Cada lunes una nueva entrada con una noticia sobre Historia, Arte, Geografía, Bibliografía, Patrimonio, Fotografía, Hemeroteca, ... de nuestro pueblo: BURGUILLOS

Historia, Patrimonio, Arte, Bibliografía, Hemeroteca, ... sobre nuestro pueblo: BURGUILLOS

lunes, 5 de enero de 2026

La Cabalgata de Reyes Magos

     Mostramos en Historia de Burguillos, una pequeña reseña de la Cabalgata de los Reyes Magos de nuestro pueblo, día que forma parte de las celebraciones navideñas.   


     Tiene dos elementos. En la víspera1 del 6 de enero, el 5 de enero, se celebra la Cabalgata de Reyes. La Cabalgata de Reyes es un desfile que recorre las calles de Burguillos. Los Reyes desfilan en carrozas magníficamente decoradas, acompañados por un séquito de ayudantes. Los niños y sus familias acuden a ver el paso de los Reyes Magos para saludarlos y pedirles sus deseos y regalos, y los ayudantes lanzan caramelos y dulces a la multitud.  
     El Evangelio de San Mateo cuenta que unos magos del Oriente fueron guiados por una estrella para honrar al niño Jesús como el Rey, Dios y Hombre. Los magos encontraron al niño en un establo, y le ofrecieron oro, incienso y mirra. La idea de la Cabalgata de Reyes es recrear el viaje de los Tres Reyes Magos, también conocidos como Melchor, Gaspar y Baltasar, que viajaban para adorar al bebé Jesús en el pesebre.   
     Otra costumbre de la Noche de Reyes es dejar los zapatos, calcetines,... de cada miembro de la familia en el balcón o en una estancia de la vivienda, la noche del 5 de enero, para que Sus Majestades depositen dulces en su interior. Esto tiene su origen en una leyenda. Dos amigos del niño Jesús, apenados de verle siempre descalzo debido a la pobreza de su familia, quisieron darle sus propios zapatos. Como eran usados, en un intento de que parecieran nuevos, y para que tuvieran mejor aspecto, los generosos niños se esforzaron en limpiarlos al máximo, así que los lavaron y los dejaron por la noche en el balcón para que se secaran. 


     Al día siguiente, milagrosamente los zapatos aparecieron llenos de regalos y dulces. Los Reyes Magos habían pasado aquella noche por allí y habían recompensado la bondad de los dos niños. A lo largo del tiempo, con el crecimiento del comercio y la influencia de la cultura popular, la tradición de la Cabalgata de Reyes y la entrega de regalos ha evolucionado. En la actualidad, es común que los niños reciban un montón de regalos más grandes y diversos, que no cabrían en un zapato.   
     Para acabar el día la familia comparte el "Roscón de Reyes". Consiste en un bollo de pan dulce en forma de rosca, adornado con fruta escarchada, y preparada con mazapán, chocolate o nata. Hay una corona de rey mago sobre el roscón, que coronará al afortunado que encuentre la figurita escondida en el interior del pan. También hay una haba escondida, y la persona que encuentra la haba tiene que pagar el precio del dulce. 
     Aunque la tradición haya evolucionado, la esencia del Día de los Reyes sigue siendo un momento especial para muchas familias, marcado por la generosidad, la ilusión y la unión familiar. Los niños escriben cartas con listas de los regalos que esperan recibir, y en ambos está establecido que los niños que se hayan portado mal recibirán un trozo de carbón en vez de los regalos que querían. Los niños dejan agua para los camellos.   


     Los Reyes Magos entregan los regalos en la noche del 5 al 6 de enero, durante la celebración de la Epifanía. Esta festividad tiene influencias y orígenes que se remontan a tiempos paganos. Antes de la llegada del cristianismo, muchas culturas celebraban festivales en honor a los solsticios de invierno. Estas celebraciones estaban asociadas con la idea del renacimiento del sol y el inicio de la temporada de cosecha. Con la expansión del cristianismo, la iglesia adoptó y adaptó algunas de estas festividades paganas como parte de su estrategia de evangelización.  Así que, aunque Navidad y el Día de los Reyes tienen raíces cristianas, también tiene raíces que se remontan a celebraciones paganas anteriores. 
     En Burguillos la Cabalgata de Reyes Magos cumplirá en el día de hoy, 70 años de existencia, ya que fue creada a iniciativa del párroco de Burguillos Dº Baldomero Delgado Pérez, quien ejerció su ministerio en nuestro pueblo de noviembre de 1955 a julio de 1957, según las noticias facilitadas por Manuel Guerra Pérez en el artículo "Burguillos, treinta curas en 100 años", publicado en el Boletín "Patrona de Burguillos" nº 23, del año 2017.


Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de los Reyes Magos;
   Junto a Natividades de carácter íntimo, en las cuales el tema principal es la muda adoración del Niño Jesús por su madre, el arte cristiano ha imaginado desde muy temprano Natividades espectaculares, con un gran lujo de puesta en escena y multitud de extras.
   Los sucesivos homenajes de los Pastores y de los Reyes Magos de Oriente al Niño Jesús aparecen tanto representados aparte como asociados a la escena de la Natividad de la cual son el complemento.
l. Historia y culto de los Reyes Magos
   La Adoración de los Reyes Magos sólo se menciona en el primero de los cuatro Evangelios canónicos, el de Mateo (2: 1-12).


   Los magos de Oriente llegan a Jerusalén buscando al rey de los judíos cuyo nacimiento les ha sido revelado por una estrella. El rey Herodes el Grande, que gobernaba en Palestina, los convoca en su palacio, los interroga y les hace prometer que regresarán cuando hayan encontrado al Niño, para que también él vaya a adorarlo.
   «Después de haber oído al rey, se fueron, y la estrella que habían visto en orien­te les precedía, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el niño (...) y, llegando a la casa, vieron al niño con María, su madre, y de hinojos le ado­raron, y, abriendo sus cofres, le ofrecieron como dones oro, incienso y mirra.
   «Advertidos en sueños de no volver a Herodes, se tornaron a su tierra por otro camino.»
   Lucas (2: 8-20), se limita a hablar de la Anunciación a los pastores y de su peregrinación a Belén, pero no dice ni una palabra de los Magos que Marcos y Juan ignoran igualmente.
   Para remediar dicho silencio, los Evangelios apócrifos acuden en auxilio.     


   La escena de la Adoración de los Reyes Magos se desarrolla y adorna en el Protoevangelio de Santiago (cap.XXI), en el Evangelio del Pseudo Mateo (cap. XVI) y en el Evangelio árabe de la Infancia (cap.VII).
Historicidad
   La realidad de este acontecimiento es menos que sospechosa. El historiador judío Flavio Josefo no hace la menor alusión a él. El único evangelista que lo consigna en su relato no suministra los nombres, el número de magos, la fecha ni el destino de su viaje que tanto puede ser Nazaret como Belén.
   Esa incertidumbre dio origen a tradiciones contradictorias. Según una de ellas, los Magos habrían llegado inmediatamente después del nacimiento de Jesús. Por el contrario, para los Evangelios apócrifos, su peregrinación habría tenido lugar después de la Circuncisión y Presentación en el templo, cuando Jesús había al­canzado la edad de dos años (transacto  secundo anno). El edicto de Herodes ordenando la matanza de los niños menores de dos años se volvería así más inteligible. No obstante, prevaleció la primera opinión según la cual la Adoración de los Reyes Magos sería contemporánea de la Natividad, y por lo tanto habría seguido inmediatamente a la Adoración de los pastores.


Desarrollo de la leyenda
   En base a datos tan escasos e imprecisos, el ingenio de los comentaristas podía desarrollarse con total libertad.
   Al principio, los magos eran simples astrólogos persas que leían el futuro en las estrellas. Su nombre deriva de la palabra persa mogu o maga. El Evangelio de Mateo no los llama «reyes» y los Evangelios apócrifos tampoco. Pero la palabra «mago» adquirió el sentido peyorativo de «brujo» en los primeros tiempos del cristianismo, como lo prueba la historia de Simón Mago, asimilado al Anticristo. Sin duda se quiso destacar la dignidad de los visitantes, tanto más por cuanto la Iglesia estaba interesada en mostrar el homenaje al Niño Jesús de todos los reyes del mundo. Ese testimo­nio parecía de mayor peso que la ingenua adoración de unos humildes pastores. 
   Fue Tertuliano el primero en convertir a los Magos en reyes: «nam et Magos reges habuit fere Oriens». En el siglo XI Cesario de Arles adoptó la misma opinión: Illi Magi tres reges dicuntur. A partir de entonces la corona reemplazó al gorro frigio en sus cabezas, incluso cuando se los representaba en la cama.


El número de los Magos
   Mateo no es más explícito acerca del número de los Magos. Se limita a decir «llegaron del oriente unos magos» que luego se pusieron en camino a Belén.
   Por ello, podían hacerse las evaluaciones más divergentes. En las pinturas de las catacumbas los Magos son a veces dos, y otras cuatro. En el cementerio de los santos Pedro y Marcelino, la Virgen recibe la visita de dos Magos y lo mismo ocurre en un mosaico de Santa María la Mayor, mientras que en una pintura mural del cementerio de Domitila, se representa a la Virgen flanqueada por cuatro adorado­res, dos de cada lado.
   Ese número se ha llevado a doce en la Iglesia siria que establece una correspondencia entre los doce Magos, las doce tribus de Israel y los doce apóstoles.


   Pero acabó por prevalecer el número tres, por razones bíblicas, litúrgicas y sim­bólicas.
   Aunque Mateo no especifica el número de Magos, al menos menciona que ellos habían aportado al Niño Jesús tres clases de regalos: oro, incienso y mirra. Del número de regalos debía deducirse con toda naturalidad el número de donantes.
   Por otra parte, las pretendidas reliquias de los Reyes Magos, primero conservadas en San Eustorgio de Milán, y trasladadas luego, en el siglo XI a Colonia, corresponden a tres cuerpos, que se consideraron pruebas de hecho.


   Por último, el número tres se prestaba mejor que ningún otro a las especulaciones del simbolismo teológico. Era, como lo recordaron Rabano Mauro y Wilfrido Estrabón, la cifra sagrada de la Trinidad. Además, ese número servía para transformar a los Magos en representantes de las tres Edades de la Virgen, en delegados de las tres partes del mundo que venían a rendir homenaje a Cristo encarnado. Nada de ello dejó de hacerse, y ya veremos que el tipo iconográfico de los Magos ha sido de­terminado por ese doble simbolismo.
   Por eso los Magos, que de acuerdo con el Evangelio procedían de una región indefinida de Oriente (Morgenland), o en todo caso de Asia (Persia o Arabia), en la Edad Media se consideraron llegados de los tres continentes entonces conocidos: Asia, África y Europa. Tal como lo dice literalmente el Pseudo Beda: «Tres Magi tres partes mundi significant: Asiam, Africam, Europam.» Esos tres continentes corresponden a las tres razas entre las cuales se reparte el género humano, descendientes de los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet.


   El Pseudo Buenaventura se pregunta si hablaron con la Virgen y José por la intermediación de un intérprete, o si debe admitirse que los tres hablaban la lengua hebrea.
   El descubrimiento del Nuevo Mundo, a finales del siglo XV, asestó un golpe fatal a ese simbolismo teológico. Para completar el homenaje al Salvador del género humano habría sido necesario agregar un cuarto Mago, o Rey Mago, que re­presentara a América, lo cual habría simplificado mucho la tarea de los artistas cuyas cojas composiciones se hubiesen equilibrado mejor con dos Magos situados simétricamente a cada lado de la Virgen.
   Pero la Iglesia era demasiado conservadora como para autorizar la «puesta al día» de un tema consagrado por una tradición milenaria: la iconografía de la Adoración de los Reyes Magos sólo reconoció tres continentes (partes del mundo), incluso después que Cristóbal Colón descubriera uno nuevo.


Los nombres de los Reyes Magos
   La piedad popular quería conocer los nombres de los tres Reyes Magos. Desgraciadamente, el Evangelio de Mateo no decía más acerca de ellos que del número. Fue en el siglo IX, en 845, cuando los nombres Gaspar, Melchor y Baltasar aparecen por primera vez en el Liber Pontificalis de Ravena. En la época del traslado de las reliquias a Colonia fueron retomados en los textos del Pseudo Beda y de Pedro Comestor. Y esos son los nombres que perduraron en la leyenda popular, aunque se observen variaciones en su orden y reparto. El rey negro (fuscus), que representa a África, generalmente se llama Baltasar.
Culto
   El culto que la Edad Media profesó a los tres Reyes Magos está fundado en  sus reliquias, al igual que el de todos los santos.


   Se pretendía que después de su peregrinación a Belén, los tres Reyes Magos, que regresaron a Oriente por mar, habían sido enterrados en la ciudad de Saba. Sus huesos, hallados por la emperatriz Helena al mismo tiempo que la madera de la Vera Cruz, habrían sido trasladados a Constantinopla. Pero no se ha dicho una palabra acerca de esta historia antes del siglo XI. En esa época, los clérigos de Milán, deseosos de aumentar el prestigio de su Iglesia, forjaron una leyenda completa. El obispo Eustorgio habría viajado a Constantinopla para hacer aceptar su elección por el emperador Constantino. Al regresar de allí le pidió a éste el favor de transportar con­sigo los cuerpos de los Reyes Magos. Trasladó el precioso cargamento en un sarcó­fago de mármol, hasta la iglesia de Milán que lleva su nombre.
   Poco después, en 1164, el arzobispo de Colonia Reinaldo de Dassel, gran canciller del emperador Federico Barbarroja, aprovechó el saqueo de Milán para apoderarse de las reliquias que transportó a su diócesis. En honor de esas osamentas depositadas en un magnífico relicario de oro, en el siglo XIII se emprendió la reconstrucción de la célebre catedral renana dedicada a los «tres reyes de Colonia». En las ocasiones solemnes, tres sacerdotes coronados que simbolizaban a los tres Reyes Magos, patrones de la ciudad, sacaban el Santo Sacramento en procesión. Pero los tres Reyes Magos no sólo eran venerados en Milán y en Colonia. La cate­dral de Embrun, en Francia, también está puesta bajo su advocación, con el nom­bre de Nuestra Señora de los tres Reyes (Notre Dame des trois Roys). Se los veneraba también en Oriente, donde los granos de mirra ofrecidos por uno de ellos al Niño Jesús se conservaban preciosamente en un relicario del convento de San Pablo, en el monte Athos.


   La Iglesia celebra la fiesta de los Reyes Magos el 6 de enero, día que originalmente conmemoraba otra Epifanía: el Bautismo de Cristo en el Jordán.
   Un Misterio litúrgico representado por canónigos hacía revivir ante los ojos de la multitud el relato evangélico.
   En Occidente, donde la Adoración de los Reyes Magos se celebraba además como uno de los Siete Gozos de la Virgen María, la popularidad del tema también está probada por los numerosos patronazgos.
   A causa de la rapidez y del éxito de su viaje a Belén, eran los protectores de los viajeros y de los peregrinos, que los invocaban «para marchar sin cansarse», y que de buena gana hacían escala en la residencia de los tres Reyes. Y cuando llegaba la hora del último viaje, se los invocaba para conseguir la gracia de una bue­na muerte.


   Puesto que ellos habían «caído» a los pies del Niño Jesús para adorarlo, se los invocaba contra la epilepsia. Esta devoción está probada por un Breviario del siglo XIII que se encuentra en la Biblioteca de Vendome.
   Jaspar fert aurum, thus Melchior, Baltasar mirram.
   Haec quicumque trium secum fert nomina regum
   Solvitur a morbo Christi pietate caduco.
   Aunque la Iglesia no los haya incluido en el santoral, los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar fueron admitidos como nombres de pila.
   En Alemania, las letras apotropaicas G. B. M., iniciales de los nombres de los tres Reyes Magos, se escribían con tiza en las puertas de las casas y en los establos el día de los Reyes Magos, para proteger a personas y animales de los demonios y las brujerías, los incendios y las inundaciones.
   Agreguemos que la cofradía parisina de los fabricantes de naipes los había elegido como patrones a causa de los reyes de los juegos de cartas, aunque éstos en realidad sean cuatro.


Iconografía
   La popularidad de la leyenda y del culto de los Reyes Magos explica la riqueza de su iconografía.
   Antes de analizar los sucesivos episodios agrupados en torno al tema central de la Adoración en el establo de Belén, es conveniente estudiar a los personajes por separado, precisando sus características y atributos.
   Tipo iconográfico de los Reyes Magos. Al principio, los tres Reyes Magos tenían el mismo tipo, estaban vestidos de la misma manera, eran uniformes e intercambia­bles.
   A partir del siglo XII, por la influencia del simbolismo que los asoció con las tres Edades de la vida y las tres partes del mundo, se diferenciaron e individualizaron.
   En primer lugar por sus edades: Gaspar está representado con los rasgos de un hombre joven e imberbe, Baltasar es un hombre maduro y Melchor un anciano cal­vo y de larga barba blanca.
   En segundo lugar, por sus caracteres étnicos, porque se considera que pertenecen a tres razas diferentes que pueblan las tres Partes del mundo entonces conocidas: Europa, Asia y África.
   El asiático no tiene un tipo étnico bien definido: no se parece a un indio ni a un chino de ojos oblicuos. En cambio el africano se reconoce fácilmente por la piel negra, el pelo rizado y los labios gruesos y carnosos. 
   ¿En que momento aparece el Rey Mago negro (der Mohrenkonig) en el arte cris­tiano?Se ha señalado un ejemplo aislado en un manuscrito del siglo XII que se conserva en la Biblioteca de Berlín. Pero el ejemplo se volvió habitual a finales de la Edad Media. Según E. Male, esta tradición sólo se remontaría al siglo XIV, y el tím­pano de Saint Thibaud de Thann (hacia 1355) ofrecería la representación esculpida más antigua. Pero lo que nadie parece haber advertido hasta hoy, es que a finales del siglo XII, en 1181, Nicola de Verdun, en su púlpito esmaltado  de Klosterneuburg, habíar epresentado como una negra a la reina de Saba, a la que ofrece como prefiguración de los Reyes Magos ¿Habrá que considerar que ese es el origen del tema?
   En cualquier caso parece que se haya vacilado durante mucho tiempo antes de introducir a un negro en la triada de los Reyes Magos. El negro pasaba por ser el color del demonio. En las miniaturas de los Salterios griegos, la pequeña figura de un negro representa al diablo, al Infierno o a la muerte. En el siglo XVI, en un gra­bado francés de Geoffroy Tory, el artista se atrevió a representar al rey negro desnudo, apenas cubierto con un taparrabo.
   Aunque América no figure entre las Partes del mundo que rinden homenaje al Salvador, en la época de los grandes descubrimientos hubo una tímida tentativa de hacerle un lugar al nuevo continente en la Adoración de los Reyes Magos. En un retablo portugués del siglo XVI, que se encuentra en la catedral de Viseu, el rey negro está reemplazado por un cacique indio del Brasil, armado con una jabalina emplumada. Pero la innovación no creó escuela.
   Nos quedan por detallar las ropas y atributos de los tres Reyes Magos.


   Vestuario de los Reyes Magos. Su manera de vestir ha evolucionado con la moda en el transcurso de los siglos.
   En el arte cristiano primitivo se les daba, como al profeta Daniel y a los tres jóvenes hebreos en el horno, el traje persa de los sacerdotes de Mithra, es decir, el gorro frigio y los pantalones llamados anaxyrides. El albornoz habría podido con­fundirse con la toga romana atribuida a los apóstoles.
   Un fresco de Saint Pierre les Églises, en Poitou, que se remonta aproximadamente al siglo X, representa a los Reyes Magos con casco, como los caballeros normandos de los brocados de Bayeux.
   Fue más tarde cuando se estableció la costumbre de cubrirlos con traje real, con una larga túnica y una corona sobre la cabeza, que se justificaba por un pasaje de los Salmos (67: 30): «Reges Tharsis munera offerent, Reges Arabum dona addu­cent.»
   De manera excepcional, la mitra episcopal reemplaza a la corona real (báculo del siglo XI).
   En el arte del siglo XV, que no tiene ningún escrúpulo para introducir temas religiosos en los retratos de príncipes o de donantes, los Reyes Magos adoptaron en la pintura florentina las modas de la corte de los Médicis y en el norte de Europa, la moda de la corte de Borgoña: jubones, calzas y zapatos de punta retorcida.
   Como los príncipes de aquellos tiempos, se hacían acompañar por enanos o bufones de corte.
   En el siglo XVII, Rubens, más entusiasmado con el orientalismo, reemplazará las coronas y caperuzas por turbantes de bajá; el Rey Mago negro lleva anillas pen­dientes en las orejas.


Las Ofrendas de los Reyes Magos
   Por último, los Reyes Magos están caracterizados por sus ofrendas: el oro, el in­cienso y la mirra.
   Los teólogos recurrieron a su ingenio para atribuirles un significado simbólico: según ellos, el oro es un homenaje a la realeza de Cristo (Signum regis), el incienso a su divinidad (signum Dei); la mirra, que servía para embalsamar los cadáveres, significa que está destinado a morir para la redención de la humanidad (sig­num sepulturae). «Aurum regí, thus Deo, myrrha defuncto.»
   La interpretación propuesta por san Bernardo, que en el siglo XIV retomó Nicolás de Lira, es mucho más prosaica. El oro estaba destinado a aliviar la pobreza de la Virgen, el incienso a desinfectar el establo, y la mirra, que se consideraba vermífugo, a fortificar al Niño expulsando los parásitos de sus intestinos. «Obtulerunt aurum ad sustentationem paupertatis matris et filii, thus contra foetorem lodet myrr­ham ad consolidandum membra pueri.»
   La forma de los recipientes que contienen las ofrendas ha cambiado mucho. Al principio, los Reyes Magos presentaban sus simbólicos regalos sobre simples bandejas. Luego éstas fueron sustituidas por diversos recipientes que se adecuaron a las modas de la orfebrería: Melchor ofrece el oro en un cofre; Gaspar, el incienso en un cuerno de la abundancia; y Baltasar, la mirra en un copón. Esos objetos se vuelven cada vez más suntuosos a medida que avanza el siglo XV; adquieren la forma de las copas ornamentadas de la vajilla principesca, o las de las fuentes y bomboneras que se colocan sobre las mesas, cuando no las de las conchas o nautilos con montura de oro que se exhibían en los gabinetes de curiosidades. En suma, la ofrenda de los Reyes Magos se convirtió en una exposición de vajilla preciosa.
   El oro suele reemplazarse con una corona que el primer Rey Mago tiene en la mano.
   Agreguemos que, de acuerdo con un ritual de origen persa que según Jenofonte ya existía en la corte de los aqueménidas, los Reyes Magos ofrecen sus regalos con las manos veladas bajo un pliegue de su manto.


2. Escenas narrativas
   Los principales episodios de la peregrinación de los Reyes Magos, tal como se suceden en los ciclos narrativos, son seis:
   l. La Anunciación del ángel estelar que anuncia a cada uno de ellos el nacimiento del Salvador.
   2. El Encuentro de los tres Reyes Magos y su cabalgata hasta Belén.
   3. Su visita al tetrarca Herodes de Jerusalén.
   4. La Adoración del Niño Jesús.
   5. La Advertencia del ángel a los Reyes Magos dormidos.
   6. El Embarco clandestino en Tarso.
   1. La Anunciación a los Reyes Magos por la estrella milagrosa
   Cada uno de los Reyes Magos, por separado, recibe el anuncio del nacimiento del Salvador, mediante una estrella milagrosa, o más bien por un ángel en forma de estrella (angelus in forma stellae).
   La leyenda del astro que aparece en el firmamento para anunciar el nacimien­to o la muerte de un gran hombre es de amplia difusión en la mitología y la leyenda. En la Antigüedad se creía que había un ángel unido a cada estrella, encargado de gobernar su curso.
   La aparición de la estrella que guía a los Reyes Magos hacia Belén, al igual que la columna de fuego que señala a los israelitas el camino en su salida de Egipto, se asimila a la estrella predicha por Balaam.
   La iconografía de esta escena comporta numerosas variantes. Casi siempre en medio de la estrella, personificada como el Sol y la Luna, se ve la cabeza de un querubín. O bien un ángel vuela al lado de la estrella, faro aéreo y móvil. Por último, el ángel piloto y la estrella indicadora están a veces reemplazados por el propio Niño Jesús que se aparece a los Reyes Magos con el nimbo cruciforme y la corona en una aureola de rayos. Ese detalle se ha tomado de las fuentes orientales.
   En la portada de la catedral de Ulm se ve a los Reyes Magos despidiéndose de sus mujeres antes de comenzar el viaje.
   Sobre una de las columnas historiadas del baldaquino de San Marcos de Venecia, y en un fresco del siglo XI en Tocali Kilisse, Capadocia, están representados los Reyes Magos examinando la profecía de Balaam.
   En una vidriera del coro de la colegiata de Berna se encuentra una versión muy infrecuente de la Anunciación a los Reyes Magos, que data de finales de la Edad Media (1450): uno de los Reyes Magos ve salir un pájaro volando de una flor maravillosa, tal es el anuncio del nacimiento del Mesías. Es lo que en alemán se llama Die Weissagung des Wundervogels.




   2. La cabalgata de los Reyes Magos
   Cada uno de los Reyes Magos, informado de esa manera en su castillo o sobre el monte desde el cual observa los astros, ignora la revelación hecha a los otros dos. Aunque parten en tres direcciones diferentes y no se han citado, se encuentran en un cruce de caminos cerca del Gólgota, por azar providencial.
   La fuente literaria del tema sería la descripción imaginada hacia 1370 por el carmelita alemán Juan de Hildesheim en su Liber trium Regum.
   El tema del encuentro es infrecuente, salvo en la pintura flamenca o franco flamenca del siglo XV, que ofrece algunos ejemplos. En una miniatura de las Muy Ricas Horas del duque de Berry (Chantilly), iluminadas hacia 1415 por los Hermanos de Limbourg, se ven tres cortejos de jinetes convergiendo hacia un cruce de caminos, hacia un hito que no es el de Jerusalén sino el de Saint Denis. El encuentro de los Reyes Magos a caballo que se estrechan las manos también se recuerda -en segundo término-, en la Natividad del Breviario del duque de Bedford (B.N., París), que data de 1435, aproximadamente. Por último, ese mismo tema reaparece en el Retablo de los Siete Gozos de la Virgen (Munich), pintado por Memling en 1480.
   Casi siempre los artistas se limitan a representar el viaje de los tres Reyes Magos que marchan juntos hacia Belén, guiados por la estrella «hodigitria», que los comentaristas asimilan a aquella del Antiguo Testamento de la que habla el adivino Balaam.
   El viaje se hace a lomos de camello o a caballo. De acuerdo con el gusto más o menos pronunciado por el exotismo oriental, los artistas evocan el espectáculo de una caravana o de una cabalgata, y a veces eligen un término medio. En el bajorrelieve del púlpito de Siena (1268), los  tres  Reyes  Magos van a caballo, y sus criados sobre dos camellos.
   Según la tradición de Oriente, los Reyes Magos habrían demorado trece días para completar el trayecto en sus camellos de carrera (dromedarios). Un auto sacramental alemán de Navidad traduce en versos ingenuos esta visión pictórica:
   Ich bin's Melchior genant, 
   Und bin von Saba her gerant
   Uf mynem dromedarie.
   En Occidente, donde el camello es una suerte de fabuloso animal de Bestiario, los viajeros casi siempre montan caballos. En la pintura del siglo XV su peregrinación servía de pretexto para una magnífica cabalgata. Los Reyes Magos, precedidos por los portaestandartes, van seguidos de un nutrido cortejo.




   3. La Visita de los Reyes Magos al rey Herodes
   Según el Evangelio de Mateo, los rumores acerca del nacimiento del Mesías llegaron a oídos de Herodes. Este, preocupado por la noticia, convocó a los sacerdotes y a los sacrificadores que le dijeron que, de acuerdo con la profecía de Miqueas, el futuro rey de los judíos debía nacer en Belén.
   «Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les interrogó cuidadosamente sobre el tiempo de la aparición de la estrella; y, enviándolos a Belén, les dijo: Id e informaos exactamente sobre ese niño, y, cuando le halléis, comunicádmelo, para que vaya también yo a adorarle.»
   Es superfluo insistir en la ingenua inverosimilitud de este relato. Si Herodes hubiera querido descubrir al Niño milagroso le habría bastado ordenar que un jinete siguiera a los Magos y le informara luego.
   Iconografía. La consulta a los escribas y adivinos que precede a la Recepción de los Reyes Magos por Herodes fue representada en el siglo V, en el arco de triunfo de Santa Ma ría la Mayor. 
 Los tres Reyes Magos, que dejan sus caballos atados a un árbol, comparecen ante Herodes que les pregunta cuando se les apareció la estrella, y les hace prometer que volverán a visitarle.
   Un demonio alado y de frente cornuda, que simboliza los malos pensamientos de Herodes, apoya su pezuña sobre el trono del tetrarca para dictarle al oído sus diabólicos consejos.
   El relato del Evangelio sugiere dos escenas distintas: la consulta a los sacerdotes y la recepción de los Reyes Magos, recibidos ya por separado, ya conjunta­ mente.
   4. La Adoración de los Reyes Magos
   Orígenes y evolución del tema. Hugo Kehrer había intentado explicar la leyenda de los Reyes Magos por el culto persa de Mithra. En la actualidad esa tesis ha sido abandonada.
   El arte cristiano ha tomado este motivo, como tantos otros, del arte imperial románico y bizantino. En numerosos bajorrelieves que decoran arcos de triunfo se podían ver procesiones de bárbaros orientales, con frecuencia precedidos por una figura alada de la Victoria, que venían a entregar sus tributos al emperador. La teoría de los magos con vestiduras persas, conducidos por un ángel estelar que reemplaza al genio de la Victoria, es la reproducción pura y simple de ese esquema.
   El púlpito de San Jorge de Salónica, una de las realizaciones más antiguas donde se representa la Adoración de los Reyes Magos, constituye la prueba de esta imitación: se ha comprobado, en efecto, que estaba calcada de un relieve del arco de Galerio que representa una ofrenda de los bárbaros.
   La evolución del tema es muy clara.
   En el arte cristiano primitivo, la Adoración de los Reyes Magos no está presentada como un episodio de la Natividad sino como un símbolo de la divinidad de Jesús reconocido por los reyes de la tierra como el rey de reyes (rex regum). Como lo ha escrito Hourticq, «la Adoración de los Magos ha sido un símbolo antes de convertirse en una historia».
   Poco a poco, a consecuencia de la invasión de los detalles pictóricos a expensas del sentimiento religioso, el símbolo se vuelve espectáculo. Como la Cabalgata de los Reyes Magos, en el siglo XV la Adoración ya es sólo un «Cuadro vivo», un simple pretexto para halagar las vanidades de los donantes que, bajo la apariencia de rendir homenaje a un niño nacido en un establo, hacen ostentación de riqueza y lujo indumentario.
   Se difunde la moda de dar a los Reyes Magos los rasgos de los contemporáneos: reyes, príncipes y mecenas. En Francia, Carlos VII y los duques de Borgoña, en Italia los Médicis. El espectáculo acaba transformándose en un grupo de retratos.
   La composición. El tema, que comporta cuatro personajes principales (la Virgen en majestad, que presenta sentada al Niño Jesús, y los tres Reyes Magos) plantea­ban a los artistas un problema de composición casi insuperable. Sucesivamente, se intentaron dos soluciones:
     1. En las obras más antiguas, la Virgen, que es el trono vivo del Niño Dios y que lógicamente debería ocupar el centro de la composición, está sentada de lado, en uno de los extremos, para dejar lugar al desfile de los tres Reyes Magos que llegan en procesión, uno detrás del otro. Todos los personajes están alineados sobre el mismo plano, como en los frisos de mosaicos de Ravena, y presentan el perfil.
     2. Con el objeto de dar mayor majestad al grupo de la Virgen y el Niño se puede, por el contrario, instalarlo en el centro, entre dos Reyes Magos arrodillados a uno y otro lado, simétricamente. Pero en este caso sólo se consigue el equilibrio sa­crificando al tercer Rey Mago, relegado entre los personajes secundarios. No hubo más remedio que emplear trucos, como el de la portada de un Evangeliario del Museo Británico, donde se pide auxilio a un ángel para que haga compañía al tercer Rey Mago y de esa manera equilibre el grupo de los otros dos.
   Esta segunda versión es un ejemplo impresionante del conflicto entre la tradición y las exigencias de la simetría. Aquí es la simetría la que triunfa. Para todos aquellos pintores a quienes crean dificultades los números impares, hay un Rey Mago de más. Eliminarlo es difícil: por lo tanto se lo debe escamotear o bien procurarle una pareja.
   Los personajes: la Virgen y el Niño. La Virgen está casi siempre sentada sobre un trono. No obstante, en el bajorrelieve de la portada de Moissac recibe a los Reyes Magos sentada en la cama.
   En principio fajado, el Niño a continuación se representó desnudo. Con frecuencia hace un gesto de bendición, a menos que olvide su divinidad para acariciar el cráneo calvo del más viejo de los Reyes Magos, arrodillado a sus pies, o hurgar en su barba cana. A veces hunde la mano en la copa que se le ofrece, para jugar con las monedas de oro.
   El gesto que se atribuye a José no es menos estudiado. Pero lo que es ingenuidad en el Niño, en éste se convierte en trivialidad casi bufona. Sentado en un escabel se vuelve para guardar los regalos de los Reyes Magos en un cofre cuya tapa ha levantado, con avidez de avaro. Es el cajero de la Sagrada Familia.
   En el siglo XVI, Parmigianino intentó darle un poco más de dignidad: uno de los Reyes Magos lo abraza cordialmente.
   La actitud de los Reyes Magos. En cuanto a la actitud de los Reyes Magos, se ha modificado mucho en el transcurso de los siglos.
   En las realizaciones más antiguas se les ve avanzar hacia el Niño a paso rápido, pero sin arrodillarse: expresan su respeto, según la costumbre oriental, velándose las manos para  presentar sus ofrendas. La  Ofrenda ha precedido a la Adoración.
   En una segunda versión, el primer Rey Mago se prosterna de cara. Este rito oriental de la proskinesis o prostratio, forma bizantina de la adoración, no ha sido adop­tado por el arte de Occidente, que la ha encontrado demasiado servil. La sustituyó el homenaje feudal del vasallo a su soberano, que consiste en apoyar una rodilla en tierra. La genuflexión reemplazó a la prosternación.
   En su estudio acerca de los Les Rois Mages et le drame liturgique, E. Mâle sostiene que ese gesto del primer Rey Mago, que se arrodilla para ofrecer su regalo, ha sido inspirado por la puesta en escena del teatro religioso de los autos sacramentales. «Nunca hasta entonces los artistas habían tenido la idea de representar a un rey de rodillas. Lo pensaron sólo después de haberlo visto prosternado delante del Niño en la escena.»
   Esta afirmación ha sido refutada por Dom Leclerq, que no ha tenido inconveniente alguno para demostrar que ese detalle ya se encuentra en numerosas realizaciones del arte cristiano primitivo en los cuales É. Male no había pensado: en los bajorrelieves de los siglos IV y V, en una ampolla de Monza, que indudablemente data del siglo VI. En dichas realizaciones no puede alegarse la influencia del drama litúrgico.
   En el arte italiano y español (tímpano de la iglesia de Agüero) de finales del siglo XIII se ve aparecer un tercer motivo: el más viejo de los Reyes Magos besa el pie del Niño. Esta innovación fue introducida por Nicola y Giovanni Pisano en sus bajorrelieves  de los púlpitos de Siena y Pistoia, por Giotto en sus frescos de la Arena -a este artista le fue sugerida por un pasaje de las Meditaciones del Pseudo Buenaventura, donde se dice que los tres Reyes Magos, después de haber ofrecido sus tesoros, besaron los pies del Niño con respeto y devoción. El motivo fue tomado por las escuelas del norte de Europa en el siglo XV. Lo encontramos en los Hermanos de Limbourg, en una miniatura de las Muy Ricas Horas del duque de Berry (1416), y en el díptico francés de la colección Carrand en el Museo Bargello de Florencia.
   Pero la evolución no se detuvo allí. En 1376, en la Adoración de los Magos de la colección Eich en Lenzburgo (Suiza), copiado hacia 1410 por un pintor de la escuela de Colonia en el retablo de Ortenberg (Museo de Darmstadt), dos Reyes Magos están de rodillas: uno besa el pie y el otro la mano del Niño Jesús. El besamanos también procede de las Meditaciones. El autor agrega, en efecto: « ¿Y qué nos impide creer que el Niño también les haya dado sus manos a besar, antes deben­ decirlos?»
   En numerosas esculturas o pinturas de la Edad Media -el púlpito de Nicola Pisano (1268), el tímpano de Notre Dame de Huy (siglo XIV), un fresco en Saint Saturnin de Mazerier (Allier, 1383), una miniatura  de Jean Bourdichon en las Horas de Ana de Bretaña (1508)- se observa un detalle de pintoresca familiaridad que quizá pueda explicarse por la puesta en escena de los Misterios: el más viejo de los Reyes Magos, en vez de depositar su corona sobre el suelo, se la coloca en el antebrazo como si fuese un brazalete o un aro.
   En el tímpano de S. Mercurial de Forli, el primer Rey Mago cuelga el manto y la corona de un perchero, antes de arrodillarse.
   La estrella. E. Mâte creyó reconocer también una influencia del drama litúrgico de la fiesta de la Epifanía en el gesto del segundo Rey Mago que señala con el dedo la estrella indicadora. «Los textos son formales. Siempre -escribió- hay uno de los Magos que señala la  estrella a sus compañeros», pero ya se encuentran ejemplos en el arte del siglo V, y en las puertas de bronce de Hildesheim, del siglo XI.
   La estrella suele tener la forma de una flor, de una margarita de seis pétalos. Pero a veces alcanza las dimensiones de una gran rosácea.
   En el mosaico de Dafni, la estrella se ha reemplazado por un ángel.
   En el alto relieve del trascoro de Notre Dame de París, un ángel en busto conduce la estrella con la mano.
   Hacia mediados del siglo XV el número de asistentes se multiplica. Los Reyes Magos están desbordados por los intrusos que apenas si les dejan sitio para  acercarse.
   En el Breviario del duque de Bedford (B.N., París), el miniaturista introdujo un curioso detalle. Los Reyes Magos hacen  abrir las cajas que contienen sus regalos.
   En los pesebres napolitanos, la Adoración de los Reyes Magos se convierte en una representación del teatro de marionetas, en un cuadro vivo y en miniatura de una casa de muñecas. Pintorescos títeres se mueven en una escena minúscula: el Rey Mago negro avanza precedido de dos negritos con turbante; los caballos dan coces, los camellos se contonean.




   5. Los Reyes Magos advertidos en sueños por un ángel
   Después de haber adorado al Niño, los Reyes Magos se van a dormir al mesón, donde, más afortunados que José y la Virgen, consiguen alojamiento; aunque una sola cama para los tres. Durante el sueño reciben la advertencia de regresar a sus países por otro camino, cuidándose del pérfido Herodes que sólo esperaba sus in­formes para apoderarse del Niño y matarlo.
   La advertencia a los Reyes Magos está prefigurada en la Biblia por la Huida de Lot, a quien un ángel recomienda  no volver la vista hacia Sodoma en llamas.
   La iconografía usual de esta escena es de una encantadora ingenuidad. Los Reyes Magos están acostados, los tres, en la misma cama, sin camisas, según la costumbre de su tiempo, pero tocados con gorro frigio y hasta con sus coronas en la cabeza, lo cual resulta incómodo e inverosímil, pero permite reconocer la condición de los durmientes.
   Los textos no dicen que la advertencia nocturna les haya sido hecha por un ángel; no obstante, como es necesario materializar los sueños, los pintores e imagineros representaron habitualmente un ángel que se inclina hacia ellos para hacerles cam­biar de itinerario. En Autun, el ángel toca la mano de uno de los tres Reyes Magos acostados bajo la misma manta.
   En las puertas de bronce de la catedral de Benevento el ángel fue reemplazado por un anciano alado, personificación del Sueño, y otro tanto ocurrió en el marfil del púlpito de Maximiano, en la escena del Sueño del faraón.
   El altorrelieve del antiguo trascoro de la catedral de Chartres se distingue por los rasgos de una observación muy aguda. Los dos Reyes Magos más viejos, que tienen el sueño más ligero, despiertan inmediatamente al llamado del ángel, al tiem­po que el más joven sigue durmiendo plácidamente, como un bendito.
   Entretanto los tres caballos, atados por la brida o vigilados por un caballerizo, piafan en la entrada de la posada.
   El estudio de las obras prueba que este motivo, que podría creerse inventado por nuestros artistas de Occidente, en realidad es de origen oriental.
   La ingenuidad de este tema ha resultado fatal para su supervivencia. Condenado por falta de nobleza, desapareció a finales de la Edad Media por los golpes de la Reforma y los de la Contrarreforma.
   6. El Regreso de los Reyes Magos
   El Regreso por tierra ha sido eliminado muy temprano porque se confundía con la Cabalgata de los Reyes Magos (hacia Belén).
   Se lo sustituyó por El Regreso a Tarso en barco.
   Los Reyes Magos toman otro camino (per aliam viam reversi sunt), obedeciendo a la advertencia que Dios les ha hecho en sueños, y embarcan secretamente en Tarso. Herodes, furioso por haber sido engañado, tanto más por cuanto le había ocurrido por culpa suya, hizo incendiar todos los barcos amarrados en el puerto.
   7. Los Reyes magos consagrados obispos
   El público no se resignaba a perder de vista a los Reyes Magos después de su regreso. De acuerdo con una leyenda relatada en el Breviario de Colonia, y según lo escribiera Johannes Hildeshemiensis en Das Buch der heiligen drei Konige, publicado en Estrasburgo en 1480, los tres Reyes Magos se habrían hecho bautizar y luego consagrar obispos por el apóstol Tomás, en la India. Convertidos en pontífices supre­mos del Oriente (summi presbyreri Orientis), habrían evangelizado a los pueblos de esa remota región. Se los reunió a los tres en el mismo sarcófago donde los dos más viejos se apretaron para hacer lugar al más joven, que fue el último en mo­rir. Sus reliquias, transportadas a Constantinopla por la emperatriz Helena, emigraron a Milán y luego a Colonia.
   Esta fábula, inventada en Colonia después del traslado de las reliquias de Milán, ha sido ilustrada por la escuela de pintura local. En el retablo de las Clarisas (Clarenaltar), transportado a la catedral, al igual que en los frescos del trascoro, se ven tres ángeles planeando por encima de los Reyes Magos, cada uno de los cua­les lleva una mitra episcopal en la mano (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 29 de diciembre de 2025

Geografía: La Pasadavieja

     Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del paraje "Pasadavieja".


      El paraje de la Pasadavieja, lugar que toma su nombre de su propia etimología, puesto que según mi hipótesis, puede provenir del significado de Pasada, como paso geométrico, que equivale a la medida de 5 pies, equivalente a 1,393 m, es decir un terreno con una medida concreta y que por su pasado histórico fuese la más antigua de nuestro pueblo.



     Al paraje de La Pasadavieja se llega tras salir del casco urbano de Burguillos por la calle Real, tomar el camino de la Vereda de los Rodeos, y una vez llegar a la altura del paraje de la "Cabreriza del Marqués", tomar el camino que surge de forma perpendicular a la derecha, que nos lleva directamente a la Pasadavieja, delimitada al norte por ese camino que nos trae hacia este paraje; al Este por el Arroyo de la Huerta de Abajo; al Sur, por el paraje de las Majadillas; y, al Oeste, por el camino de la Vereda de los Rodeos, encontrándose a unos 3'5 km. de nuestro pueblo y a una media de 100-120 m. de altitud. Señalar que todas las imágenes provienen del Instituto Geográfico Nacional.


lunes, 22 de diciembre de 2025

Callejero de Burguillos: la avenida de Las Espigas

     Mostramos en Historia de Burguillos, una reseña e imágenes de la avenida de Las Espigas, en Burguillos.


     La avenida (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, no posee una adscripción precisa. En términos generales, corresponden a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la villa; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. Sin embargo, en algunos casos las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad. La avenida posee sobre todo un valor simbólico.


     El nombre escogido para esta vía viene dado por la actividad agrícola del pueblo en los años 50-70 del siglo XX como actividad principal y que junto a la plaza de la Era conformaban la barriada Virgen del Rosario.
       La avenida de Las Espigas está situada en la Barriada Virgen del Rosario, que forma parte del Barrio de El Ejido. Es una vía que parte de la carretera de Villaverde, y finaliza en la confluencia de las calles Concepción de Osuna, y la calle Dos de Mayo. Asimismo es cruzada por las calles Cañada Real, y Virgen del Rosario, siendo final de las calles Álvarez Quintero, María de Nazaret, Federico García Lorca, y Concepción de Osuna (por la izquierda), y Carros, y plaza de la Era (por la derecha). Tiene una longitud de 250 metros aproximadamente, siendo bidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado, asfaltada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada en la acera de la derecha por viviendas V.P.O. de dos plantas en altura, mientras que la de la izquierda es una barranca conectada mediante escaleras, formando parte de una zona residencial. 








     La acera de la izquierda es una zona ajardinada en sus inicios (Parque del "Lejío", oficialmente Parque Pedro Brenes Cantón), que se complementa en toda su acera izquierda con zonas ajardinadas, salvo el final de la misma. 
     También es reseñable que esta vía forma parte del itinerario del Domingo de Romería de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, en su salida desde la parroquia, recorriendo parte del casco urbano antes de partir hacia el paraje de La Madroña.
   La avenida de Las Espigas es, históricamente, una vía relativamente moderna en el callejero burguillero, puesto que fue creada en la década de los años '70 del siglo XX, al crearse el Barrio de El Ejido.


lunes, 15 de diciembre de 2025

Hemeroteca: La Vacante del médico titular en Burguillos, en la revista "España Médica", de 1911

     Mostramos en "Historia de Burguillos" la noticia aparecida en la Revista "España Médica", en la que se da cuenta de la vacante del médico titular de nuestro pueblo, en 1911, y que se encuentra en la Biblioteca Nacional de España. 
     Fundada y dirigida por el ilustre pediatra y escritor de obras de su especialidad José Ignacio de Eleizegui López (1879-1956), que fue también redactor médico de Heraldo de Madrid (1890-1939) y ha sido considerado como el renovador del periodismo médico moderno español. Comienza a publicarla en uno de febrero de 1911, primero con periodicidad decenal (los días 1, 10 y 20 de cada mes), después quincenal y a partir de 1931 con frecuencia mensual. Su paginación y formato varía, desde las 16 hasta las 40 páginas, según aumenta su frecuencia de aparición, así como su composición, de las tres a las dos columnas.
     Será un periódico de información científica-profesional e ilustrado, al incorporar un buen número de fotograbados en sus entregas. Comienza cada número con la sección Disposiciones oficiales, y le siguen otras como la titulada Los médicos en la intimidad, en la que ofrece perfiles biográficos y fotografías en sus gabinetes de los facultativos que alcanzan notoriedad entre la clase médica y en la sociedad. Publica asimismo artículos de índole científica, clínica o terapéutica, información sobre las actividades de academias y sociedades; secciones de revista de revistas y de bibliografía; correspondencia y consultorio, además de páginas de carácter literario, como es la sección Cuentos médicos. Incluso, entre sus ilustraciones, inserta caricaturas. También publica reclamos publicitarios.
     Además de incorporar en sus páginas los géneros del reportaje y la entrevista, da cuenta de acontecimientos de cariz médico-social y asociativo, haciéndose eco de las visitas de destacados médicos extranjeros a España, o de la elección de médicos como cargos políticos, o su intervención en epidemias o conflictos bélicos, así como la incorporación y el protagonismo de la mujer en la práctica médica. También inserta relaciones de vacantes en las instituciones sanitarias españolas.
     La fórmula publicística de Eleizegui –que utilizará el seudónimo Doctor Cauterio para la sección Botones de fuego- dio agilidad y amenidad a una publicación a la que sumó el rigor científico, profesional e informativo en todas las especialidades médicas, incluidas las doctrinas más avanzadas sobre psiquiatría o sexología, o aspectos de higiene pública, de educación sanitaria infantil o de enfermedades infecciosas, etc. En su empresa periodística le acompañó al principio como gerente Carlos Carazo, y más tarde, como secretario, José de Eleizegui Sieyro. También edita una Biblioteca o colección de monografías de divulgación médica.
     El último número de la colección de esta publicación en la Biblioteca Nacional de España es el 669, correspondiente a junio de 1936.
     Pues bien, en su página 16, encontramos a tres columnas la referencia dedicada a nuestro pueblo, dentro del capítulo dedicado a las Vacantes de Titulares de toda España, apareciendo la que nos interesa en la parte media de la tercera columna, que pasamos a transcribir literalmente:



    VACANTES DE TITULARES
SEVILLA
Burguillos. Con 920 pesetas.- Solicitudes al 21 de agosto.
     
El interés de la noticia radica en saber que en ese año de 1911 hubo un periodo sin médico, y el sueldo anual de éste. Una noticia más para saber datos de la historia de nuestro pueblo.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Arte: La imagen de la Inmaculada Concepción en la Iglesia de Burguillos

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña y fotografías de la imagen de la Inmaculada Concepción de la Virgen María que podemos contemplar sobre una repisa en el muro de la Epístola de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que hoy es 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, que, realmente llena de gracia y bendita entre las mujeres en previsión del nacimiento y de la muerte salvífica del Hijo de Dios, desde el primer instante de su Concepción fue preservada de toda culpa original, por singular privilegio de Dios. En este mismo día fue definida por el papa Pío IX como verdad dogmática recibida por antigua tradición (1854) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].


     Y que mejor día que hoy para analizar dicha imagen de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
     Para el análisis histórico-artístico de la imagen de Nuestra Señora del Valle transcribimos el artículo que hice para el Boletín Patrona de Burguillos, del año 2010 (pág. 79), sobre la Iglesia de Burguillos, y que ese año estaba dedicado a la Repisa de la Inmaculada Concepción, y que transcribo literalmente:


La Iglesia de Burguillos
La Repisa de la Inmaculada Concepción

     Es esta una sección del Boletín que edita nuestra Hermandad en la que se va recogiendo un análisis histórico-artístico de las imágenes, retablos, pinturas, etc., de nuestra Parroquia, y en este año 2010 nos ocupamos de la imagen de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, que se encuentra en la nave lateral de la iglesia, junto a la Puerta del Sol, ocupando una pequeña repisa.
     Históricamente poco podemos decir de esta imagen en su relación con nuestra parroquia ya que los inventarios antiguos del siglo XIX no la mencionan y las guías artísticas que hemos consultado para estudiar los demás retablos y objetos artísticos tampoco la citan, aunque en este caso, al igual que ocurre con las imagen del Corazón de Jesús, su nula valía artística la hacía irrelevante para un estudio general de la parroquia. Como único dato constatable he de mencionar la restauración de la que fue objeto en 2005 por Rafael Díaz Caro, con un coste de 1.400,00 € como consta en las cuentas parroquiales, y que a mi modo de ver fue totalmente innecesaria puesto que podemos encontrar la misma imagen, nueva, por un coste bastante menor.
     En cuanto a la imagen de la Inmaculada Concepción, y desde el punto de vista artístico poco se puede decir, como ya ocurriera con las imágenes que encontramos en el muro de la Epístola de la Parroquia, como obras que son salidas de los talleres gerundenses de Olot, tiene todas sus virtudes y defectos, es decir que las podemos encontrar a un precio razonable en cualquier tamaño y cualquier tipo de acabado, pero que sin embargo por sus tonos apastelados, su realización en material bastante pobre (pasta de cartón madera, escayola,...), y su facturación en serie hacen que en general despierten escasa devoción, y aún menos admiración artística.
     En cuanto a su iconografía este tema de la Inmaculada Concepción de la Virgen María aparece mucho después que las Vírgenes de Majestad y de Piedad, siendo casi extraño al arte de la Edad Media. El dogma según el cual la Virgen María fue preservada por Dios del pecado original desde su concepción se proclamó en 1854, poniendo fin a una larga controversia que había comenzado en el siglo XII y tuvo su punto culminante en España en el siglo XVII.
     La Inmaculada Concepción fue representada en primer lugar de forma simbólica o alusiva, mediante el abrazo de Ana y Joaquín ante la Puerta Dorada, ya que la Madre de Dios no habría sido concebida de manera natural, sino por medio de un beso. Hacia finales de la Edad Media apareció una representación novedosa del tema: La Virgen Inmaculada, enviada por Dios desde el cielo, desciende a la tierra, de pie sobre la Luna, coronada de estrellas, extiende los brazos o une las manos sobre el pecho, siendo las fuentes de esta representación el Cantar de los Cantares y el Apocalipsis.
     En primer lugar, la Inmaculada Concepción está asimilada a la novia del Cantar de los Cantares. Las  metáforas bíblicas, popularizadas por las Letanías de la Virgen de Loreto, aparecen a su alrededor: el Sol, la Luna, la Estrella del Mar, el Jardín cerrado, la Fuente, el Pozo de Agua Viva, el Cedro del Líbano, el Olivo, el Lirio, la Rosa, el Espejo sin mancha, la Torre de David, la Ciudad de Dios, la Puerta del Cielo,... Los otros atributos de la Inmaculada están tomados del Apocalipsis (Cap. 12): la Luna, que nunca se representa llena, como en la Crucifixión, sino recortada en forma de creciente, evocaba la castidad de Diana. Después de la victoria de Lepanto, la cristiandad gustó interpretar el creciente de luna bajo los pies de la Virgen como un símbolo de la victoria de la Cruz sobre la media luna turca.
     Este tema de la Inmaculada Concepción como tal apareció por primera vez en la iconografía del arte cristiano a finales del siglo XV: los emblemas de las letanías están representados en la catedral de Cahors (Francia) en la Capilla de Nôtre Dame, construida en 1484. La  leyenda Tota Pulchra, que remite directamente  a los versos del Cantar de los Cantares (Tota pulchra est amica mea et macula non est in te - Toda hermosa, amiga mía; no hay tacha en tí), se interpreta como la firma de Dios en la creación de María: mientras los pintores firman sus obras faciebar (usando el imperfecto, puesto que son verdaderamente obras imperfectas), Dios, por el contrario, firma con las palabras Tota pulchra, ya que lo que sale de su mano es perfecto.
     En la historia de la formación iconográfica de la Inmaculada Concepción nos encontramos con otro momento crucial cuando la imagen de devoción se presenta como la concreción plástica de una visión, la de Juan en Patmos, descrita en el capítulo 12 del Apocalipsis. La fórmula definitiva de la Inmaculada, que va a dominar a lo largo del siglo XVII, será la resultante de la conjunción del motivo Tota pulchra con el de la mujer vestida de Sol del Apocalipsis.
     El arte barroco del siglo XVII, por tanto, tiene el mérito de haber creado el tipo definitivo de la Inmaculada Concepción. Libre ya de todos los símbolos de las letanías, rodeada sólo por ángeles, sus pies aplastan la serpiente tentadora, para recordar su victoria sobre el pecado original. La España mística se apoderó de este tema y le imprimió la marca de su genio. Y consiguió hacer su propia versión. Tanto es así que no puede pensarse en la Inmaculada Concepción sin evocar las obras de Zurbarán, Ribera o Murillo.
JOAQUÍN  VELÁZQUEZ GALLEGO

BIBLIOGRAFÍA.-
     RÉAU, Louis. Iconografía del Arte Cristiano. Cinco Tomos. Ed. Del Serbal, Barcelona, 1996.



Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María;
     En el orden de la Creación, la Concepción de la Virgen que existía en el pensamiento de Dios antes del comienzo del  mundo (inmente Dei abinitio conceptionis), es el punto de partida de su existencia. Pero si nos situamos en el punto de vista de la evolución iconográfica, es en último lugar que este tema debería estudiarse puesto que es casi extraño al arte de la Edad Media y aparece mucho tiempo des­pués que las Vírgenes de Majestad y de Piedad.
     Para comprender las representaciones de este tema,  frecuentemente interpretado a contrario sensu, es necesario definir brevemente el dogma de la Inmaculada Concepción y recordar la historia del progreso del culto hasta su consagración oficial por el papado.
El dogma
Definición. La Inmaculada Concepción es el privilegio en virtud del cual la Virgen María es la única que habría sido concebida sin pecado entre todos los descen­dientes de Adán y Eva.
     En principio desechemos el menosprecio, demasiado frecuente. La Inmaculada Concepción no es la concepción de Cristo en el vientre de la Virgen sino la concepción de la Virgen en el vientre de santa Ana o, más bien, en el pensamiento de Dios, que por una gracia única la eximió del pecado original. Para emplear las expresiones de los teólogos de la Edad Media, se trata de una Conceptio passiva y no de una Conceptio activa.
     La Inmaculada es la Virgen elegida antes de su nacimiento. Aquella que fue elegida antes de haber nacido, concebida antes que Eva, en la eternidad. «Ab aeterno ordinata sum. Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram» (Prov. 8: 22). Por esa razón se la representa muy joven. Ella desciende del cielo a la tierra para redimir la fal­ta de Eva. De esa manera se opone a la Virgen de la Asunción, que animada de un movimiento inverso, después de su muerte asciende desde la tierra hacia el cielo. La Inmaculada Concepción es entonces enteramente diferente de la Maternidad virginal y de la Asunción con las cuales se la confunde constantemente.
La elaboración del dogma
A) Las objeciones
     La elaboración del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen ha sido lenta y laboriosa. No debería sorprender, puesto que esta creencia no tiene ningún fundamento en las Sagradas Escrituras, a menos que se fuerce el sentido de la salutación angélica: Ave Maria gratia plena, y que se asimile la Virgen, situada fuera del alcance de Satán, a la Mujer del Apocalipsis que escapa al dragón.
     Los argumentos bíblicos o patrísticos que se han invocado en su favor no tienen valor probatorio. Todo cuanto puede decirse de buena fe, es que las Escrituras no se oponen al privilegio de María, pero tampoco lo afirman.
     Los Inmaculistas se vieron forzados a apoyarse en la tradición de la Iglesia. Ahora bien, los Padres de la Iglesia, y especialmente san Agustín, nunca osaron atri­buir a María la exención del pecado original que reservaban sólo a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y no por un hombre. Según ellos, la Virgen, como todas las criaturas humanas, fue concebida en el pecado y redimida por el Redentor. Tal es la doctrina de la Iglesia primitiva; tal es también la de san Bernardo que, no obstante, fue uno de los más fieles «caballeros de Nuestra Señora».
     A pesar de su devoción por la Virgen, san Bernardo admite su «sanctificatio in utero Annae», es decir su santificación en la fase embrionaria de su existencia, después y no antes de su concepción.
     En una carta a los clérigos de Lyon que habían introducido la fiesta de la Concepción de María en su calendario litúrgico, toma partido contra esa innovación, claramente: «¿De dónde tendría María la santidad de su concepción? Ella no ha podido ser santa antes de ser. Ahora bien, antes de su concepción no existía ¿Se dirá que ha sido concebida por el Espíritu Santo y no por un hombre? Es lo que hasta ahora nadie se ha atrevido a afirmar. Si se permite expresar lo que piensa la Iglesia, la gloriosa María ha concebido del Espíritu Santo, pero no ha sido concebida por él. Si ella no ha podido ser santificada antes de ser concebida porque entonces no existía, ni tampoco en el momento de su concepción porque el pecado estaba unido a ese acto, sólo queda que ha sido santificada en el vientre de su madre después de su concepción, y esa santificación ha vuelto santa su natividad, pero no su concepción. 
     «Sólo el Señor Jesús ha sido concebido del Espíritu Santo, porque sólo él era santo antes de su concepción. Excepto él, no hay hijo alguno de Adán a quien no se aplique la palabra del Salmista: Yo he sido concebido en el pecado.
     «En esas condiciones ¿cuál puede ser la razón de la fiesta de la Concepción de María? ¿A qué título llamar santa una concepción que no es la obra del Espíritu Santo (por no decir que es la obra del pecado) y por qué celebrarla si no es santa?» En el siglo XIII, san Buenaventura, el Doctor seráfico, se unió a la opinión de san Bernardo: «Creemos -escribió- como se cree comúnmente, que la Virgen ha sido santificada después de haber contraído el pecado original.»
     Los dominicos compartían la opinión de san Bernardo.
     Según Alberto Magno, la Virgen contrajo el pecado original porque fue concebida por generación sexual, que implica la concupiscencia carnal.
     Un teólogo todavía más ilustre, santo Tomás de Aquino, el Doctor angélico, se sitúa sin rodeos entre los negadores de la Inmaculada Concepción. En su Summa theologica postula que María ha sido necesariamente concebida con el pecado original, puesto que lo fue por la unión de los sexos. Ahora bien, la unión sexual que después del pecado de nuestros primeros padres no puede hacerse sin concupiscencia (sine libidine), transmite el pecado original al niño.
     Además, si María hubiese escapado a la mancha común, no habría tenido necesidad de ser redimida por Cristo. Así, Cristo ya no sería el Redentor universal. Finalmente:¿María no murió como los demás humanos? Entonces, como ellos, había contraído el pecado original, puesto que éste es quien introdujo la muerte en el mundo.
     De ese modo, el postulado de la Concepción Inmaculada de la Virgen aparece en contradicción con dos dogmas fundamentales de la doctrina cristiana: la universalidad del pecado entre los descendientes de Adán y la universalidad de la redención por Cristo. Si se quiere sustraer a María de la ley común del pecado, es necesario al mismo tiempo sustraerla de la redención universal de Cristo.



B) El triunfo de los inmaculistas
     Semejante consenso de los representantes más autorizados del  pensamiento cristiano, todos «maculistas», desde san Agustín hasta san  Bernardo, san Buenaventura y santo Tomás de Aquino, pudo haber sofocado en germen la cre­encia en la Inmaculada Concepción de la Virgen, pero no ocurrió nada parecido. La creencia en que, desde su concepción, la Virgen estuvo exenta de la mácula del pecado original, fue ganando terreno. A partir del siglo IX, la fiesta de la Conceptio B. M. Virginis, de origen oriental, como todas las fiestas de la Virgen, se in­trodujo en el calendario irlandés.
     El principal argumento que se utilizó fue que el papel de María en la Redención implica su exención del pecado original. «¿Cómo suponer -dijo Denis el Cartujo­que debiendo aplastar un día la cabeza de la serpiente, haya podido nunca ser hija del demonio?» Así, la concepción virginal de Cristo comportaría la concepción in­maculada de su madre.
     Los franciscanos tomaron partido contra las tesis de san Bernardo y de santo Tomás que san Buenaventura, otro franciscano, defendió. Éste y Escoto Eriúgena, el Doctor sutil, proclamaron que la gloriosa Virgen María fue preservada del peca­do original "a primo instanti» y no a partir de su nacimiento o de la Encarnación. Los carmelitas les hicieron coro.
     Pero la adhesión más eficaz a la campaña de los inmaculistas fue la de la Universidad de París, representada por sus cancilleres Pierre d'Ailly y Jean Gerson. La doctrina de la Inmaculada Concepción, nacida, como la mayoría de las creen­cias, de un postulado teológico, de un deseo transformado en afirmación positiva, de un voto sentimental erigido en certeza, aprobada por el papa franciscano Sixto IV en 1477, fue aceptada por la Sorbona en 1496, que la formuló en estos térmi­nos: «Mater Dei a peccato originali semper fuit preservata.»
     La creciente popularidad de la Inmaculada Concepción a finales de la Edad Media está probada por la devoción que le ofrecía la familia de los duques de Borbón. En 1370, Luis II de Borbón fundaba la orden del Caballero de Nuestra Señora de Esperanza, cuya insignia representaba a la Virgen del Apocalipsis, coro­nada por doce estrellas y con los pies reposando sobre la luna creciente. Así la representó el Maestro de Moulins, hacia 1498, en su célebre tríptico de la catedral.
     En el siglo XVI los jesuitas, después de los franciscanos, se convirtieron en sus campeones. El concilio de Trento consagró su triunfo.
     La doctrina ganó a todos los países católicos antes de convertirse en dogma. Desde Ruán, metrópoli de Normandía donde la fiesta de la Concepción era particularmente popular (se la llamaba Fiesta de los normandos), esta devoción se difundió en las otras diócesis de Francia. En 1644, la fiesta de la Inmaculada Concepción se intro­dujo en España en la jerarquía de las grandes y obligatorias (de praecepto). Así se explica la importancia de este tema en la pintura española del siglo XVII.
     Sólo quedaba un paso por dar. En 1708 la creencia, resistida durante largo tiempo, se convirtió en obligatoria para el conjunto de la Iglesia. Y en virtud de la encíclica Ineffabilis Deus, publicada por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, se transformó en un dogma de la Iglesia romana. Los maculistas habían sido derrotados.
Iconografía
     La Inmaculada Concepción ha sido representada de dos maneras completamente diferentes: en primer lugar, simbólica o alusivamente, mediante el Abrazo de Ana y de Joaquín ante la Puerta Dorada; más tarde, en la forma de la Sulamita del Cantar de los Cantares, o de la mujer envuelta en el sol, del Apocalipsis, con la luna debajo de los pies.
1. El abrazo de san Joaquín y de santa Ana ante la puerta dorada
     En la iglesia oriental y en la primera versión del arte de Occidente, la Inmaculada Concepción de la Virgen está asociada con el encuentro de sus padres, Ana y Joaquín, frente a la Puerta Dorada de Jerusalén. La Madre de Dios no habría sido concebida de manera natural (ex coitu), sino por medio de un simple beso en los labtios (ex osculo).
     A veces el ángel que anuncia la buena nueva a cada uno, por separado, planea por encima de los viejos esposos para acercar sus bocas.
     Señalemos una curiosa versión en una vidriera de Saint Ouen, ejecutada a principios del siglo XVI por el pintor vidriero holandés Arnoldo de Nimega. Sobre el vientre de santa Ana, representada de pie y con las manos unidas, aparece la Virgen en forma de niña pequeña desnuda en una mandorla, y recibiendo el ho­menaje de los dos principales profetas de la Encarnación: Isaías y David.
     En los ciclos mariológicos, esta escena precede con frecuencia a la Natividad de la cual se considera el preludio.
2. El descendimiento de la Virgen Inmaculada
     Hacia finales de la Edad Media apareció una representación novedosa del tema.
     La Virgen Inmaculada, enviada desde el cielo por Dios que la había elegido para la obra de Redención, desciende a la tierra. De pie sobre la luna, coronada de estrellas, extiende los brazos como las orantes de las catacumbas, o une las manos so­bre el pecho.
     Para distinguirla de la Virgen ascendente de la Asunción, se la representa con los ojos dirigidos hacia la tierra, al tiempo que aquélla los tiene elevados al cielo donde Cristo la espera.
     Esta diferencia está muy bien señalada en las dos estatuas ejecutadas por Puget en Génova: la Inmaculada Concepción, encargada por los Lomellini, que se encuentra en el oratorio de san Felipe Neri; y la Asunción, encargada por los Brignole para el Hospicio de los Pobres (Albergo dei Poveri).
     Otra característica de la Inmaculada Concepción es que se presenta rodeada por los símbolos de las Letanías, que son su escudo de armas (Arma Virginis), de la misma manera que los instrumentos de la Pasión constituyen el blasón de Cristo (Arma Christi).
Fuentes
     ¿Cuáles son las fuentes de esta representación? Procede del Antiguo, y también del Nuevo Testamento, del Cantar de los Cantares y del Apocalipsis.
     1. La Virgen Inmaculada está asimilada a la novia del Cantar de los Cantares. Es la Sulamita del Seudo Salomón, como lo prueban las palabras inscritas en una filacteria: Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te, y las metáforas bíblicas sembradas alrededor  de ella  como las perlas de un collar.
     Estos símbolos han sido popularizados por las Letanías de la Virgen de Loreto, cuya forma actual data de 1576. La nueva Sulamita es comparada con los astros: con el sol (electa ut sol); con la luna representada por un  creciente de plata (Pulchra ut luna), con la estrella del mar (Stella maris).
     Otros emblemas están tomados de los árboles y las flores. La Inmaculada es un Jardín cerrado o cercado (Hortus conclusus), una Fuente de los jardines (Fons hortorum), un Pozo de agua viva (Puteus aquarum viventium). Se la compara con el cedro del Líbano (Cedrus exaltata), con el olivo (Oliva speciosa) con el lirio que flore­ce entre espinas (Lilium inter spinas), y con un rosal (Plantatio rosae).
     «Eres jardín cercado, hermana mía, esposa; eres jardín cercado, fuente sellada.» (Cant. 4: 12).
     Espejo sin mancha (Speculum sine macula), la Virgen es finalmente saludada con los nombres de Torre de David (Turris Davidica cum propugnaculis), _Ciudad de Dios (Civitas Dei), Puerta del cielo (Porta coeli).
     2. Los otros atributos de la lnmaculada Concepción están tomados del Apocalipsis I 2: "Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas (amicta sole, luna sub pedibus, in capite corona stellarum duodecim)."
     La luna que nunca se representa llena, como en la Crucifixión, sino recortada en forma de creciente, evocaba la castidad de Diana.
     Después de la victoria de Lepanto, la cristiandad gustó interpretar el creciente de la luna bajo los pies de la Virgen Inmaculada como un símbolo de la victoria de la Cruz sobre la Media luna turca.
La fecha de aparición del tema
     ¿En qué momento apareció por primera vez este motivo en la iconografía del arte cristiano?
     De acuerdo con E. Mate, que adopta la tesis sostenida por Maxe Werly, este tema apareció a principios del siglo XVI, exactamente en 1505, en forma de xilografía, en las horas de la Virgen para el uso de Roma, publicadas en París por Thielman Kerver, retomadas en 1518 en las Horas de Simon Vostre.
     "Hasta el momento -escribe E. Mâle- no he encontrado una sola miniatura que represente la Inmaculada Concepción que sea anterior a 1505; por otra parte, todas las vidrieras, todos los bajorrelieves consagrados al mismo tema son, o lo parecen, posteriores a 1505. Es necesario admitir por lo tanto, salvo que se pruebe lo contrario, que el grabado de un Libro de Horas ha hecho conocer a Francia entera ese nuevo motivo."
     Sin abandonar los dominios de los Libros de Horas, se puede encontrar una ilustración de ese tema dos años anterior, en las Horas para uso de Ruán, impresas en París en 1503, por Antoine Vérard.
     En realidad es unos veinte años más vieja, y se remonta a finales del siglo XV. Los emblemas de las Letanías ya están representados en la catedral de Cahors, en la capilla de Notre Dame, que fue construida en 1484. Es el primer monumento edificado en Francia para la gloria de la Virgen Inmaculada, rodeada por sus atributos místicos.
     Por otra parte, la pintura italiana del Quattrocento nos ofrece al menos un ejemplo de este tema que data de 1492: es la Inmaculada Concepción del veneciano Carlo Crivelli, que se encuentra en la National Gallery de Londres. Es verdad que la Virgen no planea entre el cielo y la tierra, pero la inscripción de la filacteria que Dios Padre y los ángeles sostienen encima de su cabeza no deja ninguna duda acerca del significado de esta figura de orante, allí se lee: Ut in mente Dei ab initio concepta fui, ita et facta sum.
     Los Países Bajos han conocido ese tema en la misma época. El hecho está probado por un gran retablo de santa Ana que se conserva en el Museo histórico de Frankfurt, encargado a un maestro de Bruselas por el prior del convento de los carmelitas Rumold de Laubach. Puesto que ese personaje, singularmente interesado en el culto de santa Ana, murió en 1496, hay que concluir, forzosamente, que el retablo fue ejecutado antes de finales del siglo XV.
     Sobre uno de los paneles, los carmelitas arrodillados, asistidos por san Agustín y el papa Sixto IV, están representados en oración frente a santa Ana, que se mantiene de pie ante el altar. El homenaje se dirige menos  a ella que a la Virgen Inmaculada, que aparece en transparencia en su vientre, en medio de una aureola de rayos, en forma de niña pequeña y desnuda, sobrevolada por la paloma del Espíritu Santo y flanqueada por dos ángeles.
     La prueba de que se trata de la Inmaculada Concepción es que encima del busto de Dios Padre bendecidor, sobre una filacteria, se lee el canto de amor del Cantar de los Cantares: «Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te», y que alrededor del turbante de Salomón, que está en frente del rey David, se desarrolla en una filacteria este pasaje de los Proverbios, siempre aplicado a María Inmaculada: «Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram.»
     Estos tres ejemplos tomados del arte francés, italiano y flamenco, prueban sin duda que el tema de la Inmaculada Concepción no aparece en el arte cristiano a principios del siglo XVI sino en el último cuarto del XV.
Evolución
     Después de haber precisado las fuentes y la fecha inicial de este tema, veamos como ha evolucionado entre los siglos XVI y XIX, a partir de Francia y de Signorelli, pasando por Puget, y Murillo, hasta llegar a la Virgen de Lourdes.
     En la pintura italiana del Renacimiento, la Inmaculada Concepción se presenta como la contrapartida y la redención del pecado original. La idea que se quiere poner en evidencia es que la gracia de María redime la falta de Eva.
     Quos Evae culpa damnavit,
     Mariae gratia solvit.
     Por ello Signorelli, en su cuadro de la catedral de Cortone, evoca a la Virgen descendiendo del cielo en una lluvia de flores y posándose sobre el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, a cuyo pie Adán y Eva cometen el pecado. Luis de Vargas (catedral de Sevilla) y Ant. Sogliani (Uffizi) subrayan la misma oposición.
     Pero es el arte barroco del siglo XVII el que tiene el mérito de haber creado el tipo definitivo de Inmaculada Concepción. Libre de todos los símbolos de las Letanías con que la habían sobrecargado los teólogos, rodeada sólo por los ángeles, ella pla­nea en una mandorla sobre un creciente de luna. A veces, para recordar su victoria sobre el pecado original, sus pies, que se apoyan sobre el globo, aplastan la cabeza de la serpiente tentadora.
     La España mística se apoderó de este tema creado en Italia y le imprimió la marca de su genio. Y consiguió hacer su propia versión, tan es así que no puede pen­sarse en la Inmaculada Concepción sin evocar la estatua de Martínez Montañés en la catedral de Toledo, las telas de Zurbarán, de Ribera, y sobre todo las de Murillo, que trató el tema veinte o veinticinco veces.
     La forma más reciente tomada por la Inmaculada Concepción es la Virgen de Lourdes. El historiador de las religiones Salomon Reinach ha sostenido que el origen de las apariciones de la Virgen a Bernadette Soubirous en 1858 no es otro que el cuadro de Murillo adquirido por el Louvre en 1852.  
     Esta tela se hizo inmediatamente popular y había sido vulgarizada por la imaginería y los periódicos ilustrados. Es probable que uno de esos grabados coloreados cayera bajo la mirada de la joven pastora pirenaica y que, como María Alacoque lo hiciera en el siglo XVII con las imágenes del Sagrado Corazón, Bernadette proyectara, más  o menos inconscientemente y en forma de aparición, el recuerdo de la imagen piadosa que la había impresionado. La bella mujer que vio aparecer en una gruta, en medio de una nube de oro, con las manos cruzadas sobre el pecho, cubierta con un vestido blanco ajustado en la cintura por una  cinta azul, se parece como una hermana a la Purísima del Museo del Prado. Así, sería una obra maestra de Murillo la fuente de la peregrinación más popular del siglo XIX. Esta hipótesis reforzaría la teoría que postula la influencia de las imágenes en el nacimiento de los cultos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).




Conozcamos mejor la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María; 
     Su fecha obedece al cómputo de nueve meses antes del nacimiento; es la primera fiesta grande del año litúrgico y la presentación de la figura de María en la liturgia. Contrariamente a lo habitual, el fervor popular con su sensus fidei y su plasmación en la liturgia le llevaron la delantera a la reflexión teológica y al magisterio jerárquico.  Originalmente celebraba la concepción prodigiosa de San Joaquín y Santa Ana, siguiendo los apócrifos Protoevangelio de Santiago (siglo II) y Evangelio de la Natividad de María (siglo IV). Por eso los libros litúrgicos orientales la designan todavía hoy con el título de Concepción de Santa Ana, lo cual no quiere decir que no se crea en el misterio de la Inmaculada Concepción, y la señalaban para el nueve de diciembre, sin duda dependiendo de la del ocho de septiembre, de la Natividad, más antigua. La fiesta surge en Oriente en los siglos VII-VIII, en cuya área se desenvuelve la primera fase de ella. Se documenta por primera vez en el canon (himno) de San Andrés de Creta (+720) y en un sermón de Juan Obispo de Eubea (+740)8, que hace una relación de las fiestas marianas existentes, aunque le concede una importancia menor que las de las cuatro fiestas principales: Natividad, Purificación, Anunciación y Asunción.  Poco a poco se va extendiendo y ganando importancia; en el siglo IX aparece en el Nomocanon de Focio (883) y en el calendario marmóreo de Nápoles (850), que como otros lugares de Italia meridional estaba sujeto a influencias bizantinas. El Emperador Manuel Commeno decretó la abstención de trabajo servil en ella en 1166 y el Emperador León VI (+912) el Filósofo la extendió a todo el imperio a principios  del siglo X.
     En el Occidente latino, en donde se desarrolla la segunda fase de la fiesta, se empieza a celebrar, al menos, en el siglo IX, a partir de las ciudades italianas meridionales, sometidas al Imperio Bizantino, como Nápoles, Sicilia y Cerdeña. De aquí pasó a Irlanda, donde se la menciona en el martirologio de Tallaght (ca. 800) y en el calendario de Oengus (ca. 825), con el nombre de Concepción de María Virgen, aunque fijada el tres de mayo, seguramente por influencia de la tradición copto-alejandrina, que celebraba en este día a los Santos Joaquín y Ana. De Irlanda pasó a Inglaterra, donde fue puesta en relación con la Natividad y señalada el ocho de diciembre; en el siglo IX se documenta ampliamente la celebración allí como Concepción de la Santísima Virgen María. En dos abadías de Winchester es mencionada sobre el 1030, y poco después, en torno al 1050, en el Misal y en el Pontifical de Leofrico, Obispo de Exeter. Pero fue suprimida por los clérigos normandos que llegaron allí con Guillermo el Conquistador en el 1066, por lo que no aparece en los libros litúrgicos de finales del XI y principios del XII.  Pero pronto refloreció, en parte por un milagro legendario. Helsin, Abad de Ramsay, Kent, en un viaje a Dinamarca como embajador de Guillermo el Conquistador, envuelto en una feroz tormenta en el Mar del Norte, fue informado en una visión que se salvaría si hacía voto de celebrar el ocho de diciembre la fiesta de la Inmaculada y de difundir esta devoción en sus sermones9. Igualmente, fue apoyada por la escuela de San Anselmo de Canterbury (+1109), pues Anselmo el Joven (ca. 1125), su sobrino, fue gran promotor de la misma, junto con su discípulo y biógrafo Eadmero de Canterbury (+1124), que defendió piadosa creencia y fiesta, y Osberto de Clara, Prior de Westminster (ca. 1119), y adquirió entonces un decidido tinte inmaculista: de celebrar la concepción de la futura Madre de Dios pasa a conmemorarse su santidad original desde el primer momento de su ser natural. Esta nueva oleada concepcionista hizo que la fiesta pasase a Francia por Normandía; la Archidiócesis de Ruán con sus seis sufragáneas fue la primera en acogerla, hasta llegar a otorgarle en los tiempos del Arzobispo Otorico (+1183) igual dignidad que a la de la Anunciación, y los estudiantes normandos de la Universidad de París la tomaron como su fiesta patronal.  El avance siguió, extendiéndose por el resto de Francia, los Países Bajos y Alemania, e, incluso, cruzó los Alpes y penetró en Italia: Ogero de Vercelli (ca. 1160) alude a ella en un sermón, y Sicardo de Cremona (+1215) en un sermón indicó que en su ciudad, pese a cierta polémica, se celebraba desde hacía ya tiempo. Del siglo XII se conservan ya una quincena de Oficios de esta fiesta. Todo ello pese a las objeciones que le habían puesto personajes de la talla de San Bernardo de Claraval, decididamente mariano por otro lado, que desaconsejó su celebración a los canónigos de Lyon, que la habían introducido en su catedral en torno a 1140 por decantarse, siguiendo rigurosamente a San Agustín, por la opinión maculista. Algunos piensan sin mucho fundamento que el Papa León IX Egisheim-Dagsburg (+1054) celebró la fiesta de la Concepción. Más probable parece que la introdujera Adriano IV Breakspeare (+1159), además de por su origen inglés por haber sido devoto y apologeta de este misterio mariano. Con más peso se puede afirmar, ya a principios del siglo XIII, de Inocencio III dei Conti di Segni (+1216), por testimonios coetáneos, que se celebraba la Inmaculada en la capilla pontificia, lo cual no es de extrañar por haber apoyado la Inmaculada en sus escritos como doctor privado. San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, entre los dominicos, y San Buenaventura, entre los franciscanos secundaron la tesis maculista. Pero este último no prohibió su celebración entre los Menores, en parte porque aceptó la leyenda de Helsin como una revelación privada auténtica, pues en el Capítulo General de Pisa de 1263 se prescribió la fiesta de la Inmaculada para los Menores13. Esto hizo que comenzara la controversia en el campo litúrgico y su celebración pasara por un periodo de declive y fuera suprimida en muchos calendarios, aunque vuelve a resurgir su celebración en el siglo XIV, en que se hizo prácticamente universal. A partir de las diatribas del Beato franciscano Juan Duns Scoto (+1308), en Cambridge, Oxford, París y Colonia, se llegó a una solución teológica aceptable al problema de la redención universal, de la que no podía ser exceptuada María como criatura, con la doctrina preservativa. La opinión inmaculista ganó entonces rápidamente terreno, y a ella se adhirieron muchas familias religiosas, con los franciscanos a la cabeza: carmelitas, agustinos, cistercienses… así como numerosísimas Iglesias particulares, frente a los irreductibles tomistas, que no aceptaban la fiesta o llamaban a la celebración fiesta de la santificación de María. Incluso, por influencia de los carmelitas, el Papa Juan XXII Duèze llegó a celebrarla con la corte pontificia en Avignon hacia 1330, un año en la iglesia de éstos y después en la propia capilla, con Oficio propio y solemnidad. Aunque sólo se tratara de un gesto de devoción privada, era un paso adelante hacia el reconocimiento oficial de la fiesta por el papado.
     Entretanto, el Reino de Aragón se decantó por la defensa de la Inmaculada y extensión de su fiesta, lo que heredaría la monarquía hispánica y habría de convertirse en casi una cuestión de Estado en la era del barroco, que no podemos desarrollar aquí por cuestión de espacio. El catorce de marzo de 1374 Juan I de Aragón ordenó que se celebrara esta festividad en sus dominios así como prohibía predicar en contra de esta por entonces opinión piadosa. La misma prohibición pidieron que sancionara el Rey de Aragón las Cortes Catalanas el nueve de abril de 1456, a la que accedió y promulgó el veintiocho de mayo de 1456. La Inmaculada Concepción planteada por los legados hispanos a petición del Rey Alfonso V de Aragón, fue definida en el Concilio de Basilea el diecisiete de septiembre de 1438. Juan de Segovia, por orden conciliar, compuso Oficio propio. Aunque no se le reconoció valor dogmático porque los legados papales habían ya retirado su participación, sí pesó decisivamente entre los argumentos inmaculistas.  Sin embargo, Roma, que en un principio adoptó una actitud de tolerancia con respecto a las demás Iglesias, a partir de este momento pasó a introducirla oficialmente en su liturgia e, igualmente, en la de toda la Iglesia Latina, por obra de Sixto IV della Rovere, que había sido franciscano conventual, famoso teólogo de la escuela escotista, que aprobó por la Constitución Cum praeexcelsa de veintiocho de febrero de 1476, la misa y Oficio compuestos por Leonardo de Nogaroles, clérigo de Verona y Protonotario Apostólico, indulgenciándolos como los del Corpus, y con el Breve Libenter ea de cuatro de octubre de 1480 los redactados por el franciscano observante Bernardino de’ Bustis (+1513). 
   Por el hecho de estar indulgenciados, obtuvieron una mayor propagación los textos del primero. A estos dos Oficios se añadieron los de los franciscanos el Cardenal Francisco de Quiñones (+1540), aprobado por Clemente VII Médici, y el de Ambrosio Montesino (+1514) para las monjas concepcionistas, sancionado por Inocencio VIII Cybo en la aprobación de la Orden del treinta de abril de 1489. Una segunda Constitución de este papa en 1481, la Grave nimis, en la que condenaba los ataques a la opinión inmaculista del dominico Vicente Bandelli (+1506), ratificaba el asunto, reafirmada por una segunda homónima en 1483. La fiesta, por tanto, quedaba preservada de ulteriores ataques.  En la reforma de San Pío V Ghislieri fueron abolidos los Oficios propios y sustituidos por el Oficio de la Natividad, sustituyendo la palabra nativitas por conceptio. Sin embargo, posteriormente, fue restablecido el Oficio de Nogaroles para la familia franciscana por Gregorio XIII Buoncompagni el nueve de junio de 1583, por Sixto V Peretti el treinta de mayo de 1588 y Paulo V Borghese el veintiuno de enero de 1609. Los dominicos, entretanto, aunque habían aceptado la fiesta, la seguían llamando equívocamente Santificación de María, hasta que un decreto de Gregorio XV Ludovisi por un decreto del veinticuatro de mayo de 1622 Sanctissimus prohibió cualquier pronunciamiento contra la doctrina inmaculista y el uso del término santificación por concepción, que es tanto como añadir inmaculada. Clemente VIII Aldobrandini (+1605) elevó la fiesta a rito de doble mayor. Tras petición regia, por Breve de diez de noviembre de 1644 de Inocencio X Pamphili fue declarada fiesta de precepto en los reinos de España, pues por decreto de Urbano VIII Barberini había dejado de celebrarse con tal rango litúrgico por no ser patrona principal. Francia siguió el ejemplo de su vecina. Finalmente, Alejandro VII Chigi en la constitución Sollicitudo omnium ecclesiarum de ocho de diciembre de 1661 definió exactamente el objeto de la fiesta: la inmunidad del alma de María del pecado original en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo. A partir de aquí prácticamente cesó la polémica concepcionista. El Rey Felipe IV de España, en 1664, según propuesta de su Junta de la Inmaculada de treinta y uno de enero, pidió al mencionado papa, que se le añadiera a la fiesta octava en todos los dominios hispánicos, que tenían ya concedida algunas diócesis, como Málaga, Sevilla y Valencia y algunas familias religiosas, como franciscanos y carmelitas.  El veintiuno de junio entrego el memorial el Embajador al papa. Éste encargó el asunto a la Sagrada Congregación de Ritos, la que nombró una Junta, y finalmente dio un decreto favorable el dos de julio, sancionado por el Breve Quae inter praeclara del siete del mes citado. Impuso bajo precepto a ambos cleros (incluidos los dominicos) de España y de sus Indias el rezo del Oficio de la Inmaculada con octava. Después fue extendido a los demás Estados, a petición del Rey, que no llegó a saberlo por su fallecimiento: Nápoles el dieciocho de septiembre, Sicilia y Cerdeña el veinticuatro de octubre, Flandes y Borgoña el veintiséis de dicho mes.  La Reina Gobernadora Mariana de Austria elevó una petición al papa en 1667 para que extendiera a toda la Iglesia el rezo de la Inmaculada que resultó infructuosa, aunque sí le concedió la Sagrada Congregación de Ritos el Oficio y misa de la Inmaculada para España y sus dominios con rito de segunda clase, como se practicaba en Roma y en los Estados Pontificios. Inocencio XII Pignatelli, a instancias del Rey Carlos II de España, elevó la fiesta en 1693 a doble de segunda clase con octava para la Iglesia Latina. Clemente XI Albani la hizo fiesta de guardar para toda la Iglesia Latina en 1708 por la Bula Commissi nobis. 
     Los últimos coletazos de la oposición maculista surgieron en la primera mitad del XVIII, y fueron definitivamente contestados por el gran San Alfonso de María de Ligorio, que fundamentó su defensa en el sentimiento casi unánime del pueblo de Dios y en la celebración universal de su fiesta. Su doctrina se extendió como reguero de pólvora gracias a su libro Las Glorias de María, publicado en 1750.
     Clemente XIII Rezzonico, el mismo año que declaró, a ruegos del Rey Carlos III, a la Inmaculada Concepción patrona de España y de sus Indias, 1761, concedió para España y sus Indias que se rezase el Oficio Sicut lilium y la misa Egredimini de los franciscanos. A pesar de ello, en muchos sitios siguieron rezando los suyos de siempre, hasta que  se impuso como obligación por Cédula Real de diez de mayo de 1788, a petición de la Junta de la Inmaculada del día anterior. En 1863, el Beato Pío IX Mastai-Ferretti, que había definido en 1854 la Inmaculada Concepción como dogma de fe, promulgó un nuevo Oficio y misa. Éste había sido encargado a Monseñor Luca Pacifici, el redactor de la bula de definición, pero por haberle sobrevenido la muerte de manera inopinada, el papa lo encargó a una comisión presidida por el Cardenal Costantino Patrizi y con Monseñor Domingo Bartolini como secretario, que aprobó tras muchas correcciones el Oficio de Luigi Marchesi. 
     León XIII Pecci, así mismo, elevó la fiesta a doble de primera clase con misa vigiliar, suprimida en la reforma de 1962. En el calendario de 1969 tiene el máximo rango de solemnidad con precepto. El hecho de que caiga en el Adviento para nada distrae de su carácter contemplativo de gozosa espera navideña, pues en la Inmaculada Concepción Dios se prepara una Madre digna de sí; es por tanto, como dice el Cardenal Gomá, una auténtica fiesta de pureza en un tiempo de purificación (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).

lunes, 1 de diciembre de 2025

Bibliografía: Burguillos en el libro "Sevilla y su provincia", Editado por Gever para la Diputación Provincial de Sevilla, en 1993.

     Mostramos en Historia de Burguillos las reseñas que se hacen de nuestro pueblo en el libro "Sevilla y su provincia", de la Diputación Provincial de Sevilla, editado por Gever, en 1993.


     Un libro más sobre los pueblos de la provincia, en este caso de los años '90 del siglo XX, editado por la Diputación Provincial de Sevilla, en el que se dedica un espacio a Burguillos en las páginas 288, 289, y 290, y que transcribimos íntegramente:



BURGUILLOS
     Sobre una extensión de cuarenta y tres kilómetros cuadrados se asienta este municipio perteneciente al Partido Judicial de Sevilla, que cuenta con cerca de tres mil habitantes y cuyo núcleo urbano se encuentra separado de la capital por una distancia de veintitrés kilómetros.
     Ubicado en las estribaciones de Sierra Morena, inmediaciones del río Ribera de Huelva y del Canal del Viar, su población se dedica fundamentalmente a las tareas agrícolas. Cuenta con grandes regadíos en la mayor parte de sus tierras.
     Aunque en sus cercanías existen ruinas romanas, parece que el origen de su entidad urbana es medieval. Su nombre actual proviene de Burg, que significa pueblo. No existen restos de la época árabe pero sí de la conquista castellana como la hermosa Iglesia Parroquial de estilo mudéjar, dedicada a San Cristóbal, que fue remozada y ampliada en la segunda mitad del siglo XVIII por Ambrosio de Figueroa.
     El retablo Mayor de su iglesia es del siglo trece [¿?] al igual que la escultura de San Cristóbal. La Talla de San Sebastián es de principios del dieciséis. Contiene algunos lienzos de los siglos XVII y XVIII. Entre sus objetos de orfebrería son dignos de mención una Cruz del siglo dieciocho y un ostensorio de plata lisa de estilo neoclásico.
     Las Fiestas locales tienen lugar del veinticuatro al veintiséis de julio, en honor de su Patrono San Cristóbal. En septiembre [¿?], del siete al diez, se celebra en honor de la Virgen del Rosario una típica Romería a la Sierra del Coto.



     Es un texto con multitud de errores lo que denota el horrible trabajo de campo realizado ya que podemos decir, entre otras cosas, que ya en los inicios de los años '90 del siglo XX por supuesto que ya se conocía que tanto el retablo Mayor como la imagen de San Cristóbal, no son del siglo XIII, sino del XVIII (mediados), y que por supuesto las Fiestas en honor de la Virgen del Rosario transcurren en el fin de semana coincidente con el primer viernes de octubre, y nunca en septiembre. Si puede resultar curioso para algunos que en aquellas fechas las Fiestas de San Cristóbal solían coincidir con la festividad de Santiago apóstol.