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lunes, 13 de septiembre de 2021

Callejero de Burguillos: La calle Daoiz y Velarde

   Mostramos en Historia de Burguillos una reseña de la calle Daoiz y Velarde, en Burguillos.

   La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos) está dedicada a Daoiz y Velarde, héroes de la Guerra de la Independencia española.
Conozcamos mejor la Biografía de Daoiz y Velarde, a quienes está dedicada esta calle:

   Luis María Daoiz Torres (Sevilla, 10 de febrero de 1767 – Madrid, 2 de mayo de 1808). Capitán de Artillería, héroe del 2 de mayo.
   Nacido en Sevilla el 10 de febrero de 1767, fue bautizado en la iglesia de San Miguel. Entre sus orígenes familiares hay que señalar el navarro por parte de padre, D. Martín Vicente Daoiz Quesada (del valle de Aoíz); y el andaluz por parte de madre, Doña Francisca de la Torre Ponce de León. En el ecuador del siglo XVII Luis de Aoíz se trasladó al sur como alguacil mayor y regidor de la plaza de Gibraltar. El abuelo y la familia se vieron perjudicados con la toma de esta plaza por los ingleses durante el conflicto sucesorio a la Corona de España. A Martín Vicente Daoiz en compensación por los bienes perdidos por su padre en Gibraltar, Felipe V le concedió y una pensión que no llegó a cobrar por las urgencias que había tenido la Corona. El cargo de alguacil mayor y regidor perpetuo de Gibraltar pasó a la población de San Roque, en donde siguieron ejerciéndolo los Daoiz. En la segunda mitad del XVIII, la familia tenía aún señoríos en Navarra; y en Andalucía patrimonio diverso en la provincia de Cádiz. Luis Daoiz estudió en el Colegio de San Hermenegildo de Sevilla, optando después por el servicio en el Real Cuerpo de Artillería que abrió su Colegio Militar en 1764, fundado por el Conde de Gazola con el impulso de Carlos III, convirtiéndose en breve en una de las academias militares más prestigiosas de Europa, paradigma de la creación del modelo de institucionalización de la enseñanza militar que persiguieron los Borbones. El aspirante Daoiz tras presentar su Memorial en el que había que acreditar debidamente los orígenes y calidad (siguiendo la Instrucción de normas de ingreso… de 1763), se incorporó como Caballero Cadete el 13 de febrero de 1782 a un centro docente militar que ya por entonces era un referente por su amplio plan de estudios e ideario docente que pivotaba en torno a la fundamentación científico-matemática de la praxis artillera y de la evolución táctica de la guerra. El claustro de profesores estaba formado desde la fundación del Colegio por los mejores matemáticos, científicos y militares, que vieron apuntaladas sus actividades docentes e investigadoras por la formación de una excelente biblioteca científico-técnico-militar, y la creación de gabinetes, laboratorios y escuelas prácticas que permitieron la salida de promociones de oficiales de artillería con un alto perfil militar, artillero y científico-técnico. En aquel Colegio instalado en el Alcázar de Segovia, estudió el cadete Daoiz para recibir aquella formación de elite en la que se incluían además de las materias científico-militares, tres lenguas, esgrima o baile, pero también de valores intangibles. Es importante señalar su temprano ascendiente moral sobre sus compañeros que le respetaban como oficial cabal, con dotes de liderazgo. Resulta clave resaltar que el ideario docente de la academia presentaba una particularidad añadida: cuando finalizaban los estudios los cadetes eran promovidos a oficiales de artillería, pero también formados como ingenieros industriales para dirigir la industria militar, cuyo proceso de estatalización se inició con Carlos III. Daoiz ingresó en un cuerpo de los Ejércitos Borbónicos con todas las ventajas mencionadas pero algún inconveniente que marcaría su cursus honorum. En Artillería se estableció desde la fundación del Real Cuerpo (1762) el ascenso por rigurosa antigüedad y no por méritos de guerra, que determinaba una mayor lentitud en los ascensos de los oficiales de este cuerpo que sí podían avanzar con mayor celeridad en la escala general como oficiales de infantería. Daoiz será en su momento capitán de Artillería efectivo y teniente coronel de Infantería, lo que explica que en la primavera de 1808 aún fuera un veterano capitán 1º de artillería con 41 años, de los 15 más antiguos del Real Cuerpo en espera de un ascenso que ya debía estar próximo. Junto al oficial, en la documentación encontramos también al hombre de su tiempo, quien cómplice de los intereses de su hermana Josefa, “su petimetra favorita” se presenta como muy impuesto en la moda de la época en la Corte, informándola de las últimas tendencias a la hora de llevar la mantilla y los prendedores.

   En el análisis de su trayectoria militar se constata que tocó todos los palos de la profesión artillera desde que en enero de 1787 fue ascendido a oficial, Subteniente de artillería con “el sueldo de 30 escudos de vellón al mes (sic) y hallándose en campaña 2 raciones de pan y una de cebada al día”. Como figura en las dos Hojas de Servicio que se conservan, fechadas en 1791 y 1808, su primer destino fue la plaza de Ceuta que solicitó voluntario para colaborar en su defensa con el mando de una batería; y en 1791 pasó a Orán agregado a la Compañía de Minadores. En febrero de 1792 ascendió a teniente de Artillería e intervino en la segunda campaña de los Pirineos, donde maniobró con todo tipo de artillería, la fija y la nueva ligera siguiendo las últimas tendencias del nuevo sistema de artillería aligerado, Gribeauval, que se estaba imponiendo en Europa, pero el 25 de noviembre de 1795 fue hecho prisionero de guerra y trasladado a Toulouse donde permaneció 9 meses en cautiverio, llegando a Barcelona en octubre de 1795. En la Guerra con Inglaterra pues tras el bombardeo de Cádiz, se le otorgó el mando de una “tartana cañonera con hornillo de bala roja” a las órdenes de Mazarredo. Después embarcó en el navío San Ildefonso que contaba con un artillado de 74 cañones, cuyo mando fue muy ponderado, adquiriendo destrezas en la compleja artillería para la Marina, pero sujeto en el desempeño de su profesión a más riesgos aún por los numerosos viajes y por la exposición a enfermedades que indefectiblemente afectaron a la tropa a su mando destacando su trato, desvelos y atenciones a aquellos subordinados, algunos de los cuales hallaron la muerte. Dos vueltas al mundo que le valieron la concesión de dos simbólicos zarcillos, que se conservan en el Museo del Ejército. Precisamente en esta etapa de su vida profesional, le fueron de gran utilidad los tres idiomas aprendidos en el Colegio artillero, y embarcaron en marzo de 1800 al recalar en el puerto de la Habana conoció por la Gazeta su ascenso a capitán de Artillería. A su vuelta, en 1802 fue destinado al tercer Regimiento del Real Cuerpo de Artillería” en Sevilla; y a finales de 1803 desempeñaba una comisión técnica en la Fábrica de cañones de bronce de Sevilla, para la fundición experimental de dos piezas de a 8, según el proyecto del artillero Vicente Maturana para el servicio de la artillería a caballo. Daoiz evaluó positivamente estas nuevas piezas en contra del obús de Ordenanza utilizado hasta entonces, avalando la fabricación de los “cañones maniobreros” como versión más autóctona de la artillería ligera que se había impuesto en las renovadas tácticas de combate europeas. Después pasó de Sevilla a Madrid y fue reclamado para formar parte de una selecta comisión de oficiales a los que se encargó reunir documentación dispersa por todas las unidades artilleras y comenzar a redactar la primera Historia de la Artillería Española. En los primeros meses de 1808 lo encontramos destinado como Jefe del Detall en el Parque de Artillería de Monteleón, donde se almacenaba el armamento de la plaza y también se había instalado el Real Museo Militar de Madrid desde1802 a cargo de los artilleros por deseo expreso de Godoy.

   La historiografía ha constatado que el levantamiento del 2 de mayo de 1808 no fue espontáneo, quedando acreditados los movimientos previos del pueblo y de algunos de los militares de la guarnición de Madrid. En momentos de tensión, unieron fuerzas la intuición popular y el espíritu liberal de los artilleros y militares de toda condición que intuyeron que se fraguaba la ocupación del territorio por parte de los imperiales. Desde principios de 1808, las reuniones de Daoiz y Velarde, en casa de su compañero Francisco Novella, con la activa participación de Antonio Almira (oficial de Cuenta y Razón del Cuerpo de Artillería) han pasado a la historia como “la confabulación de los artilleros”, tanto en obras clásicas (Pérez de Guzmán y Gallo), como en publicaciones testimoniales (Arango) testigo y protagonista también del 2 de mayo como oficial más joven que se encontró dentro del Parque de Artillería. En la trama artillera las misiones estaban repartidas entre un reflexivo Daoiz, y un impulsivo Velarde, quien trabajó en el diseño de un plan de organización y ejecución, mientras el sevillano se ocupó de coordinar en el Parque la fabricación clandestina de cartuchería y de contactar con compañeros de otras plazas. El domingo 1 de mayo había sido en Madrid un día cargado de rumores como consecuencia de la salida de España de los dos únicos hijos de Carlos IV y Mª Luisa que aún se encontraban en Madrid prevista para el día 2. Al alba del lunes, la inquietud popular derivó en crispación. Tres fueron los escenarios principales: Palacio, Puerta del Sol y Monteleón. Tras los sucesos de Palacio y el registro de las primeras víctimas mortales, se multiplicaron los enfrentamientos en diferentes puntos de Madrid. Las tropas imperiales fueron apoyadas en el centro de Madrid por los mercenarios “mamelucos” que asaltaron con violencia edificios y domicilios particulares, con un impresionante despliegue de tropas en la capital de España. El pueblo tomó posiciones en la zona de puerta de Toledo, Puerta del Sol, plaza Mayor y el Parque de Artillería de Monteleón. En un contexto determinado por el flujo bidireccional de la información, hubo alguna filtración determinante para el resultado final de la jornada. El propio capitán Velarde hizo partícipe al ministro O´Farrill –casi en el último momento- del plan secreto contra los invasores. Los valores militares que le inculcaron en la Academia, la lealtad más acendrada en la cadena de mando, chirriaba en su conciencia, y desveló sus planes más inmediatos. Cuando Daoiz escuchó de viva voz los pormenores de su conversación con O´Farrill, pronunció una premonitoria frase “todo está perdido, pero tú y yo sacrificaremos la vida por España”. Así encabezaron los dos artilleros una desigual resistencia contra el invasor, detonante y referente de otras posteriores y causa directa de la formalización del estado de guerra contra los que aún eran formalmente nuestros aliados.

   Pero lo decisivo en la vida de Daoiz y en aquel 2 de mayo fue la resistencia en el Parque de Monteleón. Los franceses conocedores de que uno de los puntos de resistencia estaría en el Parque, tomaron la firme decisión de proceder a su asalto, porque -según los datos del General Foy- allí se encontraban almacenados 10.000 fusiles, junto a 26 piezas de artillería completas, montadas sobre sus afustes. El 2 de mayo, temprano, y ante la inquietud popular, Velarde arengó a la multitud que le acompañó al Cuartel de Voluntarios del Estado donde solo se adhirieron el teniente Ruiz, el cadete Afán de Ribera y unos 30 soldados, dirigiéndose todos ellos al Parque de Artillería. En Monteleón se encontraba como jefe militar más antiguo el capitán Daoiz, quien previamente había recibido orden inequívoca de no unirse al pueblo que gritaba pidiendo ser armado, al tiempo que vitoreaba al rey y a la artillería. A la llegada de Velarde y su comitiva, Daoiz ya había tomado la resolución de resistir, respondiendo en positivo ante la invitación de Velarde a desobedecer las órdenes. Esta afirmación, avalada mayoritariamente por la historiografía española, se contrapone a la versión oficialista francesa del General Foy, quien aseguraba que los artilleros no se prestaron al enfrentamiento hasta que oyeron decir que sus compañeros de infantería estaban siendo atacados. Lo cierto es que Velarde redujo a la guardia francesa de Monteleón, procediendo a desarmar a los 80 franceses que se encontraban de guarnición en el parque como consecuencia de las sospechas que había desde días antes y que se intuía como un complot. Daoiz y Velarde dieron armas al pueblo haciéndose fuertes en el Parque con pocas piezas de artillería y escasa munición, conscientes de estar abocados al fracaso, pero moralmente convencidos de que la resistencia ante el invasor era la única salida digna, de indiscutible valor testimonial en tiempo real. Daoiz, Velarde y Ruiz, encabezaron la lucha contra los imperiales, asumiendo anticipadamente su propia muerte. En Monteleón tuvo lugar un cruento, desesperado, heroico y patriótico combate que duró tres interminables horas. Los mandos y tropa de aquel acuartelamiento, unos veinte soldados dirigidos por Daoiz y Velarde y Ruiz, apoyados por unos cien paisanos voluntarios, tres cañones y un número indeterminado de mujeres que colaboraron en el transporte de la munición, se enfrentaron a los dos mil hombres de las tropas asaltantes, al frente del general Lefranc, en un combate manifiestamente desigual. Tras el asentamiento de las piezas de artillería por parte de los españoles a puerta cerrada, táctica que sorprendió y diezmó a los franceses, se iniciaron los enfrentamientos armados. Los artilleros y los infantes de Monteleón rechazaron por dos veces consecutivas los ataques, pero en el tercer intento de asalto acometido por dos batallones encabezados por el general Lefranc, el daño fue definitivo e irreversible. Las heridas de Daoiz, no le impidieron tocar con su espada al propio Lefranc, mientras que Velarde murió en el acto de un balazo en el pecho, al pie de uno de los cañones del Parque. La suerte de los dos capitanes dio por finalizado el combate que causó alrededor de 900 bajas entre los imperiales. El teniente Ruiz resultó gravemente herido y murió en Badajoz días después. Daoiz herido en la pierna siguió en pie apoyado en uno de los cañones pero fue asestado por las bayonetas francesas. Trasladado a su domicilio en la calle de la Ternera en una escalera que sirvió de improvisada camilla, a las 4 horas falleció, siendo amortajado con su uniforme y enterrado junto a Velarde de forma silente en la bóveda del convento de San Martín para evitar profanaciones. El amigo de Daoiz, Francisco Novella guardó consigo la llave de su caja-ataúd y al final de la guerra se la entregó a Loygorri, Director General de Artillería, así como documentación profesional y personal de Daoiz que le confió a Almira, siendo clave el testimonio de este y de uno de los enterradores, Mariano Herrero, para la certera localización de los cadáveres el 1 de mayo de 1814. Sus restos fueron exhumados junto a los de Velarde y trasladados al Parque de Monteleón donde se estableció la capilla ardiente hasta el 2 de mayo, siendo velados toda la noche por el cuerpo de Artillería, García Loygorri se ocupó de todo esto y de los honores a los dos héroes artilleros en solemne procesión cívica hasta San Isidro el Real donde permanecieron 27 años junto a otras víctimas madrileñas del 2 de mayo. El definitivo traslado de todos ellos, se produjo en 1841 al obelisco de la Plaza de la Lealtad, en el Paseo del Prado. Para ello se procedió a pasar los restos de Daoiz y Velarde del depósito antiguo “a las cajas de plomo que fueron colocadas en el suntuoso sarcófago”. Las dos urnas funerarias quedaron en el Museo de Artillería en el Buen Retiro. Con ocasión del traslado del Museo del Ejército a Toledo, ambas llegaron a Alcázar de Segovia donde habían estudiado los dos capitanes, y en su apertura se halló el uniforme con el que Daoiz fue amortajado el 2 de mayo. A partir de aquí el Museo, el Ministerio de Defensa y la Universidad Complutense de Madrid han trabajado en un proyecto de datación, documentación y restauración de la llamada “casaca de Daoiz” que en el estudio forense ha arrojado datos clarificadores sobre la muerte del capitán, y permite presentar en las salas del alcázar toledano esta pieza, ya restaurada. La correcta cadena de custodia del uniforme no ofrece dudas sobre su pertenencia al artillero, y su estudio forense concluye que fue herido de bayoneta de frente (no por la espalda como se había divulgado) y que al permanecer así en pie sobre un cañón, se produjo un sangrado que le llevó a la muerte.

   Pero las honras, homenajes y la perpetuación de la memoria se iniciaron en plena guerra por el impacto que tuvo el 2 de mayo, que para García Cárcel se convirtió en uno de los mitos instantáneos de la Guerra de la Independencia. En Cádiz durante la guerra se comenzó a conmemorar con emotivos actos, a uno de los cuales asistió emocionado el padre de Daoiz que falleció en 1812. Allí quedó el resto de su familia, muriendo su madre en 1824 quien había solicitado la pensión del Montepío Militar de su hijo soltero para su hermana Josefa. Las Cortes determinaron institucionalizar el reconocimiento y perpetuar la memoria de estos dos héroes acordando: que todos los años se conmemorara el 2 de mayo en el Colegio artillero con una lección magistral que glosara a los capitanes ante los cadetes de las nuevas promociones; que sus nombres figuraran en letras de oro a la cabeza del escalafón del cuerpo de Artillería y en el Colegio se pasara revista con ellos a la cabeza; y que en la plazuela del Alcázar de Segovia se erigiera un monumento en su memoria. A principios del siglo XX cercano el primer centenario, casi cien años después se dio cumplimiento al acuerdo de la Regencia por el que se debía levantar un grupo escultórico dedicado al 2 de mayo en la Plazuela del alcázar. Los reyes respaldaron la celebración del centenario con su presencia el 6 de mayo de 1908 en la ceremonia de colocación de la primera piedra del monumento que realizaría el escultor Aniceto Marinas. En aquel acto el presidente del Gobierno Antonio Maura, político en principio distante ante los eventos de aquella conmemoración, pronunció un discurso significativo refiriéndose al centenario con estas palabras: “estas justicias tributadas al pasado, estos alientos que del ejemplo suyo recibirán los venideros, forman la continuidad esencial de la Patria. Esto es Patria: comunión de los que fueron con los que vendrán…”. Este reconocimiento histórico, institucional y popular, se ha manifestado en múltiples iniciativas que desde la guerra hasta el siglo XX, que se llevaron a cabo con el fin de erigir monumentos al 2 de mayo madrileño. Resulta imposible incluir un listado de todos con los que tropezamos en las plazas y calles de los más variados puntos de la geografía española, especialmente Madrid, Segovia, Sevilla y Santander. En cuanto a la iconografía de Daoiz cabe recordar que en las sesiones de las Cortes en el Oratorio de San Felipe Neri, su retrato y el de Velarde ya flanqueaban la presidencia. Además de un retrato familiar, a partir de los conservados en la Academia de Artillería y Museo del Ejército, encontramos muchos y similares en las unidades artilleras, que han servido para recreaciones físicas del personaje, sin duda de corte romántico, que así permanece en nuestro imaginario histórico (María Dolores Herero Fernández-Quesada, en Biografías de la Real Academia de la Historia).

   Pedro Velarde y Santiyán (Muriedas, Cantabria, 19 de octubre de 1779 – Madrid, 2 de mayo de 1808). Militar, héroe.
   Nació en la casona-palacio de los Velarde, que desde 1966 acoge el Museo Etnográfico de Cantabria, una sólida edificación de finales del siglo xvii restaurada hace cuarenta años y declarada Bien de Interés Cultural.
   La planta superior reconstruye la estancia de Pedro Velarde.
   Velarde pertenecía a una ilustre familia procedente de Santillana del Mar. Sus padres, José Antonio Velarde Herrera, de la casa de Muriedas, y María Luisa de Santiyán, perteneciente a una distinguida familia de Puente de Arce, en el Ayuntamiento de Piélagos, tuvieron seis hijos: Pedro, Joaquín, Julián, María de la Concepción, María Josefa y Antonia María.

   De su linaje fueron destacados personajes, como Juan de Velarde, fundador del Hospital de la Concepción de Burgos; Antonio de Velarde, marqués de Añavete; Alonso Velarde, fundador del Convento de los Dominicos de Regina Coeli; Ana Velarde de la Sierra, fundadora del Monasterio de Dominicos de Nuestra Señora de las Caldas, y el Colegio de su nombre, instituido en Valladolid por Juan de Velarde y Frómista.
   Según los que le conocieron, Velarde tenía un carácter fuerte, era impetuoso con nobleza, perspicaz sin malicia, audaz en sus empresas y muy celoso del cumplimiento de su deber. Tenía un cuerpo bien formado y su estatura era de 5 pies, 1 pulgada y 8 líneas.
   Ingresó como cadete en el Real Colegio de Artillería de Segovia el 16 de octubre de 1793 junto con su hermano Joaquín, tras realizar en su propia casa de Muriedas los estudios preparatorios. Desde su ingreso dio pruebas de una preclara inteligencia y constante aplicación, distinguiéndose entre sus compañeros de Academia. Con las Matemáticas y demás ciencias peculiares del Arma de Artillería, alternaba el estudio de las lenguas, historia y la política. Su singular aprovechamiento hizo que, al finalizar sus estudios en la Academia segoviana, pasase a ser uno de los oficiales más distinguidos del Cuerpo.

   El 27 de enero de 1798 fue nombrado brigadier de cadetes, puesto que conservó hasta el término de sus estudios escolares. El 11 de enero de 1799 ascendió a subteniente, ocupando el 2.º puesto de la 30.ª promoción.
   Con esta graduación sirvió primero en el 5.º batallón y luego en el 3.º de Artillería.
   Destinado al Ejército Expedicionario de Portugal en 1800, ascendió por antigüedad a teniente el 12 de julio de 1802, y a capitán el 6 de abril de 1804. Prestó sus servicios en el 4.º y 5.º Regimiento a pie, pasando el 1 de agosto de 1804 como profesor del Real Colegio de Artillería, en el que impartió clases de Matemáticas.
   En este centro de enseñanza tuvo ocasión de dedicarse a importantes estudios y dar testimonio de su talento, especialmente cuando la Academia de Ciencias de París remitió para su examen la máquina de Grouver para medir la velocidad de los proyectiles.

   Tras su estudio, Velarde encontró algunos errores en su cálculo y funcionamiento, que fueron remitidos a la Academia Francesa. También se conservan dibujos suyos originales, realizados para demostrar la variación que introdujo en la cuna de la cureña Griveauval, a fin de aumentar la depresión de las piezas.
   Pedro Velarde sirvió en el Ejército de Castilla la Vieja; en el acantonado de Badajoz; en los de Extremadura y Castilla contra Portugal, y en el Reino de Galicia.
   El 1 de agosto de 1806 fue designado secretario de la Junta Superior Económica del Cuerpo de Artillería, afecta al Estado Mayor y establecida en Madrid, destino que ocupaba al llegar el 2 de mayo de 1808, en que dio su vida por la patria en un sublime ejemplo de valor y de heroísmo.

   Velarde siempre atendió con preferencia todos los asuntos relacionados con la milicia y la política. De esta forma, antes de ser notorios los planes de los franceses respecto de España, como la mayor parte de los espíritus cultos de su tiempo, se mostró como un entusiasta admirador del talento de Napoleón.
   Pero cuando descubrió su pensamiento de conquista y las tropas napoleónicas ocuparon las plazas españolas fronterizas y se acercaban a Madrid, se indignó, viendo claramente la trama del Emperador.
   Antes de los sucesos de Aranjuez, que produjeron la caída de Manuel Godoy, director y coronel general de la Artillería Española, fue comisionado por éste, conocedor de su talento, disposición y dominio del francés, para ir al cuartel general de Joachim Murat, gran duque de Berg y lugarteniente del Emperador en España, en unión de otros oficiales. Al sospechar Velarde la traición que amenazaba a España, se dedicó especialmente a sondear las ideas de los jefes franceses.

   De vuelta en Madrid, Manuel Godoy se encontraba encarcelado; Carlos IV se vio obligado a firmar su abdicación y el príncipe había sido exaltado a la sucesión de la Corona, y aunque Fernando VII llegó a ser cómplice de los manejos de todos los enemigos de España, de su familia y de él mismo, en el corazón de los artilleros surgió la inminente necesidad de un acuerdo común para alcanzar la salvación del Rey y de la Corona, porque consideraban que la salvación de la Monarquía encarnada en aquel Monarca, era la única salvación de la dignidad y de la independencia de España. Poco después, Murat llegó a Madrid con un ejército de treinta y seis mil hombres. En una carta que escribió Velarde a Concha, su novia, entre otras cosas le dijo respecto a la situación de inquietud producida por los acontecimientos: “hay algo de barullo y malestar”. De esta forma, todos los trabajos de Velarde se encaminaron a organizar la resistencia contra los franceses que consideraba necesaria en un plazo más o menos largo.
   En relación con estos proyectos, Velarde se encargó del plan y de la organización, como lo era la disposición que se debía ir dando a las tropas para tenerlas libres de una sorpresa por los franceses, la reunión del material del Ejército en puntos proporcionados a su custodia, el modo de inutilizar clandestinamente lo que no podía caer en poder del enemigo y a otros objetos de defensa. Su destino en la Junta Superior, cuya función era la dirección del material de Artillería, proporcionaba a Velarde los datos necesarios a estos planes.
   Desde entonces, su trabajo se limitó a contribuir a una guerra que creía inevitable. Con este objeto, se entrevistó con el ministro de la Guerra, O’Farril, indicándole los proyectos en los que estaba ocupado para la elaboración de un plan de defensa de la villa y las intenciones que le animaban. O’Farril, que posteriormente sería ministro de José Bonaparte y al que acompañaría en su vuelta a Francia, no hizo caso, o, si lo hizo, fue para estorbar indirectamente una resistencia que creía funesta e inútil. El caso es que el plan en lugar de alcanzar los deseos de Velarde se volvió en contra de los militares españoles, al poner en guardia a las tropas francesas. Sin embargo, Velarde no desmayó, y en sus conversaciones con los compañeros manifestó decididamente su resolución de oponerse a los franceses, procurando inculcar en todos iguales sentimientos.

   Conocidas las cualidades de intrepidez y cultura de Velarde y siendo, además, depositario, como secretario de la Junta, de los informes y noticias sobre las tropas y disposición del material de guerra del Ejército Español, consideró conveniente Murat atraerlo a su partido, y por medio del ayudante de campo del general de la Artillería francesa, La-Riboisière, le convocó a varias reuniones. Velarde aceptó en dos ocasiones esta invitación para evitar cualquier sospecha, eludiendo las proposiciones que se le hacían para ponerse al lado de Napoleón, y de esta forma conocer mejor las intenciones de Murat.
   También el duque de Berg, en su deseo de captar la voluntad de Velarde, le propuso el cargo de comandante de batallón y ayudante de campo si solicitaba pasar al servicio del Emperador.
   Todos los esfuerzos que realizaron con objeto de ganarle para la causa francesa fueron inútiles, no abandonando, en ningún un momento, su plan de defensa, que terminó rápidamente.

   Velarde consultó su proyecto con el comisario ordenador del Cuerpo de Artillería Alejandro Silva, el coronel José Navarro Falcón, el capitán Joaquín de Osma, el comisario Andrés Gallego, el coronel Francisco Novella y con Luis Daoiz, su compañero poco después en la defensa del parque de Monteleón. Todos reconocieron las dificultades de la empresa, pero sobreponiendo a todo el interés patriótico, adoptaron algunas disposiciones, entre ellas que el capitán Daoiz, como jefe del Detall, se encargara de la fabricación de cartuchería para cañón y fusil con destino a los ejercicios de instrucción, con el pretexto de ser necesario completar las dotaciones de cada cuerpo.
   Al mismo tiempo, acordaron disponer algunas piezas para los ejercicios doctrinales, fabricar metralla y comprobar el número de fusiles con que podía contarse.
   La circunstancia de ser Daoiz capitán del Detall, pudo despistar al principio a los franceses; pero, recelosos éstos de la conducta de los españoles, no dejaron de observar sus trabajos y aún consiguieron, para poder informarse más fácilmente, establecer una guardia de sus tropas en el mismo parque de artillería con el pretexto de custodiar algunos efectos allí depositados.
   Aumentadas las sospechas, uno de los oficiales franceses de guardia dirigió a sus jefes un parte que motivó la suspensión de las fabricaciones en el parque; pero, firmes los artilleros españoles en sus propósitos, trasladaron el taller a una casa particular, donde continuó la fabricación de proyectiles.
   El plan revolucionario de Velarde, conocido como “La Confabulación de los Artilleros” y que culminará con los sucesos del 2 de Mayo, consistía en ponerse de acuerdo en secreto con los oficiales de Artillería para que el golpe fuese simultáneo en todos los departamentos y determinar los puntos donde deberían reunirse todas las tropas veteranas y de milicias, armas y municiones, adoptando las medidas más oportunas para levantar a las provincias y la clase de guerra más conveniente para combatir al enemigo.


   La confianza que depositó Velarde en el ministro O’Farrill, dándole a conocer su proyecto esperando su cooperación, tuvo por consecuencia la adopción por parte de los jefes franceses de medidas que el propio ministro ordenó poner en ejecución. Este proceder malogró casi por entero los propósitos de Velarde.
   Tras la llegada de los de Fernando VII y de sus padres a Bayona, Napoleón ordenó que se dirigiera a Francia el resto de la Familia Real. El pueblo madrileño comenzó a exasperarse por el mal trato que empezaron a dar los franceses. Esto, unido a la apatía de las autoridades, que habían recibido la orden de Bayona de que se mantuviese la paz, hizo que los ánimos populares se enconaran, ocurriendo frecuentes escenas de enfrentamientos.
   El 2 de mayo de 1808, la guarnición y el pueblo de Madrid se indignaron ante los alardes de fuerza de Murat, que buscaba amedrentar a la población e imponerse en la capital. A raíz de ello y de la partida de los últimos representantes de la Familia Real, el pueblo de Madrid se levantó en armas contra el invasor, dando lugar a las heroicas luchas que se libraron en el interior de la ciudad contra la represión de las tropas francesas, y que culminaron con la defensa del Parque de Artillería de Monteleón.
   Los franceses procedieron a su asalto con decisión, principalmente porque —según los datos del general Foy— allí se encontraban almacenados 10.314 fusiles, carabinas y escopetas; 25 cañones de bronce; 2303 pistolas; 1358 espadas de caballería; 83 bayonetas y 1468 espadas de infantería y sables. Los capitanes del Real Cuerpo de Artillería Pedro Velarde y Luis Daoíz, el teniente Ruiz, veinte soldados, unos cien voluntarios, varios cañones y algunas mujeres que se prestaron al transporte de la munición, se enfrentaron a los dos mil hombres que componían las tropas asaltantes.
   Ese fatídico día, Pedro Velarde acudió a su destino en la Secretaría de la Junta Superior Económica, situada en la calle Ancha de San Bernardo. Al sonar las primeras descargas, con el rostro encendido, reflejando una nerviosa y agitada exaltación, se dirigió al coronel de Artillería José Navarro Falcón, comandante de dicha arma en la plaza y vocal de la citada junta, y le dijo: “Es preciso batirnos; es preciso morir; vamos á batirnos con los franceses”. El coronel Navarro Falcón le recordó las órdenes del Gobierno; pero en aquel momento se oyó más fuerte el tiroteo de las calles vecinas, el griterío del pueblo y el galopar de los caballos. Velarde salió de la oficina y se precipitó escaleras abajo cogiendo el fusil de uno de los ordenanzas. Le seguían Manuel Almira, oficial de Cuenta y Razón, y el meritorio de la Junta Superior, Domingo Rojo Martínez. Ya en la calle, se les agregó un pelotón de paisanos que mandaba Andrés Rovira.
   Se dirigieron al cuartel de Mejorada, que lo era del Regimiento de Infantería de Línea de Voluntarios del Estado, situado también en la calle Ancha de San Bernardo.
   Allí convenció al coronel de dicho regimiento, Esteban Giráldez Sanz y Merino, marqués de Palacio, para que le dejara fuerzas suficientes con las que contener a la gente que se había agolpado frente al Parque de Artillería pidiendo las armas allí custodiadas. Salió para el parque junto con el capitán de la 3.ª compañía del 2.° batallón, Rafael Goicoechea, llevando a sus órdenes a los tenientes José Ontoria y Jacinto Ruiz de Mendoza, al subteniente Tomás Bruguera, a los cadetes Andrés Pacheco, Juan Rojo y Juan Manuel Vázquez y a treinta y tres fusileros, que fue todo lo que Velarde logró conseguir del marqués de Palacio.
   Al alcanzar Velarde y su gente las puertas del parque, lograron que los franceses que en él se encontraban entregaran sus armas, quedando prisioneros en unas caballerizas del edificio. A continuación, desplegó la mitad de la fuerza que le acompañaba en las habitaciones altas del fondo del patio, para que sirviera de reserva, y la restante en las que había a la derecha de la entrada del parque, cuyas ventanas daban a la calle de San José, hoy de Velarde, para defender la puerta.
   En el parque se encontraba el capitán Daoíz, destinado como jefe del Detall, quien previamente recibió la orden de no unirse al pueblo, que gritaba pidiendo ser armado, al tiempo que vitoreaba al Rey y a la Artillería.
   Velarde conferenció con Daoíz y, visto que ya no tenían valor las órdenes recibidas, porque en la calle los franceses estaban a tiros con los españoles, abrieron las puertas del parque, penetrando en masa el pueblo.
   Seguidamente, se distribuyeron fusiles, sables, piedras de chispa y cartuchos, aunque la mayoría prefirió las armas blancas por no saber utilizar los fusiles. Tras esto, tuvieron que volver a cerrar las puertas, ya que el paisanaje, una vez armado, volvía a marcharse para combatir en las calles, no obstante Velarde logró retener a unos ochenta.
   Sólo había veinte artilleros dentro del cuartel, los cuales se ocuparon de poner inmediatamente el edificio en estado de defensa. En los almacenes apenas se encontraron diez cartuchos de cañón, de modo que fue preciso construir mayor número y preparar las escasas municiones de que se podía disponer, asentando adecuadamente los cañones disponibles.
   Tomadas estas disposiciones, se iniciaron los enfrentamientos armados, mientras el pueblo de Madrid se batía heroicamente en las calles. El pueblo y el reducido grupo de soldados con Velarde, Daoíz y el teniente Ruiz al frente, se atrincheraron en el recinto para defenderlo contra las tropas francesas, y a pesar de que el parque no ofrecía condiciones para la resistencia, fue defendido por aquel puñado de valientes hasta su total agotamiento, ofrendando sus vidas en holocausto y defensa de la patria.
   Los defensores de Monteleón rechazaron por dos veces consecutivas los ataques franceses, desarmando un destacamento, esparciendo otro y derrotando el batallón de Westfalia y el primero del 4.º Regimiento provisional, junto con los dos de la brigada del príncipe Salm Isembourg, de la división Musnier. Sin embargo, el tercer ataque, acometido por una potente columna formada por la brigada Lefranc, de la división Globet, encabezada por el general Lagranje, causó grandes pérdidas.
   La lucha fue tremenda y el comportamiento de los defensores heroico hasta el extremo. El capitán Pedro Velarde y Santiyán murió atravesado por el disparo de un oficial de la Guardia Noble Polaca; el capitán Pedro Daoíz y Torres, cosido a bayonetazos, cayó mortalmente herido, y el teniente Jacinto Ruiz Mendoza resultó gravemente herido.
   Mientras el cuerpo moribundo de Daoíz era trasladado a su casa en la calle de la Ternera, el cadáver de Velarde quedaba tendido en el patio despojado de su uniforme. Sus compañeros envolvieron el cadáver en la tela de una tienda de campaña y lo depositaron en el interior del edificio. No sin vencer muchas dificultades, para evitar a los franceses, varios paisanos y algunos artilleros le trasladaron a la iglesia de San Martín en dos tablas con unos palos atravesados. El escribiente meritorio Manuel Almira le descubrió la cara para reconocerlo. También intentó ponerse en contacto, sin lograrlo, con un tío suyo. Vivía con Velarde en la calle Jacometrezo, entrando por la calle del Olivo Alto a mano derecha, en la cuarta o quinta casa. Poco antes de anochecer, se presentó en la iglesia un desconocido y dejó un hábito de San Francisco con encargo de amortajar el cuerpo de Velarde.
   Al día siguiente, 3 de mayo, a las siete de la tarde, se dio sepultura a los dos capitanes. A Velarde lo enterraron con otros dos cadáveres junto a un pozo de agua dulce que había a los pies de la iglesia de San Martín, en el sitio llamado el Jardinillo. Tuvieron la precaución de dejar ambos cuerpos lo más cerca posible de la superficie de la tierra, por si en algún tiempo se trataba de ponerlos en otro paraje más hermoso a su memoria.
   En aquella histórica jornada del 2 de mayo, militares y paisanos protagonizaron una de las jornadas más heroicas y sangrientas de la historia de España.
   El ataque del parque costó la pérdida de novecientos hombres a los franceses, pudiéndose decir que fue el único punto de la capital donde se opuso una resistencia ordenada.
   El general Foy, en su obra sobre esta guerra, reconoce que los capitanes de Artillería Luis Daoíz y Pedro Velarde pasaron a la posteridad como los primeros mártires por la causa de la independencia de su país. Su ejemplo indiscutible de entrega y valor sirvió de acicate para actos heroicos posteriores, protagonizados por españoles de toda condición, edad o sexo.
   Cabe también destacar que el 2 de mayo, como fecha del primer levantamiento y enfrentamiento armado del pueblo español contra Napoleón, aglutinó ya unos componentes que fueron constantes en toda la Guerra de la Independencia, tales como la toma de armas por parte de la población civil en apoyo al Ejército Regular que se enfrentaba a las tropas imperiales, hasta entonces invencibles en Europa.
   De la misma forma, la importancia histórica de aquel día es relevante, pues, conocida la noticia de la rebelión y de las posteriores represalias de Murat, el 2 de mayo se erigió en detonante de una cadena de alzamientos contra la invasión francesa en diferentes puntos del país.
   Al ser demolida en marzo de 1811 la iglesia de San Martín, los restos de Velarde y Daoíz fueron recogidos y colocados en un espacio cerrado por las ruinas donde regularmente eran trasladados los restos de personas distinguidas.
   El 2 de mayo de 1811, las Cortes de Cádiz decretaron que en la iglesia mayor de todos los pueblos de la Monarquía se celebrase en lo sucesivo, con toda solemnidad, un aniversario por las víctimas sacrificadas el 2 de mayo de 1808, con asistencia de las primeras autoridades, formación de tropas, salvas militares y todo lo que cada pueblo pudiese proporcionar para la mayor pompa del acto.
   En 1812, los oficiales de Artillería del 4.° distrito, en La Coruña, se dirigieron por escrito a la regencia del Reino proponiendo que la memoria de Daoíz y Velarde fuera honrada estampando sus nombres con el siguiente lema en las banderas de los regimientos: “De imitar a Daoíz y Velarde este Cuerpo hará siempre alarde”; incluyendo sus nombres como presentes en la clase de capitanes en los extractos de revista del departamento donde se hallase el Colegio de Artillería; destinando sus sueldos al sostenimiento de tres o cuatro cadetes hijos de oficiales del cuerpo muertos en acción de guerra; y autorizar a todos los oficiales de Artillería a ceñir al brazo izquierdo una banda negra en los días del aniversario del 2 de mayo. Al recibir la instancia para darla curso el director general del Cuerpo, Martín García Loygorri, la amplió, proponiendo también que los héroes de Monteleón figuraran: como presentes en los extractos de revista y que al celebrarse ésta y pronunciar sus nombres el comisario, respondiese el jefe más caracterizado con la fórmula: “como presentes y muertos gloriosamente por la libertad de la Patria el 2 de Mayo de 1808 en Madrid”; que ambos nombres se escribiesen con letras mayúsculas a la cabeza de los capitanes en la escala del Cuerpo; que se erigiera un sencillo aunque majestuoso monumento militar frente a la puerta del Colegio de Artillería, y que todos los años se hiciera un elogio de aquellos capitanes ante los caballeros cadetes a fin de estimularles a imitar su ejemplo, mostrándoles el camino que deben seguir para hacerse dignos de la honrosa profesión de defensores de la patria. Por acuerdo de la regencia de 7 de julio de 1812, se aprobó la propuesta del Cuerpo de Artillería, y también que en lo sucesivo se tributasen a Velarde y Daoíz honores de capitán general.
   En marzo de 1814 la Cortes aprobaron una proposición del diputado por Asturias, José Canga Argüelles, para que los restos de Velarde y Daoíz fueran depositados con la pompa debida en terreno inmediato al Salón del Prado, que tomaría el nombre de Campo de la Lealtad.
   En abril del mismo año, previos largos y costosos trabajos de identificación, fueron recogidos los restos de los héroes y trasladados a la iglesia de San Isidro, donde quedaron hasta 1840.
   El Cuerpo de Artillería solicitó encargarse del carro fúnebre y las urnas para trasladar las cenizas de los héroes a la iglesia de San Isidro hasta su definitivo depósito en el Campo de la Lealtad.
   El 1 de mayo de 1814 se hizo formal entrega de las urnas al director general de Artillería, Martín García Loygorri. A continuación, cubiertas de terciopelo negro, se depositaron en un coche fúnebre y se trasladaron al Parque, rindiéndoles honores fúnebres de capitán general. Seguidamente, se colocaron en unas urnas talladas y doradas y encima la espada, el bastón, gorro y faja de capitán general, siendo expuestos en el Salón de Parada.
   El 2 de mayo, a las diez de la mañana, todo el cortejo fúnebre, con las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, comenzó a desfilar hasta la iglesia de San Isidro. El lujoso carro fúnebre se componía de una extensa plataforma sostenida por cuatro vistosas ruedas y rodeada por un colgante de terciopelo. Sobre la plataforma descansaba una roca de forma paralelipédica en la que apoyaban cuatro almohadones sobre los que descansaban las dos urnas. También figuraban dos flameros de alabastro en que se quemaban perfumes; dos leones de bronce que rompían con las garras trofeos franceses; la estatua de la religión con una mano señalando a las urnas y con la otra al libro de los Evangelios; las columnas de Hércules con los dos mundos y dos cañones. El carro fúnebre iba tirado por ocho caballos desherrados, con penachos y largas colas cubiertas de terciopelo negro con franjas de oro, en los que se veían bordadas las armas de las familias de Velarde y Daoíz.
   El 2 de mayo de 1840, una vez construido el obelisco de la Lealtad, las cenizas de los capitanes de Artillería Pedro Velarde y Luis Daoíz y demás víctimas de aquel memorable día fueron trasladadas al Prado con el homenaje debido, depositándose en el sarcófago de piedra construido en el monumento, donde hoy permanecen.
   Una lápida recuerda: “A los mártires de la Independencia Española la Nación agradecida. Concluido por la M.H. Villa de Madrid en el año 1840.
   Las cenizas de las víctimas del dos de Mayo de 1808 descansan en este Campo de la Lealtad, regado con su sangre. ¡Honor eterno al patriotismo!”.
   El 23 de abril de 1816, se concedió a los hijos, viudas y parientes más cercanos de las víctimas, y a los que fueron heridos o a los que hicieron nobles esfuerzos el día 2 de mayo de 1808, el uso de una medalla de honor. Es de plata y de figura oval, pendiente de una cinta negra. En el anverso figura una palma y un laurel enlazados por sus troncos. Dentro de él hay una corona de laurel y debajo esta inscripción “Fernando VII a las víctimas del 2 de mayo de 1808”. En el reverso se lee el siguiente lema: “Pro patria mori aeternum vivire”.
   La Sociedad Numismática de Madrid también realizó una medalla en plata y bronce, remitiendo ejemplares al Rey y Ayuntamiento, y para que se depositaran con las cenizas de los héroes al hacer su traslado en 1840.
   En 1846, el pueblo de Madrid honró la memoria de los héroes encargando al escultor Antonio Solá un grupo en mármol, que fue levantado en los jardines del Retiro. Posteriormente, fue trasladado al Prado y después a la entrada de La Moncloa, donde se levanta en la actualidad.
   En el Museo del Ejército se conservan varias reliquias de los dos héroes de la Independencia, entre ellas el hábito franciscano con que fue amortajado Velarde y una venda y el uniforme de Daoíz.
   Las tropas de Napoleón, mientras invadieron España, se vengaron más de una vez con la familia de Velarde, haciéndola víctima de saqueos y persecuciones.
   De ello da testimonio un documento del alcalde de Camargo, con fecha 27 de mayo de 1813, en el que expone que “los franceses le arruinaron a José Velarde, padre del héroe, con saqueos y persecución, haciéndole abandonar varias veces su casa”.
   Quebrantada su hacienda, el padre de Velarde elevó a las Cortes una instancia solicitando una pensión que le ayudara a sostener el gasto de su casa. Por Real Orden de 2 de abril de 1814, se le concedió la Cruz de Carlos III, con derecho a la primera vacante pensionada que se produjese en el Ministerio de Gracia y Justicia, y una distinción honrada por el ramo de Hacienda; a sus hermanas la pensión de 6000 reales a cada una de ellas, y a su hermano Julián una plaza gratuita en el Colegio de Artillería.
   En 1852, se concedieron a su hermano Julián los títulos de conde de Velarde y vizconde del Dos de Mayo. Tras su fallecimiento, pasaron los títulos a poder de su hijo Pedro.
   La casa de Muriedas tiene una lápida de mármol que recuerda su nacimiento y otra que conmemora la visita que hizo la reina Isabel II en el verano de 1861.
   La ciudad de Santander, por subscripción pública, dedicó a Velarde una estatua, obra inaugurada el 2 de mayo de 1880. Se realizó en la fábrica de Trubia, empleándose el bronce de cañones inútiles. El modelo de la estatua es del escultor Elías Martín, profesor y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
   Desde 1814, esta ciudad dedica anualmente, el 2 de mayo, un recuerdo patriótico a los héroes de Monteleón, en el que participa una escolta de caballeros cadetes de la Academia de Artillería de Segovia.
   Con motivo del centenario del memorable 2 de mayo se celebraron solemnes fiestas. Una de las más brillantes fue la que se llevó a cabo en Segovia para colocar la primera piedra del monumento a Daoíz y Velarde, presidida por Alfonso XIII el 6 de mayo, fecha que se subordinó a que en Madrid había tenido que celebrarse el día 2 la conmemoración del primer aniversario. Vino así a darse cumplimiento, aunque tardío, a lo acordado en las Cortes de Cádiz el 7 de julio de 1812, justamente un siglo más tarde, aunque al final de la guerra, el profesor de dibujo del Colegio Artillero, Luis Góngora, se encargó de realizar el proyecto del anhelado monumento (cuyo original se encuentra en la actualidad en el Museo del Ejército), que no se llevó a cabo.
   El 15 de julio de 1910, Segovia y el Cuerpo de Artillería se vistieron de gala para la inauguración del hermoso monumento, obra del escultor Aniceto Marinas, situado en el centro de la plaza de la Reina Victoria Eugenia, frente al Alcázar, donde se formaron como oficiales. El acto estuvo presidido por el rey Alfonso XIII, quien hizo caer las cortinas con los colores nacionales que cubrían el monumento; la música interpretaba la Marcha Real, mientras las campanas de la ciudad volteaban jubilosamente y una batería hacía una salva de veintiún disparos.
    Todos los años, el 2 de mayo, los cadetes de la Academia de Artillería se desplazan al Alcázar para, al pie del monumento a los héroes (presidido por Clío, diosa de la Historia), escuchar la lección del día, el elogio a los capitanes Daoíz y Velarde, presentes en lugar de honor en la memoria histórica artillera y de España.
   El heroismo de Velarde, junto a los defensores del Parque de Monteleón, el 2 de mayo de 1808, constituye uno de los pasajes más gloriosos de la Historia de España. Su comportamiento de excepcional heroismo y amor desinteresado a la Patria, son una valiosa lección para los hombres y mujeres de España (Emilio Montero Herrero, en Biografías de la Real Academia de la Historia).

   La calle Daoiz y Velarde está situada en el Casco Histórico. Va de la calle La Fuente a la calle Concepción de Osuna, y tiene una longitud de 80 metros aproximadamente, siendo peatonal desde el punto de vista del tráfico rodado, y tiene la particularidad de que por la parte que desemboca en la c/ Concepción de Osuna, lo hace mediante una escalinata, cementada y alumbrada por farolas funcionales. además de la estrechez de la misma por su parte media, que la hace inviable para el tráfico de vehículos. Está conformada por las traseras de viviendas de autoconstrucción de una y dos plantas, y paralela a las escalinatas que dan acceso a la Iglesia parroquial de San Cristóbal.
   La calle Daoiz y Velarde es, históricamente, una vía antigua, aunque solo era usada como salida de los animales que se custodiaban en las cuadras y corrales de las viviendas de esa zona con fachada principal a la calle Real, y rotulada modernamente en 2013, de ahí su sencillo comentario.   

lunes, 6 de septiembre de 2021

Hemeroteca: El procesamiento del Alcalde de Burguillos, según las noticias aparecidas en los periódicos "El Día", y "La Iberia", del 11 de agosto de 1889.

   Mostramos en "Historia de Burguillos" la noticia recogida en "El Día", y "La Iberia" editados en la capital del reino, sobre el procesamiento del Alcalde de Burguillos, y publicado el 11 de agosto de 1889, y que se conserva en el archivo de la Biblioteca Nacional de España.
   "El Día", fue un periódico fundado y dirigido por Camilo Hurtado de Amézaga (1827-1888), tercer marqués de Riscal, que le dio un carácter independiente dentro de una tendencia monárquica liberal, por quien ya había publicado en 1858-1859, y como “gaceta política independiente”, un periódico con el mismo título, antes de iniciar una interesantísima vida diplomática que le llevó a vivir en las principales capitales europeas. A su regreso a Madrid impulsará un periodismo modernizador en España, que tomará como modelo el londinense The Times, siendo El día el segundo, tras El imparcial, que se estampará en una rotativa en España, saliendo diariamente, incluso, al principio, los domingos, en números de cuatro páginas, y a cuatro y, posteriormente, a cinco columnas.
   El día es un periódico informativo, político y comercial, que además de editoriales y artículos, ofrecerá secciones de telegramas de la agencia Fabra, crónicas y noticias generales sobre industria, agricultura, finanzas, administración, sucesos, espectáculos, etc. Mantendrá secciones fijas, como “Nota del día” o “En los círculos políticos”, “Correo de provincias”, “Extranjero” o “Variedades”. Dedicará espacios diarios al Ayuntamiento de Madrid o reseñará lo más destacado publicado en la Gaceta de Madrid, dará la información meteorológica y de cultos diaria, así como las cotizaciones de los mercados bursátiles de Madrid y París. Su crítico teatral será Antonio Peña y Goñi, y el taurino, José Estrañi, con el seudónimo “Tío Pepe”. Pero también resalta de este diario sus corresponsalías en Paris, Nueva York, Londres o Lisboa, y en las principales capitales españolas. Incluirá también el tradicional folletín y la inserción de numerosos anuncios comerciales harán de este periódico una empresa rentable. Llegará a tirar tres ediciones: para el correo del Norte, el del Mediodía y la local de Madrid.
   Otra característica de este diario es la publicación todos los lunes de un suplemento literario, también de cuatro páginas, en el que colaborarán escritores sobresalientes de la época, como Leopoldo Alas Clarín, que lo hará hasta mediados de 1884, Antonio Alcalá Galiano o  Armando Palacio Valdés. También lo hará quincenalmente Emilio Castelar. Estas páginas estarán dedicadas a artículos de fondo y a la crítica literaria y bibliográfica, especialmente.
   Su propio fundador y director escribirá numerosos artículos, y su tendencia liberal y moderada le hará hacer campaña a favor de la candidatura al ayuntamiento de Madrid en la que estarán Castelar, Sagasta, Montero Ríos, Martos, Moret y otros republicanos. Dos años antes del fallecimiento del marqués de Riscal, el diario pasará a ser propiedad de Segismundo Moret, uno de los principales líderes del partido liberal sagastino.
   La colección de la BNE comienza con un número extraordinario dedicado a Calderón de la Barca. A partir de 1908 este título será continuado por un germanófilo El día de Madrid, no antes haber estado recibiendo su predecesor El día subvenciones del gobierno alemán hasta 1895.
   Pues bien, en una de sus páginas de la edición de domingo 11 de agosto de 1889, en la segunda columna, en su parte media, en la que se publican varias noticias relacionadas con los tribunales, aunque la que nos interesa fundamentalmente a los burguilleros, es la primera, sobre el procesamiento del alcalde que por entonces regía nuestro pueblo, y que pasamos a transcribir íntegramente:

TRIBUNALES ESPAÑOLES
Alcalde procesado
     El juzgado del distrito de San Vicente, de Sevilla, ha dictado auto de procesamiento y suspensión contra el alcalde de Burguillos, pueblo de aquella provincia.


   La misma noticia es recogida también por el periódico "La Iberia".
   "La Iberia"; fue una publicación periódica editada en Madrid desde 1854 a 1866, y de 1868 a 1898. Junto a otros prohombres del liberalismo progresista, como los dramaturgos Manuel de Llano y Persi (1826-1907) y Juan de la Rosa González (1820-1886), fue fundada por el farmacéutico, periodista y también dramaturgo Pedro Calvo Asensio (1821-1863). Aparece su primer número el 15 de junio de 1854, en pleno movimiento militar en el que participa el propio Calvo y que un mes después finalizará en la Vicalvarada dando paso al Bienio Progresista (1854-1856). Será el prototipo del nuevo e influyente periodismo político y cauce del Partido Progresista. Para ello, Calvo supo rodearse de un nutrido grupo de excelentes periodistas y a la vez preclaras plumas del progresismo. Entre ellas, la de Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903), que se formará como periodista en este diario desde 1857 y del que será redactor-jefe antes de asumir su dirección el uno de octubre de 1863, tras el fallecimiento de Calvo -su mentor y amigo- a la edad de 42 años, el 18 de septiembre de ese año, y adquirir la propiedad del periódico a su viuda –Ana María Posadas-, que la compartirá con José Abascal y Carredano (1829-1890). Este ya era copropietario –a partes iguales- con Calvo del diario desde 1862, y en 1864, junto a Sagasta y los hermanos Rojas, crearán su sociedad editora.
   Con el subtítulo “diario liberal de la mañana” (a partir de 1860 desaparecerá la mención temporal), se publicará en entregas de cuatro páginas compuestas en cuatro densas planas de pequeña tipografía. Formará parte de la renovada prensa informativa y política española, cuyos contenidos van estructurados en secciones. Estas serán la Doctrinal (artículo de fondo o editorial), Noticias (Provincias, Madrid, Ultramar, Extranjero), Oficial (legislación), Variedades, Revista de teatros, Religiosa (cultos), Mercantil (cotizaciones de la Bolsa), Espectáculos (cartelera), Recreativa (folletín, que después se denominará Biblioteca de La Iberia y ocupará, generalmente, los faldones de la primera y segunda página) y Anuncios (que ocupará, aunque no siempre, la última plana completa). A estas se sumarán otras con los epígrafes Opinión, Gacetilla, Correspondencias extranjeras, Últimas noticias, Comunicado o Sección de remitidos, así como la parlamentaria o de Cortes, las de Política interior y Política exterior, además de otra de Astronomía (meteorología) o de Lotería nacional, con el listado de los premios.
   No se publicará los lunes. A partir del 14 de noviembre de 1854 aumenta a cinco sus columnas por página. A partir del dos de diciembre de 1856 lo hace su formato y se empieza a componer a seis columnas, que las mantiene cuando vuelve a extender más su tamaño a partir de enero de 1860, llegando a indicar que es el de mayor dimensión y con mayor cantidad de “letras” de cuantos se publican. Imprime diversas ediciones (para Madrid y provincias) e incluso varias al día, así como, desde 1859, una edición económica, siendo distinguidas sus dos principales ediciones como la “grande” y la “chica” o económica. Además, entre diciembre de 1862 y el siete de septiembre de 1863, publicará también una edición satírica semanal, con caricaturas. Bajo la dirección de Sagasta llegará a ser uno de los diarios más leídos, y en 1865 superará en circulación a Las novedades (1850), el otro de los grandes noticieros, aunque La correspondencia (1859) se había convertido en el de mayor circulación de España, según la recaudación por timbre.
   En su artículo de presentación se había proclamado “campeón de las doctrinas liberales” y había indicado que “la imparcialidad” era “su divisa; la legalidad, su escudo” y “la libertad, su grito de guerra”, y aunque exprese también que “no nos hemos afiliado a ningún partido”, se convertirá en órgano efectivo del Partido Progresista, incluyendo en sus páginas una sección bajo los epígrafes Circular o Boletín oficial de esta formación política. Desde La Iberia se combatirá a los ministerios moderados o unionistas de Ramón María Narváez (1800-1868) y de Leopoldo O’Donnell (1809-1867), y en un artículo del seis de septiembre de 1856 de Calvo Asensio se criticará duramente a los liberales que en 1858 se integrarán en la Unión Liberal liderada por el citado O’Donnell. Por el contrario, se mostrará favorable al general Baldomero Espartero (1793-1879).
   La relación entre los periodistas de La Iberia y la actividad revolucionaria, política e institucional será muy estrecha, pues no sólo Calvo será diputado en 1854 y 1856 y Sagasta llegará a liderar el liberalismo progresista, tras el asesinato del general Prim (1870) y durante la Restauración, y ocupará varias veces la presidencia del Consejo de Ministros, sino otros de sus redactores o posteriores directores obtendrán actas de diputados o senadores u ocuparán cargos en la Administración. Es el caso del poeta Gaspar Núñez de Arce (1834-1903), que será su corresponsal en la Guerra de África (1859); del jurisconsulto Carlos Massa Sanguineti (1823-1883), que lo fue en la guerra austro-italiana (1859); o de Augusto Suárez Figueroa (1852-1904), Ángel Fernández de los Ríos (1821-1880), Fernando Fragoso (1830-1899), el ya citado Llano y Persi (1826-1907), Francisco Javier Carratalá (1830-1870), José María López del Pino (-1881), o Manuel Lasala. Hartzenbusch (1894) da un listado de hasta 36 periodistas de La Iberia, y además de los citados, incluye en su relación a los escritores Ventura Ruiz Aguilera (1820-1881) y Eugenio Sellés (1844-1926), a Francisco Javier de Moya (1821-1885), a su crítico teatral Juan de la Rosa González (1820-1886), a Víctor Balaguer (1823-1901), José Aguirre o Augusto Anguita.
   A comienzos de 1858, La Iberia había mantenido una áspera polémica doctrinal con el órgano más representativo del Partido Demócrata –La Discusión (1856-1887)-, lo que causará que un grupo de los periodistas de esta pasase a engrosar la redacción de la primera, como es el caso de un entonces joven Manuel Ruiz Zorrilla (1833-1895). Como periódico más representativo del “espíritu del 54”, y defensor de la libertad de imprenta y de la soberanía nacional, será uno de los diarios que más sufrió multitud de denuncias, multas, secuestros, procesamientos y suspensiones, como el consejo de guerra al que se verán sometidos su director, editor responsable y periodistas el cinco de agosto de 1864, en virtud de la ley de imprenta del 29 de junio de ese año. Sagasta fue detenido, juzgado y condenado a muerte por su participación en el pronunciamiento de la sargentada del Cuartel de San Gil, el 22 de junio de 1866,  pero logrará huir y refugiarse en Francia. El último número del diario había sido publicado un día antes. El dos de enero de 1868 reaparecerá este órgano del Partido Progresista con el título La nueva Iberia, que también forma parte de esta Hemeroteca Digital de la BNE. 
   La cabecera del diario liberal progresista fundado en 1854 por Pedro Calvo Asensio (1821-1863), y que había dejado de publicarse en 1866, retoma su antiguo título tras el triunfo de La Gloriosa. Previamente, en los nueve primeros meses de 1868 se había publicado en su sustitución La Nueva Iberia, título que también forma parte de esta Hemeroteca Digital de la BNE. Al reaparecer La Iberia, el 30 de septiembre de 1868, lo hará siguiendo la secuencia y numeración que había dejado interrumpida el 21 de junio de 1866, y con la indicación del nombre -además del de su fundador- de su director, que no era otro que el de Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903), quien tras regresar del exilio y ser nombrado ministro del Gobierno provisional presidido por el general Serrano, será sustituido a partir del 22 de octubre por el antiguo redactor y también exdirector del diario: el cordobés Carlos Rubio Colell (1831-1871). En su reaparición había indicado que quedaba excusado decir que “los redactores de la Nueva y los de la antigua, son y han sido siempre los mismos”:
   Seguirá siendo un diario de cuatro páginas, compuestas, generalmente, a seis o cinco columnas, que imprimía varias ediciones y que no se publicaba los lunes. Un diario que había renovado el periodismo político, inspirado dos revoluciones –la liberal del 54 y la democrática del 68- como órgano oficioso del Partido Progresista y era redactado con estilo ágil y calidad literaria por brillantes periodistas y escritores, muchos de los cuales obtendrían actas parlamentarias o altos cargos de la Administración. El caso paradigmático es el del propio Sagasta, quien tras el magnicidio del general Prim (1870), asumirá su liderato a través, primero, del Partido Radical y, seguidamente, del Partido Constitucional, siendo en dos ocasiones presidente del Consejo de Ministros, la primera durante el reinado de Amadeo de Saboya (1871-1872) y la segunda en los tres meses previos al golpe de Martínez Campos (1874), y, desde la fundación del fusionista Partido Liberal en 1880, en cinco mandatos durante el turno de partidos de la Restauración.
   Durante este periodo sus secciones más importantes serán la del artículo de fondo o doctrinal (editorial), sus crónicas parlamentarias y, especialmente, su amplia revista de prensa dedicada a atacar la prensa conservadora, carlista y republicana. Tendrá, asimismo, secciones de noticias, política extranjera, oficial, telegramas, gacetillas, espectáculos, tribunales, religiosa, meteorología, cotizaciones de bolsa, últimas noticias, folletín y, en su última plana, anuncios comerciales.
   Entre sus redactores y colaboradores se encontraron Juan de la Rosa González (1820-1886), Concepción Arenal (1820-1893), Ángel Fernández de los Ríos (1821-1880), Servando Ruiz Gómez (1821-1888), Eugenio Montero Ríos (1832-1914), Gaspar Núñez de Arce (1834-1903), Eugenio Sellés (1842-1926); los hermanos Manuel (1835-1911) y Félix González Llana (1850-1921), como cronista político y crítico teatral, respectivamente, así como José Ortega Munilla (1856-1922), entre otros.
   Se ha indicado que este diario con el tiempo terminó por identificarse de tal forma con la personalidad de quien había sido su director, Práxedes Mateo Sagasta, “que se convirtió en su permanente órgano de prensa”. Entre 1876 y 1883 estará dirigido por un sobrino del propio Sagasta, Tirso Rodrigáñez Sagasta (1853-1935), que llegará a ser ministro de Hacienda tanto con su tío como con Canalejas. De 1884 a 1886 lo dirigirá el dramaturgo cómico Emilio Sánchez Pastor (1853-1935), que anteriormente había sido cronista parlamentario del diario. Y probablemente José Sánchez Guerra (1859-1935) lo dirigiera también antes de que el 11 de octubre 1886 adquiriese su propiedad y asumiera la dirección Manuel Martínez Aguiar (-1942), que ubicó su redacción en un nuevo edificio e intentó, fructuosamente, hacer de este un periódico al estilo norteamericano. Superado por otros grandes diarios madrileños, La Iberia desaparece en plena guerra colonial, siendo la última entrega de su colección la correspondiente al 14 de mayo de 1898, tras cuarenta y cinco años en publicación.
      Pues bien, en una de sus páginas de la edición de domingo 11 de agosto de 1889, en la quinta columna, en su parte final, en la que se publican varias noticias relacionadas con los tribunales, aunque la que nos interesa fundamentalmente a los burguilleros, es la penúltima, sobre el procesamiento del alcalde que por entonces regía nuestro pueblo, y que pasamos a transcribir íntegramente:

     El juzgado del distrito de San Vicente, de Sevilla, ha dictado auto de procesamiento y suspensión contra el alcalde de Burguillos, pueblo de aquella provincia.

   Unas noticias nada agradables para la historia de nuestro pueblo, que lamentablemente fueron de alcance a nivel nacional.

lunes, 30 de agosto de 2021

Bibliografía: El yacimiento arqueológico nº 98 (Burguillos, Sur), de Burguillos en el libro "Implantation rurale antique sur le Bas-Guadalquivir", de Michel Ponsich, editado por el CSIC, en Madrid, en 1974.

   Mostramos en Historia de Burguillos los datos del yacimiento arqueológico nº 98 (Burguillos, Sur) de Burguillos, que aparece en la principal monografía dedicada al estudio de la arqueología romana del término municipal de nuestro pueblo. Se trata de "Implantation rurale antique sur le Bas-Guadalquivir" [Antiguo asentamiento rural en el Bajo Guadalquivir], obra de Michel Ponsich, editado por el Laboratorio de Arqueología de la Casa de Velázquez (CSIC), en Madrid, en 1974.
   Es una obra imprescindible para conocer la historia de nuestro pueblo en época romana, y por supuesto de toda nuestra comarca, y en definitiva el Bajo Guadalquivir. Fundamental para nuestro pueblo porque en él se detallan, nada más y nada menos, que 25 yacimientos arqueológicos enclavados en el término municipal de Burguillos, siendo el aquí descrito el nº 98 (Burguillos, Sur), que aparece en la página 90, y que pasamos a transcribir literalmente:
‎ 

98 - BURGUILLOS (Sur)
                    ‎Coordenadas: 398,4 / 334,9.‎
‎   Margen derecha del [arroyo] Paso de la Villa, a la salida de Burguillos, desde los primeros campos, fragmentos de azulejos y ladrillos romanos en la superficie. Granja.‎


lunes, 23 de agosto de 2021

Geografía: El paraje "Cerro del Caballo", en Burguillos

Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del paraje "Cerro del Caballo".

      El paraje "Cerro del Caballo", lugar que toma su nombre, de la propia etimología de su nombre, ya que es una pequeñas elevación del terreno, y en la que debieron existir alguna explotación ganadera dedicada al mundo equino. La cima del Cerro del Caballo se encuentra en el límite nororiental de nuestro término municipal, ya lindando con los de Castilblanco de los Arroyos y de Villaverde del Río.






         Al paraje "Cerro de Caballo" se llega tras salir del casco urbano de Burguillos, por la Vereda de los Rodeos, si bien lo más rápido es por el camino de Villaverde del Río a Castilblanco, que se inicia en la ctra. de Villaverde, ya muy cercano a Villaverde del Río. El "Cerro del Caballo", se encuentra delimitado al Norte, por el término municipal de Castilblanco de los Arroyos; al Este, por el término municipal de Villaverde del Río; al Sur, por el camino que recorre la zona norte de nuestro término municipal; y, al Oeste, por el paraje de "El Baldío"; encontrándose a unos 7 km. de nuestro pueblo y a una altura de 288 m. de altitud. Señalar que todas las imágenes provienen del Instituto Geográfico Nacional.

lunes, 16 de agosto de 2021

Callejero de Burguillos: La calle Dalí

Mostramos en Historia de Burguillos una reseña, con imágenes realizadas por Google Maps en septiembre de 2008, de la calle Dalí, en Burguillos.

   La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos) está dedicada a Salvador Dalí (1923-2012), pintor.

   Salvador Dalí Domènech, Marqués de Púbol (Figueras, Gerona, 11 de mayo de 1904 – 23 de enero de 1989). Pintor, escenógrafo, ilustrador, director de cine.
   Históricamente asociado con la corriente surrealista, Dalí representa el arquetipo del artista polifacético espectacular contemporáneo y es considerado como una de las figuras más importantes del arte del siglo XX.

   Desarrolla su actividad creadora en diversos campos a través de las fórmulas culturales más diversas: la pintura, los medios escritos (poesía, prosa, el texto autobiográfico, el teórico o el manifiesto), las artes tridimensionales (escultura, composición de objetos), el diseño (joyas, muebles, envases de perfumes y bebidas, carteles publicitarios,...), las artes gráficas (grabados, ilustraciones de libros, litografías,...), las artes escénicas (el teatro, la ópera o el ballet), el cine, o las apariciones públicas en prensa, radio, cine, publicidad, televisión,... Dominador de la técnica pictórica más depurada, especialmente el dibujo, junto con diversos lenguajes estéticos —desde el impresionismo, el cubismo, el purismo o el ultraísmo tardío con ribetes dadaístas hasta el surrealismo más radical, el hiperrealismo, el pop-art o el arte óptico—, absorberá toda influencia que le resulte útil para construir un lenguaje propio y personal, a caballo entre la tradición técnica y la vanguardia temática. Su método paranoico-crítico es su principal aportación al movimiento surrealista y a la historia del arte como un nuevo modelo creador con el que las teorías de Dalí adquieren entidad teórica —gracias a las sucesivas interpretaciones que el artista ampurdanés hizo de sus lecturas de la obra de Sigmund Freud— y práctica, aplicándolo como un líquido revelador de imágenes que pueden ser representadas plásticamente a través de imágenes múltiples, anamorfismos, espejismos relacionales, imágenes simbólicas irracionales y heterogéneas, pseudoalucinaciones, recuerdos infantiles, atavismos, ideas obsesivas [...] y recreando un método polifónico capaz de relacionar críticamente cualquier experiencia visual o sensible. Con su método, Dalí hace del delirio paranoico todo un modo de expresión no de un arte patológico, sino de un arte que nos introduce en la irracionalidad concreta que habita en todo proceso creativo, construyendo no sólo sus obras, sino también su propio personaje como artista. En Dalí, la relación entre su obra y su historia personal se hace evidente. Gran parte de los hechos biográficos más significativos para el artista están presentes implícita o explícitamente en el contenido de su obra y son la explicación de su compleja y contradictoria personalidad.

   Salvador Felipe Jacinto fue el segundo hijo de Salvador Dalí y Cusí, respetable notario de Figueras, de cuarenta y un años, natural de Cadaqués —cuyos orígenes se remontan probablemente a la etnia gitana asentada en Figueras desde el siglo XIV— y de Felipa Doménech Ferrés, de treinta años, natural de Barcelona.
   El primer hijo del matrimonio, también llamado Salvador, había muerto con veintiún meses cumplidos de una infección gastroenterítica, según consta en su certificado de defunción; nueve meses y diez días antes de nacer Dalí. Este hecho, destacado en 1942 en su libro de recuerdos biográficos La vida secreta de Salvador Dalí, marcará su imagen de la muerte y la putrefacción de la carne, presentes en su obra.

   Hijo único hasta el nacimiento de su hermana Ana María en enero de 1908, Salvador recibe todos los cuidados y protección de las mujeres que habitan en la casa: el aya Lucía Gispert, su tierna abuela materna Ana, la hermana pequeña de su madre, Catalina, a la que todos llamaban la “tieta” y su amorosa madre.
   En ese mismo año ingresa en la Escuela Municipal de Párvulos de Figueras que dirige un curioso e innovador pedagogo y ferviente discípulo de Darwin, Esteban Trayter, poseedor de una colección de objetos entre los que se encontraba un estereoscopio francés que hizo las delicias del pequeño Salvador. En la década de los setenta, Dalí incorporará esta experiencia a su obra como su última gran pasión, mediante la creación de sus pinturas estereoscópicas e hiperestereoscópicas.

   En 1910, Dalí ingresa en el Colegio Hispano-Francés de la Inmaculada Concepción de los Hermanos de la Salle, conocido como Els Fossos, donde la enseñanza se imparte únicamente en francés, lo que explica que el padre de Dalí —furibundo y vehemente librepensador y gran admirador de la cultura francesa— matriculara allí a su hijo pese a su reconocido anticlericalismo.
   Durante los seis años de formación en ese centro privado, Dalí aprende cultura general con resultados académicos mediocres, domina el francés hablado pero no escrito, desarrolla su timidez patológica, realiza sus primeras lecturas de arte a través de la colección Gowan’s Art Books, perteneciente a la biblioteca familiar, y aplica en sus primeros dibujos el consejo de uno de sus profesores que insistía en “no rebasar la línea” al colorearlos; pauta que Dalí aplicará técnicamente en gran parte de su obra y que recordará en un artículo suyo publicado en la revista L’Amic de les Arts de 1927 y, más tarde, en su libro 50 Secretos Mágicos para Pintar, publicado en 1948. En aquella época infantil también quedará grabada en su retina la impresión de algunas de las reproducciones que colgaban de las paredes del colegio, como El Ángelus de Millet, tema reiterativo y obsesivo en la obra daliniana tanto plástica como escrita. Durante esos años Dalí instala su primer estudio en la azotea de la casa, situada en la calle Monturiol, n.º 24, de Figueras a la que se habían mudado en el verano de 1912, desde donde disfruta de una magnífica vista de la llanura del Ampurdán, que queda reflejada en sus primeras obras infantiles. Cadaqués es su otro gran paisaje de referencia. A este pequeño pueblo de pescadores, cercano al cabo de Creus y de difícil acceso, acudía la familia Dalí de vacaciones desde que Salvador cumplió los cinco o seis años. Lugar clave en la inspiración de gran parte de su obra; telón de fondo de muchas de sus pinturas, de sus alegrías y dramas familiares.

   Allí podía experimentar juegos visuales a través de las imágenes dobles y la transformación de sus rocas metamorfoseadas.
   Allí conoció a Lidia Nogués Costa, primer ejemplo cercano e inspirador del delirio paranoico del pintor y dueña de una hospedería del pueblo en la que se habían alojado personajes notables como Picasso, André Derain o Eugenio d’Ors. Allí inicia su relación con Gala y allí establecerán ambos su residencia más estable.

   En 1916 pasa un tiempo en una finca a las afueras de Figueras con la familia Pichot, intelectuales y artistas con los que descubrió su auténtica vocación. Allí se impregna de la pintura impresionista y puntillista de Ramón Pichot, vinculado a los movimientos simbolistas y modernistas catalanes y amigo de los Dalí como casi toda su familia. En otoño de ese mismo año, Dalí iniciará sus estudios secundarios en el Instituto público de Figueras que completará asistiendo al colegio de los Hermanos maristas y a las clases de la Escuela Municipal, donde el grabador y catedrático de Dibujo Juan Núñez, de formación clásica, le enseña a dominar el detalle, admirando las obras de los artistas flamencos y del renacimiento italiano, especialmente las sorprendentes fantasías de los pintores del siglo xv, como las imágenes dobles de Archimboldo que más adelante influirán en Dalí al utilizarlas como herramienta para construir algunas formas plásticas que reflejarán su método paranoico-crítico.

   A partir de 1919 Dalí muestra su actividad creativa públicamente: participa en una exposición colectiva en el Teatro Municipal de Figueras (futuro Teatro- Museo Dalí), recibiendo excelentes críticas; funda con algunos compañeros del instituto la revista Studium, donde publica sus primeros escritos bajo forma de crónicas sobre sus artistas más admirados en el siguiente orden: Goya, El Greco, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Velázquez; colabora en la revista humorística El sanyó Pancraci e inicia un diario personal que no abandonará hasta 1920, titulado Les meves impressions i records íntims. En este año su padre acepta la decisión de su hijo de ser pintor, con la condición de que obtenga el título de profesor. Pero en 1921 la tragedia y la muerte visita a la familia Dalí. Un cáncer de útero termina con el penoso y prolongado sufrimiento de la madre de Salvador y poco después morirá repentinamente Pepito Pichot, íntimo amigo de la familia. Año de importantes cambios que quedan reflejados en sus impresiones y recuerdos íntimos, así como en otros apuntes autobiográficos que se prolongan hasta 1922 y en los que expresa un giro radical, manifestando vehementemente su odio hacia el capitalismo y su convencimiento de que el país necesita una revolución marxista, así como su firme decisión de ser admirado por los demás a través de sus gestos y creaciones: “Seré un genio y el mundo me admirará, tal vez seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio [...] En poco tiempo he avanzado mucho en el camino de la farsa y el fingimiento [...] me voy acostumbrando a ser un gran actor en esta gran comedia que es la vida [...] Estoy locamente enamorado de mí mismo”.

   Es en este momento cuando Dalí empieza a admirar las corrientes vanguardistas, especialmente el cubismo y el futurismo, cuyo conocimiento obtiene de primera mano gracias a las publicaciones que le facilita regularmente su tío Anselmo Doménech, librero reconocido en Barcelona. Una nueva etapa marcará su formación; son los años 1922-1927, en los que Dalí acumula diferentes experiencias vitales de suma trascendencia para la elaboración de su propio bagaje estético y de su desarrollo creativo: su estancia en la Residencia de Estudiantes y sus contactos con la elite intelectual madrileña; sus dos expulsiones de la Academia de Bellas Artes de San Fernando —la primera el 22 de octubre de 1923 y la definitiva, el 20 de junio de 1926—; su aprendizaje en la Academia Libre de Julio Moisés durante el curso 1923-1924, donde coincide con Bores y Benjamín Palencia; su encarcelamiento —el 24 de mayo de 1924— durante algo más de un mes en Figueras y Gerona como represalia contra su padre; su intensa relación con los amigos de la Residencia de Estudiantes, como Pepín Bello, Luis Buñuel y, especialmente, con Federico García Lorca; su importante viaje a París y a Bruselas del 11 al 28 de abril de 1926 —en compañía de su hermana y su tía— y donde Manuel Ángeles Ortiz le presenta a Picasso, cuya influencia se dejará notar en obras como Naturaleza muerta al claro de luna malva. Son los años de una intensa participación en diferentes exposiciones, como el I Salón de la Sociedad de Artistas Ibéricos en mayo de 1925 en Madrid, su primera exposición individual en las galerías Dalmau de Barcelona, de 14 a 27 de noviembre de 1925, Arte Catalán Moderno en enero de 1926 en Madrid, I Saló de Tardor en octubre de 1926 en Barcelona, la Exposición de Modernismo Pictórico Catalán confrontada con una Selección de Obras de Artistas de Vanguardia Extranjeros, que tiene lugar entre el 16 de octubre y 6 de noviembre en las galerías Dalmau de Barcelona. En las realizaciones de su etapa madrileña —la comprendida entre otoño de 1922 hasta el verano de 1926, en el que regresa a Figueras— predominan temáticamente las referencias a su hermana Ana María y a Lorca con una dualidad de planteamientos estéticos a caballo entre la tradición y la vanguardia respectivamente, y una amalgama de lenguajes provenientes del cubismo con impregnaciones que van del futurismo al purismo, junto con la influencia de Barradas, de Juan Gris, el “planismo” de Celso Lagar o un cierto neoclasicismo influido por Eugenio d’Ors. Son años decisivos en su formación en los que el ambiente que vive en la Residencia de Estudiantes marcará la evolución estilística de Dalí y su camino hacia el surrealismo casi como un mero juego intuitivo. Entonces se manifestarán temas como “los putrefactos” (categoría artística y de pensamiento, que estuvo de moda entre los jóvenes de la Residencia, y con la que se representaba todo lo caduco o inmovilista, sentimental o tierno, pedante o cursi, tonto o aburrido), “los anaglifos” (mínimos poemas con unas condiciones inesperadas) y los “carnuzos” (todo lo que oliera a caduco en una actitud vital o estética, representado mediante burros podridos). Es en este momento cuando aparecen en su obra algunos indicios, tímidos aún, del influjo de sus primeras lecturas freudianas. Dicha huella estará mezclada, eso sí, con la fuerza de otras influencias de procedencia teórico-plástica, provenientes de revistas vanguardistas como L’Esprit Nouveau (1920- 1925) —en cuyas páginas se dedicaba un amplio espacio a las últimas tendencias del pensamiento, como el psicoanálisis— o Valori Plastici (1918-1922), y en las que confluirían estéticamente el purismo de Ozenfant y Jeanneret con la metafísica italiana de De Chirico, las teorías de Alberto Savinio y la estética del compás y del número de Severini o la objetividad de Morandi o Carrá.

   Pero será en 1927, en su segunda exposición individual en las galerías Dalmau y en el Salón de Otoño de Barcelona, donde se aprecien los primeros acercamientos al surrealismo y a su iconografía de signo freudiano. De este momento son obras como La miel es más dulce que la sangre y Aparato y mano, así como los decorados y el vestuario para la obra de Lorca Mariana Pineda. En este mismo año inicia su colaboración regular con la revista L’Amic de les Arts, en la que publica su artículo “San Sebastián”, dedicado a Lorca y primer ensayo de la nueva estética que Dalí defiende desde los ecos asimilados de la objetividad metafísica italiana de Giorgio De Chirico, y donde demuestra su inquietud por la búsqueda de los medios para generar nuevas realidades visuales que le conduzcan a un lenguaje propio y personal. En 1928 publica junto con Luis Montanyà y Sebastián Gasch un duro ataque al arte convencional, el Manifest Groc (Manifiesto Antiartístico Catalán). Poco a poco irá definiendo su acercamiento al espíritu surrealista desde la vía freudiana con artículos como “Realidad y sobrerrealidad” o el poema “A la Lydia de Cadaqués”, publicados en La Gaceta Literaria, y desde cuadros como Los esfuerzos estériles (Cenicitas) con claras influencias plásticas de Miró, De Chirico, Max Ernst o Tanguy. Ya en 1929, Dalí proclama su profesión de fe surrealista en el último número de la revista L’Amic de les Arts, cuyo concepto y textos proceden en su mayoría de la mano daliniana. Dalí viaja nuevamente a París y, a través de Miró, entra en contacto con el grupo surrealista encabezado por André Breton. Su carta de presentación es el film Un perro andaluz, fruto de su colaboración con Luis Buñuel y llave para su plena integración en el surrealismo parisino. En verano Dalí recibe en Cadaqués la visita de Camille Goemans —que promoverá su primera exposición individual en su galería de París—, René Magritte, Luis Buñuel, Paul Éluard con su esposa Gala y la hija de ambos. Desde ese momento, Gala abandona a su familia para permanecer junto a Dalí en su vida y en su obra. Consecuencia de su relación con Gala y los surrealistas, Dalí es expulsado del hogar paterno y pinta El juego lúgubre, El enigma del deseo, Los primeros días de la primavera y El gran masturbador en los que se vinculan, vía Freud, el lenguaje daliniano con sus problemas íntimos y sus conflictos personales, especialmente los de contenido sexual.

   Durante los años treinta desarrollará todo su lenguaje pictórico y sus teorías estéticas con plena madurez, multiplicando las exposiciones individuales, así como su participación en las muestras programáticas del Surrealismo y su imagen como agitador espectacular en conferencias, actos y exposiciones. En 1930 pronuncia en el Ateneo de Barcelona la conferencia “Posición moral del surrealismo”, realiza el segundo frontispicio del Segundo manifiesto surrealista, estrena en París La edad de oro —su segunda colaboración cinematográfica con Buñuel—, y publica su libro La femme visible (La mujer visible) en el que —inspirado por una relectura de Freud— nos muestra ya claramente su método paranoico de creación como una alternativa que afronta activamente la pasividad del automatismo surrealista. Aquí fija las bases del mismo, donde a través de una patología como la paranoia es capaz de lograr una unidad metódica y sistemática para confundir la realidad y la irrealidad, para expresar la dialéctica de los contrarios complementarios, la verdad y la mentira de la propia obra de arte como una ventana exterior que refleja el mundo interior, profundizando así en su reflexión sobre el propio proceso creador, que debe quedar reflejado plásticamente en sus cuadros como en Durmiente, caballo, león invisibles (1930), El hombre invisible (1929-1932), Afueras de la ciudad paranoico-crítica (1936), El Gran Paranoico (1936), o dos de sus obras maestras: Metamorfosis de Narciso (1936- 1937) y El enigma sin fin (1938). En 1931 realiza su primera exposición individual en la galería de Pierre Colle, en París, donde expone La persistencia de la memoria, publica diversos artículos en la revista Le Surréalisme au Service de la Revolution y participa en la primera exposición surrealista en los Estados Unidos.
   Al año siguiente también expondrá en Nueva York, en la galería de Julien Levy, y celebrará su segunda exposición individual en la galería de Pierre Cole en París; publica su libro Babaou, en el que refleja su concepción del cine y, a finales del año, anunciará a su protector, el vizconde de Noailles, la creación del llamado “grupo del Zodíaco”, creado para ayudar económicamente a Salvador Dalí mediante la compra regular de sus obras. Ya en 1933, y tras haberse entrevistado con el psicoanalista francés Jacques Lacan, incorpora el aspecto crítico a su método paranoico, explicitado en el primer número de la revista Minotaure en febrero de 1933, “Nuevas consideraciones sobre el mecanismo del fenómeno paranoico desde el punto de vista surrealista”, prólogo del libro —que permanecerá inédito hasta 1963— Interprétation paranoïaque- critique de l’enigme obsédante “L’Angelus” de Millet (Interpretación paranoico-crítica de la imagen obsesiva “El Ángelus” de Millet). En ese mismo año también publicará en diversas revistas sus reflexiones sobre la arquitectura modernista, ilustradas con fotografías de la obra de su admirado Gaudí y que habían sido tomadas por Man Ray. Como casi todos los surrealistas, Dalí practicará en esta etapa parisina la técnica del ensamblaje, explorando el efecto sorpresa que producen los objetos sacados de su contexto habitual como en su Objeto de funcionamiento simbólico. Zapato con vaso de leche (1931).

   En 1934 contrae matrimonio civil con Gala y recibe su primer aviso de expulsión del grupo surrealista fiel a Breton al participar con su obra —de provocadora alusión a Lenin— El enigma de Guillermo Tell en la Exposition du Cinquentenarie en el Salón de los Independientes del Grand Palais de París, sin tener en cuenta la disciplina impuesta por el grupo, que había decidido no participar en la misma. Tras el chaparrón inicial y algunas acusaciones hacia Dalí que lo tachaban de fascista contrarrevolucionario, éste publica en la revista Documents 34 su artículo “Últimas modas de excitación intelectual para el verano de 1934” y en Minotaure “Los nuevos colores del ‘sexappeal’ espectral” y “Apariciones aerodinámicas de los ‘seres-objetos’”. Poco después consuma en el campo de la ilustración uno de sus trabajos más notables, 42 aguafuertes y 30 dibujos para el libro Les Chants de Maldoror de Isidore Ducasse, conde de Lautréamont.
   Antes de embarcar con Gala en su primer viaje a los Estados Unidos, realiza su primera exposición individual en Londres. Su éxito va extendiéndose y su influencia se deja notar tanto en pintores catalanes (Esteban Francés, Massanet o Planells) como en artistas de otros círculos (José Caballero, Óscar Domínguez, González Bernal, Juan Ismael). 1935 marcará para Dalí el momento de la reconciliación familiar que se produce a su regreso de los Estados Unidos, donde se había dado a conocer a través de la publicación de una octavilla que tituló “New York salutes me” (Nueva York me saluda) y dos exposiciones individuales, una en Nueva York y otra en Conneticut.
   Su actividad en el entorno surrealista continúa, publicando en la revista Cahiers d’art “Las pantuflas de Picasso”, donde aplica su método paranoico-crítico a la literatura, y también verá la luz su libro La conquête de l’irrationnel (La conquista de lo irracional), en el que Dalí reflexiona sobre su trayectoria y sus hallazgos estéticos anteriores para concluir con la síntesis y la definición completa de su método paranoico-crítico.
   Durante estos años Dalí también dejó sentir en su pintura la tensión política que vivía la España de la República y que avocará al horror de la contienda civil.
   Así queda reflejado en los estudios previos de su cuadro Construcción blanda con judías guisadas. Premonición de la guerra civil (1936) y en su Canibalismo de otoño (1936) —pintado ya en plena guerra— que reflejan una autodevoración simbólica. Durante uno de sus viajes a Londres, Dalí se entera del asesinato de su amigo Lorca, pero no toma partido, se declara apolítico y manifiesta tan sólo su fascinación por la barbarie colectiva y por la obra del propio Dalí. Durante esos años se mantuvo alejado de España, pasando una temporada en Italia en una casa de su nuevo protector Edward James, quien en 1938, unos meses después de que Hitler invadiera Austria, facilitará el encuentro en Londres entre Dalí y el exiliado Freud, del que el artista realizó una serie de apuntes.
  En 1939 se cierra un ciclo en la trayectoria de Dalí, al consumarse su expulsión del grupo surrealista, acusado de simpatizar con el fascismo, de manifestar un calculado esnobismo y una descarada actitud mercantil.
   En ese año vuelve a Nueva York para promocionar su obra. Cumplirá el encargo de los almacenes Bonwit-Teller de decorar dos de sus escaparates, presentará su exposición individual en la galería Julien Levy —promotor de Dalí en Estados Unidos— y firmará un contrato con la World’s Fair para diseñar el pabellón Sueño de Venus. Pero el comité de esa Feria Mundial le prohíbe exhibir en la fachada una reproducción de la Venus de Boticelli con cabeza de pez a lo que Dalí responderá publicando su “Declaración de la independencia de la imaginación y de los derechos del hombre a su propia locura”. Poco después estrenará en el Metropolitan Opera House el ballet Bacanal con libreto, vestuario y decorados del propio Dalí. En ese momento inicia una nueva etapa de adaptación complaciente al poder económico, cultural y político con la que consiguió la celebridad mundial que había perseguido, haciendo de su propia biografía una provocación continua. Atrás quedarán la España de la posguerra y la guerra en Europa.
   En 1940 Gala y Dalí se trasladan a los Estados Unidos, donde residen primero como invitados en Virginia en la casa de campo de Caresse Crosby, la conocida millonaria y miembro del Grupo del Zodíaco que les presentará a la alta sociedad americana, y más tarde en la suite 1016 del lujoso hotel St. Regis de Nueva York. Durante estos años y hasta su vuelta a España en 1948, la actividad creadora de Dalí es frenética en todos los campos creativos, algunos novedosos como los anuncios publicitarios, las portadas para revistas comerciales como Vogue, el diseño de frascos para perfumes, muebles o el diseño de joyas que inicia en 1941 y que continuará a lo largo de su carrera; otros ya conocidos para él como la fotografía —ese mismo año comienza su relación profesional con Philipe Halsman que perdurará hasta el fallecimiento del fotógrafo en 1979—; la literatura, en 1942 la editorial Dial Press de Nueva York publica The Secret life of Salvador Dalí (La vida secreta de Salvador Dalí), en 1944 su primera novela, Hidden Faces (Rostros ocultos) y en 1948 sus 50 Secrets of Magic Craftsmanship (50 secretos mágicos para pintar); el ballet, a través de obras como Labyrinth (Laberinto) de 1941, Café de Chinitas de 1943, Sentimental Colloquy (Coloquio sentimental) de 1944, Mad Tristan (Tristán loco), primer ballet paranoico sobre el eterno mito del amor en la muerte; el cine —recuérdese que ya había colaborado con los hermanos Marx en 1937—, trasladándose a Hollywood donde realiza las secuencias oníricas de la película Spellbound (Recuerda) de Alfred Hitchcock y el proyecto de dibujos animados para el film Destino de Walt Disney. Dalí no deja su labor como ilustrador, colaborando en obras como The Autobiography of Benvenuto Cellini o Macbeth de Shakespeare o The first parto of the life an achievements of the renowned don Quixote de la Mancha de Cervantes, todas ellas publicadas en 1946; y por supuesto continúa pintando cuadros de gran calidad técnica, como Poesía América. Los atletas cósmicos (1943), en el que la referencia cultural americana se mezcla con su imaginario surrealista y que anticipa el pop-art de los años sesenta, al incorporar elementos de la cultura popular, como la botella de Coca-Cola; Atómica melancólica (1945) en que alude a los bombardeos nucleares de la Segunda Guerra Mundial, La cesta de pan (1945) en que su pintura presenta un realismo y un rigor descriptivos que se aleja de las deformaciones surrealistas anteriores y sirve de modelo al hiperrealismo americano posterior, o en Desmaterialización de la nariz de Nerón (1947), una especie de altar dedicado a la desaparición del género humano. Una incesable producción con la que su imagen polifacética ha acumulado la fama, la riqueza y el prestigio internacional que Dalí transporta en su maleta de regreso a España en 1948, donde la dictadura del general Franco está plenamente consolidada. Aquí se instala en Port Lligat, cerca de Cadaqués, en el cabo de Creus, su amado paisaje. En ese momento Dalí declara públicamente ser profundamente católico y partidario del régimen franquista. La conferencia pronunciada en el Ateneo de Barcelona “Por qué fui sacrílego, por qué soy místico” en 1950, año en que muere su padre, y la conferencia “Picasso y yo”, de 1951 en el Teatro María Guerrero de Madrid le ayudan, tanto como su pintura mística e histórica de estos años, a fijar su posición ideológica y estética en este nuevo escenario.
   Dalí participa en la I Exposición Bienal Hispanoamericana de Arte y se convierte en un símbolo artístico para la dictadura, tanto es así que en 1956 Franco lo recibe en el palacio de El Pardo y en 1964 se le otorga la Gran Cruz de Isabel la Católica, máxima distinción española que le concede el Gobierno franquista.
   A finales de la década de los cuarenta, Dalí había iniciado una iconografía mística y religiosa. Es su etapa mística y nuclear, caracterizada también por el tratamiento de temas relacionados con los avances científicos del momento, especialmente los referidos a la fusión y fisión nucleares, y por temas religiosos.
   Durante los años 50 se obsesiona por la presencia de estructuras matemáticas en la naturaleza. En 1951 publica el llamado Manifiesto Místico, ensayo en que explica su nueva actitud artística, de clara emulación hacia algunos de los grandes maestros de la pintura, así como el nuevo fervor religioso que estaba experimentando.
   Ese período se puede observar en obras como Leda atómica, donde colabora con el matemático rumano Matila Ghyka, o la primera versión de la Madonna de Port Lligat, ambas obras firmadas en 1949. Una de sus obsesiones más constantes de esos años será el cuadro de Millet titulado El Ángelus, que provocó en Dalí una doble conmoción, pictórica y psicológica. En 1963 redactará un libro, El mito trágico del Ángelus de Millet, en el que explica el proceso a partir del cual surgió toda una serie de imágenes y asociaciones delirantes. Desde esa fecha cabe mencionar otras dos publicaciones: Diario de un genio (1964) y Confesiones inconfesables (1973).
   A finales de los años 50 se acerca de forma muy personal al expresionismo abstracto norteamericano, con especial admiración hacia Willem de Kooning. Más tarde, en los años 60, trabajará en movimientos tan conocidos como el pop-art o el arte óptico. Durante las décadas de los sesenta y setenta intensifica sus estudios sobre la olografía y la ciencia óptica, encontrando nuevos recursos para el dominio de las imágenes tridimensionales. Busca ofrecer al espectador protagonismo a través de la impresión plástica y espacial de imágenes en tres dimensiones, aplicando sin cesar efectos e ilusiones ópticas. La historia y la ciencia son temas centrales de la mayoría de sus obras de gran tamaño. En este período pinta algunos célebres cuadros, como: Cristo de San Juan de la Cruz, Galatea con esferas, Corpus Hypercubus, El descubrimiento de América por Cristóbal Colón y La Cena. Después se interesa por la olografía. La última pasión de Dalí fue la pintura estereoscópica: en 1972 tiene lugar una exposición de ologramas y en 1975 presenta su primera obra hyperestereoscópica en Nueva York. Como ilustrador destacan las doce litografías para Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes (1957) y las cien xilografías en color para la Divina Comedia, de Dante (1960). Los últimos quince años de su vida están jalonados por el reconocimiento nacional e internacional a toda su producción. Así, en 1974 se inaugura el Teatro-Museo Dalí en Figueres. En 1978 es nombrado académico en Francia y al año siguiente se inaugura la gran retrospectiva en el Centro Georges Pompidou, que posteriormente se traslada a la Tate Gallery de Londres. En 1982 se inaugura el Museo Salvador Dalí en St. Petersburg (Florida, Estados Unidos) y S. M. el rey Juan Carlos I le nombra marqués de Púbol. Por fin, en 1983 crea la Fundación Gala- Salvador Dalí en Figueres. Los años 80 simbolizan su decaimiento, concretamente a partir de la muerte de su esposa Gala en 1982; desde entonces se refugia en el castillo que años antes había regalado a su musa.
   En 1983 Salvador Dalí pinta su último cuadro, La cola de la golondrina, y se celebra una gran exposición antológica en Madrid, Barcelona y Figueras bajo el título “400 obras de Salvador Dalí”. A lo largo de toda su carrera, Dalí nunca abandonó su interés por la ciencia, desde su seguimiento de las teorías freudianas y la teoría de la relatividad en la década de los veinte y treinta hasta 1985 en el que siguió, enfermo y postrado en su cama en la Torre Galatea del Teatro- Museo Dalí, a través de un circuito cerrado de televisión, el congreso científico “Proceso al azar” que se desarrollaba dentro del mismo Teatro-Museo donde residía el artista desde 1984. Dalí había mantenido contactos y vínculos de amistad con algunos científicos como los matemáticos Matila Ghyka, Thomas Banchoff y René Thom; los Nobel Dennis Gabor, Severo Ochoa, Ilya Prigogine y James Watson; los científicos españoles Juan Oró y Jorge Wagensberg, y muchos otros a quienes consultó puntualmente sobre temas que podían ser aplicados a su obra. Falleció el 23 de enero de 1989, acunado por cartas y libros de Stephen Hawking, Matila Ghyka y Erwin Schrödinger.
   Sus restos reposan en la cripta de su Teatro-Museo de Figueras [Jesús Lázaro Docio, en Biografías de la Real Academia de la Historia].


   La calle Dalí está situada en la barriada El Señorío de Burguillos. Va de la avenida Van Gogh a la confluencia de la calle Sorolla con la calle Picasso y tiene una longitud de 200 metros aproximadamente, siendo bidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado, asfaltada y alumbrada por farolas funcionales. Es el inicio de las calles Gauguin, Velázquez, Murillo y Sorolla (por la derecha), y el final de una calle sin denominación y de la calle Picasso (por la izquierda). Está conformada por viviendas unifamiliares de una promoción inmobiliaria de una y dos plantas en altura, formando parte de una zona residencial.
   La calle Dalí es, históricamente, una vía moderna el callejero burguillero, puesto que fue creada a comienzos del siglo XXI con el boom inmobiliario que se produjo en nuestro pueblo, de ahí su estilo impersonal, muy característico de todas las urbanizaciones contemporánea no sólo de nuestro pueblo, sino de todo el urbanismo actual.

lunes, 9 de agosto de 2021

Hemeroteca: El pago de sueldos atrasados a los maestros de Burguillos, en la "Gaceta de Instrucción Pública", del 5 de agosto de 1889.

   Mostramos en "Historia de Burguillos" la noticia recogida en la "Gaceta de Instrucción Pública", editado en la capital del reino, sobre el pago de sueldos atrasados a algunos de los maestros de la provincia de Sevilla, entre los que se encontraban los que ejercían su profesión en Burguillos, y publicado el 5 de agosto de 1889, y que se conserva en el archivo de la Biblioteca Nacional de España.
   "La Gaceta de Instrucción Pública"; fue una publicación periódica de carácter profesional en cuyo número prospecto, de uno de febrero de 1889, señala que será esencialmente práctico, “alejado de toda idea de partido o de sistema” y, por tanto, se eximirá de incluir artículos doctrinales. Insertará numerosas disposiciones y anuncios oficiales sobre la materia, referentes a la primera y segunda enseñanzas y a la superior universitaria, además de las resoluciones emitidas por cátedras, escuelas especiales (como la de archivos, bibliotecas y museos), junto a las referidas a oposiciones, concursos, nombramientos, etc. También tendrá secciones de noticias, bibliografía y material científico, consultas administrativas, correspondencia particular y anuncios comerciales, todas ellas referidas al mundo de la enseñanza. Se publica en números de ocho páginas, primero con una periodicidad decenal (los días 5, 15 y 25 de cada mes), que irá variando en el tiempo.
   Su propietaria y directora es María Encarnación de La Rigada Ramón (1863-1930), que empieza a publicar la revista al tiempo que inicia su carrera profesional como profesora de la Escuela Central de Maestras de Madrid. Más tarde se verá auxiliada en la edición del periódico por Andrés P. de la Mota, como redactor jefe; Luis de Góngora y Andux, como secretario de redacción, y Mercedes Tella y Francisco Carrillo Guerrero, como redactores.
   De La Rigada, de sólida formación y bien situada en los medios burgueses de la época, como señala en sus estudios Carmen Colmenar Orzaes, participó en diferentes congresos pedagógicos y llegó a desempeñar cargos públicos relacionados con su profesión. A pesar de que su periódico era estrictamente de carácter informativo, en los últimos años llega a incluir artículos doctrinales, en los que aparecen las posiciones reivindicativas de su directora en la defensa de los derechos profesionales y, en concreto, en lo referente a la discriminación salarial de maestras y profesoras.
   Junto a la cabecera de la revista se llegará a indicar que es el “periódico profesional de mayor información de España”, y con este título se publicará hasta el 30 de diciembre de 1907. A partir del cinco de enero de 1908 lo amplía a: Gaceta de instrucción pública y bellas artes, hasta su desaparición definitiva el 26 de septiembre de 1917. 
      Pues bien, en la página 129 de la edición del 5 de agosto de 1889, a dos columnas, en la que se publican diversas noticias relacionadas con la educación, aunque la que nos interesa fundamentalmente a los burguilleros, es el que aparece al final de la primera columna, sobre el pago de los atrasos de los sueldos de maestros en la provincia sevillana, entre los que se encontraban los que imparten sus conocimientos en nuestro pueblo, y que pasamos a transcribir íntegramente:

   La Junta de Instrucción pública de Sevilla ha pasado á la Diputación provincial las oportunas relaciones para el pago del aumento gradual de sueldo que corresponde á los Maestros y Maestras por el año económico de 1888 á 89.,
   En 68 pueblos de la provincia de Sevilla están por completo satisfechas todas las obligaciones de primera enseñanza por el año económico último y por los anteriores En sólo 30, que a continuación nom­bramos, existen descubiertos; el Gobernador de la provincia tiene dadas órdenes terminantes para que se solventen, y espera que para el 15 de Agosto nada se adeudará. Los pueblos son los siguientes, al­gunos por partidas muy insignificantes, de 100 y 200 pesetas: Aguadulce, Alanís, Albaida, Algámitas, Almadén, Bormujos, Brenes, Burguillos, Cantillana, Cazalla, Constantina, Corrales, Garrobo, Lantejuela, Lora de Estepa, Luisiana, Marinaleda, Martín, Navas, Paradas, Pilas, Rubio, Ronquillo, San Nicolás, Santiponce, Saucejo, Tomares, Villamanrique y Villanueva de San Juan.

   Datos curiosos sobre los problemas económicos del Estado, que repercutieron en el profesorado de la época.

lunes, 2 de agosto de 2021

Bibliografía: El yacimiento arqueológico nº 97 (Burguillos), de Burguillos en el libro "Implantation rurale antique sur le Bas-Guadalquivir", de Michel Ponsich, editado por el CSIC, en Madrid, en 1974.

Mostramos en Historia de Burguillos los datos del yacimiento arqueológico nº 97 (Burguillos) de Burguillos, que aparece en la principal monografía dedicada al estudio de la arqueología romana del término municipal de nuestro pueblo. Se trata de "Implantation rurale antique sur le Bas-Guadalquivir" [Antiguo asentamiento rural en el Bajo Guadalquivir], obra de Michel Ponsich, editado por el Laboratorio de Arqueología de la Casa de Velázquez (CSIC), en Madrid, en 1974.
   Es una obra imprescindible para conocer la historia de nuestro pueblo en época romana, y por supuesto de toda nuestra comarca, y en definitiva el Bajo Guadalquivir. Fundamental para nuestro pueblo porque en él se detallan, nada más y nada menos, que 25 yacimientos arqueológicos enclavados en el término municipal de Burguillos, siendo el aquí descrito el nº 97 (Burguillos), que aparece en la página 90, y que pasamos a transcribir literalmente:
‎ 

97 - BURGUILLOS
                    ‎Coordenadas: 398,6 / 334,7. ‎
                    Bibliografía:  Bosch-Gimpera. Arqueología preromana hispanica. Catálogo I, p. 237.
                                        ‎ R. Thouvenot, 95.‎
‎   Burguillos, peñón granítico sobre la llanura, tiene las características de un ‎‎oppidum [término genérico en latín que designa un lugar elevado, una colina o meseta, cuyas defensas naturales se han visto reforzadas por la intervención del hombre. Los oppida se establecían, generalmente, para el dominio de tierras aptas para el cultivo o como refugio fortificado que podía tener partes habitables].‎‎ Se dice que se formó alrededor de una importante casa de campo llamada Esquivel, construida sobre las ruinas de un asentamiento romano. En las tierras septentrionales de la Iglesia de San Cristóbal, sólo pistas arqueológicas: algunos fragmentos de azulejos romanos y ladrillos.