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Historia, Patrimonio, Arte, Bibliografía, Hemeroteca, ... sobre nuestro pueblo: BURGUILLOS

lunes, 1 de abril de 2024

El Infante Don Fernando de Antequera, en Burguillos

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña del Infante Don Fernando de Antequera, que se aposentó en nuestro pueblo en torno a 1408-1412, junto a sus tropas, camino del sur de Andalucía para seguir con la reconquista, aprovechando que hoy, 1 de abril es el aniversario de su fallecimiento (1 de abril de 1416), por lo que hoy es el mejor día para hacer dicha reseña.


     En una entrada anterior Bibliografía: Burguillos en el libro "Inventario de los Papeles del Mayordomazgo del siglo XV", de Francisco Collantes de Terán, editado por el Archivo Municipal de Sevilla, en 1972, se mencionaban un par de documentos que mostraban su paso por nuestro pueblo del Infante Don Fernando de Antequera., y que eran los siguientes:

     Documento nº 169, correspondiente al año 1410, en la página 350, que pasamos a transcribir literalmente:
169.- Carta de franqueza de roda, almojarifazgo, servicio y otro cualquier pecho, que Sevilla otorgó por cuatro años, a partir del día de la fecha, a los vecinos y moradores del lugar de Burguillos, que se había despoblado a causa de los daños que habían recibido de la gente de la hueste que estuvo aposentada en dicho lugar, cuando el Infante don Fernando vino a Sevilla para entrar en tierra de moros, ganando a Zahara, Cañete, la Torre Alhaquime y otros lugares.- 24 de mayo de 1408.

     Documento nº 174, correspondiente al año 1411, en la página 394, que pasamos a transcribir literalmente:
174.- Carta de franqueza que Sevilla dio a su lugar de Burguillos, eximiéndole durante cuatro años, a partir del día de la fecha de la carta, del pago de pechos y tributos concejiles, por hallarse dicho lugar muy despoblado desde que se aposentaron en él las tropas del Infante don Fernando, cuando vino a la conquista de Zahara, Cañete, Valle de Abdelagis y otros lugares de tierra de moros, en cuya ocasión muchos vecinos se fueron a morar a otras villas y lugares.- 26 de abril de 1412.


Conozcamos mejor la Biografía del Infante Don Fernando de Antequera:
     Fernando I. El de Antequera. (Medina del Campo, Valladolid, 1379 – Igualada, Barcelona, 1 de abril de 1416). Regente de Castilla y rey de Aragón.
     Hijo segundo de Juan I de Castilla y Leonor de Aragón, hija de Pedro IV el Ceremonioso. Se educó en la Corte de su hermano Enrique III y a la muerte de éste, en diciembre de 1406, fue nombrado regente de su sobrino, el príncipe Juan, en unión de la reina viuda Catalina de Lancaster. Se abría la perspectiva de una larga minoría —el pequeño no contaba ni tan siquiera con dos años—, plagada de dificultades que fueron soslayadas, en parte, gracias a la diplomacia y habilidad política del infante. En el momento en que don Fernando tomó posesión del cargo de regente (15 de enero de 1407), su poder en la Península era indiscutible. Su padre le había nombrado duque de Peñafiel y conde de Mayorga en las Cortes de Guadalajara (1390), y también en esas mismas Cortes se había concertado su matrimonio, celebrado unos años después, con su tía Leonor de Alburquerque, la ricahembra castellana, hija del conde Sancho de Castilla, heredera de fértiles tierras en La Rioja, Castilla y Extremadura. Ningún noble podía parangonarse con él. Además de duque de Peñafiel, era señor de Lara, separada ésta definitivamente de Vizcaya, y tenía en sus manos algunos de los puntos clave del reino: Medina del Campo, Olmedo, Cuéllar, San Esteban de Gormaz, Castrojeriz, Villalón, Urueña... y por su matrimonio con su tía Leonor, un condado con tres núcleos de tierra en torno a Haro, Ledesma y Alburquerque. Puede decirse que Medina, Olmedo, Cuéllar y Villalón constituían entonces puntos neurálgicos de la vida económica de Castilla. Lana, trigo, cueros, dinero... dinamizaban el gran comercio exterior en una primera oleada de crecimiento económico castellano potenciado por la visible recuperación demográfica. Las ferias de Medina, fundadas y organizadas por don Fernando no fueron ajenas a este proceso. Tampoco Cuéllar con ferias desde 1390, año en que había sido cedida al infante, o Lerma, con celebraciones feriales desde 1409.
     Unos días después de la toma de posesión por parte de los regentes, el 27 de enero, se inauguraron las Cortes y se prestó en ellas el acostumbrado juramento.
     En el momento oportuno —siempre muy atento a los golpes de efecto—, en un cierto ambiente de agitación y descontento, el infante don Fernando hizo brillar el espejismo de la guerra musulmana, presentada ahora como continuación de una epopeya de siglos y como respuesta a la sangrienta derrota en la batalla de Collejeras, infringida por los granadinos a las tropas cristianas de Enrique III en 1406. A partir de entonces, y durante toda la regencia, la guerra se presenta como la gran empresa del infante que espera convertirse en paladín de la cristiandad, satisfacer sus deseos caballerescos y obtener ventajas políticas concretas para su poder. Algunas de éstas fueron visibles de inmediato, ya que la dirección de las operaciones le granjearon al infante la administración de 45.000.000 de maravedís que las Cortes habían votado, y un reparto en la gobernación del reino con la Reina viuda, previsto ya en el testamento de Enrique III. Al infante le correspondía gobernar la mitad meridional de Castilla, contando desde los puertos de Guadarrama, incluyendo todos lo señoríos que a él como duque de Peñafiel, conde de Alburquerque y señor de Lara correspondían, además de Alba de Tormes y Ayllón. Es preciso hacer notar que todos sus señoríos, menos Alburquerque, estaban enclavados en la mitad norte de la Península, y que en su zona de gobierno se hallaban, en cambio, los núcleos principales de las órdenes militares de Alcántara y de Santiago, a cuyos maestrazgos aspiraba en beneficio de sus hijos. Desde entonces, el infante llevó a cabo dos grandes campañas contra los musulmanes. La desarrollada a lo largo de 1407, y la de 1410, que culminó con la toma de Antequera, plaza entonces de gran interés estratégico, y que le granjeó el sobrenombre con que ha pasado a la historia. La primera, sin grandes hechos de armas, supuso la toma de Zahara y la no afortunada acción contra Setenil, cuyo asedio no pudo mantenerse ante un apreciable número de deserciones. Aún en contra de su voluntad, don Fernando tuvo que ordenar la retirada y mostrarse como vencido cuando el 10 de noviembre hacía su entrada en Sevilla. La iniciativa pasó entonces a los granadinos, que desarrollaron, no obstante, una contraofensiva limitada. El emir MuÊammad VII, después de intentar el asedio de Alcaudete, solicitó en 1408 una tregua, que el infante, bajo la presión de las Cortes y dados los problemas internos del reino, tuvo que aceptar. Su posición política se había debilitado enormemente.
     Sus fracasos en la guerra hicieron que la oposición, agrupada, arreciara en sus ataques, y don Fernando tuvo que enfrentarse a la rebeldía de un importante sector de la nobleza, auspiciado, en cierta medida, por la propia Reina viuda. Fue un año sumamente difícil —ambas partes apelaron incluso al Pontífice—, pero que se cerró con un saldo positivo. Las negociaciones resultaron fructíferas, y los hasta ese momento mayores adversarios, Diego López de Stúñiga y Juan de Velasco, colaboraron desde entonces con el fiel Sancho de Rojas en todas las empresas fernardinas. Paralelamente, el infante va ampliando el número de partidarios, reafirma posiciones y, sobre todo, diseña un plan para hacerse con el control indirecto de los maestrazgos de las órdenes militares que afectaría a la Alcántara y a la de Santiago, cuyas máximas dignidades quedaron vacantes por fallecimiento de los titulares. La sucesión iba a resultar problemática en ambas, y esas circunstancias no se desaprovecharon.
     En lo que respecta a Alcántara, la muerte del maestre Fernando Rodríguez de Villalobos en 1408, daba paso al enfrentamiento del comendador y del clavero de la Orden. El infante presentó la candidatura de su hijo, el infante Sancho, de apenas ocho años de edad. Lo insólito de la candidatura se justificó doblemente: se ponía fin a la discordia que desgarraba a la Orden y se atendía un sagrado deber cristiano, ya que las rentas del maestrazgo se destinarían, hasta la mayoría de edad de don Sancho, a la guerra contra el infiel. Los comendadores no presentaron resistencia y, tras la oportuna licencia por razón de edad, don Sancho fue elegido maestre en el monasterio de San Pablo de Valladolid, en presencia del Rey y de la Corte. Un año después, en 1409, moría el maestre de la Orden de Santiago. Don Fernando hizo elegir como maestre a otro de sus hijos, Enrique, también menor, pero en este caso tuvo que vencer la resistencia del comendador mediante la entrega de 500.000 maravedís.
     Se iban allanando las dificultades. Todo parecía en orden para reanudar las hostilidades. Y así, se preparó la segunda y decisiva gran campaña protagonizada por don Fernando que culminó con la conquista de Antequera en septiembre de 1410. La plaza sufrió un duro y prolongado asedio en el que defensores y atacantes hicieron alarde de valor antes de que la ciudad sucumbiera el 16 de septiembre, aunque todavía la guarnición, que se había retirado al castillo, resistió ocho días más antes de rendirse. El regente rodeó la victoria de gran solemnidad. Además, seguro de los golpes efectistas, quiso hacer presente la tradición reconquistadora castellana ordenando traer de León el histórico pendón de las Navas, custodiado en la colegiata de San Isidoro. La victoria había sido rotunda; rotunda iba a resultar también su rentabilidad política. Muy pronto se demostró.
     La muerte sin sucesión del monarca aragonés Martín el Humano (31 de mayo 1410), conocida por el infante cuando sitiaba Antequera, abría un horizonte inmenso, la posibilidad de convertir la hegemonía de su familia de castellana en peninsular. En calidad de nieto de Pedro el Ceremonioso, don Fernando se dispuso a hacer valer sus derechos al Trono. Castilla, en las Cortes de Valladolid, apoyó su candidatura al Trono aragonés y se aceptó, tras mediación expresa de la reina viuda Catalina —que acaso contaba con la posibilidad de una regencia única— que los subsidios votados para la guerra de Granada, 45.000.000 de maravedís, se destinasen a los gastos de su elección, considerada conveniente.
     Las tres líneas de acción esbozadas por el infante cuando asumió la regencia —reconciliación con el papa de Avignon, Benedicto XIII; desarme de la oligarquía nobiliaria en cuyo poder se hallaba de hecho el Rey niño y reanudación de la guerra contra el infiel y explotar su posible prestigio—, daban sus frutos. No cabía duda de que Castilla había entrado en el siglo XV con una amplia base de legitimación constitucional monárquica apoyada en dos circunstancias favorables: el ascenso de una nobleza de servicio, colaboradora del Rey, y fuerte consistencia de las Cortes. Además, resultaba un claro crecimiento económico debido a la expansión del comercio, al incremento de la producción textil y naval y a la liberalización de los cambios. Es fácil entender que, en esas circunstancias, Castilla juzgase que valía la pena intentar la aventura aragonesa. Esa “aventura” se había abierto al tratar de cumplir la última voluntad del rey Martín, muerto, como se ha dicho, sin sucesión: “determinar en justicia al sucesor”.
     Mientras se encontraba una solución, interregno, el reino se sumía en una serie de penosos conflictos internos, discordias, alborotos... al unirse a viejos y tradicionales pleitos la defensa de las candidaturas a la sucesión al Trono. En un primer momento fueron cinco los candidatos: Jaime, conde de Urgell, bisnieto de Alfonso IV; Luis de Anjou, duque de Calabria, nieto de Violante de Bar, viuda de Juan I; Alfonso, duque de Gandía, bisnieto de Jaime II; Fernando de Castilla, nieto de Pedro IV y sobrino del rey Martín por vía femenina; y Fadrique, nieto directo del rey Martín, pero pronto descartado por la ilegitimidad de su nacimiento (era hijo de Martín I, el Joven, y una siciliana). De ellos triunfó Fernando de Castilla, el candidato más apoyado y que mejor había trabajado durante el interregno para ganarse la voluntad de sus futuros súbditos, representados por los electores del Compromiso. Supo, además, conjugar los intereses de algunos protagonistas a título particular.
     Así, Benedicto XIII, quien veía en Fernando un firme apoyo en la cuestión del cisma al asegurar la mayoría peninsular hacia su causa, o el futuro san Vicente Ferrer, quien encontró en él, primero como regente castellano y después como monarca aragonés a un colaborador en sus planteamientos antihebraicos y de la presencia eclesiástica en la política gubernamental. No se olvide que había sido el propio Benedicto XIII quien propuso al Parlamento catalán en Tortosa y al aragonés en Alcañiz el nombramiento de nueve compromisarios, tres por cada reino, para que, reunidos en Caspe, examinaran los derechos de los candidatos y eligieran Rey. De estos compromisarios, los tres aragoneses, Domingo Ram, Berenguer de Bardaxí, Francés de Aranda; dos valencianos, Vicente y Bonifacio Ferrer, y un catalán, Bernat Gualbes, optaron por el infante castellano, por lo que al haber seis votos y, al menos, uno por cada reino, se dio por válida la opción, que se proclamó solemnemente el 28 de junio de 1412 en la iglesia mayor de Caspe. La decisión fue recibida satisfactoriamente en Aragón, no tanto en Valencia y mucho menos en Cataluña. Pero satisfacía, no obstante, a la mayoría, y evitaba el enfrentamiento, excepción del candidato desestimado Jaime de Urgell, que obligó al nuevo Monarca Fernando I (1412-1416) a combatirle hasta sitiarlo a lo largo de 1413 y desterrarlo, con el consentimiento casi generalizado de las fuerzas sociales y políticas de la Corona.
     La solución del Compromiso de Caspe, independientemente del debate historiográfico a que ha dado lugar, fue una decisión de equilibrio, que supo conjugar los intereses aragoneses, valencianos y una parte de los catalanes. Intereses aragoneses que aspiraban a un protagonismo perdido con los últimos monarcas de la Casa de Barcelona. Intereses valencianos de escalar hasta una posición idónea y equiparable a la de los otros reinos en el conjunto de la Corona, así como también intereses catalanes de concitar en un juego común las aspiraciones de parte de la nobleza más dinámica y de la burguesía barcelonesa del capital y las finanzas.
     El Compromiso ofrecía un nuevo Rey. La lógica alegría, el optimismo y la esperanza de que se pusiese fin a la inestabilidad política y social que se arrastraba desde tiempo atrás, se veía, no obstante, acompañada por el recelo ante un rey extranjero. Extranjero en el país y en la Corona. Era además un Trastámara castellano. Significaba el triunfo de una solución continental. Y el que Castilla superase en territorio y población a la Corona de Aragón (4.000.000 de hombres frente a 800.000), y que viviese una coyuntura expansiva frente a la crisis catalana, no hacía más que incrementar ese recelo. Por eso, cuando en 1412 llegó al Trono de Aragón la nueva dinastía Trastámara castellana, el Monarca se vio obligado, en primer lugar, a jurar los Fueros, Usos, Costumbres y Libertades del país, que sus súbditos guardaban celosamente. Así, Fernando I los jura solemnemente en la Seo de Zaragoza el 3 de septiembre de 1412, sobre la Cruz y los Evangelios sostenidos por el prelado de mayor dignidad del reino —en este caso, el obispo de Huesca al estar vacante Zaragoza— y ante la atenta mirada del justicia de Aragón, la más alta magistratura del país. A continuación, y en correspondencia, los procuradores o representantes de los cuatro brazos o estamentos parlamentarios, prestaron juramento al Rey según el formulario habitual. Cuatro días más tarde, el primogénito don Alfonso, futuro Alfonso V, fue jurado como heredero legítimo, después de que él mismo jurase los fueros igual que su padre.
     Tras estas ceremonias, se desarrollaron las sesiones de las primeras Cortes que se celebraron en Zaragoza en el breve plazo de los cuatro años de reinado. Su fin primordial: conocerse, pero también fijar la política de orden interno aconsejable desde el inicio de la nueva etapa política, encaminada a una voluntad de continuismo por parte de gobernantes y gobernados, a la extinción de las secuelas del pasado interregno —revueltas, desórdenes, alteraciones— y a la superación de la crisis económica que se venía arrastrando desde tiempo atrás. Estos objetivos se pueden hacer extensivos también a las segundas Cortes zaragozanas de 1414, que coincidirían con la solemne coronación. Para ésta se recuperó todo el rito tradicional de la Corte aragonesa. Fiestas, torneos, representaciones teatrales... y, sobre todo, una rememoración alegórica del sitio del castillo de Balaguer, último bastión del conde de Urgell. La ocasión era la más propicia para el acercamiento popular y la contemplación personal del séquito del Rey y de su aparato externo.
     Antes de estas ceremonias, Fernando I había efectuado también una larga estancia en Barcelona, reuniendo Cortes, en las que demostró, una vez más, su voluntad negociadora. Nobles y patriciado urbano aparecieron ante él como representación auténtica de Cataluña y con ellos pactó una política que anunciaba la que más adelante fue preconizada por la Biga. Las concesiones indicaban un retroceso hacia posiciones conservadoras: se prohibieron todas las asociaciones de menestrales y de remensas que se oponían al monopolio de los privilegiados; se suprimió el privilegio que permitía a los caballeros constituirse en brazo real de las Cortes; la justicia en Cataluña se encomendó a un regente que nombraría el Rey a propuesta del Canciller y el vicecanciller; y todos los privilegios que aseguraban el funcionamiento de la Diputación General, comisión permanente de las Cortes entre dos reuniones, fueron confirmados.
     Se puede decir que la tónica general del reinado fue de estrecheces económicas y apuros financieros. De ambas penurias hablan todas las Cortes convocadas por Fernando I y las medidas tomadas por la Administración. La crisis se debía más a la anormalidad imperante en el control de los recursos del país, a la no administración del patrimonio regio y a la ilimitación del gasto público, desorden que intentó corregir el Monarca desde su acceso al Trono. Quiso conocer desde el primer momento las rentas que le pertenecían y expresó su deseo de anular aquellas enajenaciones que, desde la centuria anterior, habían provocado una merma importante de los recursos. Hacienda, la política fiscal, el orden en la recogida y distribución de los recursos constituyó la primera, profunda y casi obsesiva preocupación del primer Trastámara aragonés, que en cuatro años obtuvo más logros en este campo que los monarcas precedentes y los que le siguieron en el Trono.
     En política exterior, parecía que Fernando I intentaba acomodarse a los deseos de aquellos súbditos que confiaban en que el restablecimiento de la hegemonía mediterránea produjera un alivio en las dificultades económicas. Por eso realizó una activa política en ese mar. Sujetó la isla de Sicilia que se hallaba en guerra civil permanente desde la muerte de Martín el Joven, y en cuanto a Cerdeña, isla siempre rebelde a la soberanía aragonesa de acuerdo con Génova, compró al vizconde de Narbona, que había sido proclamado Monarca, los derechos que le correspondían como heredero de la casa de Arbórea y envió a la isla una expedición para que volviese a su obediencia. A la vez, había firmado una tregua con Génova por cinco años. Todo ello más los tratados con Egipto y Fez, permitieron un cierto respiro al comercio catalán por la ruta de las islas hasta Alejandría, cuyo consulado se restableció.
     Sin embargo, la crisis catalana no podía ser atajada fácilmente. Paralela a la misma, se empieza a observar un cierto esplendor económico valenciano al fortalecer el reino levantino sus contactos con Castilla y el continente en general. Se conseguía, pues, una cierta estabilidad mediterránea. También se mantuvieron buenas relaciones con Francia e Inglaterra, y en general, con todas las potencias occidentales, incluido el Imperio alemán, con el que Fernando I tuvo que relacionarse por la cuestión del cisma de Occidente. La solución de este conflicto le llevó a una ruptura con Benedicto XIII, al que tanto debía. Siguiendo los acuerdos del concilio de Constanza, intentó, en vano, convencer al Pontífice para que renunciase a la tiara. Como éste no aceptó, tras el último intento de Perpiñán, Fernando I se apartó de su obediencia (6 de enero de 1416) poco antes de su muerte. ¿Deslealtad personal?, ¿deseo de no verse enfrentado al emperador Segismundo y a la práctica totalidad de las monarquías europeas..., o mérito religioso de Fernando en pro de la unidad de la Iglesia como quiere hacer ver su fiel cronista Leonardo Valla?
     La prematura muerte de Fernando I, tan sólo cuatro años de reinado, hace que se considere éste como un paso más, no simple transición, en el largo período de transformaciones estructurales profundas que arranca en los años precedentes y culmina en el reinado de Fernando el Católico. Los fuertes intereses en Castilla con los que la dinastía Trastámara llegó a Aragón repercutieron en la trayectoria política de los dos primeros Trastámaras aragoneses: Fernando I y su hijo Alfonso V el Magnánimo (1396-1458). También repercutieron en Castilla donde los intereses de sus hijos, los infantes de Aragón, parecían firmemente asentados. Por lo menos, Fernando había trabajado duramente para conseguirlo. Su primogénito, Alfonso, futuro Alfonso V de Aragón, contrajo matrimonio con María, hermana de Juan II de Castilla. El segundo, Juan, fue rey de Navarra por su matrimonio con Blanca, hija de Carlos III el Noble, y posteriormente, de Aragón, al suceder a su hermano mayor. Enrique, el tercer hijo, fue desde muy joven maestre de Santiago y obtuvo circunstancialmente el ducado de Villena, al casarse con su prima Catalina, hermana de Juan II de Castilla. El siguiente, Don Sancho, murió a los diecisiete años, tras haber sido desde los ocho maestre de Alcántara. Don Pedro, el último varón, murió en el sitio de Nápoles combatiendo por Alfonso V. Y de sus hijas, María fue mujer del rey castellano Juan II, y Leonor, esposa de don Duarte de Portugal y madre de Alfonso V el Africano. Y siguiendo adelante, se verá a la hija de Juan y Blanca de Navarra, llamada también Blanca, contraer matrimonio con Enrique IV de Castilla, y a un hijo de Juan, el príncipe Fernando, con Isabel, hermana de Enrique IV. Cabe añadir a estos intereses castellanos el control que obtuvo —aunque en parte se malograse— de las órdenes militares de Alcántara y Santiago cuando consiguió los maestrazgos para sus hijos Sancho y Enrique, respectivamente.
     Los cronistas del siglo XV ofrecen una bella imagen del regente castellano y Monarca aragonés. Tanto la Crónica de Juan II, de Alvar García de Santa María, como la de Lorenzo Valla, Historia de Fernando de Aragón, inspirada en gran parte en la primera, exaltan la gloriosa fidelidad del regente. Alvar García de Santa María recoge con admiración la escena en que algunos nobles aconsejan a Fernando, muerto Enrique III, que tome la Corona. Él rechaza la idea y es el primero en jurar al pequeño Rey. La escena la repite el cronista italiano en la obra que sobre su padre le encomendó Alfonso V de Aragón. El interés de Valla, como es lógico, es la justificación constante del proceder de Fernando I y la caracterización de su persona como ejemplo de virtud. También El Romancero, en su serie de romances sobre la toma de Antequera, contribuye a forjar el mito de Antequera y a idealizar la mentalidad caballeresca de su héroe: Fernando el de Antequera, mentalidad y actitud que él, en cierto modo, había desarrollado personalmente al fundar la Orden de la Jarra y el Grifo (Betsabé Caunedo del Potro, en Biografías de la Real Academia de la Historia).

lunes, 25 de marzo de 2024

Callejero de Burguillos: La calle Gaviota

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña e imágenes de la calle Gaviota, en Burguillos.


     La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos).




     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al centro geográfico de la localidad, o del Ayuntamiento, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Está dedicada a la Gaviota, aves clasificadas dentro del orden Charadriiformes y familia Laridae, pertenecientes al suborden Lari.


     Están estrechamente relacionados con los charranes, (Sternidae), los cuales eran considerados una subfamilia de las gaviotas. Laridae está compuestos por diez géneros y cincuenta y seis especies. Hasta el siglo xxi, la mayoría de las gaviotas fueron colocadas en el género Larus, pero este arreglo es ahora conocido por ser polifilético, lo que lleva a la resurrección de varios géneros.
     Las gaviotas son aves entre medianas y grandes, grises al ser crías y cambian al plumaje blanco cuando se hacen adultas, a menudo con marcas negras en la cabeza o las alas. Habitualmente producen llamadas ásperas que recuerdan el llanto o gruñidos, poseen un pico robusto y largo y sus pies son palmeados. La mayoría de las gaviotas, particularmente las especies de Larus, son omnívoras, predominantemente carnívoras, anidan en el suelo y capturan comida viva o la roban de manera oportunista. Los alimentos vivos a menudo incluyen cangrejos y peces pequeños. Las gaviotas tienen mandíbulas desencajadas que les permiten consumir grandes presas. Son aves muy vinculadas a las zonas costeras, si bien algunas especies, como la gaviota reidora, han colonizado zonas de interior y no es raro verlas en lagunas, embalses, lagos y cualquier masa de agua que les proporcione alimento, sin necesidad de retornar a la costa. Las especies grandes tardan hasta cuatro años en alcanzar el plumaje adulto completo, pero las especies pequeñas normalmente solo dos. Su esperanza de vida media suele ser elevada, con una edad máxima de cuarenta y nueve años para la gaviota argéntea.
     Las gaviotas anidan en colonias grandes, densamente pobladas y ruidosas. Ponen dos o tres huevos moteados en nidos compuestos de vegetación. Los jóvenes son precoces, nacidos con manchas moteadas oscuras y son capaces de moverse al nacer.​



     Las gaviotas -las especies más grandes en particular- son aves ingeniosas, curiosas e inteligentes,​ que demuestran complejos métodos de comunicación y una estructura social altamente desarrollada. Por ejemplo, muchas colonias de gaviotas muestran comportamiento de acoso (mobbing en inglés), atacando y acosando a posibles predadores y otros intrusos.​ Ciertas especies (por ejemplo, la gaviota arenque) han exhibido un comportamiento de uso de la herramienta, utilizando trozos de pan como cebo con el cual coger peces de colores, por ejemplo.​ Muchas especies de gaviotas han aprendido a coexistir con éxito con los seres humanos y han prosperado en los hábitats humanos.​ Otros confían en el cleptoparasitismo para obtener sus alimentos. Se ha observado que las gaviotas atacan a las ballenas vivas, aterrizando en la ballena mientras se encuentra en la superficie, para picar hacia fuera pedazos de carne.​
     Las gaviotas son ejemplares de aves marinas y son costeras. Su alimentación proviene de la pesca de peces, cangrejos, almejas, camarones, roedores, etc. De igual manera se alimenta de otras aves y suele comerse los huevos de otros pájaros y sus crías. También se alimenta de basura, es carroñera de todo tipo de desperdicios alimenticios.​


   La calle Gaviota está situada en el barrio de El Ejido. Es una calle que parte de la calle Matrona Francisca "La Carrasca", finalizando en la calle Antonio Mairena. Tiene una longitud de unos 30 metros aproximadamente, siendo peatonal, y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por viviendas de V.P.O., formando parte de una zona residencial. 
   La calle Gaviota es, históricamente, una vía moderna, puesto que fue creada con las primeras expansiones del Burguillos moderno, aprovechando parte del antiguo recinto ferial a finales del siglo XX, de ahí su sencillo comentario.  

lunes, 18 de marzo de 2024

Hemeroteca: El ascenso del maestro de Burguillos, José Franco Barrera, en el periódico "Gaceta de Instrucción Pública", del 6 de enero de 1905

     Mostramos en "Historia de Burguillos" la noticia recogida en la "Gaceta de Instrucción Pública", revista editada en Madrid, sobre los ascensos a algunos de los maestros de la provincia de Sevilla, entre los que se encontraban Don José Franco Barrera, que ejercía su profesión en Burguillos, y publicado el 6 de enero de 1905, y que se conserva en el archivo de la Biblioteca Nacional de España.
   "Gaceta de Instrucción Pública"; Periódico de carácter profesional en cuyo número prospecto, de uno de febrero de 1889, señala que será esencialmente práctico, “alejado de toda idea de partido o de sistema” y, por tanto, se eximirá de incluir artículos doctrinales. Insertará numerosas disposiciones y anuncios oficiales sobre la materia, referentes a la primera y segunda enseñanzas y a la superior universitaria, además de las resoluciones emitidas por cátedras, escuelas especiales (como la de archivos, bibliotecas y museos), junto a las referidas a oposiciones, concursos, nombramientos, etc. También tendrá secciones de noticias, bibliografía y material científico, consultas administrativas, correspondencia particular y anuncios comerciales, todas ellas referidas al mundo de la enseñanza. Se publica en números de ocho páginas, primero con una periodicidad decenal (los días 5, 15 y 25 de cada mes), que irá variando en el tiempo.
     Su propietaria y directora es María Encarnación de La Rigada Ramón (1863-1930), que empieza a publicar la revista al tiempo que inicia su carrera profesional como profesora de la Escuela Central de Maestras de Madrid. Más tarde se verá auxiliada en la edición del periódico por Andrés P. de la Mota, como redactor jefe; Luis de Góngora y Andux, como secretario de redacción, y Mercedes Tella y Francisco Carrillo Guerrero, como redactores.
     De La Rigada, de sólida formación y bien situada en los medios burgueses de la época, como señala en sus estudios Carmen Colmenar Orzaes, participó en diferentes congresos pedagógicos y llegó a desempeñar cargos públicos relacionados con su profesión. A pesar de que su periódico era estrictamente de carácter informativo, en los últimos años llega a incluir artículos doctrinales, en los que aparecen las posiciones reivindicativas de su directora en la defensa de los derechos profesionales y, en concreto, en lo referente a la discriminación salarial de maestras y profesoras.
     Junto a la cabecera de la revista se llegará a indicar que es el “periódico profesional de mayor información de España”, y con este título se publicará hasta el 30 de diciembre de 1907. A partir del cinco de enero de 1908 lo amplía a: Gaceta de instrucción pública y bellas artes, hasta su desaparición definitiva el 26 de septiembre de 1917.
      Pues bien, en la página 1212 de la edición del 6 de enero de 1905, a dos columnas, en la que se publican diversas noticias relacionadas con la educación, aunque la que nos interesa fundamentalmente a los burguilleros, es la que aparece en la parte media de la primera columna, sobre los ascensos de los maestros en la provincia sevillana, entre los que se encontraban los que imparten sus conocimientos en nuestro pueblo, y que pasamos a transcribir íntegramente:


NOTICIAS
PRIMERA ENSEÑANZA
     -Los Maestros propuestos por la Junta provincial de Instrucción pública para ascender en el escalafón del bienio de 1903 á 1904 son los siguientes:
     Maestros. - 1.ª clase. - Por méritos: D. José Cuervas y Zarco, de Se­villa. - Por antigüedad: D. Manuel Roig Esquinaldo.
     2.ª clase. - Por méritos: D. Francisco de Vargas  García, de Las Cabezas. - Por antigüedad: D. José María Araujo, de Olivares; D. Francisco Reyes Pérez, de Sevilla, y D. Antonio Vacas, de Dos Hermanas. 
     3.ª clase. - Por méritos: D. Eduardo Pérez Salinas, de Fuentes de An­dalucía; D. Juan Fernández Criado, Auxiliar de Sevilla, y D. Francisco Morillo de los Ríos, de La Rinconada. - Por antigüedad: D. José Monje Rubio, de Herrera; D. José Franco Barrera, de Burguillos; D. Francisco Mañas Herrera, de La Algaba; D. Manuel Gómez Fernández, de Sevilla, y D. Joaquín García Sánchez, de Mairena del Alcor.
     Maestras. - 1.ª clase. - Por méritos: D.ª Amparo Peláez Torres, Auxiliar de la graduada de Sevilla. - Por antigüedad: D.ª Asunción Medina­reno, de Estepa.
     2.ª clase. - Por méritos: Dª Ana Martín de la Cruz, de Casariche; Dª María del Robledo Mohedano, de Morón, y D.ª Catalina Sánchez de Osuna. - Por antigüedad: Dª Encarnación Gómez Javalquinto, de Marchena.
     3.ª clase. - Por méritos: D.ª Carlota Lucena, de Sevilla; D.ª Rosario Mateo, de Gelves; D.ª María Rosario Naranjo, de Calzada de la Sierra; D.ª Josefa Adamuz Mellado, de Écija; D.ª Trinidad Anta, de Sevilla.­ - Por antigüedad: D.ª María Miguer, de Constantina, y D.ª Eloísa Las y Mella, Auxiliar de Sevilla.

     Datos curiosos sobre los ascensos en el escalafón de los maestros de la provincia, que repercutieron en el profesorado de Burguillos, y que ya publicamos la misma noticia aparecida en la revista "La escuela moderna", con fecha de 24 de diciembre de 1904 (Hemeroteca: El ascenso del maestro de Burguillos, José Franco Barrera, en la revista "La Escuela Moderna", del 24 de diciembre de 1904).

lunes, 11 de marzo de 2024

Bibliografía: Burguillos en el libro "Catálogo de los Papeles del Mayordomazgo del siglo XV. Tomo III 1432-1442", de Deborah Kirschberg Schenck, y coordinado por Marcos Fernández Gómez, editado por el Archivo Municipal de Sevilla, en 2011

     Mostramos en Historia de Burguillos la reseña que se hacen de nuestro pueblo en el libro "Catálogo de los Papeles del Mayordomazgo del siglo XV. Tomo III 1432-1442", de Deborah Kirschberg Schenck, y coordinado por Marcos Fernández Gómez, editado por el Archivo Municipal de Sevilla, en 2011, uno de cuyos ejemplares podemos leer en el Archivo Municipal de Sevilla.

     Dicho libro es un recorrido por los fondos emanados de la actuación del mayordomo del cabildo hispalense, cuyas funciones definen y especifican las ordenanzas de Sevilla desde los tiempos de Alfonso XI. Los mayordomos eran dos, uno hijodalgo y otro ciudadano. El mayordomo hijodalgo, aunque ello  no pueda deducirse del contexto de las ordenanzas, parece un oficial puramente honorífico, ya que en ellas sólo se le atribuye como misión específica la de "requerir los castillos", es decir, cuidar de que se hallasen con la debida eficacia defensiva. La verdadera función administrativa correspondía, aunque no podemos afirmar que exclusivamente, al mayordomo ciudadano, designado conjuntamente con el hijodalgo anualmente por el Cabildo, aunque en ocasiones se prorrogase por dos o más años su gestión, entando en función el 1º de julio para terminar el 30 de junio del año siguiente. Por sus manos pasaba todo lo referente a la gestión de los bienes del Concejo en una doble vertiente: cobratoria y libratoria; es decir, la percepción de las rentas de sus propios y su inversión en las atenciones a que estaban afectos y a los gastos de todo orden que de la actuación municipal se originaban. Para la debida ejecución del primero de los aspectos de su función, la percepción de las rentas, el mayordomo debía tener a su disposición, aparte de documentales tales como su propia designación por el Cabildo y la confirmación de ésta por el Rey, en su caso, la fianza o fiadores exigidos por sus Ordenanzas para el desempeño del oficio, las condiciones con que el Cabildo acordaba anualmente el arrendamiento de las rentas de sus propios y la relación del remate de cada una de ellas por los arrendadores, las diligencias por el incumplimiento de aquellas condiciones por éstos con la sentencia recaída en cada caso y, en fin, la relación especificada de lo que rindieron las diferentes rentas. El estudio comparativo de estas relaciones anuales es de sumo interés, como es obvio, para trazar la curva de los ingresos del Concejo de Sevilla en casi los dos siglos que comprende la documentación conservada.

     En cuanto a la otra vertiente de la gestión del mayordomo, es decir, la libratoria, abarcaba una extraordinaria variedad de pagos para las múltiples atenciones que tenía a su cargo el Cabildo, unas de carácter fijo y anual, como la nómina de sus oficiales y otros cargos del mismo: alcaides de sus fortalezas, oficiales y obreros municipales con remuneración fija; pagos aleatorios o circunstanciales, como las obras públicas en la Ciudad o en su Tierra; gastos de carácter militar, como el reparo y abastecimiento de los castillos del sistema defensivo de su alfoz y la recluta y abastecimiento de las milicias del Concejo; gastos de carácter civil, como los referentes a las obras públicas, el sostenimiento de la traída de aguas para el abasto de la ciudad y el descarte de las residuales, previsión y reparación de daños catastróficos, especialmente los de las frecuentes avenidas, abastecimiento de pan de la Ciudad en épocas de carestía, reparos de los caminos y puentes y mantenimiento de un equipo de "troteros" para sostener un servicio eficaz de correos oficiales; el pago de profesionales de todo orden, escribanos, procuradores, médicos, cirujanos, maestros de primeras letras, artífices, ministriles, que cumplían las diferentes misiones que, regular y esporádicamente, les confiaba Sevilla. Esta enumeración, que está muy lejos de ser exhaustiva, pone bien de manifiesto el conjunto de datos que esta inapreciable colección de los Papeles del Mayordomazgo proporciona para penetrar en la historia interna de nuestra Ciudad en uno de los periodos más trascendentales y todavía más inexplorados de ella, porque el mayordomo acompaña siempre, como justificante de los pagos que realiza, la copia del libramiento del Cabildo en que le ordena realizarlo, en el que figura una razonada y detallada motivación del gasto, que con frecuencia se obtienen pormenores interesantes. Y como el mayordomo, normalmente, y con arreglo a las Ordenanzas, era elegido por un año y tenía que dar cuenta de su gestión al final de este plazo, esto lo hacía mediante la presentación a los contadores del Cabildo del "Libro del Mayordomazgo", en el que se relacionaban y justificaban documentalmente los ingresos y pagos del año, libros de los que se conservan los correspondientes a casi dos siglos, desde el último tercio del siglo XIV hasta mediados del XVI, a partir de cuya fecha se innova el sistema de la rendición de cuentas del mayordomo.
     Pues bien, en este caso, la referencia a Burguillos, la encontramos en el documento nº 443, XXV correspondiente al año 1442, en la página 181, que pasamos a transcribir literalmente:


443
1442, septiembre, 3. [Sevilla]
     Cuenta pormenorizada de lo que Manuel González de Ocaña, mayordomo de 1441–1442, pagó por libramientos del Cabildo. 

XXV. Por libramiento del Cabildo a Manuel González de Ocaña, mayordomo, a favor de Diego Alfonso, jurado de Santa María, 400 mrs. por entregar en Guadalcanal a Lope de Zúñiga, alcaide de la villa, y a sus alcaldes una carta que trata del asunto de los ganados que robaron a los vecinos de Fregenal de la Sierra algunos vecinos de Burguillos que estaban en Guadalcanal (1441, noviembre, 20).

     Otro documento más que aporta datos interesantísimos para conocer la historia de nuestro pueblo.

lunes, 4 de marzo de 2024

Geografía: El paraje "La Viña"

     Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del paraje "La Viña".


      El paraje de la Viña, lugar que toma su nombre de ser una zona dedicada al cultivo de la vid (y de ahí el nombre de Viña), probablemente dependiente del cercano Convento de Sancti Spiritus del Monte, de la Orden Tercera Franciscana que se encontraba en las inmediaciones.
   El cultivo de la Vid en nuestro término municipal, hoy desaparecido, debió ser en tiempos pasados importante, puesto que llevó a que hoy se conozcan dos parajes con ese nombre ("La Viña", y "La Casa Nueva de la Viña"), y que incluso a una familia burguillera, propietaria de parte de estas fincas, se las conozca con sobrenombre de "de La Viña".



     Al paraje de la Viña se llega tras salir del casco urbano de Burguillos, bien por la calle Real, o bien por la calle Blas Infante, tomar la Vereda de los Rodeos (la que pasa junto al Cementerio Municipal "Nuestra Señora del Rosario Coronada"), y poco antes de pasar bajo la segunda línea de alta tensión que nos encontremos, justo en un amplio cruce de caminos (en el paraje de la Cruz Chiquita), surge un camino al Noroeste que en unos pocos metros nos lleva directamente al paraje de la Viña, delimitada al Norte, por el paraje "El Lentiscal"; al Este, por la Casa Nueva de la Viña"; al Sur, por la misma Vereda de los Rodeos y el paraje "Cruz Chiquita"; y, al Oeste, por el Arroyo de los Carrizos y del Pilar de la Dehesa, encontrándose a unos 3,5 km. de nuestro pueblo y a una media de 150-160 m. de altitud. Señalar que todas las imágenes provienen del Instituto Geográfico Nacional.


lunes, 26 de febrero de 2024

Callejero de Burguillos: La calle Garza

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña e imágenes de la calle Garza, en Burguillos.

   La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos).



     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al centro geográfico de la localidad, o del Ayuntamiento, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Está dedicada a la Garza, ave de la orden de la familia de las Ardeidae.

     Son aves que se destacan por su aspecto esbelto y elegante, por su paciencia e inteligencia. La mayoría de las especies pasan casi todo el tiempo en el agua, ya sea salada, dulce o salobre, aunque no nadan, ni suelen zambullirse. Se les llama también garcita, garcilla, garceta, hocós, mirasoles y chiflones.
     Taxonómicamente se clasifica dentro del filo Chordata, subfilo Vertebrata, clase Aves, orden Pelecaniformes (tiempo atrás se clasificaban dentro del orden Ciconiiformes) y pertenecen a la familia Ardeidae.  A su vez, las Ardeidas se subdividen en cuatro subfamilias (Tigrisomatinae, Cochleariinae, Botaurinae y Ardeinae) y diecinueve géneros. Existen alrededor de 60 a 65 especies de garza.
     Todas las especies de garza se caracterizan por tener un cuello largo, piernas delgadas y largas, picos fuertes, rectos y puntiagudos. Las vértebras del cuello de estas aves son muy flexibles. Se acomodan de tal modo, que el cuello toma forma de letra “S”.
     La mayoría tiene anchas y largas alas. Poseen en el dedo medio algo parecido a un peine que emplea para acicalar su plumaje. Generalmente no presenta dimorfismo sexual.


     Otras características físicas, como el color del plumaje, el color del pico y de las patas, el tamaño y los adornos, varían dependiendo de la especie, veamos algunos ejemplos:
     La muy conocida garza blanca, tiene un plumaje predominantemente blanco, patas y dedos negros y pico amarillo. En época de anidación le crecen unos plumones suaves y frágiles en la parte posterior del cuerpo. Mide entre 88 y 104 cm y su peso puede llegar a un kilogramo.
     La garza ceniza tiene una fase en que su plumaje es blanco y otra en la que su cuello se torna gris pardo y el resto del cuerpo y las alas gris azulado. Tiene patas claras. Mide entre 97 y 130 cm y pesa hasta 2,5 kilogramos.
     La garza mora tiene un tamaño igual al de la garza ceniza, pero su plumaje es de color blanco, gris y negro, combinados de una forma de impresionante belleza. Durante la época de celo la base del pico y las patas se tornan rojizas.
    En esta familia de garzas se encuentra el avetorillo común o mirasol pequeño, la especie más pequeña de la familia. Mide entre 23 a 36 cm y pesa entre 59 a 150 gramos. Su cuello es largo con respecto al cuerpo, pero más pequeño que el del resto de las garzas. Las patas del mirasol pequeño son de color verde.
     La especie hocó muestra plumas con pintas o manchas que forman rayas oscuras, por lo que también se le llama garza tigre.


     Algunas especies son gregarias, como la garza blanca y la garcita bueyera. Otras solitarias como el mirasol grande y el hocó colorado. A otras se les ve en pequeños grupos y en ocasiones solitarias como la martinete común y la garza cucharera. Algunas andan solas o en pareja, como la garceta chiflón y la garza azul, aunque para nidificar se agrupan.
     La mayoría de las especies son de hábitos diurnos. Durante el día la garza ocupa casi todo su tiempo en buscar comida. Luego, se dispone a descansar cuando el sol se oculta, en la copa de los árboles, lejos de posibles depredadores. Otras son nocturnas, con mayor actividad en horas del crepúsculo y de la noche.
     Gracias a sus largas patas, merodea por las aguas poco profundas, que normalmente no supera la altura del pecho, de donde obtiene la mayoría de sus alimentos. Es una excelente pescadora y cazadora. Posee una aguda visión y audición para percibir su entorno y capturar las presas con mucha precisión, paciencia y perseverancia.
     Para cazar mueve su cuello a gran velocidad que, combinado con su largo y punzante pico, se traduce en un ataque infalible. Cuando vuela retrae su largo cuello y deja sus largas patas hacia atrás. El batido de sus alas es lento, sin embargo, esta ave es capaz  de volar largas distancias.
     Se comunica con sus pares con llamadas y posturas corporales. Normalmente suele ser un ave silenciosa, pero emite graznidos ensordecedores cuando es molestada o se encuentra en sus colonias de cría.
     La garza es capaz  de adaptarse a los cambios ambientales que le rodean. Un ejemplo de ello, es la garza ganadera, que se ha adaptado a vivir en la tierra en una relación simbiótica con los mamíferos que pastan. Se alimenta de los animalitos que el ganado asusta cuando pasta y de los parásitos de la piel del ganado.
     La garza se adapta a su hábitat al momento de alimentarse. La mayoría son carnívoras y otras son insectívoras. Se alimenta principalmente de peces, renacuajos, ranas, insectos acuáticos y pequeños reptiles.
     En oportunidades la garza se dirige a tierra firme para alimentarse de cangrejos, caracoles, pichones de otras aves, lombrices, insectos y gusanos. Colabora en el control de especies invasoras como la trucha arcoíris.
     Realiza exhibiciones de cortejo bastante elaboradas y llamativas. Estas consisten en estiramiento, retracción del cuello, vuelos y emisión de sonidos como chasquidos. Algunas especies, durante la época de apareamiento, sufren cambios en su plumaje para hacerse más llamativas y elegantes.
     Habitualmente la garza anida una vez por año, aunque algunas especies logran criar dos veces por año. Forma pareja para aparearse en cada temporada. Usualmente los nidos se construyen con ramas, hierbas y juncos que adhieren a las ramas de arbustos, árboles, juncales y la hierba alta cercana a los ríos y lagos. La altura para realizar su nido es de hasta los 20 metros.
     De todas las especies de ave, la garza ostentan el segundo lugar en la expansión natural más amplia y rápida, pues siendo originaria de África y el sur de Europa, actualmente se extiende por todo el planeta, a excepción de las regiones árticas y antárticas. Los gorriones ocupan el primer lugar.
     La garza ceniza y la garza blanca tienen una distribución global, que comprende América del Norte, desde Alaska y Canadá hasta los cayos de la Florida y México. Sigue al sur por América Central, las islas del Caribe y el norte de América del Sur. En América del Sur se destaca la Garza Mora. En Europa, Asia y África se destaca la Garza Real y la Garza Goliat.
     La mayoría de las especies pasan su vida cerca del agua o dentro de la misma. Es común encontrarlas en la orilla de los largos y ríos, en los pantanos, charcas, arroyos, en la costa del mar, campos de cultivo inundados y otro hábitat donde haya aguas poco profundas. Algunas, como la garcita bueyera que proviene de África, viven entre la maleza.
     Realmente la garza tiene pocos depredadores naturales, los más expuestos son las crías. Los cuervos, zorros, mapaches, visones y comadrejas se alimentan de los huevos de garza. Los osos, águilas, buitres y halcones de cola roja se alimentan de las aves jóvenes e incluso de los adultos.

   La calle Garza está situada en el barrio de El Ejido. Es una calle que parte de la calle Juan Carlos I, finalizando en la calle Matrona Francisca "La Carrasca", siendo inicio de la calle Cisne. Tiene una longitud de 75 metros aproximadamente, siendo bidireccional, y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por las traseras de viviendas de autoconstrucción en su acera izquierda, mientras que la derecha la conforman las traseras de otras viviendas V.P.O., formando parte de una zona residencial. 
   La calle Garza es, históricamente, una vía moderna, puesto que fue creada con las primeras expansiones del Burguillos moderno, aprovechando parte del antiguo recinto ferial a finales del siglo XX, de ahí su sencillo comentario.  

lunes, 19 de febrero de 2024

Hemeroteca: El Burguillos de 1905 en el "Anuario del Comercio, de la Industria, de la Magistratura y de la Administración..." editado en Madrid por Carlos Bailly-Baillière.

     Mostramos en "Historia de Burguillos" los datos recogidos en el "Anuario del Comercio, de la Industria, de la Magistratura y de la Administración, ó Directorio de más de un millón de señas de España, sus Colonias, Cuba, Puerto-Rico y Filipinas, Estados Hispano-Americanos y Portugal", editado en 1905 por Carlos Bailly-Bailliere, y que se encuentra en la Biblioteca Nacional de España. Es una publicación anual que comienza a editar en 1879 Carlos Bailly-Baillière, entonces librero de la Universidad Central, de Madrid, del Congreso de los Diputados y de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, en el que se ofrece en torno -según señala- a 1.000.000 de señas de las personas que integran la instituciones de las Administraciones Públicas (Casa Real y sus empleados, Cortes, ministerios, cuerpo diplomático, etc.) y de cualesquiera que tuviera un oficio o profesión (abogados, arquitectos, notarios, médicos, marmolistas, boteros, libreros, impresores, fotógrafos, carpinteros, etc.) o fuera propietario de un comercio, industria o fábrica, o ejerciera un servicio público, tanto de Madrid y resto de provincias, como de las posesiones españolas de Ultramar y de los Estados hispano-americanos.
     Estructurado por provincias, partidos judiciales y localidades (en el caso de España, comienza por Madrid, y ofrece el listado por calles), colonias o estados, al comienzo de cada epígrafe ofrece una breve información general (número de habitantes, listado de sus parlamentarios, etc.). También da cuenta de centros culturales, casinos, periódicos o colegios.


     Es una publicación al estilo de otras que se publican en Europa y, según su editor, sigue el mismo plan del francés Annuaire-almanach, de Diderot-Bottin. Llega a superar las dos mil páginas, incluye al principio un calendario y ofrece diversos índices alfabéticos por nombre de personas y de lugares (nomenclátor) y por profesiones, además del de los numerosos anunciantes (profesionales, industrias, comercios), cuya publicidad va inserta al final de cada volumen y está acompañada, en muchas ocasiones, de grabados de productos, maquinaria, objetos de consumo o de edificios de las empresas y fábricas. También da información de las tarifas arancelarias aduaneras o las de los transportes.
     Para su confección cuenta con corresponsales en las capitales de provincia y en los diferentes países, y el editor compila también los extensísimos datos que le llegan por otras fuentes, como son las consulares, las de las autoridades de las propias Administraciones (secretarios de ayuntamientos) y los que les remiten los propios profesionales, comerciantes e industriales. A partir de 1881, la publicación pierde la palabra "almanaque" y sigue publicándose hasta 1911, bajo la cabecera Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración.
     Pues bien, en su página 2802, encontramos a cuatro columnas la referencia dedicada a nuestro pueblo, dentro del capítulo dedicado a Sevilla y su provincia, entre los pueblos, ayuntamientos y agregados del partido judicial de Sevilla, concretamente en la primera columna (parte superior y media), que pasamos a transcribir literalmente, completando entre corchetes la explicación de las abreviaturas:


BURGUILLOS. - V. [Villa] con Ayunt. [Ayuntamiento] de 720 hab. [habitantes], sit. [situada] á 20 kilóm. [kilómetros] de Sevilla. - Produce cereales, aceite y naranjas, y se crían ganados de todas clases. - Carretera á la capital.- La estación más próxima Brenes, á 7 kilóm.- L. (40). Fiesta mayor el primer domingo de octubre. - L.- (40).
Alcalde. - Pérez (Francisco).
Secretario. - Clausell (Rudesindo).
Juez municipal. - Hernández (Manuel).
Fiscal. - Solís (Fernando).
Secretario. - Abato (Francisco).
Párroco. - TINOCO (Antonio).
Instrucción pública. - Profesor, Franco Barrera (José). - Profesora, Ramírez (Josefa).
Aceite de oliva (Cosecheros de).- Blanca (José).- Medina (José).- Pérez (Francisco).- Ternero (Enrique).- Vázquez (Manuel).
Aceite de oliva (Molinos de). - Blanca (José).- Medina (José).- Ternero (Enrique).
Carros de transporte.- Delgado (Juan). 
Casinos.- García (José). - Macedo (Manuel)
Cereales (Tratantes en). - Benjumea (Miguel).- Fernández (Manuel).- Giráldez (Ventura).- Olmedo (Aurelio).- Pérez (Manuel).
Ganaderos.- Abad (Antonio). - Brenes (Antonio).- González (Manuel).- Martín (María).- Olmedo (Aurelio).- Vázquez (Ignacio). - Vázquez (Joaquín).- Vázquez Armero (Manuel).- Vázquez Rodríguez (Manuel).
Ganados (tratantes en). - Gadea (Antonio).- Martín (Manuel).- Rodríguez (Antonio).- Rosa (Joaquín).- Rosa (José).
Huéspedes (Casa de). - Fernández (Manuel).
Médico. - Rodríguez (José).
Naranjos (Cosecheros y exportadores de). - Abad (Antonio).- Cuesta (José).- Fernández (Manuel).- Gómez (Manuel).- Olmedo (Aurelio).- Pérez (Francisco).- Pérez (Manuel).- Sánchez (Jerónimo).
Parador y mesón. - Pinto (Francisco).
Principales contribuyentes. - Vázquez (Joaquín).- Vázquez (Manuel).
Tejidos. - Olmedo (Aurelio).
Vinos (Cosecheros de). - Benjumea (Miguel).- Isidro (Vicente).


   En este año de 1905, El Anuario es bastante más amplio respecto al año anterior, con lo que tenemos muchos más datos sobre nuestro pueblo, y además un rato revelador... por primera vez aparece (por el momento) el primer domingo de octubre como la fiesta mayor de Burguillos (por supuesto en honor a la Virgen del Rosario).