Cada lunes una nueva entrada con una noticia sobre Historia, Arte, Geografía, Bibliografía, Patrimonio, Fotografía, Hemeroteca, ... de nuestro pueblo: BURGUILLOS

Historia, Patrimonio, Arte, Bibliografía, Hemeroteca, ... sobre nuestro pueblo: BURGUILLOS

lunes, 28 de octubre de 2024

Bibliografía: Burguillos en el libro "Índice del Tumbo de los Reyes Católicos del Concejo de Sevilla", editado por la Revue Hispanique, dirigida por R. Foulché-Delbosc, Tomo LXXII, Número 141, en octubre de 1924

     Mostramos en Historia de Burguillos la reseña que se hace de nuestro pueblo en el libro "Índice del Tumbo de los Reyes Católicos del Concejo de Sevilla", editado por la Revue Hispanique, dirigida por R. Foulché-Delbosc, Tomo LXXII, Número 141, en octubre de 1924, cuyo ejemplar podemos consultar en el Archivo Histórico Provincial, de Sevilla.


     Para entender la importancia de este libro, transcribimos literalmente la introducción:







     El municipio sevillano, favorecido con innúmeros privilegios y mercedes desde la Reconquista, guarda aún en su archivo gran riqueza de documentos. Entre ellos atrajo mi atención el llamado "Tumbo de los Reyes Católicos"; al hojearlo comprendí su importancia y en la imposibilidad de publicarlo íntegro, me he limitado a formar el índice de esta colección, trabajo que ha exigido tiempo por la abundancia de materia y sin otra pretensión que la divulgar el conocimiento de tan interesantes manuscritos.
     Las cartas reales, sentencias y privilegios del municipio sevillano no estaban, en sentir de los Reyes Católicos, a tan buen recaudo ni tan fácilmente asequibles como era menester, y para remediarlo dispusieron, según nos refiere un documento del Tumbo, que Juan de Pineda, escribano mayor del Consejo, mandase hacer en treinta días, un libro de papel mayor encuadernado y en los veinte siguientes se escribiesen en él todas las cartas e ordenanças, que despues que reinamos -dice la carta- avemos enbiado a esa dicha cibdad sobre qualquier cabsa e razon que sea, e de aqui adelante escribays e fagays escrevir en el dicho libro todas e qualesquier nuestras cartas, alvalaes e çedulas que en el dicho cabildo fueren presentadas. En el comyenço del libro esté una tabla en que se haga minçion delas cartas que alli estan e sobre ques cada una, que se pueda aver razon e cuenta delas dichas cartas e hordenanças cada vez que fuera mandado (es el número 1370 de este índice. Se transcribe en el apéndice A). Esta disposición dada el 28 de Mayo del año 1492 y fielmente cumplida por el escribano mayor es el origen del Tumbo y merece elogios, pues, en su virtud podemos leer hoy, una por una, las copias auténticas y contemporáneas de todas las disposiciones de D. Fernando y Dª Isabel presentadas al Concejo de Sevilla.
     Consta el Tumbo de seis volúmenes en folio, encuadernados con tapas de madera recubiertas de piel curtida: se cierran con manezuelas de piel rematadas en broches de bronce sujetos con clavos del mismo metal. Un número arábigo indicativo del orden aparece en sus cubiertas y lomos.
     La signatura antigua puesta sobre la primitiva hoja del índice del tomo primero, dice: "Copias de privilegios en pieles 1-4-159." Todos tienen tres hojas en blanco entre la cubierta y el texto y otras tantas al final.
     Se compone el tomo primero de cuatrocientos treinta folios. Las hojas tienen 0,270 x 0,396 y el escrito 0,190 x 0,396, con número variable de líneas cuyo mínimo es de treinta y una y el máximo de treinta y cuatro. Está en blanco el folio nº 408. A las tres hojas en blanco de la cubierta sigue el índice compuesto de once hojas sin foliar encabezado con estas palabras: "Libro primero en que ay çinco años y es el primero del Señor MCCCCLXXIV años." La foliación a partir del primer documento va colocada en el ángulo superior de la derecha y es doble: una antigua, en letras minúsculas; otra moderna, puesta sobre la anterior en cifras arábigas; ambas coinciden. Comienza con el documento número tres de este índice y termina con el cuatrocientos trece del cual solo se copió el epígrafe y se repitió, escribiéndose íntegro en el tomo segundo.
     Este comprende trescientos ochenta y seis folios sin contar seis hojas en blanco tras la cubierta, y doce que forman el índice. Su encabezamiento dice: "Libro segundo delas cartas, en que ay çinco años: es el primero de MCCCCLXXX años." Comienza con el documento número cuatrocientos catorce de nuestro índice y termina con el nº ochocientos diez y nueve, pues aunque tiene el epígrafe y una línea de otro documento advierte una nota marginal de distinta letra y tinta. Está en el libro tercero. Es aplicable al tomo segundo cuanto va dicho del primero respecto a tamaño y foliación.  
     Del mismo tamaño con veinte y cinco a treinta y una líneas están escritos los cuatrocientos setenta y ocho folios del tomo tercero. En el comienzo de los once, sin foliar, que forman el índice de este tomo, se lee: "Libro terçero delas cartas y çedulas de sus Altezas, que presentaron en el muy ylustre Cabildo de Sevilla: çinco años que enpeçaron el año MCCCCLXXXVI en que están las cartas siguientes". Algunos folios como el 99 y el 159 vº, están en blanco desde la mitad. Comienza con el nº 820 de nuestro índice o sea el mismo en que terminaba el tomo anterior y allí estaba incompleto y finaliza en el 1344. Tres foliaciones tiene este volumen: la antigua en letras minúsculas que comienza en el folio CCCLXXXVIII y termina en el DCCCLXIX; la arábiga del 1 al 478 y otra en el ángulo inferior de la derecha, también en letras minúsculas coincidiendo con la anterior.
     Algo menos voluminoso es el tomo cuarto compuesto de cuatrocientos cincuenta y dos folios de veintitrés a veinte y ocho líneas. El índice abarca ocho hojas sin foliar y su encabezamiento dice: "Libro quarto delas cartas y çedulas de sus Altezas que se presentaron enel muy ylustre Cabildo dela muy noble e muy leal çibdad de Sevilla en çinco años que enpeçaron el año de mill y quatroçientos y noventa y un años en las siguientes. El folio 158 vº tiene muy poco escrito y el 159 está en blanco y lleva superpuesta una tira de papel en que se lee: "el teniente e el escrivano del Cabildo mandaron dexar estos tres pliegos en blanco (y aun lo estan) para la secutoria del Canpo de Andevalo porque está ental logar que no se puede sacar fasta quel libro se acabe". Igualmente aparece sin escribir el folio 164. Comienza en el nº 1266 de nuestro índice y el 1601 es el último documento de este tomo. Está manchado por la humedad en el ángulo superior de la izquierda.
     La hermosa letra de privilegios en que están escritos los cuatro volúmenes anteriores desaparece en el mayor de todos, el quinto, formado con quinientos catorce folios de cuarenta y seis a cincuenta y ocho líneas de letra cursiva de la época, pequeña, mal trazada y por ello así como por el uso de las abreviaturas de difícil lección. Al frente del índice sólo dice: "Libro quinto 1496" y está compuesto de 12 hojas sin foliar. Comienza en el nº 1611 de nuestro índice y termina en el 2203.
     El más pequeño de todos es el tomo sexto y último, pues sólo tiene trescientos sesenta folios de la misma letra del anterior y variando el número de líneas de cuarenta y cuatro a cincuenta. Al frente del índice, de 11 hojas sin foliar, va escrito: "Libro sesto. Año de MCCCCXVII años." Los folios 134 vº, 197, 210, 225 vº, 244 vº así como cuatro detrás del 220 aparecen en blanco; escritos sólo hasta la mitad el 197 vº y el 317 vº. No debe estar completo este tomo, puesto que comienza con un fragmento de documento con sólo la fecha (Madrid 16 de Octubre de 1502) y termina en el nº 2686 de nuestro índice: también podría atribuirse esto a desorden en la encuadernación, comprobado al menos, en otros lugares de este volumen.
     El papel utilizado en estos libros es de diversa calidad y debe proceder de fábricas distintas a juzgar por las filigranas que se entreven en su pasta: en unos aparece un pato dentro de un círculo con una letra; en otros se dibuja vagamente un pulpo y alguna vez lleva sólo un dibujo con letras.
     Fácil hubiera sido mi tarea limitándome a copiar los índices colocados al comienzo de cada tomo, pero al advertir que eran incompletos, inexactos y demasiado breves, opté por hacer papeletas de los epígrafes que preceden a cada documento con la antigua ortografía, utilizable para los filólogos, sin otra adición que poner entre paréntesis lo indispensable para comprenderlos. En los que carecían de epígrafes lo he formado en vista del documento mismo y lo coloco todo entre paréntesis. Resulta, pues, nuestro índice con dos mil seiscientas noventa y nueve papeletas. 
     Abarca el Tumbo desde el 20 de Diciembre de 1474 hasta el 21 del mismo mes de 1509 o sea un espacio de treinta y cinco años, comprendiendo, por tanto hasta la segunda regencia de D. Fernando V. Van dispuestas las papeletas por orden cronológico y se corrigen, advirtiéndolo al pie, algunos errores cronológicos. Otros, que se vislumbran, no han podido corregirse por faltar elementos de comprobación. Existen además doce documentos de reyes anteriores a los Católicos, copiados en el Tumbo para completar o a clarar disposiciones de éstos: se enumeran en un apéndice (Véase apéndice B) por el mismo orden.  
     Los lugares desde donde han sido expedidas las cartas reales, si no son dudosos, van escritos con ortografía moderna y los citados en el cuerpo mismo del documento con la que tienen en el Tumbo.
     Mediante abreviaturas se indican las copias en que aparecen las firmas reales o la de personajes que autorizaban el documento original.
     Como espejo fiel refleja el Tumbo la vida local sevillana de fines del siglo XV. Cuantos personajes figuraron en ella, veinticuatros, jurados, asistentes, alcaldes de la tierra, alcaldes de la justicia, alcaldes de castillos, y aun los de categoría más modesta, como guarda de la saca del pan o de la Casa de la moneda, aparecen citados por sus nombres (Véase el índice de personas); aquí se precisan sus salarios, allá se les confía una misión especial, prueba de la confianza regia, en muchos sitios se pone traba a su ambición ó castigo a su rebeldía como en otros se premian sus méritos y servicios.
     Toma enorme relieve en estos documentos el papel de Sevilla en la conquista del reino granadino: envía soldados, bastimentos y dinero, sufre sin desaliento desastres como el de la Ajarquía, auxilian la empresa hasta los italianos residentes en ella, y cuando el triunfo llena de gozo a la ciudad, manda los obreros que trabajaban en la catedral a reparar los derruidos muros de Ronda y Monda ó las bellísimas estancias del palacio de la Alhambra.
     Palpitante, entretejida en estos documentos, surje la vida de los Reyes y hablan del gozo del nacimiento del Príncipe D. Juan y nos conmueven con la pena de su muerte; y procuran posadas a Colón en Sevilla y nos emocionan refiriendo el atentado de que fue víctima el Rey en Barcelona, y aparecen bien claras las aficiones musicales de la Reina y la de la caza del Rey. Podemos, en suma, seguir paso a paso la historia de aquel reinado admirable que comenzó por fusionar dos coronas, restablecer el orden, abajar a la nobleza, enaltecer la ciencia, someter y castigar a los rebeldes, y continuó destruyendo el reino de Granada y ampliando los límites de España hasta hacer caber en ellos al más lejano de los mundos.
Cl. SANZ ARIZMENDI

     La referencia a Burguillos la encontramos en la página 208, en el documento nº 1966, que pasamos a transcribir literalmente:


     1966. Ciudad Real, 28 Marzo, 1500. Carta conplusoria contra Guillena y Burguillos sobre el pleito del Algaua. s. f. r. [sin firmas reales] V. 292. vº. [verso]

     Unos documentos que aporta más datos interesantísimos para conocer la historia de nuestro pueblo.

lunes, 21 de octubre de 2024

Geografía: El paraje "Los Bodegones", en Burguillos

     Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña del paraje Los Bodegones.


     El paraje de Los Bodegones, lugar que toma su nombre de los Bodegones, Mesones, o Ventas, que hubo en esa zona, en tiempos pasados, y de los que queda documentación como se puede comprobar en otras entradas. 
      Al paraje de Los Bodegones se llega tras salir del casco urbano de Burguillos, bien por la ctra. A-8002 (antigua C-433) en dirección a Castilblanco de los Arroyos, y en el km. 10, se encuentra dicho paraje, la salida directa a esta finca, o bien por la calle Rodríguez de la Fuente, tomar la Colada de la Cuesta del Señor (la que lleva a, entre otros lugares, al Cerro Moro) y justo antes de llegar al paraje de Los Retamares, surge un camino a la izquierda que nos lleva a Las Carrajolas, y de ahí un poco más al noroeste, llegamos directamente a Los Bodegones, delimitado al Norte, por una línea de alta tensión; al Este, por el arroyo del Chorrito; al Sur, por el paraje "El Chorrito"; y, al Oeste, por la ctra. A-8002, encontrándose a unos 3 km. de nuestro pueblo y a una media de 120-140 m. de altitud. Señalar que todas las imágenes provienen del Instituto Geográfico Nacional.




lunes, 14 de octubre de 2024

Callejero de Burguillos: La calle La Calera

     Mostramos en Historia de Burguillos una pequeña reseña e imágenes de la calle La Calera, en Burguillos.

   La  calle  (desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos). 



     La calle La Calera, toma su nombre, de su propia etimología, puesto que hace mención al lugar donde, en tiempos pasados, se molía y se vendía la cal, tan característica de nuestros pueblos andaluces, puesto que ésta se utilizaba para enlucir nuestras viviendas, y en tiempos de epidemias era protectora, de ahí su uso. 
   La calle La Calera está situada en el barrio de La Ermita. Va de la calle Cádiz a la calle Serrezuela, y tiene una longitud de 200 metros aproximadamente, siendo unidireccional desde el punto de vista del tráfico rodado, asfaltada y alumbrada por farolas funcionales. Está conformada por las traseras de viviendas unifamiliares de autoconstrucción de una y dos plantas en altura, sobre todo en la acera de los impares, mientras que la de los pares está conformada en su mayor parte por ser zona adjunta al recinto ferial, naves industriales, traseras de viviendas, solares, y centro de transformación de electricidad, formando parte de una zona residencial. 
   La calle La Calera es, históricamente, una vía moderna, puesto que fue creada a finales del siglo XX, como zona de expansión del histórico Barrio de la Ermita, hacia el núcleo urbano antiguo de Burguillos, de ahí su sencillo comentario.





lunes, 7 de octubre de 2024

Arte: La pintura de la Virgen del Rosario, junto al Retablo Mayor, en la Iglesia de Burguillos


     Mostramos en Historia de Burguillos imágenes y una pequeña reseña de la pintura de la Virgen del Rosario que se encuentra en el muro de la cabecera del presbiterio, a un lado del Retablo Mayor (unas veces en el lado del Evangelio -izquierda-, y otras veces en el lado de la Epístola -derecha-), de la iglesia parroquial de San Cristóbal mártir de nuestro pueblo, aprovechando que hoy es 7 de octubre, Memoria de la Santísima Virgen María del Rosario. En este día se pide la ayuda de la Santa Madre de Dios por medio del Rosario o corona mariana, meditando los misterios de Cristo bajo la guía de aquella que estuvo especialmente unida a la Encarnación, Pasión y Resurrección del Hijo de Dios [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para analizar dicha pintura de la Virgen del Rosario, junto al Retablo Mayor, en la Iglesia de Burguillos.
     Se trata de una pintura barroca, en óleo sobre lienzo, con unas medidas de 0'88 x 0'67 m., en la que se representa a medio cuerpo la Virgen junto a su Hijo con el Santo Rosario. Se ha venido atribuyendo a la escuela sevillana, cercana a la producción de Lucas Valdés, y fechando en torno al año 1700. El marco es del siglo XVIII (del Inventario de la Iglesia de San Cristóbal, de Burguillos).  
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santísima Virgen María del Rosario;
     La devoción de la Virgen del Rosario, esencialmente de los dominicos, está muy vinculada con el culto de la Virgen de Misericordia del cual, en ciertos aspectos, no es más que una prolongación.


     El rosario (rosarium) etimológicamente designa una corona de rosas: es una variedad de sarta de cuentas, chapel o chapelet en francés arcaico, usual hasta el siglo XVI, con el mismo sentido. Las cuentas estaban representadas como rosas blancas y rojas que luego se reemplazaron por bolas de dos clases, las más grandes para los Pater que comienzan cada decena, y las más pequeñas para los Ave. El gran rosario se compone de ciento cincuenta Ave María que se llamaba Patenostre Damedie (en francés arcaico, Patenôtre es una corrupción de Patrenostre -Pater Noster-), al tiempo que el pequeño rosario, que es un tercio de grande, sólo tiene cincuenta.
     En suma, es un instrumento para contar, un ábaco, como aquéllos que empleaban los comerciantes y que usan los musulmanes, aunque en este caso sirvan para contar plegarias y no dinero.
     Los dominicos hacían remontar el origen de esta devoción al fundador de la orden, en consecuencia, al siglo XIII. Alrededor de 1210 la Virgen se habría aparecido a Santo Domingo y le habría entregado un rosario que éste llamó corona de rosas de Nuestra Señora, y fue gracias a ese talismán que habría triunfado contra la herejía albigense.
     En realidad, como lo demostraron los bolandistas, el rosario no es una intervención de Santo Domingo sino de un santo bretón de su orden, personaje poco edificante, y hasta de una lujuria desvergonzada, que se llamaba Alain de la Roche (Alanus de Rupe) que vivió a finales del siglo XV. Hacia 1470 escribió una obra titulada De Utilitate Psalterii Mariae, que fue traducido a todas las lenguas.
     En 1475, Sprenger, el prior de los dominicos de Colonia, especie de Torquemada alemán, autor del famoso Malleus Maleficarum (Martillo de las brujas), instituyó en esta ciudad la primera cofradía del Rosario, que fue aprobada por una bula pontificia. La Virgen del Rosario no apareció sobre ningún documento figurativo anterior al último cuarto del siglo XV (no obstante, en algunos pequeños bajorrelieves ingleses de alabastro, que normalmente datan del siglo XIV, se ve aparecer, junto al arcángel San Miguel que pesa las almas en la balanza, a la Virgen que intenta engañar, como Satán, pero en sentido opuesto, esforzándose en inclinar la balanza en favor de un alma en peligro, colocando un rosario sobre el extremo del astil). Se trata entonces de una devoción tardía, más o menos contemporánea del culto de la Virgen de los Siete Dolores o de las Siete Espadas, y muy posterior a las Vírgenes de la Piedad y de Misericordia. 

   
     Gracias a la propaganda de los dominicos que patrocinaron cofradías del Rosario en todas partes, esta nueva devoción se difundió con asombrosa rapidez. El papa le atribuyó en 1571 el mérito de la victoria de Lepanto sobre la flota turca.
Iconografía
     Para representar a la Virgen del Rosario, los dominicos tomaron en principio el tipo de la Virgen de Misericordia. En un tríptico de la iglesia de San Andrés de Colonia, fechado en 1474, que es la primera representación conocida del tema, la Virgen sólo se distingue de la Schutzmantelmadonna porque su manto está estirado como una cortina por dos santos dominicos, Santo Domingo y San Pedro Mártir, y porque dos ángeles sostienen una triple corona de rosas sobre su cabeza.
     Una segunda fórmula, que no tardó en sustituir a esta imitación, no fue mucho más original: esta vez los dominicos tomaron el modelo de la Virgen de los Siete Gozos o de los Siete Dolores, rodeada por una aureola de tondos. La Virgen del Rosario se inscribe en una sarta en forma de mandorla, compuesta por grandes rosas historiadas que se intercalan entre cada decena. La Salutación Angélica de Veit Stoss, suspendida de la cúpula de la iglesia de San Lorenzo de Nuremberg, es uno de los ejemplos más conocidos de este tipo: el grupo mariano se inscribe en un rosario de cincuenta pequeñas rosas separadas por tondos.


   Por último, se vio aparecer un tercer tipo iconográfico que excluye definitivamente estas contaminaciones. La Virgen se representó sentada, con el Niño Jesús sobre las rodillas, y es ella o el Niño quienes presentan el rosario a Santo Domingo.
     A la Virgen dominica del Rosario, los carmelitas opusieron la Virgen del Escapulario. Nuestra Señora del Carmelo se habría aparecido al general de la orden San Simón Stock, y le habría entregado un escapulario, prometiéndole que quienquiera lo llevase estaría al abrigo de las penas del Infierno e incluso de las del Purgatorio (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
     Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
     Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.

     
     En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
     Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
     Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
     En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
     Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.


La Virgen de Ternura
     A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
     El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
     Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
     A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
     Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
     A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
     Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Historia de la Solemnidad del Rosario;


      Esta fiesta, ligada al ejercicio piadoso del rezo del salterio mariano, tiene su origen en las Cofradías del Rosario, que florecieron en la segunda mitad del siglo XV, las cuales acostumbraban a solemnizar el primer domingo de octubre con la misa de la Virgen Salve radix sancta del Rito Dominicano.  El diecisiete de marzo de 1572 inscribió San Pío V Ghislieri en el Martirologio Romano en el día siete de octubre el título de Santa María de la Victoria para conmemorar la victoria de Lepanto, que había acaecido el domingo siete de octubre del año anterior, 1571.  Dos años más tarde, Gregorio XIII Boncompagni, por la Bula Monet Apostolus de uno de abril de 1573, permitió que se celebrase una fiesta en honor del Santísimo Rosario el primer domingo de octubre en las iglesias o capillas que venerasen tal advocación mariana en memoria de la intercesión mariana en la victoria naval. Fue extendida a toda la Iglesia Latina el tres de octubre de 1716 por Clemente XI Albani tras la victoria sobre los turcos en Peterwardein. Benedicto XIII Orsini, dominico, le introdujo lecciones propias. León XIII Pecci, gran devoto y propagador del rosario le concedió Oficio propio en 1888. Fue fijada en la fecha actual el año 1913 en la reforma del calendario de San Pío X Sarto y en el 1969 figura como memoria obligatoria (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).