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lunes, 6 de enero de 2025

La Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús de Nuestra Señora del Rosario

     Mostramos en Historia de Burguillos imágenes (de la propia Parroquia de Burguillos) y una pequeña reseña de la Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús de Nuestra Señora del Rosario, en el presbiterio de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que hoy es 6 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor, en la que se recuerdan tres manifestaciones del Gran Dios y Señor nuestro Jesucristo: en Belén, Jesús niño, al ser adorado por los magos; en el Jordán, bautizado por Juan, al ser ungido por el Espíritu Santo y llamado Hijo por Dios Padre; y en Caná de Galilea, donde manifestó su gloria transformando el agua en vino en unas bodas [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].


     Y que mejor día que hoy para analizar dicha Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús de Nuestra Señora del Rosario, en el presbiterio de la iglesia de Burguillos.  
     Como es tradicional en Burguillos, desde la Nochebuena quedó entronizado en el centro del presbiterio de la Parroquia el Niño Jesús de la Virgen del Rosario al objeto de ser venerado en las solemnidades litúrgicas del tiempo de Navidad, concretamente en la Misa del Gallo, la festividad de Santa María, Madre de Dios, y la Epifanía del Señor. Esta tradición está constatada en el Libro de la Hermandad que abarca los siglos XVII y XVIII, en el que aparece en varios de sus inventarios un "Cojín" para el Niño Jesús, lo que demuestra que dicha Adoración, es una tradición secular en la Hermandad de la Virgen del Rosario.
     Afortunadamente a esta tradición, desde hace unos años se ha añadido esta Adoración por parte de los Reyes Magos en los instantes previos a la Cabalgata de Reyes Magos, lo que sin duda le da una mayor solemnidad y sentido a la propia Cabalgata.


Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Epifanía del Señor;
   Junto a Natividades de carácter íntimo, en las cuales el tema principal es la muda adoración del Niño Jesús por su madre, el arte cristiano ha imaginado desde muy temprano Natividades espectaculares, con un gran lujo de puesta en escena y multitud de extras.
   Los sucesivos homenajes de los Pastores y de los Reyes Magos de Oriente al Niño Jesús aparecen tanto representados aparte como asociados a la escena de la Natividad de la cual son el complemento.
   Se llama Epifanía (del griego epiphaneia) a esta primera teofanía o manifestación a los hombres de Dios encarnado: las otras dos son el Bautismo de Cristo, en la que una voz procedente del cielo lo proclama públicamente Hijo de Dios y el milagro de Las Bodas de Caná, donde por primera vez manifiesta ante los apóstoles su poder sobrenatural.


   La fiesta de la Epifanía (en francés arcaico Tiphanie, Tiphaine, en italiano Befana), que vulgarmente se llama el Día de los Reyes Magos, se celebra el 6 de enero, doce días después de la Navidad.
A) La adoración de los pastores
B) La adoración de los Reyes Magos
l. Historia y culto de los Reyes Magos

   La Adoración de los Reyes Magos sólo se menciona en el primero de los cuatro Evangelios canónicos, el de Mateo (2: 1-12).
   Los magos de Oriente llegan a Jerusalén buscando al rey de los judíos cuyo nacimiento les ha sido revelado por una estrella. El rey Herodes el Grande, que gobernaba en Palestina, los convoca en su palacio, los interroga y les hace prometer que regresarán cuando hayan encontrado al Niño, para que también él vaya a adorarlo.


   «Después de haber oído al rey, se fueron, y la estrella que habían visto en orien­te les precedía, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el niño (...) y, llegando a la casa, vieron al niño con María, su madre, y de hinojos le ado­raron, y, abriendo sus cofres, le ofrecieron como dones oro, incienso y mirra.
   «Advertidos en sueños de no volver a Herodes, se tornaron a su tierra por otro camino.»
   Lucas (2: 8-20), se limita a hablar de la Anunciación a los pastores y de su peregrinación a Belén, pero no dice ni una palabra de los Magos que Marcos y Juan ignoran igualmente.
   Para remediar dicho silencio, los Evangelios apócrifos acuden en auxilio.     
   La escena de la Adoración de los Reyes Magos se desarrolla y adorna en el Protoevangelio de Santiago (cap.XXI), en el Evangelio del Pseudo Mateo (cap. XVI) y en el Evangelio árabe de la Infancia (cap.VII).


Historicidad
   La realidad de este acontecimiento es menos que sospechosa. El historiador judío Flavio Josefo no hace la menor alusión a él. El único evangelista que lo consigna en su relato no suministra los nombres, el número de magos, la fecha ni el destino de su viaje que tanto puede ser Nazaret como Belén.
   Esa incertidumbre dio origen a tradiciones contradictorias. Según una de ellas, los Magos habrían llegado inmediatamente después del nacimiento de Jesús. Por el contrario, para los Evangelios apócrifos, su peregrinación habría tenido lugar después de la Circuncisión y Presentación en el templo, cuando Jesús había al­canzado la edad de dos años (transacto  secundo anno). El edicto de Herodes ordenando la matanza de los niños menores de dos años se volvería así más inteligible. No obstante, prevaleció la primera opinión según la cual la Adoración de los Reyes Magos sería contemporánea de la Natividad, y por lo tanto habría seguido inmediatamente a la Adoración de los pastores.


Desarrollo de la leyenda
   En base a datos tan escasos e imprecisos, el ingenio de los comentaristas podía desarrollarse con total libertad.
   Al principio, los magos eran simples astrólogos persas que leían el futuro en las estrellas. Su nombre deriva de la palabra persa mogu o maga. El Evangelio de Mateo no los llama «reyes» y los Evangelios apócrifos tampoco. Pero la palabra «mago» adquirió el sentido peyorativo de «brujo» en los primeros tiempos del cristianismo, como lo prueba la historia de Simón Mago, asimilado al Anticristo. Sin duda se quiso destacar la dignidad de los visitantes, tanto más por cuanto la Iglesia estaba interesada en mostrar el homenaje al Niño Jesús de todos los reyes del mundo. Ese testimo­nio parecía de mayor peso que la ingenua adoración de unos humildes pastores. 
   Fue Tertuliano el primero en convertir a los Magos en reyes: «nam et Magos reges habuit fere Oriens». En el siglo XI Cesario de Arles adoptó la misma opinión: Illi Magi tres reges dicuntur. A partir de entonces la corona reemplazó al gorro frigio en sus cabezas, incluso cuando se los representaba en la cama.


El número de los Magos
   Mateo no es más explícito acerca del número de los Magos. Se limita a decir «llegaron del oriente unos magos» que luego se pusieron en camino a Belén.
   Por ello, podían hacerse las evaluaciones más divergentes. En las pinturas de las catacumbas los Magos son a veces dos, y otras cuatro. En el cementerio de los santos Pedro y Marcelino, la Virgen recibe la visita de dos Magos y lo mismo ocurre en un mosaico de Santa María la Mayor, mientras que en una pintura mural del cementerio de Domitila, se representa a la Virgen flanqueada por cuatro adorado­res, dos de cada lado.
   Ese número se ha llevado a doce en la Iglesia siria que establece una correspondencia entre los doce Magos, las doce tribus de Israel y los doce apóstoles.


   Pero acabó por prevalecer el número tres, por razones bíblicas, litúrgicas y sim­bólicas.
   Aunque Mateo no especifica el número de Magos, al menos menciona que ellos habían aportado al Niño Jesús tres clases de regalos: oro, incienso y mirra. Del número de regalos debía deducirse con toda naturalidad el número de donantes.
   Por otra parte, las pretendidas reliquias de los Reyes Magos, primero conservadas en San Eustorgio de Milán, y trasladadas luego, en el siglo XI a Colonia, corresponden a tres cuerpos, que se consideraron pruebas de hecho.
   Por último, el número tres se prestaba mejor que ningún otro a las especulaciones del simbolismo teológico. Era, como lo recordaron Rabano Mauro y Wilfrido Estrabón, la cifra sagrada de la Trinidad. Además, ese número servía para transformar a los Magos en representantes de las tres Edades de la Virgen, en delegados de las tres partes del mundo que venían a rendir homenaje a Cristo encarnado. Nada de ello dejó de hacerse, y ya veremos que el tipo iconográfico de los Magos ha sido de­terminado por ese doble simbolismo.


   Por eso los Magos, que de acuerdo con el Evangelio procedían de una región indefinida de Oriente (Morgenland), o en todo caso de Asia (Persia o Arabia), en la Edad Media se consideraron llegados de los tres continentes entonces conocidos: Asia, África y Europa. Tal como lo dice literalmente el Pseudo Beda: «Tres Magi tres partes mundi significant: Asiam, Africam, Europam.» Esos tres continentes corresponden a las tres razas entre las cuales se reparte el género humano, descendientes de los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet.
   El Pseudo Buenaventura se pregunta si hablaron con la Virgen y José por la intermediación de un intérprete, o si debe admitirse que los tres hablaban la lengua hebrea.


   El descubrimiento del Nuevo Mundo, a finales del siglo XV, asestó un golpe fatal a ese simbolismo teológico. Para completar el homenaje al Salvador del género humano habría sido necesario agregar un cuarto Mago, o Rey Mago, que re­presentara a América, lo cual habría simplificado mucho la tarea de los artistas cuyas cojas composiciones se hubiesen equilibrado mejor con dos Magos situados simétricamente a cada lado de la Virgen.
   Pero la Iglesia era demasiado conservadora como para autorizar la «puesta al día» de un tema consagrado por una tradición milenaria: la iconografía de la Adoración de los Reyes Magos sólo reconoció tres continentes (partes del mundo), incluso después que Cristóbal Colón descubriera uno nuevo.


Los nombres de los Reyes Magos
   La piedad popular quería conocer los nombres de los tres Reyes Magos. Desgraciadamente, el Evangelio de Mateo no decía más acerca de ellos que del número. Fue en el siglo IX, en 845, cuando los nombres Gaspar, Melchor y Baltasar aparecen por primera vez en el Liber Pontificalis de Ravena. En la época del traslado de las reliquias a Colonia fueron retomados en los textos del Pseudo Beda y de Pedro Comestor. Y esos son los nombres que perduraron en la leyenda popular, aunque se observen variaciones en su orden y reparto. El rey negro (fuscus), que representa a África, generalmente se llama Baltasar.


Culto
   El culto que la Edad Media profesó a los tres Reyes Magos está fundado en  sus reliquias, al igual que el de todos los santos.
   Se pretendía que después de su peregrinación a Belén, los tres Reyes Magos, que regresaron a Oriente por mar, habían sido enterrados en la ciudad de Saba. Sus huesos, hallados por la emperatriz Helena al mismo tiempo que la madera de la Vera Cruz, habrían sido trasladados a Constantinopla. Pero no se ha dicho una palabra acerca de esta historia antes del siglo XI. En esa época, los clérigos de Milán, deseosos de aumentar el prestigio de su Iglesia, forjaron una leyenda completa. El obispo Eustorgio habría viajado a Constantinopla para hacer aceptar su elección por el emperador Constantino. Al regresar de allí le pidió a éste el favor de transportar con­sigo los cuerpos de los Reyes Magos. Trasladó el precioso cargamento en un sarcó­fago de mármol, hasta la iglesia de Milán que lleva su nombre.
   Poco después, en 1164, el arzobispo de Colonia Reinaldo de Dassel, gran canciller del emperador Federico Barbarroja, aprovechó el saqueo de Milán para apoderarse de las reliquias que transportó a su diócesis. En honor de esas osamentas depositadas en un magnífico relicario de oro, en el siglo XIII se emprendió la reconstrucción de la célebre catedral renana dedicada a los «tres reyes de Colonia». En las ocasiones solemnes, tres sacerdotes coronados que simbolizaban a los tres Reyes Magos, patrones de la ciudad, sacaban el Santo Sacramento en procesión. Pero los tres Reyes Magos no sólo eran venerados en Milán y en Colonia. La cate­dral de Embrun, en Francia, también está puesta bajo su advocación, con el nom­bre de Nuestra Señora de los tres Reyes (Notre Dame des trois Roys). Se los veneraba también en Oriente, donde los granos de mirra ofrecidos por uno de ellos al Niño Jesús se conservaban preciosamente en un relicario del convento de San Pablo, en el monte Athos.
   La Iglesia celebra la fiesta de los Reyes Magos el 6 de enero, día que originalmente conmemoraba otra Epifanía: el Bautismo de Cristo en el Jordán.
   Un Misterio litúrgico representado por canónigos hacía revivir ante los ojos de la multitud el relato evangélico.
   En Occidente, donde la Adoración de los Reyes Magos se celebraba además como uno de los Siete Gozos de la Virgen María, la popularidad del tema también está probada por los numerosos patronazgos.
   A causa de la rapidez y del éxito de su viaje a Belén, eran los protectores de los viajeros y de los peregrinos, que los invocaban «para marchar sin cansarse», y que de buena gana hacían escala en la residencia de los tres Reyes. Y cuando llegaba la hora del último viaje, se los invocaba para conseguir la gracia de una bue­na muerte.
   Puesto que ellos habían «caído» a los pies del Niño Jesús para adorarlo, se los invocaba contra la epilepsia. Esta devoción está probada por un Breviario del siglo XIII que se encuentra en la Biblioteca de Vendome.
   Jaspar fert aurum, thus Melchior, Baltasar mirram.
   Haec quicumque trium secum fert nomina regum
   Solvitur a morbo Christi pietate caduco.
   Aunque la Iglesia no los haya incluido en el santoral, los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar fueron admitidos como nombres de pila.
   En Alemania, las letras apotropaicas G. B. M., iniciales de los nombres de los tres Reyes Magos, se escribían con tiza en las puertas de las casas y en los establos el día de los Reyes Magos, para proteger a personas y animales de los demonios y las brujerías, los incendios y las inundaciones.
   Agreguemos que la cofradía parisina de los fabricantes de naipes los había elegido como patrones a causa de los reyes de los juegos de cartas, aunque éstos en realidad sean cuatro.


Iconografía
   La popularidad de la leyenda y del culto de los Reyes Magos explica la riqueza de su iconografía.
   Antes de analizar los sucesivos episodios agrupados en torno al tema central de la Adoración en el establo de Belén, es conveniente estudiar a los personajes por separado, precisando sus características y atributos.
   Tipo iconográfico de los Reyes Magos. Al principio, los tres Reyes Magos tenían el mismo tipo, estaban vestidos de la misma manera, eran uniformes e intercambia­bles.
   A partir del siglo XII, por la influencia del simbolismo que los asoció con las tres Edades de la vida y las tres partes del mundo, se diferenciaron e individualizaron.
   En primer lugar por sus edades: Gaspar está representado con los rasgos de un hombre joven e imberbe, Baltasar es un hombre maduro y Melchor un anciano cal­vo y de larga barba blanca.
   En segundo lugar, por sus caracteres étnicos, porque se considera que pertenecen a tres razas diferentes que pueblan las tres Partes del mundo entonces conocidas: Europa, Asia y África.
   El asiático no tiene un tipo étnico bien definido: no se parece a un indio ni a un chino de ojos oblicuos. En cambio el africano se reconoce fácilmente por la piel negra, el pelo rizado y los labios gruesos y carnosos. 
   ¿En que momento aparece el Rey Mago negro (der Mohrenkonig) en el arte cris­tiano?Se ha señalado un ejemplo aislado en un manuscrito del siglo XII que se conserva en la Biblioteca de Berlín. Pero el ejemplo se volvió habitual a finales de la Edad Media. Según E. Male, esta tradición sólo se remontaría al siglo XIV, y el tím­pano de Saint Thibaud de Thann (hacia 1355) ofrecería la representación esculpida más antigua. Pero lo que nadie parece haber advertido hasta hoy, es que a finales del siglo XII, en 1181, Nicola de Verdun, en su púlpito esmaltado  de Klosterneuburg, habíar epresentado como una negra a la reina de Saba, a la que ofrece como prefiguración de los Reyes Magos ¿Habrá que considerar que ese es el origen del tema?
   En cualquier caso parece que se haya vacilado durante mucho tiempo antes de introducir a un negro en la triada de los Reyes Magos. El negro pasaba por ser el color del demonio. En las miniaturas de los Salterios griegos, la pequeña figura de un negro representa al diablo, al Infierno o a la muerte. En el siglo XVI, en un gra­bado francés de Geoffroy Tory, el artista se atrevió a representar al rey negro desnudo, apenas cubierto con un taparrabo.
   Aunque América no figure entre las Partes del mundo que rinden homenaje al Salvador, en la época de los grandes descubrimientos hubo una tímida tentativa de hacerle un lugar al nuevo continente en la Adoración de los Reyes Magos. En un retablo portugués del siglo XVI, que se encuentra en la catedral de Viseu, el rey negro está reemplazado por un cacique indio del Brasil, armado con una jabalina emplumada. Pero la innovación no creó escuela.
   Nos quedan por detallar las ropas y atributos de los tres Reyes Magos.
   Vestuario de los Reyes Magos.Su manera de vestir ha evolucionado con la moda en el transcurso de los siglos.
   En el arte cristiano primitivo se les daba, como al profeta Daniel y a los tres jóvenes hebreos en el horno, el traje persa de los sacerdotes de Mithra, es decir, el gorro frigio y los pantalones llamados anaxyrides. El albornoz habría podido con­fundirse con la toga romana atribuida a los apóstoles.
   Un fresco de Saint Pierre les Églises, en Poitou, que se remonta aproximadamente al siglo X, representa a los Reyes Magos con casco, como los caballeros normandos de los brocados de Bayeux.
   Fue más tarde cuando se estableció la costumbre de cubrirlos con traje real, con una larga túnica y una corona sobre la cabeza, que se justificaba por un pasaje de los Salmos (67: 30): «Reges Tharsis munera offerent, Reges Arabum dona addu­cent.»
   De manera excepcional, la mitra episcopal reemplaza a la corona real (báculo del siglo XI).
   En el arte del siglo XV, que no tiene ningún escrúpulo para introducir temas religiosos en los retratos de príncipes o de donantes, los Reyes Magos adoptaron en la pintura florentina las modas de la corte de los Médicis y en el norte de Europa, la moda de la corte de Borgoña: jubones, calzas y zapatos de punta retorcida.
   Como los príncipes de aquellos tiempos, se hacían acompañar por enanos o bufones de corte.
   En el siglo XVII, Rubens, más entusiasmado con el orientalismo, reemplazará las coronas y caperuzas por turbantes de bajá; el Rey Mago negro lleva anillas pen­dientes en las orejas.
Las Ofrendas de los Reyes Magos
   Por último, los Reyes Magos están caracterizados por sus ofrendas: el oro, el in­cienso y la mirra.
   Los teólogos recurrieron a su ingenio para atribuirles un significado simbólico: según ellos, el oro es un homenaje a la realeza de Cristo (Signum regis), el incienso a su divinidad (signum Dei); la mirra, que servía para embalsamar los cadáveres, significa que está destinado a morir para la redención de la humanidad (sig­num sepulturae). «Aurum regí, thus Deo, myrrha defuncto.»
   La interpretación propuesta por san Bernardo, que en el siglo XIV retomó Nicolás de Lira, es mucho más prosaica. El oro estaba destinado a aliviar la pobreza de la Virgen, el incienso a desinfectar el establo, y la mirra, que se consideraba vermífugo, a fortificar al Niño expulsando los parásitos de sus intestinos. «Obtulerunt aurum ad sustentationem paupertatis matris et filii, thus contra foetorem lodet myrr­ham ad consolidandum membra pueri.»
   La forma de los recipientes que contienen las ofrendas ha cambiado mucho. Al principio, los Reyes Magos presentaban sus simbólicos regalos sobre simples bandejas. Luego éstas fueron sustituidas por diversos recipientes que se adecuaron a las modas de la orfebrería: Melchor ofrece el oro en un cofre; Gaspar, el incienso en un cuerno de la abundancia; y Baltasar, la mirra en un copón. Esos objetos se vuelven cada vez más suntuosos a medida que avanza el siglo XV; adquieren la forma de las copas ornamentadas de la vajilla principesca, o las de las fuentes y bomboneras que se colocan sobre las mesas, cuando no las de las conchas o nautilos con montura de oro que se exhibían en los gabinetes de curiosidades. En suma, la ofrenda de los Reyes Magos se convirtió en una exposición de vajilla preciosa.
   El oro suele reemplazarse con una corona que el primer Rey Mago tiene en la mano.
   Agreguemos que, de acuerdo con un ritual de origen persa que según Jenofonte ya existía en la corte de los aqueménidas, los Reyes Magos ofrecen sus regalos con las manos veladas bajo un pliegue de su manto.
2. Escenas narrativas
   Los principales episodios de la peregrinación de los Reyes Magos, tal como se suceden en los ciclos narrativos, son seis:
   l. La Anunciación del ángel estelar que anuncia a cada uno de ellos el nacimiento del Salvador.
   2. El Encuentro de los tres Reyes Magos y su cabalgata hasta Belén.
   3. Su visita al tetrarca Herodes de Jerusalén.
   4. La Adoración del Niño Jesús.
   5. La Advertencia del ángel a los Reyes Magos dormidos.
   6. El Embarco clandestino en Tarso.
   l. La Anunciación a los Reyes Magos por la estrella milagrosa
   Cada uno de los Reyes Magos, por separado, recibe el anuncio del nacimiento del Salvador, mediante una estrella milagrosa, o más bien por un ángel en forma de estrella (angelus in forma stellae).
   La leyenda del astro que aparece en el firmamento para anunciar el nacimien­to o la muerte de un gran hombre es de amplia difusión en la mitología y la leyenda. En la Antigüedad se creía que había un ángel unido a cada estrella, encargado de gobernar su curso.
   La aparición de la estrella que guía a los Reyes Magos hacia Belén, al igual que la columna de fuego que señala a los israelitas el camino en su salida de Egipto, se asimila a la estrella predicha por Balaam.
   La iconografía de esta escena comporta numerosas variantes. Casi siempre en medio de la estrella, personificada como el Sol y la Luna, se ve la cabeza de un querubín. O bien un ángel vuela al lado de la estrella, faro aéreo y móvil. Por último, el ángel piloto y la estrella indicadora están a veces reemplazados por el propio Niño Jesús que se aparece a los Reyes Magos con el nimbo cruciforme y la corona en una aureola de rayos. Ese detalle se ha tomado de las fuentes orientales.
   En la portada de la catedral de Ulm se ve a los Reyes Magos despidiéndose de sus mujeres antes de comenzar el viaje.
   Sobre una de las columnas historiadas del baldaquino de San Marcos de Venecia, y en un fresco del siglo XI en Tocali Kilisse, Capadocia, están representados los Reyes Magos examinando la profecía de Balaam.
   En una vidriera del coro de la colegiata de Berna se encuentra una versión muy infrecuente de la Anunciación a los Reyes Magos, que data de finales de la Edad Media (1450): uno de los Reyes Magos ve salir un pájaro volando de una flor maravillosa, tal es el anuncio del nacimiento del Mesías. Es lo que en alemán se llama Die Weissagung des Wundervogels.
   2. La cabalgata de los Reyes Magos
   Cada uno de los Reyes Magos, informado de esa manera en su castillo o sobre el monte desde el cual observa los astros, ignora la revelación hecha a los otros dos. Aunque parten en tres direcciones diferentes y no se han citado, se encuentran en un cruce de caminos cerca del Gólgota, por azar providencial.
   La fuente literaria del tema sería la descripción imaginada hacia 1370 por el carmelita alemán Juan de Hildesheim en su Liber trium Regum.
   El tema del encuentro es infrecuente, salvo en la pintura flamenca o franco flamenca del siglo XV, que ofrece algunos ejemplos. En una miniatura de las Muy Ricas Horas del duque de Berry (Chantilly), iluminadas hacia 1415 por los Hermanos de Limbourg, se ven tres cortejos de jinetes convergiendo hacia un cruce de caminos, hacia un hito que no es el de Jerusalén sino el de Saint Denis. El encuentro de los Reyes Magos a caballo que se estrechan las manos también se recuerda -en segundo término-, en la Natividad del Breviario del duque de Bedford (B.N., París), que data de 1435, aproximadamente. Por último, ese mismo tema reaparece en el Retablo de los Siete Gozos de la Virgen (Munich), pintado por Memling en 1480.
   Casi siempre los artistas se limitan a representar el viaje de los tres Reyes Magos que marchan juntos hacia Belén, guiados por la estrella «hodigitria», que los comentaristas asimilan a aquella del Antiguo Testamento de la que habla el adivino Balaam.
   El viaje se hace a lomos de camello o a caballo. De acuerdo con el gusto más o menos pronunciado por el exotismo oriental, los artistas evocan el espectáculo de una caravana o de una cabalgata, y a veces eligen un término medio. En el bajorrelieve del púlpito de Siena (1268), los  tres  Reyes  Magos van a caballo, y sus criados sobre dos camellos.
   Según la tradición de Oriente, los Reyes Magos habrían demorado trece días para completar el trayecto en sus camellos de carrera (dromedarios). Un auto sacramental alemán de Navidad traduce en versos ingenuos esta visión pictórica:
   Ich bin's Melchior genant, 
   Und bin von Saba her gerant
   Uf mynem dromedarie.
   En Occidente, donde el camello es una suerte de fabuloso animal de Bestiario, los viajeros casi siempre montan caballos. En la pintura del siglo XV su peregrinación servía de pretexto para una magnífica cabalgata. Los Reyes Magos, precedidos por los portaestandartes, van seguidos de un nutrido cortejo.
   3. La Visita de los Reyes Magos al rey Herodes
   Según el Evangelio de Mateo, los rumores acerca del nacimiento del Mesías llegaron a oídos de Herodes. Este, preocupado por la noticia, convocó a los sacerdotes y a los sacrificadores que le dijeron que, de acuerdo con la profecía de Miqueas, el futuro rey de los judíos debía nacer en Belén.
   «Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les interrogó cuidadosamente sobre el tiempo de la aparición de la estrella; y, enviándolos a Belén, les dijo: Id e informaos exactamente sobre ese niño, y, cuando le halléis, comunicádmelo, para que vaya también yo a adorarle.»
   Es superfluo insistir en la ingenua inverosimilitud de este relato. Si Herodes hubiera querido descubrir al Niño milagroso le habría bastado ordenar que un jinete siguiera a los Magos y le informara luego.
   Iconografía. La consulta a los escribas y adivinos que precede a la Recepción de los Reyes Magos por Herodes fue representada en el siglo V, en el arco de triunfo de Santa Ma ría la Mayor. 
 Los tres Reyes Magos, que dejan sus caballos atados a un árbol, comparecen ante Herodes que les pregunta cuando se les apareció la estrella, y les hace prometer que volverán a visitarle.
   Un demonio alado y de frente cornuda, que simboliza los malos pensamientos de Herodes, apoya su pezuña sobre el trono del tetrarca para dictarle al oído sus diabólicos consejos.
   El relato del Evangelio sugiere dos escenas distintas: la consulta a los sacerdotes y la recepción de los Reyes Magos, recibidos ya por separado, ya conjunta­ mente.
   4. La Adoración de los Reyes Magos
   Orígenes y evolución del tema. Hugo Kehrer había intentado explicar la leyenda de los Reyes Magos por el culto persa de Mithra. En la actualidad esa tesis ha sido abandonada.
   El arte cristiano ha tomado este motivo, como tantos otros, del arte imperial románico y bizantino. En numerosos bajorrelieves que decoran arcos de triunfo se podían ver procesiones de bárbaros orientales, con frecuencia precedidos por una figura alada de la Victoria, que venían a entregar sus tributos al emperador. La teoría de los magos con vestiduras persas, conducidos por un ángel estelar que reemplaza al genio de la Victoria, es la reproducción pura y simple de ese esquema.
   El púlpito de San Jorge de Salónica, una de las realizaciones más antiguas donde se representa la Adoración de los Reyes Magos, constituye la prueba de esta imitación: se ha comprobado, en efecto, que estaba calcada de un relieve del arco de Galerio que representa una ofrenda de los bárbaros.
   La evolución del tema es muy clara.
   En el arte cristiano primitivo, la Adoración de los Reyes Magos no está presentada como un episodio de la Natividad sino como un símbolo de la divinidad de Jesús reconocido por los reyes de la tierra como el rey de reyes (rex regum). Como lo ha escrito Hourticq, «la Adoración de los Magos ha sido un símbolo antes de convertirse en una historia».
   Poco a poco, a consecuencia de la invasión de los detalles pictóricos a expensas del sentimiento religioso, el símbolo se vuelve espectáculo. Como la Cabalgata de los Reyes Magos, en el siglo XV la Adoración ya es sólo un «Cuadro vivo», un simple pretexto para halagar las vanidades de los donantes que, bajo la apariencia de rendir homenaje a un niño nacido en un establo, hacen ostentación de riqueza y lujo indumentario.
   Se difunde la moda de dar a los Reyes Magos los rasgos de los contemporáneos: reyes, príncipes y mecenas. En Francia, Carlos VII y los duques de Borgoña, en Italia los Médicis. El espectáculo acaba transformándose en un grupo de retratos.
   La composición. El tema, que comporta cuatro personajes principales (la Virgen en majestad, que presenta sentada al Niño Jesús, y los tres Reyes Magos) plantea­ban a los artistas un problema de composición casi insuperable. Sucesivamente, se intentaron dos soluciones:
     1. En las obras más antiguas, la Virgen, que es el trono vivo del Niño Dios y que lógicamente debería ocupar el centro de la composición, está sentada de lado, en uno de los extremos, para dejar lugar al desfile de los tres Reyes Magos que llegan en procesión, uno detrás del otro. Todos los personajes están alineados sobre el mismo plano, como en los frisos de mosaicos de Ravena, y presentan el perfil.
     2. Con el objeto de dar mayor majestad al grupo de la Virgen y el Niño se puede, por el contrario, instalarlo en el centro, entre dos Reyes Magos arrodillados a uno y otro lado, simétricamente. Pero en este caso sólo se consigue el equilibrio sa­crificando al tercer Rey Mago, relegado entre los personajes secundarios. No hubo más remedio que emplear trucos, como el de la portada de un Evangeliario del Museo Británico, donde se pide auxilio a un ángel para que haga compañía al tercer Rey Mago y de esa manera equilibre el grupo de los otros dos.
   Esta segunda versión es un ejemplo impresionante del conflicto entre la tradición y las exigencias de la simetría. Aquí es la simetría la que triunfa. Para todos aquellos pintores a quienes crean dificultades los números impares, hay un Rey Mago de más. Eliminarlo es difícil: por lo tanto se lo debe escamotear o bien procurarle una pareja.
   Los personajes: la Virgen y el Niño. La Virgen está casi siempre sentada sobre un trono. No obstante, en el bajorrelieve de la portada de Moissac recibe a los Reyes Magos sentada en la cama.
   En principio fajado, el Niño a continuación se representó desnudo. Con frecuencia hace un gesto de bendición, a menos que olvide su divinidad para acariciar el cráneo calvo del más viejo de los Reyes Magos, arrodillado a sus pies, o hurgar en su barba cana. A veces hunde la mano en la copa que se le ofrece, para jugar con las monedas de oro.
   El gesto que se atribuye a José no es menos estudiado. Pero lo que es ingenuidad en el Niño, en éste se convierte en trivialidad casi bufona. Sentado en un escabel se vuelve para guardar los regalos de los Reyes Magos en un cofre cuya tapa ha levantado, con avidez de avaro. Es el cajero de la Sagrada Familia.
   En el siglo XVI, Parmigianino intentó darle un poco más de dignidad: uno de los Reyes Magos lo abraza cordialmente.
   La actitud de los Reyes Magos. En cuanto a la actitud de los Reyes Magos, se ha modificado mucho en el transcurso de los siglos.
   En las realizaciones más antiguas se les ve avanzar hacia el Niño a paso rápido, pero sin arrodillarse: expresan su respeto, según la costumbre oriental, velándose las manos para  presentar sus ofrendas. La  Ofrenda ha precedido a la Adoración.
   En una segunda versión, el primer Rey Mago se prosterna de cara. Este rito oriental de la proskinesis o prostratio, forma bizantina de la adoración, no ha sido adop­tado por el arte de Occidente, que la ha encontrado demasiado servil. La sustituyó el homenaje feudal del vasallo a su soberano, que consiste en apoyar una rodilla en tierra. La genuflexión reemplazó a la prosternación.
   En su estudio acerca de los Les Rois Mages et le drame liturgique, E. Mâle sostiene que ese gesto del primer Rey Mago, que se arrodilla para ofrecer su regalo, ha sido inspirado por la puesta en escena del teatro religioso de los autos sacramentales. «Nunca hasta entonces los artistas habían tenido la idea de representar a un rey de rodillas. Lo pensaron sólo después de haberlo visto prosternado delante del Niño en la escena.»
   Esta afirmación ha sido refutada por Dom Leclerq, que no ha tenido inconveniente alguno para demostrar que ese detalle ya se encuentra en numerosas realizaciones del arte cristiano primitivo en los cuales É. Male no había pensado: en los bajorrelieves de los siglos IV y V, en una ampolla de Monza, que indudablemente data del siglo VI. En dichas realizaciones no puede alegarse la influencia del drama litúrgico.
   En el arte italiano y español (tímpano de la iglesia de Agüero) de finales del siglo XIII se ve aparecer un tercer motivo: el más viejo de los Reyes Magos besa el pie del Niño. Esta innovación fue introducida por Nicola y Giovanni Pisano en sus bajorrelieves  de los púlpitos de Siena y Pistoia, por Giotto en sus frescos de la Arena -a este artista le fue sugerida por un pasaje de las Meditaciones del Pseudo Buenaventura, donde se dice que los tres Reyes Magos, después de haber ofrecido sus tesoros, besaron los pies del Niño con respeto y devoción. El motivo fue tomado por las escuelas del norte de Europa en el siglo XV. Lo encontramos en los Hermanos de Limbourg, en una miniatura de las Muy Ricas Horas del duque de Berry (1416), y en el díptico francés de la colección Carrand en el Museo Bargello de Florencia.
   Pero la evolución no se detuvo allí. En 1376, en la Adoración de los Magos de la colección Eich en Lenzburgo (Suiza), copiado hacia 1410 por un pintor de la escuela de Colonia en el retablo de Ortenberg (Museo de Darmstadt), dos Reyes Magos están de rodillas: uno besa el pie y el otro la mano del Niño Jesús. El besamanos también procede de las Meditaciones. El autor agrega, en efecto: « ¿Y qué nos impide creer que el Niño también les haya dado sus manos a besar, antes deben­ decirlos?»
   En numerosas esculturas o pinturas de la Edad Media -el púlpito de Nicola Pisano (1268), el tímpano de Notre Dame de Huy (siglo XIV), un fresco en Saint Saturnin de Mazerier (Allier, 1383), una miniatura  de Jean Bourdichon en las Horas de Ana de Bretaña (1508)- se observa un detalle de pintoresca familiaridad que quizá pueda explicarse por la puesta en escena de los Misterios: el más viejo de los Reyes Magos, en vez de depositar su corona sobre el suelo, se la coloca en el antebrazo como si fuese un brazalete o un aro.
   En el tímpano de S. Mercurial de Forli, el primer Rey Mago cuelga el manto y la corona de un perchero, antes de arrodillarse.
   La estrella. E. Mâte creyó reconocer también una influencia del drama litúrgico de la fiesta de la Epifanía en el gesto del segundo Rey Mago que señala con el dedo la estrella indicadora. «Los textos son formales. Siempre -escribió- hay uno de los Magos que señala la  estrella a sus compañeros», pero ya se encuentran ejemplos en el arte del siglo V, y en las puertas de bronce de Hildesheim, del siglo XI.
   La estrella suele tener la forma de una flor, de una margarita de seis pétalos. Pero a veces alcanza las dimensiones de una gran rosácea.
   En el mosaico de Dafni, la estrella se ha reemplazado por un ángel.
   En el alto relieve del trascoro de Notre Dame de París, un ángel en busto conduce la estrella con la mano.
   Hacia mediados del siglo XV el número de asistentes se multiplica. Los Reyes Magos están desbordados por los intrusos que apenas si les dejan sitio para  acercarse.
   En el Breviario del duque de Bedford (B.N., París), el miniaturista introdujo un curioso detalle. Los Reyes Magos hacen  abrir las cajas que contienen sus regalos.
   En los pesebres napolitanos, la Adoración de los Reyes Magos se convierte en una representación del teatro de marionetas, en un cuadro vivo y en miniatura de una casa de muñecas. Pintorescos títeres se mueven en una escena minúscula: el Rey Mago negro avanza precedido de dos negritos con turbante; los caballos dan coces, los camellos se contonean.
   5. Los Reyes Magos advertidos en sueños por un ángel
   Después de haber adorado al Niño, los Reyes Magos se van a dormir al mesón, donde, más afortunados que José y la Virgen, consiguen alojamiento; aunque una sola cama para los tres. Durante el sueño reciben la advertencia de regresar a sus países por otro camino, cuidándose del pérfido Herodes que sólo esperaba sus in­formes para apoderarse del Niño y matarlo.
   La advertencia a los Reyes Magos está prefigurada en la Biblia por la Huida de Lot, a quien un ángel recomienda  no volver la vista hacia Sodoma en llamas.
   La iconografía usual de esta escena es de una encantadora ingenuidad. Los Reyes Magos están acostados, los tres, en la misma cama, sin camisas, según la costumbre de su tiempo, pero tocados con gorro frigio y hasta con sus coronas en la cabeza, lo cual resulta incómodo e inverosímil, pero permite reconocer la condición de los durmientes.
   Los textos no dicen que la advertencia nocturna les haya sido hecha por un ángel; no obstante, como es necesario materializar los sueños, los pintores e imagineros representaron habitualmente un ángel que se inclina hacia ellos para hacerles cam­biar de itinerario. En Autun, el ángel toca la mano de uno de los tres Reyes Magos acostados bajo la misma manta.
   En las puertas de bronce de la catedral de Benevento el ángel fue reemplazado por un anciano alado, personificación del Sueño, y otro tanto ocurrió en el marfil del púlpito de Maximiano, en la escena del Sueño del faraón.
   El altorrelieve del antiguo trascoro de la catedral de Chartres se distingue por los rasgos de una observación muy aguda. Los dos Reyes Magos más viejos, que tienen el sueño más ligero, despiertan inmediatamente al llamado del ángel, al tiem­po que el más joven sigue durmiendo plácidamente, como un bendito.
   Entretanto los tres caballos, atados por la brida o vigilados por un caballerizo, piafan en la entrada de la posada.
   El estudio de las obras prueba que este motivo, que podría creerse inventado por nuestros artistas de Occidente, en realidad es de origen oriental.
   La ingenuidad de este tema ha resultado fatal para su supervivencia. Condenado por falta de nobleza, desapareció a finales de la Edad Media por los golpes de la Reforma y los de la Contrarreforma.
   6. El Regreso de los Reyes Magos
   El Regreso por tierra ha sido eliminado muy temprano porque se confundía con la Cabalgata de los Reyes Magos (hacia Belén).
   Se lo sustituyó por El Regreso a Tarso en barco.
   Los Reyes Magos toman otro camino (per aliam viam reversi sunt), obedeciendo a la advertencia que Dios les ha hecho en sueños, y embarcan secretamente en Tarso. Herodes, furioso por haber sido engañado, tanto más por cuanto le había ocurrido por culpa suya, hizo incendiar todos los barcos amarrados en el puerto.
   7. Los Reyes magos consagrados obispos
   El público no se resignaba a perder de vista a los Reyes Magos después de su regreso. De acuerdo con una leyenda relatada en el Breviario de Colonia, y según lo escribiera Johannes Hildeshemiensis en Das Buch der heiligen drei Konige, publicado en Estrasburgo en 1480, los tres Reyes Magos se habrían hecho bautizar y luego consagrar obispos por el apóstol Tomás, en la India. Convertidos en pontífices supre­mos del Oriente (summi presbyreri Orientis), habrían evangelizado a los pueblos de esa remota región. Se los reunió a los tres en el mismo sarcófago donde los dos más viejos se apretaron para hacer lugar al más joven, que fue el último en mo­rir. Sus reliquias, transportadas a Constantinopla por la emperatriz Helena, emigraron a Milán y luego a Colonia.
   Esta fábula, inventada en Colonia después del traslado de las reliquias de Milán, ha sido ilustrada por la escuela de pintura local. En el retablo de las Clarisas (Clarenaltar), transportado a la catedral, al igual que en los frescos del trascoro, se ven tres ángeles planeando por encima de los Reyes Magos, cada uno de los cua­les lleva una mitra episcopal en la mano (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 30 de diciembre de 2024

Bibliografía: Burguillos en el libro "Catálogo de la Sección 16ª. Diversos. Tomo I (1280-1515)", de Antonio Collantes de Terán Sánchez, editado por la Universidad de Sevilla, y el Ayuntamiento de Sevilla, en 1977

     Mostramos en Historia de Burguillos las reseñas que se hacen de nuestro pueblo en el libro "Catálogo de la Sección 16ª. Diversos. Tomo I (1280-1515)", de Antonio Collantes de Terán Sánchez, editado por la Universidad de Sevilla, y el Ayuntamiento de Sevilla, en 1977, cuyo ejemplar podemos consultar en el Archivo Histórico Provincial, de Sevilla.


     Para entender la importancia de este libro, transcribimos literalmente la Introducción:




     Desde la ordenación de los fondos del Archivo Municipal sevillano a mediados del siglo XIX, que realizó Velázquez y Sánchez, se pretendió la desaparición de un gran número de legajos que no fueron vistos o no se consideraron útiles (aparecieron con tejuelos con las indicaciones de «Inútiles», «Para quemar»). Por fortuna, dicho destino no se cumplió y los legajos fueron registrados por archiveros y eruditos posteriores: Entre ellos se encontraban dos series importantes, las Actas Capitulares del siglo XV y comienzos del XVI, y los Papeles de Mayordomazgo. El resto de  los fondos se empezó a ordenar a comienzos de este siglo, siguiéndose en ello un doble criterio. Los documentos procedentes de la Cancillería regia o Audiencias fueron organizados según sus formas diplomáticas, de acuerdo con el sistema de ordenación de la Sección Primera o de Privilegios, formándose con ellos un Apéndice a esta sección. Con los restantes se inició una nueva que se denominó de «Varios Antiguos», la cual comprendía documentos de los siglos XV al XIX, organizados por materias, existiendo un índice manuscrito incompleto, por las lagunas con que ha llegado a la actualidad y por no especificar, dentro de cada materia, ni fechas ni contenidos concretos.
     Los criterios de catalogación no fueron de lo más acertado, respondiendo en ocasiones a las corrientes historiográficas en boga. Valga como ejemplo el que algunos padrones de cuantías de parroquias sevillanas estuviesen catalogados bajo la rúbrica de Autógrafos por estar firmados por diversos regidores del concejo. Asimismo, documentos pertenecientes a otras series se habían incluido en dicha colección, concretamente fragmentos de Actas Capitulares y de los Papeles del Mayordomazgo, por lo que fue necesario sacarlos para incorporarlos a sus lugares respectivos.
     Con todos estos cambios dicha sección de «Varios Antiguos» quedaba prácticamente inservible lo que, unido a la existencia de una importante colección de legajos sin catalogar, nos llevó a plantearnos la necesidad de proceder a una ordenación definitiva de todos los fondos dispersos y no incluidos en ninguna de las sec­ciones inventariadas de forma completa.
     Así nace esta Sección 16.ª del Archivo Municipal de Sevilla, que comprende unos 300 legajos y carpetas, que encierran una documentación miscelánea, de temática muy diversa y sin unidad interna, que, como indicamos, pretende incluir todos aquellos fondos que no se pueden insertar en las Secciones ya constituidas, tanto por razones de contenido, como por razones fácticas de estar catalogadas y con índices impresos. En resumen, en esta Sección 16.ª se incluyen tanto todos los fondos no inventariados hasta el momento, como aquellos que lo están de forma incompleta, es decir, el Apéndice de la Sección l.ª, Varios Antiguos, Antiguos y documentos de familias sevillanas. Sin embargo, para obviar las dificultades derivadas de este cambio, los catálogos incluirán una tabla de correspondencia entre las nuevas signaturas y aquellas que los insertos en dichas colecciones tuvieron.
     En cuanto al criterio de clasificación a adoptar en esta Sección 16.ª, pensamos inicialmente emplear el método analítico, pero ello hubiera supuesto congelar todo este fondo documental durante un largo período de tiempo hasta su total catalogación, con el consiguiente perjuicio para los investigadores. Por ello, optamos por el cronológico que nos permitiría ir poniéndolo a disposición de dichos investigadores a medida que se fuese avanzando en la catalogación, incluyendo en cada caso los respectivos índices de materias, personas y lugares, para facilitar su consulta.
     Este primer volumen de la Sección abarca la documentación comprendida entre los años 1280 y 1515, con una temática muy amplia en la que los estudiosos pueden encontrar fuentes para el estudio de los numerosos campos de la actuación concejil y el conocimiento de los distintos niveles del pasado sevillano y de su área de influencia. Así, desde una óptica demográfica una impor­tante colección de padrones fiscales y militares, tanto de la ciudad como de su Tierra, que ya han servido de base para varios estudios de dicha naturaleza. Dentro del campo económico cabe reseñar documentos relativos al abastecimiento de la ciudad, salarios y precios, organización de las actividades de producción (ordenanzas gremiales y pregones), rentas de la ciudad, etc. Para una historia social, aparte de los padrones, destacan las relaciones de francos de distintas instituciones, relaciones de bienes de veci­nos, testamentos, documentos sobre extranjeros, asistencia hospitalaria, etc. Las obligaciones militares que pesaban sobre el concejo sevillano quedan reflejadas en noticias sobre castillos, repartimientos de hombres y abastecimientos para el ejército, alardes, etc. También pleitos sobre jurisdicciones, usurpaciones de términos, etc.
     Este inventario se completa con los ya citados índices de materias, personas y lugares, y la tabla de equivalencias de signaturas antiguas y nuevas.

     La primera referencia a Burguillos la encontramos en la página 34, en el documento nº 219, que pasamos a transcribir literalmente:


219. Idem de Burguillos. 1438. [Hace referencia a un Padrón de cuantías de los vecinos y moradores].

     La siguiente referencia a nuestro pueblo la encontramos en la páginas 64, en el documento nº 480, que pasamos a transcribir literalmente:


480. Idem de Burguillos. 1485. [Hace referencia a un Padrón de cuantías de los vecinos y moradores].

     Otra referencia a nuestro pueblo la encontramos en la páginas 70, en el documento nº 582, que pasamos a transcribir literalmente:


582. Idem de Burguillos. 1489. [Hace referencia a un Padrón de cuantías de los vecinos].

     La siguiente referencia a Burguillos la podemos encontrar en la página 74, en el documento nº 641, que pasamos literalmente:


641. Idem de Burguillos. 1493. [Hace referencia a un Padrón de cuantías de los vecinos y moradores].

     Una referencia más a Burguillos la podemos encontrar en la página 106, en el documento nº 914, que pasamos literalmente:


914. Escrito del conde de Plasencia, Pedro de Estúñiga, justicia mayor del rey, señor de Gibraleón, al concejo de Sevilla, en relación con los altercados habidos entre los vecinos de Fregenal de la Sierra y los de su villa de Burguillos
Valladolid, 5 de diciembre, s.a.- Siglo XV.

     Y finalmente, la última referencia a Burguillos la podemos encontrar en la página 128, en el documento nº 1.116, que pasamos literalmente:


1116. Carta de poder del concejo de Burguillos a Alonso Sánchez, aperador, para que tome, en su nombre, el encabezamiento de las alcabalas de dicho lugar.- 21 de marzo de 1514. 2 fols.

     Unos documentos que aportan más datos interesantísimos para conocer la historia de nuestro pueblo.

lunes, 23 de diciembre de 2024

Callejero de Burguillos: La calle Juan Ramón Jiménez

     Mostramos en Historia de Burguillos, imágenes y una reseña de la calle Juan Ramón Jiménez, en Burguillos, aprovechando que hoy, 23 de diciembre, es el aniversario de su nacimiento (23 de diciembre de 1881).


     La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al Ayuntamiento de Burguillos, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de la localidad, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.




     Conozcamos mejor la Biografía de Juan Ramón Jiménez, a quien está dedicada esta vía del Callejero burguillero.
     Juan Ramón Jiménez Mantecón. (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881 – San Juan de Puerto Rico, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958). Escritor y poeta.
     Nació en el seno de una familia acomodada, dedicada fundamentalmente a negocios agrícolas, formada por Víctor Jiménez y María Purificación Mantecón. Fue el último vástago del matrimonio, que ya contaba con dos hijos, más una hija procedente del primer enlace del esposo. El poeta se representaba en sus recuerdos moguereños como un niño sensible, curioso, enamoradizo, concentrado y soñador. Cursó elemental y primaria en el colegio de primera y segunda enseñanza de San José. En 1893 fue internado en el colegio jesuita San Luis Gonzaga de El Puerto de Santa María, donde la soledad y la disciplina acentuaron su carácter melancólico e introvertido. El Kempis o La imitación de Cristo se convirtió en su libro de cabecera. En los manuales de clase pronto empezó a escribir sus primeros versos y formó un álbum de poesías. En 1896, tras obtener el grado de bachiller, marchó a Sevilla a tomar clases de Pintura en el taller de Salvador Clemente y a estudiar el curso preparatorio de Derecho para entrar en la Universidad. Su afición a la literatura se incrementó, y desplazó su vocación de pintor, en el Ateneo, donde asistió a la tertulia decimonónica de Rodríguez Marín, Luis Montoto, José Velilla o Lamarque de Novoa, y leyó a los románticos y a autores como Rosalía de Castro, Curros Enríquez, Verdaguer, Vicente Medina o Manuel Paso. También acudió a “La Biblioteca”, centro literario más innovador en el que se congregaban escritores de Hojas Sueltas y La Quincena, en torno a Juan Centeno y el socialista Timoteo Orbe.
     Su primer poema publicado, “La guajira”, apareció en El Gato Negro de Barcelona el 6 de agosto de 1898. Otras composiciones vieron la luz en la prensa andaluza (El Progreso, el Correo de Andalucía, Hojas Sueltas, La Quincena, de Sevilla, o el Diario de Córdoba). Eran versos románticos, becquerianos, algunos cantares y otros con aire de denuncia social. Al ser abandonados sus objetivos originales, volvió a Moguer, donde descubrió arrobado, en una revista, los versos de Rubén Darío. Su primer manuscrito poético lo tituló Nubes.
     En 1899 dio a la luz varios poemas en la publicación madrileña Vida Nueva, para la que también puso en verso algunos poemas anarquistas de Ibsen. Francisco Villaespesa le invitó a ir a Madrid a “luchar por el modernismo”, en una postal que también iba firmada por Darío. Juan Ramón llegó a Madrid el 4 de abril de 1900. Allí conoció, entre otros escritores, a Villaespesa, Darío, Salvador Rueda o Valle-Inclán, vivió la bohemia modernista y enriqueció sus lecturas. El manuscrito de Nubes lo desdobló en dos poemarios: Almas de violeta y Ninfeas que, al cuidado de Villaespesa, se publicaron en 1900, cuando Juan Ramón ya había vuelto a Moguer y viajó con su madre al balneario de Alhama de Aragón. La noche del 3 de julio murió su padre de una embolia cerebral, lo que le desencadenó diversos síntomas de una grave neurosis y la obsesión de muerte súbita. El doctor Luis Simarro recomendó internarlo en un sanatorio. Juan Ramón residió entre mayo y septiembre de 1901 en la Maison de Santé du Castel d’Andorte, en Le Bouscat, Gironde, cerca de Burdeos, que dirigía el psiquiatra Gaston Lalanne. Allí leyó a los simbolistas franceses, comenzó a escribir Rimas (libro, publicado en 1902, que depuró sus excesos decadentistas) y mantuvo relaciones amorosas clandestinas con la institutriz Francine y con la esposa del doctor. A su vuelta a Madrid, ingresó en el sanatorio del Rosario, situado en la calle del Príncipe de Vergara, donde le visitaron diversos escritores modernistas, encabezados por Villaespesa, Gregorio Martínez Sierra (con el que fundó la revista Helios) y los Machado. En el verano de 1903, Juan Ramón pasó una temporada en la sierra del Guadarrama con el doctor Francisco Sandoval y, a su regreso, abandonó el sanatorio (en lo que pudo influir el escándalo de sus jugueteos amorosos con varias novicias) y se fue a vivir con Nicolás Achúcarro a la casa del doctor Simarro. Éste lo puso en contacto con Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío en la Institución Libre de Enseñanza, cuyo ambiente intelectual, de base krausista, marcó intensamente la formación ética y estética del poeta: “Un cultivo profundo del ser interior y un convencimiento de la sencillez natural del vivir”. Juan Ramón también frecuentó los talleres de los pintores Emilio Sala y Joaquín Sorolla, y conoció a Alejandro Sawa, Santiago Rusiñol y Francisco de Icaza, entre otros escritores. Todas las inquietudes vitales y creativas de estos años cristalizaron en Arias tristes (1903) y en Jardines lejanos (1904), donde lo biográfico se convirtió en sensual y nostálgica materia lírica a través de delicados procedimientos de evocación y sugerencia simbolista. Durante 1904, colaboró en Alma española y mantuvo una relación epistolar sentimental con la limeña Georgina Hübner; cuando decidió embarcarse para conocerla, recibió la noticia de su muerte. En realidad, todo había sido una farsa de un grupo de escritores peruanos para conseguir los libros del poeta, de lo que se enterará años después. Su reencuentro con Moguer en el verano nutrió buena parte de Pastorales, colección de romances bucólicos escrita por estas fechas, pero que no se publicó hasta 1911. El libro se cerrará con un apéndice de nueve poemas escritos para Teatro de ensueño (1905) de Martínez Sierra. En 1905, coincidiendo con la ruina económica de su familia y la acentuación de su neurosis, Juan Ramón volvió a Moguer, donde permaneció hasta finales de 1912. Allí, en plena soledad campestre, leyó a fondo a los clásicos españoles y la poesía finisecular, colaboró con Martínez Sierra en la creación de la revista Renacimiento, escribió las prosas líricas que conformarán Platero y yo y publicó una extensa serie de poemarios. Los tres más antiguos, Las hojas verdes (1909), Baladas de primavera (1910) y Pastorales (1911), transitan por un ámbito de lírica bucólica y popularista. Esta tentativa de renacimiento vital se quebró en los siguientes libros, a través de un predominante verso alejandrino de doloroso y erotanático simbolismo, el cual, aunque fracasó en la aprehensión del ideal trascendente que vislumbraba, dio lugar a un ciclo de gran riqueza, profundidad y cohesión estética, una de las cumbres de su escritura: Elegías puras (1908), Elegías intermedias (1909), Elegías lamentables (1910), La soledad sonora (1911), Pastorales (1911), Poemas mágicos y dolientes (1911), Melancolía (1912) y Laberinto (1913). Junto a estos poemarios, Juan Ramón escribió otros tantos, en verso y en prosa, que permanecieron inéditos. Desde Moguer se carteó con Unamuno, Darío, los Machado o Ramón Gómez de la Serna, además de con Louise Grimm, su amor platónico en este tiempo. En diciembre de 1912 regresó a Madrid, visitó a sus amigos y entró en contacto con Juan Guerrero Ruiz, su más fiel admirador y amigo. A partir del año siguiente se alojó en la Residencia de Estudiantes, donde se ocupó de sus publicaciones y de su nueva construcción en los altos del Hipódromo. A ella dedicó el libro inédito La colina de los chopos. En la institución se relacionó con toda la cultura de su tiempo —destacadamente, con Ortega y Gasset—, y conoció a Zenobia Camprubí, de formación estadounidense y de carácter alegre y práctico, que será su futura esposa tras un largo noviazgo, del que se conservan numerosas cartas. Con ella inició la traducción de la obra de Tagore en varios volúmenes. Platero y yo se publicó, en una edición reducida, en 1914; la edición completa verá la luz en 1917. La transformación de su vida y de su escritura conformó un ciclo de tres poemarios: Sonetos espirituales, Estío y Diario de un poeta recién casado (además del proyectado Monumento de amor. Epistolario y Lira). Su nueva escritura se caracteriza por una concisión o desnudez expresiva, que reduce el poema a lo esencial, haciendo abstracción de todo contexto, de forma que lo que resta es la pura efusión lírica. Además, el amor por Zenobia depuró al máximo la vena de instrospección erótica que hasta entonces dominaba su poesía.


     Zenobia, junto a su madre, viajó a Nueva York en diciembre de 1915. Juan Ramón, decidido a convertirla en su esposa, se embarcó tras ella. La boda tuvo lugar el 2 de marzo de 1916, e hicieron su viaje de novios a Boston. Para reconstruir su vida en este tiempo se cuenta no sólo con la escritura del poeta, sino también con los diarios de Zenobia. Antes de regresar a España, adonde llegaron el 19 de junio, visitaron Long Island y Nueva Jersey, así como varias ciudades del este: Filadelfia, Baltimore y Washington. El viaje de ida y vuelta y su estancia americana conforman el Diario de un poeta recién casado (1917), poemario en prosa y verso lleno de innovaciones estéticas y vitales, que inició una segunda etapa en su obra, de gran influencia en los poetas jóvenes, que por entonces comenzaban a visitarle en calidad de maestro. La Hispanic Society of America publicó sus Poesías escojidas (1899-1917), lujosa antología donde el poeta inauguró su peculiar ortografía fonética. Fueron años de intensa fecundidad lírica para Juan Ramón, en los que desarrolló una concepción de la poesía como creadora de la verdadera realidad de las cosas, a través de la conciencia que sobre ellas proyectaba el poeta. En 1918 vio la luz Eternidades y, al año siguiente, Piedra y cielo, que dio lugar a un grupo poético en Bogotá que tomó el nombre de este libro. La versión de Zenobia y Juan Ramón de Jinetes hacia el mar de John M. Synge fue escenificada por el teatro de la Escuela Nueva, dirigido por Rivas Cherif, en 1921, año en el que creó Índice. Revista de Definición y Concordia, aglutinadora de la “joven literatura”, que también dio lugar a una biblioteca. 1922 fue el año de la Segunda Antolojía Poética (1898- 1918), dedicada “A la minoría siempre” (posteriormente escribió: “la minoría se encuentra en todas partes, en el pueblo ‘cultivado’ por sí mismo, tanto o más que en el hombre ‘culturado’ en los libros de las ciudades”; “creo que en mi escritura poética, verso y prosa, está mi emoción dirijida instintivamente, es claro, a todos”), donde defiende los caracteres de su obra: “la perfección, en arte, es la espontaneidad, la sencillez del espíritu cultivado”. En este tiempo también comenzó a escribir los retratos o “caricaturas líricas” que dieron lugar a Españoles de tres mundos. En 1923 editó dos libros antológicos, Poesía y Belleza, selecciones de varios libros inéditos (La realidad invisible, Unidad, Hijo de la alegría, Fuego y sentimiento, Luz de la atención, La mujer desnuda, Ellos, La muerte, Forma de huir, El vencedor oculto, La obra, 1920, 1921, 1922 y 1923). En 1924, los Jiménez visitaron Granada, invitados por la familia García Lorca; Juan Ramón dedicó a la ciudad un libro inédito, Olvidos de Granada. A partir de este momento, el poeta se aisló y decidió dedicarse a la revisión, depuración y ordenación de su obra, concebida como un todo unitario, y no publicó más poemarios independientes. Sí ofrecía adelantos de su obra en varios cuadernos: Unidad (1925), Obra en marcha (Diario poético de J. R. J.) (1928), Sucesión (1932), Presente (1933) y Hojas sueltas (1935), así como en las revistas Sí (Boletín Bello Español) de El Andaluz Universal (1925) y Ley (Entregas de Capricho) (1927), y en el Heraldo de Madrid, La Gaceta Literaria y El Sol. A partir de 1927, se distanció de los jóvenes poetas, en principio por el homenaje a Góngora, en el que no participó. Los actos más desagradables de este desencuentro fueron los ataques iconoclastas de Dalí y Buñuel, y de Alberti; los de Neruda, los repetidos de Bergamín, y su rechazo de Jorge Guillén por su falta de palabra en la revista Los Cuatro Vientos, episodios que le produjeron diversas depresiones nerviosas y molestias psicosomáticas. En 1931, le detectaron a Zenobia un tumor en la matriz, origen del cáncer que acabó con su vida y posible razón de la ausencia de hijos en el matrimonio, pese al cariño del poeta hacia los niños. Juan Ramón recibió con simpatía la Segunda República y compuso un poema dedicado a la nueva “Bandera española” tricolor, que envió al Heraldo de Madrid con la firma “Un español”. En pocos años apareció en la Antología de Gerardo Diego y en la de Federico de Onís, en reconocimiento de su magisterio lírico. En 1932 la joven escultora Marga Gil Roësset, amiga de los Jiménez, se suicidó por el amor imposible que sentía hacia el poeta. A finales de año Zenobia editó un volumen de Poesía en prosa y verso (1902-1932) de Juan Ramón Jiménez escojida para los niños. Durante este tiempo, Juan Ramón proyectó una ordenación de toda su obra en siete grandes volúmenes de verso (Romance, Canción, Estancia, Arte menor, Silva, Miscelánea y Verso desnudo) y otros siete de prosa (Verso en prosa, Leyenda, Viaje y sueño, Trasunto, Caricatura, Miscelánea y Crítica), más un Complemento general. De todos ellos sólo vio la luz Canción, en 1936. En estos años le propusieron varias veces ser designado como miembro de la Real Academia Española, pero el poeta se negó siempre, como hizo también en 1946 cuando se lo propuso Pemán. Poco antes del levantamiento militar, escribió la conferencia “Política poética”, que fue leída en la Residencia de Estudiantes. Tras el 18 de julio, firmó el manifiesto a favor de la República, y se puso a su servicio, trabajando para la Junta de Protección de Menores y acogiendo a doce niños. Tras varias detenciones en la calle por milicianos, los Jiménez decidieron abandonar España. Azaña les concedió pasaporte diplomático, y el poeta aceptó el cargo de agregado cultural honorario —sin sueldo— en Washington. En septiembre desembarcaron en Nueva York, y en Washington trataron de promover el apoyo a la República. Al cabo de dos semanas, llegaron a San Juan de Puerto Rico, donde Juan Ramón desarrolló una constante actividad pública como conferenciante y ayudó a preparar sendas antologías de Poesía puertorriqueña y de su obra, Verso y prosa para niños. En La Habana (Cuba) residieron a lo largo de dos años, en los que el poeta siguió haciendo declaraciones a favor de la República Española e intervino en diversos actos culturales, preparando la antología La poesía cubana en 1936. La noticia de la muerte de García Lorca, de Antonio Machado —al que había querido traer a Cuba— y de su sobrino Jiménez Bayo le causaron una gran conmoción. En 1939 los Jiménez se instalaron en Coral Gables (Miami), desde donde realizaron varios viajes a Nueva York. El poeta leyó conferencias en distintas universidades e instituciones, y colaboró en revistas de toda América. A los pocos días de la entrada de las tropas franquistas en Madrid, su piso fue saqueado y desaparecieron numerosos libros, manuscritos y obras de arte; sólo una parte del expolio sería recuperado. Todo ello iba a quedar reflejado en el libro inédito Guerra en España.
     Entre 1939 y 1942 escribió los Romances de Coral Gables (publicados en 1948), un romance metafísico y abstracto donde constató la dolorosa soledad e incomunicación del hombre frente a las cosas y el tiempo, pese a las ansias del poeta de vencer ambas fronteras mediante su anhelo de totalidad. En La Florida, además, comenzó a escribir dos poemas complementarios, Espacio y Tiempo, confesiones líricas de rememoración y afirmación vital donde el fluir de conciencia se sometía a la inteligencia, y que supusieron una cima de la escritura poética española, aunque el segundo permanece sin terminar e inédito. En 1942 apareció finalmente Españoles de tres mundos, “caricaturas líricas” que había seguido escribiendo en el nuevo continente. Fue también entonces cuando, con la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, Juan Ramón se puso a disposición del Departamento de Estado, participando en la emisión de conferencias sobre literatura española y americana, bajo el título de “Alerta”. Con tal motivo, los Jiménez se trasladaron a Washington, frente al parque Meridian Hill, que daría título al libro inédito, escrito entre 1942 y 1950, Una colina meridiana. Sin embargo, el poeta abandonó el proyecto al no estar de acuerdo con las condiciones de la censura. En 1943, Cuadernos Americanos publicó la primera parte de Espacio, composición que no aparecerá completa, y no ya en verso libre, sino prosificada, hasta 1954 en la revista Poesía Española, integrando en ella otros poemas publicados previamente.
     En 1944 Zenobia fue contratada como profesora en la Universidad de Maryland, y poco después lo fue su esposo. La editorial Losada de Buenos Aires realizó nuevas ediciones de algunos de sus poemarios, y Juan Ramón emprendió una nueva ordenación de toda su obra inédita. Al año siguiente, se publicó en México Voces de mi copla, pequeño volumen formado por casi cien poemas breves ya publicados anteriormente, y en 1946 Losada editó La estación total con las canciones de la nueva luz, anunciada como una sección que formaría parte del libro En el otro costado. El poemario (compuesto por poemas escritos entre 1923 y 1935) canta, a través de la sucesión simbólica de las estaciones, la perduración de la conciencia del yo lírico tras su muerte; el poeta interpreta que desaparecerá su forma física, pero no su conciencia, que de vivir en un contexto histórico pasará a hacerlo en otro eterno, fundida con la conciencia total del universo, en una definitiva “estación total”. De este modo, la muerte dejaba de tener connotaciones negativas, lo que se reflejó en un tono de celebración exaltada. A finales de año sufrió una fuerte depresión nerviosa (no era la primera que había tenido en el exilio) y fue ingresado en el Washington Sanitarium and Hospital de Takoma Park. En 1947 los Jiménez se trasladaron a la pequeña ciudad de Riverdale, próxima a la Universidad de Maryland. Al año siguiente viajaron a Canadá, y entre agosto y noviembre emprendieron una gira por Argentina y Uruguay, donde el poeta había sido invitado a pronunciar un ciclo de conferencias, que tuvo gran éxito de público. Allí concibió Animal de fondo, publicado en Buenos Aires en 1949 junto a su versión francesa, adelanto del volumen Dios deseante y deseado (título al que después su autor invertiría los adjetivos). El nuevo libro cantaba gozosamente la fusión del dios deseante, la conciencia del poeta en su vida histórica, con el dios deseado, la conciencia del universo en su eternidad, cuya imagen descubrió el poeta en el mar. Su optimismo celebrativo enlazaba con La estación total, pero lo que allí era sólo hallazgo y vislumbre es aquí identificación plena.
     El intenso trabajo que Juan Ramón realizó desde su último viaje, preparando a la vez varios libros y proyectos, le produjo un recrudecimiento de su neurastenia y una fuerte crisis depresiva, por lo que fue hospitalizado en Washington, Baltimore y Puerto Rico, donde se instalaron definitivamente en 1951. Cuando el poeta comenzaba a recuperarse, Zenobia tuvo que ser operada de su antiguo tumor (ahora cancerígeno), en Boston, pero se le volvió a reproducir. En su ausencia, Juan Ramón comenzó a escribir el inédito Ríos que se van, y poco después retomó su proyecto de edición para su obra completa, titulada Destino y, más adelante, Metamórfosis. Los Jiménez fueron contratados como profesores en la Universidad de Puerto Rico, donde Juan Ramón impartió un curso sobre El modernismo durante 1953, año en que renació su polémica con Jorge Guillén en la revista madrileña Índice de Artes y Letras. A finales de 1954, entró en una nueva fase depresiva y fue hospitalizado en diversos centros. Todos sus libros, y luego su archivo, fueron depositados en una sala de la Biblioteca General Universitaria de Puerto Rico. En 1956 Zenobia volvió a Boston, pero ya era tarde para operarla de nuevo. Trabajó intensamente en la ordenación de la Tercera Antología Poética (que apareció en 1957, gracias a la colaboración de Eugenio Florit). El 25 de octubre de 1956 Juan Ramón recibió el Premio Nobel de Literatura (lo recogió en su nombre Jaime Benítez, rector de la Universidad de Puerto Rico), y Zenobia falleció tres días después en la Clínica Mimiya de Santurce. Juan Ramón se encerró en su casa. En agosto fue ingresado en el Hospital Psiquiátrico de Hato Tejas. En febrero de 1958 sufrió una caída y se fracturó la cadera. El 26 de mayo enfermó de bronconeumonía y murió tres días después. Su sobrino Francisco Hernández-Pinzón repatrió los cuerpos de Zenobia y Juan Ramón a España, que recibieron sepultura en Moguer.
     Juan Ramón Jiménez tuvo una vocación, la poesía, y un destino grandioso, sólo alcanzado en parte, dada su altísima exigencia: la creación de su obra. Su vida fue la de un hombre en perpetua lucha consigo mismo: con su carácter y personalidad, con su enfermedad, con sus circunstancias vitales, sociales e históricas (que le llevaron a sufrir un largo exilio), y con la exigencia desmesurada de su propia escritura, su verdadera pasión, una lucha por dar forma acabada, unitaria, definitiva, a toda su obra. La constante revitalización de su lírica a lo largo del medio siglo más intenso de la poesía española muestra la genialidad del gran creador que fue “El Andaluz Universal” (Rafael Alarcón Sierra, en Biografías de la Real Academia de la Historia).



     La calle Juan Ramón Jiménez está situada en el denominado en nuestro pueblo el "Barrio Lejos". Es una calle sin salida, que parte de la calle Félix Rodríguez de la Fuente, teniendo una longitud que no llega a los 100 metros aproximadamente, siendo bidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por viviendas unifamiliares de autoconstrucción de una o dos plantas en altura, así como por garajes y almacenes privados, formando parte de una zona residencial.
   La calle Juan Ramón Jiménez es, históricamente, una vía moderna, creada en el último tercio del siglo XX, cuando se urbaniza parte del camino que salía para el exterior del casco urbano, de ahí su sencillo comentario.
   No podemos dejar de mencionar que esta calle es de las más bellas de nuestro pueblo por la preocupación de sus vecinos en ornamentales a base de las macetas con flores que su empeño ha hecho que hoy por hoy, hay que visitar para entender su idiosincrasia especial.

lunes, 16 de diciembre de 2024

Geografía: El paraje Los Retamares, en Burguillos

    Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del paraje Los Retamares.




     El paraje "Los Retamares", lugar que debe tomar su nombre por haber sido en otros tiempos un lugar donde abundaba la Retama, un género de arbustos con siete especies perteneciente a la subfamilia Faboideae de la familia Fabaceae. Está estrechamente relacionada con los géneros Chamaecytisus, Cytisus y Genista con los que comparte características similares de alta densidad, delgados tallos verdes y muy pequeñas hojas.



     Al paraje de Los Retamares se llega tras salir del casco urbano de Burguillos, por la calle Rodríguez de la Fuente, tomar la Colada de la Cuesta del Señor (la que lleva a, entre otros lugares, al Cerro Moro) y que llega al paraje de Los Retamares, delimitada al Norte, por una línea de alta tensión; al Este, por el paraje de La Casa de las Escribanas; al Sur, por el paraje "Zarzagorda", y "Las Carrajolas"; y, al Oeste, por el arroyo del Chorrito, encontrándose a unos 3 km. de nuestro pueblo y a una media de 110-120 m. de altitud. Señalar que todas las imágenes provienen del Instituto Geográfico Nacional.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Callejero de Burguillos: la calle La Encina

     Mostramos una pequeña reseña e imágenes de la calle La Encina, en Burguillos.


     La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos) está dedicada a los árboles, como otras tantas de la zona, en este caso a la Encina.




     La Encina es uno de los árboles más representativos de la península ibérica. Exclusivamente con su fruto, las bellotas se alimentan los cerdos con los que después se hará el famoso jamón de bellota.
     El nombre científico de la encina es Quercus ilex. Esta especie está subdividida en Q. ilex subsp. ilex y Q. ilex subsp. ballota, esta segunda es conocida por el sabor más dulce de sus bellotas respecto a Q. ilex ilex. Quercus ilex es la especie tipo del género Quercus. 
     Este árbol puede presentar un porte arbustivo, en climas más fríos y hasta 20 metros de altura en zonas cálidas. Su copa es amplia, densa y redondeada. Los bosques de encinas apenas dejan pasar la luz. El tronco es de color oscuro que va aclarándose con la edad del árbol. La encina tiene hojas todo el año, éstas son verde oscuro brillante en el haz y con el envés claro y velloso. Las hojas son duras, coriáceas para evitar la pérdida de agua, esto es un mecanismo para sobrevivir a zonas secas, como el mediterráneo.
     Las hojas aparecen alternas en las ramas y presentan el borde con espinas en las encinas jóvenes y ovalado en las mayores. La hoja de unos 4 cm tiene un nervio central muy pronunciado. Las flores masculinas son amarillas y se reúnen en inflorescencias (o amentos) en los brotes tiernos. Las flores femeninas tienen un color rojizo que vira al amarillo cuando maduran. Crecen aisladas o en parejas. La fecundación es principalmente cruzada, aunque pueden autofecundarse, la polinización es por anemócoria y ocurre durante los meses cálidos de la primavera. El fruto es la bellota, característico del género Quercus.


     El Quercus ilex es un árbol característico de la zona mediterránea, presente en todos los países bañados por este mar. En zonas donde la pluviosidad o el carácter atlántico son mayores es reemplazada por otras especies del género, como el roble o el alcornoque. En España es la especie con mayor superficie boscosa, alrededor de 3 millones de hectáreas. La encina es capaz de creer en todo tipo de suelos y desde nivel del mar hasta casi los 2000 metros de altura. El bosque mediterráneo primigenio estaba formado por este tipo de árboles.
     La encina resulta ser el mejor hábitat para la fauna mediterránea así que para conservarla es imprescindible mantener los encinares. La encina está catalogada por el UICN como preocupación menor de extinción. Además del fruto comestible, su madera es muy dura, por lo que tradicionalmente se emplea para piezas de madera que necesiten mucha resistencia, herramientas principalmente. La encina es el principal árbol de la dehesa, un ecosistema creado por el ser humano, pero que mantiene el equilibrio natural del mediterráneo aunque se utilicen sus recursos.





     La calle La Encina está situada en la barriada Altos de Burguillos, y va de la calle El Castaño, a la calle Los Naranjos, con una longitud de 200 m. aproximadamente. Es una calle recta, siendo unidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado, asfaltada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por viviendas unifamiliares realizadas por promociones inmobiliarias creada a finales del siglo XX y comienzos del XXI.
   La calle La Encina es, históricamente, una vía moderna en nuestro pueblo, creada a finales del siglo XX, en la barriada Altos de Burguillos, y que tiene en común con el resto de las calles de la barriada que reciben el nombre de árboles y enclaves geográficos del término municipal de Burguillos.