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Historia, Patrimonio, Arte, Bibliografía, Hemeroteca, ... sobre nuestro pueblo: BURGUILLOS

lunes, 29 de junio de 2026

La representación de San Pedro en la pintura de las Ánimas Benditas del Purgatorio, en su Retablo de la Iglesia de Burguillos

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña y fotografías de la representación de San Pedro, en la pintura de las Ánimas Benditas del Purgatorio que encontramos en su Retablo de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que hoy es 29 de junio, en el que la Iglesia celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles. Simón, hijo de Jonás y hermano de Andrés, fue el primero entre los discípulos que confesó a Cristo como Hijo de Dios vivo, y por ello fue llamado Pedro. Pablo, apóstol de los gentiles, predicó a Cristo crucificado a judíos y griegos. Los dos, con la fuerza de la fe y el amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio en la ciudad de Roma, donde, en tiempo del emperador Nerón, ambos sufrieron el martirio: Pedro, como narra la tradición, crucificado cabeza abajo y sepultado en el Vaticano, cerca de la vía Triunfal, y Pablo, degollado y enterrado en la vía Ostiense. En este día, su triunfo es celebrado por todo el mundo con honor y veneración (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].



     En el muro del Evangelio de nuestra parroquia podemos contemplar, a continuación del presbiterio, el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, en el que se plasma la popular iconografía de la Virgen del Carmen sobre el Purgatorio como mediadora ante la Santísima Trinidad. Así encontramos a la imagen mariana en el centro de la obra, en este caso sin llevar en sus brazos la imagen del Niño Jesús, en un rompimiento de gloria, con el típico escapulario en su mano derecha y rodeada por ángeles portadores de escapularios que tratan de salvar a los Pecadores, algunos de los cuales empiezan a arder bajo las llamas del Infierno. En el plano superior observamos en el ángulo izquierdo, la representación de la Santísima Trinidad (Padre - con túnica blanca y manto azul-, Hijo -con manto púrpura-, y el Espíritu Santo -Paloma-), mientras que en el ángulo derecho nos encontramos con la representación de varios santos, y en el centro aparecen los Apóstoles, los Bienaventurados y los Veinticuatro Ancianos del Apocalipsis.
     Es una obra anónima, fechable a comienzos del siglo XVIII, y con unas medidas de 2,50 x 1,90 mts.
     San Pedro lo podemos contemplar en el grupo del centro, siendo el segundo, empezando por la izquierda, representado como la norma que impuso Francisco Pacheco en su "Arte de la Pintura":
     "...con no haberse de pintar calvo á San Pedro (como es lo más común aunque otros digan otra cosa) sino poblada la frente de cabello no largo con su coleta, si bien juntamente con la barba redonda, cana, crespa y espesa (esta efigie siguió Rafael en sus apóstoles). Otras señas añade el P. Rivadeneira hablando de San Pedro que fué alto de cuerpo, blanco, descolorido. los ojos negros y teñidos en sangre, las cejas no muy pobladas, la nariz algo remachada y no muy viejo, aunque de más edad que San Pablo y menos que San Andrés su hermano. Ha de tener la túnica azul ceñida y el manto naranjado ó de color de ocre, como lo muestra el retrato. Con sus dos llaves en las manos, y quizá no se ha observado hasta ahora por qué le pintan la una de oro y la otra de plata, como se ven en muchas iglesias de Italia y Roma. Por la llave de oro se entiende la potestad de la absolución, por la de plata la de excomunión, porque esta es inferior y aquella superior..."


Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Pedro, apóstol;
HISTORIA Y LEYENDA
   Pescador en Cafarnaúm, Galilea, en el lago de Genezaret, él y su hermano Andrés fueron los primeros apóstoles reclutados por Jesús.
   Su verdadero nombre era Simón. Recibió de Cristo el mote arameo Kefás (gr.: Petras), para significar que sería la piedra angular de la Iglesia. Su mote ha suplantado por completo a su nombre.
   Su vida se divide en tres períodos muy claros:
   1. Envida  de Jesús, lo acompañó, con los otros discípulos, desde el co­mienzo del ministerio galileo hasta su Prendimiento en el Huerto de los Olivos, luego, después de la Resurrección, hasta la Ascensión.
   2. Después de la desaparición de su maestro, residió en Jerusalén, donde fue encarcelado por el tetrarca Herodes Agripa.
   3. Luego habría viajado a Roma de la cual fue el primer obispo. Otra vez fue encarcelado y crucificado por orden de Nerón.
   Durante el primer período, la actividad de san Pedro estuvo estrechamente ligada a la de Jesucristo, siguió tras los pasos de éste, por decirlo así. De ahí que hayamos debido remitir a la iconografía del Nuevo Testamento todas las escenas de la Vida de Jesús donde san Pedro tiene algún papel: la Vocación y la Tradición de las llaves, el Lavatorio de los pies y la Santa Cena, el Prendimiento en el Monte de los Olivos, donde corta la oreja de Malco, la Negación, la Transfiguración  y las Apariciones de Galilea. Tampoco volveremos a tratar ciertas escenas posteriores a la Ascensión de Cristo, tales como la Pentecostés y el Tránsito de la Virgen, donde él está, por fuerza. El apostolado y los milagros de san Pedro en Jerusalén y en Roma son los únicos hechos de su leyenda que comportan hagiografía propiamente dicha. Abandonamos por  ello el terreno de los Evangelios para abordar los dominios de los Hechos de los Apóstoles y de la Leyenda Dorada.
   Antes de abordar el estudio del culto y de la iconografía de san Pedro, es menester discernir entre la leyenda y la historia, exponiendo objetivamente las doctrinas contradictorias de los católicos y de los racionalistas, ya protestantes, ya agnósticos.
   Oigamos las dos campanas, porque si debemos creer en un viejo proverbio «Quien oye sólo una campana no oye más que un sonido».
1. La tradición católica
   La actividad de Pedro en Palestina después de la Ascensión de Jesús se ha­bría prolongado hasta el año 44. Fue entonces cuando, después de haber consumado numerosos milagros (Resurrección de Tabita, Curación de los en­fermos con su sombra), habría sido encarcelado por Herodes y liberado por un ángel.
   Según una tradición, venerable por su antigüedad, habría pasado en Roma los veintitrés últimos años de su vida, desde 44 hasta 67. Triunfó contra los sortilegios de Simón el Mago, favorito del emperador Nerón. Preso en la cár­cel Mamertina, se fugó con la complicidad de sus carceleros a quienes había convertido. Dándose a la fuga por temor a las persecuciones, en la Vía Apia se encontró con Cristo con la cruz a cuestas, a quien preguntó: Qua vadis, Domine y éste le respondió: «Voy a Roma para ser crucificado allí otra vez». Pedro, avergonzado por su cobardía, regresó entonces a Roma donde padeció el martirio al mismo tiempo que san Pablo; pero mientras a éste, que era ciudadano romano, lo decapitaron, Pedro, que sólo era un ju­dío, fue crucificado.
   Los Padres de la Iglesia enseñaban que san Pedro, que no quería  morir de la misma manera que Jesucristo, por humildad había pedido que lo crucificasen cabeza abajo. Se contaba que su cruz había sido levantada inter duas metas, es decir, entre los dos hitos del circo de Nerón. A finales de la Edad Media se creyó que se trataba de los dos hitos antiguos de Rómulo, cerca del Vaticano  (Meta Romuli), y Cestio, en la puerta de San Pablo. Se buscó un sitio intermedio entre estos dos puntos de referencia, y fue así como el martirio se localizó sobre el Janículo, en el lugar donde se levanta la iglesia de San Pietro in Montorio. La disputa entre el Janículo y el Vaticano aún continúa abierta.
   A falta de testimonios que sirvan de prueba de la llegada de san Pedro a Roma, la fecha de ésta y la duración de su estadía, así como acerca del lugar en que se realizó su crufixión, los defensores de la tradición católica  recurrieron a dos argumentos indirectos: el silencio de las iglesias rivales de Oriente (Palestina o Siria) que nunca reivindicaron las reliquias del Príncipe de los apóstoles y la edificación de la Basílica Constantiniana a orillas del Tíber, sobre la colina del Vaticano.
   1. Si san Pedro estaba muerto y había sido sepultado en Jerusalén, las Iglesias orientales nunca habrían dejado de invocarlo para apoyar sus pretensiones al primado en la Iglesia cristiana. Ahora bien, nunca se produjo ninguna rei­vindicación de ese género.
   2. ¿Se habrían atrevido a construir la Basílica Constantiniana sobre el em­plazamiento de un cementerio, profanando una multitud de tumbas no sólo paganas sino también cristianas si no hubiesen  estado persuadidos de que allí se encontraba la tumba de san Pedro?Esta suposición parece también más inverosímil por cuanto la naturaleza del terreno arcilloso, sobre la ladera de una colina, impuso enormes trabajos de nivelación; se necesitaban poderosas razones para emprenderlos.
   Después de las excavaciones dirigidas por Enrico Josi bajo las grutas del Vaticano, estos argumentos fueron esgrimidos en numerosas oportunidades por G. Carcopino. Según sus propios términos, «las investigaciones de los arqueólogos han confirmado la tradición y puesto fin a las polémicas de los eruditos.  A partir de ahora queda probado que san Pedro fue inhumado  en el Vaticano. Las reliquias del Príncipe de los apóstoles habrían sido trasladadas hacia 258 ad Catacumbas, sobre la Via Apia, pero de vueltas por Constantino al Vaticano en 336».
2. La tesis protestante y racionalista
   La crítica racionalista cuestiona el valor de estos argumentos y la base en que se fundan estas tradiciones.
   Pretende que no se ha probado que san Pedro haya estado en Roma, y que en cualquier caso, la tradición acerca de su cuarto de siglo de episcopado ro­mano no reposa en fundamento histórico alguno.
   El silencio de las Iglesias de Oriente sin duda resulta impresionante, pero el argumentum e silentio del cual se ha abusado con frecuencia, a lo sumo no cons­tituye más que una presunción.
   La verdad es que ningún texto contemporáneo digno de fe menciona   el viaje de san Pedro a Roma. Los Hechos de los Apóstoles (12: 17) nos in­forman, simplemente, que después de haber dejado la prisión de Herodes, Pedro salió, yéndose a otro lugar, sin aclarar cual fuese. Aunque un proverbio
dice que «todos los caminos conducen a Roma» es de desear una información más precisa. Dicho silencio es tanto más sorprendente por cuanto el autor insiste con abundancia (capítulos 27 y 28) en las peripecias del viaje de Pablo a Roma.
   La creencia en que Pedro pasó a orillas del Tíber los últimos años de su vida sólo aparece en los escritos de Ireneo y Tertuliano.
   Y hasta los católicos admiten que las fábulas populares de origen romano no pueden considerarse como pruebas.
   El arqueólogo pontificio Enrico Josi no vacila en calificar él mismo de «leyendas», el encarcelamiento de san Pedro en la cárcel Mamertina, donde habría bautizado a sus carceleros, el duelo con Simón el Mago en presencia del emperador Nerón y el diálogo con Jesucristo con la cruz a cuestas en la Vía Apia (Quo vadis).
   Estos relatos dramáticos o poéticos apuntan a acreditar la apostolicidad de la fundación de la Santa Sede, que no lo está más que la de una multitud de sedes episcopales donde no se vaciló en antidatar la fundación, a veces en muchos siglos, con el objeto de aumentar su prestigio y justificar su primado.
Hasta el mismo hecho de la crucifixión del Príncipe de los apóstoles es dudoso. Se trataría de una falsa interpretación de las palabras: «Extenderás tus manos».
   En cuanto a su localización  en el Janículo, no fue imaginada antes del siglo XV, cuando los franciscanos de Roma quisieron justificar las pretensiones de su iglesia de San Pietro in Montorio, patrocinada por los reyes de España. El teólogo protestante Cullmann consiente en admitir la historicidad de una tardía residencia de san Pedro en Roma. Según dicho autor, el apóstol habría abandonado Jerusalén en 44, dejando al apóstol Santiago como suce­sor y jefe de la comunidad cristiana, para contentarse, como san Pablo, con el papel de misionero. Pero jamás habría ejercido funciones episcopales en la capital de los césares, de manera que los papas no pueden pretenderse sucesores suyos.
   De hecho, san Pedro nunca fue representado con el báculo, atributo episcopal por excelencia.
   Acerca de la duración de su estadía en Roma, reina la misma incertidumbre. En su Dictionnaire d'Archeologie chrétienne, el erudito benedictino Dom Henri Le clerq, admite que si la estadía de san Pedro en Roma es a sus ojos un hecho cierto «suduración no lo es».
   La fecha de su crucifixión sigue siendo problemática, o más bien, puede presumirse que se la hizo coincidir artificialmente con la decapitación de san Pablo, para asociar en la muerte a los dos Príncipes de los apóstoles. Las fechas propuestas son muy variables: 55, 58, 64, 67, tanto como decir que no se sabe nada. 
   Si en la Roma del siglo IV se creía que las reliquias de san Pedro habían sido devueltas al Vaticano, sólo se trata de una tradición.
   A falta de textos habría podido esperarse que la arqueología nos deparase la solución del enigma. Desgraciadamente, las excavaciones dirigidas en 1939 y 1949 por Enrico Josi, director del Museo de Letrán y realizadas en el cementerio cristiano sobre el que se edificó la basílica de San Pedro no arrojó los resultados que se esperaban.
   No pusieron a la luz la tumba primitiva del Príncipe de los apóstoles, que se supone destruida por los vándalos. El papa Gregorio Magno la habría reemplazado en el siglo VI por un trofeo cenotafio o memorial: simple monumento conmemorativo que no contiene reliquias.
   Los resultados de las excavaciones vaticanas fueron cuestionados por Charles Delvoye (Latomus, 1954), Amable Audin (Byzantion, 1954), quien concluye que el memorial de san Pedro habría abrigado su púlpito y no su tumba.
   Si el papa Pío XII hubiera estado convencido que los huesos del Príncipe de los apóstoles habían sido inhumados  efectivamente en las criptas de la basílica vaticana ¿no se habría apresurado a proclamar Urbi et Orbi esta feliz nue­va?¿Si no lo hizo no fue porque su conciencia escrupulosa se lo prohibió? Para no decepcionar la esperanza de los peregrinos debió contentarse con decretar al fin del Jubileo del Año Santo de 1950, el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen, en vez de promover la unión tan deseable de las iglesias cristianas, y aún a riesgo de profundizar las diferencias entre protestantes y católicos.
   En suma, ni las investigaciones arqueológicas ni los textos nos permiten hasta el presente poner fin a un debate que siempre permanece abierto, y agregar así a las afirmaciones de la fe las certezas de la ciencia.
CULTO
   Considerado muy pronto como «el Moisés de la Nueva Ley», san Pedro no es sólo un santo palestino, sino el santo universal por excelencia.
   Además, si en su condición de fundador del papado es el principal personaje de la Iglesia oficial, al mismo tiempo, a título de portero del Paraíso, es un santo eminentemente popular.
Fiestas
   Esta popularidad está probada por el número de sus fiestas que, excepcionalmente, son tres.
   l. Su natalicio, es decir, el aniversario de su muerte, que se celebra el 29 de junio.
   2. La fiesta de San Pedro ad Víncula (Petri Kettenfeier) ,que conmemora su liberación de la prisión,  y se celebra el 1 de agosto. 
 3. Finalmente, la fiesta de la Cátedra de san Pedro Apóstol (Cathedra Petri, Petri Stuhlfeier), que conmemora su primado, y que fue fijada el 22 de febrero.
Reliquias
   Roma posee las más preciosas reliquias del Príncipe de los apóstoles: sus llaves (claves), sus cadenas (vincula) y su púlpito (cathedra); pero se trata de reliquias indirectas y no corporales.
   El púlpito que Bernini introdujo en un relicario de suntuosa ejecución barroca se conserva en la basílica de San Pedro, reconstruida en el siglo XVI por Bramante y Miguel Ángel.
   Las cadenas, cuyos eslabones proceden de la cárcel de Jerusalén y de la cárcel Mamertina de Roma y que se habrían soldado milagrosamente, se veneran en la basílica de San Pietro in Vincoli. Una tercera iglesia, San Pietro in Montorio, sobre el Janículo, señalaría el lugar de su martirio.
   Su báculo milagroso, también embutido en una montura (Petrus stabhülle), se conserva en Alemania, en la catedral de Limburg del Lahn. En Venecia, en la iglesia del Redentor, se mostraba el cuchillo que usó el apóstol para cor­tar la oreja de Malco.
Lugares de culto
   En Pavía, Lombardía, debe mencionarse la iglesia romana de San Pietro in Ciel d'Oro, cuyó ábside, como el de la iglesia de la Daurade, en Toulouse, estaba cubierto de mosaicos de esmalte dorado.
   Además de protector de Roma y de Pavía, a san Pedro también se lo consideraba el de Milán, Lucca, Ancona, Orvieto, Nápoles, Calabria y Sicilia. En 1140 el rey Rogerio II de Sicilia, de origen normando, puso bajo su advo­cación la Capilla Palatina de Palermo.
    Francia tiene numerosas iglesias puestas bajo la advocación de san Pedro. Su culto fue difundido por la orden de Cluny, cuya casa matriz, y casi todos los prioratos, comenzando por el de Moissac, estaban consagrados al Príncipe de los apóstoles, primer representante del papado al cual la orden respondía  directamente, por derecho de exención. 
   Entre las catedrales góticas que llevan su nombre, basta recordar las de Beauvais, Troyes, Lisieux, Nantes, Poitiers, Angulema y Montpellier. Entre las iglesias abaciales o parroquiales, cabe citar, en París, la antigua capilla de Saint Pierre aux boeufs (Capella Sanct Petri de bobus), cuya  portada decoraba la fachada de la actual Saint Severin; en Sens, la de Saint Pierre le Vif (invko); en Estrasburgo, la de Saint Pierre le Vieux y Saint Pierre le Jeune; en l'ours, la de Saint Pierre le Puellier (Monasterium S.Petri  puellarum) y Saint Pierre des Corps; en Toulouse, la de Saint Pierre des Cuisines; en Normandía, Caen y Jumieges, en las regiones de Poitou, Saintonge, Airvault, Chauvigny y Aulnay. Además, numerosas localidades se bautizaron Dompierre o Dampierre. En España, mencionemos las de San Pedro de las Puellas, en Barcelona y San Pedro el Viejo en Huesca, Aragón.
   En Suiza, la catedral de Ginebra, convertida en el santuario principal  de la Roma protestante, estaba bajo la advocación de San Pierre es Liens (ad Vincula; cast.: encadenado, encarcelado).
   En los Países Bajos, san Pedro era particularmente venerado en Lovaina, Bélgica y Maastricht,  Holanda.
   Antes de la Reforma Inglaterra no era menos devota, a juzgar por la advocación de la abadía de Westminster, y las de las catedrales de Norwich, Exxeter y Peterborough.
   Para acabar con una nomenclatura, muy incompleta ciertamente, mencionemos la célebre abadía de San Pedro de Salzburgo, en Austria, y la Peterkirche de Munich, en Baviera.
Patronazgos de corporaciones
   La popularidad del pescador de Cafarnaúm, convertido en el primero de los papas de Roma, además está probada por el gran número de corporaciones y gremios que reivindican su patronazgo: los pescadores,  pescaderos. co­merciantes de pescado, fabricantes de redes -en conmemoración de la Pesca milagrosa- albañiles -a causa del nombre del primer papa, que es la piedra viviente sobre la cual Cristo ha edificado la Iglesia; los herreros y doradores de metales, a causa de las cadenas de las cuales fue liberado; los cosechadores y cesteros porque se sirven de ligaduras; los cerrajeros, al igual que los relojeros quienes formaban parte de la misma corporación, porque san Pedro posee la llave del Paraíso.
   No se lo apreciaba menos como santo curador. Se lo invocaba contra la fiebre, los ataques de locura, las picaduras de serpiente. Para curar la rabia, enfer­medad contra  la cual se lo consideraba idóneo porque pusiera en fuga a los perros que lanzara contra él Simón el Mago, se aplicaba, tanto a hombres como a animales, un hierro calentado que se llamaba «llave de san Pedro».
ICONOGRAFÍA
   La iconografía del Príncipe de los apóstoles (Iconografía petriana) es de tal riqueza  que desafía todo intento de enumeración.
l. Figuras
Tipo iconográfico, vestiduras y atributos
l. Tipo.
   San Pedro se caracteriza no sólo por sus atributos sino por su tipo físico que es fácilmente reconocible.
   El arte oriental le atribuyó una cabellera rizada. En Occidente, por el contrario, se lo representa calvo, con sólo un mechón de pelo sobre la frente. La tonsura recuerda que fue el primero de los sacerdotes cristianos.
   Se contaba que los judíos de Antioquía le habían tonsurado la cabeza para escarnecerlo. Tal sería el origen de la tonsura clerical, convertida en un signo de honor, porque según los simbolistas evoca la corona de espinas de Jesucristo. Esta clase de tonsura se denomina tonsura scotica porque fue pues­ta de moda entre los clérigos por los misioneros irlandeses.
   La barba rizada de san Pedro siempre es corta.
2.Vestiduras
   Su indumentaria es muy diferente, según que esté representado como após­tol o como papa.
   En el arte cristiano primitivo, como todos los apóstoles, lleva la toga anti­gua, la cabeza descubierta y los pies descalzos.
   En la Edad Media su indumentaria era la de los papas, sus sucesores. Viste el palio, y a partir del siglo X, está tocado con la tiara cónica o la triple corona (triregnum). Estos ornamentos pontificios se convirtieron en la regla en el siglo XV: «San Pedro estará vestido de papa», se lee en un contrato acordado con un pintor en 1452.



ATRIBUTOS
   Los atributos de san Pedro son excepcionalmente numerosos, y los lleva, ya él mismo, ya los ángeles que lo acompañan; unos le caracterizan como após­tol, otros como papa.
l. El más antiguo y difundido es la llave (clavis), que aparece por primera vez en un mosaico de mediados del siglo V, y que desde entonces se convirtió en su atributo constante. Pedro siempre es clavígero (Petrus claviger coeli).
   A veces la llave es única, pero generalmente hay dos ,una de oro y otra de plata, llaves del cielo y de la tierra que sim­bolizan el poder  de atar y desatar, de absolver y de excomulgar, que Cristo concediera al Príncipe de los apóstoles (Tibi daba claves regni coelorum). Dichas llaves están juntas porque el poder de abrir y el de cerrar es uno solo.
   A causa del pasaje del Evangelio de Mateo acerca de la «Tradición de las llaves», san Pedro, en la creencia popular, se convirtió en el portero del Paraíso (jnnitor Coeli).
   Cuando el número de llaves es tres, simbolizan el triple poder de san Pedro sobre el cielo, la tierra y el infierno.
2. La barca alude a su primer oficio, pescador, y la pequeña barca de remos, es símbolo de la Iglesia.
3. El pez tiene el mismo significado, salvo que caracteriza no sólo al pescador de peces, sino también al pescador de hombres (Menschertfischer).
4. El gallo posado sobre una columna es el emblema de la negación y de su arrepentimiento. Dicho atributo, muy tardío, se difundió con el arte barro­co del siglo XVIII.
5. Las cadenas recuerdan sus «cárceles», su triple encarcelamiento, en Antioquía, Jerusalén y Roma. La cadena partida simboliza su liberación por un ángel.
6. La cruz invertida evoca su crucifixión cabeza abajo.
7. La cruz de triple crucero, uno más que la de los arzobispos, es la insignia de la dignidad papal.
   A  estos numerosos atributos puede sumarse la imagen de Simón el Mago, padre de los simoníacos, quien le ofreciera dinero para adquirir el don del Espíritu Santo, ya quien el apóstol pisotea. A veces, aunque es muy infre­cuente, derriba al emperador Nerón (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).

lunes, 22 de junio de 2026

Efemérides: Aniversario de la Imposición de la Primera Medalla de Oro de la Villa de Burguillos a Nuestra Señora del Rosario, el 22 de junio de 1996

     Hoy, 22 de junio, es el aniversario de otro de los grandes acontecimientos de la historia moderna de nuestro pueblo, la imposición a Nuestra Señora del Rosario de la I Medalla de Oro de Burguillos, y bueno es recordarlo en Historia de Burguillos.
     Ese año de 1996, la Hermandad de la Virgen del Rosario celebraba lo que por entonces se creía el III Centenario Fundacional de la corporación, ya que el documento más antiguo conocido databa de 1696 (gracias a la labor investigadora de varios historiadores esa fecha hay que retrotraerla a 1547, de momento).
     Pues bien el culmen de esa celebración fue una procesión extraordinaria de la Santísima Virgen que tuvo lugar ese 22 de junio de 1996, y en la que se le impuso la I Medalla de Oro de Burguillos, en la plaza de la Constitución Española de manos del por entonces alcalde de la localidad, Dº José Juan López, en una efemérides inolvidable para todos los burguilleros.







lunes, 15 de junio de 2026

Geografía: El paraje "Renacuajar"

     Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del paraje "Renacuajar".


      El paraje "Renacuajar", lugar que debe tomar su nombre por los renacuajos (larva de la rana, que se diferencia del animal adulto principalmente por tener cola, carecer de patas y respirar por branquias), que abundarían por la zona, aunque no hay constancia documental de dichas hipótesis.
      Al paraje "Renacuajar" se llega tras salir del casco urbano de Burguillos por la carretera A-460, en dirección a Villaverde del Río, para un poco antes de la altura del km. 18, a la altura del Cortijo Mudapelos, tomar el camino que surge a la derecha paralelo al Arroyo Mudapelo, con dirección a la población del Viar, que nos lleva directamente al paraje Renacuajar, delimitado al norte por la carretera A-460; al Este por el Arroyo de Mudapelos; al Sur, por un camino de servicios de la zona; y, al Oeste, por el límite del término municipal con Villaverde del Río, encontrándose a unos 4 km. de nuestro pueblo y a una media de 30-40 m. de altitud. Señalar que todas las imágenes provienen del Instituto Geográfico Nacional.






lunes, 8 de junio de 2026

Callejero de Burguillos: la calle Las Represillas

     Mostramos en Historia de Burguillos, una pequeña reseña e imágenes de la calle Las Represillas, en Burguillos.


     La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos).


     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al centro geográfico de la localidad, o del Ayuntamiento, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. 
     Esta vía del callejero burguillero está dedicada a Las Represillas, es decir, un enclave de nuestro término municipal, y que podemos identificar como el lugar donde las aguas están detenidas o almacenadas, natural o artificialmente, de tamaño pequeño, a modo de presa, embalse, pantano, o estanque.




     La calle Las Represillas está situada en la barriada Altos de Burguillos, y va de la confluencia de la calle Los Naranjos con la avenida del Parque, a la calle Zarzamora, siendo el inicio de las calles El Pedralejo, Doña Elvira, La Torre, , y El Cañuelo, con una longitud de 250 m. aproximadamente. Es una calle recta, siendo unidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado, asfaltada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por viviendas unifamiliares realizadas por promociones inmobiliarias creada a finales del siglo XX y comienzos del XXI.
   La calle Las Represillas es, históricamente, una vía moderna en nuestro pueblo, creada a finales del siglo XX, en la barriada Altos de Burguillos, y que tiene en común con el resto de las calles de la barriada que reciben el nombre de árboles y enclaves geográficos del término municipal de Burguillos.

lunes, 1 de junio de 2026

Efemérides: Aniversario del Rosario Público y colocación de la primera piedra de la Casa de Hermandad de la Virgen del Rosario, el 1 de junio de 2003, con motivo del Año del Rosario

     Hoy, 1 de junio, es el aniversario de otro de los grandes acontecimientos de la historia moderna de nuestro pueblo, el Rosario Público y la colocación de la primera piedra de la Casa de Hermandad de la Virgen del Rosario, el 1 de junio de 2003, con motivo del Año del Rosario, así que bueno es rememorarlo en "Historia de Burguillos", a través de la crónica emitida por la propia corporación en sus canales oficiales, en este caso el Boletín "Patrona de Burguillos" del año 2003, en sus páginas 36 y 37, y que pasamos a transcribir íntegramente:



     "Actualidad. Crónica del Año del Rosario.
     El pasado 16 de octubre de 2002, Su Santidad El Papa, Juan Pablo II, promulgaba la Carta Apostólica "ROSARIUM VIRGINIS MARIAE", en la que desarrolla una profunda y bellísima reflexión sobre el rezo del Santo Rosario, para exhortar a la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre. Estamos ante un documento extenso y, sin duda, muy provechoso, pues el Sumo Pontífice se expresa con la sinceridad y sencillez propias de su arraigada devoción a la Virgen. Como puntos de inflexión de la Carta cabe destacar dos:
        a) La incorporación al Rosario de cinco nuevos misterios, denominados luminosos, que se refieren a la vida pública de Cristo desde el Bautismo a la Pasión, ampliamente comentados en otro trabajo de este Boletín.
        b) La proclamación del ejercicio que va de octubre de 2002 a octubre de 2003 como Año del Rosario, dejando esta indicación pastoral a la libre iniciativa de cada comunidad eclesial.
     Desde que conocimos esta recomendación pastoral, emanada de la más alta instancia eclesial, nos pusimos a la tarea de confeccionar un programa de actividades que aunara lo cultural con lo cultual y nuestra tradición con la actualidad de la Iglesia. Antes de resumir brevemente lo acontecido, quisiera destacar los dos dípticos informativos que se han publicado como anuncios de los distintos actos. Ambos, editados en cartulina brillo y a todo color, han gozado de una enorme aceptación, pues las fotografías elegidas para las portadas (en las que aparecía la Virgen sobre su nuevo Paso tras la Procesión de la mañana del pasado año) eran realmente espectaculares y bellas.
     En cuanto a las conmemoraciones en si estaban estructuradas en torno a tres ejes: actos culturales (conferencias y encuentro de Grupos Jóvenes), conciertos y cultos extraordinarios.
     Por lo que respecta a los primeros, entre el 15 de marzo y el 7 de junio de 2003, se han celebrado un total de 8 charlas coloquios sobre los siguientes temas: "Vestir a las Imágenes: Una forma de devoción"; "La Historia del Rosario"; "Distintas formas de vivir la devoción a la Virgen del Rosario en la Diócesis de Sevilla"; "La Parroquia de San Cristóbal Mártir"; "La Carta Apostólica: El Rosario de la Virgen María";" Las Bandas de Música en Burguillos"; "Los Hermanos Costaleros"; y," El ejemplo de la Santa Sor Ángela de la Cruz". En todas ellas se alcanzó un nivel de asistencia muy satisfactorio, ya que se rondó la cifra media de setenta participantes, resultando su desarrollo muy interesante, ameno y didáctico. Capítulo aparte merece la Conferencia dictada por el Padre Javierre sobre la Santa Ángela de la Cruz, en la que se llenó totalmente la nave del Sagrario, cosa normal si tenemos en cuenta el prestigio del ponente. Motivo de alegría para esta Hermandad es que, pesar de contarse en la organización de estos actos con muchas personalidades foráneas, todos acudieron a Burguillos fieles a su compromiso con nosotros. Todavía en este apartado, reseñar que el pasado 17 de mayo tuvo lugar el Primer Encuentro de Grupos Jóvenes de Hermandades del Rosario de la Diócesis de Sevilla, en el que contamos con la intervención de D. José Miguel Núñez Moreno, delegado de Pastoral Juvenil S.D.B. Lamentablemente, esta iniciativa no contó con el apoyo esperado y sólo asistieron nuestro Grupo Joven y el de Carrión de los Céspedes. A pesar de ello, todo transcurrió felizmente y la jornada de convivencia en la Madroña resultó inolvidable, comprometiéndose la juventud carrionera a organizar el Encuentro del próximo año.
     Por lo que respecta a los conciertos, tuvieron lugar dos: uno de marchas procesionales por la Banda de Música Ntra. Sra. de las Nieves de Olivares y otro de piano, a cargo del joven interprete local D. Antonio Caballero Fernández. Destacar que la Banda de Olivares estuvo dirigida por D. Manuel Granados Rodríguez, conocido por todos ya que, desde pequeño acudió a Burguillos, pues de aquí era su madre.
     Centrándonos en el apartado de los Cultos Extraordinarios, aparte de la Peregrinación a San Benito (analizada en otro artículo de este Boletín), se situaron todos en la última semana de Mayo, mes de María. Así, desde el 29 al 31 tuvo lugar el Solemne Triduo, predicado por D. Francisco Alegría Mellado, Vicario Inspectorial Salesiano y N.H.D. Juan Carlos Pérez Godoy, Inspector Salesiano. En el último día de Triduo celebramos el Besamanos a la Virgen, que aparecía dispuesta en el mismo Altar de la Novena. Siguiendo con el relato cronológico de tan inolvidables acontecimientos, el 1 de junio de 2003, a las 8 de la tarde comenzaba el Rosario Público presidido por Ntra. Sra. del Rosario, engalanada para la ocasión con su ajuar de salida y entronizada en unas andas, especialmente construidas para la ocasión, en las que se aprovechaban elementos ornamentales del Paso. Muy comentado y elogiado fue el realce que proporcionaba a la Imagen la nube que actualmente sirve de pedestal en el Altar del Sagrario y que ahora se situaba sobre la peana dorada. Los misterios del Rosario se rezaron en los siguientes lugares: Calle Real esquina con Calle Portugal, Calle Antonio Machado esquina con Calle Los Palmeros, Avenida Cruz de la Ermita esquina con Calle Cádiz, Calle Virgen del Rosario esquina con Calle Gustavo Adolfo Bécquer y Puerta de la Iglesia, contando en todo momento con el acompañamiento musical de la Banda Ntra. Sra. del Valle de Burguillos. Al llegar la comitiva a la Calle Virgen de la Fuentecilla, se procedió a la ceremonia de colocación de la primera piedra de nuestra futura Casa de Hermandad en el solar que ha cedido el Excmo. Ayuntamiento de Burguillos. En este acto, presidido por la Stma. Virgen, contamos con la presencia de D. José Juan López, Alcalde de Burguillos, D. Juan Manuel Pérez Sánchez, D. Manuel Pérez Cabrera, D. Pablo Pérez Giráldez y D. Miguel Pernía Sánchez, en su calidad de Hermanos Mayores que han sido de esta Corporación, y de D. Francisco Reina Chía, Cura Párroco de Burguillos. Tras introducir el cofre con objetos alusivos al emotivo momento en la arqueta dispuesta al efecto, tomó la palabra el Alcalde de la localidad que en sentida alocución confesó dejarse guiar por los sentimientos al tener justo al lado a la Madre de los burguilleros. Cerró el acto quien esto firma para destacar que lo verdaderamente importante era el valor simbólico de un hecho incontestable: tras tres siglos largos de historia los hijos de Burguillos seguían reuniéndose y concitando proyectos en torno a su Patrona, la Stma. Virgen del Rosario. Cerca de la una y media de la madrugada, tras una tarde noche pletórica de fervor mariano y en la que la Procesión estuvo siempre rodeada de un gran cantidad de fieles, entraba la Virgen en la Iglesia, habiendo cumplido por enésima vez su tarea evangelizadora en el pueblo que tanto la quiere y venera.
     Siendo el presente artículo un apretado resumen de lo sucedido en este Año del Rosario, también va a ser al final un anuncio gozoso de lo que ha de venir como colofón espléndido a este ejercicio, pues el próximo domingo 28 de septiembre tendrá lugar en la Iglesia un Solemne Acto en el que se le impondrá a la Virgen el Bastón de Mando representativo de su recién adquirida condición de Alcaldesa Perpetua de la Villa de Burguillos, ceremonia en la que contaremos con la participación de la Banda de música de la Cruz Roja Española de Sevilla y en la que, de nuevo, intentaremos seguir el dictado de nuestras Reglas que ordenan proporcionar la mayor gloria en esta Tierra a Nuestra Soberana Titular, la Stma. Virgen del Rosario.
MIGUEL VELÁZQUEZ PRIETO"


lunes, 25 de mayo de 2026

Hemeroteca: Detenciones de varios burguilleros, según las noticias aparecidas en el periódico "El Día de Madrid", del 26 de febrero de 1912

     Mostramos en "Historia de Burguillos" la noticia recogida en "El Día de Madrid", editado en la capital del reino, sobre las detenciones de varios burguilleros, y publicado el 26 de febrero de 1912, y que se conserva en el archivo de la Biblioteca Nacional de España.
   "El Día de Madrid", es continuación de El día que fundara Camilo Hurtado de Amézaga (1827-1888), tercer marqués de Riscal, en 1880, que a partir del 6 de abril de 1908 adopta este título, siguiendo la secuencia numérica de su predecesor, bajo la dirección y gerencia de Francisco del Pino, que había sido uno de sus redactores a finales del siglo XIX. Después le acompañará Félix Bernardo de Quirós, como administrador del rotativo, de carácter monárquico y católico y que integrará el grupo de prensa española de tendencia germanófila durante la primera guerra mundial.
     Diario típicamente noticiero, que continúa publicando la sección habitual ‘Nota del día’, especie de columna de opinión sobre la actualidad, que escribirá Abel Imart, uno de los escasos periodistas de su redacción, junto a A. Balbín, y que posteriormente se denominará ‘De ayer a hoy: notas políticas’. En esta segunda etapa, el diario reducirá sus fondos doctrinales, y sus textos, exentos la mayor parte de de firma, acaso de iniciales o algún seudónimo, serán en su mayor parte breves sobre actualidad política, económica, comercial, industrial y financiera, publicando las cotizaciones de la bolsa de Madrid, junto a noticias del extranjero y de provincias, así como de espectáculos (teatro y cine), deportes, sucesos, tribunales, parlamentarias y gubernamentales, religiosas, del movimiento obrero y generales, una revista literaria, el clásico folletín y un buen número de anuncios comerciales, que hacían de este diario una empresa rentable. También publica algunos textos de creación literaria, preferentemente cuentos, apareciendo Emilia Pardo Bazán como una de sus firmas.
     Subtitulado como “diario político neutral”, estampa bajo su cabecera la leyenda “seguros, comercio, industria, agricultura, banca e intereses nacionales”, que refleja sus contenidos y su no adscripción política partidaria. Se imprime en números de cuatro páginas y a cinco columnas, y en 1916 será continuado, de nuevo, por la cabecera El día, iniciando su tercera y última y distinta etapa.
   Pues bien, en una de sus páginas de la edición del 26 de febrero de 1912, en la tercera columna, en su parte inferior, en la que se publican varias noticias, aunque la que nos interesa fundamentalmente a los burguilleros, es las relacionadas con la provincia sevillana, sobre las detenciones de varios burguilleros, y que pasamos a transcribir íntegramente:


Noticias generales
Sevilla:
    Una pareja de la Benemérita del puesto de Mairena del Aljarafe, ha detenido á siete individuos, vecinos de Burguillos, por haberlos sorprendido colocando estacas en la carretera de Sevilla á Villamartín con intención de impedir el tránsito de vehículos.
     - En Burguillos ha sido detenido por la Benemérita, Francisco Prieto, presunto autor de las heridas que sufre su convecino Julián Romero.  

   Unas noticias nada agradables para la historia de nuestro pueblo, que lamentablemente fueron de alcance a nivel nacional.

lunes, 18 de mayo de 2026

Bibliografía: Descripción de Burguillos en la "Enciclopedia General de Andalucía", editado por C&T Editores, en 2004

     Mostramos en "Historia de Burguillos" la descripción que de nuestro pueblo se hace en la "Enciclopedia General de Andalucía", Tomo 4 Ba-Ca, publicada en 2004 por C&T Editores.


   Pues bien, en sus páginas 1640-1641, encontramos en una página a dos columnas el artículo dedicado a nuestro pueblo. La descripción de nuestro pueblo, que pasamos a transcribir literalmente, completando entre paréntesis la explicación de las abreviaturas:



     BURGUILLOS. (SE) [Sevilla]. Municipio de 3.737 h. y 43'1 km2 de extensión, situado a 23 km. de la capital, en la zona de transición entre la Vega del Guadalquivir y la Sierra Norte de Sevilla. Aunque cerca del pueblo existen ruinas romanas, su origen urbano no parece consolidarse hasta la Edad Media. Su topónimo proviene de burgo, palabra del castellano medieval, que significa pueblo. Probablemente la habitan tribus árabes antes de la reconquista, aunque no quedan restos de su presencia. Sus habitantes se dedican especialmente a la agricultura, por ser zona de abundante regadío -cultivo de algodón, espárragos, maíz, melocotón, remolacha y trigo-. De su conjunto monumental destaca la iglesia parroquial de San Cristóbal. Celebra las fiestas patronales en junio. Del 6 al 9 de octubre se festeja la tradicional romería a la Sierra del Coto, en honor de la Virgen del Rosario. Desarrolla un tipo de turismo rural y cinegético. Su población se halla, a comienzos del siglo XXI, en crecimiento, con ligera inmigración e incipiente desarrollo industrial.


   Es un texto con multitud de errores lo que denota el horrible trabajo de campo realizado ya que podemos decir, entre otras cosas, que por supuesto las Fiestas en honor de la Virgen del Rosario transcurren en el fin de semana coincidente con el primer viernes de octubre. Si puede resultar curioso para algunos que en aquellas fechas las Fiestas de San Cristóbal solían coincidir con la festividad de Santiago apóstol.

lunes, 11 de mayo de 2026

Callejero de Burguillos: La calle Hermanos Álvarez Quintero

     Mostramos en Historia de Burguillos una reseña e imágenes de la calle Hermanos Álvarez Quintero, en Burguillos, aprovechado que hoy, 11 de mayo, es el aniversario de la inauguración (11 de mayo de 1927) de la glorieta de los Hermanos Álvarez Quintero, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.


     La calle (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos).
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo al centro geográfico de la localidad, o del Ayuntamiento, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Está dedicada a los Hermanos Álvarez Quintero.


Conozcamos mejor la Biografía de los Hermanos Joaquín y Serafín Álvarez Quintero, a quienes se les dedicó esta vía del callejero burguillero;
     Joaquín Álvarez Quintero, (Utrera, Sevilla, 21 de enero de 1873 – Madrid, 14 de junio de 1944). Escritor y dramaturgo.
     Autor dedicado especialmente al teatro, junto con su hermano Serafín, a quien sobrevivió algunos años, prolongando un tipo de literatura que nunca quiso firmar en solitario, sino manteniendo el nombre de quien fue su compañero inseparable de vida y obra.
     Todos los datos referidos a la infancia, al ámbito familiar, a la educación en Sevilla, al traslado a Madrid, a las primeras armas como dramaturgo y periodista y, en definitiva, a la vida metódica y austera que se pueden referir de Joaquín coinciden totalmente con lo reseñado en la entrada: Álvarez Quintero, Serafín.
     La soltería de Joaquín fue una de las escasas diferencias que se puede señalar frente al casamiento de escasa duración de su hermano. En todo, prácticamente, fueron como dos líneas paralelas: los documentos civiles y legales que les afectaban llevaban las firmas de ambos, así como era doble el membrete de sus cartas, y hasta en el emblema de piedra que figuraba en el dintel de la casa de recreo que poseyeron en El Escorial aparecía una nave bivelera, como símbolo de una singladura común y simultánea en el tiempo (hasta 1938 y aun después, como lo quiso la lealtad fraterna de Joaquín). No obstante, dicen los que los conocieron y trataron que si Serafín era la parte vehemente, extrovertida, acogedora de la pareja, Joaquín era más tímido, más reconcentrado y reflexivo, menos efusivo y, tal vez, de un talante más estoico que su hermano. En 1925 alcanzó, como su aquél, un sillón en la Real Academia Española, en la que fue recibido por Azorín. En el discurso de ingreso Joaquín Álvarez Quintero hizo un enjundioso ensayo sobre la figura del “dramaturgo” en el ámbito literario español, pues para él, y remendado lo dicho en un famoso artículo de Larra sobre el faccioso, “el poeta dramático es planta que nace espontáneamente, y arraiga, crece y se desarrolla en España con pasmosa facilidad. No ha menester cultivo alguno, ni la agostan o pierden rigores de sol ni del agua, cierzos ni vendavales”. Y para demostrar esa casi innata proclividad del español a escribir teatro, el menor de los Quintero esbozó un recorrido por los grandes maestros de nuestra literatura dramática, para concluir que el mayor riesgo que tiene el teatro radica en los espontáneos poetas que llaman continuamente a la puerta de empresarios, de actores y hasta de dramaturgos consagrados, pidiendo el patrocinio, la recomendación o la oportunidad para espantosos dramones que, afortunadamente, jamás habrán de representarse. Por ello mismo abundan entre sus personajes los que tienen tanto empeño en ser dramaturgos como escaso talento para ello.
     Un cáncer intestinal acabó con la vida del menor de los Álvarez Quintero. Unos meses antes de su óbito tuvo ocasión de enhebrar algunos versos que sabían a elegía personal y a recuento autobiográfico, tomando como confidente el símbolo del reloj (“El reloj del comedor”) a modo de clásico emblema de la huida de la vida por el agujero del tiempo: “Compañero incansable / amigo indiferente / que has glosado mi vida / con un tic-tac perenne; / una voz que tan sólo / mi corazón entiende / me asegura que está cerca / el punto en que te deje”. En solitario Joaquín estrenó doce comedias, algunos entremeses, una ópera y una zarzuela.
     Tras la muerte de Joaquín Álvarez Quintero, llegaron los homenajes populares y multitudinarios a los dos hermanos, empezando por una lápida del escultor Mariano Benlliure colocada en la casa madrileña en donde vivieron y costeada por suscripción popular. Pero ya en vida de ambos recibieron otros honores, como la glorieta en su honor abierta en el parque sevillano de María Luisa, y en 1934 un gran homenaje nacional que se plasmó en un espléndido álbum con pinturas y esculturas inspiradas en sus muchos personajes femeninos y cuya venta sirvió para financiar el monumento que se levantó en el madrileño parque del Retiro.
     Tal vez la nota que mejor define y más directamente caracteriza, de una rápida ojeada, el teatro de los Quintero es su “andalucismo”, que se nota por doquier a partir del entremés El ojito derecho. Y ese “andalucismo” consiste en sacar a escena personajes que claramente encarnan tipos característicos y genéricos de aquel ámbito regional, que ni el nombre propio necesitan para funcionar perfectamente del “vendedor”, del “comprador”, del “corredor”, etc. A ello se suma la utilización de un habla dialectal plagada de diminutivos, a la que les supieron sacar el máximo efectismo connotativo a través de numerosos refranes, expresivas locuciones, frases hechas, modismos, etc. Y junto a los recursos verbales (los dramaturgos insistían en la necesidad de que los actores hablasen “con pronunciación andaluza, más o menos acentuada, según su clase y condición”), los lugares en que transcurre la acción y sus ambientaciones que también contribuyen eficazmente a ese “andalucismo escénico”. El patio entre los preferidos, con su ojo al exterior, a la calle, al mundo, que es la reja. Y en la medida en que va cambiando el aspecto de ese patio es que va cambiando el paisaje anímico, interior, de sus personajes. Un ejemplo elocuente por demás y resumidor de otros muchos espacios escénicos equivalentes se encuentra en el que sirve de lugar escénico a la comedia El genio alegre. Severo, casi triste en su decoración al empezar la obra (“pocos muebles: entre ellos un arcón, un banco, dos sillones y una mesa frailuna.
     Decoran las paredes retratos al óleo de los ilustres antepasados de la familia, dos de los cuales son un fraile y una monja”), se va tornando en lugar risueño, alegre, especialmente florido como indicio del paso por allí de la optimista, joven y alegre Consolación, de modo que al empezar el último acto de la comedia se lee en la primera acotación: “Los severos sillones han sido sustituidos por sillas de paja y mecedoras de rejilla; donde estaba el arcón hay un piano; por doquiera hay plantas y flores; en los arcos, macetas colgantes. Corre el surtidor de la fuente, diciendo cosas peregrinas”. 
   Geográficamente la Andalucía recreada por los Quintero (que tiene no poco de producto de laboratorio, con su porcentaje de impostación y de pastiche) corresponde preferentemente a Sevilla y, con mayor amplitud, al valle del Guadalquivir (el triángulo Sevilla-Huelva-Cádiz), más concretamente a los pueblecitos que atraviesa la línea férrea Sevilla-Cádiz, entre los que naturalmente figura su natal Utrera, aunque en todos los casos evitan topónimos reales y los sustituyen por otros inventados y deliberadamente eufónicos, como Guadalema. Y se procura, en lógica consecuencia, que los personajes piropeen ese espacio geográfico referencial para ir poco a poco idealizándolo en un recreado locus amoenus situado en el suroeste de España. Así podía comentar el madrileño don Floro después de pasar unos días en la capital andaluza, que “estar en Sevilla y estar entre amigos, son la misma cosa. Si la amistad tuviese casa solariega, la tendría en Sevilla” (del entremés Los marchosos).
     Los Quintero quisieron construir un casticismo andaluz como Arniches lo estaba haciendo con el casticismo madrileño. Y cuando la obra que tienen entre manos se ambienta en lugar distinto al andaluz, el comportamiento y la reacción de sus personajes es similar a los que tienen los “personajes andaluces” más genuinos, de modo que los Quintero fueron “quinterianos” (valga la tautología) dentro o fuera de su ambiente más propio. Con Andalucía quisieron identificar un mundo cristianamente bien hecho; pero, desde su falso naturalismo, ignoraron a toda costa la realidad social de señoritos ociosos junto a la explotación y marginación social de jornaleros, gañanes y criados. Por ello, precisamente, hoy tiene más interés el teatro menor de los Quintero, por la gracia personal que supieron imprimir a los diálogos de los tipos que allí aparecen, que sus comedias, con argumentos, propuestas moralizantes e infantil optimismo ya anacrónicos, como señaló oportunamente Luis Cernuda.
     En esa modalidad teatral son dignos de citarse Los piropos, La zahorí, Mañana de sol, Los chorros de oro, Las buñoleras, Sangre gorda, Solico en el mundo, Rosa y Rosita, El cerrojazo, Los ojos de luto, La niña Juana, El descubrimiento de América, La sillita y un largo etcétera.
     En la “instantánea” que es, en esencia, ese tipo de pieza, tiene un total protagonismo y toda la razón de ser el cuadro costumbrista que los Quintero recuperan, parcialmente, en su teatro.
     En diversas declaraciones sobre su modo de entender y practicar la tradición del sainete, los Quintero insistían en su propósito de ser fieles, casi fotográficamente, a una serie de tipos y de ambientes existentes, documentados y observados con la misma precisión que cordialidad. “Nosotros estudiamos los tipos de la vida humana, cultivamos su amistad, los observamos y los dibujamos luego [...]. Aspiramos a llevar la verdad a la escena, sin restricciones convencionales [...].Para que las personas de una comedia interesen tanto como las de la vida es indispensable que con ellas se conozcan también la casa en que viven, las gentes que tratan, el pueblo en que luchan, el aire en que se mueven [...] Prescindir de todo esto equivale a pintar las principales figuras de un cuadro, dejando en blanco el fondo del lienzo.” Pero, pese a su declaración de principios, los textos más sobresalientes de su obra están muy lejos de ese verismo documental de que alardeaban los sevillanos; al contrario, como señaló E. García Gómez, poco hay de dramaturgos realistas en los Quintero, “sino grandes estilizadores, creadores de un mundo propio”, desrealizando, por idealista falseamiento, el principio de un teatro-espejo de realidades colectivas y de conflictos individuales. Sus comedias “son espejos de luna normal, ligeramente empañados —apostillaba García Gómez— que colocados estratégicamente para obtener una serie de refracciones y reflejos, modifican ligeramente la realidad andaluza, pero nunca en el sentido de la cruel caricatura, sino al revés, en el de la nostalgia sublimadora, hasta obtener plásticamente una imagen quintaesenciada”.
     El teatro de los Quintero junto al de Benavente y Arniches, fue durante más de veinte años, si bien con marcadas diferencias, el teatro preferido por la burguesía española y con el que mejor se identificaba. La abundante obra de los hermanos de Utrera ocupó un punto intermedio y equidistante entre el teatro benaventino y el arnichesco, sin llegar a la maestría que hay en tantas piezas de don Jacinto de los primeros años del siglo ni a la frescura de los sainetes del alicantino ni a la modernidad de sus “tragicomedias grotescas”.
     Las comedias de los Quintero ahondan mucho menos su crítica en aquella burguesía terrateniente y en buena parte ociosa como hicieron Benavente y Arniches, pues desde siempre plantearon y solucionaron los conflictos desde una posición paternalista excesivamente comprensiva y bondadosa. Es cierto que en los más de doscientos títulos de los Quintero no hay una comedia que se compare con La noche del sábado, Rosas de otoño o La Malquerida ni un sainete que se acerque a la crítica social explícita en otros sainetes de Carlos Arniches como La pareja científica, El zapatero filósofo o La risa del pueblo.
     Comedias y sainetes son las dos variedades principales en las que se diversifica la amplia producción de los Quintero, pero advirtiendo que es una diferencia más aparente que real, basada antes en lo cuantitativo que en lo cualitativo, y los primeros críticos atentos que tuvieron —como Manuel Bueno— así lo señalaron, porque la dosis de sainete que los dos hermanos pusieron en la mayoría de sus comedias largas fue muy grande, hasta el punto de que tales comedias, reducida su acción al mínimo esencial, apenas sin conflicto planteado ni desarrollado, más parecen una sucesión de situaciones entremesiles, de sucesivos sainetes zurcidos, que una comedia coherentemente planificada y desarrollada; lo que naturalmente no quiere decir que sea una regla sin excepciones (como lo vendrían a ser El genio alegre, Puebla de las mujeres, Doña Clarines o Nena Teruel). Un teatro más de contrariedades que de auténticos conflictos, un teatro que jamás se deja influir por el panorama histórico lleno de alteraciones turbulentas y dolorosas que les tocó vivir como españoles. Un teatro que parece escrito desde un gabinete con las ventanas tapiadas.
      Ya fuera en la modalidad del texto largo —comedia— ya en la del corto —sainete, juguete cómico— los hermanos Álvarez Quintero fueron madurando una fórmula teatral que, una vez encontrada y fijada (en torno a 1918 o 1920) evolucionó poco, salvo en aquellos aspectos puntuales que la afianzaban en un éxito seguro (los fracasos de sus estrenos, aunque los hubo, fueron escasos y casi siempre compensados con éxitos cuando la pieza en cuestión cambiaba de ciudad y de teatro). Lleva mucha razón el crítico Marqueríe en esta apreciación: “lo cierto es que entre el primer estreno quinteriano y los últimos no hay más diferencia sustancial que la que atañe a pequeños detalles de mecánica escénica o la superación de apartes y monólogos abusivos. Pero la fidelidad al costumbrismo naturalista se mantiene de un modo íntegro y absoluto”. Y otro observador de nuestro teatro, desde dentro y desde fuera, el dramaturgo y ensayista J. M.
     Rodríguez Méndez, se preguntaba hace algún tiempo por qué el teatro de los Álvarez Quintero alcanzó un éxito tan popular y constante durante cuarenta años largos (y todavía alguna reposición —como una reciente de Las de Caín— lo refrendó) y se respondía con el siguiente razonamiento: “es en este detallismo minucioso, puramente ornamental, en este costumbrismo meticulosamente observado, en esta trama sentimental, en la contraposición del tema doméstico al gran tema pasional, en el pintoresquismo (muchas veces abusivo) de los personajes y en el ‘lenguaje’, donde vemos las más decisivas razones del éxito popular de los hermanos Quintero”. 
   Además del teatro, los hermanos Álvarez Quintero fueron autores de una obra miscelánica en prosa y verso que se edita en el último volumen de sus Obras Completas, en donde se recopilan cuentos, cuadros de costumbres, confesiones autobiográficas, retratos de actores y actrices que representaron su teatro o de diversos autores, pintores, músicos, escultores y arquitectos; una amplia lista de artículos periodísticos, autocríticas de sus obras teatrales, diversos discursos (desde los académicos hasta los pronunciados en banquetes y homenajes propios y ajenos), argumentos de películas y un buen manojo de versos. Y para confirmar el hondo sentido de la relación fraternal que tenían estos escritores, buscaron un hueco para recoger en el final de las miles de páginas de su obra una antología de la obra literaria de un tercer hermano, Pedro Álvarez Quintero.
     La mayoría de las obras teatrales de los hermanos Álvarez Quintero se editaron, casi a la vez que se estrenaban, por la Sociedad de Autores Españoles. Sólo se recogen a continuación diversas compilaciones de este teatro y algunas ediciones recientes anotadas y comentadas de ciertas piezas (Gregorio Torres Nebrera, en Biografías de la Real Academia de la Historia).






     Serafín Álvarez Quintero, (Utrera, Sevilla, 26 de marzo de 1871 – Madrid, 12 de abril de 1938). Escritor y dramaturgo.
     Escritor especialmente dedicado al teatro de humor y de costumbrismo andaluz, junto con su hermano, Joaquín, con el que firmó toda su producción, desde el primer título hasta su muerte, e incluso aún después de producirse el óbito, su nombre siguió figurando al lado del de su hermano por generosa decisión de éste.
     Como bien dijo Azorín en el discurso académico en el que le daba la entrada en la Real Academia Española al otro hermano, Joaquín, es “imposible separar, en el campo del arte, las vidas de los dos dramaturgos”.
     Nacido Serafín en un ambiente burgués, acomodado, pero pueblerino, a los siete años el obligado traslado familiar —por quebrantos económicos— le lleva a la capital de Sevilla (en donde él y los suyos fueron vecinos de la popular Alameda de Hércules) y a recibir allí una educación conducente a prepararle en unos gustos y unas actividades artísticas que tendrán su reflejo en una abundante obra literaria, hecha de consuno con Joaquín. Y así, en un periódico local llamado El Perecito (que dirigía Leoncio Lasso de la Vega) los dos hermanos Álvarez Quintero publicaron, firmadas por separado, sus primeras creaciones, propias de adolescentes, que consistían especialmente en atrevidillos versos festivos y circunstanciales, mientras cursaban el bachillerato en el Instituto Provincial, como este soneto “A una nariz” que es un provechoso aprendizaje en Quevedo convertido en galante piropo: “Porción divina de materia humana; / humana forma de troquel divino; / breve parte de un rostro femenino / de rosas hecha, de jazmín y grana”. Su mentor literario de aquellos comienzos juveniles se llamó Manuel Díaz Martín, periodista, bohemio y folclorista además de cronista político del periódico antes citado. Y es también el momento de iniciarse en la escritura teatral que, andando el tiempo, le daría a Serafín —como a Joaquín— gloria universal: en los meses de enero y mayo de 1888 logran estrenar en el sevillano Teatro Cervantes sendos “juguetes cómicos” titulados, respectivamente, Esgrima y amor y Belén 12, principal. Quizá las lecciones de esgrima que impartía en Sevilla el padre de Serafín para ayudar a la, entonces, menguada economía familiar pudieron influir, en alguna medida, en la situación inventada en aquella primeriza pieza teatral: el equívoco que se crea entre el pretendiente de una señorita, hija de un maestro del arte de batirse a espada, y un accidental alumno que va a aprender el modo de resolver un duelo a florete por una causa baladí. En verdad, y como lógico punto de partida, el teatro de los Quintero se aprovechaba de las situaciones básicas de enredo en que se había sustentado la comicidad del teatro de finales del siglo xix (debido a autores como los hermanos Asquerino, Rodríguez Rubí o Sánchez Pérez, que, además, ya ofrecían una Andalucía pintoresca que los autores de Utrera vendrán a depurar y perfilar con mayor gracejo) como la de confundir a una persona por otra, con los equívocos consiguientes, que es la situación motriz de esos dos primeros títulos citados y de otros varios que se nombran más adelante. En un muy breve apunte autobiográfico publicado en el número 17 de la revista Alma Española (1904) se puede leer que “de niños, alternando con los estudios y con las primeras tentativas teatrales, padecimos verdadera monomanía periodística. Fundamos periódicos de todos matices y colores, manuscritos unos, hechos otros con papel de calcar, en pasta gelatinosa otros, y otros, últimamente, impresos ya como Dios manda”.
     Y unos párrafos más adelante, en el mismo texto, han de reconocer ambos hermanos que esa irrefrenable, y adolescente, vocación periodística hizo que “cuando nos trasladamos a Madrid a pelear por la gloria y por la vida, nuestro primer acto de alguna importancia fue fundar uno [un periódico], de triste y tormentosa existencia, pero de noble y legítimo ideal”.
     En 1889 sucede el traslado de Serafín, con su familia, a Madrid, en donde él, junto con su padre y su hermano, encontrará acomodo en el Ministerio de Hacienda, rehaciéndose de esa forma, y en buena parte, la dificultosa situación de la economía familiar.
     En ese mismo año, Serafín y Joaquín entran en contacto con el actor Emilio Mesejo, a quien convencen de que les represente, ¡nada menos que en el Apolo!, el juguete cómico Gilito, obra en un acto que se estrenó el 25 de abril de 1889, aunque sólo hubo tiempo para tres representaciones. Pero con ellas bastó para que Serafín —y Joaquín— Álvarez Quintero iniciaran una larga y exitosa carrera teatral que duraría hasta mediados de los años cuarenta del siguiente siglo, si bien es cierto que, tras las representaciones del citado “juguete cómico”, hubo un paréntesis de cinco años hasta que se produjo el siguiente estreno, que llegó en la reanudación de la temporada 1893-1894, tras el obligado parón de las compañías por Semana Santa: La media naranja, otro “juguete cómico” que se representó en un teatro de mayor prestigio social como era el Lara. Mientras, en ese entreacto de silencio forzoso, fundan ambos hermanos el semanario El Pobrecito Hablador (en donde colaboraron bajo el seudónimo El Diablo Cojuelo, que abarcaba a ambos) y Serafín se ganaba unas pesetas de sobresueldo como copista y como lector de las obras del afamado sainetista y libretista de zarzuelas Miguel Ramos Carrión.
     La racha de estrenos casi ininterrumpidos se logra a partir de 1897 —El tío de la flauta, El ojito derecho y La reja—; de la penúltima pieza escribió elogios Clarín, buena opinión de aquel teatro que el severo crítico de entonces ratificó en carta personal a los autores a propósito del siguiente estreno, el sainete La buena sombra (estrenado, con música del maestro Bru, en el Teatro de la Zarzuela a comienzos de 1898: “Acabo de leer de un tirón su Buena sombra [...]. Me he reído hasta ponerme malo. Todo es graciosísimo, natural, andaluz de veras, y el segundo cuadro, sobre todo lo que dice Triquitraque al dejar la reja, cosa superior. Un sainete así honra el teatro español y el genio español. Abundancia y fuerza de ingenio, que es lo que menos se tiene hoy, son las notas principales de La buena sombra, en la que es admirable prosa y verso”. Sorprende el éxito tan considerable de un teatro tan amable como escapista, precisamente en los años preocupantes de la crisis finisecular. Los dos dramaturgos pusieron entre paréntesis el mundo circundante al escribir la mayor parte de sus obras, ya que en ellas no se advierte ni de lejos los importantes sucesos y los definitivos cambios que marcaron la vida y la historia española durante aquel primer tercio largo de siglo, desde la pérdida de las colonias ultramarinas hasta la Guerra Civil, pasando por la dictadura primorriverista o la primera Gran Guerra. Cuando, tras el dramático paréntesis del 36 al 39, vuelven los textos de los hermanos (aunque debidos ahora a una sola pluma) a las carteleras madrileñas, es como si no hubiese pasado nada, y la sociedad y los problemas que se presentan —ya sea ambientados en Andalucía o en Madrid— siguen siendo idénticos a los de 1920. Y eso que en alguna ocasión Serafín y Joaquín reconocieron que el escritor no debía dar la espalda a la inquietud o a la preocupación política, aunque no manipulada de partidismos; fue en la intervención escrita para el homenaje a Alejandro Casona con motivo del éxito de Nuestra Natacha (1936): “huir de esta política de la que nos lleva a pensar gravemente en el porvenir de nuestra patria es en los actuales momentos deserción de un deber inherente a todos, y vale tanto como querer esquivar la sombra del cuerpo”. Pero, desde luego, nunca siguieron lo predicado en su teatro.
     En 1899 muere el padre de Serafín, y al año siguiente, en el gozne de dos siglos, llega uno de sus títulos más festejados, El patio, al tiempo que se abre, entre 1900 y 1920, el período más brillante y destacado de todo el teatro de Serafín y de Joaquín, arte unido, sin indicio de distingo alguno, a los dos nombres, de forma inseparable. Ya dejó dicho en 1926 el gran hispanista francés E. Mérimée que de todos los ejemplos de colaboración entre dos autores que recoge la historia de la literatura, ésta de los Álvarez Quintero fue seguramente la más completa, la más absoluta y la más ininterrumpida. Colaboración que no se cortó en 1905, cuando Serafín decide contraer matrimonio con la señorita onubense Dolores Sánchez Mora, unión fallida pronto por ataques de celos de la esposa, seriamente enferma, y que se resuelve con el fallecimiento de la misma dos años después de las nupcias.
     El patio es una preciosa y casi eglógica pintura —se trata un teatro directamente derivado del costumbrismo decimonónico— de un típico patio sevillano y de las gentes (estereotipos por norma) que allí conviven.
     Sobre el cañamazo de una historia de desamor que sabe resolver la protagonista con la ayuda eficaz de un espacio escénico que viene a ser sucedáneo del hortus amoenus clásico, topos que Serafín y Joaquín reiterarán en no pocas obras posteriores. La cuarteta que remata los dos actos de esta comedia define muy bien su filosofía y la de buena parte del teatro quinteriano: “Ya veis que nada hay mejor / que un patio de Andalucía / para borrar en un día / desavenencias de amor”. La otra pieza igualmente celebrada de 1900 fue Los galeotes, en la que se transpone al ámbito de un quijotesco librero madrileño la historia de ingratitud y de picaresca del conocido pasaje cervantino que da título a la obra y por la que recibieron el Premio Piquer de la Real Academia Española.
     Y así, entre 1900 y 1920 se concentró la producción teatral de los Quintero (un total de ciento doce títulos, escritos preferentemente entre Fuenterrabía y El Escorial, lo que suponía un 56 por ciento de toda su bibliografía teatral que alcanzó a los doscientos títulos entre comedias, sainetes, pasos de comedia, libretos para zarzuelas, dramas, juguetes cómicos, apropósitos, etc., y hasta tres libretos para ópera) a través de una gama completa de los diversos géneros y subgéneros escénicos, pues en tan larga lista se pueden señalar melodramas como Las flores (1901; la pasión amorosa que ni el desamor puede acallar), La casa de García (1904; acerca de las desuniones familiares y, para compensar, el apoyo incondicional de quien no está obligado por exigencias de la sangre: ¿tal vez eco de El Abuelo de Galdós, autor al que tan devotamente admiraron los dos hermanos?) o Malvaloca (1912; uno de los títulos más recordados y representativos de este teatro: el amor que redime individualidades, aunque se tenga que plegar a la moral convencional o coercitiva de los otros); comedias amables, de final aleccionadoramente feliz, como La escondida senda (1908; joven descarriado que descubre en “Valle Sereno” la paz espiritual a la que aspiraba Fray Luis en su “vida retirada” y que naturalmente la encuentra en una mujer que, para los Quintero, es el emblema resumidor de la armonía consigo misma y que ayuda al varón con su beneficioso influjo —no en balde el personaje se llama María Luz—); y también Las de Caín (feliz argumento de 1908 llevado luego al cine en 1957), comedia en la que el público asiste a las simpáticas artimañas de un honrado profesor de lenguas vivas para cambiar la soltería de su dilatada prole femenina por ventajosos y felices matrimonios; una propuesta —con el enredo consiguiente— que tiene su correlato alternativo en la comedia de 1926, Las de Abel, reverso de la anterior, pues ahora es un grupo de muchachas que defienden su voluntaria soltería antes de exponerse a matrimonios de conveniencia nada fiables. Doña Clarines (1909) nos presenta uno de los mejores personajes femeninos de todo el amplio elenco ofrecido por este teatro. Una dama tan aparentemente autoritaria como profundamente tierna y comprensiva que, partiendo de desgraciadas experiencias amorosas, se erige en conciencia correctora de curiosos ámbitos comunitarios como el de Guadalema, que es la versión, más amable y costumbrista, de la Moraleda acuñada por el teatro benaventino como ejemplo de la pusilánime ciudad de provincias propicia a la intolerancia. Y es que el teatro ideado por Serafín y Joaquín Álvarez Quintero supo perfilar muy atractivos personajes femeninos, por lo que Azorín, en el ya aludido discurso académico, señalaba que “las mujeres dominan en el teatro de los Quintero.
     El corazón de la mujer está henchido de ingenuidad y de bondad. Un vivo e irreprimible sentimentalismo mueve a las mujeres. Sonríen y lloran al mismo tiempo”. Y por la misma razón fueron grandes actrices del primer tercio del siglo xx las que interpretaron muchas de estas obras: Rosario Pino, Carmen Cobeña, Lola Membrives, Carmen Díaz, Catalina Bárcena, Margarita Xirgu, Leocadia Alba, Concha Catalá, Balbina Valverde o María Gámez... y al frente de todas ellas María Guerrero que, por ejemplo, encarnó a la Malvaloca de la comedia epónima o a la inolvidable Consolación de uno de los mejores textos de estos dramaturgos, El genio alegre, estrenado en 1906 en Buenos Aires, y ambientado en el idealizado latifundio andaluz de Sacramento Alcázar. La obra es un completo ejemplo de la comedia quinteriana de caracteres, sobre todo el de la protagonista que, haciendo honor a su nombre, incide muy positivamente sobre un lugar triste, desangelado, hasta su llegada, convirtiéndolo en un lugar presidido por la risa, las flores y, consecuentemente, el amor, a partir de la frase que reitera, definiéndolo, el personaje (y que es la síntesis de una filosofía tan vitalista como ingenua de sus autores): “¡alegrémonos de haber nacido!”.
     Convencional solución de un mundo que se presenta sin conflicto alguno, cuando el ya mencionado Azorín había publicado unas crónicas periodísticas desde la población sevillana de Lebrija, en 1905 (y un lugar parecido podría haber inspirado el imaginario lugar de la acción, Alminar de la Reina), mostrando cómo el hambre y la tuberculosis hacían estragos entre los jornaleros hacinados en los arrabales, a modo de ejemplo de una “Andalucía trágica” que los hermanos Álvarez Quintero ignoraron y callaron en todo momento. Y es que una función asumida por el teatro de los hermanos fue la de tranquilizar conciencias burguesas y conservadoras como las de los personajes que sacaban a escena.
     También Serafín, con Joaquín, aportó argumentos y diálogos a los compositores de zarzuela. Suyos fueron los libretos de La patria chica (1907; partitura del maestro Chapí), La muela del rey Farfán (1909; zarzuela infantil cómico-fantástica de Amadeo Vives), o Pitos y palmas (1932, con música de Alonso).
     El amor es el gran argumento y el omnímodo recurso del mayor número de estas obras, por no decir de su totalidad. Amores y amoríos fue otro de sus títulos más afamados de 1908 (en el que se opone el sentimiento pleno y duradero del matrimonio a las aventuras ocasionales y efímeras), y por ello mismo —además de la admiración por su paisanaje— se acercaron al sentimiento de la literatura becqueriana para glosarla en varias ocasiones: en la adaptación del relato La venta de los gatos (dada a conocer en México en 1937), y en las comedias La rima eterna (1910) y El amor que pasa (1904; la comedia de la soltería forzosa, por el horror al matrimonio de los solteros de clase acomodada de Arenales) en la que se husmea tan sólo —los Quintero rara vez profundizaron en sus temas— en los pormenores de un gineceo de Andalucía la Baja, sin llegar a las lacras sociales que muchas veces quedan antes solapadas —o incluso justificadas— que expuestas y denunciadas. También la admiración por Galdós se transfirió a su actividad teatral, pues adaptaron para la escena la novela Marianela (1916) —con la Xirgu en el reparto— y acabaron una comedia póstuma de Galdós que había quedado a medias, Antón Caballero, con Borrás en el papel estelar. Un cariño y respeto por Pérez Galdós que compartieron con otro gran novelista del xix, y andaluz como ellos, y con cuya literatura debían de sentirse profundamente identificados: Juan Valera, a quien homenajearon ambos hermanos en su comedia Pepita y don Juan (1928). Y el mito donjuanesco tampoco escapó a su contribución, aportando un tenorio ya de vuelta, maduro, que recuerda nostálgico cuántas veces fue conquistado más que conquistador y que acaba convirtiéndose en protector de las mujeres que, lejos de burlarlas, vela por su dignidad y buen nombre, porque el don Juan de la Vega de los Quintero es ya Don Juan, buena persona (1918).
     En 1920, Serafín Álvarez Quintero ingresó en la Real Academia Española, y su discurso de recepción (contestado por Ricardo León) versó sobre sus ideas acerca de la escritura teatral. Se elogia allí el diálogo como el esencial constituyente de la obra dramática, de modo que el habla peculiar que se le concede a cada personaje, su particular idiolecto, es lo que verdaderamente lo crea, y en ese sentido el mayor de los Álvarez Quintero encontraba en el rico acervo de los sainetes españoles el mejor diálogo escénico de todas las épocas, y por tanto a donde acudir para aprender ese gran reto de todo dramaturgo que se precie.
     Durante los años de Guerra Civil los hermanos permanecieron en Madrid, en donde murió durante ese tiempo Serafín, y sólo estrenaron dos títulos en tierras americanas (La venta de los gatos, en México, y Los papaítos, en Uruguay; esta segunda debió de ser de las últimas piezas en cuya redacción intervino Serafín, aunque según se dice en la autocrítica de la comedia titulada Burlona, fue ése el último texto fruto de la colaboración fraternal) (Gregorio Torres Nebrera, en Biografías de la Real Academia de la Historia).


     La calle Hermanos Álvarez Quintero está situada en el barrio de El Ejido. Es una calle que parte de la calle Gustavo Adolfo Bécquer, finalizando en la avenida de las Espigas. Tiene una longitud de 75 metros aproximadamente, siendo unidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado, y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por viviendas V.P.O. en la acera de la izquierda, mientras que la acera de la derecha es el límite del Parque Alcalde Pedro Brenes Cantón (antiguo Parque de los Poetas), vulgo "Parque del Ejido", formando parte de una zona residencial. 
     La calle Hermanos Álvarez Quintero es, históricamente, una vía relativamente moderna en el callejero burguillero, puesto que fue creada en la década de los años '70 del siglo XX, al urbanizarse esa zona del Barrio de El Ejido.