
   Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 7 de octubre de 2019

Arte: Nuestra Señora del Santo Rosario en la Iglesia de Burguillos

   Mostramos en Historia de Burguillos la imagen de Nuestra Señora del Santo Rosario que preside el retablo de la capilla sacramental de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que hoy es 7 de octubre, Memoria de la Santísima Virgen María del Rosario. En este día se pide la ayuda de la Santa Madre de Dios por medio del Rosario o corona mariana, meditando los misterios de Cristo bajo la guía de aquella que estuvo especialmente unida a la Encarnación, Pasión y Resurrección del Hijo de Dios [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].

    

    

    

    
   Y que mejor día que hoy para analizar dicha imagen de Nuestra Señora del Santo Rosario.
   Para el análisis histórico-artístico de la imagen de Nuestra Señora del Rosario transcribimos el informe presentado por mi amigo Antonio Joaquín Santos Márquez para el expediente presentado por la Hermandad de la Virgen del Rosario para su Coronación Canónica, y publicado en el boletín extraordinario editado por la propia hermandad en mayo de 2009 (pág. 16 y 17), y que es el siguiente:
   "La imagen de Nuestra Señora del Rosario, patrona inmemorial de la población sevillana de Burguillos y venerada en la parroquia de San Cristóbal Mártir de dicha localidad, ha centrado durante toda su historia, y lo sigue haciendo en la actualidad, la devoción mariana de sus habitantes. El cuidado que todos ellos han tenido a lo largo de los siglos de Santo Icono y de sus  enseres, ha hecho que el pueblo y su hermandad homónima, cuenten hoy con uno de los emblemas iconográficos más representativos del culto católico en Burguillos, y que a su vez se convierte en uno de los referentes esenciales del patrimonio histórico-artístico de la propia villa.
Nuestra Señora del Santo Rosario, hacia 1960.
   A la hora de abordar la calidad artística de la mencionada obra, debemos detenernos en un primer momento, en un análisis formal y estilístico de esta imagen mariana, para continuar con la apoyatura histórica que nos permita comprender su entidad patrimonial.
   Se trata de una imagen de candelero, que mide 1,51 m. de altura, realizada en madera conífera, con mascarilla de pasta policromada y encarnada, y con postizos como son los ojos de cristal, las pestañas naturales y una negra cabellera ondulada realizada en pasta de madera igualmente policromada. Su rostro, con unos rasgos faciales muy delicados y finos, es soportado por un potente y rotundo cuello que de forma recta hace inclinar el óvalo craneal hacia delante en una clara posición hierática. De su faz destacan sus ojos almendrados de mirada espiritual, perdida y amorosa, los cuales están perfilados por unas alargadas pestañas y enmarcados por unas arqueadas cejas que refuerzan la dulce mirada de Nuestra Señora. Se completa el icono con una nariz recta y alargada de aletas contenidas y una peregrina sonrisa que dulcifica más si cabe su belleza. Esta mascarilla se ve complementada por una policromía donde dominan los tonos blanquecinos y rosáceos, centrándose estos últimos en los carrillos y párpados, algo común en las encarnaduras dieciochescas.
   En su estilizado y erguido candelero, de moderna factura y, como es habitual en este tipo de imágenes, sin interés alguno ya que su función primordial es la de recibir las mejores prendas para ataviar a la Madre de Dios, se engarzan además las manos con las que porta el cetro de Reina y su Hijo. La del brazo derecho muestra sus dígitos totalmente flexionados, haciendo el simulacro de tomar el cetro argénteo, mientras que con la izquierda, y una posición totalmente abierta, toma al Divino Infante. El modelado de ambas es correcto, no siendo las originarias que eran mucho más elegantes y gesticulantes, las cuales aún pueden contemplarse en algunas fotografías antiguas.
Nuestra Señora del Santo Rosario, hacia 1980.
   Con respecto al Niño Jesús, habría que decir que se trata de una escultura de bulto redondo, de unos 50 cm. de altura y realizada igualmente en madera tallada y policromada, la cual presenta idénticos postizos que su Santa Madre. De agitada e inestable postura, se muestra sentado en el trono materno, con sus piernas flexionadas y dispuestas en posición diagonal, mientra que sus brazos se adelantan, para con la mano derecha bendecir de forma trinitaria, y con la izquierda mostrar el orbe de plata que en la actualidad no posee. Lo más destacado si cabe es su rostro que representa una clara cercanía con la belleza delicada de su Madre, en la que los ojos postizos y cristalinos ligeramente entornados, su pequeña nariz y su carnosa boca entreabierta recuerdan mucho a los rasgos faciales maternos. Su rizado cabello negro que enmarca su rostro y deja ver en parte las orejas, contrasta con la blanquecina policromía, la cual reproduce los mismos detalles rosáceos en carrillos y párpados, contrastado con la del resto del cuerpo que está tan conseguida, posiblemente debido a que su función no era la de ser vista sino la de recibir los atuendos bordados con los que aún hoy día viste tanto en su altar como en su salida procesional.
   Finalmente, no podemos olvidar para concluir con el análisis de la Virgen, la peana de nubes y querubes donde se erige el candelero que a pesar de no ser de la misma calidad técnica y estética que presenta la imagen, se convierte en un referente básico en la consecución del Simulacro Mariano. Asimismo, las preseas argentíferas con las que se adornan a las imágenes, el santo rosario que cuelga tanto de las manos de la Virgen y del Niño, así como el referido cetro, son elementos esenciales en la plasmación de la iconografía de su advocación, que se ve apoyada a su vez por el manto rojo y la saya blanca, ambos bordados, que luce los días de su festividad y que son sus colores litúrgicos.
   Sin embargo, todo este aspecto formal e iconográfico que acabamos de analizar y que presenta en la actualidad la Virgen, es el resultado de numerosas intervenciones desde que aquel anónimo escultor efigiaza esta Santa y Sagrada Imagen. Los datos históricos tenidos tanto de la hermandad como de la escultura así lo ratifican, por lo que seguidamente expondremos los mismos para concluir nuestra exposición con las hipótesis sobre la antigüedad de la imagen y las restauraciones y añadidos que ha sufrido a lo largo de su larga historia.
   Los referentes documentales tenidos hasta el día de hoy certifican lo vetusta de una devoción y de una escultura que sin lugar a dudas es una de las piezas más antiguas que guarda la parroquia. Estos datos históricos van indisolublemente unidos a los avatares históricos de su cofradía, cuyos orígenes inciertos actuales investigaciones los remontan al siglo XVI, momento en el que ya un grupo de hermanos daba culto a Santa María, la cual a partir del siglo XVII tomaría la advocación del Santo Rosario. De este periodo serán los primeros datos que alertan de una imagen de candelero venerada en la parroquial y que poseía un importante ajuar de bordados y plata. Esta antigüedad parece corroborarse si tenemos en cuenta que durante el siglo XVIII la hermandad mantiene la misma escultura como centro de su devoción, ya que en su libro de cuentas, que abarca de los años 1710 a 1850, nada se dice de una suplantación de la escultura, sino de una serie de remodelaciones y restauraciones que le dieron la apariencia dieciochesca que a primera vista presenta. Postizos, nueva policromía y posiblemente un Niño Jesús nuevo, fueron los elementos que se le añadieron a la antigua talla. Adaptaciones a las modas temporales se continuaron imponiendo en la misma, destacando algunas de las que se tiene constancia documental como las que se ejecutaron entre los años 1838 y 1839, posiblemente por aquel mismo escultor sevillano que había hecho lo propio con el titular del templo, Diego Delgado. Ya en el siglo XX, habría que añadir también la ejecución de la peana de nubes a principio de esta centuria y la remodelación que en 1976 realizó el escultor Manuel Domínguez, el cual transformó considerablemente la fisonomía que durante los siglos XVIII y XIX se le había dado a la Virgen, añadiéndose ahora nuevas manos que sustituyeron a las originarias, en la actualidad en paradero desconocido. No obstante, gracias a la magistral intervención del profesor y restaurador D. Juan Manuel Miñarro efectuada en el año 1993, se configuró devolver a la Sagrada Efigie gran parte del aspecto que tuvo durante la centuria dieciochesca, dando a conocer además unos rasgos formales y técnicos vitales y esenciales para el propio conocimiento de los orígenes y devenir histórico de la misma.
Nuestra Señora del Santo Rosario, hacia el año 2000.
   Así pues, podemos concluir nuestro análisis histórico-artístico, afirmando la importancia, envergadura y calidad de una imagen que posiblemente hunde sus raíces en los talleres de imaginería del siglo XVI. De esta época tan sólo conserva la cabeza de rasgos de fuerte sabor clásico, a lo que habría que añadir el referido grosor del cuello que la soporta, los cuales recuerdan fórmulas propias de la escuela escultórica sevillana de la segunda mitad de esta centuria, dentro de la corriente estética manierista. No obstante, bien es cierto que posiblemente por el fuerte deterioro de la imagen, por darle un aspecto más barroquizante, o por otra causa que se nos escapa, en los años centrales del siglo XVIII sufrió una fuerte remodelación, siendo en este momento cuando también se le añadió la cabellera al originario icono, se le colocaran los ojos de cristal y los restantes postizos antes aludidos, además de una nueva policromía que borrará cualquier huella de la anterior y que es la que actualmente presenta. Sin embargo, el elemento esencial e innovador que ahora se le añade, será el Niño Jesús, obra de escultor igualmente anónimo que, siguiendo las pautas marcadas por el rostro de su madre, supo darle con gran maestría ese parecido lógico de su vínculo materno-filial. Por ello, no es de extrañar que siempre se haya catalogado la imagen como propia de los talleres sevillanos dieciochescos, sin que se apreciara la verdadera antigüedad de la Madre y Señora de Burguillos.
   Por lo tanto, y ante lo aquí expuesto, tan sólo nos quedaría añadir, que además de la aludida y reconocida calidad artística de la pieza, la fuerte devoción que despierta entre los burguilleros y el amor tan arrollador que éstos tienen a su Madre, bastarían para que fuese considerada la más bella creación que se conserva y venera en este pueblo sevillano." 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santísima Virgen María del Rosario;
   La devoción de la Virgen del Rosario, esencialmente de los dominicos, está muy vinculada con el culto de la Virgen de Misericordia del cual, en ciertos aspectos, no es más que una prolongación.
   El rosario (rosarium) etimológicamente designa una corona de rosas: es una variedad de sarta de cuentas, chapel o chapelet en francés arcaico, usual hasta el siglo XVI, con el mismo sentido. Las cuentas estaban representadas como rosas blancas y rojas que luego se reemplazaron por bolas de dos clases, las más grandes para los Pater que comienzan cada decena, y las más pequeñas para los Ave. El gran rosario se compone de ciento cincuenta Ave María que se llamaba Patenostre Damedie (en francés arcaico, Patenôtre es una corrupción de Patrenostre -Pater Noster-), al tiempo que el pequeño rosario, que es un tercio de grande, sólo tiene cincuenta.
   En suma, es un instrumento para contar, un ábaco, como aquéllos que empleaban los comerciantes y que usan los musulmanes, aunque en este caso sirvan para contar plegarias y no dinero.
   Los dominicos hacían remontar el origen de esta devoción al fundador de la orden, en consecuencia, al siglo XIII. Alrededor de 1210 la Virgen se habría aparecido a Santo Domingo y le habría entregado un rosario que éste llamó corona de rosas de Nuestra Señora, y fue gracias a ese talismán que habría triunfado contra la herejía albigense.
   En realidad, como lo demostraron los bolandistas, el rosario no es una intervención de Santo Domingo sino de un santo bretón de su orden, personaje poco edificante, y hasta de una lujuria desvergonzada, que se llamaba Alain de la Roche (Alanus de Rupe) que vivió a finales del siglo XV. Hacia 1470 escribió una obra titulada De Utilitate Psalterii Mariae, que fue traducido a todas las lenguas.
   En 1475, Sprenger, el prior de los dominicos de Colonia, especie de Torquemada alemán, autor del famoso Malleus Maleficarum (Martillo de las brujas), instituyó en esta ciudad la primera cofradía del Rosario, que fue aprobada por una bula pontificia. La Virgen del Rosario no apareció sobre ningún documento figurativo anterior al último cuarto del siglo XV (no obstante, en algunos pequeños bajorrelieves ingleses de alabastro, que normalmente datan del siglo XIV, se ve aparecer, junto al arcángel San Miguel que pesa las almas en la balanza, a la Virgen que intenta engañar, como Satán, pero en sentido opuesto, esforzándose en inclinar la balanza en favor de un alma en peligro, colocando un rosario sobre el extremo del astil). Se trata entonces de una devoción tardía, más o menos contemporánea del culto de la Virgen de los Siete Dolores o de las Siete Espadas, y muy posterior a las Vírgenes de la Piedad y de Misericordia.
   Gracias a la propaganda de los dominicos que patrocinaron cofradías del Rosario en todas partes, esta nueva devoción se difundió con asombrosa rapidez. El papa le atribuyó en 1571 el mérito de la victoria de Lepanto sobre la flota turca.
Iconografía
   Para representar a la Virgen del Rosario, los dominicos tomaron en principio el tipo de la Virgen de Misericordia. En un tríptico de la iglesia de San Andrés de Colonia, fechado en 1474, que es la primera representación conocida del tema, la Virgen sólo se distingue de la Schutzmantelmadonna porque su manto está estirado como una cortina por dos santos dominicos, Santo Domingo y San Pedro Mártir, y porque dos ángeles sostienen una triple corona de rosas sobre su cabeza.
   Una segunda fórmula, que no tardó en sustituir a esta imitación, no fue mucho más original: esta vez los dominicos tomaron el modelo de la Virgen de los Siete Gozos o de los Siete Dolores, rodeada por una aureola de tondos. La Virgen del Rosario se inscribe en una sarta en forma de mandorla, compuesta por grandes rosas historiadas que se intercalan entre cada decena. La Salutación Angélica de Veit Stoss, suspendida de la cúpula de la iglesia de San Lorenzo de Nuremberg, es uno de los ejemplos más conocidos de este tipo: el grupo mariano se inscribe en un rosario de cincuenta pequeñas rosas separadas por tondos.
   Por último, se vio aparecer un tercer tipo iconográfico que excluye definitivamente estas contaminaciones. La Virgen se representó sentada, con el Niño Jesús sobre las rodillas, y es ella o el Niño quienes presentan el rosario a Santo Domingo.
   A la Virgen dominica del Rosario, los carmelitas opusieron la Virgen del Escapulario. Nuestra Señora del Carmelo se habría aparecido al general de la orden San Simón Stock, y le habría entregado un escapulario, prometiéndole que quienquiera lo llevase estaría al abrigo de las penas del Infierno e incluso de las del Purgatorio (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Historia de la Solemnidad del Rosario;    
      Esta fiesta, ligada al ejercicio piadoso del rezo del salterio mariano, tiene su origen en las Cofradías del Rosario, que florecieron en la segunda mitad del siglo XV, las cuales acostumbraban a solemnizar el primer domingo de octubre con la misa de la Virgen Salve radix sancta del Rito Dominicano.  El diecisiete de marzo de 1572 inscribió San Pío V Ghislieri en el Martirologio Romano en el día siete de octubre el título de Santa María de la Victoria para conmemorar la victoria de Lepanto, que había acaecido el domingo siete de octubre del año anterior, 1571.  Dos años más tarde, Gregorio XIII Boncompagni, por la Bula Monet Apostolus de uno de abril de 1573, permitió que se celebrase una fiesta en honor del Santísimo Rosario el primer domingo de octubre en las iglesias o capillas que venerasen tal advocación mariana en memoria de la intercesión mariana en la victoria naval. Fue extendida a toda la Iglesia Latina el tres de octubre de 1716 por Clemente XI Albani tras la victoria sobre los turcos en Peterwardein. Benedicto XIII Orsini, dominico, le introdujo lecciones propias. León XIII Pecci, gran devoto y propagador del rosario le concedió Oficio propio en 1888. Fue fijada en la fecha actual el año 1913 en la reforma del calendario de San Pío X Sarto y en el 1969 figura como memoria obligatoria (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).

lunes, 22 de octubre de 2018

Actualidad: Afortunadamente el Sagrario de la parroquia de Burguillos vuelve a su estado primigenio.

   Afortunadamente ha imperado la cordura y el Sagrario de plata de la iglesia parroquial San Cristóbal de nuestro pueblo vuelve a lucir desde el pasado verano en todo su esplendor tal y como se concibiera en los talleres de Orfebrería Villarreal.
   Ya con este hecho me siento enormemente satisfecho de la creación de este blog "Historia de Burguillos" que nació con ese fin que no es otro que dar a conocer la historia de todo lo que concierne a nuestro pueblo y como no podía ser de otra manera luchar para salvaguardar el patrimonio histórico-artístico existente, así que tras la entrada del 14 de agosto del pasado año (pinchar aquí), muchos amigos me comentaron la valentía aquí expuesta ... pero todo ha valido la pena.
Estado del Sagrario desde este pasado verano.
   Tras el desaguisado cometido por la parroquia, parece que la lógica y la razón han imperado y con motivo del traslado extraordinario de la Virgen del Rosario desde el presbiterio hasta su capilla tras su restauración, pude realizar varias fotografías que atestiguan la vuelta al estado en el que siempre estuvo sin esos añadidos ridículos y caprichosos que nada aportaban.
   Desde este humilde blog vamos a apostar siempre por salvaguardar el patrimonio de nuestro pueblo, y en esta ocasión se ha demostrado que la justicia, la razón y la lógica triunfan.
   Finalmente, desde "Historia de Burguillos", desear que no se cometan más atropellos contra el patrimonio de Burguillos, pues el legado que nos han transmitido nuestros antepasados es obligación de todos el cuidarlo para que todos los disfrutemos y lo leguemos al futuro.

lunes, 14 de agosto de 2017

Actualidad: ¿Qué han hecho con el Sagrario de la parroquia de Burguillos?.

   La actualidad manda y desde "Historia de Burguillos" nos tenemos que hacer eco de lo que consideramos un atentado contra el patrimonio artístico de todos los burguilleros.
   El pasado lunes 7 de agosto de 2017 a las 16:54 h. el Facebook oficial de nuestra parroquia publica una información sobre la ampliación y mejora del Sagrario de la parroquia que, visto lo visto, nos parece un auténtico despropósito.
   En dicha noticia, que transcribimos íntegramente, se dice que:
   "El pasado viernes (4 de agosto de 2017), se procedió a la ampliación y mejora del Sagrario de nuestra parroquia. Dicho enriquecimiento tiene como fin la mayor honra posible a Jesucristo Real y Presente, consistiendo en la realización de una pe(a)na dorada con respaldo forrado en damasco burdeos y rematado por un medio techo que lleva incrustada una cenefa de metal plateado al igual que la peana.
   Dichos trabajos han sido realizados por Orfebrería Giralda y el escultor D. Jaime Babío Núñez, que son además los encargados de ejecutar la custodia procesional.
   Los costes de este proyecto han sido sufragados de forma íntegra y desinteresada por los mencionados artistas, lo cual le estamos eternamente agradecidos y que el Señor en su infinita bondad se lo premie."
   La información se completa con las siguientes fotografías:
Imagen del Facebook oficial de la parroquia de Burguillos del estado actual del Sagrario en el retablo de la Virgen del Rosario.
Imagen del Facebook oficial de la parroquia de Burguillos de un detalle del nuevo dosel del Sagrario en el retablo de la Virgen del Rosario, que oculta por completo la peana en forma de nube de Ntra. Sra. del Rosario.
Imagen del Facebook oficial de la parroquia de Burguillos del lateral actual del Sagrario en el retablo de la Virgen del Rosario, en el que se comprueba la ocultación total de la peana en forma de nube de Ntra. Sra. del Rosario.
Imagen del Facebook oficial de la parroquia de Burguillos de un detalle del nuevo dosel del Sagrario en el retablo de la Virgen del Rosario.
Imagen del Facebook oficial de la parroquia de Burguillos de un detalle de la nueva peana del Sagrario en el retablo de la Virgen del Rosario.
   Basta comparar estas fotografías del Facebook oficial de la Parroquia de Burguillos con fotografías anteriores del Sagrario tal y como lo concibieron los orfebres del prestigioso taller sevillano Orfebrería Villarreal quienes en 1954 realizaron la caja eucarística de la capilla sacramental, que en esas mismas fechas fue remozada en su cubierta con nuevas yeserías neobarrocas.
    Como se puede comprobar el penacho en forma de frontón ha sido retirado y colocado en el nuevo dosel, una actuación que me parece lamentable pues desvirtúa el diseño original, al que se le añaden nuevos elementos que en mi opinión no aporta nada y, lo que es peor, no sigue la línea de lo que ya había.
   Y también hay que destacar que ahora se oculta por completo la peana en forma de nube de la Santísima Virgen del Rosario, hecho lamentable pues desvirtúa la iconografía de la Virgen del Rosario que todo burguillero tiene en su mente desde al menos los años '20 del pasado siglo XX.
   ¿Por qué? la respuesta la tendrá que dar el señor párroco pero me parece que antes de efectuar algo así, se podría consultar ... cuánta falta hace en nuestro pueblo una entidad, asociación o lo que hiciera falta para preservar y luchar por el patrimonio y la historia de Burguillos, porque lamentablemente estamos en las manos de que todo el que pasa por aquí quiere dejar su impronta sin respetar tradiciones, costumbres ... y no se hace más que destrozar el patrimonio, y lo peor es que nadie dice nada y parece que a todos les gusta ... Increíble.
   En mi condición de burguillero e historiador del arte tengo que denunciar este nuevo atentado contra el patrimonio de Burguillos y pido la rectificación y restitución del Sagrario original.
   A ver cuántos burguilleros se unen y no miran para otro lado ...
Imagen del Sagrario original en el retablo de la Virgen del Rosario.
Imagen lateral del Sagrario original en el retablo de la Virgen del Rosario.
Imagen del otro lateral del Sagrario original en el retablo de la Virgen del Rosario.
Otra imagen lateral del Sagrario original en el retablo de la Virgen del Rosario.
Imagen de la puerta del Sagrario original en el retablo de la Virgen del Rosario.
   Por último, os dejo el artículo "El Sagrario de la capilla del Rosario de la parroquia de Burguillos" publicado por Antonio J. Santos Márquez en el boletín nº 14 de "Patrona de Burguillos" del año 2008, editado por la Hermandad de la Virgen del Rosario, ocupando las páginas 42 y 43, en el que se estudia el Sagrario de nuestra parroquia, y que pasamos a transcribir íntegramente:
Pág. 42 del Boletín nº 14 de "Patrona de Burguillos".
   "La parroquia de la villa de Burguillos presenta en su nave lateral una recoleta y bella capilla sacramental, donde se venera la mayor devoción de este pueblo, la Virgen del Rosario. Además del valor artístico incuestionable de la patrona y alcaldesa perpetua burguillera, el recinto guarda varias obras de gran interés, entre las que destaca su retablo de estípites y los diferentes elementos que lo componen, entre los que merece una mención especial el bello sagrario plateado que hoy día guarda la eucaristía en esta iglesia.
   El sagrario es una obra neobarroca realizada en los talleres de Villarreal entre 1953 y 19541. Se trata de una pieza cúbica de madera con sus paredes recubiertas con placas de metal plateado y en las que aparece una rica decoración repujada. En este exorno se mezclan diferentes motivos ornamentales propios del repertorio dieciochesco, ya que se puede considerar una obra inspirada en los modelos de estilo rococó tardío realizados a finales del siglo XVIII en los talleres andaluces. La parte más importante es la frontal, en la cual se emula una portada de cierto sabor clásico aunque recubierta por los motivos neobarrocos aludidos. Así, a rasgos generales, presenta dos pilastras extremas que enmarcan la puerta semicircular central que cierra el espacio interior reservado al Santísimo. Además de las flores, hojas, roleos y acantos propios de estas recreaciones neobarrocas, el conjunto también muestra una ornamentación propiamente eucarística, ya que en él aparecen unas guirnaldas tanto de vides como de espigas situadas en las pilastras extremas. Sin embargo, lo que más llama la atención dentro de este programa iconográfico es el ostensorio que está repujado en la puerta, de grandes proporciones y bella factura. Alzado sobre un pedestal de hojas enroscadas, adquiere una traza bulbosa tanto en la peana como en el astil, destacando el sol de rayos rectos y ondulados que surgen del viril, con otra guirnalda de flores recorriendo su superficie, y coronándose con un grueso orbe rematado por una cruz de diseño igualmente bulboso. Este frontal finaliza en un penacho superior, a modo de frontón, sobre una volada cornisa cubierta con hojas de acanto. El penacho sigue también los modelos arquitectónicos dieciochescos, apareciendo dos aletones enroscados en los laterales que soportan un frontón triangular en el centro, rematando este último toda la composición. Tanto en su superficie como en la de la sagrada forma del ostensorio aparece el anagrama de Cristo, JHS, el cual completa la iconografía sacramental propia de estas obras de altar. Pero además, la pieza se completa con las decoraciones que aparecen en las paredes laterales, las cuales se caracterizan por desvincularse de los elementos descritos con anterioridad. De hecho, se trata de dos espejos laureados con cortinajes y guirnaldas que están sacados del repertorio decorativo neoclásico. Esta mescolanza de estilos en el diseño, es típico de las producciones eclécticas realizadas durante el siglo XX en los talleres sevillanos, y que como hemos hecho antes mención, se le ha venido catalogando como neobarroco.
Pág. 42 del Boletín nº 14 de "Patrona de Burguillos".
   La aparición de estos sagrarios de plata se remonta al siglo XVI, y más concretamente tras el Concilio de Trento, momento en el que la Iglesia potencia de forma inusitada el culto sacramental y patrocina en las iglesias la creación de espacios apropiados para el mismo. En Sevilla y su provincia será a partir de la magnífica caja eucarística realizada para el altar mayor de la Catedral Hispalense por el platero Francisco de Alfaro en 1593, cuando las iglesias de mayor importancia proyecten para sus templos y capillas sacramentales obras similares para contener la eucaristía2. Por ello, durante los siglos XVII, XVIII y XIX, las parroquias y las hermandades sacramentales encargarán a muchos orfebres la realización de estas obras en plata, las cuales podían ir exentas o acopladas a retablos preexistentes o coetáneos3. Sin embargo, será durante el siglo XX cuando la mayor parte de las iglesias opten por poseer sagrarios realizados en metales nobles, siendo orfebres como Cayetano González y Fernando Marmolejo, los que marquen las directrices estilísticas que van a serguir otros obradores como es el caso de los talleres de Villarreal y en concreto el ejemplar que nos ocupa4.
   Además, estas capillas sacramentales tenían normalmente una vinculación importante con el culto mariano que igualmente y como es sabido por todos, cobra una inusitada proyección también durante el Quinientos. Así, en los retablos y altares de estas capillas dedicadas al culto del Santísimo, aparecen imágenes marianas, destacando dos advocaciones, la de la Purísima Concepción y sobre todo la del Santo Rosario. Sin embargo, en su origen esta vinculación era mucho más estrecha, ya que muchas de estas imágenes de la Virgen servían también para ser contenedoras de la eucaristía, gracias a que en su pecho se abría una caja dónde se guardaban las sagradas formas, siendo una clara alegoría alusiva a la condición de la Virgen como primer sagrario de Cristo. Estas imágenes se hicieron comunes durante los siglos XV y XVI, aunque luego, esta función fue eliminada y separada, ocupando así el aludido lugar privilegiado en la hornacina pricipal de los retablos sobre la arqueta donde se custodia la eucaristía.
   Por lo tanto, no es gratuito el lugar privilegiado que hoy ocupa la patrona de Burguillos en esta iglesia, junto al Santísimo Sacramento y presidiendo todos los cultos sacramentales que se efectúan en la parroquia a lo largo de todo el año.
Antonio J. Santos Márquez.

NOTAS:
1 Esta información ha sido facilitada por N.H.D. Manuel Guerra Pérez.
2 SANZ, M.J.: La orfebrería sevillana del Barroco, Sevilla, 1976, t. II p. 182-183; PALOMERO,            J.M.: "La platería de la Catedral de Sevilla", La Catedral de Sevilla, Sevilla, 1986, pp. 610-611.
3 SANZ, M.J.: Ibidem.
4 La obra de estos orfebres se puede estudiar en GARCÍA OLLOQUI, M.V.: Orfebrería sevillana:          Cayetano González. Sevilla, 1992; ESPIRA CAPPA, A.M.: Fernando Marmolejo Camargo, Sevilla,    2003."

   A ver si esto vale para algo ...